Descripción colonial, libro primero (1/2)

Part 18

Chapter 183,971 wordsPublic domain

Los indios Chiriguanas, creo en las guerras civiles contra el tirano Francisco Hernandez, viendo la poca gente de los nuestros, y sin armas, dieron en ellos, mataron algunos, otros huyeron y se salvaron, de los cuales conocí dos ó tres; los Chiriguanas se apoderaron del valle, á lo menos quedaron libres de los nuestros que en aquella frontera vivian; dejóse allí el ganado vacuno, que en grande abundancia se multiplicó, vuelto silvestre y bravo, y como acá llamamos cimarron. Visitando este reino el Visorrey don Francisco de Toledo, y llegando á la ciudad de La Plata, sabida la calidad del valle, y la importancia de ser poblado, para el freno por aquella parte de los Chiriguanas, que por allí hacian no poco daño á los Chichas, y aun les pagaban tributo, nombró por corregidor é para edificar allí un pueblo de españoles al capitan Luis de Fuentes, con el cual fué alguna gente con sus armas y caballos, y un religioso nuestro, llamado fray Francisco Sedeño, predicador y fraile esencial, por cura y vicario de los españoles, con licencia del padre fray García de Toledo, que á la sazon era provincial, y comision de la sede vacante, porque clérigo ninguno quiso ir; llevaba tambien órden de nuestro provincial para edificar convento, lo cual hizo; llegaron sin dificultad, aunque entonces era un poco peligroso el camino, pero tuviéronla en la poblacion, por tener á los Chiriguanas muy cerca que los molestaban, mas fueron poca parte; hicieron sus casas fuertes en el lugar más cómodo que hallaron, y en menos de treinta años ha crecido tanto, que hay en él hombres cuyas haciendas valen más de 30.000 pesos, y si tuviera indios de servicio, hobiera crecido más.

Fuéles de mucha ayuda el ganado, porque como desamparado y sin dueño lo mataban y se sustentaban dél, y agora no hay poco, pero más arredrado, huyendo de las mechas de los arcabuces, que de muy lejos las huelen. Primero se mandó por pregones que los señores de aquel ganado lo sacasen dentro de tanto tiempo, so pena darlo por desamparado; mas como no hobiese, ó no pareciese dueño, y aunque pareciera y trujera el ejército del Turco no lo pudiera sacar, declaróse ó dióse por cimarron desamparado; agora no hay vecino que no tenga, cual más, cual menos, manso y corralero, no de aquello, sino de otro manso que han llevado, y no les falta ovejuno y porcuno; de Potosí vienen á comprarles lo que tienen, y si no, ellos lo llevan; en el _valle_ menor fundaron _otro pueblo_, de buenas aguas y sábalos con otros géneros de peces; es abundante de víboras y sabandijas ponzoñosas, como los demás valles de los Charcas, empero ellas huirán de los españoles ó se acabarán. Cae en tierras de la provincia de los Chichas. El Inga, cuando era señor desta tierra, tenia aquí guarnicion de gente de guerra contra estos Chiriguanas, los cuales, entrando los nuestros en este reino, la dejaron y se volvieron á sus tierras.

Hállanse en este valle á la ribera y barrancas del rio sepulturas de gigantes, muchos huesos, cabezas y muelas, que si no se ve, no se puede creer cuán grandes eran; cómo se acabasen ignórase, porque como estos indios no tengan escripturas, la memoria de cosas raras y notables fácilmente se pierde.

