Descripción colonial, libro primero (1/2)
Part 13
Junto á la ciudad, saliendo della caminando para el Collao, hay una fuente de agua salada, clarísima y abundante, la cual recogida en un estanque grande que desde el tiempo de los Ingas está hecho, se reparte por la tierra, en contorno del estanque, la cual dentro de pocos dias se vuelve sal blanquísima.
La tierra en que cae se dividió por chácaras (que así se llaman) por los vecinos de indios y conventos. Tenemos allí nosotros nuestra chacarilla. Hacen los indios desta sal mil pajaritos, leones, tigres y otros animales, y así la venden.
Un poco más adelante entramos en el llano donde se dió la batalla nombrada de las Salinas, por ser cerca destas, entre Hernando Pizarro, ó por mejor decir, por parte del Marqués Pizarro, y don Diego de Almagro; fué la primera que hobo entre españoles, y don Diego de Almagro y los suyos fueron vencidos; fué bien reñida, pero tratar della no hace á nuestro propósito. Y esto cuanto á la ciudad del Cuzco.
CAPITULO LXXXI
DE LOS ANDES DEL CUZCO Y COCA
Muchas cosas hacen á esta ciudad muy rica: los muchos indios de repartimientos; los que tiene en contorno del pueblo; la contractacion de los mercaderes; pero lo que más le enriquece es la contractacion de la coca, que comen los indios; esta coca es un arbolillo pequeño que no se levanta del suelo cuando mucho una vara, las ramas delgadas, la hoja casi como de zumaque, aunque es más ancha; otra hay más pequeña, pero desta no tractamos. Esta coca no se da sino en tierra muy cálida y lluviosa; siémbrase á mano; tres ó cuatro jornadas del Cuzco, hay una tierra llamada los Andes, donde hay estas chácaras de coca, con las cuales los vecinos y muchos otros han enriquecido, porque se sacan destos Andes, para Potosí particularmente, cada año más de 60.000 cestos de coca, que cada uno debe pesar de 20 á 25 libras; sácanlos en carneros de la tierra y lleva un carnero cuatro y cinco, y por la mayor parte cinco. Desde Potosí vienen al Cuzco con las barras de plata á comprar esta coca. Vale el cesto, cuando menos, tres pesos, que es imaginación, ó tiene esta hoja en sí alguna virtud de sustentar, lo cual parece falso; pero los indios, si han de trabajar, y no traen un poco della en la boca, ó han de caminar, luego se desmayan, y como la lleven, trabajan y caminan todo el dia, si no es cuando se sientan á comer, que brevemente cuncluyen.
Estos Andes donde se da es tierra calidísima, muy lluviosa, llena de mil género de sabandijas ponzoñosas, que en las mismas chácaras se crian y hacen no poco daño, y la picadura es irremediable, hasta agora, que de pocos años se ha hallado el remedio, y es el más fácil del mundo y más manual. Uno de los primeros que lo supo fuí yo, y lo enseñó un perro. Pasó así: que andando á caza de perdices un soldado gentilhombre, arcabuz, llamado Pedro Ruiz de Ahumada, á un perro suyo picóle una víbora en el hocico; hinchósele la cabeza como una bota; viniéndose ya tarde para su casa, que era en el campo, el perro veníase así tras de su amo, pero en viendo un arroyo de agua que cerca de la casa corria, fuese á toda furia para el agua; el amo, pensando que la rabia de la muerte lo llevaba, paróse; vióle poner la cabeza en el agua; dejóle el amo por muerto, pero ya que queria cenar, entra el perro sano y bueno y halagando á su amo. Venido al pueblo, luego me lo dijo: esto era en la ciudad de La Plata; sabido, escrebí á un religioso nuestro que residia en una doctrina en un pueblo de indios cinco leguas de la ciudad, donde se crian cantidad dellas, que hiciese la experiencia en dos perros; hízola, y á uno echó en un estanque de agua, al otro dejóle fuera; el que fué lanzado en el agua, al cabo de media hora que en ella estuvo saltó el pretil, sacudióse y comenzó á retozar con otros perros; el que no fué lanzado, dentro de pocas horas murió. De suerte que en picando la víbora habemos de buscar el agua: si es corriente es mejor, si es embalsada no es inconveniente, y poner el pie ó la mano en el agua, de suerte que sobrepuje un jeme el agua á la picadura, y dejarlo estar allí espacio de una hora, y no es necesario más cura.
