Descripción colonial, libro primero (1/2)

Part 16

Chapter 163,827 wordsPublic domain

La comarca de la ciudad es buena y abundante por los valles que tiene en contorno, donde se da el maíz, y en los altos el trigo. Las chácaras son de mucha tierra, y por ella se han enriquecido no pocos. Conocí en esta ciudad, agora cuatro años, un vecino que vendió una chácara suya con tres ó cuatro piedras de molino en 52.000 reales de á ocho; para ser un chacarero rico no es necesario más que el año sea un poco estéril, y que en su chácara haya llovido. Pocas veces el agua es general; son aguaceros con tanto ímpetu de vientos, truenos, rayos y relámpagos, que es cosa temerosísima; á los que suben de los llanos háceseles muy pesado; veráse ahora, más en particular de noche, el cielo sereno y muy claro y en un instante cubierto de una escuridad que pone grima. Toda esta provincia de los indios Charcas es abundantísima de miel de abejas; no crian en colmenas como en España, porque no las han recogido en ellas, ni de eso se tiene cuidado; crian unas en la tierra, debajo della, y por un agujero entran y salen á su labor; ésta suele ser agria; otras crian en troncos y huecos de árboles: ésta es mucho mejor; otras hacen sus panales (acá llamámosles chiguanas) colgándolos de una rama de un árbol, sobre la cual los fraguan redondos y algunos tan grandes como botijas peruleras: ésta es la mejor, más blanca y para muchas cosas buena.

A cuatro leguas de la ciudad, al Oriente, entramos en el valle llamado Moxotoro, que quiere decir barrio nuevo, angosto, mas tiene algunas anconadas todas de riego con las acequias que del rio sacan; á su tiempo es muy caluroso, y á su tiempo frío. Aquí hay muy buenas chácaras y huertas con todos los frutales nuestros, y muy buenas viñas, adonde de Potosí, que son 22 leguas, vienen los indios con los reales á comprar la fruta, desde las cebollas y ajos hasta las camuesas y peras. Una legua más adelante, en un valle llamado Chuquichuqui, hay un ingenio bonísimo de azúcar y demás cosas, pero es una caldera de fuego de Babilonia.

Todos estos valles desta provincia son abundantes de las plagas arriba dichas: víboras, hitas, chinches y otros animales ponzoñosos; pero proveyó Dios de muchas yerbas medicinales y árboles, más que en ninguna otra parte destos reinos.

Pocas leguas desta ciudad se coge la contrayerba, que dijimos ser una raíz negra que huele á higuera. Otras raíces hay aprobadísimas para cámaras de sangre. Lleva esta tierra mechoacán tan bueno como el que se trae de México. Entre los árboles hay tres muy conocidos y salubérrimos: el uno llamado Tareo, que entre mil de los demás es muy señalado; antes que eche las hojas produce una flor como campanillas, morada, de la cual se hace una conserva probada contra el mal francés. El otro se llama Quinaquina; destila una goma muy olorosa, remedio principal, sahumándose con ella, contra toda tose, catarro y apretamiento de pecho. He conocido personas, á lo menos un religioso nuestro, que cortaba una rama y en la punta colgaba un calabacillo, de suerte que la rama estuviese enarcada; destilaba el bálsamo. Este árbol llora unas pepitas grandes como habas y más largas, llenas de goma, de las cuales se aprovechan para mil enfermedades; tuve la memoria dellas, no sé qué se me hizo; sahúmanse con ello contra la tose, y para la jaqueca no hay remedio más eficaz; tarda en destilar tiempo.

Lo que en más abundancia se cría son molles, aprobadísimos para muchas enfermedades frias; todos estos árboles son como grandes encinas. Los molles, dándole una cuchillada en la corteza, y sin que se les dé, pero dada destilan una goma blanca con un poquito de cárdeno, al gusto poco mordaz; usan della para purgar flegmas; yo la he tomado; pónenla en un paño limpio, mójanla en agua y exprímenla como cuando se hace una almendrada, y cuanto una escudilla, échanle un poco de azúcar, y puesta al sereno, á la mañana se bebe, sin mas preparacion; hace su efecto admirablemente; lleva unas uvillas coloradas que son como las majuelas de España, sino que son todas redondas, sin la coronilla que tienen las majuelas; destas uvillas se hace miel y chicha muy dulce y calidísima. Con la corteza curten suelas y muy buenas. Hay entre estos árboles macho y hembra: el macho es más coposo y más grato á la vista; la hembra crece más y las ramas más extendidas. La fructa del macho jamás madura; quédase como la uva, en cierne; la hembra la llega á sazonar. Pero de lo que más es abundante esta provincia de toda suerte de minerales, á cuya causa son las tempestades tan recias, y si Potosí faltase, no faltarian otros cerros llenos de plata.

