Part 5
En este caso hace pobrísimo papel el joven que afecta no querer bailar, así como todo caballero que no complace a la dueña al insinuarle esta que invite a una señora que no tenga pareja.
Es poco cortés invitar para una danza en el momento en que preludia la orquesta, como también ofrecerse a una señora que por su proximidad pueda haber oído que otra acaba de rehusar la invitación.
El caballero que baile mal o sin compás no mostrará mucho acierto invitando a señoras desconocidas o que apenas conozca.
El que accidentalmente ocupa el asiento de una señora que está bailando, debe abandonarlo al último compás de la orquesta, sin aguardar a que se lo reclamen.
Un caballero no rodea con el brazo la cintura de su pareja antes de empezar a bailar.
Dado que durante la danza se pare la señora, él debe retirar de su talle el brazo inmediatamente, sin instarla para continuar, en particular si indica el deseo de sentarse.
Una señora no debe consentir que durante el baile su caballero le tenga la mano derecha elevada, o apoyada en su costado izquierdo, ni que la haga oscilar.
A un caballero que no sea su marido, hermano o próximo pariente, no le confía una señora su pañuelo o abanico, ni su ramillete, si lo lleva, si bien esto ya pasó de moda.
La señora que, alegando cansancio, rehusó una invitación, no debe bailar después.
La que por inadvertencia aceptó dos invitaciones para una misma danza, se abstendrá de bailarla.
El que quiera bailar, ha de invitar primero a las hijas de la casa; mas no reitera el ofrecimiento en caso de que rehusen.
El que desee invitar a una señora a quien no conozca, rogará a la dueña se sirva hacer la presentación.
Cena
Cuando el mayordomo avisa que la cena está servida, el huésped ofrece su brazo a la señora de más consideración y abre la marcha hacia el comedor, imitándole los demás caballeros, que le siguen en el orden que les place, dando el brazo a sus respectivas parejas.
Para tomar un té o un sorbete las señoras no se quitan los guantes.
Para la cena suelen quitárselos, aunque algunas los conservan puestos.
La señora vuelve al salón acompañada por el mismo caballero que la condujo al comedor, o bien en compañía de su pareja del baile siguiente.
Conciertos
Un artista invitado a un concierto con súplica de que tome en él parte activa, si no accede a esto, no debe aceptar la invitación; si accede, ha de ponerse oportunamente de acuerdo con la dueña en la designación de las piezas que se habrán de tocar o cantar.
La señora agradecerá más tarde este obsequio, sea invitándole a una comida, sea ofreciéndole un pequeño regalo con mucha delicadeza, para que se vea que no es paga, sino atención.
A los artistas pagados se les recibe con la misma amabilidad que a los invitados.
El que acompaña al piano a una señora o caballero que canta, ha de tocar con sencillez, sin tratar de que brille su talento.
Un caballero no debe colocarse junto al piano para volver las hojas cuando una señora canta, a menos que sea artista o haya sido rogado por la cantante.
Si algún invitado llega tarde, no entrará en el salón mientras se ejecute una pieza, pues ofende a la concurrencia todo lo que turba la armonía del concierto, así como el hablar, tatarear, llevar el compás, etc.
[Ilustración]
[Ilustración]
Juegos
Los juegos han de ser en la buena sociedad objeto de esparcimiento y honesto recreo, sin que en ellos se busque la ganancia o el lucro, pues entonces la ventaja propia redunda en pérdida para otros, y la distracción y solaz que las reuniones proporcionan se convierten en perjuicio, y en vez de salir de ellos con impresión agradable, se queda bajo el peso del disgusto. Por lo mismo que ha de excluirse todo lo que signifique afán de ganancia en los juegos de sociedad, ha de deferirse a las puestas que indique la dueña de la casa, que procurará sean tan insignificantes, que en ellas solo se vea un nuevo aliciente, pero jamás esperanza de lucro o peligro de pérdida.