Los indios han enseñado otra manera de curar, y es ésta: toman la víbora que picó, y aunque sea otra no creo es inconveniente; córtanle tres ó cuatro dedos de la cola y échanla á mal; luego de allí junto cortan cantidad de tres dedos en ancho, quitan la piel, y tres veces en tres dias continuos dan de comer aquella carne al herido; acuéstanlo y abríganlo; suda, guarda dieta, y no es necesario más cura; desta suerte curaron en una chácara dos leguas de la ciudad de La Plata á una ama suya unos indios del Rio de Plata que con ella vinieron, y su marido é yo propio se lo pregunté y me dijo que desta suerte la curaron no haria dos meses.
Matar la víbora que picó (principalmente si es de las que llamamos y son de cascabel, porque cuantos años tienen tantos cascabeles les nacen en las colas, y cuando van deslizándose por el suelo van haciendo ruido como si llevasen cascabeles), no es dificultoso, porque son torpes en andar, en picar velocísimas; no la han pisado cuando vuelve á picar, cuyos colmillos son más agudos que alesnas; helas visto grandes y gruesas como un grueso brazo.
En el Brasil hay cantidad destas sabandijas, y como ya se comunican aquellos dos reinos, es fácil saber lo que en ellos sucede; sucedió pues así: que una víbora picó á un portugués en un pie y le pasó unas botas de baqueta que llevaba calzadas; murió de la ponzoña de la víbora; hízose almoneda de sus bienes; las botas comprólas otro portugués, y calzándoselas murió; torna otro á comprarlas y cálzaselas; murió tambien; viendo esto los médicos advierten que la causa de la muerte de los dos fueron las botas rotas con la picadura ó diente de la víbora; quemáronlas y no las compró más portugués alguno, y así cesó la muerte dellos; la fe desto y crédito dése á los que lo refirieron; no lo vi, oílo por cierto. Estos Andes del Cuzco son fértiles destas víboras, y de culebras que llaman bobas; éstas son muy grandes y muy gruesas; no hacen daño, sino es cuando, como dicen, andan en celos. Porque en aquellos Andes sucedió lo que diré: tres soldados volvíanse á sus casas de las chácaras de la Coca, á pie; no es tierra para caballos. El uno quedóse un poco atrás á cierta necesidad corporal; acabada siguió su camino solo, pues los compañeros iban un poco adelante; prosiguiéndolo, ve atravesar una culebra destas que tienen de largo más de 16 pies y gruesas más que la pantorrilla de un hombre, silbando, y otra culebra en pos della, de la misma calidad; la postrera, viendo á nuestro soldado, cíñele todo el cuerpo, y la boca encaminaba á la garganta; el pobre que se vió ceñido y la boca de la culebra cerca de su garganta, con ambas manos afierra de la garganta de la culebra con cuanta fuerza pudo, no dejándola llegar á su garganta; la culebra, sintiéndose apretada de las manos del soldado, apretábale con lo restante de su cuerpo fortísimamente, de suerte que le hizo reventar sangre por la boca, ojos, narices y orejas; el pobre, viéndose de aquella suerte, gemia; no podía gritar, sino bramar.
Los compañeros, pareciéndoles tardaba, pararon un poco, oyendo los bramidos; vuelven corriendo en busca de su compañero, halláronle de la suerte que le habemos pintado. Uno sacó una daga que traía en la cinta y metiéndola entre el sayo y la culebra la cortó; luego aflojó la culebra hechas dos partes, y acabáronla de matar. El soldado quedó como muerto; lleváronle y albergáronle; volviósele la color del rostro y cuerpo amarilla como cera; vínose al Cuzco, y dentro de tres meses murió. Oí esto á hombres que le conocieron.
Era este soldado vizcaíno; otro por ventura no tuviera tanto ánimo á echar mano á la culebra de la garganta con ambas manos.
En estos Andes no hay indios naturales; llevan, para el beneficio de la coca, del distrito del Cuzco, indios bien contra su voluntad, porque es llevarlos á la casa de la muerte, como dijimos tractando del valle de Andaguaylas y su menoscabo.
