Defensa obligada contra acusaciones gratuitas

Part 5

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Dios les perdone, como yo les perdono; y plegue al Señor que en lo sucesivo se empleen en campañas dignas de los altos intereses de la Patria, unida en perpetuo y amistoso vínculo con la Religión, cual lo exige la prosperidad de esta nuestra desgraciada España.

Madrid y Febrero de 1904.

Fr. Bernardino,

Arzobispo dimisionario de Manila y electo de Valencia.

APÉNDICE

DOCUMENTO NÚM. 1

Protesta del Episcopado español.

Excmo. Sr. Presidente del Consejo de Ministros.--El Cardenal Arzobispo de Toledo, en nombre de todo el Episcopado español, y con la expresa autorización del mismo, recurre á V. E., oprimido su espíritu, por la campaña sistemática de injurias, de calumnias y de escándalos que por medio de la prensa, de reuniones públicas y otras varias maneras se viene haciendo contra la Religión católica, contra la Iglesia y Ordenes religiosas, y contra los principios fundamentales de la Monarquía española y de todo el orden social; agravándose en estos momentos su profunda pena y justo dolor por la serie de agravios é injurias inferidos injustamente al docto y dignísimo Arzobispo de Manila, con motivo de su merecida presentación por S. M. el Rey (Q. D. G.) para la Sede Arzobispal de Valencia.

El Episcopado español, Excmo. Sr., no puede menos de sentir y deplorar las ofensas hechas á uno de sus hermanos, esclarecido por sus servicios, méritos y virtudes, y creería faltar á su deber si no tomase su defensa al verle tan perseguido y, contra toda razón, calumniado.

Dígnese V. E., por lo tanto, admitir nuestra viva protesta que, en cumplimiento de ineludibles deberes del cargo Episcopal, elevamos respetuosamente á V. E. contra los desmanes é injusticias aludidos; rogando encarecidamente á V. E. que con su alta Autoridad ampare la fe de nuestros mayores y las instituciones cristianas, combatidas y ultrajadas por un espíritu tenaz y sectario, que, sobre lastimar los derechos é inmunidad de la conciencia católica, es socialmente peligroso é incompatible con los sentimientos del verdadero patriotismo.

Toledo 15 de Enero de 1904.==El Cardenal Sancha, Arzobispo de Toledo.

Representa, pues, este solemne documento, la protesta de los Arzobispos de Toledo, de Tarragona, de Santiago, de Burgos, de Zaragoza, de Sevilla, de Granada y de Valladolid; y de los Obispos de Madrid-Alcalá, Salamanca, Avila, Sigüenza, Cuenca, Segovia, Badajoz, Coria, Plasencia, Córdoba, Guadix, Málaga, Cádiz, Jaén, Orihuela, Murcia-Cartagena, Almería, Segorbe, Tortosa, Vich, Barcelona, Lérida, Urgel, Solsona, Gerona, Teruel, Barbastro, Jaca, Vitoria, Pamplona, Santander, Osma, Lugo, Mondoñedo, Tuy, Palencia, León, Teruel, Huesca, Zamora, Ciudad Real, Calahorra, Ciudad Rodrigo, Tenerife, Canarias, Mallorca, Menorca, Ibiza, que constituyen el Episcopado español.

* * * * *

Han protestado igualmente muchos Sres. Obispos en particular, y los Cabildos de Toledo, Valencia, Oviedo, Málaga, Osma y Covadonga; todos los Arciprestes de la diócesis de Valencia, el clero de Játiva, el de la patriarcal de _Corpus Christi_, y los párrocos y auxiliares de las ciudades de Toledo y Valencia, además de muchos señores presbíteros de casi todas las diócesis de España; las asociaciones católicas de Valencia, Játiva y Barcelona, y multitud de círculos de obreros, juventudes católicas, centros tradicionalistas, terceras Ordenes, archicofradías y demás instituciones cristianas de la Península, sin contar el cúmulo de telegramas y mensajes particulares de adhesión y protesta recibidos de casi todas las provincias. Toda la prensa católica, y gran parte de la que no adopta ese título, así en Madrid como en provincias, ha salido también en nuestra defensa, combatiendo brillantemente á mis impugnadores, por lo cual le estamos profundamente agradecidos.

