Descripción colonial, libro primero (1/2)

Part 10

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Los indios deste valle les ha cabido en suerte por la mayor parte religiosos nuestros varones muy esenciales que les doctrinasen, y entre ellos dos grandes siervos de nuestro Señor, y aun tres: el primero el maestro fray Diego de Santo Tomás, de quien habemos comenzado á tratar, que en este valle doctrinándolos gastó lo mejor de su vida con admirable ejemplo y obras y despues fué primer obispo de los Charcas. El segundo fray Melchior de Los Reyes, varon, cierto, apostólico, gran siervo de Dios, libre de todo vicio, que es contrario á la predicacion del Evangelio; paupérrimo, castísimo, abstinentísimo, varon de grandes partes. El tercero, el venerable fray Cristóbal de Castro, el cual, aunque no era tan docto como los dos referidos, no le hacian ventaja en religion y caridad para con los indios; todos tres grandes lenguas. A este padre fray Cristóbal, cuotidianamente, y aun hasta que murió el ilustrísimo fray Hierónimo de Loaysa, porque conocia la entereza de su vida, le ocupaba en visitar todo su arzobispado, por lo cual los indios le llamaban el hermano del señor arzobispo; todos tres acabaron loablemente. Otros religiosos han tenido los indios deste valle, pero no de tanto nombre. Pero paréceme se puede arguir diciendo: si estos indios tuvieron religiosos tan esenciales, ¿cómo se hizo tan poco fruto en ellos? á esto responderé dos cosas: la primera, que estos indios y todos los demás reciben muy mal las cosas de la fe, y esto por sus pecados y por los nuestros, y como es gente que se ha de gobernar con mucho castigo, faltándoles el gobierno del Inga, que por muy leves cosas mataba á los delincuentes é inocentes, gobernándolos como á hombres de razon y políticos, no viendo el castigo, no acudian sino cual ó cual cosa de virtud; y para confirmar esto diré lo que pasó al padre maestro fray Domingo de Santo Tomás en la ciudad de Los Reyes. Este padre maestro, siendo provincial fué á España á un capítulo nuestro general, donde todos los provinciales se habian de hallar; volvió; llegado á nuestro convento de Los Reyes viniéronle á ver muchos indios de los de Chincha, de los principales. A uno dellos preguntóle la doctrina; no la supo, ó no quiso responder; díjole el padre maestro: Pues cómo, ¿no te enseñé yo la doctrina cristiana, y la sabias muy bien? respondió el indio: Padre, enseñándosela á mi hijo se me ha olvidado. He dicho esto para que se vea la calidad desta gente.

Lo otro es lo que acabé de decir, que como les faltó el rigor y castigo del Inga, facilísimamente se vuelven á sus malas costumbres y inclinaciones, y borracheras, y no hay otro Dios sino su vientre, y mientras no se les castigare con mucho rigor, no se espere enmienda, sino su total disminucion y destruicion, y lo mismo, aunque no tanto, en los indios de la Sierra.

Los indios, particularmente los señores, eran riquísimos de oro, y los que agora son señores, creo lo son: tiénenlo enterrado, y hay en este valle muchas guacas en algunas de las cuales españoles han cavado, mas han sacado dellos tierra y plata de la bolsa. Cuando andaba la grita dellas, como arriba dijimos, un curaca, el principal deste valle de Chincha, dijo al padre fray Cristóbal de Castro (teníanle en gran veneracion por su cristiandad y ejemplo), que si queria, le daria tanto oro y plata que cargase un navio; el buen religioso díjole: un hábito roto me basta, sácalo para ti y para tus hijos, que eso es vuestro, é yo no lo truje de Castilla, ni me es necesario; y por importunacion del curaca no quiso recibir más de un cáliz de oro para la iglesia, el cual tiene hoy, y es el primero que vi en este reino, bastante argumento de su ninguna cobdicia; si lo sacaron ó no, no lo sé; lo más cierto es hasta hoy estar enterrado y oculto.

A cinco ó seis leguas llegamos al valle de Yumay, de las mismas calidades del de Chincha, no tan espacioso; no fué tan poblado, y en él hay muy pocos naturales; pasa por él un rio caudaloso, que pocas veces se vadea.

