Cumbre Mundial sobre Desarrollo Social

Chapter 16

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El mensaje de esta Cumbre Mundial sobre Desarrollo Social debería ser inequívoco. Hoy día la comunidad internacional se está pronunciando claramente en contra de la injusticia social, la marginalización y la pobreza en el mundo. De manera que, ahora que celebramos el cincuentenario de la Organización, deberíamos hacernos algunas serias preguntas acerca de nuestra propia trayectoria. Deberíamos preguntarnos cuán en serio nos hemos tomado los compromisos establecidos en la Carta. ¿Podemos decir que hemos cumplido el compromiso solemne, adquirido hace 50 años en San Francisco, de promover "el adelanto económico y social de todos los pueblos"? La economía mundial de hoy afecta a todos. Sabemos que no todos sus efectos son positivos. Debilita los tradicionales vínculos de solidaridad entre las personas; ha dejado al margen a países y regiones enteras; la diferencia entre ricos y pobres se está haciendo más pronunciada. De manera que la tarea que hoy tenemos ante nosotros es nada más y nada menos que la de reconsiderar el concepto de responsabilidad social colectiva. Se requiere un nuevo contrato social, a nivel mundial, para dar esperanza a los Estados y las naciones, a los hombres y mujeres de todo el mundo. Ese debería ser el foco de atención de esta Cumbre Mundial. Así es como creo que debería interpretarse su labor. Cuando en 1992 la Asamblea General tomó la iniciativa de convocar esta Cumbre Mundial, tenía por objetivo hacer del desarrollo social una prioridad importante de la comunidad internacional. El programa de esta reunión en la Cumbre recoge fielmente esa intención. Discutiremos la forma de llevar adelante la lucha contra la pobreza; la forma de combatir la marginalización y la desintegración sociales; la forma de crear empleo productivo; y la forma de despertar una nueva conciencia acerca de la responsabilidad social a nivel internacional. De esas preocupaciones se desprende claramente que esta Cumbre Mundial de Copenhague es parte de un proceso. Es parte del proceso de reflexión profunda y de debate en que se ha embarcado la comunidad internacional, acerca de sí misma y de su futuro, y acerca del papel de cada ser humano. Como parte de este replanteamiento colectivo, la comunidad internacional ha reflexionado bastante acerca de la posición del ser humano tomado individualmente. En Río examinamos la relación entre el ser humano y el medio ambiente. En Viena nos ocupamos del ser humano como portador de derechos. La persona humana como ser colectivo fue el tema de la Conferencia sobre Población de El Cairo. Una vez más, la persona humana, esta vez en relación con la situación y los derechos de la mujer, nos reunirá en septiembre en Beijing. El concepto de desarrollo social confiere coherencia y perspectiva a todo el proceso de reflexión a que ha estado abocada la comunidad internacional. El desarrollo social determina que sólo dentro de un orden social basado en la justicia puede cada ser humano realizar plenamente sus posibilidades. El desarrollo social dictamina, asimismo, que el verdadero progreso económico es imposible sin el progreso en la esfera social. El desarrollo social es también la respuesta política, y digo política en el sentido más amplio de la palabra, de la comunidad internacional a la sociedad global en que vivimos. Esa es la razón por la que considero que parte de la tarea de las Naciones Unidas consiste en tratar de dar esa respuesta, a partir de ahora. Indudablemente, nadie tiene una respuesta o un modelo ya preparados. Pero podemos definir lo que yo llamaría "objetivos prioritarios", que son básicamente tres:

Suministro de protección social para el individuo;

Asistencia a la integración social;

Mantenimiento de la paz social.

