Descripción colonial, libro primero (1/2)
Part 11
Los indios pocos que habitan en las caletillas desta costa desde Arica á Copiapó, que es el primer pueblo del reino de Chile, salen á pescar en balsas de cueros de lobos marinos llenos de viento; cósenlos tan fuertemente que no les puede entrar gota de agua; la costura está para arriba y el ombligo en medio de la balsilla, en el cual cosen una tripilla de dos palmos de largo, por donde la hinchan, y luego la revuelven ó tuercen y enroscan. Cuando sienten que la balsilla está floja, desenroscan la tripilla y tornan á hinchar su balsa, usando de canaletes por remos, y no sufre cada balsilla sino una persona; la que sufre dos es muy grande; entran la mar adentro, en ellas, seis leguas y más.
En medio deste gran despoblado de Atacama á Copiapó hay un cerro muy conocido, llamado morro Moreno de los marineros, al cual llegando por tierra parece ser el que divide los términos del Pirú de los de Chile, y comenzar los de Chile, otra nueva region.
Aquí casi fenecen los arenales y la tierra es ya dura, pero inhabitable por ser muy seca, sin aguas ni leña más de la que habemos dicho; desde este morro comienzan á ventar á su tiempo los Nortes, que es de mediado Abril hasta Noviembre, unas veces un poco más temprano, otras más tarde, y en este tiempo, no cada dia, sino á veces, porque el Sur es el que más reina, y desde Payta hasta este morro en la mar, á lo menos en la costa, muchas, y la mar adentro no alcanzan Nortes.
En la sierra del Perú corren y muy recios; pero desde este morro ya vientan, y mientras más nos vamos llegando al polo Antártico, más vehementes. Como diremos tractando del reino de Chile, sucede una cosa, cuya causa no se alcanza, y la he visto dos veces que de Chile por mar he bajado á la ciudad de Los Reyes, y es: que en llegando al paraje del morro Moreno, el vino que de Chile se saca, aunque sea añejo, y lo hay muy bueno, da vuelta y se pone turbio y de tal sabor que no se puede beber, y desta manera persevera más de seis meses; despues vuelve á su natural.
Esto, á los que no lo han experimentado les parecerá fábula; no lo es, sino que es mera verdad. Por lo cual, aunque los navios se hallen con alta mar, viendo vuelto el vino, conocen llegar al paraje de morro Moreno, y luego poco á poco van declinando á tierra, si han de hacer escala en Arica.
Este viaje por mar del puerto del Callao á Chile, agora veinte años, solia ser muy tardio, porque no hacian cada dia más que dar un bordo á la mar, otro á la tierra y surgir en la costa, y así están toda la noche, á cuya causa tardaban un año y más en llegar á Chile; conocí en aquel reino un español, que embarcándose sus padres para aquel reino, se engendró y nació en la mar y tornó su madre á se hacer otra vez preñada, y no habian llegado al puerto de Coquimbo; agora se navega en veinticinco dias y á lo más largo treinta, porque en saliendo el navio del puerto del Callao se arrimarán el bordo á la mar quince dias y más, y luego vuelven sobre la tierra otros tantos, y se hallan en el puerto, algunas veces adelante del puerto en cuya demanda navegan. La primera vez que fuí á Chile, agora 27 años, no tardamos en llegar al puerto de Coquimbo más que veintidós dias en solo dos bordos, que fué el mejor y más breve que se ha hecho; y esto cuanto á la descripción[26] de la costa del Pirú desde Puerto Viejo á Copiapó, en toda la cual costa hay muy pocos puertos, y esos no muy seguros, que es la fuerza destos reinos. Agora volvamos á las ciudades deste nuestro Perú por el camino de la Sierra, y luego trataremos de la calidad de los indios della y sus costumbres.
[26] En el ms., _discrepcion_.
