Descripción colonial, libro primero (1/2)

Part 14

Chapter 144,127 wordsPublic domain

Sucedióle, pues, que estando en esta doctrina llegó á él un fiscal della, indio, y díjole: Padre, aquí está un Cacha, que es un mensajero, de Tiquicaca; el religioso, aunque no habia vivido por allá arriba, tenia noticia deste adoratorio, y luego advirtió á lo que podria ser; dijo al fiscal: tráemelo aquí. Trújoselo. Era un indio bien dispuesto; llegó á guisa de caminante, la manta ceñida; preguntóle: ¿De dónde eres, hijo? Responde: de la isla Tiquicaca. Replicóle: ¿Dónde vas? Respondió: A Quito. (Hay desde Tiquicaca á Quito más de quinientas leguas.) ¿Quién te envia? Responde: El Apo, que es el señor de Tiquicaca. Bien entendió el religioso que el que le inviaba era el demonio. ¿Así Tiquicaca te envia? pues yo os doy mi palabra que no habéis de ir allá y que os tengo de castigar por el mensaje. Del demonio sois mensajero. Respondióle el indio: Padre, yo tengo de ir. El padre: No iréis; yo os azotaré y tresquilaré primero y echaré en la cárcel. Responde el indio: Padre, los azotes y tresquilarme, no lo quitará Tiquicaca; mas dejar de ir no lo impidirás. Viendo esto el religioso, ¿qué habia de hacer? Mándale azotar y tresquilar, á la justicia, por mensajero del demonio, y que lo echen en la cárcel, en el cepo, y toma la llave de la cárcel y cepo; á la mañana va á ver su indio allá _en_ la cárcel; él va á buscar el indio; el cepo hallólo cerrado, pero el indio nunca más le vió. ¿Este fué indio ó demonio, que no pareció más?

El religioso que esto me dijo, y á otros muchos, en la ciudad de Los Reyes, se llama fray Juan de Torrealba, que agora vive en España, hombre de mucha verdad, y no tenia para qué fingirlo.

Para deshacer este adoratorio, que llamamos guacas, fué acertadísimo sacar los indios de aquella isla y poblarlos en la tierra firme, á la lengua casi del agua, en un cerro no alto, llamado así Copacavana. Este pueblo tenia á su cargo un clérigo gran lengua de la Aymará y de la Quichua; así se llama la de los Ingas, llamado el bachiller Montoro; la iglesia es buena; hiciéronla religiosos nuestros, porque este pueblo y otro que dista deste una breve legua, llamado Yunguyo, se encorporaron, cuanto á la doctrina, con la provincia de Chucuito. El buen clérigo mandó hacer á un indio una imágen de bulto, que colocó en la iglesia, al lado de la Epístola, en un altar, por sí; intitulóla de la Purificacion; yo la he visto tres ó cuatro veces; tiene de largo, sin la peana, una vara y cuatro dedos; salió hermosa de rostro, con su Niño Jesús entre los brazos, y aunque es así (como luego diremos) que los indios tienen poca fée ó ninguna, algunos hay en quien Nuestro Señor la ha infundido. Estos son pocos.

En aquel pueblo habia un indio casado que á su mujer daba mala vida y aborrecia grandemente; ella era buena cristiana y devota de aquella imágen de Nuestra Señora; el marido, persuadido del demonio, sacóla al campo para ahorcarla; echóle la soga á la garganta y quísola ahorcar; la india, muy de veras se encomendó á Nuestra Señora, y teniéndola ya su marido para lanzarla de un árbol abajo, apareciósele Nuestra Señora en figura de aquella imágen; el indio deja la mujer é pone pies en polvorosa, mirando para atrás, lleno de temor; la india quedó libre hallándose en el suelo, la cual tambien vió á Nuestra Señora en su favor; vínose á la iglesia, hincóse de rodillas delante del altar de Nuestra Señora, dándola gracias; da noticia deste milagro al clérigo, hácese la averiguacion, traen al marido, confiesa la verdad, que todavia estaba temerosísimo; llámase al corregidor de aquel partido, que á la sazon era don Jerónimo Marañon, convocáronse los clérigos comarcanos, hízose una solemne procesion con los indios del pueblo y otros que acudieron y algunos españoles que por allí se hallaron; luego se comenzaron á multiplicar milagros, que pintaron en las paredes de la iglesia; hízose libro dellos, pero algun luterano oculto que por allí pasó lo hurtó, mas no pudo hurtar la memoria dellos, que como eran frescos no se habian olvidado y tornáronse á escribir.

