Descripción colonial, libro primero (1/2)
Part 17
Es Potosí de forma de un pan de azúcar; sólo á la parte del Poniente se le desgaja una cordillera de un cerro que no creo tiene una legua de largo, y baja. Por la parte del pueblo tiene un cerrillo pegado á sí, á quien llaman Guaina Potosí, como si dijésemos el grande, el viejo Potosí, y á este otro el mozo. Este cerro es conocidísimo entre mil que hobiera; parece que la naturaleza se esmeró en criarle como cosa de donde tanta riqueza habia de salir; es como el centro de todas las Indias, fin é paradero de los que á ellas venimos. Quien no ha visto á Potosí no ha visto las Indias. Es la riqueza del mundo, terror del Turco, freno de los enemigos de la fe y del nombre de los españoles, asombro de los herejes, silencio de las bárbaras naciones. Todos estos epítetos le convienen. Con la riqueza que ha salido de Potosí Italia, Francia, Flandes y Alemaña son ricas, y hasta el Turco tiene en su Tesoro barras de Potosí, y teme al señor deste cerro, en cuyos reinos corre aquella moneda; los enemigos del magno Filippo y de los brazos españoles y de su cristiandad, en trayendo á la memoria que es señor de Potosí, no se atreven á moverse de sus casas; los herejes quedan como despulsados, y cuando los potentados del mundo se quieren conjurar contra la Majestad católica, no aciertan á hablar. Es el más bien hecho cerro que se ha visto en todas las Indias, y si dijésemos en el mundo, no creo seria exageracion; del pie hasta la cumbre y corona dél hay una legua larga. Vese de más de veinte leguas, porque desde un pueblo llamado Aravati, tres leguas de la ciudad de La Plata, más adelante, se ve, y á la parte del Sur, por el camino de los Chichas, de muchas leguas le conocemos. Por todas partes, Oriente y Poniente y Norte y Sur, es abundante de vetas de plata; las ricas que se labran y siguen son las que miran al Oriente; luego diremos sus nombres. Jamás por los indios, antes que los españoles entrasen en este reino y lo poseyesen, fué conocido tener plata, ni jamás indio lo labró, ni _vivió_ en él; era despoblada la tierra á la redonda dél, y el mismo cerro, por ser frigidísimo con estar en veinte grados; ocho leguas dél se labraba el cerco llamado Porco, como diremos concluido con Potosí. Todo él de arriba abajo era una montaña espesa de unos árboles que llamamos quinuas, torcidos, sólo buenos para leña y carbon, en lo cual puede competir con la encina; para enmaderar nadie se aprovecha dél. Su descubrimiento fué desta suerte, y si no me engaño lo descubrieron unos yanaconas de fulano Zúñiga, hombre antiguo en este reino, y si no fué tesorero de la hacienda Real, á lo menos fué uno de los oficiales, á quien conocí en Potosí, y me dijo lo que referiré. Cuando los españoles entraron en este reino, conquistado el Collao y esta provincia de los Charcas, no la tenian por rica más que de miel, por lo cual muchos rehusaron los repartimientos y encomiendas en esta provincia, diciendo que no querian tributos de miel. Verdad es que se labraba el cerro de Porco, de donde se sacaba plata para el Inga antes de la venida de los nuestros. Acobardábales el temple, en partes desabrido, y el cielo como le tenemos pintado, áspero, con tantas tormentas de truenos y rayos, y que Porco á pocas brazas daba en agua. Con todo eso quedaron algunos de los conquistadores antiguos, pero los más fueron de los que llamaban pobladores, venidos despues de llana la tierra. Porco se labraba, y los vecinos de la ciudad de La Plata, que deste cerro dista 25 leguas, iban y venian á sus minas; tambien sus criados, así españoles como indios, que llamamos yanaconas. El camino era tan cursado como agora, en el cual encontraban ganado silvestre, llamado guanacos y vicuñas; son de la misma figura que el ganado doméstico, sino que la color es bermeja de los guanacos y el hocico que tira á negro. La vicuña es más cenceña, de la misma color; el hocico tira un poco á blanco, y el pecho y pescuezo por la parte de abajo blanco. Pues como todo el camino desde la ciudad de La Plata fuese despoblado hasta Porco, algunos indios y españoles llevaban galgos para si saliese algun guanaco, ó vicuña, cazarlo. Sucedió así que yendo ó viniendo algunos indios yanaconas deste fulano de Zúñiga y de otro compañero suyo, y pasando por las faldas de Potosí (va por aquí el camino), salió un guanaco; échanle los perros; el guanaco tira el cerro arriba, y los perros; siguen los indios á los perros y guanaco, el cual subiendo al cerro arriba hizo fuerza con los pies en una veta en la superficie de la tierra, y derrumbó un poco de metal. Los yanaconas que le seguian, como quien conocia el metal, viéndolo dejan de seguir el guanaco; tomándolo é conociéndolo, en su lengua comienzan á decir: caimí mamacolqui, caimí mamacolqui; que quiere decir: esta piedra es de plata, ó madre de plata. Recogen más piedras, llévanlas á su amo, hacen el ensayo: acudió á muchos marcos por quintal, á más de cincuenta; á la voz vino Zúñiga, y vinieron los demás y registraron minas en el cerro.