DOCUMENTO NÚM. 2

Protesta de los señores que eran capitulares de Manila en la fecha á que se refiere este folleto.

Los que por un sentimiento vivo de honor, por un deber imperioso de justicia y por obedecer á los dictados ineludibles de la conciencia, tenemos el honor de suscribir este documento, habiendo sido individuos del Cabildo Metropolitano de Manila, y testigos presenciales de todos los actos del Excelentísimo é Ilmo. Dr. D. Fr. Bernardino Nozaleda en el Gobierno de la Archidiócesis de Manila antes de la insurrección, durante la insurrección, y algún tiempo después de arriada la bandera española en Manila, nos hemos visto sorprendidos dolorosamente por la campaña de difamación, de injurias y calumnias iniciada por los periódicos anticlericales de Madrid, y continuada por los periódicos de igual criterio de provincias. Nos parecía imposible una conjuración tan sañuda y tenaz contra la verdad flagrante de los hechos y contra la justicia de la historia.

Ante esa imposición brutal de los que pretenden monopolizar, no sólo la opinión, sino también la definición de la verdad y de la justicia en lo que se refiere á la conducta pública y privada de los ciudadanos, tenemos que protestar enérgicamente primero, y después contribuir, en cuanto esté de nuestra parte, á la reivindicación de esa misma verdad y de esa misma justicia, innoblemente corrompidas y ultrajadas en todo lo que han fallado los periódicos anticlericales en la causa del Arzobispo dimisionario de Manila.

Nosotros negamos en absoluto todas las imputaciones que los periódicos han formulado ó insinuado contra el P. Nozaleda, y las negamos no sólo porque han sido presentadas destituídas de todo fundamento, porque ninguno han aportado los difamadores, sino también y principalmente porque sabemos que no presentarán, que no pueden presentar esas pruebas, porque tenemos certeza, porque tenemos evidencia de que la realidad de los hechos son la negación victoriosa de todo cuanto han acumulado contra el dignísimo Prelado sus detractores.

Nosotros hemos admirado siempre y en todas las ocasiones la sabiduría, la prudencia y el celo pastoral que el Prelado demostró en el gobierno de su grey. Nosotros hemos visto con sincera aprobación las sabias iniciativas, las difíciles empresas y las provechosas medidas que, para el fomento de la piedad en el pueblo fiel, para la honestidad y brillo de las costumbres del clero, y para la cultura científica y educación religiosa de la juventud que se preparaba para el sacerdocio, llevó á cabo el venerable Prelado. Nosotros hemos contemplado su desprendimiento y su largueza con todos los necesitados, á quienes repartía, como verdadero padre de los pobres, su fortuna, sin reservarse más que lo indispensable para la subsistencia. Nosotros hemos alabado y bendecido desde el fondo de nuestra alma española su noble y esforzado patriotismo que no se encerraba en deseos estériles y en vacías declamaciones, sino que se manifestaba vibrante y victorioso en toda obra que tendiera á la defensa, al fomento, al triunfo y sostenimiento de los intereses de España. Nosotros no lo hemos visto jamás tibio ni falto de heroicas esperanzas en las empresas que se relacionaran con el buen nombre ó con la prosperidad de España. Nosotros no le hemos visto jamás que pactara ni transigiera en lo más mínimo con los enemigos de nuestra religión ó de nuestra patria. Nosotros hemos admirado igualmente su prudencia y espíritu conciliador con las Autoridades civiles y militares españolas, y su firmeza en mantenerse siempre al lado de lo que significara algún interés positivo de la religión y de la patria. Nosotros sabemos, nosotros estamos ciertos de que todos sus actos se inspiraban en el más puro patriotismo y se ordenaban al triunfo de este noble sentimiento, desde que en Filipinas se puso en litigio la soberanía española. Nosotros tenemos la evidencia de que son completamente falsos los cargos que en forma de acusaciones ó de insinuaciones le ha hecho la prensa anticlerical, ya eludiendo la responsabilidad personal con el anónimo, ya cubriéndose con la irresponsabilidad de su despotismo, el más odioso de cuantos se conocen.

