Chapter 3
Yo también fui impedido como tú -Inés- de entrar al orbe de salones olorosos a pasado a togas y a birretes a cátedras altivas de exámenes borlados; a sostener el miedo de llorar por la distancia infinita de mi niñez cenzontle, rebelde al carcelero de la sonrisa usurera que traicionaba a los caídos entre bancarias cuentas y me quedé estatuario más al sur de mi norte donde vivo, atado al Tepeyac como mi pueblo, -mas consciente- entre seres desvencijados que no comprenden el lastre hecho de piedras de roídas cales derruidas y agua reseca -sin Tonanzin ni Nonantzin- en el desmadre de baratijas insolentes que creen que con futbol y lucha libre se han salvado de la muerte. Indiferencia cabizbaja con la vista a tanto engreído, boxeo ahogado entre polvos anclados por la sed de los antiguos lagos hechos millones de basuras en barateras manos y me defiendo.
-…pero no golpeo.-
Allá se fue… y aislado en mi tunal sin más islote me quedé frente a sus losas de misterios y pasiones encharcadas -Josefa de la fuente- apenas con los secos noctámbulos del santo oficio -viejas calles de Brasil y Venezuela- hechos fantasmas de mujeres quebradas, de hombres mutilados, pululantes nocturnos que quedaron enrejados y emparedados en las cárceles de fango de la inquisición psicópata y la antigua encarnación de mi hambre coyotesca
-Nezahualcóyotl fugitivo-
se quedó marcada en un amate anónimo, distante para siempre de mi padre. Allá se fue mi ensoñación despierta, -hasta allasote- me la robaron y ni la Asbaje intentaría llegar tan lejos como yo que nunca pude por el asco mudo de no ser ficción de sabio y me enrejé en mi convento libre.
Como piltrafas de siglos hechos ruinas construyeron con cementos y cristales nidos de soberbios -engreídos lame libros que se creen intelectuales- andrajos bañados por su tinta corrompida a cada pago del tunante en turno… para premiarlos.
Desvarío…
CINCO Y TREINTA…
Ardua es mi fatiga. No puedo dormir inmaculado como esta tierra que violan cada día los geópatas con sus pestes y sus virusidades de garrapatas.
Despojada de su encanto campesino, mi equis central, gambusina de los lagos, -a pesar de todos los inmundos microbios del poder- ha sabido resistir tantas ofensas a su cielo de cinema enamorado; tanto escupitajo a sus lagunas sin abrigo; tanto martirio a sus calles sin amparo; tanta piqueta a caserones testigos de amores descimbrados por la turba mercachifle que les borró los nichos fantasmales de sus paredes. Y sin sus árboles, vuelta un hollinero de ambiciosos, gallinero de políticos apócrifos, tosiendo cacareos promisorios de más jácaras derramadas por anuncios luminosos, fincados en ganancias de la pose más hipócrita que arzobispos persiguiendo diezmos atentos a los adornados con pingües migajas de sonrisas tesoreras de oro hueco, la plaza se atiborra de engañados.
Allá se fue… la casa de mi ayer y yo tan lejos me quedé inhóspito descentrado entre sus ejes agonistas, solo, siempre al centro de plazuelas vespertinas con mis músicos de tecla evangelista; bajo el canto de campanas voceadoras, entre coros de palomas y laureles con mis juegos de caminos en las anchas azoteas de mi cabeza.
Me quedé extraviado un endiablado domingo en los prados de mi zócalo, trunca ambición de un monumento síntesis de lo que nadie supo qué sería ni aun se sabe pero se sabe… espacio reservado a fetichistas que de cuando en cuando ladran para celebrar al nuevo santo erigido por la plancha.