Este fué el principio y orígen del descubrimiento de Potosí, y es así verdad; desde entonces dejaron de seguir las minas de Porco con aquella frecuencia que antes. La principal veta que se descubrió se llamó y llama la veta Rica; luego la del Estaño, porque la plata es sobre estaño, y la de Mendieta, y éstas son las que agora principalmente se labran, de las cuales ha salido tanta cantidad de plata que asombra al mundo. Si estas vetas desde fuera las miran, parecen como sangraderas, ó quebradas muy angostas, que vienen de arriba abajo. Agora no hay más memoria de leña en él que en la palma de la mano. Al principio los metales eran muy ricos, porque las vetas lo eran, y acudian cuarenta marcos y más por quintal; agora, como están muy bajas, son mucho más pobres. El quintal que acude á tres pesos ensayados, que es á tres cuartos de marco, es muy rico, que son seis onzas; son todas las minas de plata que en este reino se descubren de cabeza, que es decir la riqueza tiénenla en la superficie; como las tierras que se labran la fertilidad es la superficie, y á esta causa los árboles no echan las raíces sino á la haz de la tierra, y por esto, conformándose las minas con los árboles, mientras más fondas se labran, más pobres.
CAPITULO CI
DEL CERRO DE POTOSÍ[38]
A la fama de tanta plata, luego se comenzó á despoblar, aunque no del todo, el asiento de Porco y se pasó á Potosí, y poblaron los españoles desta otra parte de un arroyo que pasa al pie del Guayna Potosí; los indios, de la otra parte del arroyo, al pie del cerro; mas como se fué multiplicando la gente, tambien á la parte de los españoles se poblaron no pocos indios, y entre ellos los Carangas á las espaldas de los nuestros. El asiento, así del pueblo de los españoles como de los indios, no es llano, sino en una media ladera, como se requiere en tierra que llueve; el un asiento y el otro lleno de manantiales de agua que Dios nuestro Señor proveyó allí para el beneficio que agora se hace de los metales; si no, ya se hobiera despoblado la mayor parte por falta della, y los manantiales y fuentes, unos están sobre la faz de la tierra, otros á un estado y á menos; el que á dos es muy fondo. El agua en unas partes es mejor que otra, poca para que se pueda beber; guísase con ella de comer y lávase la ropa; no se halla casi cuadra que no tenga muchos manantiales, ni casas sin pozos, y en las calles en muchas dellas revienta el agua. Cuando los metales acudian á mucho más que agora, no los fundian los españoles, sino los indios se los compraban y beneficiaban, y acudian con el precio al criado del señor de la mina. Desta manera el señor de la mina tenia su mayordomo que della tenia cuidado, de hacer los indios ó yanaconas barreteros labrasen, y sacasen el metal á la boca de la mina, adonde cada sábado llegaba el indio fundidor, mirábalo, concertábase por tantos marcos y á otro sábado infaliblemente la traía la plata concertada; estos indios llevaban el metal á sus casas, y lo beneficiaban, y fundian, no con fuelles, porque el metal deste cerro no las sufre; la causa no se sabe; el metal cernido y lavado echábanlo á boca de noche en unas hornazas que llaman guairas, agujereadas, del tamaño de una vara, redondas, y con el aire, que entonces es más vehemente, fundian su metal; de cuando en cuando lo limpiaban y añadian carbon, como vian era necesario, y el indio fundidor para guarecerse del aire estábase al reparo de una paredilla sobre que asentaba su guaira, sufriendo el frío harto recio; derretido el metal y limpio de la escoria, sacaba su tejo de plata y veníase á su casa muy contento. Habia á la sazon en el cerro que dijimos se desmiembra de Potosí, y á la redonda del pueblo, más de 4.000 guairas, que por la mayor parte cada noche ardian, y verlas de fuera y aun dentro del pueblo no parecia sino que el pueblo se abrasaba. La que menos destas fundia salia con un marco de plata, que es riqueza nunca oída. Los indios fundidores ganaban plata, y los señores de las minas no perdian.