CAPITULO LXIX
DE LA CIUDAD DE QUITO
La ciudad de Quito es pueblo grande, cabeza de Obispado, y donde reside una Audiencia real; su comarca es fértil, así de trigo como de maíz y demás mantenimientos de la tierra y nuestros, abundantísima de todo género de ganados mayores ó menores; dista de la línea Equinocial un tercio de grado, y con distar tan poco es muy fria y destemplada, lluviosa, que casi todos los meses poco ó mucho llueve, y á su tiempo, que es desde diciembre á abril, es de muchas aguas, muchos truenos y rayos; oí decir á los conquistadores, que cuando venian conquistando la tierra desde Riobamba á Quito, que son veinticinco leguas, mataban los caballos y se metian dentro para guarecerse del frio, porque desde Guayaquil se subieron á la sierra, á donde hay páramos bastantemente frios y destemplados; agora parece se han moderado los tiempos.
Fundaron la ciudad entre cuatro cerros; los de la parte del Septentrion son altos, los otros pequeños; dentro del mismo pueblo se da maíz y legumbres, muchas y muy buenas, duraznos, membrillos y manzanas, que no so pensó tal se dieran en ella.
Hase augmentado mucho esta ciudad; reside en ella la Audiencia real; tiene muchos indios en su comarca, y las tierras muy abundantes, los campos llenos de ganados mayores y menores, de donde hasta la ciudad de Los Reyes, que son más de trescientas leguas, traen ganado vacuno, y aun carneros.
Lo que han multiplicado yeguas y caballos parece no creedero. Hay fundados en esta ciudad conventos de todas órdenes y un monasterio de monjas.
Nuestros religiosos tienen provincial por sí, y los del glorioso San Francisco, divididos desta provincia del Perú; los padres de San Agustin y Teatinos, subjectos á los provinciales de Los Reyes.
El convento del seráfico San Francisco fué el primero, y la ciudad se fundó el dia de San Francisco, por lo cual se llama San Francisco de Quito.
Esta sagrada religion, como más antigua, comenzó á doctrinar los naturales con mucha religion y cristiandad, donde yo conocí á algunos religiosos tales, y entre ellos al padre fray Francisco de Morales, fray Jodoco y fray Pedro Pintor. El sitio del convento es muy grande, en una plaza de una cuadra delante dél, á donde encorporado con el convento tenian agora cuarenta y cuatro años un collegio, así lo llamaban, do enseñaban la doctrina á muchos indios de diferentes repartimientos, porque á la sazon no habia tantos sacerdotes que en ellos pudiesen residir como agora; demás de les enseñar la doctrina les enseñaban tambien á leer, escribir, cantar y tañer flautas; en este tiempo las voces de los muchachos indios, mestizos, y aun españoles, eran bonísimas; particularmente eran tiples admirables.
Conocí en este collegio un muchacho indio llamado Juan, y por ser bermejo de su nacimiento le llamaban Juan Bermejo, que podía ser tiple en la capilla del Sumo Pontífice; este muchacho salió tan diestro en el canto de órgano, flauta y tecla, que ya hombre lo sacaron para la iglesia mayor, donde sirve de maeso de capilla y organista; deste he oido decir (dése fe á los autores) que llegando á sus manos las obras de Guerrero, de canto de órgano, maeso de capilla de Sevilla, famoso en nuestros tiempos, le enmendó algunas consonancias, las cuales venidas á manos de Guerrero conoció su falta. Esto no lo decimos sino por cosa rara, y porque no ha habido otro indio semejante en estos reinos.