Laberinto trillado de mis calles primeras -recién arrasadas en sus nombres por despóticos caprichos- pasea por mis ojos despiertos con sus urnas dedicadas a vestales librerías que allá por Argentina y Justo Sierra me envolvían de libros y de tangos; o por Cuba y sus Cavernas… removían los boleros que aún no sentía. Cursi diseño de mi filme interno divago: veintinueve la puerta y la escalera serpenteante de mi casa -Brasil la calle- y yo asomándome al génesis del mundo
-¡Qué fisgones cuatro años!-
Unos ciegos me querían raptar, pero yo jaloneando mi osadía a punta de mordidas y de gritos los esfumé del zaguán.
Desde entonces me he curado de cegueras.
Ya no creo… en nadie creo, por ahora.
A los seis Tacuba abierta a la nostalgia de la Hidalgo y sus libreros me envolvió hasta San Cosme y su poniente. Tlacopan con su árbol alegre -que no triste- me habló de los triunfos olvidados.
Mis oídos radiofónicos se vestían de capítulos: cuidado Margot dispara… mientras el Panzón Panseco con sus aires aristócratas sin vino y su Domitila liberada… pontificaba. Me resonaba Félix amargo alegre cínico vendiendo los enredos de lo absurdo mientras Se solicita criada o Corazón de piedra partían los hígados de costureras y otras lágrimas. -Las tragicómicas de las Kúkaras-
Chucho el roto vendía consolación de venganzas en una serie infinita de patente incontrolada.
…pero la sombra del otro.
Y me atosiga aquella orquesta pálida de retrógrados violines y su piano monolítico que me fastidiaba como misa de gallo al compás de un tal grillo del aire y sus mentiras waldisneanas, imitación falsificada de niños animales; yo prefería el teatro Margo, a donde escapaba, para escuchar los pujidos de lumpen mientras matriarcas simbólicas usufructuaban sus guiños masturbándoles la mente a los pachucos y machos que se pasaban de putos ante el gendarme del turno que los sorprendía.
Sueño despierto y sucumbo en las redes que cabalgan por mis sueños anarcas que me aprietan riendas para no dormir al alba.
A los nueve en encuentros revendidos planeaba con libreros mis lecturas, -Lagunilla- donde decir hallé un libro triturado de amarillo era triunfar sobre el vacío.
Caminando en esas calles escuché la primera hipocresía…
-¿No quieres que te quite lo niño?
En extraños cosquilleos a los doce veo los músculos amantes -paso a paso aventureros- buscando saciar sus apetitos con la muerte diaria reviviendo a cada orgasmo imaginado entre sus calles -Órgano- en sus suburbios -Vizcaínas- en sus rutas -Pajaritos- en sus cuadras -Rivero- en sus metros -Panamá- en su sueño envenenado -Cuauhtemótzin- que después nunca supieron cómo las tiraron entre el cáncer de los ejes -viejas paredes del arrabal que dejaron escapar los deliquios de las siluetas-
Por acaparar dinero, una tele hecha de goles y patrañas sensibleras rugía idiotismos con nombres abusivos y otros signos de mentiras cerveceras; cigarrillos con prodigios; jabón de eternidades; calzones eminentes para convulsivos sexos y alcohólicos deseos; grado cero de la historia esfumada en las veredas de mi niñez subconsciente que se iba… pero crecía.
CINCO CUARENTA Y CINCO…
No quiero más atar a nadie en mis corrales borregos nauseabundos vacas ajenas que lucen sus validos baladas mugidos mojados de moscas y nauseas afuera hundido en el minuto de la afrenta no creo no siento y qué importa despertar una vez más si conscientes pesadillas me desvelan…
-caleidoscopio fantoche-
Estallo sierpes para no caer en llantos como antaño.