CAPITULO LX

DEL VALLE DE PISCO

Seis leguas adelante llegamos al valle de Pisco, ancho y espacioso, con puerto y agua bastante, sacada en acequias del rio de Yumay; fué poblado de muchos indios; hanse consumido como los demás de los Llanos y por las mismas razones. Es abundante de todo mantenimiento y de muchas heredades, donde ya casi está fundado un pueblo de españoles; abunda tambien en pescado; entre este valle y el de Ica puso Dios aquellas hoyas que llamamos de Villacori, muy mayores que las que dijimos haber en Chilca, donde se da mucho vino, granada, membrillo, higos, melones y demás fruta, sin riego alguno, ni del cielo ni de la tierra; hay en estas hoyas algunos jagüeyes de agua razonable, porque por la mayor parte es salobre; vemos aquí hoyas donde se plantan 4.000 cepas, y es cosa de admiracion que en medio de unos médanos de arena muerta pusiese Dios estas hoyas tan fértiles. En estos arenales de Villacuri desbarató el tirano Francisco Hernandez Giron al capitan Lope Martín, y es fama algunas noches oirse pífanos y atambores y grita de batalla, tropel de caballos con cascabeles, que pone no poca grima.

Por estos arenales no se puede caminar sin guia yendo[24] ó viniendo á Ica y de noche, por los muchos calores, y los indios de guia, oyendo estas gritas y voces animan á los españoles, diciéndoles que el demonio por espantarlos causa aquellos temores.

[24] En el ms., _indo_.

CAPITULO LXI

DEL VALLE DE ICA

Otras seis leguas dista el valle anchísimo y largo de Ica, doce leguas de la costa de la mar, pobladísimo de muchos algarrobos muy gruesos, con un rio no muy grande, con muy buena agua, y fuera mucho mayor si no se trasminara por todo el valle; por lo cual las heredades que hay en este valle, muchas y muy buenas, de viñas y demás mantenimientos, no tienen necesidad de mucho riego. El vino, que aquí se hace alguno, es muy bueno, de donde, porque en el meson del pueblo no hay tanto recaudo para los caminantes, ya es comun sentencia: En Ica, hinche la bota y pica. Fundóse aquí un pueblo de españoles; algunos dellos son ricos de viñas y chácaras, sus casas llenas de todo mantenimiento. Era valle de muchos indios; agora no hay sino dos ó tres pueblos dellos; vanse consumiendo como los demás destos Llanos y por las mismas razones.

Todos los Llanos y la tierra que se habita desde las vertientes de la sierra y cordillera nevada, hasta lo último del reino de Chile, es grandemente combatida de temblores de tierra, y este valle lo es mucho; ya dos veces lo ha derribado un temblor de tierra, y la iglesia del convento de San Francisco, que era buena, dos veces ha dado con ella en el suelo, lo cual desanima mucho para que aquel pueblo no pase muy adelante.

CAPITULO LXII

DEL VALLE DE GUAYURI

De aquí al vallecillo de Guayuri se ponen quince leguas de despoblado y sin agua; á las cinco leguas, á la salida del valle de Ica, solia haber un jagüey y una ventilla; cególo un temblor y despoblóse la venta. Guayuri es muy angosto, de poca agua, pero buena; plantáronse en él solas dos viñas; no hay espacio para más; la una de 500 cepas y la otra de 1.500; cargan tanta uva y dellas se saca tanto vino, que si no se ve no se puede creer; de las 500 se cogen 1.500 botijas de vino, y de las otras, 4.000; fuera desto, danse muy bien nuestros árboles fructales, grandes membrillos, higos y melones y otras legumbres. El vino es el mejor de todo el reino.

CAPITULO LXIII

DEL VALLE DE LA NASCA

Saliendo deste vallecillo, á nueve leguas adelante, entramos en el gran valle de la Nasca, muy ancho y largo; fué muy poblado de indios; agora le faltan, por las causas arriba dichas; es fértil, como los demás destos Llanos, de vino y demás cosas. El cacique dél fué siempre tenido en mucho de los indios y de los españoles.