Religiosos nuestros lo han contradicho y predicado contra ello, viendo la diminucion de los naturales que allá entran; pero como es interés de diezmos y de otros particulares, creo hallan aun entre otros religiosos valedores. Vase disminuyendo esta contractacion, porque los indios ya más quieren pan y vino que coca.
La tierra es muy contraria á la salud de los pobres indios y aun á la de los españoles, sino que á nosotros no nos da la enfermedad de las narices como á los indios; es tierra llena de montaña calurosísima, como habemos dicho, y abundantísima de lluvias. Pero el interés la hace habitable por más indios que en ella perezcan, lo cual debian considerar y aun remediar los que nos gobiernan.
CAPITULO LXXXII
PROSÍGUESE EL CAMINO DEL CUZCO Á VILCANOTA
Volviendo, pues, al camino Real, y pasando del llano do fué la batalla de las Salinas, va corriendo el valle del Cuzco, ensanchándose un poco más; si le queremos prolongar hasta la rinconada llamada Mohina, terná de largo poco menos de cinco leguas, por medio del cual, el rio los Ingas llevaban acanalado, de suerte que no declinaba á una parte ni á otra; agora, por el descuido de los nuestros, con mediana avenida aniega la mayor parte del valle á mano derecha y siniestra, como lo he visto y pasado con no poco riesgo, compelido por la obediencia, con la cual en medio del ivierno caminaba. Fenecido este valle, diez leguas más adelante llegamos al pueblo é valle de Quiquejana; la mitad del pueblo fundado de la una parte del rio, la otra mitad de la otra; es rio grande y pocas veces se vadea, de gruesa agua; pásase por puente de criznejas, sin riesgo alguno. Luego proseguimos nuestro camino para el Collao el rio arriba, pasando por muchos pueblos de indios que á la mano izquierda dél hay poblados; á la derecha uno solo, ó cuando mucho dos, hasta llegar á su nacimiento, que es una laguna llamada Vilcanota, que se hace de nieves que corren de un cerro alto é nevado, antes de la cual hay unos baños de agua caliente, que de lejos no parece sino que hay allí cantidad de fuegos; tanto es el vapor como humo que de los manantiales sale, y tan caliente el agua, que no se puede poner la mano en ella; hierve á borbotones, y en muchas partes; confieso que la primera vez que vi tanto humo imaginé habia allí muchos indios y fuego; es lugar muy frio. Esta agua, si es de piedra azufre, es singularísimo remedio para el mal de ijada é piedra; bebiéndola callente cuanto se pudiere sufrir, deshace la piedra de los riñones y límpialos: es experiencia hecha, y si se trae y se vuelve fria hase de callentar y beberla caliente como está dicho, y tiene el mismo efecto: ya se puede decir que de historiador me he vuelto médico; no es inconveniente tractar en historia, ó descripción de tierras, las cosas provechosas que en ella se hallan para la salud de los hombres.
Volviendo á nuestra laguna Vilcanota, que terná en torno, ó será tan grande como seis cuadras, es digno de encomendar á la memoria lo que en ella hay.
Este asiento es muy alto y muy frio; la laguna y camino Real entre dos cordilleras nevadas. Vierte á dos partes; el un desaguadero á la mar del Norte, que es el principio deste rio grande de Quiquejana, el cual juntándose con el de Apurimac, Amancay, Vilcas, Jauja y otros, hace el famoso rio del Marañon, que dijimos desembocar en la mar del Norte con ochenta leguas de boca. La otra vertiente ó desaguadero hace el rio que llamamos de Chungara y Ayaviri, que entra en la laguna de Chucuito, y ésta desagua por una parte, como diremos, á la mar del Sur.
Un poco más adelante, como media legua, vemos una pared de piedra de mampuesto que corre desde la nieve del un cerro al otro atravesando el camino Real. Esta pared dicen los viejos se hizo por órden y concierto de paz entre los Ingas y los indios del Callao, los cuales trayendo guerras muy reñidas entre sí, vinieron en este medio: que se hiciese esta pared en el lugar dicho, de un estado de un hombre, no muy ancha, la cual sirviese como de muralla para que ni los Ingas pasasen á conquistar el Collao ni los Collas al Cuzco; rompieron por su mal los Collas las paces y quisieron conquistar á los Ingas, mas los Ingas revolviendo sobre ellos los conquistaron y no pararon hasta Chile. Esta pared se ve el dia de hoy descender desde la nieve del un cerro, y atravesando el valle y camino Real sube hasta la nieve del otro.