Es sobre esos tres objetivos prioritarios que querría reflexionar algunos instantes ante ustedes. La protección social del individuo es la finalidad última de nuestra Conferencia. Me parece importante que, en el preciso momento en que nos aprestamos a comenzar nuestros trabajos, no perdamos de vista el vínculo indisoluble que existe entre el fomento del desarrollo social y la protección de los derechos humanos. Desde 1948, la dimensión social de los derechos humanos está expresamente establecida en la Declaración Universal. Esa dimensión fue reafirmada todavía más en los Pactos de 1966, especialmente en el Pacto de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, cuya importancia deseo recordar. Es en este contexto que nació, algunos años más tarde, la noción fundamental del derecho al desarrollo. Es en nombre de este concepto y de los valores en que se funda que tenemos hoy día la obligación imperiosa de abordar la miseria del mundo. En efecto, es necesario recordar que actualmente 1.300 millones de personas viven en un estado de pobreza absoluta. Hay que recordar también que 1.500 millones de personas no tienen acceso a la atención más elemental de la salud. Sabemos además que las primeras víctimas de la pobreza son las mujeres, pues ellas representan más del 70% de los desheredados de la Tierra. Cabe destacar también que, si bien las desigualdades sociales se deben combatir en todo el planeta, los problemas no se plantean con la misma gravedad ni con la misma amplitud en todas las regiones del mundo. Sólo si tenemos constantemente presentes esas realidades del mundo podremos verdaderamente ser, aquí en Copenhague, los portavoces de todos aquellos que exigen más justicia social, y los protagonistas de una nueva política social a escala mundial. El segundo objetivo prioritario que deseo proponer consiste en favorecer la integración social. Ello es tanto más necesario cuanto que, en todas partes del mundo, se presentan inquietantes situaciones de exclusión y marginalización. En consecuencia, luchar por la integración social significa en primer lugar denunciar el egoísmo y la indiferencia. Significa también luchar contra todos los tipos de discriminación que reinan en el planeta, cualesquiera que sean sus causas. Significa igualmente pedir a cada uno tolerancia, solidaridad y movilización. Significa por último dar a cada hombre, a cada mujer, a cada niño, la educación necesaria para que encuentre su lugar en la sociedad. Es, pues, muy acertadamente que la Cumbre Mundial ha puesto de relieve el vínculo entre la lucha contra la pobreza, la búsqueda de la integración social y la creación de empleos productivos. En efecto, el empleo es hoy un factor esencial de la integración. Por el contrario, el desempleo es una forma de exclusión que lleva aparejado todo el cúmulo de impedimentos sociales. Es, en primer lugar, a los Estados que incumbe la tarea de poner en práctica políticas sociales dinámicas. El desarrollo social exige toda una acción política, especialmente en materia legislativa y reglamentaria. Pero más allá del Estado, el desarrollo social incumbe también a la Organización en su conjunto. Desde hace tiempo que el sistema de las Naciones Unidas se viene poniendo al servicio del progreso social. Numerosos órganos, como el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, y numerosas instituciones especializadas, como la Organización Internacional del Trabajo y la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, han realizado una labor pionera en esa esfera. Pero, en este proyecto social nuestro, será necesario tener en cuenta también la extraordinaria capacidad de movilización de las organizaciones no gubernamentales y la facultad de integración que ofrecen la empresa privada y los inversionistas. Garantizar la paz social es el tercer objetivo prioritario que les invito a perseguir. En efecto, existe una interacción evidente entre las cuestiones políticas y las cuestiones sociales. Por una parte, es evidente que un medio político estable es condición necesaria para un desarrollo social armónico. Uno de los objetivos de la política es dar una realidad tangible al deseo social. Pero por otra parte, también es evidente que un medio social dinámico es una de las condiciones necesarias para la propia estabilidad política. Un Estado plagado de desigualdades y privilegios está expuesto en potencia a las peores perturbaciones sociales. Un Estado que no permite una integración social satisfactoria y que genera un gran número de marginados corre peligro de sufrir las explosiones sociales más imprevisibles. Hay que decirlo con toda claridad: la serenidad política corre paralela a las satisfacciones sociales. Todavía más, hoy sabemos que la mayor parte de los conflictos armados a que debe hacer frente la Organización de las Naciones Unidas son conflictos que se desarrollan en el interior mismo de las naciones. Sabemos también que la mayor parte de ellos tienen causas económicas y sociales evidentes. En consecuencia, debemos afirmar una vez más que existe un lazo indisoluble entre la promoción del desarrollo y la preservación de la paz. Si he querido situar a la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Social dentro de la perspectiva de los grandes objetivos que persiguen las Naciones Unidas, es porque, en mi calidad de Secretario General de la Organización, soy consciente de la responsabilidad colectiva que tenemos con respecto a las generaciones futuras. Deseo, pues, que la Organización cuente con los medios necesarios para realizar las actividades posteriores a esta Conferencia, a fin de que las importantes recomendaciones que aquí se adopten se puedan encarnar en la realidad de los pueblos y las naciones. Confío en que las instituciones de Bretton Woods participarán plenamente en la acción social que estamos en vías de redefinir y replantear. Porque el proyecto de desarrollo social es el modo que tiene la comunidad internacional entera de decir