Por este valle y el de Chincha, así por la multitud de los indios como por la fertilidad, cuando alguno de los antiguos pretensores, por sus servicios, queria encarecerlos, decia: Chincha ó Nasca ó nada, lo cual ha quedado como en proverbio. Es falto de agua al invierno, que es el tiempo que en la Sierra no llueve, y acá el de las garúas; pero al verano, que es el tiempo de las aguas en la Sierra, es rio grande y aun peligroso. Hame sucedido llegar á este valle en tiempo que en la madre del rio no se hallaba una gota de agua, y un solo dia que allí holgué, á otro pasé el rio por tres brazos; aprovéchanse los indios, para el tiempo de la seca, de pozas hechas á mano, á trechos, y en lugares altos, como estanques grandes de agua, de las cuales sacan acequias para comenzar á sembrar y sustentarse dellas hasta que viene el rio; dista de la mar más de catorce leguas, todas arenales y sin aguas. Con todo eso en carretas llevan el vino al puerto, que es seguro.

CAPITULO LXIV

DE OTROS VALLES SIGUIENTES

Quince leguas se ponen desde este valle á Acari, de despoblado, grandes arenales y sin agua, si no es en una pequeña quebradilla, muy angosta, á las siete leguas, de muy poca agua, gruesa y cenagosa. Es Acari buen valle y de las calidades de los demás; habia en él muchos indios; hanse consumido, como los de los otros valles y por las mismas causas.

Desde donde á Ariquipa (que dijimos ser casi sierra) hay catorce leguas de despoblado, sin agua y arenoso; luego se sigue el valle de Atico, estrecho y no tan abundante como los demás. Luego el de Ocaña, angosto, pero de buenas fructas y viñas y abundante de maíz. Los indios son pocos y se van disminuyendo.

CAPITULO LXV

DEL VALLE [DE] CAMANÁ

Síguese á éste, ocho leguas adelante, el valle de Camaná, de las mismas calidades de los pasados, donde se fundó un pueblo de españoles; su trato es vino, pasa, higo, de lo bueno deste reino; es abundante de pescado; el puerto es playa; pasa por él un rio grande que pocas veces se deja vadear. El año de 604, víspera de Santa Catalina mártir, lo destruyó casi todo un temblor de tierra. Desde aquí á Arica y aun hasta Chile, ya fenecieron los valles grandes y fértiles y se siguen vallecillos angostos y no de las calidades de los pasados; por eso haremos dellos poca memoria. Desde aquí nos comenzamos á meter la tierra adentro, caminando para la ciudad de Arequipa, distante dél veintidós leguas y más, en las cuales hay dos valles, uno llamado Ciguas, de muy buena agua y mejor vino; ya casi sin indios, por se haber consumido, como habemos de los demás referido. Cinco leguas adelante entramos en el valle llamado Víctor; éste es más ancho y donde los más de los vecinos de Arequipa tienen sus heredades; cogen mucho vino y muy bueno, que se lleva al Cuzco, 65 leguas, y á Potosí, más de 140, y se provee todo el Collao.

Esta ciudad fué los años pasados de mucha contractacion, hasta que don Francisco de Toledo, visorrey destos reinos, le quitó el puerto y lo pasó á Arica; digo mandó que todas las mercaderias que se desembarcaban en el puerto de Arequipa para Potosí se desembarcasen en el puerto de Arica, por lo cual la contractacion ha cesado, porque no llega allí navio, sino el que forzosamente va fletado para el puerto de aquella ciudad, con mercaderias para ella misma ó con algun balumen, hierro, jabon, aceite y otras cosas así llamadas, para el Cusco, de donde se lleva por tierra con carneros. Los navios surgen más de una legua en el mar, lejos de la Caleta, donde se embarcan y desembarcan, que dista de la ciudad diez y ocho leguas no de muy buen camino y faltísimo de agua, y es cosa de admiracion que con surgir tan en la mar, en aquel paraje nunca hay tormenta ni los navios han garrado, y aunque es así que en el tiempo del ivierno, que es en el de las garúas, anda la mar tan brava, que no se puede entrar ni salir de la Caleta, la mar donde el navio tiene echadas sus anclas no se alborota.