Los milagros han sido muchos y notables, de los cuales escrebiré dos aquí, que oí al mismo bachiller Montoro: el uno fué que habiendo falta de aguas para las comidas, los indios determinaron hacer una procesion á instancia deste sacerdote, sacando la imágen de Nuestra Señora, y para esto la parcialidad que llaman _Hañan saya_[33], que es la más principal, tractólo con la menos principal, llamada _Urin saya_[34], ésta no quiso venir en ellos; los Hañan sayas hacen su procesion; fué Nuestro Señor servido, para confundir á estos indios de poca fe, que, con tener las chácaras juntos, parten linderos, lloviese en la de los Hañan sayas y no en las de los Urin sayas. El otro fué: dos indios, marido y mujer, trujeron de más de cuarenta leguas un hijo solo que tenian contrecho, á Nuestra Señora que se lo cúrase; en abriendo la puerta de la iglesia por la mañana, tomaban su hijo, que ya sabia hablar, tenia de siete á ocho años, y ponian delante del altar de Nuestra Señora; desta suerte le ponian por espacio de diez ó doce dias; sucedió que el niño un dia comenzó á hablar con la imágen de Nuestra Señora y decirla: Señora, ya ha muchos dias que mis padres me ponen aquí delante Vos, para que me saneis, y no me sanais; la comida ya se les ha acabado, y están lejos de nuestra tierra; sáname ya, Señora, y si no, volverémonos á nuestra tierra; dicho esto se levantó el niño sano y salvo, como si no hobiera padecido lesion alguna, y salió á buscar á sus padres que fuera de la iglesia en el patio ó cementerio della estaban.

Volviéronse con su hijo á sus tierras. Las palabras del niño, los demás que allí se hallaron las refirieron. A la fama desta imágen y milagros concurrian en romerias desde el Cuzco, que son más de cien leguas, y desde Potosí, que hay otras tantas, muchas personas, y las que no, enviaban sus limosnas aventajadas; de suerte que si se hobiera tenido un poco más de cuidado fuera riquísima la capilla. Arden delante del altar tres lámparas muy grandes y muy bien labradas, que personas particulares han enviado para el culto de Nuestra Señora; coronas tiene muchas; anillos con piedras riquísimas; quitóse la doctrina al clérigo poco antes que muriese, y dióse por órden de Su Majestad é buena diligencia que se dieron, á los padres de San Augustin, donde tienen un priorato. Ya los milagros no son tan frecuentes, por nuestros pecados, y aun no han cesado _los que_ con las medidas de la imágen se han hecho: el contador Garnica, quebrado, ciñéndose la medida sanó. Los hechos no es de mio escrebirlos, porque piden un libro entero. Los Padres Augustinos ternán cuidado dello.

Fué Nuestro Señor servido, para confusion del demonio y para alumbrar á estos miserables, que cerca de aquel lugar donde con tanta reverencia el demonio era adorado, allí se hiciesen muchos milagros por Nuestra Señora á gloria de Su Majestad y de su Madre sacrosanta.

No creo hay cibdad, en lo que he visto de la de Los Reyes y Potosí, donde no haya capilla de Nuestra Señora de Copacavana, y en pueblos de indios hay no pocas desta advocacion, y en algunos se dice se han hecho milagros, como es en Pucarani, ocho leguas de la ciudad de la Paz; el indio que hizo esta imágen, aunque ha hecho otras, ninguna ha sacado como ella; ha sido llamado á muchas partes y las ha hecho[35], y estando en la ciudad de La Plata le llamó el presidente de la Audiencia para conocerle, el licenciado Cepeda, y dióle silla, diciendo: Quien hace imágen de Nuestra Señora que obra milagros, merece se le dé silla delante de un Presidente.

[33] Al margen: barrio de arriba.

[34] Al margen: barrio de abajo.