En el juego y en viaje es donde se aquilata la buena educación, porque el egoísmo pone con frecuencia en el riesgo de olvidarla; y por lo mismo es cuando se ha de dar mayor muestra de cortesía. Ni la pérdida debe trocar nuestro humor, ni la ganancia excitar nuestro contento, porque en uno y otro caso se demuestra que no se busca en el juego pasatiempo, sino lucro; y si con gesto huraño, porque el juego nos es contrario, revelamos sentimientos interesados, con la alegría producida por la ganancia, aumentamos la contrariedad que sufren los que pierden.
El hombre tiende a hacer prevalecer su propia opinión, tendencia que imposibilitaría la vida social si la educación no la contuviera. En las reuniones, en particular cuando se trata de señoras, el propio deseo ha de prescindirse para deferir al de los demás sin entrar en discusiones, pues el tiempo que en ellas se pierde se quita el recreo. En los juegos de sociedad hay que mostrar mucha discreción y no dejarse llevar por la intimidad y confianza, pues como son muchos los que en ellos toman parte y los presencian, lo que no tiene importancia entre dos personas muy unidas por los lazos de la amistad, puede convertirse en mortificación cuando son varios los que de ello se enteran. Por esto en las penitencias, en las preguntas y en las respuestas, en las charadas, en los juegos de prendas, ha de procederse con el más exquisito tacto, teniendo siempre en cuenta el conjunto de la reunión y prescindiendo de los individuos aisladamente.
La susceptibilidad suele amargar los más agradables pasatiempos, y por esto se ha de poner mucho cuidado en no herir la de nadie, aunque sea mortificando la propia.
Charadas y prendas
La señora de la casa tiene el privilegio de escoger y dirigir el juego de prendas y las charadas, así como el deber de suministrar los objetos adecuados.
Cada contertulio ha de asentir benévolo a las decisiones de los demás, sin mostrar empeño en que prevalezca su deseo, a menos que sea el mismo de la dueña de la casa.
En las charadas hay que cuidar de que los cuadros representados no lastimen los sentimientos de nadie.
En los juegos de prendas un caballero ha de evitar el ser imprudente en las penitencias que imponga a las señoras, en especial a las jóvenes.
El caballero sentenciado a hacer una confidencia a una señora, no se permitirá decir en secreto lo que se abstendría de repetir en alta voz.
Rifas y lotería
Una joven nunca se toma la libertad de ofrecer a un caballero billetes de rifas.
Una señora puede ofrecerlos a los caballeros que la visitan, mas no a sus convidados en un baile o reunión.
Si los billetes son gratuitos, debe tomarse solamente uno.
Los dueños no deben ganar en la lotería o rifa que se sortee en su casa.
Si sale agraciado uno de los números que dejaron de distribuirse, se sortea de nuevo el lote.
Un caballero agraciado con un premio, lo ofrece a una hija o amiga de la casa.
Naipes
Sin invitación expresa no se sienta nadie a la mesa de juego.
Las señoras son las primeras en elegir sitio, como también lo son en cobrar ganancias; después toman asiento los caballeros.
Una joven ni entra en la sala de juego, ni mucho menos se sienta en la mesa sino a ruego de la señora de la casa.
Se procurará no eternizarse junto a la mesa de juego, si hay otras personas que deseen ocupar el sitio.
La señora de más edad, que es la que tiene el privilegio de escoger el juego de naipes, deberá fijar, si no lo han hecho ya los dueños el tipo de las apuestas, que nadie se atreverá a modificar.
También es incumbencia de ella, o del caballero de mayor autoridad, decidir en los casos dudosos.
Es costumbre que el que distribuye las cartas por primera vez salude al entregarlas a cada uno de los jugadores, correspondiéndole estos con una demostración análoga cuando les llegue el turno.