Este solitario buscador de soles ya no busca. Ha aprendido a estar tan solo como todos los que nacen solitarios o todos los que mueren únicos aunque no quieran y que en el largo delinear de punta a punta origen y acabose de sus vidas, sólo pasaron indagando muecas que les descubriera la fugaz pareja que inasible fingiera ser eterna compañía de menos tiempo que una aurora hecha ocaso…
Entre la fama pregonada por espantos maniáticos de vastedades me acurruco en cualquier esquina de la hora; ya nadie reconoce las imágenes -mis imágenes- hechas de niebla y variedad de olvidos instintivo deshabito el palacio de lo insomne y con ladrillos de una estoica arcilla tapio las puertas de la esperanza y no hago muecas de lágrimas sino de bronce. Fundo mi corazón entre las rejas que lo humillaron y hecho de hielo tan solo me detengo en los espacios de antiguas bibliotecas -templos de mis orbitales marchas-
Hasta el silencio es insensible pero sintiendo más que nunca mis corazas dejo palabras a los azares de un nuevo sueño que de tan antiguo nadie sabe si aún existe -casi duermo- y el futuro que se hace en lo presente aunque después -en lacio parpadeo sucumbo- también ya nada sea sólo un suspiro que tensó la cuerda de una vihuela cósmica en su sonata verosímil pero in- con- clusa y quedó solo nota de su sinfonía dis per sa…
Amanece…
INSOMNIO QUINTO
ALTA NOCHE OTRA VEZ
y un golpe de sombras me despierta… qué enferma vocación de náufrago nocturno abre mi ojos y no deja que yo duerma.
¡Harto estoy de estos insomnios altaneros que devoran con sus fauces de arquetipos el pasatiempo de mi cuerpo!
Qué lento es este cielo corrugado que delira, trecho insolente, su esquirola garra de yeso. Transpiro la oquedad de sus humos en silencio y agobiado con el peso de su pase el piso donde caigo me renace de aciagos espectros y me mueve como vértigo insondable… incontrolable sin moverme. Mi cuerpo baila sus voraces nervios y no duerme… sucumbe en su desvelo diluyéndose en locos esqueletos descarnados que en el techo reverberan acumulándole insomnios con su voz en vela que me pierde en un transparente remolino acosador de mi conciencia y la alebresta.
Crezco como rascacielos al centro de escombros de pasados pánicos que ya se levanta sobre de los hornos donde se fundieron las llamas de cuerpos que no comprendieron sus cenizas y escucho los gritos oscos de las pesadillas agrias lapidando lumbres para atarme a rabiosas torturas, hondas de voceríos sucumbidos vanos en las calles anchas de mis urbes nítidas, donde sus hachas de ojeriza quisieron desgarrar el árbol vuelto parábola de mi designio, pero no pudieron.
Elevado a cielos los dejé en sus ganas de matar estrellas; de sellar calumnias; de sembrarme intrigas; de labrarme engaños de humillar mis fuerzas y gozar mi leña.
Enfermas lombrices de ambiciones reptan su peste azoradas sin más capitales que las propias deyecciones de su fosa y entre escupitajos de escorpiones codiciosos, como aterrados sapos ven secar sus lodos presuntuosos y se cuelgan burdos a suicidas ramas sin hallar los vuelos que los enaltezcan a infinitos cosmos límpidos.
Muda la razón se me desdobla en el burdo parloteo de mis almohadas -no me importa ya el silicio- y en el caos del silencio sus palabras otra vez me talan…
Mente obstinada -por qué no callas- me devoras de un dolor arrumbado en galerones carcomidos… donde una borrasca alucinada ya no aletea su plenitud de águila.
El terco pergamino de mi rostro se cobija sus páginas borradas por tintas desteñidas y con lumbre se refresca.
-Nadie vale la pena para la inmensidad-
Suspenso de un ayer que me condena a toda soledad en mi casa multitudinaria, discurren los compases de relojes -jaulas de sueños- despertando inmundicias en olvido que aceleran mis barrotes soberanos.