Despues de entrado el batel en la Caleta, la mar es llanísima, y es tan angosta que se recogen los marineros los remos de una parte y otra por que no se hagan pedazos con las peñas, hasta que se abre un poco más, y así llegan á tierra ó salen á lo ancho; pero en cualquier tiempo es peligroso entrar ó salir della si los marineros no bogan con mucha fuerza. Tiénese este cuidado en comenzando á entrar en lo peligroso: que viendo venir la ola de tumbo, antes que quiebre se dan mucha priesa á bogar, porque la ola no quiebre en el batel, porque si en él quiebra, lo aniega y se pierde sin remedio. Conocí en este puerto un hombre extranjero, residente en él, el cual tenia ya tanta experiencia y conocimiento cuándo se podia desembarcar y venir á tierra, que en surgiendo el navio levantaba una banderilla blanca, y si no, los marineros no venian hasta verla. Empero en cualquier tiempo, como sean aguas vivas, por tres dias antes y tres despues es muy peligroso desembarcar. Tiene este asiento poca agua; una fuentecilla hay en él, que para deshacer la piedra de los riñones es muy aprobada. Es combatido de muchos temblores de tierra, y lo que más admira, que la mar tambien tiembla.

CAPITULO LXVI

DE LA CIUDAD DE AREQUIPA

Volviendo á la ciudad de Arequipa, es del mejor temple deste reino, por estar fundada á la falda de la sierra, de buen cielo, aunque un poco seco; dentro del pueblo se dan muchas uvas, y todas las frutas nuestras, en particular peras no mayores que cermeñas; son malsanas; en conserva son buenas: El agua del rio es malsana por ser crudia; deciende de la tierra, y pasa por lugares salitrosos. Fundóse al pie de un volcan llamado de Arequipa, á cuya causa, y por ser la tierra cavernosa, es combatida por frecuentes terremotos, y tantos, que acaesce tres ó cuatro veces temblar al dia, otras tantas á la noche, unas veces con más violencia que otras. Los años pasados, gobernando don Francisco de Toledo, sucedió uno, y tal que arruinó toda la ciudad; á nuestro convento echó todo por el suelo, sin quedar celda donde se pudiese vivir, ni donde poder decir misa; las casas que no cayeron quedaron peores que si totalmente dieran consigo en el suelo. Hase tornado á edificar, aunque mal; es faltísimo de madera para edificios. Cuotidianamente la puesta del Sol es muy apacible por la diversidad de arreboles en los celajes á la parte del Poniente. Comiénzanse á plantar olivares, y son bonísimas las aceitunas; es abundante de pan, vino y carnes y demás mantenimientos, y todo de riego; llueve poco y no con mucha tempestad.

Los indios deste asiento, que son en cantidad, usan del trébol en lugar de estiércol, con lo cual los maices crecen y multiplican mucho; siémbranlo de propósito, y maduro lo cogen y entierran en la tierra que han de sembrar; fertilízala mucho, en lo cual nosotros no habemos advertido, y la razon lo dice: porque el trébol es calidísimo; y antes, aunque sus chácaras estercolaban con otras cosas, no eran tan fértiles; críanse gran cantidad de pájaros dañosísimos al trigo ya granado; el enemigo es muchos muchachos con voces y hondas ojearlos, y no aprovecha tanto como quisiéramos. Porque no haya cosa sin alguacil, si no fuera tan combatida de temblores hobiera crecido mucho. Sustenta cinco conventos: Santo Domingo, San Francisco, San Augustin, la Merced; los Teatinos, que aunque llegaron tarde, tienen el mejor puesto. Los vecinos viejos eran ricos; sus hijos son pobres, porque no siguen la prudencia de sus padres, y los nietos de los conquistadores y vecinos serán paupérrimos. El año de 604 otro temblor lo destruyó; el mismo que á Camaná.