El viento con que más cotidianamente fundian era con el Sur, que dijimos llamarse Tomahavi. Proveyó Dios en aquel tiempo deste viento, que casi no faltaba en todo el año, y cuando descansaba algunos dias, luego se hacian procesiones por viento, como por falta de aguas cuando se detienen. Cesaron totalmente las guairas desde que se comenzó el beneficio del azogue, que fué en el segundo año del gobierno de don Francisco de Toledo.
[38] En la parte superior de las páginas lleva este otro título: _Cómo se pobló Potosí_.
CAPITULO CII
LAS VUELTAS QUE HA DADO POTOSÍ
Agora treinta años ya casi Potosí estaba para totalmente perder todo su crédito, si nuestro Señor no proveyera de que se acertase á sacar plata con azogue. Es así, que si en esta sazon llegara un hombre con 200.000 pesos, comprara todas las minas del cerro; las costas muchas, los metales pobres, las minas muy hondas, no parecia se podia sustentar. Empero luego el año adelante se descubre el beneficio del azogue, y torna á revivir de tal manera, que en estos treinta años es casi innumerable la plata que dél ha salido, y pasó así: que muchos años antes, más de diez, llegaron allí unos extranjeros con azogue, y quisieron fundir por él; hicieron las diligencias posibles, y no atinaron á fundir, ó á incorporar, por lo cual las bolas del metal incorporado dejaron con el azogue, desesperados de salir con su intento, y en este tiempo el que las tenia, como por cosa desechada, las tornó á moler y fundir, y sacó plata de donde los otros no atinaron á sacar un grano, que parece prodigio. Despues de hallado este beneficio, y usado muchos años, como los metales fuesen bajando en ley, ya los señores de las minas no se podian sustentar; el ingenio del hombre, dando y tomando, vino un beneficiador á mezclar escoria de los herreros molida con el metal; fundiólo, salióle bien, donde infirió: si la escoria es provechosa, mejor lo será el hierro; da en deshacer el hierro, y con el agua del hierro deshecho incorporó el metal: salióle con más ley y sacó más plata. Pues para deshacer este hierro ¿qué remedio? Eran necesarias muelas de piedra como de barbero, más anchas que altas y de grano más grueso; provee Dios junto á los mismos ingenios tanta piedra desta, que algunos ingenios no á media legua, otros á una, y el que más lejos no la tiene á dos leguas; estas piedras andan con el movimiento del ingenio grande, en el cual debajo de la piedra ponen una artesa bien estanque, con agua, de donde la muela coja agua dando vuelta, y encima de la piedra se pone la plancha del hierro, la cual se va gastando como se gasta el cuchillo en la muela del barbero; de cuando en cuando se requiere verla para que siempre esté encima de la muela; _con_ cada cajon de cincuenta quintales de metal molido y encorporado con azogue se mesclan diez libras de agua, y si á estos cincuenta quintales echan menos, no sacan nada; si más, pierden el agua más que echan, porque no se saca más plata que si echasen las diez libras. Lo necesario á cincuenta quintales es diez libras de agua. En todos los ingenios tienen sus vasos de madera, en que al justo caben diez libras de agua; con éstos las sacan de la artesa donde cae la agua en que se deshace el hierro. Este beneficio es el frecuentado y cierto; algunos han procurado descubrir otros, más sáleles al revés, y si no al revés, no hay quien los siga. En todo este tiempo me hallé en la ciudad de La Plata, que es casi como vivir en Potosí, porque lo malo ó bueno que sucede en aquella villa, luego se publica en La Plata, por la frecuencia de los que van y vienen.
