Dafnis y Cloe; leyendas del antiguo Oriente (fragmentos)

Part 9

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IV. Los objetos suspendidos como ofrendas en la gruta de las Ninfas eran γαυλοὶ, καὶ αὐλοὶ πλάγιοι, καὶ σύριγγες, καὶ κάλαμοι. Courier traduce γαυλοὶ _seilles á traire le lait_; el latín, _mulctræ_. En castellano creo que bastaría _colodras_, que son vasijas de que se valen los pastores para ordeñar; pero, como el _Diccionario de la Academia_ supone que las tales colodras son de madera, y los γαυλοὶ ó _mulctræ_ tal vez serían de barro, he añadido tarros para que haya de todo. Αὐλοὶ πλάγιοι ha sido menester traducirlo también con gran libertad. En latín se llaman _tibiæ obliquæ_, trompetas oblícuas. Dicen que este instrumento fué inventado por Midas. Á lo que más se parece de los modernos es al bajón, al fagot y al pífano. Por esto pongo _pífanos_ en mi traducción.

V. _Y les habían hecho aprender las letras_; en griego, καὶ γράμματα ἐπαίδευον. Courier, por seguir á Amyot, pone _leur faisant apprendre les lettres_; pero censura esta traducción en una larga nota, suponiendo que implica un contrasentido, ó, por lo menos, que induce en error. Nosotros creemos que no hay tal error, y que, en vista del sentido todo, no da tampoco lugar á anfibología. _Aprender las letras_ no es más que aprender las letras, y no aprender literatura. Dice Courier que Longo quiso decir que Dafnis y Cloe aprendieron á leer y á escribir. Yo creo que no quiso decir sino lo que dijo, que aprendieron las letras, que aprendieron á deletrear, y que tal vez ni escribían ni leían de corrido.

VI. _Y se esmeraba hasta la noche en tocar la zampoña._ La voz griega σύριγξ significa un instrumento inventado por Pan y compuesto de varios cañutos desiguales, unidos entre sí. El P. Baltasar de Vitoria, gran autoridad en esta materia, dice en su _Teatro de los dioses_, que este instrumento se llama en castellano _zampoña_ ó _albogue_. Yo pongo zampoña unas veces, y otras veces flauta, porque el uso ha hecho que se hable más, aunque menos exactamente, de la flauta de Pan que de la zampoña de Pan.

VII. _...logró subir el caído._ Desde este punto hasta donde dice: _¿qué me hizo el beso de Cloe?_, todo falta en la traducción de Amyot. En el original de la edición bipontina hay un pedazo más, hasta donde dice: _y yendo con Cloe á la gruta de las Ninfas, le dió á guardar la tuniquilla y el zurrón_. Había, de todos modos, una gran laguna, que después se ha llenado, en vista del manuscrito de Florencia, donde el texto está completo.

VIII. _Quisiera ser su flauta para que infundiese en mí su aliento._ P. L. Courier traduce: _Ah!, que ne suis-je sa flûte pour toucher ses lèvres_. Dice el original: εἴθε αὐτοῦ σύριγξ ἐγενόμην, ἵν’ ἐμπνέη μοι. Claro está que no se habla de los labios, sino del aliento ó soplo. Supone Courier que esto está tomado de la antigua copla siguiente:

Εἴθε λύρα καλὴ γενοίμην ἐλεφαντίνη, Καί με καλοὶ παῖδες φέροιεν Διονύσιον ἐς χορὸν. Εἴθ’ ἄπυρον καλὸν γενοίμην μέγα χρυσίον, Καί με καλὴ γυνὴ φοροίη καθαρὸν θεμένη νοόν.

La copla es muy bonita, pero el decir de Cloe puede ser coincidencia, y no imitación. Es fácil coincidir en lo natural. Una oda de Anacreonte encierra el mismo pensamiento, diciendo en la traducción de Castillo y Ayensa, si no me es infiel la memoria:

Quisiera ser la cinta Que pende de tu cuello; Quisiera ser la joya Adorno de tu pecho; Quisiera ser el agua Con que lavas tu cuerpo; Y fuera la sandalia Que ciñe tu pie bello; Que por tu planta hollado, Viviera yo contento.

De seguro que los rústicos andaluces no leen á Anacreonte, y uno de ellos compuso, sin duda, aquella graciosa á par que apasionada copla de seguidillas, que dice:

¡Ay, quién fuera la cinta De tu zapato!...