CAPITULO LXVII

DEL PUERTO ARICA

Desde esta ciudad al puerto, ó por mejor decir playa de Arica, hay más de cuarenta leguas, en el camino de las cuales hay algunos valles angostos, donde se dan las cosas que en los demás, pero no en tanta abundancia, por ser estrechos; viven en ellos algunos españoles que allí tienen sus haciendas, donde como mejor pueden pasan su trabajo. La Playa de Arica es muy grande y muy conocida por un morro (así lo llaman los marineros) blanco, que desde muchas leguas en la mar se parece. Es blanco por respeto de los muchos pájaros que en él vienen á dormir, cuyo estiércol le ha vuelto tal. Es valle muy angosto, y de poca agua, y no muy buena. En la misma playa, junto al cerro, cuando es baja mar, y baja poco, se muestran dos ó tres manantiales de agua dulce y buena, y en creciendo la mar los cubre; han sido para poco los corregidores en no haber hecho cavar y limpiar un poco más arriba á donde la marea no llega: hobieran descubierto aquellas fuentes y tuviera el pueblo buen agua. Desta playa hizo don Francisco de Toledo, siendo Virrey, puerto (como arriba dijimos) para las mercaderias y azogue que va á Potosí; la ocasion que tuvo para quitar la contratación de Arequipa y pasarla á Arica fué acrecentar los derechos á Su Majestad de las ganancias de los mercaderes, diciendo que, aunque ya los hobiesen pagado en Lima, porque las mercaderias las sacaban de un puerto á otro, habian de pagar los de las ganancias; hacia este reino tres: el de Los Reyes por todo el distrito de las apellaciones para el Audiencia: el de las Charcas por el suyo, y el de Quito por el suyo; y porque si en Arequipa, que es distrito de la Audiencia de Los Reyes, se desembarcaran las mercaderias de las ganancias, por ser dentro de un mismo reino, no se debian derechos (creo son dos y medio por ciento), pasó la contratación á Arica y puso allí Casa Real y oficiales. Los mercaderes fuéronse á la Audiencia de Los Reyes por via de agravio, trujeron pleito con el Rey; condenáronle por dos sentencias, declarando la Audiencia no deber derechos, teniendo por todo un reino y sólo de Quito á todo el distrito de los Charcas; sacaron los mercaderes su ejecutoria, notificáronla á los oficiales reales (y en ella como presidente firmó el Virrey don Francisco de Toledo), los cuales escriben al Virrey la notificacion, y que allí viene su firma si han de cobrar ó no; respondióles que cobre de las ganancias los derechos señalados, y que si allí firmó fué como presidente, que lo demás mandaba como gobernador, y así se ha quedado hasta hoy se cobran los derechos como se impusieron. Por esta razon se ha poblado aquesta playa y es frecuentada de navios que llevan allí las mercaderias y los azogues de Su Majestad para Potosí.

Reside allí el corregidor cuotidianamente y es necesario, porque en este pueblo (helo visto tres veces) viven de todas las naciones que sabemos; aquí hay griegos, frisones[25], flamencos, y ojalá no hobiese entre ellos algunos ingleses y alemanes, luteranos encubiertos, y siendo como es escala donde los navios que vienen de Chile paran, y los luteranos, que desde el año de 78 acá han entrado, que han sido tres piratas ingleses, han venido á reconocer y han surgido en él, ¿cómo dejan vivir allí tanto extranjero? hay más de 150 hombres, y no creo son los cuarenta meros españoles; esto ya es tratar de gobierno; cesemos, porque acá se recibe mal.

No se puede desembarcar en él sino es en una caletilla donde no pueden entrar ni salir dos bateles juntos, sino uno á uno, y es necesario saber la entrada por unos peñascos que á una y otra mano tiene, en los cuales asentándose los bateles fácilmente se trastornan. Los navios surgen más de tres cuartos de legua desta caletilla. Vemos en él una cosa admirable: que ningun navio puede llegar al surgidero, sino es de medio dia para abajo, hasta las cinco de la tarde, porque en todo tiempo la marea del aire comienza á las nueve de la mañana, y cuando son las cinco ya ha cesado. Puesta una atalaya sobre este morro, como ya la hay, descubre más de diez leguas de mar, por una parte y por otra, y antes que llegue cualquier vela al puerto, de más de seis leguas ya le ha descubierto, por lo cual de noche pueden dormir segurísimos que enemigo no entrará en él; hay en él cuatro ó cinco piezas gruesas de artillería muy buena, que alcanzan una legua y más, bastante para defender la entrada al enemigo. Tres leguas el valle arriba se dan muchas uvas y buen vino y frutas de las nuestras muy buenas. El trigo, maíz y harina se trae de fuera parte, y por esto sale caro. Al tiempo del verano es abundante de pescado, y bueno. Es muy enfermo; siempre hobo en él pocos indios; agora no creo hay seis.