CAPITULO CIII
DE LA ABUNDANCIA DE QUE GOZA POTOSÍ
Goza Potosí (á lo menos gozaba) de las mejores mercaderias, paños, sedas, lienzos, vinos y de las demás, de todo lo descubierto de las Indias, porque como en España se cargase lo mejor para la ciudad de Los Reyes, de allí la flor se llevaba á Potosí.
Agora no es así, porque como sea tierra de acarreto, y las mercaderias, que sean buenas que sean malas, se hayan de gastar, no se tiene tanta cuenta como los años pasados. Es pueblo muy abundante de mantenimientos, porque de Cochabamba, que dista dél cincuenta leguas, le llevan el trigo, harinas, tocinos, manteca, y de la ciudad de La Plata, todas las fructas nuestras y mucho trigo é maíz, y de la costa de más de cien leguas el pescado casi salpreso, porque agora cuatro años se obligaron tres ó cuatro de dar pescado salpreso en Potosí, con condicion que otro que ellos no lo pudiese meter, señalándoles la villa el precio, y salieron con ello; tenian en paradas caballos con que lo llevaban; si agora lo hacen, no lo sé. Finalmente, todos los pueblos que se han poblado y se pueblan de españoles en aquella provincia de los Charcas, podemos decir que Potosí los puebla, porque con la confianza de llevarle lo que tienen de labranza y crianza, anima á los españoles á meterse en las montañas de los Chiriguanas, y fundar pueblos en valles calorosísimos, llenos de las plagas referidas, y todo lo allana Potosí.
El pueblo tiene sus plazas donde se venden las cosas necesarias, en cada plaza la suya; la plaza del maíz en grano, la de la harina, la de la leña, la del carbon, la del alcacer y la del metal, y plaza donde se vende el estiércol de los carneros de la tierra, el cual me certificaron se compraba y se vendia cada año en cantidad de 10.000 pesos y más. Pues ¿qué diremos de la de la coca? La plaza principal es muy bien proveida, donde casi todo el año se hallan uvas, las demás fructas, camuesas, manzanas, membrillos, duraznos, melones, naranjas y limas, granadas á su tiempo en cantidad, y hase introducido que no pierde el más estirado nada de su opinion en entrar donde estas cosas se venden, que es una calle larga en la misma plaza junto á la iglesia mayor, hecha por los indios que traen estas cosas, y escoger el propio lo que más gusto le da y enviarlo á su casa; no se repara en la plata. Pues en el mismo cerro hay sus plazas con todas estas cosas, y vino y pan, hasta en la misma coronilla del cerro, que llevan los indios, donde lo venden así á indios como á españoles.
CAPITULO CIV
DE LAS PERROQUIAS DE POTOSÍ
Si no me engaño, deben ser las perroquias de Potosí de ocho á diez, las cuales dividió don Francisco de Toledo, siendo Virrey, cada una con 500 indios tributarios para servicio del pueblo, mejor diré del cerro, que todos con hijos é mujeres llegan á 30.000 indios, y ninguno hay, si quiere trabajar, que no gane plata; hasta los niños de seis á siete años, á mascar maíz para hacer levadura para chicha, la ganan; multiplícanse aquí los niños de los indios que es admiracion; de los españoles, cual ó cual nace, y esos contrechos y luego se mueren. Vanse las españolas á un valle caliente, doce leguas de Potosí, á donde se quedan con sus hijos tres y cuatro meses, hasta que ya el niño tiene un poco de fuerza, aunque como el temple se ha moderado un poco, ya comienzan á nacer y á criar, mas son raros.