Tarragona á 15 de Enero de 1904.==Tomás G. Feijóo, Canónigo de esta Metropolitana.==Antonino Laguía, Beneficiado de la misma.

Gerona 16 de Enero.==Faustino Sánchez de Luna, Arcipreste de esta S. I. Catedral.

Ciudadela de Menorca 22 de Enero.==Manuel Acuña y Bayón, Deán de esta S. I. Catedral.

Sevilla 26 de Enero.==Pedro Ayerve, Arcipreste de esta Metropolitana.

Granada 28 de Enero.==Norberto Nebrera, Beneficiado de esta Metropolitana.

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Como estos señores, han publicado terminantes declaraciones, negando en absoluto los hechos deshonrosos que gratuítamente se me achacan, muchos otros testigos presenciales, entre los cuales merecen citarse los Sres. D. Antonio Domínguez Alonso, D. Lorenzo Moncada, D. Manuel Sastrón, D. Antonio de Santistéban, D. Bernardo Cabañas, D. Francisco Masip, D. Faustino Pérez, D. José María Fuentes, D. Benito Perdiguero y D. Angel Tapia y Aragonés, quienes lo hicieron en el semanario ilustrado _El Nuevo Mundo_; D. Camilo Millán, D. José Alvarez Navia, D. Francisco Montalvo, D. S. de Segundo, y otros en varios periódicos de Madrid y provincias, aparte las muchas cartas particulares en que manifiestan lo mismo personas residentes en Manila por aquella época.==Un dato, sumamente significativo, puede añadirse. Al iniciarse esta campaña, hallábase en Barcelona un peninsular del comercio de Manila, muy respetado allí y de larga residencia en el archipiélago, quien se creyó en el caso de dirigir á uno de los diarios de Madrid, que más sañudamente me han combatido, el siguiente telegrama.==_Barcelona 3 de Enero.--Para demostrar cuán injusta es campaña contra P. Nozaleda, basta solo recordar espontánea, patriótica y respetuosa despedida Colonia Española al salir de Filipinas dicho Prelado. Deseo haga pública esta manifestación, que ampliaré por carta.==Matias García._

Excusado es decir que ese telegrama no apareció en las columnas del aludido periódico.

DOCUMENTO NÚM. 3

Pastoral del Arzobispo de Manila, de 26 de Abril de 1898, al romperse las hostilidades entre los Estados Unidos y España.

Quodcumque volueritis petetis et fiet vobis.--(_Joan._ 15, .7)

En estos momentos de prueba tenemos que intimaros, amados hijos, el cumplimiento de dos deberes que os impone vuestra fe: el de orar y el de combatir.

Un pueblo heterodoxo, poseído de negros rencores y de todas las pasiones abyectas que la herejía engendra, trata de atacarnos: odia en nosotros lo que más estimamos, que es nuestra Religión, la religión de nuestros padres, que como preciada herencia nos legaron, y la que estamos obligados á mantener incólume, aun á costa de nuestra sangre. Si, por mal de nuestros pecados, permitiera Dios que el intento del enemigo prosperase, la desolación y la ruina se extenderían sobre estos pueblos; pronto ofrecerían el tristísimo espectáculo de sus templos derribados, profanados los altares del Dios verdadero, arrollada nuestra Religión por la muchedumbre de sectas que la bandera herética cobija: la paz de los hogares y todo el bienestar de estos pueblos, congregados y ennoblecidos con las prácticas y enseñanzas de la fe cristiana, desaparecerían radicalmente á los impulsos del implacable odio que nuestros enemigos profesan á la Religión y á las razas diferentes de la suya.

Pero, no; el Señor no ha de permitir que triunfe la arrogancia de nuestros enemigos. Nuestra causa es la de la justicia y de la Religión, y por ello tendremos á Dios de nuestro lado. _Y si Dios nos favorece, ¿quien podrá hacernos frente?_--Confíe el enemigo en sus escuadras y en sus tesoros; nosotros, amados hijos, guiados por la luz de la fe, ponemos nuestra confianza en Dios, que ama la justicia y aborrece la iniquidad, que humilla al soberbio y ensalza al humilde, y dispensa á su arbitrio la victoria burlando los cálculos de la presunción humana. Que no es el número de combatientes, ni el bélico aparato lo que decide las batallas, sino la fortaleza del corazón, que desciende de lo alto: _de coelo fortitudo est_.