No está bien que uno baraje cuando ya otro barajó, ni que un caballero discuta con una señora sobre las reglas del juego; que se aplace más de veinticuatro horas el pago de lo que se perdió, ni que un jugador oculte sus naipes a las miradas de los curiosos; los cuales a su vez, aunque interesen en el juego, no deben dar consejos al jugador que no los pida, ni menos pronunciar palabras, hacer signos ni otras demostraciones que, aun sin mala intención, pueden decidir del resultado del juego, dar lugar a que se tuerza su curso, o pie a cuestiones desagradables en una distracción que debe ser solamente de agradable solaz.
El que gana está obligado a conceder desquite a quien lo desee; por cuya razón nadie debe retirarse después de una ganancia sin indemnizar debidamente.
La moda inventa constantemente nuevos juegos de sociedad, y como cada juego tiene sus reglas, es necesario que antes de establecerlos en una reunión se anuncien y fijen dichas reglas para evitar las interpretaciones y discusiones.
[Ilustración]
[Ilustración]
Comedias de sociedad
La señora de la casa
La señora que intenta representar en su casa comedias de sociedad, ha de tener local adecuado; debe procurar que no se escojan obras inmorales; y dejará la elección de los papeles a las personas que tomen parte en la representación, reservando para sí el que nadie apetezca.
Los que aceptan papel
Una señora que no es joven, si se encarga de un papel, lo hace para complacer a la señora de la casa. Con este mismo fin tomará un caballero un papel difícil, no con el vano empeño de lucirse.
Una vez aceptado el papel, hay que estudiarlo bien, asistir a todos los ensayos y representarlo en conciencia. Sería una grosería devolverlo sin alegar una causa plenamente justificable.
Los espectadores
Los que asisten a una función de ese género, deben considerar que se trata de un ameno pasatiempo, y no deben exigir que el espectáculo sea presentado como en un teatro, ni menos ser tan lisonjeros para con los actores que puedan interpretarse como burla sus elogios.
[Ilustración]
[Ilustración]
Paseo
Horas y sitios de paseos a pie
Las horas de moda para pasear a pie son de tres a cinco en invierno y de cinco a siete en verano.
Las señoras escogerán los parques y demás paseos públicos con preferencia a las calles de mucho bullicio y gran gentío.
Compañía
Aunque es cosa corriente que salga sola a la calle una señora casada, se observa, no obstante, que las más, especialmente las jóvenes, suelen ir acompañadas de otra señora o de un niño, así por el placer de la compañía como para evitar las miradas que comúnmente se fijan en una señora que sale sola.
Una señorita no sale sino en compañía de alguna parienta, aya o camarera.
Saludos
En cuanto a los saludos entre personas amigas y conocidas, por la calle y el paseo, es privilegio de las señoras tomar la iniciativa haciendo una ligera reverencia, si bien el acto de saludar suele ser simultáneo.
Si el caballero conoce solo superficialmente a la señora que le saluda, contestará con deferencia, levantando muy poco el sombrero.
Si la conoce mucho lo levantará más, según el grado de franqueza y familiaridad, procurando siempre que el saludo no peque por demasiado atento o por sobrado frío.
Entre señoras poco conocidas saluda primeramente la de rango más elevado.
Una señora jamás toma la iniciativa para saludar a una persona que no le ha sido presentada, aunque la haya visto en varias ocasiones en casa de sus amigas.
En un paseo se saluda solo una vez a una persona, por más que se la vea en diferentes encuentros.
Los caballeros se saludan con una simple seña, sin levantar el sombrero sino para saludar a un personaje distinguido; pero si encuentran a un amigo acompañado de una o más señoras, en obsequio a estas, aunque les sean desconocidas, levantarán el sombrero.
Es costumbre que los caballeros, al encontrar en un paseo público a señoras conocidas, las acompañen un rato, sin ofrecerles el brazo a menos que estén enfermas o sean ancianas.
Horas de paseo en coche
La hora usual de pasear en coche es de cinco a siete en verano y de tres a cinco en invierno.
Etiqueta
Cuando una señora sale a paseo en su coche acompañada de amigas, suele darles la derecha, si son casadas, ocupando sitio en el vidrio, sin que esta colocación sea de rigor.