Y no ponemos los otros dos versos por demasiado expresivos; pero buenas ganas se nos pasan de poner los, porque vencen á los de Anacreonte, á los del otro poeta griego y á la prosa de Longo.

IX. _La piel de un cervatillo, esmaltada de lunares blancos, para que la llevase en los hombros, cual suelen las bacantes._ En el original hay estas dos palabras: νεβρίδα βακχικήν, para cuya traducción ha sido menester emplear todas éstas: _la piel de un cervatillo para que la llevase en los hombros, cual suelen las bacantes_.

X. _Soy blanco como la leche y rubio como la mies, cuando la siegan._ Añade Courier, entre estos elogios que Dorcón se tributa á sí mismo: _frais comme la feuillée au printemps_, lo cual no está en el texto.

XI. _...y de sus ojos, que los tenía grandes y dulces como las becerras._ La comparación, en son de elogio, de los ojos de las muchachas con los ojos de los bueyes, vacas ó becerras, es muy frecuente en los autores griegos; hasta hay los epítetos de βοώπης y βοόγληνος, para designar á quien tiene ojos grandes y hermosos.

XII. _...y tenía pálido el rostro como agostada hierba._ Son las palabras de Safo: χλωροτέρα πόας ἐμμί.

XIII. _...y el hocico le tapaba la cabeza, como casco de guerrero_: καὶ τοῦ στόματος τὸ χάσμα σκέπειν τὴν κεφαλήν, ὥσπερ ἀνδρὸς ὁπλίτου κράνος. Algunos guerreros, y singularmente los abanderados, según se ve en la Columna Trajana, llevaban el casco, _galea_, cubierto con la piel de la cabeza de una fiera, que conservaba la forma de cabeza, de suerte que el rostro del soldado parecía asomar por entre los dientes de la fiera.

XIV. _...llenaba una gran taza de vino y de leche._ De esta mezcla resultaba una bebida llamada οἰνόγαλα, que se toma aún, según dice Courier, en Levante y en Calabria.

XV. _Se ponía á cantar de Pan y de Pitis._ Pan fué un dios tan enamorado como poco dichoso en sus amores. Siringa, Eco, la Luna y otras diosas y ninfas le desdeñaron. Pitis, por el contrario, le amó, y desdeñó por él á Bóreas, quien, enojado y celoso, la arrebató en sus alas, y la mató arrojándola contra las rocas. La Tierra, compadecida, la transformó en árbol: πίτυς, femenino en griego, _el pino_.

XVI. _...y dice que busca los becerros huídos._ Esta fábula ó conseja, que, el autor califica de θρυλλούμενα, cosa sabidísima ó divulgada, no se halla en ningún mitólogo de los que yo conozco. Φάττα, la paloma torcaz, no es nombre de ninguna ninfa, como lo es el nombre de la otra paloma, περιστερά. Esta ninfa, Peristera, ayudó á Venus, que competía con Amor en coger flores. Venus triunfó así de Amor. Éste, enojado, convirtió en paloma á la ninfa. Venus la puso en su carro triunfal.

XVII. _...hay muchos estrechos de mar que hasta hoy se llaman pasos de bueyes._ En griego βοοσπόροι, de donde Bósforo.

XVIII. _No soy niño, aunque parezco niño, sino más viejo que Saturno. Yo soy anterior al tiempo todo._ Este discurso de Filetas es quizá lo más bello que hay en la obra de Longo, no tanto por lo que dice de Amor, dicho ya por muchos autores, sino por la graciosa sencillez de estilo con que la aparición de Amor en el huerto y todo lo demás está contado. Como en la religión de los griegos no hubo dogmas fijos, cada poeta contaba los hechos á su manera, resultando de aquí mucha variedad de fábulas sobre una misma persona divina, sobre todo cuando esta persona tenían más de alegórico que otras, como sucede con Amor. Empezando por su mismo origen, hay gran discrepancia. Así es que unos, los más, hicieron á Amor hijo de Venus y de Marte; otros, como Platón, le dieron por padres á Poro y á Penia, esto es, al dios de la abundancia y á la diosa de la pobreza; otros quieren que Amor naciese de Júpiter, y otros, que naciese antes que todo, no comprendiendo que nadie pudiera nacer sin Amor y antes de Amor, á no ser el Caos y la Tierra ó el Eter y la Noche. Claro está que, para éstos, Amor es el fuego, la luz, la actividad, el prurito, la voluntad primera que crea el ser, la vida y el universo todo. Después de muchos siglos, Schopenhauer ha venido á parar en la misma doctrina. Todo cuanto es, según este filósofo, se reduce á apariciones y formas en que _Der Wille_, la Voluntad ó el Amor, se revela y hace visible. Las criaturas son _objetivaciones de Amor_. Der Wille es, pues, el principio real del Universo y el principio ideal ó metafísico, y la solución del problema cosmológico. Doctrina parecida es la de Longo cuando hace decir á Amor que es anterior al tiempo todo. Esta idea del Amor, como fuerza demiúrgica, está expresada en la Teogonía de Hesiodo, diciendo:

Ἤτοι μὲν πρώτιστα Χάος γένετ’, αὐτὰρ ἔπειτα Γαῖ’ εὐρύστερνος, πάντων ἕδος ἀσφαλὲς αἰεὶ Ἀθανάτων οἳ ἔχουσι κάρη νιφόεντος Ὀλύμπου, Τάρταρα τ’ ἠερόεντα μυχῷ χθονὸς εὐρυοδείης, Ἠδ’ Ἔρος, ὃς κάλλιστος, κ. τ. λ.

Lo cual coincide con la cosmogonía de los fenicios, que se lee en un fragmento de Sancuniathon, y dice: «Fueron principio de este universo un aire tenebroso y sutil y el caos confuso y envuelto en obscuridad, á los cuales, en tiempo infinito y que no se puede determinar, encendió un soplo de Amor, mezclándolos, y de esta mezcla nació el deseo, fuente de la creación toda.» Aristófanes, en su comedia _Las Aves_, donde éstas cantan en coro el origen del mundo, expone doctrina semejante: «Eran primero el Caos, dice, y la Noche, y el negro Erebo, y el extenso Tártaro. No había tierra, ni aire, ni cielo. Pero en el seno infinito del Erebo, la Noche, dotada de alas negras, puso un huevo, del cual, agitado é incubado por las Horas, brotó el Amor, lleno de deseos.» De aquí nació todo. Antes de Amor no hubo ni dioses.

Πρότερον δ’ οὐκ ἦν γένος ἀθανάτων, πρὶν Ἔρως ξυνέμιξεν ἅπαντα.

Esta idea de poner á Amor antes que todo y como creador de todo inspira hasta á los poetas cristianos. Milton, en vez de Amor, pone sobre el Caos al Espíritu Santo, á manera de paloma, incubándole y fecundándole.

_...with mighty wings outspread_ _Dove-like sat’st brooding on the vast abyss,_ _and mad’st it pregnant._

XIX. _Tanto puede (Amor) que Júpiter no puede más._ Todo este segundo discurso de Filetas, dice Courier que está tomado de Platón. Yo entiendo que de Platón y de muchos otros autores, esto es, que poco ó nada es nuevo ó era nuevo entonces, salvo el sentir propio del autor, y su expresión y estilo, lleno de candor y de gracia. Se citan unos versos de Menandro, en que pone el poder de Amor por cima del de Júpiter. Pero, ¿de qué poeta no podrá citarse sentencia parecida? Ya Homero, en su himno á Afrodita, dice que todas las divinidades están sujetas á su imperio, salvo tres, que son Minerva, Diana y Vesta.

Estos encarecimientos del poder de Amor no cesan con los autores cristianos, confundiéndole tal vez para ello con una de las personas divinas. Así dice San Bernardo que _Amor triunfa de Dios_; y nuestro Padre Fonseca pone, entre mil otras alabanzas, que «Amor entróse por esos cielos, y cogiendo á Dios, no flaco, sino fuerte; no en el trono de la Cruz, sino en el de su majestad y gloria, luchó con él hasta bajarle del cielo y hasta quitarle la vida.»

Las victorias de Amor son, pues, extraordinarias y no tienen cuento. Por eso, los espartanos, creyéndole más belicoso que á Marte, se encomendaban á él y le hacían sacrificios siempre que tenían que reñir alguna brava batalla.

Fué creído, además, desde muy antiguo, inspirador de todas las acciones generosas y de virtud, y se tuvo por cierto, con prefiguración profética, aunque confusa, de los más altos misterios, que el Dios supremo le envía á la tierra para que salve á los hombres. Ya Esopo habla bellamente de esto en su fábula de Júpiter y Amor, dando cuenta de que «cuando Júpiter crió á los hombres, dióles todas las prendas que los adornan ahora; pero aún no moraba Amor en las almas de ellos, porque este dios, que tiene alas tan sublimes, no bajaba nunca del cielo, y sólo hería con sus flechas á los dioses. Temeroso Júpiter, no obstante, de que se perdiera la más hermosa de sus criaturas, envió á Amor á la tierra para que fuese custodio del género humano. Amor obedeció el mandato de Júpiter, pero no consideró que le estuviese bien morar en todas las almas y elegir por templo suyo lo mismo las profanas que las iniciadas y buenas, por lo cual distribuyó el rebaño de las almas comunes entre los Amores plebeyos, hijos de las Ninfas, y él se fué á vivir dentro de las almas celestes y divinas, y embriagándolas con delirio amoroso, produjo infinitos bienes para todos los hombres.»