CAPITULO LXXXIII
PROSIGUE EL CAMINO AL COLLAO
Puestos en este paraje[30] de Vilcanota luego comenzamos á bajar (aunque la bajada no es agra, que casi no se siente) hasta el tambo de Chungara, donde en todo el valle se apacienta copia de ganado vacuno, y á la mano derecha no poco ovejuno y ganado de la tierra. Este tambo es muy frio, y desde aquí á la provincia de los Charcas ya no se da maíz, sino papas y quinua, y ha de ser muy buen año, porque si los yelos se anticipan las papas corren riesgo; la quinoa mejor lo sufre. De aquí vamos al primer pueblo del Collao, llamado Ayavire, asaz ventoso y frio, pueblo grande y rico de ganado de la tierra, como lo son los demás desta provincia de Ayaviri. Siete leguas adelante llegamos al pueblo llamado Pucará, tambien pueblo grande, famoso porque aquí se desbarató el tirano Francisco Hernandes Giron; cególe Nuestro Señor, como andaba en deservicio suyo y de su Rey, porque si se tuviera diez dias más, que no saliera del sitio y fuerte donde estaba, siendo señor de las comidas y teniendo agua y leña, no se les podía quitar, y el sitio suyo inexpugnable, y servicio de los indios, que le obedecian por ser de su encomienda; era imposible el real del Rey sustentarse, habiase de deshacer por falta de mantenimientos. Salió una noche á dar en el campo de Su Majestad, pero avisado por un soldado que aquella noche se vino al servicio de su Rey, levantóse el campo de donde estaba, dejando las tiendas armadas, y púsose en escuadron en una hoya donde el tirano no le pudo ver; llegó á las tiendas, desbaratóse en ellas, y viéndose desbaratado, recogióse con hasta 160 soldados descontentos, y á pie y por tierra fragosa y frigidísima tomó la vuelta de Quito; pero llegando al valle de Jauja, ó poco más adelante, salieron á él dos capitanes de la ciudad de Guánuco y lo prendieron, y á los pocos que con él iban, como dejamos dicho tractando del valle de Jauja; los demás ya se le habian quedado cansados y sin armas; trujéronle á la ciudad de Los Reyes, donde como á tirano y traidor á la Corona Real, le cortaron la cabeza y la pusieron en el rollo en medio de la plaza en una jaula de hierro á vista de todo el pueblo, con su letrero que decia: esta es la cabeza del tirano Francisco Hernandez.
[30] En el ms., _pareje_.
CAPITULO LXXXIV
DE LA LAGUNA DE CHUCUITO
Pasando adelante por el camino Real, á pocas jornadas de aquí, no son ocho, damos en la laguna de Chucuito. Es la más famosa del mundo y mayor, muy poblada por una parte é por otra. Tiene en torno, y si hablamos como marineros, de boj, ochenta leguas y cuarenta de travesia; casi á la playa della son las poblaciones; los vientos causan en ella tormentas como en la mar, y aun más ásperas, por no tener puerto fondable. Lo que sirve de puerto son totorales, que son una juncia gruesa como el dedo pulgar, y más; aunque allá dentro (digamos en alta mar) se hunda con vientos y tempestades, en llegando á la totora la ola, cesa toda la tormenta; el agua es muy gruesa, nadie la bebe, con no ser tan salada como la de la mar; es abundante de peces por la una y otra costa. Algunas veces se mete la tierra adentro, pero porque el camino Real del Inga iba muy derecho no lo torcia, antes por medio de la ensenada, más ó menos conforme á la derecera del camino, se proseguia, hechas á mano unas calzadas derechas como una vira, y á trecho sus ojos llanos, por los cuales corria el agua. Hay calzada de dos leguas y más, á lo menos, por el otro camino, llamado de Omasuyo; tambien las hay menores, conforme á como es la ensenada; pero ya muchas dellas por esta parte se han perdido por descuido de nuestras justicias, y se rodean en partes de más de dos leguas, en otras menos, y ver aquellas calzadas y caminos derechos perdidos, es compasion.