La iglesia mayor es buena, de adobe y teja, y de una nave, rica de ornamentos y de servicio de plata para el altar, y de aquella suerte son las demás iglesias de los monasterios de todas Ordenes, ricos de ornamento y plata para el culto divino; susténtanse en cada convento dominicos é franciscos, augustinos, teatinos, de ocho á diez religiosos, unas veces más, otras menos, porque es temple desesperado, á lo menos, desde mayo _hasta_ agosto, y no todos pueden vivir en él, sino los que son recios de complexion ó temperamento; en el de la Merced es donde siempre hay menos.
Tiene buenas carnes y buen agua si la traen de una fuente que llaman de Castilla.
Es pueblo de mucha contractacion, y una de las mayores es la coca, que del Cuzco le viene cada año al pie de 60.000 cestos, y si hay logreros en el mundo, creo son los coqueros, porque segun el tiempo á que fian, así acrecientan el precio, y puesto que se les predique, es cantar á los sordos.
Las Ordenes habian de tener aquí uno ó dos de los más doctos dellas, por las muchas é malas contractaciones que se hacen. En esto han ganado mucha tierra con todas ellas los padres de la Compañía, que han tenido y tienen varones doctos que alumbren á los contractantes. Aquí se hacia una contractacion que llamaban de los aseguros de los metales, aprobada por el Audiencia y por dos teólogos, uno augustino, otro teatino de la Compañía, tres coronistas y juristas, que era usura clara, sino que no se habia entendido bien; fué Nuestro Señor servido que yendo yo á Chile, con su favor, contra todo el torrente del pueblo y letrados, se declaró la verdad della; costóme mucho trabajo; animóme mucho á tomarlo el Rmo. del Paraguay, que á la sazon allí estaba, fray Alonso Guerra, de nuestra Orden, que la tenia por mala; finalmente, de ocho años á esta parte no se ha tractado más della, como si no se hobiere hecho; á Nuestro Señor las gracias, de quien todo bien procede. Los religiosos de mi Orden no la aprobaron, ni los de San Francisco; uno de los juristas que la aprobó, convencido, dijo que ¡ojalá y cuando la firmé tuviera manca ó quemada la mano!
Perdíanse los hombres á remate; conocí quien en ella habia perdido más de 100.000 pesos; otros á 80.000, otros á menos, conforme á las veces que la hacian, lo cual por ser largo de referir, y ser más de escuelas que de relaciones breves, no se tractará más dello. Solamente esto se ha dicho para comprobar que es necesario tener los provinciales en este pueblo hombres doctos, por las muchas contractaciones usurarias que en él se tractan y se inventan, con muy poco temor de Nuestro Señor y menos de sus conciencias, por las cuales debemos, conforme á nuestro estado, mirar y alumbrarlas.
CAPITULO CV
DE LAS COFRADIAS
Las cofradias de Potosí son muchas y muy bien servidas, con mucha cera, y casi todas tienen sus veinticuatros, los cuales en las fiestas señaladas que cada una tiene se han de hallar, en vísperas y misa mayor, con un cirio que les da la cofradia, y aquel dia confiesan y comulgan. La del Sanctísimo Sacramento es una de las bien servidas de cera del mundo, y la del Rosario y Juramentos, en nuestra casa, y así lo son las demás, porque son ricas, y aunque la cera cuotidianamente vale á 150 pesos el quintal, y dende arriba, no se disminuye el servicio della.
Es pueblo donde se hacen muchas y grandes limosnas; yo me hallé una Cuaresma en él y me certificaron algunos mayordomos que, tractando entre sí lo que se habria juntado de limosna para ellas, pasaban de cinco mil pesos en la Semana Sancta. La procesion de la Soledad, fundada en nuestra Señora de la Merced, se celebra con tanta solemnidad que no llega la celebracion de Los Reyes á ella, con ser solemnísima, pues la cera que sale en la procesion el dia del Sanctísimo Sacramento parece increible; los indios en sus cofradias van imitando á los españoles: tienen sus veinticuatros y gastan mucha cera.
