Cuestiones políticas y económicas
Part 9
Se vé, pues, que por este lado flaquea la deduccion del cólega francés.
Ahora bien, como es que justamente ahora que los Estados Unidos, esa rival cuya marina sobrepuja á la de la Inglaterra, que la Francia que hace esfuerzos por igualarla, como es pues, decimos, que hoy que estas dos fuertes naciones pueden hacerle una poderosa concurrencia, ella, la Inglaterra, derriba sus derechos proteccionistas, y abre sus colonias á las banderas extrangeras?
¿No es esto totalmente lo contrario de lo que se ha sentado en el principio que combatimos?
Este solo hecho es suficiente para demostrarnos á la clara luz de la razon, que la reforma que la Inglaterra ha hecho últimamente en su sistema comercial, no es efecto de que la hora de la muerte de la proteccion hubiera sonado, y llegado la que abria las puertas al libre cambio; él demuestra tan solamente, que los errores del falso principio de la prohibicion proteccionista acababan de ser descubiertos, y que la esperiencia, iluminando la inteligencia de los hombres que se habian dedicado al estudio de la ciencia, habia hecho conocer el verdadero principio progresista, recomendado por el lenguage lógico é irrecusable de las cifras.
Esta nuestra opinion está confirmada por Mr. Chevalier, quien tratando de las causas que la impulsaron á la reforma, dice:--
“La Inglaterra, al adoptar una reforma muy liberal para sus aduanas, ha procedido de la manera mas simple y la mas recta: no ha tratado de ejercer su influencia sobre nadie, ella ha disminuido ó suprimido los derechos sobre las mercancias estrangeras sin revindicar ninguna reciprocidad. Es necesario tener el prisma de la pasion ante los ojos para percibir, sea lo que fuere, de maquiavélico en una política semejante. Las maquinaciones de la Inglaterra consisten en enseñar à las otras naciones, con su propio ejemplo, que renunciando á las abusivas é inumerables restricciones de que se componia en otro tiempo la legislacion comercial, se desenvuelve en un grado inesperado la prosperidad nacional.”
Tan lógicas son las deducciones que quedan emitidas, que basta considerar la marcha que desde aquel momento siguieron las demas naciones de Europa, para convencerse de su exactitud, y así lo comprueba el mismo autor, cuando dice, mas adelante:
“Es notorio que desde entonces (1846) todos los gobiernos mas ó menos, sin escepcion, han revisado completamente sus tarifas, y han abandonado la prohibicion absoluta.”
“Para no citar sino tres, que no pasan por innovadoras, y que son considerables, mencionaremos á la España, la Rusia y el Austria. El acta de las cortes de 17 de Julio de 1849--el ukase de 25 de Octubre de 1850--y el decreto del Emperador de Austria de 6 de Noviembre de 1851. Repetimos, que los gobiernos de menor consideracion, en grande número, han dado leyes ó decretos semejantes y que la misma tendencia existe en América.”
El resultado de esta lucha, que ha durado por tanto tiempo y que ha terminado con el triunfo de la libertad comercial, iniciada por la Inglaterra, no puede atribuirse á las falsas causas emitidas por el cólega frances: él ha sido anticipado y previsto desde los tiempos mas remotos por los hombres versados en la ciencia económica, pues como dice el mismo autor citado:
“Los grandes espíritus del siglo XVI estaban imbuidos del principio de la libertad comercial. Mas tarde, quien ha escrito en favor de la libertad comercial líneas mas elocuentes que Turgot? Quien la ha justificado con raciocinios mas incontestables que Franklin, que no era Ingles? Y el mas violento enemigo que haya tenido jamas la Inglaterra, el gran Napoleon mismo, sobre su roca de Santa Elena no ha pronunciado él estas palabras remarcables: _Debemos acercarnos mas aun hácia la libre navegacion y hácia la entera libertad de un intercambio universal_.”
En cuanto á los resultados que ha producido la adopcion del sistema libre-cambista, nada puede ser mas concluyente. Nadie duda hoy que la reforma introducida por Sir Roberto Peel, ha dado un impulso progresivo, desconocido hasta entónces, á la prosperidad y bien estar del pais. Principiando por la conversion de los dos mas acérrimos proteccionistas, lord Derby y Disraeli, y terminando por la evidencia irrecusable de las cifras, los resultados no han podido ser mas brillantes y halagüeños.