XX. _El mismo dios Pan... como más avezado que nosotras á los negocios de la guerra, por haber ya militado en muchas..._ Aún se conserva en nuestros idiomas modernos el epíteto de _pánico_, dado al terror cuando es muy grande. Pan auxilió mucho á Júpiter en las guerras que tuvo, encadenando á Tifeo ó envolviéndole en una red; si bien otros dicen que le asustó, dando un grito espantoso. En otras guerras ocurridas en este bajo mundo, auxilió á sus devotos, como, por ejemplo, á los griegos contra los galos, mandados por Breno.

XXI. _...se puso á contar la fábula de Siringa..._ Esta transformación de Siringa en flauta, y los amores de Pan, que la originaron, sucedieron en Arcadia, á orillas del río Ladón, según refiere Ovidio en sus _Transformaciones_, donde dice que la Ninfa iba huyendo de Pan:

_Donec arenosi placidum Ladonis ad amnem_ _Venerat; hic illam, cursum impedientibus undis_ _Ut se mutarent, liquidas orasse sorores:_ _Panaque cum prensam sibi jam Siringa putaret,_ _Corpore pro Nymphæ calamos tenuisse palustres;_ _Dumque ibi suspirat, motos in arundine ventos_ _Effecisse sonum tenuem, similemque quærenti,_ _Arte nova: vocisque deum dulcedine captum,_ _Hoc mihi colloquium tecum dixisse manebit,_ _Atque ita disparibus calamis compagine ceræ_ _Inter se junctis nomen mansisse puellæ._

XXII. _Llegó el invierno, para Dafnis y Cloe más que la guerra crudo._ Sin duda convenía al autor, para su sencillo argumento, que el invierno fuese muy rigoroso, ó tal vez quiso lucir su retórica pintándole, pues es evidente que, ni en nuestro siglo, ni en la época de la acción de la novela, hubo de hacer jamás tanto frío ni de caer tanta nieve en la isla de Lesbos.

XXIII. _¡Salud!_, _¡oh, hijo mío!_ Χαῖρε, ὦ παῖ, dice el original. He preferido decir, _¡salud!, ¡oh, hijo mío!_, al modo más natural de saludar ahora, diciendo _Dios te guarde_, porque este modo parece anacrónico é impropio de gentiles.

XXIV. _...comieron coronados de hiedra._ Parece que un gentil muchacho, llamado Cisso, gran bailarín y valido de Baco, bailando un día delante del dios, para divertir sus ocios, se cayó en un hoyo y se convirtió en hiedra, planta que fué consagrada á dicho dios, el cual gustaba de coronarse con ella. También para los poetas se tejían de ella coronas:

_Pastores hedera crescentem ornate poetam._

dice Virgilio. La hiedra, sobre todo, era para coronar á los poetas dramáticos, por ser el teatro propio de Baco. Por eso Menandro pide á los dioses ser siempre coronado de hiedra ática:

Τὸν Ἀττικὸν αἰεὶ στέφεσθαι κισσόν.

En las bacanales se coronaban asimismo de hiedra los que las celebraban. Así es que el gobernador que puso Antíoco en Jerusalén, queriendo hacer gentiles á los judíos, les mandaba que fuesen por las calles coronados de hiedra cuando se celebraba la fiesta de aquel dios, como se cuenta en el libro II, capítulo VI, de los Macabeos: _et cum Liberi sacra celebrarentur, cogebantur heredà coronati Libero circuire_.