Combaten á esta ciudad, y toda su comarca, grandes y violentos temblores de tierra, á causa de que la ciudad á la parte del Septentrion tiene uno ó dos volcanes, y el uno dellos que casi siempre humea; toda aquella provincia tiene muchos, tantos, que en lo restante del Perú no se ven sino cual ó cual allí á cada paso. Los años pasados, debe hacer 23 ó 24, salió tanta ceniza deste volcan cercano á la ciudad, que por algunos dias no se via al sol, y el pueblo, campos y pastos llenos de ceniza, por lo cual todos los ganados se venian á la ciudad á buscar comida bramando. Hiciéronse procesiones y de sangre; fué Nuestro Señor servido proveer de algunos aguaceros que limpiaron la ceniza, y se descubrió la yerba para el ganado. En este tiempo la ciudad era combatida de frecuentes temblores y muy recios, de tal manera que pensaban ser las señales últimas del dia del Juicio; reventó este volcan, y declinó á la mar del Sur; arruinó algunos pueblos de indios y se los llevó el agua que salió dél, y porque por esta parte del Septentrion no dista muchas leguas el volcan, de la mar del Sur, hacia el paraje de Puerto Viejo, bahia de Caraques y de San Mateo, alcanzó parte desta ceniza, que el viento la llevaba, y en alta mar en el mismo paraje los navios que en aquella sazon navegaban viniendo de Panamá á estos reinos, veian la claridad de la lumbre del volcan.
Oí decir á persona fidedigna que entonces se halló en Quito, que salieron muchas personas, y entre ellas ésta, á ver una laguna junto al volcan, que ardia como si fuera de tea.
El edificio de la iglesia mayor es de adobe, la cubierta de madera muy bien labrada; labróla un religioso nuestro, fraile lego, de los buenos oficiales que habia en España. En medio de la plaza hay labrada una fuente muy buena y de muy buena agua, y en la plaza de San Francisco otra; las casas para sus huertas no tienen necesidad de acequias; el cielo les da abundantes pluvias, y á las veces no querrian tantas.
CAPITULO LXX
DE LA PROVINCIA DE LOS QUIJOS
A la parte del Sur desta ciudad demora la provincia llamada de los Quijos, ó por otro nombre de la Canela, por se hallar en ella y de allí se trae ya por estas partes tan buena y mejor que la que viene de la India, porque, como más fresca, pica y quema más. Hay en esta provincia tres ciudades de españoles; es tierra cálida y lluviosa, y en ella un rio muy grande; los indios no son tan bien agestados como los de por acá; es gente pobre; los años pasados, gobernando don Francisco de Toledo, al fin de su gobierno se quisieron alzar y lo hicieron; mataron algunos españoles, y creo dos religiosos nuestros; estaban concertados con los de Quito, y si no se descubriera el alzamiento en Quito, fuera el daño muy mucho mayor, y cómo en Quito se descubrió fué desta manera: para el servicio de las ciudades hay señalados indios que se reparten tantos en número como jornaleros, porque sin esto no se podrian sustentar las ciudades; señálaseles por cada dia un tanto por su trabajo, que se les paga infaliblemente; estos indios repártense por los repartimientos, rata por cantidad, y vienen á sus tiempos algunos curacas de los menos principales, á los cuales si algunos de los indios jornaleros faltan, ó se huyen (no los pueden tener atados), les echan los corregidores ó alcaldes en la cárcel, y veces azotan y trasquilan (si es bien hecho ó mal esto, no me entremeto en ello); sucedió que á uno destos curacas le faltaron ó se le huyeron parte de los que habia de dar, la justicia envióle á llamar con un indio lengua; trújole; el pobre curaca veníase afligiendo, temiendo los azotes y cárcel; el indio lengua, que le llevaba preso y sabia del alzamiento, consolóle diciendo: No tengas pena, que para tal dia nos habemos de alzar y matar todos estos españoles y quedaremos libres, y los Quijos han de hacer lo mismo; sucedió (Nuestro Señor lo ordenó así) que iban en pos de los indios acaso dos españoles, á los cuales no vieron los indios; oyeron y entendieron lo que el indio lengua dijo; callaron su boca y fueron siguiendo los indios; llegados delante de la justicia, declararon lo que oyeron; la justicia prende al indio, pónele á cuestion de tormento, declaró la verdad, y los conjurados; hicieron[27] justicia de algunos; á los Quijos no pudieron avisar por ser corto el tiempo. Los Quijos, no sabiendo lo que pasaba en Quito, y entendiendo que no faltarian, alzáronse al dia señalado, y hicieron el daño que habemos dicho. Pero castigáronlos, y el dia de hoy sirven pacíficos como antes.
