Declaracion Colectiva Del Episcopado Dolido Ante Varios Precept

Chapter 3

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34. Vanas y temerarias recriminaciones e ilusiones. Después de nuestra colectiva declaración, nadie puede negar con fundamento lo que cabe llamar la “perfecta ortodoxia civil de los propósitos y orientaciones de la Iglesia”, que no mira egoístamente sólo por ella y por sus intereses espirituales, sino muy eficazmente aun por el bien y la prosperidad de la nación, inseparables, quiérase o no, del progreso y estabilidad del orden religioso. No es culpa nuestra si en España queda en pie una grave, honda protesta y reivindicación de libertad para los derechos e independencia de la Iglesia, de cuya justa y eficaz solución son de esperar los mayores beneficios para el mismo fortalecimiento y auge del régimen político. En ninguna parte del mundo el catolicismo se toma como un hecho social desatendible o como un problema de secta efímera. A ninguna potestad y ninguna mente esclarecida es indiferente la trascendencia moral y la actual fecundidad de la Iglesia Católica, que ha regido milenariamente la civilización humana, a la que se mira en nuestros tiempos por doquier como la solución más coherente y orientadora de la reacción espiritualista de la sociedad contemporánea, y en cuya firmeza doctrinal e independencia afirmativa de actuación en la verdad y en el bien confían innumerables hombres como en baluarte seguro del espíritu y de la libertad humana, frente a la barbarie materialista de las herejías sociales invasoras y a los excesos de la opresión cesarista del nuevo absolutismo del Estado. Menos indiferente ha de ser el catolicismo a gobernantes y ciudadanos españoles, porque si la historia de nuestra patria revela de una manera incontrastable que él ha sido el elemento generador y conservador de su grandeza moral, la experiencia ya asaz dura de las dificultades presentes habría de demostrarles que la influencia religiosa es necesaria para fortalecer los vínculos sociales y asentar en sólidos fundamentos la paz espiritual y la consolidación progresiva del Estado.

Armonía futura de la Iglesia y el Estado

35. Por ello, no cejaremos los Obispos de sostener los principios; y orientaciones expuestas, que sabemos favorables para tan nobles eficacias religiosas y civiles, y de laborar generosamente, a fin de reparar los daños infligidos a nuestra sacrosanta Religión, evitar en lo posible los que la amenazan todavía, y preparar días mejores, en que la Iglesia y Estado, de mutuo acuerdo, según corresponde a dos sociedades perfectas y soberanas en su propia esfera, coordenadas por la naturaleza que les dio Dios, autor de ambas, y por la necesidad de convivir armónicamente en bien de unos mismos hombres, cuya perfección sobrenatural y temporal les está respectivamente encomendada, renueven y alcancen la anhelada inteligencia con que se pueda asegurar en plena paz y estabilidad la constitución cristiana de nuestra patria en el orden legal y social. Mucho habrá de ayudar al avance de tales anhelos el mayor conocimiento de la verdadera naturaleza y actuación de la Iglesia, así como la ajena experiencia de cuán nocivas y perturbadoras han sido las rupturas entre la Iglesia y el Estado, que después de violencias apasionadas, daños considerables de todo orden y largos períodos de arduas dificultades, han debido ser reparadas recomenzando por el diálogo comprensivo, por el trato amistoso, que nunca se debiera haber interrumpido para el logro de grandes bienes y en evitación de graves males. En España, donde, a pesar de la situación a que se ha llegado, no se puede desconocer la existencia de buenas voluntades, aun entre los mismos hombres de Gobierno, todavía se está en sazón de no desatender consejos y experiencias, que los peligros que amenazan al mismo consorcio social, acumulados por sus peores enemigos, hacen todavía más preciosos y apremiantes.

La persecución, bienaventuranza de los cristianos

36. Cualquiera, empero, que fuese el porvenir que por culpa de los hombres, el Señor nos tenga deparado, vosotros los fieles hijos de la Iglesia, hijos muy amados nuestros, manteneos firmes en la fe, constantes en la caridad, perseverantes en el apostolado. “Nada te turbe, nada te espante”, decía la admirable y serenísima Teresa de Jesús; quien a Dios tiene, nada le falta. También las aflicciones, la persecución por causa de la justicia, son bienaventuranzas para los cristianos. Ni os portéis jamás como quienes no tienen esperanza. Motivos de consuelo no nos faltan para alentarla: en la misma previsión de días mejores que nos permite augurar el no desmentido patriotismo de nuestros conciudadanos, en las muestras de fraternidad cristiana que hemos recibido de eminentes representaciones de los católicos de todos los países y que de corazón agradecemos como estímulo de fortaleza y augurio de victoria, y sobre todo en la protección del Señor, de la Virgen y de los santos, que son testimonio y honor de la religión de nuestro pueblo.