La dueña del carruaje es la última en apearse, a no ser que para comodidad o menos molestia de la compañía convenga que baje antes.
El sitio que hemos señalado en el coche como meramente voluntario para la señora, es obligatorio para el caballero, quien tiene además el deber de apearse antes que las señoras para ayudarlas a bajar, aunque luego tenga que volver a subir.
Si una señora va en su coche a buscar a otra para ir juntas a paseo u otro sitio, no tiene que apearse para que aquella suba primero.
Paseo a caballo
Un caballero que acompañe a una señora a caballo, ha de ir siempre a la derecha.
Escalera
Se empezará a subir la escalera con el pie derecho y a bajarla con el izquierdo; esta costumbre evita la incomodidad de ir chocando espalda con espalda las personas que suben y bajan a un tiempo.
[Ilustración]
[Ilustración]
Bautizos
Antes de hablar de los usos referentes a la ceremonia del bautizo, será oportuna alguna observación sobre la manera cómo debemos conducirnos en la iglesia.
En las ceremonias de familia, como bautizos, casamientos, etc., los trajes de cada cual pueden ser, según la posición y ateniéndose a las circunstancias, más o menos elegantes y vistosos; pero sería de mal gusto en días ordinarios, y aun en grandes festividades de la Iglesia, presentarse en ella con traje extremadamente llamativo por su color o forma, así como sería irrespetuoso presentarse con desaliño.
Sabido es que se ha de entrar en la iglesia con la compostura debida, sin hablar ni empujar bruscamente las sillas, produciendo barullo y confusión, absteniéndose de hacer cosa alguna que pueda ser molesta a los demás; pero esto, que es obligatorio en las iglesias del _propio_ culto, es de indispensable cortesía en todo sitio destinado a la oración, sea cual fuere el rito o religión a que pertenezca; pues en esta, como en todas las ocasiones de la vida, es de poca educación el herir los sentimientos religiosos de los demás, aun siendo estos completamente desconocidos, ni faltarles bajo ningún concepto, con pretexto de que son personas a quienes no se ha de ver más.
Designación de padrinos
Por lo menos un mes antes del alumbramiento hay que ofrecer el cargo de padrino y el de madrina a personas, no sobrado jóvenes, que profesen la misma religión que los padres.
El primer niño ha de ser apadrinado por la abuela materna y abuelo paterno; el segundo por la abuela paterna y abuelo materno, siendo reemplazados, en caso de ausencia, por los más próximos parientes.
No se ha de ofrecer tal cargo a personas extrañas a la familia, sin contar con la seguridad del consentimiento; no obstante, si el invitado rehusa, debe excusarse con mucha finura para no ofender a los que le pidieron ese obsequio.
Nombres del bautizado
Se ponen por lo menos tres nombres al bautizado, el primero a gusto de la madre, cuidando de que los nombres y apellidos no estén en disonancia con los del registro civil, a fin de evitar las graves dificultades que al recién nacido podrían originársele más tarde a causa de esto, en el trato social.
Regalos del padre
El padre regalará una caja de dulces a la persona que asistió a la madre, otra a la nodriza, etc., y además debe satisfacer los derechos de la iglesia y gastos de coche o coches. Sin embargo, en Castilla es el padrino el que satisface estos gastos.
Carruajes
Si hay un solo carruaje, van en él la nodriza o la comadrona con el niño, la madrina, el padrino y el padre.
Si hubiese varios, el primero conduce al padrino y a la madrina, que si es joven, va con su madre; el segundo a la comadrona o nodriza con el niño, y el tercero el padre con dos amigos.
Regalos de los padrinos
A la madre, si es rica, le regalan los padrinos una hermosa alhaja; si de posición desahogada, una pieza de vajilla de plata; si de modesta fortuna, un vestido o solamente una prenda de vestir.
El padrino regala una caja de dulces a la madrina, a cuya atención corresponde el marido de esta obsequiando al padrino con una comida o algún presente.