[35] En el ms., _yo las he hecho_.

CAPITULO LXXXVII

DEL PUEBLO [DE] CEPITA Y [DE]S[A]GUADERO

De Copacavana volvemos al camino Real, sobre mano derecha, en demanda del último pueblo de la laguna de Chucuito, ocho leguas tiradas.

Es pueblo frio y destemplado como los demás, y ninguno tanto como éste en toda esta provincia, del cual dista el Desaguadero desta laguna dos leguas y media. El Desaguadero es tan ancho como un tiro de piedra; el agua tiene muy poca corriente, parece como embalsada. Comunmente se trata en este reino que no se le halla fondo, y que el agua por abajo corre con tanta velocidad que, por mucho que pese una piedra, si con ella la quieren sondar, se la lleva el agua.

La primera vez que pasé por este Desaguadero llevaba intencion de sondarlo y averiguar esta verdad; llegando con más de cincuenta brazas de sogas que saqué de Cepita, me puse en medio de la puente con una piedra como medio adobe; echéla al agua y luego se fué la piedra derecha al fondo como si no hobiera corriente alguna; sompeséla y sacándola hallé cuatro brazas y media de agua, de suerte que lo que se dice es fábula; tambien decian que cayendo alguna cosa en el agua era imposible salir; tambien lancé un perro y fácilmente salió nadando; y que por abajo no haya corriente es fácil de persuadir, aunque no lo hobiera experimentado con la sonda, porque como toda aquel agua sea un solo cuerpo, si por abajo fuera tan raudo y corriente, por el medio y por arriba habia de correr de la misma suerte.

Tiene este Desaguadero una puente, la mejor, más fácil y segura del mundo; es llana y de totora asentada sobre tres ó cuatro maromas de icho, muy estiradas; hacen los indios unas balsas fuertemente atadas desta totora, á manera de media luna cuando se muestra despues de la conjuncion; el convexo, que es el lomo, asientan sobre las maromas muy bien atado, y luego junto á esta otra, y así las multiplican desde el principio al fin y las unas con las otra las atan. El vacio que hay entre una y otra, porque estas balsas son redondas, hínchenlo con enea ó totora suelta, que es lo mismo, de suerte que la puncta queda llana y rema de ancho tres varas largas; es segurísima y puédese pasar á caballo, aunque yo muchas veces que la he pasado me apeo, llevando la cabalgadura de diestro. Hay aquí indios con pescado, los cuales tienen cuidado á su tiempo de renovarla, y son tan diestros en ello, y en saber, por la experiencia que tienen, cuándo conviene hacerlo, que no pierden puncto, porque ya saben cuándo han de renovar las maromas y las balsas.

Deste Desaguadero se hace otra laguna que llaman de Paria, ó de Challacollo por otro nombre, no tan grande, ni con mucho, como ésta; desagua contra la mar del Sur, sumiéndose sin que responda á alguna parte; por ventura por las entrañas de la tierra va á dar á la mar.

CAPITULO LXXXVIII

DEL PUEBLO TIAGUANACO

Seis ó siete leguas delante del Desaguadero llegamos al pueblo _de_ Tiaguanaco, donde hay, apartado un poco del camino Real, sobre mano derecha, unos edificios antiguos de piedra recia de labrar, que parecen labradas con escuadra, y entre ellas piedras grandísimas; casi no pasa por aquel pueblo hombre curioso que no las vaya á ver.

La primera vez que por allí pasé con otros dos compañeros las fuimos á ver, donde vimos unas figuras de hombres de sola una piedra, tan grandes como gigantes, y junto á ellas de muchachos, la cintura ceñida con un talabarte labrado en la misma piedra, sin tiros, como usan los que traen tahelies. Paredes no habia altas, ni casa cubierta; ocuparia este edificio más que cuatro cuadras en torno. No saben los indios quien lo edificó, ni de dónde se trujeron aquellas piedras, porque en muchas leguas á la redonda no se halla tal cantera. Es fama haber allí gran suma de tesoro enterrado; hase buscado con diligencia, mas como andan á ciegas los buscadores, no han dado con ello, sólo dan con la plata que sacan de la bolsa para el gasto.