[27] En el ms., _hizren_.
CAPITULO LXXI
DE RIOBAMBA Y TUMIBAMBA
Saliendo de la ciudad de Quito, por el camino real del Inga, para venir por acá arriba, á 25 leguas desta ciudad llegamos al valle llamado Riopampa, antes del cual hay cinco pueblos de indios, buenos. Este valle no tiene una legua de largo, poco más; de ancho no alcanza á media legua; no era poblado de indios, pero muy fértil de pastos para ganados; aquí comenzaron dos ó tres españoles que conocí en él á hacer sus estancias de ganados; multiplicaban admirablemente, lo cual visto por otros, se metieron en él, y agora es un razonable pueblo de españoles, rico de todo género de ganados y de trigo; es falto de leña, y algun tanto destemplado, porque hace frio; en el mismo asiento del pueblo nacen unos caños de agua buena, que como sale debajo de tierra son templados.
En este valle y pueblo (creo gobernando don Francisco de Toledo) andaba un hereje luterano, extranjero, en hábito de pobre y sustentábase de limosnas que como á pobre le hacian, y en este estado vivió tres ú cuatro años, que sin duda debia esperar algunos otros de su secta, y como se tardaron, un dia de fiesta, estando la iglesia llena de gente oyendo misa, el impio luterano arriba, junto á la peana del altar mayor donde el cura decia misa, así como el sacerdote consagró la hostia y la levantó para que el pueblo, consagrada, la adorase, se levantó, y con un ánimo endemoniado la quitó con sus manos sacrílegas de las manos del sacerdote y la hizo pedazos; echando mano á un cuchillo carnicero que tenia escondido, creo hirió livianamente al sacerdote; el pueblo, viendo esta maldad sacrílega, admirado, los que se hallaron más cerca se levantaron, las espadas desnudas, y llegando al luterano le dieron de estocadas y mataron, sin advertir que fuera muy mejor cogerle vivo á manos y echalle en una cárcel á muy buen recaudo y dar aviso á los inquisidores que residen en la ciudad de Los Reyes, para que supieran dél qué fué la causa de su hecho endemoniado y si por ventura habia otros como él en el reino; empero en semejante caso ¿qué católico puede tener reportacion?
Otras 25 leguas adelante entramos en el valle, muy espacioso y abundante, llamado Tumipampa, donde ningunos naturales dejó el Inga, porque cuando iba conquistando estos reinos, llegando aquí le hicieron mucha resistencia; pero, vencidos, á los que dejó con la vida, que fueron pocos, los trasportó por acá arriba. En el valle de Jauja, que dista deste mas de 300 leguas, puso algunos pocos, descendientes[28] destos; llámanse Cañares, y este valle está casi en medio de la provincia. Corren por él dos ríos en tiempo de aguas, grandes, y no distando mucho el uno del otro; en el uno se crian peces, en el otro ninguno.
Antes de llegar á este valle, una jornada ó dos, vivia, con un apacible asiento, el señor desta provincia de los Cañares, en su pueblo formado, el cual, cuando Guainacapac, que fué el más poderoso señor destos reinos y penúltimo dél, conquistaba la tierra, llegando aquí los Cañares le vencieron en batalla campal y prendieron, é preso lo pusieron en un pozo poco hondo; yo he visto el lugar; de donde, sacándole una mujer suya con una faja que las indias se ceñian, llamada chumbi, de noche, los Cañares, borrachos, le puso en libertad; volvió á rehacerse y vino con tan poderoso ejército sobre esta provincia, que, no se hallando los Cañares poderosos para resistirle, le inviaron 15.000 niños con ramos en las manos, pidiendo paz; el cual á todos los mandó matar, y haciendo grandes crueldades y muertes á los Cañares despobló este valle Tumipampa, y al pueblo del gran señor de los Cañares, que era el principal, donde le tuvieron preso, le dejó con tan pocos indios, que, agora 43 años, no eran ochocientos los vecinos, y al presente tienen muchos menos.