Hundidos en sus años de dominios horadan su triunfo disonante sobre mis despojos y aparecen sin dientes en olor de arrugas, sifilíticos, leprosos, diabéticos de la carroña, hechos microbios royéndose sus huesos succionándose sus propios mocos y sus pestes sin la altiva orgía con que celebraron su triunfo aleve… -todo muere- devorándose las colas hasta comer sus desechos y comprobar que la mentira hipócrita de sus cimientos enfermizos tan solo era la burda mascarada de sentirse palacio amurallado siendo piratas condenados a llorar su pierna rota, su mano inútil, su parche al frente
-¡Decrépitos!-
Un poco de alcohol me alivia la infecta rozadura de mis miembros inconquistados y los ayes de todas las patizas me paralizan al recuerdo de un ayer sin cicatrices.
-Amoroso tequila que suavizas las canciones-
Pasmado el video no hay avances ni retrasos, solo se queda en la memoria larga de los olvidos que se evaporan en cintas desvencijadas donde se conjura lo que nunca fue aunque haya sido. Sutil redada de archivos sin datos y sin fuentes.
Coartada inverosímil del enigma.
LAS CUATRO Y CUARTO…
Abro el no duermo con un sí que me despierta y me arranca las imágenes hambrientas erigidas en mis sueños escarbando las palabras que no saben más el cuento del mejor final a besos.
Aislado en mi rincón del mundo transcurren espirales las simientes de mis voces y en un arduo bostezo mis ensueños se burlan de mi lacia estatua tendida en el eterno laberinto de mi lecho que revuelvo y no encuentra el sosiego de otro cuerpo.
Erguido caigo en un segundo estéril doblegando con hielo mis inercias y hundido en el escollo de la noche me extingo sin soñar más fuegos.
Nocturnos abiertos mis ojos -trémulos- miran mi orgullo de rodillas besando la tierra hermafrodita que obnubila mis recuerdos de tanto desamor, si no veneno.
Se baña la virtud exhausta al correr por callejuelas mustias de tantos hoteles enredadas con que me viste mi ciudad bajo cielos meretrices de facciones beatas pululando sus olores rosas y en el descanso de su oferta de humos fuman con el vómito en la boca de curas con sabor a santos farsantes que levantan sus espadas fatuas para fundirse en el altar del huerto donde se mueve una caricia tibia entre deslices de condenas palpitantes sudando a gotas -cuenta gotas- los anuncios blancos que calmaron sus conquistas pálidas de niños.
Machacado de mí me recomienzan cautivo que no halló las llaves de sus prisiones y en su congoja de celda tildó recelos a su añoranza de ser un paso que se extendiera sobre los polvos de otras arenas…
-Los difuntos son buenos tipos-
Vuelto vestigio me reconcilio con mi antiguo cuerpo que agonizaba entre los microbios y tantas pestes que lo cercaron. Ahogado en veranos embusteros con mi aire imberbe, lineal de puntos, me voy haciendo la nueva página donde vislumbro los otros tiempos que me liberan de tantos almanaques muertos.
Fechas y números caducos -puñal de auroras- solo me enfrento a mi nacer -equidistante- sin las sombras que lo alumbraban de porquerías; sin las oscuras que delinearon su escoria viva; sin las holganzas resquebrajadas que clausuraron mi terco fuego.
Solo ante mí, frente a horizontes templados, herido de salud tan optimista, trascendiendo abatimientos; regenerado en ágoras sin atender a feligreses múltiples -politeístas desolados- corro el telón de mi obertura idéntica y deslizo los parlamentos nimios a otro proscenio de raíces neutras desde donde se ve tan diferente el teatro; sin más pociones del odio y la ponzoña; sin damiselas de tullidos camisones; sin más parodia de la vida y de la glorias, sin más blanduras del diván y de la larva. Caricatura erguida de los dioses, simulacros de los hombres en el sótano cóncavo de las iglesias, remedo soñoliento de las fábricas hundidas, bataholas extremas de los templos calcinados, concluyo mi enfermedad de cíclope y veo más allá con más de un ojo -altivo insomnio- lo que los miopes ínclitos esconden bajo su manto perentorio y arbitrario porque en tanta imitación de cristos solamente bufones se acreditan y en el hazme reír de su jolgorio paralizan las migajas que los juzgan y se agotan de mesones sin más ventas que altivos refectorios hechos tálamos donde duermen sus lujurias disfrazadas de conventos.