XXV...._hallaron narcisos, violetas, corregüelas_ y _otras vernales primicias_. El texto griego dice ἀναγαλλίς, que hemos traducido por _corregüela_. Las anagalídeas son un género de la familia de las primuláceas, en el que se contienen muchas especies como los _murajes_. Courier traduce _muguet_, que viene á ser en español _lirio de los valles_; pero tal vez puso _muguet_ sólo porque el vocablo es bonito y también el objeto que expresa. Quiera significar lo que quiera la tal flor Anagalis, al tratar de traducirla al castellano, un amigo mío me ha recordado á una Ninfa Anagalis, de quien nada leí jamás en ningún libro, ni en Polidorio Virgilio; pero que, según afirma Juan de la Cueva, en su extraño poema de _Los inventores de las cosas_, fué la que inventó el juego de pelota. El erudito poeta dice:

Del juego tan común de la pelota Anagalis, muchacha, fué inventora: Que se llame Astragalis quieren otros.

XXVI. _...expresando poco á poco el nombre de Itis._ Este Itis fué hijo de Tereo, rey de Tracia. Progne, mujer de Tereo, mató á su hijo Itis, y se le dió á comer á su propio padre. Filomena, hermana de Progne y tía de Itis, fué convertida en ruiseñor; Progne, en golondrina; en gavilán, Tereo, y en faisán, Itis.

XXVII. _Por el reposo casero y holganza del invierno estaba rijoso y lucio, y con el beso se emberrenchinaba y con el brazo se alborotaba._ Para descargo de mi conciencia de haber traducido con sobrada energía y desenvoltura, diré que Dafnis, con el reposo y holganza, ἐνηβήσας, de ἐνηβάω, _pubesco_, _juveniliter lascivio_: con el beso ὤργα, de ὀργάω, _succo turgeo_, _venerea cupiditate flagro_; y con el abrazo ἐσκιτάλιζε, de σκιταλίζω, _salax sum_. Lo mismo digo de otros pasajes, donde siempre he atenuado el brío y suavizado la crudeza del texto.

XXVIII. _Cromis, sujeto ya de edad madura, quien había traído de la ciudad á una mujercita_, etc. Debe entenderse que esta mujercita no era la mujer propia, la esposa de Cromis, sino una cortesana mantenida por él. Su mismo nombre Lycenia, de Αὔκαινα, _loba_, parece ya indicarlo, y hasta la circunstancia de venir siempre dicho nombre en diminutivo en el texto griego. En el teatro de aquel pueblo apenas había comedia en que no hiciesen papel las cortesanas ó _heteras_, á veces vilipendiadas cruelmente por los poetas, á veces también ensalzadas de discretas, amables, generosas y hasta virtuosas. Y esto no ha de extrañarse, porque las cortesanas de entonces representaban la inteligencia y la cultura de la parte femenina, y alcanzaban gran poder y valimiento. Algunas se casaban con los mismos reyes. Targalia de Mileto se casó con un rey de Tesalia, y Tais con un Ptolomeo. Duró esto hasta muy tarde, hasta época ya en que estaba muy difundido el Cristianismo. La mujer de Justiniano, la célebre emperatriz Teodora, había sido una cortesana de las más disolutas. Fué, además, tan desaforada comedianta, que las cosas que hacía en público teatro no hay quien se atreva á explicarlas en ningún idioma moderno, sino que se toman de Procopio y se ponen como nota, en griego, en las historias que de ello tratan. El mismo Gibbon lo deja sin traducir. Imitémosle.

No ha de extrañarse, pues, que en la edad clásica y gentílica las cortesanas tuviesen grande influjo, y fuesen amigas respetadas de los hombres más eminentes: así Aspasia, de Pericles; Arqueanasa, de Platón; Herpilis, de Aristóteles, y Glicera, de Menandro. Alcifrón puso en cartas muchos rasgos brillantes de las cortesanas, y Machón escribió un poema de los dichos discretos y agudos de estas mujeres.

Una de las más ilustres, por su talento, discreción y afecto á sus compatriotas, fué Rodopis, alma de la colonia griega de Egipto en tiempo del rey Amasis. El célebre egiptólogo y novelista Jorge Ebers, en su novela _La hija de Faraón_, hace de esta Rodopis la principal heroína, después de la misma hija del rey de Egipto que casó con Cambises, y de la princesa Atosa, hija de Ciro, mujer de Darío y madre de Jerjes. Claro está que Lycenia no era una hetera de primer orden, sino modesta y de pocas campanillas, como un pobre labrador de Lesbos podía costearla.

XXIX. _...habiéndose cerciorado ella de que todo estaba alerta y en su punto..._ Creo haber traducido del modo más púdico posible el texto, μαθοῦσα ἐνεργεῖν δυνάμενον καὶ σφριγῶντα, que interpreta así la versión latina: _ipsa jam edocta eum ad patrandum non solum fortem esse, verum etiam libidine turgere_...