Certificóme este religioso nuestro haber visto una cabeza en el cóncavo de la cual cabia una espada mayor de la marca, desde la guarnicion á la punta, que por lo menos era mayor que una adarga; y no es dificultoso de creer, porque siendo yo estudiante de Teología en nuestro convento de Los Reyes, el gobernador Castro envió al padre prior fray Antonio de Ervias, que nos la leía, y despues fué obispo de Cartagena, en el reino de Tierra Firme, que actualmente estaba leyendo, una muela de un gigante que le habian enviado desde la ciudad de Córdoba del reino de Tucumán, de la cual diremos en su lugar, y un artejo de un dedo, el de en medio de los tres que en cada dedo tenemos, y acabada la lection nos pusimos á ver qué tan grande seria la cabeza donde habia de haber tantas muelas, tantos colmillos y dientes, y la quijada cuán grande, y la figuramos como una grande adarga, y á proporcion con el artejo figuramos la mano, y parecia cosa increible, con ser demostracion; oí decir más á este nuestro religioso, que las muelas y dientes estaban de tal manera duros, que se sacaba dellas lumbre como de pedernal.

CAPITULO CIX

DE OTROS PUEBLOS EN FRONTERA Y LA TIERRA ADENTRO DE LOS CHIRIGUANAS

Dos jornadas no largas deste valle de Tarija, sobre mano izquierda, hay un valle que llaman San Lucas, donde un hombre poderoso, llamado Jerónimo Alanis, manco de la mano derecha, tenia una gran hacienda de vacas y cria de mulas, con gente bastante, yanaconas y un mestizo y mulato, y casa fuerte para el beneficio della; pero como era muy cerca de las montañas Chiriguanas, porque no le hiciesen daño pagábanles tributos, cuchillos, tijeras, algunas hachas para cortar árboles y alguna chaquira. El señor de la hacienda de cuando en cuando iba á verla; sucedió (y no habia tres años que Tarija se habia poblado) que yendo á verla, de allí despachó un indio á nuestro religioso, con quien tenia amistad, haciéndole saber estaba allí, rogándole viniese á confesarle la gente; era despues de Pascua de Resurrection: recibida la carta, concertóse con el capitan Luis de Fuentes y otros tres soldados ir con sus armas, arcabuces y recado; quiso nuestro Señor que el dia que habian de llegar vinieron más de cien Chiriguanas á pedir su tributo á nuestro Alanis, y con tanta soberbia entraron, que sin duda venian determinados de hacerle mucho mal, matarle y á toda su gente; el capitan, religioso y los demás, ni vieron á los Chiriguanas ni dellos fueron vistos, por causa de una niebla muy obscura que aquel dia cubria la tierra; entran en casa de Alanis, hallan allí parte desta bárbara nacion (los demás no habian llegado), que ya comenzaban á querer disparar sus flechas en el Alanis, que sólo tenia una cota puesta y una espada en la mano izquierda, porque la derecha la tenía cortada. Los nuestros que llegan, si no fué el religioso, comienzan á desenvolverse contra los Chiriguanas; en su ayuda acuden el mestizo y mulato con sus arcabuces; despacharon á los que hallaron dentro, y luego en sus caballos salen á los que venian; mataron más de sesenta gandulazos, los demás se escaparon y algunos heridos é mal. Entre estos indios venian algunos Chaneses, de los cuales dijimos que se aprovechan estos como gente en la guerra, é ya los nuestros descansando, y habida esta victoria, entra por las puertas un indio muy mal herido de un arcabuzazo, y aun lanzada, diciendo era Chanés, y pidiendo, ó diciendo: ¡cristiano, cristiano! que era decir lo queria ser y le baptizasen; baptizóle nuestro religioso, y luego se murió. Esto me escribió nuestro religioso á la ciudad de La Plata, donde yo vivia á la sazon. Pues para refrenar á estos enemigos comunes del género humano, aquí se ha poblado otro pueblo de españoles, al cual agora cuatro años, llegando yo á la ciudad de La Plata, volvian mas de cincuenta hombres que con un capitan habian salido á descercar el pueblo, porque Los Chiriguanas, le tenian cercado, y el capitan habia enviado á pedir favor; sabido por los Chiriguanas, alzaron el cerco y no los osaron á esperar. Otros dos pueblos, á lo menos uno, he oido decir se ha poblado por los nuestros en el gran rio de Pilaya, ya en la tierra Chiriguana, á donde llegó y pasó el Visorrey don Francisco de Toledo, y entonces (como diremos) le llamaron el rio Incógnito. Estos indios andan agora más soberbios que antes, porque los vandea un perro mestizo nacido en el Rio de la Plata; yo le conocí, gran oficial herrero, llamado fulano Capillas, ladino como el demonio, y blanco, que no parece mestizo, casado y con hijos en la ciudad de La Plata; no sé por qué ocasion se fué ó le envió el Audiencia, y esto fué lo más cierto, á tractar con ellos no sé qué medios de paz, y él decia no le enviasen, porque no le habian de dejar salir los indios; fué y quedóse con ellos; este maldicto les hace unos cascquillos de acero para las flechas, tan bien templados que no tienen resistencia; antes usaban de cañas como las nuestras, el ñudo tostado por puncta; lo demás servia de cuchilla; con las cuales tan bien pasaban una cota como un nabo. Contra estas armas Chiriguanas usan los nuestros cotas y encima escaupiles sueltos en vanda, porque en el algodon se entrape la flecha. Vive este mestizo entre los Chiriguanas con ellos, con las mujeres que quiere; anda casi desnudo, y por no ser conocido cuando sale á hacer daño en los nuestros, se embija como indio; dicen ha inviado á decir á la Audiencia que de buena gana dejaria aquella vida, porque es cristiano, si le perdonasen; pero que teme, si se reduce, le han de castigar por los daños que ha hecho; pero como desta gente alguna sabe á la pega, en ella se queda.