Curioso espectador de obscenidades -mirón sin vicios- me percibo en obsesiones de los otros que trajinan sus envidias míticas con el encanto de palabras sornas; proyectos de ferial acorralado por cadáveres menesterosos que de tanta fiesta podaron las escasas raíces de su tierra y la dejaron en la anchura mórbida de su indolencia.
Presto como un sol que sin embargo es lento y tarda doce locas agonías de nieblas para encontrar el día, así mi músculo entusiasta reconstruye sus células heridas y apóstatas mis venas aceleran su festín de sangre llena para nutrir mis brazos reos, mis manos pensionadas, mis dedos altaneros, mis pies contaminados y reparar mi poquedad insana.
Polvorientos los ayeres se han tendido en cementerios obstinados de ser siempres y la balada que tensaron en ritornelos infestados, sólo es parte de patrañas catequistas blandiendo evangelios traicionados; -oropel impertinente de carroñas-
Negación de negación me trasformo nuevo cosmos y de un salto inmortal me hago sinécdoque innovada. Escala prima de todos mis sueños en la incesante audacia de destruir los mitos.
LAS CUATRO Y TREINTA Y CINCO…
Ahora que hay silencio en cada esquina de mi cuarto y el hexaedro donde duermo está sellado, me resumo, me recuento, me revierto, me reinvento. extendido en el cansancio de mi insomnio, -tanto insomnio- que me alumbra, me vuelvo al sueño prepotente; que me revuelve… pero sereno.
Mi cuerpo se ha escapado del horóscopo vencido y no siente más las huellas de sus músculos rayados; se adormece. El bíceps femoral se me acalambra en un alta mar sin velas, los cuadríceps dormitan sus esfuerzos por ascender a cumbres y los gemelos se aprietan al insomnio de los pasos luengos que no pueden despertarme.
Vuelvo a soñar -decido- mi pectoral levantado, los dorsales exaltantes, los deltoides de curvas ondulantes, y abdominales de arado.
-El podio de lo humano está aguardando-
Un foco empolvecido me deslumbra con anécdotas brechtianas mis intentos de escenario y cocteles surrealistas retornan a animarme: El caballo elefante con sus alas de mosca. La duquesa del hielo que arde. El caballero que vuela sobre un diamante. El fantasma gótico de un ojo en la sábana. Estridentista durmiente colgado de algún andamio y de las urbes… -Ubres ciudades que nos alimentan- me pierdo como Androsio en cualquier lugar del metro y reaparezco satisfecho de nadie.
Inexactamente ahora ni sé la hora duermo anti poemas, pero no duermo.
-He pasado la vida haciendo cantos-
Me paseo jubilado en mi osamenta desvestida de microbios y liberto, al cabo de palabras, que me anidan, -largo aliento- recupero las esquirlas que quedaron huérfanas, cuando mis huesos derretidos en la tumba cavaban con oídos harapientos mi cuerpo inverso de ultraísta iluso.
Pasmosos silencios que mi voz ahogada destroza en el orgón dormido de mi tálamo estrujado.
Acaso duermo…
LAS CINCO Y CINCO…
-dónde comienza el sueño, dónde el desvelo-
Limpio como sol autoincendiado respiro en la humedad de mis subsuelos y la frescura de mi fuego nuevo me baña con su risa promisoria de cosechas.
La vida me transcurre su conducta soñolienta, mas mis ojos no se cierran y me une a muchedumbres del amor hecho creaciones; ruta insólita en que flotan al llevarme tras vacunas que prolonguen la alegría de saberme cotidiano con el cielo con el aire con la tierra con los mares con el fuego con la lluvia -creacionista- y las ramas me cantan en los árboles su armonía y me encantan con mutismos astillados las galaxias.