Son estos Cañares hombres muy belicosos y muy gentiles hombres, bien proporcionados, y lo mismo las mujeres; los rostros aguileños y blancos; son muy temidos de todos los indios del Perú, y grandes enemigos de los Ingas; sucedió así: que cuando se alzó toda la tierra contra los españoles, á pocos años despues de conquistada, y muerto el señor della, Atabalipa, tuvieron los indios serranos y Ingas cercada la ciudad de Los Reyes, y en no poco estrecho, y en el valle de Jauja mataron más de treinta españoles, y en otras partes los que podian haber, y al Cuzco tambien cercaron: un vecino, de Quito (conocílo), llamado el capitan Sandoval, encomendero, si no de toda esta provincia, de la mayor parte della, sabiendo el aprieto en que estaban los nuestros, juntó cuatro ó cinco mil indios Cañares y vino en favor de los españoles. Púsose en camino con ellos, y prosiguiéndolo, sabido por los indios cercadores que venian los Cañares contra ellos, alzaron el cerco, y los cercados, saliendo contra ellos, les hicieron volver á sus tierras, y desde entonces hasta hoy no se han atrevido á se rebelar, aunque lo han procurado.
El dia de hoy, donde hay fuera de sus tierras Cañares, las justicias se sirven dellos así para prender indios fugitivos como españoles facinorosos; sácanlos de rastro, aunque se metan en el vientre (como dicen) de la ballena.
En este valle Tumipampa comenzaron á hacer sus estancias algunos españoles de todo género de ganado, el cual ha crecido y multiplicádose tanto, que él solo es poderoso á dar carnes á todo el Perú, lo cual he visto; se fundó en él un pueblo de españoles, y bueno, rico destos ganados, donde muchos millares de novillos se sacan y vienen á Los Reyes para el sustento desta ciudad; pues la abundancia de ganado ovejuno, porcuno y caballuno parece no tener número, y los caballos é yeguas valen tan poco, que se compran á cuatro ó cinco pesos, escogidos, que son á 32 ó 40 reales; llámase la ciudad Cuenca; el temple es bueno, donde se dan las fructas nuestras, si no son uvas. Sustenta tres conventos, no de muchos frailes: Santo Domingo, San Francisco y San Augustín, habrá que se fundó treinta años.
[28] En el ms., _desendientes_.
CAPITULO LXXII
DE LA CIUDAD LLAMADA LOJA
Prosiguiendo el camino adelante, del Inga, á 35 ó 40 leguas entramos en el valle donde la ciudad de Loja se fundó, llamado en la lengua del Inga Cusipampa, que es tanto como decir: valle de placer, y así lo es realmente; es alegrísimo, de grata arboleda, por medio del cual corre un rio de saludable agua; casi en todo el año se siembra y cógese el trigo y maíz: uno en un mismo tiempo está en berza, otro se riega; en otras partes aran para sembrar; no es muy ancho el valle, pero bastante para sustentar la ciudad, que no es muy pequeña; tiene muchos indios de encomienda, la comarca fértil é más templada que la de Quito, y más lluviosa; en su distrito caen las minas de oro que llaman de Caruma; sustenta tres monasterios de las Ordenes mendicantes, aunque no de muchos religiosos; el nuestro es el más antiguo.
Desta ciudad, declinando al Oriente la tierra adentro, se camina á la ciudad de Zamora, y gobernacion que llamamos de Salinas, donde hay tres ó cuatro pueblos de españoles, algunos dellos ricos de oro; particularmente lo fué, y agora no le falta á Zamora, en cuyas minas se hallaron dos granos, uno que pesaba 1.600 pesos, y otro la mitad, 800.
Para ir á esta gobernacion se pasan uno ó dos páramos despoblados y muy frios; los cuales pasados, lo demás es tierra muy cálida, montuosa y de muchas aguas del cielo, llena de sabandijas ponzoñosas.
A esta provincia no he visto, por eso trato brevemente della.