CAPITULO CX

DEL CERRO LLAMADO PORCO

Volviendo á nuestro Potosí, porque siendo el centro de las Indias habemos de tractar ó traerle á la memoria muchas veces, como del centro salen muchas líneas á la circunferencia, así de Potosí hay y salen muchos caminos y entran en él de diferentes partes; digo, pues, que volviendo al de aquí, salimos para el puerto de Arica, cien leguas tiradas; á las siete ó ocho llegamos al cerro de Porco, de quien habemos tractado un poco, al pie del cual tienen su asiento los pocos españoles que allí viven, y pobres respecto de los de Potosí; no he llegado á este asiento, pero he pasado media legua dél, y quien vive en Potosí puede decir vive en Porco, así por la poca distancia de camino, como porque todo lo que pasa en Porco se sabe luego en Potosí, y al contrario. Es cerro más alto quel de Potosí, metido entre otros cerros y no tan bien hecho. Es más destemplado, y más rico si no diera en agua, y el metal más fino; he visto alguno que certificaron á don Francisco de Toledo. Visorrey destos reinos, acudia á ochenta marcos por quintal; este metal es poco, y luego se descubre agua, y tanta que es imposible desaguarla. En la misma cumbre del cerro certifican haber fuentes de agua, lo cual en Potosí no se ha hallado. Tiene otra cosa, que no son vetas seguidas de donde se saca la plata, sino pozos, y como se dé en uno, hace á su amo presto rico. Síguese algunas veces la labor con esperanzas al parecer certísimas, mas al mejor tiempo atraviésase un peñisco, ó una fuente de agua, y veis aquí las esperanzas perdidas. Si estos dos contrarios no tuviera, ó la del agua, que es la mayor, mucho más rica era que Potosí, y el metal más suave de quebrar, y una de las excelencias que puso Dios nuestro señor en Potosí es no haber dado en agua. Toda la puso al pie del cerro de una parte y otra del arroyo que divide á los indios de los españoles.