Por ello, prosternados ante el Dios de los Ejércitos, elevaremos humilde súplica diciendo con el Profeta: ¡Señor, ven en nuestra ayuda; apresúrate á socorrernos; renueva hoy los prodigios que has obrado con nuestros padres; ellos acudieron á Tí llenos de fe y esperanza, y escuchaste sus votos; sobre ellos extendiste tu brazo poderoso, y los salvaste; fuertes en la fe de tu palabra, pelearon pocos contra muchos, y alcanzaron gloriosa victoria!

Lepanto y el mar de Mindoro son testigos: allí sucumbió la armada soberbia que amenazaba á la Cristiandad; aquí fué abatido el orgullo de la Nación heterodoxa que con furor sectario pretendía, á la vez que humillar la bandera española, derramar sobre estos pueblos los pestilentes errores de la herejía. Aquí y allá lucharon los valientes soldados de la Fe contra ejércitos muy superiores en número, los cuales, no obstante, fueron arrollados por los nuestros, transformados todos en héroes por la soberana fortaleza que Dios les inspiró, como recompensa al mérito de santas oraciones. Oró España, oró Filipinas, oraron nuestros soldados; desplegados los estandartes de María en las naves de Lepanto y en los improvisados galeones de Cavite, la confianza no reconoció límites; la oración del Rosario, elevada al Cielo por manos de María, fué prenda segura de victoria. Por eso, después del triunfo, la Virgen del Rosario fué aclamada Virgen de las victorias.

Bastarán, amados hijos, no lo dudamos, hechos tan persuasivos de la eficacia de la oración, para que no oigais con indiferencia la intimación que os hacemos de orar. En todo tiempo incumbe á todos la obligación de hacerlo, porque en todo tiempo necesitamos de los divinos auxilios para vencer los enemigos interiores y exteriores que nos rodean; pero es más apremiante esta obligación, cuando, como ahora acontece, el Señor en sus justos juicios nos somete á la prueba de públicas calamidades. Tan grave como es la obligación de afrontarlas con resignación y cristiano esfuerzo, es la que tenemos de orar, puesto que, la oración es el medio que Dios, en su amorosa providencia, nos ha otorgado para merecer sus auxilios. Y así como sería culpable el hombre que por rehusar la medicina necesaria arriesgara la vida, sería también culpable el pueblo que, amenazado de mortales daños, no recurriese á Dios; porque si Dios, como nos dice el Profeta, no guarda la ciudad, serán inútiles todos los esfuerzos de los hombres para guardarla.

Avivad, amados hijos, vuestra Fe en la palabra de Dios, que nos dice: _Pedid y recibiréis_; y en otro lugar nos dice Jesucristo, que todo cuanto pidiéramos al Padre en su nombre nos será otorgado. Orad, para que podáis decir con el Profeta: _En el día de la tribulación busqué al Señor, y no fuí defraudado: á El clamé, y oyó mis oraciones_. Y en otro lugar: _Tú, Señor, eres dulce y benigno, é infinitamente misericordioso para todos los que te invocan. Ninguno_, continúa el Profeta, _esperó en el Señor, y fue confundido._ No podemos desconfiar de las promesas solemnes que Dios hace á los que oran, porque sería ultrajar á la Divina Bondad, creyéndola capaz de faltar á sus promesas. Por eso tampoco podría justificarse el desaliento y la pusilanimidad de ánimo en estas y cualesquiera circunstancias adversas, teniendo por cierto, como lo tenemos si somos creyentes, que _Dios protege á los que esperan en El_. Ni debe ser motivo de escándalo el vernos agobiados con tantos males, suponiendo por ello que Dios nos ha abandonado. No, amados hijos, Dios no nos abandona. Nos corrige y castiga porque nos ama: _Quem enim diligit Dominus corripit, et quasi pater in filio complacet sibi_ (Proverbio 3, 11), y por San Juan nos dice también, que á los que ama los reprende y castiga. (Apoc. 3, 19.) No intenta Dios nuestra ruina con el castigo, sino la enmienda. Busca por medio de estas tribulaciones que nos convirtamos á El, y despertemos del letargo de la culpa en que hemos vivido, para hacernos dignos de sus favores. Porque hemos desoído su voz que amorosa nos llamaba, nos habla ahora con el fuerte lenguaje de la tribulación. Si, penetrados de estos designios amorosos de Dios, no se endurecen nuestros corazones como los israelitas del desierto, y reconocemos que Dios al castigarnos es el Padre amante que busca al hijo extraviado, nos haremos dignos de sus misericordias, y la tribulación presente se convertirá en gozo.