Agora se aprovechan de aquellas piedras para el edificio de la iglesia deste pueblo. De aquí á Calamarca, otro pueblo de indios, hay dos jornadas largas, donde se junta el otro camino de Omasuyo, que corre por la otra parte de la laguna; por lo cual es necesario volver á tractar dél.

CAPITULO LXXXIX

DEL CAMINO DE OMASUYO

Desde el pueblo de Ayaviri, que dijimos ser el primero del Collao, tomando sobre mano izquierda, comienza el camino y se sigue la provincia llamada Omasuyo, que corre por la otra parte de la laguna de Chucuito; esta provincia es muy poblada, y por la mayor parte son Poquinas; son recios de ganados de la tierra, y participan de más maíz é trigo que los de la otra parte, por tener sobre mano izquierda la provincia de Larecaja, abundante de lo uno y de lo otro.

Esta provincia es montuosa, llena de sabandijas ponzoñosas, de tigres y osos y leoncillos; de aquí se proveen de madera para las iglesias, así los de la una parte de la laguna como los de la otra, y de otra más menuda para sus casas. Por esta parte la laguna (digamos) se mete más la tierra adentro con esteros, por medio de los cuales llevaba su camino el Inga, derecho, como habemos dicho; agora, por descuido de los corregidores, que con tiempo no lo han querido remediar, está perdido en muchas partes, y rodeamos por algunas ensenadas más de dos leguas, y en otras menos, conforme es la calzada perdida. Tiene tambien esta provincia, á la propia mano izquierda, primero, ó un poco más abajo que á Larecaja, la provincia de Caravaya, ó por mejor decir las montañas, porque no son pobladas, cálida, lluviosa y montuosa, donde antiguamente se sacaba oro en abundancia, subido de la ley; agora tambien se saca, pero mucho menos; la razon es porque siendo tan cálida para los indios que lo han de sacar, que los llevan desta provincia de Omasuyo, es muy enferma, y justísimamente se prohibe vayan los indios á ella contra su voluntad, ni con ella, á sacar oro; con todo eso, hay españoles y corregidor, y no pienso va mal aprovechado el que lo es. Junto á esta laguna hay un pueblo llamado Arapa, de donde dos leguas, ó poco más, segun me dijo un sacerdote clérigo que en él residia, que tiene otro desaguadero esta laguna, no de tanta agua como el que habemos dicho, de suerte que desagua á una y otra mar.

En toda esta provincia no he visto, dos veces que por ella he caminado, cosa digna de memoria, si no es el pueblo de Guarina, dos leguas adelante del cual fué la batalla desgraciada entre el general Diego Centeno, que defendia la parte del Rey, y el tirano Gonzalo Pizarro, éste con cuatrocientos hombres y Centeno con 1.200; aquí fué desbaratado, y la flor de los vecinos y capitanes muertos y presos, y enterrados más de cuatrocientos hombres en un hoyo donde agora está una ermita harto mal parada, sin que los hijos de los que allí tienen sus padres la reparen ni aun hayan gastado un real, y son algunos destos vivos y muy ricos; mas de sus padres creo se acuerdan poco.

CAPITULO XC

DE LA CIUDAD DE LA PAZ

De aquí de Guarina á la ciudad de La Paz son dos jornadas, la cual se llamó así por ser poblada en medio de Potosí y el Cuzco, donde habia, los años pasados, ó de donde se temian algunos alborotos, y porque de aquí se habia de salir á apaciguarlos se llama la ciudad de La Paz, en la cual, por la mayor parte, hay poca entre los vecinos della. Poblóse en valle hondo por _ser_ lugar más abrigado, junto á un rio pequeño de buena agua; no lleva peces por la frialdad del temple, pero proveese y bastantemente de la laguna, que la tiene á ocho leguas, poco más; aquí no se da sino muy poco maíz en unas quebradillas junto al pueblo, donde hay un poblezuelo pequeño de indios para su servicio. El rio abajo, á seis leguas y más, se dan viñas y fructas de las nuestras muy buenas, y á diez, y dende arriba, hay valles callentes, principalmente uno llamado Caracato, en el cual se han plantado viñas y se coge mucho y buen vino, y alguno tinto, á quien no hace ventaja el de España.