CAPITULO CXI

DEL CAMINO DE PORCO Á ARICA

Media legua de Porco, sobre mano derecha, pasa el camino Real de Potosí á Arica, que son cien leguas tiradas (como dijimos) llanas, muy frias y de algunos arenales no muy pesados para caballos, empero para carneros de la tierra, cuando van cargados, sonlo mucho, y para las recuas de mulas, por lo cual las recuas de carneros que llevan el azogue á Potosí desde Arica, y las mercaderias, los que llamamos balumen, vino, hierro, jabon, etc., á las nueve del dia han de tener su jornada hecha, que es de tres leguas, comenzando á caminar á las tres, antes que amanesca, y aun antes, porque en toda la Sierra, con ser en partes inhabitable por el mucho frio, y lo más deste camino lo es, desde las nueve del dia hasta las cuatro de la tarde son los calores del sol muy crecidos, tanto y más abrasan que en los Llanos y valles calientes; es muy trabajoso este camino por la destemplanza del frio, y no haber en tres ó cuatro jornadas tambos donde albergarse, sino unos paredones mal puestos; é ya que comenzamos á abajar para Arica lo es mucho, porque veinte leguas que hay desde donde se comienza á bajar por una quebrada abajo, llamada de Contreras, en quince leguas no hay gota de agua; aquí es donde los carneros de la tierra, de carga, corren riesgo y se quedan muchos muertos, y en echándose el carnero en esta quebrada, no hay sino descargarle y dejarle; allí se muere de hambre y sed; si comieran arena, y no bebieran en ocho dias, muy gordos salieran; ver en toda esta quebrada tanta osamenta de carneros es lástima, por lo que pierden los señores de los carneros (y este es el mejor camino) por lo cual llevan para las cargas la mitad más de los necesarios; subidos á la sierra, no tienen ese riesgo, porque ni pastos ni agua les falta, y en llegando el carnero á la jornada suya, no le harán pasar adelante cuantos aran y cavan. Las recuas de mulas en medio dia y una noche concluyen con estas quince leguas. El subir á la Sierra á los unos y á los otros es más dificultoso, y Potosí lo allana. A tres ó cuatro jornadas de Potosí se toma el camino para las minas que llaman de las Salinas, que ha pocos años se descubrieron; mas como no hacen ruido, no hay que tractar dellas.

CAPITULO CXII

DE LA CALIDAD Y COSTUMBRES DE LOS INDIOS DESTOS REINOS

Habiendo tractado con la brevedad que prometimos de las ciudades, caminos y otras cosas particulares tocantes á los españoles, ya es tiempo tractemos de las condiciones destos indios. Lo primero que tienen, y es el fundamento de las malas ó buenas costumbres morales, es un ánimo el más vil y bajo que se ha visto ni hallado en nacion alguna; parece realmente son de su naturaleza para servir; á los negros esclavos reconocen superioridad; llámanlos señores, con saber son comprados y vendidos, y lo que les mandan obedecen muy mejor que lo mandado por nosotros. Es gente cobarde, si la hay en el mundo, de donde les viene lo que á todos los cobardes, son cruelísimos cuando ven la suya ó son vencedores. No quieren ser tractados sino con rigor y aspereza, porque en tractando bien á un indio, aunque se haya criado en casa desde niño como hijo, dicen que de puro miedo lo hacemos, y por eso no nos atrevemos á castigarlos.

En tractándolos mal sirven con gran diligencia. Cuando tienen necesidad de nosotros, en cualquiera que se vean, ó de enfermedad, ó de hambre, ó de otras semejantes, con grandes humildades y subjectiones piden nuestro favor; pero si estamos en ella y con palabras mansas y amorosas les pedimos nos socorran, hacen burla de nosotros mofando y escarneciendo, y aunque sea su amo, que le haya criado, si se ve en peligro de muerte, en rio, caída de caballo, ó en otro peligro, se pone á mirarlo sin socorrerlo, pudiendo, y se rie de buena gana; la gente más ingrata que hay en lo descubierto, al bien que se le ha hecho ó hace; por lo cual sólo por amor de Dios les hacemos bien, que dellos esperar gratitud es en vano. La nacion más sin honra que se ha visto; no la conoce ni sabe qué cosa es, pues es más mentirosa que se puede imaginar; de donde les viene no temer levantar falsos testimonios, que los levantan gravísimos, y como no se les castiga por ellos, quédanse en su mala costumbre; que unos indios á otros los levanten, no es tanto el daño, ni pierden honra (como dicen), ni casamiento; mas levántanlos á los religiosos, á clérigos, á españoles, tan sin asco, como si en ellos no fuese nada, y cuando se averigua la falsedad, los que los habian de castigar dicen son indios, y mientras no se averigua padece el pobre fraile ó clérigo. Pero lo que más me admira es que todos cuantos vivimos en estas partes, conociendo la facilidad destos en mentir y levantar falsos testimonios, dígannos mal deste ó de aquél, le creemos; esta falta es nuestra, y en los gobernadores nuestros la hay, porque confesando que es así, cuando vamos á volver delante dellos por la fama y honra del clérigo ó religioso, dice el Virrey: conozco su facilidad en mentir; pero ya que dicen tantas cosas, en algo deben[39] decir verdad; algo hay; háseme respondido así á mí propio por un Virrey destos reinos, haciéndole demostracion de muchos y graves testimonios falsos que á un religioso nuestro habian levantado. Jurar falso no lo tienen en más de cuanto se les da una taza de vino, ó un mate de chicha, y cuando los reprehendemos, ¿cómo juraste en falso? la excusa es, y responden: díjome un amigo, ó mi vecino, ó mi curaca (que es lo más comun) que lo hiciese, sin más sentimiento; pues volver la fama, ni desdecirse, no se hable en eso.