Cuando algun veinticuatro muere, los demás le han de acompañar de todas cuantas cofradias fuere veinticuatro; acaesce ser de tres ó cuatro, y todos le acompañan con sus hachas ó cirios; suelen ser más de ciento, que es cosa de ver, porque aunque se llaman veinticuatros, el número no es sólo de veinticuatro, sino de cincuenta y más; finalmente, Potosí, podremos decir es España, Italia, Francia, Flandes, Venecia, México, China, porque de todas estas partes le viene lo mejor de sus mercaderias. De las naciones extranjeras hay muchos hombres, que si no los hobiera no perdiera nada el reino, y quien no ha visto á Potosí no ha visto las Indias, por más que haya visto, como habemos dicho.
CAPITULO CVI
DE LA DESTEMPLANZA DE POTOSÍ
Con tener todo esto bueno, no deja de tener un alguacil y contrario, como las demás ciudades y provincias, porque al tiempo de las aguas, y en particular á la entrada y salida del ivierno, son muchas las tempestades de truenos, rayos, pedriscos y nieves, desde Diciembre hasta Abril, y en el verano el viento que decimos llamarse tomahavi, por venir de un cerro alto así llamado, suele venir con tanta furia, que en aquellos dias que corre no hay sino cerrar puertas y ventanas y no salir á la plaza.
Este viento levanta (lo que no hacen los demás) cuantas plumas, lana, cabellos, pajas y otras cosas livianas que hay por las plazas y calles, y cubre el pueblo de una niebla que parece se puede palpar, y aquellos dias está frío, que no se puede vivir sino tras los tizones. Oí decir allí á una señora discreta, que cuando corrian estos tomahavis, y salia de su casa á oir misa en los dias forzosos, á la vuelta traía un fieltro dentro en el pecho, por el polvo, lana y cabellos que le hacia tragar Tomahavi, mal que le pesase; con todo esto, la cobdicia de la plata y diligencia para adquirirla y sacarle hace en estos dias trabajar y pasear las calles á los hombres.
CAPITULO CVII
DE LA PROVINCIA DE LOS CHICHAS Y LIPES
Desde este pueblo de Potosí, declinando un poco al Oriente, se entra en la provincia de los Chichas, á dos jornadas andadas, los cuales son indios bien dispuestos, belicosos; su tierra, rica de oro y plata, sino que no la quieren descubrir. Llega esta provincia hasta el último pueblo dellos, y de la juridicion del reino del Perú, llamado Talina, cincuenta leguas buenas de Potosí, el camino no malo, y los valles donde están los indios poblados, de moderado temple, con abundancia de mantenimientos y ganados, así de la tierra como de los nuestros; á cuya mano derecha queda la provincia de los Lipes, no de muchos indios, muy fria y destemplada, donde no se da maíz; en lo demás de poca fama, si no es por las piedras medicinales que della se traen, que yo he visto y en todo el reino se usan: la una de color azul, con la cual se curan cualesquier llagas viejas con no poca mordacidad, con la cual las castra y en breve sanan; las otras son para la ijada aprobadas, unas de color de aceite y otras (estas son las mejores) de color de carne de membrillo; digo ser aprobadas, porque yo comenzaba á ser enfermo della, y de cuatro años á esta parte, gracias á Nuestro Señor, que traigo dos conmigo cosidas en un jubon, una un lado y otra á otro de la ijada, la una de la una color y la otra de la otra, no he sentido cosa de pesadumbre; la de color de carne de membrillo dicen los lapidarios ser contra ijada, riñones y para estancar flujo de sangre. No dejan fraguar piedra; deshácenla, y deshecha se lanza por la orina; experiencia cierta.
CAPITULO CVIII
DEL VALLE TARIJA
Quince leguas á la mano izquierda de Talina, declinando más al Oriente, entramos en el gran valle de Tarija (no le he visto, pero lo que dél dijere sélo de hombres fidedignos que han vivido en él), ancho y espacioso, abundante de todas comidas nuestras y de la tierra, y de ganados de los nuestros, donde se dan viñas y buen vino con las demás fructas españolas; los años pasados, deben ser más de 45, fué poblado de estancias de ganados nuestros; la más principal era del capitan Juan Ortiz de Zárate, que despues fué Adelantado del Rio de la Plata, de quien habemos de tractar en breve, donde tenia copia de ganado vacuno.