En este valle tienen los más de los vecinos sus heredades. El trigo é maíz les traen de la provincia de Larecaja, y de otro valle más abajo dicho Cochapampa; los vecinos de aquí, á lo menos los viejos, eran muy ricos asi de plata como de ganados nuestros, particularmente ovejuno, por los muchos y buenos pastos que hay en la comarca y cerca del pueblo; á cuya causa en el mismo pueblo conocí un obraje de paños, donde se hacian blancos y pardos, mejores que los que nos traen de Castilla, frezadas y otras cosas. Sustenta cuatro monasterios: San Francisco; San Augustin, la Merced y Teatinos, que en breve se han hacendado y muy bien; tienen su sitio en una cuadra de la plaza, y en él tiendas no pocas para mercaderes y pulperos. Es pueblo de mucha contractacion, á lo menos solíalo ser, y donde se remediaban soldados pobres hasta que se proveyeron corregidores de naturales.

CAPITULO XCI

DEL PUEBLO CALAMARCA Y DEMÁS PROVINCIAS DEL COLLAO

De aquí al pueblo Calamarca, que quiere decir pueblo fundado en pedregal, y así es, ponen ocho leguas tiradas y largas y llanas, á donde, no una legua dél, se junta con el camino Real que viene de Chucuito el que viene de Omasuyo á la mano derecha, del cual dejamos la mano derecha la provincia llamada de los Pacajes, donde los más de los vecinos de La Paz tienen sus repartimientos. Es provincia riquísima de ganado de la tierra, y es el mejor, los carneros más bien hechos y que llevan más carga, y valen más que los de otras partes. Es tierra llana, muy fria en todo tiempo, de grandes tempestades con truenos, rayos é nieves, como las demás de la Sierra.

Luego se sigue la provincia de Paria, de la misma calidad, fértil juntamente de ganado porcuno, porque se cria mucho en la ribera de la laguna que dijimos se hacia del Desaguadero; de aquí se siguen los Quillacas; ya éstos son del repartimiento de la ciudad de La Plata, y tambien Paria, provincia más seca, pero de la misma calidad en lo demás, y desde el Desaguadero hasta los Quillacas, todo comunmente se nombra Pacajes; en todas estas naciones hay pueblos de indios grandes y ricos de ganados, faltos de leña para cubrir las casas y aun para el fuego, aunque les proveyó Nuestro Señor de una que llaman tola, que casi la hoja tira á nuestro romero, y quemada huele bien, no mucho. Hay en estas provincias grandes salinas, por lo cual agora pocos años se descubrieron unas minas de plata que por este respecto se llamaron de las Salinas; ya creo han cesado por su pobreza.

CAPITULO XCII

DEL TAMBO DE CARACOLLO Y CAMINO POR LOS VALLES HASTA LA PLATA

De Calamarca al tambo de Caracollo, asaz frio y destemplado, se ponen cuatro jornadas, en medio de las cuales se fundó el pueblo llamado Sicasica; tiene este pueblo nombre por una fuente de agua que se le trujo bonísima, y por un espinillo que no crece un palmo, salubérrimo, tomando un sahumerio, para catarros, toses y apretamiento de pecho, y para otras enfermedades bebida el agua de su cocimiento, tanto que de España se pide como cosa preciada. De aquí á Caracollo son doce leguas: las siete á una ventilla, entorno de la cual solia andar un mestizo, famoso ladron de caballos y mulas; esta venta no tiene recado para poner las cabalgaduras en caballeriza; andan al campo al pasto; salia este mestizo de unas quebradas, recogia todos los caballos con dos ó tres indios que traía al tracto, y daba con ellos en Arica; allí las vendia por poco precio; cogióle la justicia, y preguntándole por qué siquiera no dejaba algunas, respondió: porque no fuesen tras mí; finalmente, pagó en la horca sus delitos.