Con tal estado de ánimo fortalecidos, amados hijos en el Señor, renovad el cumplimiento fiel del deber de cada instante, que es camino de perfección, y lanzaos a la nueva reconquista religiosa que nos imponen las realidades presentes, ahondamiento en la cultura cristiana del espíritu, de la verdad y de la vida, recobramiento social de la eficacia de la fe en nuestro pueblo. Para ello revestíos de Nuestro Señor Jesucristo, imitad sus entrañas de misericordia, y amad todavía más a vuestros conciudadanos, redoblando para nuestro pueblo la caridad de patria, que también tiene forma de la sobrenatural y divina caridad.

Amor a los hombres y a los pueblos

37. A los hombres y a los pueblos les hemos de amar no por lo que sean, sino por lo que pueden, deben y merecen ser ante la presencia de Dios. Y no con el desamor los ganaremos, no con erguimiento sedicioso o violento reparan los cristianos los males que les afligen; es la confianza en la supremacía y fecundidad, aun humanas, del Espíritu, en la potencia de la fe y la caridad activas lo que alcanza, con ayuda del Señor, la victoria. Nuestro adorable Salvador, que afirmó sus derechos divinos sobre los hombres diciendo: "Quien no está conmigo está contra Mí", no quería que sus discípulos pidiesen fuego del Cielo sobre la ciudad que no les había recibido, y reprendía su exclusivismo con aquellas otras palabras, complemento y aclaración de las primeras: "Quien no está contra vosotros, a favor de vosotros está." (Luc., IX, 50)

Con tal emoción perseverante de caridad y de espiritual optimismo, poneos a la obra de apostolado a que os estamos invitando, esforzadamente, generosamente, pacientemente. Y cualesquiera que fuesen las aflictivas circunstancias en que veamos sumergida a la Iglesia, no temáis ni “pretendáis ejercer la vindicta que sólo al Señor corresponde”. Recordad que la Iglesia vence el mal con el bien, que responde a la iniquidad con la justicia, al ultraje con la mansedumbre, a los malos tratos con beneficios, y que en definitiva también la ciencia cristiana del sufrir es un poder de victoria: "Somos maldecidos y bendecidos; sufrimos persecución, y la soportamos; somos calumniados y oramos" (I Cor., IV, 12-13)

Invitación a la paz cristiana

38. No podíamos, amados hijos en el Señor, suscitar en vuestros ánimos tales sentimientos en días más propicios a la santa dulcedumbre como éstos en que toda la humanidad se prepara a sentir la humilde y pacificadora alegría de Belén. Por toda la tierra pasa la emoción íntima de los cánticos angélicos anunciadores de paz a los hombres de buena voluntad; aun los espíritus menos inclinados a la suavidad se estremecen ante la lumbre con que en las tinieblas de la noche resplandece el día eterno del Señor, que viene a nosotros para amarnos y redimirnos.

La gracia, la benignidad y el amor de Dios nuestro Salvador hácense visibles a todos los hombres, para enseñarnos a vivir con templanza, justicia y piedad en este mundo, renunciando a la impiedad y a las mundanales concupiscencias, en expectación de la bienaventurada esperanza y el advenimiento glorioso del gran Dios y Salvador nuestro Jesucristo, que se inmoló a sí mismo en bien nuestro para redimirnos de toda iniquidad y, purificándonos, hacerse un pueblo todo suyo, seguidor de las buenas obras.

Tal habla la Liturgia de Navidad por boca del Apóstol. Sintamos todos la divina invitación a esa alta y pacífica vida del espíritu cristiano, a esa perdurable tregua de Dios que empezó para el mundo en la Nochebuena, comienzo bendito de la regeneración de los individuos, de la familia y de los pueblos. En el recogimiento de la oración pura; en el fervor paciente de la mortificación abnegada; en la efusión de la caridad divina, que se aprenden adorando el Verbo de Dios hecho Hombre, en las humildades sobrenaturales del Natalicio del Señor, preparemos el advenimiento de Dios en este pueblo que le espera a El, verdadero y único Príncipe de paz perdurable.