Segun el cuadro estadístico que acaba de publicar el _Economist_ de Londres, de 9 de Setiembre de 1854, de que estractamos estos datos, se verá el prodijioso desarrollo que ha tomado el comercio Británico desde que fué puesto en práctica el nuevo sistema liberal.
El valor total declarado de los productos y manufacturas inglesas é irlandesas esportadas al esterior.
1831. £ 26,909,432 1842. £ 34,119,587 1853. £ 65,551,579
Para las posesiones inglesas.
1831. £ 10,254,940 1842. £ 13,261,436 1853. £ 33,382,202
Así, en tanto que el aumento de 1831 á 42 fué de £ 3,006,496, el aumento de 1842 á 1853 subió á £ 20,120,766.
El valor de las esportaciones para paises estrangeros, durante el mismo periodo, fué el siguiente:
1831. £ 26,909,432 1842. 34,119,587 1853. 65,551,519
Se vé pues que las esportaciones para el estrangero en los once años anteriores á 1852, escluyendo las colonias, aumentaron en razon de £ 7,210,155: en el segundo periodo, de once años de una política mas ilustrada, elevó ese aumento á £ 31,431,992.
El _Economist_ haciendo sus observaciones sobre estos resultados termina con estas palabras.
“Si algunos de nuestros vecinos que principian á libertarse tímidamente de las trabas de sus antiguos y falsos sistemas comerciales, necesitasen de hechos que les den certeza de las ventajas y seguridad del camino que principian á trillar, ninguno hay por cierto mas adaptado á ese fin que aquel que suscintamente acabamos de esponer.”
Creemos que la simple inspeccion de este luminoso cuadro estadístico bastará para demostrar en su verdadera luz las ventajas del comercio libre, sobre el proteccionista. Pero no se crea que estos resultados se circunscriben tan solamente á Inglaterra; donde quiera que este sistema ha sido adoptado, aun parcialmente, ha dado los mismos resultados. Independiente de los muchos ejemplos que pudieramos citar, nos satisfaremos para comprobarlo con uno de los ejemplos que nos ofrece Mr. Chevalier, cuando dice:
“La Bélgica hacia parte de la Francia hacen 35 años (1853) y nuestra industria sostenia con ella la concurrencia de la suya. En la Prusia y en los otros Estados Alemanes, cuando el Zollverein sometió los tejidos de algodon y de lana á la concurrencia de la Saxe, _sus industriales se creyeron muertos_. Dos ó tres años despues su industria _estaba aun mas floreciente que nunca_. Lo mismo sucedió en Inglaterra cuando la prohibicion sobre la seda fuera levantada.”
Terminaremos por hoy este artículo en que hemos contestado á algunas de las falsas ideas emitidas por el cólega. En nuestros subsiguientes artículos iremos contestando á sus demas objeciones, y en ellos espondremos los medios que creemos conducentes á hacer prosperar la industria y la labranza del Estado de Buenos Aires, asi como el modo como puede fomentarse la inmigracion, sin necesidad de esas absurdas trabas, bautizadas con el nombre de _proteccion_, que no hacen sino transtornar el órden natural de las cosas, queriendo hacerlas marchar por vias artificiales y tortuosas.
Nuestro cólega dispensará que no le refutemos, como ha creido que debiamos hacerlo, en un ligero artículo, pues al tratarse de principios, es necesario argumentar con principios y no con palabras vacías de sentido y desprovistas de la elocuencia práctica de los hechos.
II.
Contestacion á las objecciones que se han hecho á las ideas emitidas en el artículo anterior.--Venecia, su marcha comercial.--El sistema proteccionista desconocido de los antiguos.--Origen del sistema proteccionista.--Su introduccion en Inglaterra, Francia y Estados Unidos.--Resultados que ha ofrecido en estas naciones.
En tanto que Venecia dejó _en plena libertad al comercio_ se engrandeció de siglo en siglo. _Su decadencia_ tiene su origen en la época en que se propuso _monopolizar_ la industria y el comercio.
TOMAS GARCIA LUNA.
El sistema _proteccionista era desconocido de los antiguos_, y lo era igualmente á las florecientes repúblicas italianas.
RICHARD COBDEN.
Las manufacturas inglesas han prosperado, no á causa de la prohibicion--_sino apesar_ de la prohibicion.
LEON FAUCHER.
A los principios económicos que hemos dejado espuestos anteriormente, solo se nos ha contestado con un largo artículo, tan lleno de palabras como vacío de razonamientos económicos, en el que los únicos argumentos que se nos han hecho, son los que pasamos á rebatir, antes de continuar la cuestion del punto en que la dejamos pendiente.