XXX. _...Luego sacó del zurrón pan de higos..._ Para que no se entienda que este _pan de higos_ está inventado por mí por la afición que yo tengo á las cosas andaluzas, diré que παλάθη no significa más que pan de higos; _massa caricana_, dice la versión latina, esto es, masa hecha con el higo de Caria, que se llamaba _carica_. P. L. Courier traduce, no sé por qué, _raisin sec_. De seguro que no había comido él, como yo, el delicioso pan de higos que se hace en Málaga.

XXXI. Los mitólogos varían mucho al referir esta historia de Eco. Fíngenla los más hija del Aire y de la Tierra. Juno dicen que la castigó obligándola á repetir las últimas sílabas de las palabras que oyese. Otros, que desdeñada de Narciso, á quien amaba, se convirtió en peñasco. Ovidio, en las _Transformaciones_, cuenta que su mal pagado amor la secó de suerte y la consumió hasta tal punto, que se quedó en los huesos y en la voz:

_Vox manet: ossa fuerunt lapide traxisse figuram_ _Inde latet sylvis nulloque in monte videtur,_ _Omnibus auditur: sonus est qui vivit in illa._

La fábula de Longo es, pues, diversa, y su principal gracia consiste en un equívoco intraducible; porque μέλος, en griego, significa _miembro_, y también _verso_, _medida_, de donde la palabra _melodía_. Así es que los pastores esparcieron por toda la tierra τὰ μέλη, las canciones, las melodías de la Ninfa, lo cual está traducido en latín _cantabunda membra_, y por Courier, á quien en esto seguimos, _sus miembros_, _llenos de harmonía_.

XXXII. _Esta manzana ¡oh, vírgen! es creación de las Horas divinas._ El texto dice Ὦ παρθένε, τοῦτο τὸ μῆλον ἔφυσαν Ὧραι καλαί: el latín, _Mea virgo, hoc pomum quod vides, anni ætates pulchræ pepererunt_. _Cette pomme Chloe, ma mie, les beaux jours, d’été l’ont fait naître_, traduce Courier. Yo he preferido dejar á las Horas, á las diosas, hijas de Júpiter y de Temis, que dirigen y gobiernan las estaciones y cuidan del carro del Sol, como creadoras de la manzana. No lo disputo, aunque creo que esto es más poético que decir llanamente que con el verano se crió la manzana; pero entiendo que soy más fiel traductor. Tal vez se dirá que no es gran encarecimiento de alabanza el decir que una manzana es creación de las Horas. Lo mismo crean las Horas las manzanas gruesas y hermosas que las feas y ruines. Esto es verdad, considerado pedestremente; pero cuando esto de que la manzana es creación de las Horas se dice con entusiasmo, vale tanto como decir que las Horas pusieron en crearla singular esmero. Semejante censura he oído hacer, por ejemplo, de aquellos versos de Zorrilla en elogio de Granada.

Salve ¡oh, ciudad! en donde el alba nace, Y donde el sol poniente se reclina; Donde la niebla en perlas se deshace, Y las perlas en plata cristalina.

En todas las ciudades nace el alba, se pone el sol, se deshace la niebla y corre el agua: no cabe duda; pero Zorrilla da á entender que en Granada ocurre todo ello de una manera eminente, ejemplar y soberana, como si la aurora no quisiera nacer sino para alumbrar á Granada, y el sol no quisiera reclinarse más que en el seno ó á la espalda de sus montes.

XXXII. _Semele, pariendo; Ariadna, dormida_, etc. Aquí pone el autor en breves palabras los principales casos de la vida de Baco. _Semele pariendo_, no es la común opinión, pues refieren los más, de cuantos han tratado este asunto, que Semele, hija de Cadmo, que tenía amores con Júpiter, deseó ver al Dios en toda su gloria, y al verle, ardió en el resplandor que de sí lanzaba. Ya muerta, sacó Júpiter á la criatura que tenía ella en su seno, y acabó de criarla, hasta que se cumplieron los nueve meses, guardándosela en un muslo. Cuentan otros, no obstante, que Semele dió á luz á Baco naturalmente y á su tiempo, y á éstos sigue Longo. Repetimos, con todo, que la general opinión es la del doble nacimiento de Baco. Luciano le ha celebrado en un diálogo burlesco, y el dios ha llevado nombres que recuerdan este nacimiento doble. Así se ha llamado _bimatre dithyrambo_, de παρὰ τὸ δύο θύρας βῆναι, salir por dos puertas, y Eirafiote, cosido en el muslo.