[25] En el ms., _figones_.

CAPITULO LXVIII

DE LOS DEMÁS VALLES HASTA COPIAPÓ

Desde aquí se va prolongando la costa derecha al Sur, con algunos valles angostos, en ella, y despoblados, de quince y más leguas; el camino, arenales, y pasadas creo sesenta leguas, luego se entra en el valle de Atarapacá; éste solia ser muy buen repartimiento y rico de minas de plata, de donde se camina por un despoblado de ochenta leguas hasta Atacama, por el cual sin guia no se puede caminar. Los indios de Atacama han estado hasta agora medio de paz y medio de guerra; son muy belicosos, y no sufren los malos tratamientos que algunos hombres hacen á los de acá del Perú; no dan más tributo de lo que quieren y cuando quieren. Al tiempo que esto escribo dicen se ha domado un poco más. Es fama ver en su tierra minas de oro riquísimas, y á su encomendero, que es vecino de Los Charcas, Juan Velazquez Altamirano, á quien han tenido mucho amor, dos ó tres veces le han inviado á llamar para descubrirse; las más en llegando allá se arrepienten, y no se les puede apremiar; esto el mismo encomendero me lo dijo.

Desde aquí se entra luego en el gran despoblado de 120 leguas que hay de aquí á Copiapó, que es el primer repartimiento del reino de Chile; el camino es de arena no muy muerta, y en partes tierra tiesa; en este trecho de tierra hay algunas caletillas con poca agua salobre, donde se han recogido y huido algunos indios pescadores, pobres y casi desnudos; los vestidos son de pieles de lobos marinos, y en muchas partes desta costa beben sangre destos lobos á falta de agua; no alcanzan un grano de maíz, no lo tienen; su comida sola es pescado y marisco. Llaman á estos indios Camanchacas, porque los rostros y cueros de sus cuerpos se les han vuelto como una costra colorada, durísimos; dícen les previene de la sangre que beben de los lobos marinos, y por esta color son conocidísimos.

Volviendo al camino, unas veces es por la playa, otras á tres, cuatro y seis leguas y más la tierra adentro, á causa de los muchos peñascos que hay en la costa, á donde proveyó. Nuestro Señor, sus jornadas de seis y siete leguas y la que más de ocho, de vallecillos muy angostos, con agua no muy buena y leña delgada y alguna yerba; no es camino que sufre mucha compañia ni de hombres ni de caballos; camínanse estas 120 leguas de Atacama á Copiapó en veinte dias, dos más ó menos, si las nieves no lo impiden, porque en algunas partes se mete el camino hacia la cordillera, donde por Junio, Julio y Agosto suele nevar; el matalotaje de los caminantes es biscocho, queso y tocino; los indios de guia, que son dos, se pagan primero que se pongan en camino, doce pesos á cada uno; llevan galgos y porque no se les despeen, con sus zapatillas, con las cuales cazan venados y guanacos, y son tan diestros en esto, que como lo columbren es cierto le han de cazar; desta carne, que es buena, se sustentan.

Este camino pocas veces se anda, porque si no es algun desesperado ó fugitivo homiciano no se pone á tanto trabajo.

Caminando por aquí se llega á un rio que en la lengua de los indios se llama Anchallullac, que quiere decir rio gran mentiroso, porque verémosle correr particularmente á la tarde y parte de la noche, y si luego no se toma el agua necesaria y da de beber á los caballos, dende á poco rato no hay gota de agua, y no es rio pequeño.

La causa es que con el calor del sol se derriten las nieves de la cordillera Nevada, y corre el agua á la tarde y parte de la noche, y cuando resfria á la noche cesa la corriente; por lo cual los que piensan á la mañana hallar agua, hállense burlados y la madre del rio seca. Hay otro rio, que como viene corriendo el agua se va cuajando en sal. Por esta parte se mete mucho la mar hacia la cordillera, y en los tres meses dichos hace mucho frio y suelen caer nieves.