Se ha pretendido, que hemos sostenido que la mano del hombre venia á ser superflua para la elaboracion de nuestra vírgen y fertil naturaleza, y que segun nuestro sistema, todo trabajo humano venia á ser inútil.
Que nos hemos guardado de hablar de emigracion, temerosos de ponernos en contradiccion con nosotros mismos.
Y finalmente, como argumento irrecusable de los estragos que causa la ausencia de un sistema proteccionista ó prohibitivo entre nosotros, se nos pregunta: ¿Porqué en el mes pasado (Noviembre 1854) la mitad de los buques entrados al puerto han salido en lastre?
Seremos breves en contestar á estas objeciones.
No hemos pretendido lo que el proteccionista nos imputa. Hemos dicho que nuestra fertil naturaleza, rica en productos espontáneos, no necesita que la mano del hombre le crie _trabas absurdas_ y que lleve su _corriente natural_ por _canales tortuosos y ficticios_. Esto, como se comprende facilmente, no quiere decir que la mano del hombre sea innecesaria para la esplotacion de los _frutos espontáneos_ por medio de sus _corrientes naturales_, sino que lo es la mano sacrílega que se empeña en sacarlos de sus _vías naturales_ para darles un curso _que no les es natural_, lo que es cosa muy distinta.
No hemos hablado de inmigracion, por que aun no hemos terminado de rebatir los absurdos que se han sentado; cuando hayamos llegado á esa parte de sus teorías, nos ocuparemos seguramente de ella.
Si la mitad de los buques entrados en el mes pasado han regresado en lastre, es por que todos los paises tienen sus meses privilegiados para sus esportaciones, y otros en que escasean sus frutos, y por consiguiente se hacen mas difíciles los acopios. El mes pasado es justamente, lo mismo que el actual, aquel en que, en todos los años, son mas escasas las esportaciones, por que los ganados no están aun en estado de ser conducidos al mercado, los saladeros no emprenden aun sus trabajos, las cosechas de la labranza principian en toda la campaña, y al par que entran los preparativos para levantar los trigales, se principian las trasquilas, las marcaciones y demas beneficios de campo, con que se preparan los productos que en grandes cantidades entran á esportarse en Enero.
Pero el proteccionista estrangero nada de esto sabe, lo que no es estraño, pues habiendo estado tan solamente algunos dias entre nosotros, ha creido ya haber visto lo suficiente para entrar á juzgar de nuestro pais, con la seguridad con que podria hacerlo un esperimentado catedrático.
Pero si estas razones no le satisfacen, le daremos aun algunas otras que no carecen de peso.
A mediados del año pasado terminó una invasion de doce á catorce mil hombres, que _agotó_ y arruinó nuestras posesiones y productos de campaña. En el año actual hemos estado amagados de una nueva invasion, que se realizó en el _mismo mes_ cuya paralizacion nota el proteccionista; y durante este tiempo los trabajos se han interrumpido, y los frutos no han podido ser elaborados con la abundancia que requiere un pais verdaderamente mercantil. El fuerte ejército, que aun hoy mismo existe en pié en los campos de San Nicolas, le está diciendo los brazos inumerables que han sido arrancados al trabajo, y mostrándole de un modo evidente la causa de esa falta de productos que él atribuye á la ausencia de ese sistema corruptor é inmoral de la proteccion prohibicionista.
Hecha esta digresion, á que nos obliga la falta absoluta de conocimientos sobre la materia del proteccionista, volveremos á tomar el hilo pendiente de la discusion.
“_Nos citais á Venecia_--prosigue--_pero Venecia cuando hubo admitido el comercio libre, estaba en una situacion de poder rivalizar con las primeras naciones del mundo, y si por una reaccion tan absurda como contraria á sus intereses, el cetro de hierro que pesa sobre ella ha consumado su ruina por la proteccion comercial, eso nada prueba contra nuestra tésis._
“_Todas las naciones han procedido en su evolucion progresiva partiendo de la proteccion para llegar al libre cambio. Venecia que se habia adelantado á su hora, en la época de prepotencia comercial, hasta el libre cambio--ha retrocedido y ha vuelto á la proteccion--Ha invertido el órden de las cosas._”
Nos conviene recordar aquí, que segun lo prevenimos en nuestro primer artículo, este párrafo está enteramente ligado al anterior, por lo que al contestarlo confundiremos á entrambos, siendo necesario que se tengan presentes en nuestra argumentacion.