De Caracollo, tomando el camino por la mano siniestra, quince leguas andadas, llegamos al valle de Tapacari y pueblo; en las ocho de las cuales, en medio de una cordillera muy fria, se hizo una ventilla con solas dos casas, que lo más del año no habita nadie en él por destemplanza del frio, y á dos leguas andadas comenzamos á bajar una cuesta no menos que de tres leguas, hasta que damos en el valle y pueblo sobredicho; ya esta tierra es más templada, aunque Tapacari, por estar al pie de la sierra, es más frío que los demás valles y pueblos; dase maíz y trigo, duraznos y membrillos en lugares abrigados; hay aquí un convento de los padres de San Augustin con título de priorato. Los padres que en él residen son dos ó tres. Los demás en otros pueblos.

De Tapacari hay dos jornadas al gran valle y ancho llamado Cochabamba, que quiere decir tanto como valle cenagoso, porque todo está lleno de ciénagas, si no son á las faldas de los cerros, que por la una parte son muy altos y nevados; en estas faldas se da mucho maíz y trigo y aun algunas parras, frutas de las nuestras todas, y árboles, y en medio dél hay algunos altozanillos donde se da lo mismo. Es este valle el sustento de Potosí, de trigo, maíz, tocinos, manteca; habrá 34 años se pobló un pueblo de españoles en él que va en mucho augmento, cuyos vecinos, algunos son ricos de plata, pero de ganados nuestros, casi todos. Hay en este valle dos repartimientos de indios y muy buenos. Aqui tenia su repartimiento el licenciado Polo, con una cría de famosos caballos caminadores y aun corredores; ya se ha perdido despues que murió; su hijo no tiene tanto cuidado como su padre. Es templado el valle, pero tiene una plaga irremediable, ya la hay desde Tapacari en toda esta provincia de Los Charcas, que desde Taquiri comienza y no cesa en todo Tucumán, y llega hasta los primeros pueblos de Chile, y es unas cucarachas llamadas acá hitas, tan grandes como las medianas de los navios de la mar del Norte, de aquella color, con alas; mas diferéncianse, que éstas tienen un agujon casi invisible con que pican, y tan delicadamente que no se siente, de noche despues de apagada la lumbre; empero dende á dos dias se levanta una roncha como una haba, con tanta comezon, que no se puede sufrir, hasta que una poquita de agua que allí se cria la echamos fuera, y luego se descansa; mas al que no tiene buena encarnadura se le hace una llaga que da pesadumbre; tienen miedo á la lumbre, mas apagada ó bajan por las paredes ó del techo se dejan caer á peso sobre el rostro ó cabeza del que duerme. Las que bajan, pican en las piernas; las que se dejan caer, en la cabeza y rostro. No pican á ninguna persona que de suyo sea melancólica, ó que tenga mal olor de cuerpo, ó pies, con ser ellas de muy mal olor; helo visto por experiencia; son torpes de pies por los tener largos y delgados, y llena la barriga con la sangre que han chupado, no pueden andar. Tambien se crian chinches pequeñas como las de España. Críanse en todos estos valles muchas víboras de las de cascabel, de que habemos tratado, y en los altos, con otras pequeñas como las de España, y otras que se abalanzan tanto como una lanza á picar; en las montañas y árboles se suben otras, y de allí se arrojan á picar á los caminantes; estas dicen ser áspides. Todas las picaduras destas víboras son irremediables si luego no se les acude con el remedio que ya dijimos y enseñamos; otro se me olvidó poner allí: cúrase con una raizilla de que hay abundancia en esta provincia, junto á la ciudad de La Plata; ésta es delgada como el dedo, negrilla, huele como higuera; dase en polvos poca cantidad, súdase con ella, y hase de tener dieta; llamámosla en estas partes contrayerba.

CAPITULO XCIII

DE LOS VALLES Y PUEBLOS DESDE CLIZA Á MISQUE

De Cochabamba á Pocona ponen quince leguas, en medio del cual cae el valle de Cliza, muy ancho, de más de cuatro leguas, y de largo más de ocho; vice aquí Eolo con todos los vientos (si nos es lícito hablar como los poetas), porque al verano son incomportables, por cuya razon el trigo deste valle es bonísimo y de lo mejor del mundo, y el maíz es lo mismo; no tiene agua, que si tuviera abundancia della era suficiente él sólo á dar trigo é maíz á Potosí, de donde dista más de cuatro leguas, y aun á todo el Collao.