El remedio al principio era fácil, agora es irremediable. Casi á la orilla, ó costa, y un poco más adentro, á legua y más, tiene sus islas pequeñas en donde vivian indios pescadores llamados en ambas provincias Uros.
Estos no comian jamás maíz, lo cual de fuera parte se traía, ni otra cosa sino pescado, y la raíz desta totora, que es muy blanca, fria y desabrida; gente barbarísima, con lengua diferente de los demás de la tierra firme y la del Inga; muy raros la entendian, ni sabian, por lo cual dificultosamente recibian la fe; decian eran como puercos, pues comian totora como ellos; ya son un poco más políticos, despues que los redujeron á pueblos sacándolos de las isletas de la laguna; van á Potosí á trabajar á sus tiempos, y hacen sus mitas en los tambos, que es decir sirven en ellos y dan recado, que es regularmente por noviembre, pero malo, porque son faltos de carneros para las cargas é para lo demás necesario, aunque se les paga conforme al arancel. Diré lo que me sucedió con uno destos: yo bajaba de la ciudad de La Plata por órden de mi perlado á la de Los Reyes por este mismo mes, y venia á la ciudad de Arequipa; llegué á un tambo donde servian estos Uros, y habiéndome de partir pedí uno ó dos carneros de carga; diéronseme, y un indio que los llevase y volviese; llegando al otro tambo, pagando su trabajo y de los carneros al Uro, díjome: Padre, cómprame un real de pan; yo le respondí: ve tú á comprarlo; respondió: no me lo dará el indio tambero, porque me conoce, soy Uro; repliquéle: Pues tú, Uro, ¿ya sabes comer pan? respondió: si padre, despues que servimos en los tambos. Hales aprovechado la reduccion para que coman pan y beban vino, y para la doctrina ha sido lo principal. Pero verlos antes que amanesca en sus balsas de totora, casi desnudos y navegar y pescar y meterse tres y cuatro leguas y más, por una parte es para dar gracias á Dios, por otra se les tiene mucha lástima, porque caminamos por tierra muy arropados, no nos podemos valer de frio y éstos, desnudos en el agua no lo sienten, ó si lo sienten lo sufren no con tanta pesadumbre como nosotros. Lo que no vi en la mar del Norte, ni en esta del Sur, vi en esta laguna: fué una manga de agua, la cual vista me admiré mucho: no habia visto otra; en la compañia caminábamos cuatro ó cinco de conformidad; venia un piloto que huyendo de la mar quiso ver á Potosí, pero volviéndose á su inclinacion natural, no le habia parecido bien la tierra, y volvióse; preguntéle qué era aquello; entonces me dijo: aquella se llama manga de agua, y si cae en navio sin puente, sin remedio le anega, y de noche son muy peligrosas, porque no las vemos; de dia huimos della como de la muerte; cae de lo alto de las nubes hasta el agua; al viso parecia tan gruesa como un mastil muy grueso de una carraca, y como va descargándose va adelgazando, á la cual, delgada, el viento la pone como un arco hasta que totalmente la nube se queda sin agua; todo esto vi entonces. He dicho esto para probar las tormentas que aquí se padecen; por lo cual, y porque no hay puertos, no se puede navegar con bergantines; uno se hizo é se comenzó á navegar en él, pero con una tormenta se perdió y nunca más se ha hecho otro, ni intentado hacerle. Los indios en sus balsas tambien usan y se aprovechan de velas conforme á como la balsa la sufre.
CAPITULO LXXXV
DE LOS PUEBLOS QUE HAY EN ESTA PROVINCIA DE CHUCUITO
Tomó la denominacion esta[31] laguna acerca de los españoles, llamándola la laguna de Chucuito, por razon de una provincia así llamada Chucuito, la más rica del Collao, cuya cabeza es un pueblo así llamado, fundado casi á la playa desta laguna por la una parte, y por la otra sobre un cerro no agrio de subir. Aquí reside, á lo menos tiene su casa, el curaca principal y la justicia, con título de gobernador. Los pueblos subjectos son: á dos leguas, Acora; á tres, Hilavi; á Juli, cuatro; otras tantas á Pomata, y cinco á Cepita, que todas son 18 leguas. Son grandes y ricos de ganados de la tierra, y de los nuestros no hay falta. Nuestra sagrada religion la tuvo á su cargo desde el principio que se redujeron á la Corona Real de Castilla, para la doctrinar, en cuya doctrina se ocupó muchos años augmentando siempre el número de los religiosos, conforme á como nos augmentábamos.