Difuso en este insomnio transparente navego por espacios sin horarios homogéneos el sur azul o el rojo oriente acaso el norte blanco sea mañana o tal vez el occidente anaranjado quien me lleve colibrí voluntarioso a trascender el centro de mi cruz en vela donde me ahonde o me eleve el ombligo galaxial que me remueva y al lado del sol -alado- mis alas recuperen la dicha -futurista- de sentirme colectivo -otra vez- sanado, solidario de anarquistas universos que sin tantos escándalos, ni videos tergiversados, avanzan fuertes a otro mundo sin microbios y sin pestes…
Redimidos…
-Creo que por fin duermo-
O solo estoy soñando que me sueño durmiente en un bosque de naufragios donde nunca llega quien me despierte.
Bésame sueño con tus labios boquiflojos y disuélveme… como un dadá.
EPÍLOGO DURMIENTE
A DESTIEMPO…
Ya no sé si duermo o sueño…
Siempre a destiempo la cita con mi vida era a las ocho y llegue a las ocho y media
-Me hicieron con amor apasionado y sobrio-
Grande suerte la mía; era el trece en algún martes de esos junios lloviznados.
Tláloc caía como llorando; siempre llorando desde su agosto cruel; otro trece, éste su muerte, el otro, mi vida, y Ehecatl bailaba -ohuaya el viento- limpiando hedores y basuridades…
El aire aún era transparente y la región lo idolatraba girando entre sus danzas.
Huehueteotl retenía su juventud atrincherada -abuela energía creadora- cargando su bracero eternal de fuego; primera voluntad del Teotl -aquél por el cual todos vivimos- Ipalnemohuani.
En las tierras de algodón tan alto que parece nubes Ixcateopan descubrí los vestigios de mi estirpe en el momuxtli encarnado de poesía.
Teopiltzin me abrió los caminos de la luz hacia mi encuentro… y limpiándome microbios invasores me deshizo de egoísmos y otras pestes.
Año de guerras era 1944 penurias y estallidos -ese entonces- donde los tristes hombres de Europa ahogaban de ambición su mundo vetusto, pedante, tonsurado y los renegados de cualquier parte, se engreían. prometiendo perpetuidades.
El tiempo derrumbado en sus emporios -alambiques destilando hieles- enterraba sus ancestros en escombros… sabor añejo, ya pergamino, algo esqueleto y al final polvo de aquellos cuerpos que se creyeron su sed de eternos, mas no pensaron ni sospecharon su carne terca, su piel tan fresca, sus piernas ávidas, sus labios húmedos, -músculo erguido- -o lubricado- que solo eran fugaz escena de su comedia icónica.
Y me discurre su pasado híspido poblado de ángeles y campanarios que ahumados tiemplan en los aleros donde en antaños revoloteaban mis fantasías hechas de asombros y entre las lágrimas que se secaron sin más lloronas -retumbo sordo de las arrugas- lagos sin barcas, hundidos remos, entre los óxidos hoy nos ahogan y nadie sabe si fue lo cierto o solamente un perenne ensueño -ventas de auroras- -precios nocturnos- -calles prostíbulas- que ha sucumbido tras remolinos de tanta copla donde tan solo quedó escurrida la espuma tenue de un vino esbelto…
Sereno homo sapiens sapiens al cabo, derecho, con el rostro aireado la mirada en reto y la frente en alto, con el sol me elevo y vuelvo a contemplar el universo que aún no ven los ciegos y escuchando más allá del trece de mis dos treces, oigo sinfonías secretas para los sordos que no quieren oír los altavoces…
Volante en mi plumaje de águila, nahual me desvanezco para volverme izquierdo colibrí velando mi arma y emancipado, desplazarme tan intenso que nadie sienta el movimiento de mis alas.
…y empiezo a soñar que estoy durmiendo.
Categoría:P1981 Categoría:Poemarios de Antonio Domínguez Hidalgo