CAPITULO LXXIII
DE LA PROVINCIA DE CAJAMARCA
Saliendo desta ciudad y valle por el camino real del Inga, de la Sierra, hasta llegar á la provincia de Cajamarca, no sé las leguas que hay, ni las particularidades del camino; no lo he visto; la ciudad de Loja si vi, porque viniendo de Quito para la ciudad de Los Reyes, desde la de Loja bajamos á Tumbez, por un camino, mejor diré sin camino, íbamoslo abriendo; haria dieciseis años no se caminaba por él, y desde entonces no se ha caminado, ni bajado á Tumbez otra vez, y porque á nuestro intento hace poco, no tractaré dél. Lo que he oido desta ciudad á Cajamarca, que quiere decir tierra ó provincia de espinas ó cardones espinosos, es que por la mayor parte el camino es áspero, de muchas piedras, cuestas y de algunos despoblados, hasta llegar á esta provincia, donde fué preso Atabalipa, señor de todos estos larguísimos reinos, desde Pasto, 40 leguas más abajo de Quito, hasta la ciudad de Santiago de Chile y _aún_ 18 leguas más adelante y todo el reino de Tucumán; en esta provincia se enseña (no lo he visto) el lienzo ancho y largo de pared con quien dieron los indios del ejército de Atabalipa en el suelo, huyendo de un caballo y caballero, empujándose los unos á los otros.
Es bien poblada esta provincia de indios y abundante de todo mantenimiento, porque aunque es por la mayor parte fria, tiene algunos valles templados donde se coge mucho maíz y trigo, y en los altos, abundante de papas, que son como turmas de tierra, empero, de mejor nutrimiento. Los padres de San Francisco la han doctrinado desde el principio y la doctrinan con mucho ejemplo de cristiandad y religion.
CAPITULO LXXIV
DE LA CIUDAD DE CHACHAPOYAS
A las espaldas de Cajamarca, la tierra adentro, caminando hácia el Oriente, se fundó la ciudad llamada comunmente Chachapoyas, á los principios rica de oro y poblada de gente más bien dispuesta que la del Perú, más gallarda y de mejor dispusicion, pero grandes ladrones. Es region más cálida que fria, los valles son cálidos, lluviosos y con abundancia de víboras y otros animales sucios y ponzoñosos; oí decir á un portugués que habia residido en el Brasil y sabia un poco de la lengua de aquella tierra, que viviendo en un valle destos salieron allí unos indios, y conociéndoles por el traje, y pareciéndole eran del Brasil, les habló en la lengua de aquella tierra, y le respondiendo en ella, preguntándoles de dónde eran y venian, le dijeron ser del Brasil y que acaso se habian entrado la tierra adentro huyendo de sus enemigos, y habian aportado allí no siguiendo camino, sino do la ventura les guiaba, que yo seguro anduvieron más de 900 leguas y pasaron rios muy caudalosos, á los cuales no temen por ser grandes nadadores. En la provincia de Bracamoros, que está más hacia el Norte, se fundó otra ciudad llamada Jaen; no tiene mucho nombre, porque no es más que abundante de comida: es el paraíso de Mahoma; tiene las calidades la tierra que la de los Chachapoyas.
CAPITULO LXXV
DE LA CIUDAD [DE] GUÁNUCO
Volviendo, pues, á nuestro camino por la sierra adelante desde Cajamarca, dejándolo á mano derecha llegamos á la ciudad de Guánuco, nombrada de los Caballeros porque se pobló de hombres muy nobles.
Esta ciudad tiene buena comarca, y muchos indios de repartimiento; no la he visto, pero sé lo que voy diciendo por relacion y tracto de los que en ella han vivido; es fértil y abundante. En el mismo pueblo se da todo el año higos, naranjas, limas, unos están recién nacidos, otros un poco más gruesos, otros maduros; danse muy bien membrillos y manzanas con las frutas de la tierra. Es el temple ni caluroso ni frio, y más declina al calor. Es abundante de muchas carnes, á causa de tener en su distrito muy buenos pastos. Los edificios buenos; de medio dia para abajo, en el verano, son tan recios los vientos, que no se puede andar por las calles.