Hobo en ella, ocupados en este oficio evangélico, muchos y muy buenos, y entre ellos el padre fray Melchior de los Reyes, de quien en breve dejamos hecha mencion; el padre fray Augustin de Formicedo, que hoy muy viejo vive; el padre fray Domingo de Narvaez[32], cuyo cuerpo dijimos, enterrado en el Convento de nuestro padre Santo Domingo de los Reyes, en el capítulo pasados siete años se halló entero y los hábitos sin lision; el padre fray Miguel Cerezuela, y el padre fray Domingo de la Cruz, á quien un demonio perseguia de dia y de noche, con otros muchos grandes religiosos y grandes lenguas de la que llamamos Aimará, que es diferente de la general de los Ingas, más abundante y más galana; con cuyos trabajos, artes, vocabularios, cartapacios y sermones otros el dia de hoy triunfan, como si ellos lo hobieran trabajado; quitóla á la Orden don Francisco de Toledo, residiendo en ella treinta religiosos; si con justicia ó con pasion, ya ha dado cuenta á nuestro Señor dello; dióla primeramente á clérigos; despues el pueblo mayor, qu' es Juli, dió á los padres de la Compañia. Pero cuánta diferencia haya (no tracto de los padres de la Compañia, que hacen su oficio religiosamente) del un tiempo al otro, del concierto y ornato de los templos y servicio del altar, los ciegos que pasan por el camino lo ven. Hallábanse en estos pueblos 20.000 indios tributarios; agora no sé si hay tantos, porque se han huido muchos (fama es más de 6.000) á una provincia de infieles y de guerra de los Chunchos, dejando sus mujeres, hijos, casas y haciendas. Por qué causa no es de mio decirla en este lugar; en otro, si me viese sin ningun temor de mal subceso humano, creo lo diria.
En el pueblo de Juli, digo en su término, no lejos, descubrió un indio una veta de plata rica; quiérensela quitar diciendo que el indio no puede tener mina de plata; el procurador del indio apeló para la Real Audiencia de la ciudad de La Plata (yo estaba á la sazon en ella); quítansela; perdióse la veta hasta hoy; no sé en qué se pueda fundar que yo, en mi tierra, como el extraño, no pueda tener mina, principalmente descubriéndola yo.
[31] Tachado: _provincia_.
[32] Tachado: el padre fray Miguel Cerezuela.
CAPITULO LXXXVI
DEL PUEBLO [DE] COPACAVANA
Desde Pomata, tomando el camino sobre mano izquierda, dejando el Real á la mano derecha, ocho leguas dista el pueblo Copacavana, á donde se redujeron muchos indios que de diversas provincias deste Perú vivian en una isla de la laguna, dos leguas deste asiento y tierra firme, una por mar, otra por tierra; llámase esta isla Tiquicaca, donde era el más famoso adoratorio que el demonio en todos estos reinos tenia, y para su servicio mandaba que de las más provincias dél que señalaba le sirviesen allí indios; solos unos exceptaba, llamados Puquinas, que viven la mayor parte en el camino de Omasuyo, que es de la otra parte de la laguna, por ser gente como de suyo es muy sucia, más que otra destos reinos, como si el demonio fuera muy limpio; antes que estos indios se redujesen y se deshiciese aquel famoso y falso adoratorio, todavia el demonio por los pecados destos, aunque ocultamente, era reverenciado y obedecido, para comprobacion de lo cual diré lo que un religioso nuestro me refirió le habia pasado no ha 25 años, viviendo en un pueblo y doctrinándolo, llamado Tarama, distrito de la ciudad de Guánuco, siete leguas del primer pueblo del valle de Jauja, llamado Butun Jauja, que es decir el gran pueblo de Jauja.