[36] En el ms., 62.

CAPITULO XCVII

DE OTRO CAMINO PARA LA CIUDAD DE LA PLATA

Volviendo á Caracollo, de donde proseguimos el camino para la ciudad de La Plata por los valles, y tomándolo por el más seguido, de aquí una jornada llegamos á la venta de las Sepulturas; llámase asi porque se pobló en un llano donde hay cantidad dellas, y en todo el camino, particularmente desde Siquisica; son sepulturas de indios, donde en su infidelidad se enterraban en estos lugares frios; la causa debia ser por que no se corrompiesen los cuerpos; son altas de más de estado y medio, todas, en general, angostas como una vara, de cuatro paredes; unas portezuelas que todas miran al Oriente junto al suelo; aquí se enterraban los indios y sus mujeres; para los hijos hacian otras pequeñas juncto á éstas. Ha sucedido ir caminando por esta tierra llana el español y alcanzarle un aguacero de los buenos, y meterse dentro de una destas sepulturas, sin tener grima de los cuerpos muertos; no la dan como los nuestros.

Algunos indios sacan los cuerpos dellas y abrazaditos marido é mujer los ponen en los caminos, sola la osamenta, entera, sin despegarse de las coyunturas, porque en estas sepulturas no come la tierra los cuerpos, sino consúmese la carne; lo demás queda entero; tampoco se crian gusanos; la frialdad y sequedad de la tierra no da lugar á ello.

Algunas sepulturas vemos más altas y labradas, digo pintadas; éstas por ventura eran de los curacas. Por estar puesta esta venta en un lugar donde habia muchas, se quedó con el nombre de la venta de las Sepulturas. Hácese aquí mucha y muy buena pólvora, y aquí vive un oficial della que con licencia de los Virreyes la hace. Siete leguas adelante es la venta de En Medio, así llamada por ser fundada en parte donde se toma á mano izquierda el camino para la ciudad de La Plata y sobre mano derecha para Potosí; dase en ella buen recaudo á los pasajeros; los caballos á la sabana.

Prosiguiendo para Potosí[37], porque no volvamos más á ella, son cinco jornadas; todas son de ventas, sin que en el camino haya cosa que sea digna de memoria, más de que antes de llegar á Potosí, como legua y media, no se ha de dar más priesa á la cabalgadura de la que ella quisiere; fáltales el aliento, y si se la dan se quedan muertas en el camino.

Tomando, pues, el camino sobre mano izquierda, nueve leguas, si no son diez, dista de aquí el pueblo llamado Chayanta, poblado en una llanada bien fría, antes de llegar al cual, _hay_ en medio del camino un arroyo abajo, de mala agua, con muchos manantiales de aguas calientes, pero una fuente hay en una peña viva que cae sobre este arroyo; la piedra terná en contorno como braza y media; vase arrugando como un pan de azúcar, y por la corona della sale un caño de agua como la muñeca, y para caer en el arroyo hace su charco muy formado; no pasa hombre por allí que no se detenga un poco á mirarla y considerar la fuerza del agua que rompiese aquella peña viva; estas aguas calientes, si son de piedra azufre, dan salud á los enfermos de la ijada y orina, como ya dijimos; las del alumbre les hacen más daño.

De aquí son dos jornadas al pueblo llamado Macha, en distrito del cual hay una mina de plata, que hasta agora no se ha descubierto, ni se espera se descubrirá. Un religioso nuestro, á quien yo conocí en este reino siendo seglar, agora cuarenta años, acaso dió con ella, y conociendo el metal echó alguno en unas alforjas; llevólo á Potosí, fundiólo; acudió mucha plata; luego conoció ser la mina que tanta fama tiene, empero no lo dijo sino á uno ó dos amigos, para ir á ella y registrarla; sucedióle en este tiempo, antes que la fuese á descubrir, hacer un viaje forzoso á Arequipa, donde se metió fraile nuestro, y así se quedó; ya profeso y viviendo en nuestro convento en Huánuco, y estando á la sazon allí nuestro provincial el padre fray Francisco de San Miguel, á quien se lo oí decir muchas veces, llegaron dos hombres que venian de Potosí en busca del religioso para que les descubriese la mina y cerro; encuentran con el provincial, dícenle por qué razon tomaron tanto trabajo, viaje largo, y que si el religioso les descubre el cerro y mina se obligarán á hacer un convento entero en la ciudad que el provincial señalase. Al provincial no le pareció mal el partido; tractólo con el religioso, y con ser un hombre tosco y no de mucho entendimiento, respondió al provincial era verdadero sabia el cerro y mina, pero que no convenia descubrirlo porque los indios de Macha, en cuyo distrito estaba, y cuya era, la labraban (por lo que él vió) para pagar sus tributos y para sus necesidades; la cual si se descubria la habian de quitar á los indios y quedarian privados de su hacienda. La respuesta del religioso pareció bien al provincial, y respondió á los dos compañeros que no la descubriria aunque le hiciesen tres conventos, y así se quedó hasta hoy. Desde este pueblo son tres jornadas á la ciudad de La Plata, de muy mal camino, como lo es todo el desta provincia.