Os volvemos á repetir, amados hijos, que es necesario orar sin desfallecimientos, y para que la oración vaya apoyada en el poderoso patrocinio de María, os recomendamos el Santo Rosario. Por medio de esta oración, tan encomiada por la Iglesia, se alcanzaron los gloriosos triunfos que anualmente conmemoramos en las religiosas festividades de la _Naval_.

Aunque es Dios nuestra principal esperanza, no por esto, amados hijos, quedamos dispensados de concurrir con el esfuerzo personal á la defensa de la santa causa. Todos los sacrificios, sin excluir el de la vida, reclama la santa causa que vamos á defender. Todo lo debemos á Dios, y es justo que todo lo sacrifiquemos al triunfo de su santa bandera. _Pro aris et focis_ vamos á luchar; es decir, por la santidad de la Religión y por el honor de nuestros hogares. Si alguna vez es glorioso y hasta dulce el sacrificio de la vida, lo es ciertamente cuando se hace en obsequio de tan caros intereses.

Por eso tenemos el dulce consuelo de creer que acudiréis con entusiasmo al llamamiento que os hacemos para que concurráis á rechazar al enemigo común. Cuantos tengan robustez para empuñar un arma, deben inscribirse en esta guerra santa, persuadidos de que prestan obsequio grato á Dios. No corresponderíais, amados hijos, á los deberes que como cristianos tenéis, ni á los gloriosos ejemplos de vuestros antepasados, si en las presentes circunstancias desoyerais la voz de la Religión. Desde su sepulcro, guarecidos á la sombra de la Santa Cruz, os increparían vuestros padres, sintiendo el remordimiento de haber tenido hijos poco celosos de perpetuar su buen nombre de católicos. Pero, no; á pesar de los extravíos de algunos, más bien seducidos que malvados, seguros estamos que el católico pueblo filipino sabrá en esta ocasión cumplir con su deber. Y si alguno, apostatando de su fe, intentara hacerse cómplice de la herejía, favoreciendo por cualquier modo al adversario, la gran masa del pueblo católico sabría hacerle sufrir el justo castigo de su temeraria osadía.

Sin necesidad de salir de vuestros pueblos, podéis favorecer la buena causa concertándoos para la defensa del orden bajo la dirección de las Autoridades. No debéis consentir el escándalo de que, mientras Filipinas se ocupa en rechazar al enemigo común, gente mal avenida con el orden, con el decoro y con la conciencia, promueva disturbios en los pueblos.

Quiera el Señor, en cuyo nombre tres veces santo os bendecimos, confirmar en vuestros corazones estos sentimientos de fe y de piedad.

Manila 26 de Abril de 1898.==Fr. Bernardino, Arzobispo.

DOCUMENTO NÚM. 4

Circular del mismo, de 8 de Mayo de 1898, estando bloqueada Manila.

AL PUEBLO FIEL.--Amaneció el día aciago para este país, amados hijos míos, señoreando nuestra hermosa bahía la escuadra americana, que en breves momentos, y á pesar del heroísmo de nuestros marinos, destruyó nuestros barcos y logró clavar en una plaza nuestra, bendito suelo de la Patria, la bandera enemiga. No ignoráis quién es ni qué pretende quien con tanto orgullo y atropellando derechos así se nos impone. Es el extranjero, que nos quiere sujetar á su dura coyunda. Es el hereje, que quiere arrebatarnos la religión y arrancarnos del seno maternal de la Iglesia católica. Es el negociante insaciable, que con las ruinas de España y sus posesiones quiere dilatar su fortuna.