Para mentir y en un instante forjar la mentira, los más fáciles son que hay hombres en el mundo, grandes y pequeños, mayores y menores; es cosa admirable cuán en el pico de la lengua tienen las mentiras. No parece sino que muchos dias han estudiado y imaginado: esto me han de preguntar y esta mentira tengo de responder, y tan sin vergüenza, como si dijesen mucha verdad; ellos no han de tractar verdad, y nosotros no les habemos de mentir, y ojalá en algunos acá nacidos de los nuestros no se hallase este vicio. No es afrenta entre ellos decirle mientes, ni ellos decir á otro lo mismo. Alábanse mucho que mintieron al padre que los doctrina, ó engañaron, y lo propio es que mintieron al español con quien tractan, y hacen gran plato desto, y como no tienen color en el rostro, por lo cual, demudándose, conoscamos si mienten ó engañan, mienten tan disimuladamente, que parece es todo verdad lo que afirman, y con unos ademanes ó afectos que nos hacen creerlo; tambien se alaban si dejaron algun español (habiéndole pagado su trabajo) en medio de un despoblado ó en medio de la nieve, sin camino; hay muchas partes donde no se puede caminar sin guia, y en estos caminos dejan al pobre caminante á la luna de Paita; borrachos, es nunca acabar tractar desto.

Si han de comenzar viaje, aunque sea de pocas leguas, primero se han de emborrachar; si vuelven, lo primero es emborracharse; dicen que se emborrachan porque si se muriesen en el camino, ó donde van, ya se morirán habiéndose emborrachado, y cuando vuelven se emborrachan porque no se murieron y volvieron con salud á sus tierras, ó casas; así me lo han dicho; borrachos, tractan muy mal á sus mujeres, y son deshonestos con sus hermanas y aun madres, y cuando están borrachos entonces hablan nuestra lengua, y se preguntan, ¿cuándo los cristianos nos habemos de volver á nuestra patria? y ¿por qué no nos echan de la tierra? pues son más que nosotros, y ¿cuándo se ha de acabar el Ave María? que es decir cuándo no les habemos de compeler á venir á la doctrina. Porque en la semana dos dias juntamos al pueblo para enseñársela y predicarles, á lo cual vienen por fuerza los más; finalmente, su Dios es su vientre y la chicha, y no hay más mundo.