[37] En el ms., _Potisi_.

CAPITULO XCVIII

DE LOS PUEBLOS DE ESPAÑOLES EN VALLES CERCA DE LOS CHIRIGUANAS

Saliendo de la ciudad de La Plata, entre el Oriente y el Sur, puso Dios muchos valles muy buenos y fértiles, donde los indios nunca habitaron, ni entraron, llenos de montañas calientes, fértiles de trigo y maíz, árboles nuestros y otros mantenimientos, donde en chácaras viven españoles; en los altos pastan sus ganados mayores y menores; allí á sus casas les vienen de Potosí á comprar los mantenimientos, con los costales llenos de reales. De pocos años á esta parte, en dos valles destos se han fundado dos pueblos, recogiéndose los chacareros á ellos: uno en el valle llamado Tomina, otro en el valle de la Lagunilla, fronteras de Chiriguanas, con lo cual se les ha puesto freno para que no hagan el daño que solian hacer antes que se redujesen á pueblos, y aun agora tambien; las casas de las chácaras todas eran fuertes, y de noche los amos y los indios dormian debajo de una puerta y llave, y algunas veces se velaban, por miedo desta mala gente, que por la mayor parte sus saltos son de noche, y por que se sepa qué gente es ésta, en breve diré sus calidades.

CAPITULO XCIX

DE LOS CHIRIGUANAS Y SUS CALIDADES

Los indios Chiriguanas viven muy cerca destos valles, en unas montañas calurosas y ásperas por donde apenas pueden andar caballos. No son naturales, sino advenedizos; vinieron allí del rio de la Plata; la lengua es la misma, sin se diferenciar en cosa alguna. Son bien dispuestos, fornidos, los pechos levantados, espaldudos y bien hechos, morenazos; pélanse las cejas y pestañas; los ojos tienen pequeños y vivos. No guardan un punto de ley natural; son viciosos, tocados del vicio nefando, y no perdonan á sus hermanas; es gente superbísima; todas las naciones dicen ser sus esclavos. Comen carne humana sin ningun asco; andan desnudos; cuando mucho, cual ó cual tiene una camisetilla hasta el ombligo; usan pañetes; son grandes flecheros; sus armas son arco y flecha; el arco tan grande como el mismo que lo tira, y porque la cuerda no lastime la mano izquierda, en la muñeca encajan un trocillo de madera, y allí da la cuerda. Pelean muy á su salvo, porque si les parece el enemigo les tiene ventaja, no acometen. Pocas veces con nosotros pelean en campo raso, si no es á más no poder, y si les parece han de perder un chiriguano, no acometerán; son grandes hombres de forjar una mentira, tardan mucho tiempo en ella, y enséñanla á todos, de suerte que los niños la saben, y si se les pregunta no difieren de los mayores, particularmente para engañarnos, como adelante diremos. Si han de ir á la guerra es por órden de las viejas, que les traen á la memoria los agravios recibidos, y los afrentan con palabras llamándolos cobades, borrachos, ociosos y flojos. Entre estas viejas hay grandes hechiceras, y hállanse en ellas las pitonisas que dice la Escritura, en cuyo ombligo habla el demonio. El mayor de los pueblos es de cinco casas; lo comun es de tres; mas son muy largas, de más de 150 pasos, á dos aguas, con estantes en el medio sobre que se arma la cumbrera, y de estante á estante vive una parentela. Con los indios que más enemiga han tenido son con una provincia que cae á las espaldas destas montañas, tierra llanísima, falta de agua, que se llama los Llanos de Manso, ó la provincia de los Chaneses; destos, que es gente desarmada, aunque bien dispuesta, de mejores rostros y más bien inclinados que los Chiriguanas, se han comido más de 60.000, y no creo digo muchos, porque aquellos llanos eran muy poblados; agora no hay indios sino muy pocos, y como no tienen quien los defienda, es la carneceria desta bestialísima gente. Son tan subjectos á