Los Obispos de la Santa Iglesia, bendiciendo a todas las familias españolas, como prenda y augurio de esta venturosa paz, para la cual son todos los anhelos y sacrificios de Pastores de la grey cristiana, elevan al Cielo fervorosamente con todos sus hijos la oración sagrada que la Liturgia del día de hoy pone en los labios suplicantes de la Iglesia: “Moved vuestro poder y venid, os rogamos, Señor, y con gran eficacia socorrednos, a fin de que, mediante el auxilio de vuestra gracia, vuestra misericordiosa piedad acelere lo que nuestros pecados retardan”.

Dado en la domínica IV de Adviento, 20 de diciembre de 1931

+ F. Cardenal Vidal y Barraquer, Arzobispo de Tarragona.— + E. Cardenal Ilundain y Esteban, Arzobispo de Sevilla.— + Ramón, Patriarca de las Indias. — + Remigio, Arzobispo de Valladolid.— + Prudencio, Arzobispo de Valencia.— + Rigoberto, Arzobispo de Zaragoza.— + Fr. Zacarías, Arzobispo de Santiago.—+ Manuel, Arzobispo de Burgos.— + José, Arzobispo-Obispo de Mallorca.— + Juan, Obispo de Menorca.— + Juan, Obispo de Teruel.— + Fr. Luis León, Obispo de Segorbe.— + Adolfo, Obispo de Córdoba.— + Manuel, Obispo de Jaén.— + José, Obispo de León.— + Antonio, Obispo de Astorga.— + Leopoldo, Obispo de Madrid-Alcalá.— + Javier, Obispo de Orihuela.— + Juan, Obispo de Oviedo.— + Manuel, Obispo de Málaga.— + Eustaquio, Obispo de Sigüenza.— + Mateo, Obispo de Vitoria.— + Marcial, Obispo de Cádiz.— + Enrique, Obispo de Ávila.— + Valentín, Obispo de Solsona.— + Justino, Obispo de Urgel.— + Miguel de los Santos, Obispo de Osma.— + Fidel, Obispo de Calahorra.— + Florencio, Obispo de Orense.— + Bernardo, Obispo de Almería.— + Francisco, Obispo de Salamanca.— + Fr. Mateo, Obispo de Huesca.— + Cruz, Obispo de Cuenca.— + Miguel, Obispo de Canarias.— + Narciso, Obispo Prior de Ciudad Real.— + Rafael, Obispo de Lugo, A. A. de Mondoñedo.— + Félix, Obispo de Tortosa.— + Fr. Albino, Obispo de Tenerife.— + Agustín, Obispo de Palencia.— + José, Obispo de Gerona.— + Manuel, Obispo de Guadix-Baza.— + Juan, Obispo de Jaca.— + Manuel, Obispo de Barcelona, A. A. de Lérida.— + Isidro, Obispo de Tarazona, A. A. a de Tudela.— + Juan, Obispo de Vich.— + Dionisio, Obispo de Coria.— + Nicanor, Obispo A. A. de Barbastro.— + Salvio, Obispo A. A. de Ibiza.— + Antonio, Obispo Coadjutor del de Menorca.— + Tomás, Obispo de Pamplona.— + José, Obispo de Santander.— + Manuel, Obispo de Zamora.— + Luciano, Obispo de Segovia.— + Manuel, Obispo A. A. de Ciudad Rodrigo.— + Feliciano, Obispo de Arethusa, Vicario Capitular de Toledo.— + Lino, Obispo de Tabora, Vicario Capitular de Granada.— + Antonio, Obispo de Túy.— + José María, Obispo de Badajoz.— + Javier Flores Gómez, Vicario Capitular de Plasencia.— + Antonio Álvarez Caparrós, Vicario Capitular de Cartagena.”

FUENTE "Colección de Encíclicas y otras Cartas...", Junta Central de Acción Católica, Madrid, 1935

VER TAMBIEN

Declaración colectiva de arzobispos españoles sobre acatamiento a la República y temores de la Iglesia (9 de mayo de 1931)

Pastoral del cardenal Segura que motivó su enfrentamiento con el Gobierno republicano (Mayo, 1931)

Carta del Episcopado sobre la gravedad del proyecto de Constitución Republicana (25-VII-1931)

Declaración del Episcopado con motivo de la Ley de Confesiones y Congregaciones Religiosas (Mayo, 1933)

Exposición de arzobispos españoles al presidente del Gobierno prov. de la República, sobre agravios a la Iglesia (3-VI-1931)

Categoría:D1931 Categoría:Documentos de la Segunda República Española