No tienen veneracion alguna á sus padres, ni madres, agüelos, ni agüelas; finalmente, les dan de palos y bofetones; yo he castigado á alguno por esto, delante de todo el pueblo, y les he hecho les besen los pies. Pues ayudarlos en sus necesidades, ni por imaginación; si son dos hermanos, y el uno es casado y el otro no, muriendo el casado, el otro se revuelve con la mujer de su hermano luego; he visto muchos destos castigados por la justicia, pero no sé si con el rigor debido. Este vicio más se halla en los curacas y indios principales que en el comun. Ojalá y el dia de hoy no tengan sus idolatrias, como antes, y porque no han justiciado las justicias á los curacas, ojalá no se estén con ellas. Luego entra una piedad dañosa (¡oh! son nuevos en la fe) y desto tenemos los religiosos mucha culpa, y cuando aquesto no tengan, ojalá no tengan sus hechiceros ocultos, á quien consultan como en el tiempo de la infidelidad de sus padres. No tienen vergüenza de hacer á sus mujeres alcahuetas, las cuales, como son pusilánimes, temiendo el castigo, se las traen; todos duermen casi juntos, porque las casas de los indios no tienen algun apartamiento; hácenlas de obra de veinte pies en largo, y de ancho diez ó poco más; otras son redondas, donde viven con la mayor porqueria del mundo; jamás las barren; todos viven juntos, padres, madres, gallinas, cuchinillos, perros y gatos y ratos; por maravilla hay quien duerma si no en el suelo, sobre un poco de paja de juncia. Su asiento es perpétuamente en el suelo, y luego escarban la tierra con las uñas; solos los curacas principales usan de una como banquilla de zapatero, de una pieza, que llaman duo, no tan alta ni con mucho. A los hijos, sin policia alguna los crian; no es gente que los castiga, es gran pecado entre ellos castigarlos ó reñirlos[40]; con cuanto quieren se salen; jamás les lavan los rostros, manos ni pies, y así traen las manos y brazos con dos dedos de suciedad; las uñas nunca se las cortan, sírvenles como de cuchillos; amicísimos de perros, acaece caminando llevar el perrillo á cuestas, y el hijo de cuatro á cinco años por su pie. No guardan los padres ni madres á las hijas, ni les buscan maridos; ellas se los busquen y se concierten con ellos. Entre los indios la virginidad no es virtud, ni la estiman en lo que es justo: que en su infidelidad no la tuviesen por tal, no hay por qué nos admiremos, pero ya predicados y avisados[41] es gran ceguera; no nos creen. La hija del más estirado se va y se viene como quiere, por lo cual por maravilla se casa alguna mujer doncella; dicen los varones no debe ser para servir, pues así persevera. Si se han de casar, primero se amanceban seis y más meses que se casen; dicen que esto hacen para conocer la condicion el uno al otro, y deste error no los podemos sacar; una cosa tienen buena las mujeres: aunque antes de casarse hayan corrido ceca y meca, despues de casadas pocas son las que adulteran; las que han tractado antes con españoles faltan mucho en esto. Algunos varones hay que no se quieren casar con mujeres mozas, diciendo no saben servir; cásanse con viejas, porque les hacen la chicha y los vestidos. Son ladrones para con nosotros; para con los indios no tanto, y los más ladinos, mayores y atrevidos. Pues si les mandamos restituir, ni por sueños; si alguna cosa se hallan, dicen que Dios se la da; no hay buscar al dueño, sino cual ó cual; los indios de los Llanos, que llamamos Yungas, sobre todas estas desventuras tienen otra mayor: son dados mucho al vicio sodomítico, y las mujeres estando preñadas fácilmente lo usan. Entre los serranos, raros se dan á este vicio, por lo cual á los indios Yungas los ha castigado Nuestro Señor, que ya no hay casi en los valles sino muy pocos, como habemos dicho. Son levísimos de corazón, inconstantísimos; cualquiera cosita los admira; los mayores pleitistas del mundo, por lo cual la Sierra deciende á Los Reyes, á los Virreyes, donde ó mueren ó enferman, por ser la tierra contra su salud y embutirse en vino. En lo que toca á la doctrina, cómo aprovecharon en ella no quiero tractar, porque no se puede decir sino con palabras muy sentidas, y éstas me faltan.

[39] En el ms., _no deben_.

[40] _Ninguna crianza enseñan á los hijos._ (Nota marginal.)

[41] _La virginidad no tienen por virtud._ (Nota marginal.)

CAPITULO CXIII

CÓMO LOS GOBERNABA EL INGA