los Chiriguanas, que en viéndolos no hay más que sentarse, sin resistencia alguna, para que el chiriguana haga dél lo que quisiere; tráenlos como ovejas en manadas; comen los que se les antojan, de los demás se aprovechan para el servicio de sus casas y sementeras. Cuando se quieren comer alguno no hay más que decirle se vaya á lavar al rio, lo cual hace sin replicar; viene desnudo; mandan á sus hijos tomen los arcos y flechas, y el pobre chanés en una plaza huyendo de aquí para allí de las flechas, sin se atrever á salir della, de los muchachos es flechado y muerto con gran alegria de los que le miran; le hacen pedazos y se lo comen, ó asado, ó cocido con maíz y mucho ají. De los que ven valientes y de buenos cuerpos, aprovéchanse para la guerra; hácenlos á sus bárbaras costumbres y cuando han de pelear pónenlos en la delantera, y si no pelean bien, fléchanlos por las espaldas. Es gente traidora y que no guarda palabra, porque como dijimos, no tiene un puncto de ley natural, ni cosa de policia; es poca gente; no llegan á 4.000 indios de guerra; la aspereza de la tierra en que habitan les ha sustentado tanto tiempo contra los españoles; en ella hay rios grandes, poco temidos destos, por ser grandes nadadores. Los rios llevan sábalos, armados, bagres y otros peces los cuales pescan desta suerte: al verano echan un pedazo del rio por otra parte; quedan los peces en el brazo del rio desaguado; en agua hasta la cinta, entran en ella con sus arcos y flechas, allí los flechan, y el que se escapa de la flecha, las mujeres van detrás con unas redes en que caen. Son tambien astutísimos en cazar ó enlazar las víboras, las de cascabel; éstas comen, y cuando un chiriguana halla una dellas y la mata se la echa en el hombro y se viene muy contento á su casa; cómenlas desta suerte: córtanles la cabeza, con dos ó tres dedos más, y otro tanto de la cola; luego la desuellan y hecha trozos ponen encima de las brasas, y así asada con ají la engullen; oí decir á dos personas fidedignas que las habian visto asar, y que olía la carne como si la hobieran lardado con muchos olores, porque al olor de una que asaban sus yanaconas en su chácara, salieron de casa á ver lo que era y hallaron los indios chiriguanas en una gran candelada asando una para se la comer. Toda la tierra que habitan es fértil de muchas víboras de cascabel y de las pequeñas que habemos dicho; hay otras culebras grandes de más de tres varas; éstas no pican, pero en viendo al hombre abalánzasele, cíñele por el cuerpo y luego con una espina acutísima que tienen en la cola es cierta al sieso por donde la meten, y desta suerte le mata, y luego se lo come. Hállanse lagartos de sequera, el cuerpo de una vara y más, sin la cola, que es poco menos; éstos acometen á un muchacho y se lo comen. En Tucumán vi uno destos, como diremos cuando tractaremos de aquella tierra. Entre los árboles tienen muchos cedros, pero hay otros que llevan tanta garrapata, que arrimándose un hombre á él caen á mia sobre tuya sobre el pobre, que le cubren como si una saca dellas le hobieran derramado por encima. Contra éstos más que bárbaros hombres entró don Francisco de Toledo, Visorrey del Perú; lo que le sucedió diremos cuando trataremos de lo que le sucedió en el tiempo que gobernó estos reinos.

Con ser esta gente de la calidad referida y la tierra asperísima, el capitan Andrés Manso, natural de la Rioja, con sólo sesenta hombres los subjectó é repartió; sirviéronle y á sus encomenderos como sirven los indios destos reinos, y no trabajó mucho en la conquista dellos, y menos en la de los Chaneses. Agora 29 años, cuando subí la primera vez á la provincia de Los Charcas, ya era muerto; no creo habria siete años.