¡Pobre España, si el invasor lograra sus intentos! ¡Pobre Filipinas, el día en que estableciese aquí el norteamericano un Gobierno estable! ¡Pobres indios, subyugados por un pueblo que no tiene de España la católica fe, ni las maternales entrañas, ni la hidalga nobleza, ni la comunidad de intereses y de historia desde más há de tres siglos, ni la mezcla de sangre que circula por las venas de muchos, y que en cien gloriosas hazañas han dado para su común defensa, hermanados en un solo haz, los hijos de la metrópoli y de la colonia!

Muy pronto veríais establecida una valla insuperable entre vosotros y vuestros soberbios amos. No habría ya para vosotros cargos, ni empleos, ni participación alguna en el gobierno y administración de los pueblos. Formaríais luego un estado civil aparte, envilecidos como parias, explotados como miserables colonos, reducidos á la condición de braceros, y aun de bestias ó de máquinas; alimentados con un puñado de arroz ó de maíz, que os echaría al rostro vuestro señor como ración diaria para no verse privado del producto de vuestros sudores, regalado él como príncipe con los frutos y tesoros de una hacienda que vuestra es y no suya. ¡Ah, no es esto todo y lo peor, sino que veríais pronto en ruinas vuestros templos ó convertidos en capillas protestantes, donde no tiene trono ¡oh dolor! el Dios de la Eucaristía, ni peana la imagen de la Virgen María, nuestra dulcísima Madre!

Desaparecería la cruz de vuestros cementerios, el Crucifijo de vuestras escuelas, los ministros del verdadero Dios, que os hicieron cristianos en el bautismo, que tantas veces os absolvieron de vuestros pecados, que os unieron en santo matrimonio, que os habían de administrar, consolar y asistir en vuestra última hora, y aplicar después de muertos los sufragios de la Santa Iglesia. Vosotros, tal vez con heroica fe y valor, seguiríais dentro de vuestros corazones siendo católicos como antes: ¡quién sabe! ¿Pero qué sería de los pedazos de vuestras entrañas, vuestros tiernecitos hijos sobre todo, después que les faltasen sus padres, entre una nación protestante, legislación, culto, enseñanza y costumbres protestantes, y libre exhibición y propaganda de todos los vicios y errores? ¡Ah! ¡que puede que á la vuelta de medio siglo no hubiera ya en todo el país prácticas ni creencias algunas cristianas, ni quien hiciese sobre su frente la salvadora señal de la cruz! ¡Pobres filipinos, desgraciados en esta vida y desgraciados en la eterna!

Por fortuna, querido pueblo filipino, al estampido del cañón enemigo y á los gritos de alerta y de alarma de sus gobernantes, has conocido todo el peligro que corres. Como un solo hombre te preparas á la defensa, y como un solo corazón levantas al Cielo tus ardientes preces. Este, este es ciertamente, el único recurso de salvación. _A las armas y á la oración, todos á una._ A las armas, porque el pueblo español, aunque extenuado, cuando es herido en su patriotismo y defiende su religión, es capaz de las mayores hazañas. A la oración, porque la victoria es siempre Dios quien la da, aun á los esforzados y á los que tienen en su favor la justicia. Ni sólo la oración, ni sólo la lucha; el esfuerzo militar y la virtud de Dios juntamente; Dios y sus ángeles y sus santos con nosotros: que si así es, ¿quién contra nosotros?

Mas á fin de que la oración se haga más general, más concorde y más eficaz, nos ha parecido inspiración de lo alto el pensamiento de consagrar todo el archipiélago filipino al Sagrado Corazón de Jesús, y ofrecerle para cuando nos veamos libres de las actuales angustias unos cultos excepcionalmente devotos y lucidos el día en que celebra la Iglesia aquella festividad, viernes inmediato á la octava del _Corpus_, ú otro si tal vez esto no fuese posible ó se creyera más oportuno.