Para demostrar que es falso, que los paises que han llegado á aceptar el libre cambio lo hayan hecho despues de haber arribado por medio de la _proteccion prohibicionista_ á un punto de perfeccion en que podian dasafiar altamente la concurrencia, nos bastará apelar á la historia económica de las principales naciones comerciales.
“Venecia, dice D. Tomas Garcia Luna, en su curso de Economía Política, sin territorio y sin producciones _comienza_ por vender sal, estrae despues los productos agrícolas del norte de Italia, y por último los de Turquía, Rusia y Persia. A tan alto grado llegó su auge, que en el siglo XVI, ocupaba 16,000 obreros y 36,000 marineros &a. &a. Los tratados de comercio le aseguraban en cada escala las mas ventajosas relaciones: las tenia en Brujas, en Amberes, en Lóndres, y en las ciudades Anseáticas. Como habia dado grande impulso á sus manufacturas, lo mas rico y mejor de sus cargamentos se componia de espejos, cristales, telas de lana fina, y tejidos de seda de gran valor y gusto, por artífices Venecianos.
“En tanto que Venecia dejó en _plena libertad al comercio se engrandeció de siglo en siglo. Su decadencia trae su orígen_ en la época en que se propuso _monopolizar_ la industria y el comercio.”
Blanqui, dice en su Curso de Economia Política en Europa, que “Venecia no habia menester recurrir á la proteccion para que tuviese _en sus mejores dias_, arquitectos hábiles, constructores de navios, ingenieros civiles y plateros distinguidos, que nadie igualaba en el resto de la Europa. Sus telares de sederias, sin rivales aun en la misma Italia, donde esta industria tantos y tan rápidos progresos habia hecho, le producian mas de cincuenta mil ducados al año. La fabricacion de los tejidos de algodon se conocia ya en Venecia desde fines del siglo XIV; y en esta época adquirió un alto grado de perfeccionamiento: sus encajes y quincallerias eran buscados en todas partes. _No menos brillante fué el estado de las otras repúblicas como Génova, Florencia, Pisa y Milan: donde quiera que el espíritu mercantil prevaleció, adquirieron incremento las artes y las ciencias._”
Si autoridades tan respetables, como las que dejamos citadas, no fuesen suficiente para hacerle confesar que desconoce de una manera absoluta la historia de la economía política y la marcha progresiva de las naciones, le presentaremos testimonios no menos irrecusables que los anteriores.
El eminente economista ingles, Cobden, dice: “_El sistema proteccionista era desconocido á los antiguos_, y lo era igualmente _á las florecientes_ repúblicas Italianas. He aprovechado de mi residencia en Italia para informarme de las gentes instruidas, siempre numerosas en ese pais, _si habia rastro_ de ese réjimen (el proteccionista) en la historia del Comercio, anteriormente á las desastrosas invasiones de los Españoles; _siempre he recibido una respuesta negativa_.
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“Milan y Florencia han visto _realzarse sin ninguna_ proteccion_ sus fábricas de lana; Génova sus manufacturas de terciopelo; Venecia sus talleres de vidrieria, de sederias y joyerias. No ha sido sino _despues, en la época de la decadencia_, y particularmente bajo el reinado de Carlo Magno, ese azote de la civilizacion Italiana, _que se vé la prohibicion y la proteccion_ introducirse en la política comercial de la Italia. La proteccion, pues que se le quiere designar con ese nombre, _no se encuentra siendo contemporánea ni de la prosperidad, ni del poderio, ni de la libertad en ninguna época, y en ningun pais de la Europa_. Las ciudades Ansiáticas, Flamencas y Holandesas, donde principiaba á brillar la civilizacion en medio de la barbarie que cegaba aun á la Europa, _no habian pensado jamas en ella_.”
Todo lo que dejamos espuesto, se halla igualmente confirmado por Mr. Leon Faucher, en su contestacion al manifiesto de los Proteccionistas Ingleses, al tratarse de la reforma de Sir Roberto Peel.