Este capitan pobló un pueblo que confina con las montañas de los Chiriguanas y con los llanos de los Chaneses; el sitio, llamado por un nombre Condorillo y por el otro el río de los Sauces. Los que lo han visto, que son muchos, dicen no hay en lo descubierto de las Indias temple más saludable; el suelo fértil y alegre. Viviendo aquí con toda paz, y no distando de la ciudad de La Plata ochenta leguas á lo más largo, estos Chiriguanas le engañaron con una ficcion, de las cuales, como habemos dicho, son grandes hombres para fingirlas; fingen, pues, y engañan al pobre capitan, que á pocas leguas de allí habia un valle donde vivian unos indios de extraña figura, muy ricos de oro (entre los Chiriguanas, ni en toda aquella montaña, ni oro ni plata se ha descubierto); que si quiere, ellos le llevarán allá y se los conquistarán, y de los españoles no es necesario más que la mitad, y la otra mitad se queden en el pueblo. Creyóse (que no debiera) dellos, y salió con treinta soldados; los otros treinta con las pocas mujeres dejó en el pueblo; llevó consigo parte de los Chiriguanas, los cuales dejaron concertado con los demás que para el servicio del pueblo se habian quedado, que para tal dia tomasen las armas, y á tal hora de noche; que ellos en el propio dia y hora darian en Andrés Manso, y sus soldados, y desta suerte los matarian á todos. Al dia, pues, ó por mejor decir, á la hora de la noche señalada, los unos dan en el pueblo, los otros en Andrés Manso; matáronlos á todos sin dejar uno ni ninguno, y desde entonces se han quedado señores como agora lo son, y tan enemigos nuestros como antes, y del nombre cristiano; sólo se escapó un mestizo llamado fulano de Almendras, á quien prendieron en el pueblo, y un cacique destos Chiriguanas le quitó que no le matasen, y puso en salvo, porque tenia con él amistad: cosa nunca entre Chiriguanas guardada. Vínose á la ciudad de La Plata, donde á pocos años murió, estando yo presente, á quien entonces confesé y ayudé lo mejor que supe en aquel trance; escapóse otra mestiza que debia estar amancebada con algun Chiriguana, porque se quedó con ellos hasta hoy, como otra vez della diremos; y esto en suma de los Chiriguanas y sus costumbres; prosigamos agora nuestro viaje.

CAPITULO C

DEL CERRO DE POTOSÍ

Volviendo á nuestra provincia de Los Charcas, cansado de tractar de la gente más que bárbara Chiriguana, es esta provincia ancha y larga, empero poco poblada y muy áspera, de malos caminos; los indios son más bien dispuestos que los del Collao, más fornidos, los rostros más llenos y en sus vestidos más bien tractados, hablando en comun; son conocidísimos por el vestido, y muy ricos de plata y de ganados, aunque en ganados les hacen ventaja los del Collao, y oro no les falta, sino que no quieren descubrirlo; es fama en el distrito de Chayanta haberlo, no de río, sino veta, pero guárdanla para sí, y no hacen mal.

El Visorrey don Francisco de Toledo, desde Potosí envió con un yanacona que le prometió descubrir esta mina á un religioso nuestro; fué y halló una veta pobre, aunque trujo una piedra pasada toda con clavos de oro; túvose por cosa que no se podía seguir, y así se quedó. Tambien es fama y comun que entre Potosí y Porco, que son ocho leguas, hay minas de azogue, y no es difícil de creer; empero el que la sabe no la quiere descubrir, diciendo que si luego se la han de quitar, se esté por todos; la cual si se descubriese, Su Majestad aumentaria grandemente sus tributos, porque como el azogue necesariamente bajase, no seria necesario seguir veta, sino á tajo abierto labrar en el cerro, y como fuesen las costas menos y más los mineros, los quintos habian de subir; pero esto es ya salir de nuestro intento; dejémoslo á los Contadores.

_De_ la ciudad de La Plata se ponen á Potosí 18 leguas, divididas en tres jornadas, en las cuales hay cinco ventas, y en la primera dos rios; el primero llamado Cachimayo, que es decir rio de la sal, por la sal que en algunas partes por donde corre se hace, porque no es necesario otra cosa quel agua echar en los lugares señalados, y dentro de pocos dias se congela, y buena sal, con ser el agua no muy gruesa, pero no es salobre ni salada. El otro es rio Grande, y solamente al verano se vadea y conviene saber tomar el vado, porque si no, no parará el que lo quisiere vadear hasta los Chiriguanas. Tiene sus puentes de piedra que mandó hacer el famoso marqués de Cañete, de felice memoria, el viejo; la primera del Achimayo; por descuido de las justicias, con una avenida se la llevó el rio; hase hecho legua y media más abajo otra, que se ha tardado en hacella más que se tardó en las dos, porque las dos en dos veranos se hicieron; esta han pasado más de seis.