¡No a la fatalidad de la crisis!

¡No a la persistencia de las desigualdades!

¡No al despedazamiento del mundo!

Al elevar la cuestión social al rango de las prioridades universales, queremos tomar las riendas del destino colectivo de la sociedad internacional y concluir un nuevo pacto de solidaridad a escala del planeta.

Discursos de Clausura

Discurso del Primer Ministro de Dinamarca y Presidente de la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Social, Sr. Poul Nyrup Rasmussen

Me corresponde ahora clausurar la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Social. Lo que tenemos ante nosotros es una tarea aún más importante que la que acabamos de terminar satisfactoriamente. Pues los documentos, por bien preparados que estén, y los compromisos, por serios que sean, deben resistir la prueba del tiempo. Es nuestro deber velar por que lo hagan. No querría clausurar esta reunión sin expresar mi profundo reconocimiento a todos aquellos cuya contribución personal ha hecho posible esta Cumbre. Al Embajador Somavía, cuyo país propuso la Cumbre, y en cuyos anchos hombros descansaron en tan gran medida sus preparativos. Permítaseme encomiar su incansable labor en pro de la Cumbre; guió el proceso de negociación con tenacidad, habilidad y dedicación; su intelecto, su espíritu, su perseverancia y su optimismo nos sirvieron para alcanzar el éxito. Nuestra gratitud se extiende también a los talentosos diplomáticos que tan hábilmente asistieron al Embajador Somavía en su labor, tanto aquí como en Nueva York: el Embajador Richard Butler de Australia, el Embajador Koos Richelle de los Países Bajos, el embajador Ismil Razali de Malasia y el Embajador Prakesh de la India. A usted, Señor Secretario General, por los incansables esfuerzos que realizó personalmente en favor de la Cumbre, lo que demuestra su dedicación al papel de las Naciones Unidas en el desarrollo. Muchos de los Jefes de Estado y de Gobierno que nos han acompañado en los últimos dos días conocen de primera mano la profundidad de su convicción. Si esta Cumbre contó con la asistencia de tantos estadistas eminentes, ello se debió, no en pequeña medida, a usted personalmente y también a todo el personal de la Secretaría de las Naciones Unidas, encabezado por el Secretario General Adjunto, Sr. Ismat Kittani y el Secretario General Adjunto, Sr. Nitin Desai, y al Coordinador de la Conferencia, Sr. Jacques Baudot, quienes fueron el verdadero pilar de la Cumbre. Y, finalmente, a todos los demás participantes de la sociedad civil, que aportaron su experiencia, su talento, y sobre todo su imaginación y entusiasmo a esta Cumbre y sus preparativos. Su espíritu y su impaciencia por lograr cambios infundieron mucha pasión y energía a nuestra tarea. La Declaración que acabamos de aprobar dice que la Asamblea General debería celebrar un período de sesiones extraordinario en el año 2000 dedicado a evaluar cuánto habremos avanzado para entonces en la aplicación de los resultados de esta reunión. Me gustaría que, cuando nos reunamos en cinco años más para dar una mirada retrospectiva a esta Cumbre de esperanza, como muchos la han llamado, la veamos como una Cumbre de expectativas cumplidas.

Categoría: Organización de las Naciones Unidas