[Ilustración]
[Ilustración]
Defunciones
Velación
Una hermana de la Caridad, u otra persona amiga de la familia, vela con gran recogimiento el cadáver en el lecho mortuorio, junto al cual, sobre una mesa cubierta con un paño blanco, hay una pila de agua bendita y un crucifijo alumbrado por dos cirios.
Diligencias funerarias
La familia, sumida en el dolor y el retraimiento, no agencia por sí misma, sino que suele confiar a un amigo o comisionado el despacho de las siguientes diligencias funerarias:
1.º Declarar la defunción, su hora y el estado civil del finado ante el Juez municipal, el cual, oído el testimonio de dos parientes, amigos o vecinos que dan fe del fallecimiento, y vistas la certificación facultativa, la partida de bautismo, y acaso la del matrimonio del difunto, extenderá el acta de defunción, expresando con escrupulosa exactitud los nombres y apellidos, edad, estado, profesión y títulos, con la fecha y hora del fallecimiento; como también los nombres y apellidos de los padres, si la persona fenecida era soltera, o los del otro cónyuge si era casada.
2.º Señalar inmediatamente en la parroquia la hora y forma de la función religiosa en armonía con los deseos de la familia, que si bien no debe ser mezquina en el último obsequio que dedican al finado, ha de acomodarse a su fortuna; sin olvidar que las honras fúnebres sobrado lujosas, a veces revelan gran cariño, pero frecuentemente acusan vanidad.
3.º Mandar en seguida los anuncios a los periódicos o hacer imprimir esquelas para enviarlas a domicilio, indicando la hora del entierro, y pasar el correspondiente aviso a la administración de coches fúnebres.
4.º El fallecimiento de un alto funcionario o militar se notifica además a las autoridades.
Invitados
Los invitados se presentarán en la casa del difunto; un pariente recibirá en el salón a los caballeros, y una parienta en una sala a las señoras.
Cortejo fúnebre
Un amigo avisa a la familia cuando se pone en marcha el cortejo.
Van inmediatamente detrás del coche fúnebre los propios parientes del finado, y siguen los otros parientes, los amigos y demás convidados.
Irán a continuación de los coches de la familia los de los amigos y después los de alquiler.
Si va el coche del difunto, irá cerrado y enlutado inmediatamente después de la comitiva.
Los padres no asisten al entierro de sus hijos, ni un cónyuge al del otro cónyuge.
Los parientes cercanos y los criados de la casa asisten vestidos de luto.
Las señoras invitadas llevan luto o traje obscuro, y no van a la casa sino directamente al templo, desde el cual regresan a sus casas.
En el entierro de un alto personaje, el representante del jefe del Estado y las corporaciones van a la cabeza del cortejo, y el coche del jefe del Estado inmediatamente detrás del coche enlutado.
Cintas del féretro
Si el cadáver es de una niña, llevarán las cintas del féretro niñas con vestido y velo blancos; si de un niño, niños con traje negro y guantes blancos; si de un personaje distinguido, las personas más caracterizadas; si de un elevado militar, otros militares.
Emblemas
Sobre el ataúd de una niña se coloca corona de flores blancas; sobre el de un sacerdote su bonete; sobre el de un militar o alto dignatario, sus armas y condecoraciones; y en general, sobre el de un elevado personaje, los atributos que simbolizan su dignidad.
Al cementerio
Terminada la ceremonia religiosa, acompañan el cadáver al cementerio los próximos parientes y amigos del finado, utilizando los coches que siguen a la comitiva, los cuales les conducen después a sus casas.
Los restantes amigos e invitados pueden seguir a aquellos o despedirse, si lo prefieren.
Discursos
Si sobre la tumba se pronuncian discursos, deben ser panegíricos breves y autorizados por la familia.
Traslación del cadáver
Para enterrar lejos del punto del fallecimiento a un cadáver, se le coloca en un ataúd de plomo, revestido de otro de roble, y se pide a las autoridades el permiso de traslación.
Cuando se celebra el aniversario de la muerte de una persona, el día de la ceremonia es de duelo para la familia, y así toda reunión bulliciosa, o todo acto que produzca algún goce, es impropio, contrario a todo sentimiento de humanidad y un ultraje que se hace al difunto. Por lo mismo que en este día se renueva el dolor de la familia, es natural que algunos de sus parientes y amigos más inmediatos la visiten y la acompañen.
[Ilustración]
[Ilustración]
Luto
El último tercio del tiempo que señalaremos para luto, es el periodo de medio luto.
Medio luto
Por sobrinos se lleva únicamente medio luto por espacio de dos meses; por los tíos de los padres, dos; por primos hermanos, seis semanas, y por los demás primos la mitad.
Ninguno de estos lutos es riguroso, ni obliga, por tanto, a retirarse de la sociedad después que se haya celebrado el funeral.
Luto por tíos
Por los tíos se lleva luto tres meses, guardando retraimiento los quince días subsiguientes al funeral.
Ídem por hermanos
Por hermanos se lleva durante medio año con dos meses de retraimiento absoluto.
Ídem por abuelos
Los abuelos durante nueve meses, con dos de retraimiento.
Bisabuelos y nietos
Por bisabuelos y nietos, seis meses.
Ídem por padres o hijos
El periodo de luto de padres por hijos, y viceversa, ha de ser de un año: el retraimiento absoluto varía entre tres y seis meses, según las circunstancias especiales del individuo.
Luto de viudez
La viuda lleva luto por su marido dos años, viviendo durante el primero, o por lo menos durante los seis primeros meses, apartada de la sociedad.
Si volviese a casarse, lo cual no le es permitido antes de haber pasado diez meses de viudez, puede hacer visitas; mas sin recibirlas de cumplido durante las tres primeras semanas, ni dar reuniones hasta terminado el año de luto riguroso.
Los viudos, aunque llevan luto por sus esposas uno y medio año, o si quieren igual tiempo que las viudas, no han de tardar tanto en frecuentar la sociedad, ni tienen limitación alguna en cuanto a época de nuevo matrimonio.
Al fallecer uno de los cónyuges, que vivían separados legalmente, el que sobreviva tiene que guardar el luto en la misma forma prescrita en los tres párrafos anteriores.
La viuda o viudo que vuelven a casarse antes de terminar el periodo de luto, pueden dejarlo el día de la boda, volviendo a tomarlo al siguiente.
Luto de ambos cónyuges
Los esposos han de llevar luto de igual modo por los parientes de ambas partes.
Luto de heredero
El heredero de un difunto lleva en tal concepto luto por espacio de medio año.
Luto de criados
Únicamente por los cabezas de familia se viste de luto a los criados, así a los que usan librea como a los que no la llevan, y deben guardarlo tanto tiempo como sus señores.
Reanudación del trato social
Cuando una persona enlutada desea reanudar sus relaciones sociales, va a dejar tarjeta en casa de las personas que hayan ido a la suya a dejarla por ella.
Advertencias varias
Un alto personaje, así como el artista que ejerce su profesión ante una concurrencia, deben dejar transcurrir cuatro días antes de presentarse en público.
Mientras una persona guarda luto riguroso, no envía ni recibe felicitaciones, ni hace visitas de pésame, ni asiste a reuniones de recreo ni siquiera a misas de matrimonio o de entierro, a menos que se trate de una persona muy querida.
Las tarjetas, sobres y papel de cartas que usa la persona enlutada, deben tener orla negra.
Se admiten, no obstante, en un gran luto papel y sobre blanco con tal que vaya cerrado con lacre blanco o negro.
No se lleva luto por los menores de doce años o que no hayan llegado a la pubertad.
Cuando se asiste a un casamiento, aunque no haya parentesco, debe dejarse el luto para concurrir a aquella solemnidad.
[Ilustración]
[Ilustración]
Conclusión