“El comercio entre las naciones, dice, marcha al mismo paso que la civilizacion entre los pueblos. En los tiempos modernos, _como en la antigüedad_, las naciones mas libres y las mas ilustradas han sido las mas comerciantes. Bastenos citar á Tiro, Cártago, Venecia, Holanda é Inglaterra. _Hay una contradiccion manifiesta_ en suponer que á medida que los cambios se hacen mas fàciles los poderes públicos deben encontrarse en la necesidad _de restringir su desarrollo_. En el hecho esto es _contrario_ á la esperiencia. Todos los poderes que han dominado á los mares, han sentido _la conveniencia de mostrarse liberales en materia de tarifas_.”
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“La libertad comercial, prosigue el mismo autor, no ha impedido á Venecia, la Toscana ni la Holanda, el inaugurar en Europa los primeros progresos de las manufaturas. Todo el mundo sabe por el contrario (escepto el proteccionista francés: perdonesenos este parentesis nuestro) _que fué á la mas amplia libertad de comercio que las repúblicas Italianas, en particular_, debieron en el tiempo de su prosperidad y de su vigor político, _la superioridad_ que adquirieron en su seno _las artes y el trabajo_.”
Se vé, pues, cuan graves errores ha cometido nuestro contendor y cuanto trabajo nos cuesta el tenerle que poner ante sus ojos las mas sabidas nociones de economía política. Protestamos que si no fuera por el deseo de generalizar entre nosotros estas ideas, no proseguiriamos adelante, en una discusion en la que vemos que carecemos de antagonista con quien batirnos.
Sin embargo, por tal de llenar el objeto que nos hemos propuesto, vamos á tratar de demostrar la verdadera época en que tuvo orígen el sistema proteccionista, y la en que ha sido puesto en práctica por algunas naciones, con lo que dejando del todo esclarecido el punto que nos ocupa, pasaremos en seguida á lo que aun nos resta á delucidar hasta traer la cuestion al terreno de Buenos Aires, á que, con tan repetidas reclamaciones, nos ha llamado el proteccionista estrangero.
El sistema proteccionista tuvo su orígen en España bajo el reinado de Carlos V, lo cual ha sido puesto fuera de toda duda por Blanqui en su _Histoire d'Economie politique_, tomo 1.° cap. 21, de cuya opinion participan los mas eminentes economistas, que han rebatido el error de Mr. Vincens quien creyó deberlo atribuir á la Inglaterra.
En Inglaterra este sistema data de la época del protectorado de Cromwell.
En Francia recien en 1701, segun Mr. Vincens, se encuentran prohibiciones directas contra algunos productos ingleses, pero esto tan solamente como via de hostilidad, á consecuencia de la cuestion entonces entablada sobre la sucesion de España, restableciéndose las cosas, con la paz de Utrech, al estado que tenian anteriormente, continuando despues la alternativa de los permisos y prohibiciones, segun el estado de las relaciones políticas, hasta 1742, época en que puede decirse que se adoptó como sistema la prohibicion proteccionista.
En los Estados-Unidos, el sistema protector puede decirse que ha sido siempre el que ha rejido desde su independencia de la Gran Bretaña.
Ahora, que hemos restablecido las fechas á su época verdadera, vamos á ver lo que el sistema protector ha producido en cada una de estas naciones, y si él ha sido verdaderamente provechoso y útil.
“Todo el mundo sabe, dice el ilustrado redactor en gefe del _Journal des Economists_, que el sistema proteccionista ha tenido su orígen en España bajo el reinado de Carlos V, y se ha mantenido con pertinacia en ese bello pais, que el contrabando acaba de arruinar, de despoblar y de desmoralizar. Desde que la España se ha encargado de perseguir á esta quimera, que no importa otra cosa que la pretension de vender sin comprar, y de cerrar sus puertos al género humano, _la produccion ha disminuido desde ese dia hasta el estado en que hoy la vemos. Las manufacturas_ que se creia fomentar, _han desaparecido_ poco á poco; y _la agricultura_, herida de muerte por el retiro de los capitales, _languidece en tal impotencia que transforma á provincias enteras en vastas soledades_. En vano la ciencia ha protestado contra el sostenimiento de ese régimen, de que la Europa anhela desembarazarse; han bastado algunos intereses previlegiados para hacerlo prevalecer, con perjuicio de los intereses generales de todas las naciones.
“La España es la que mas ha sufrido con el sistema prohibitivo. _En este momento ella lucha con las angustias de la miseria, apesar de la riqueza de su suelo, porque no hay otro comercio posible con ella sino por medio del contrabando._”
Mr. Leon Faucher, dice sobre el mismo asunto:--“De cierto que no se acusará á la España de haberse entregado al comercio libre; por que no hay gobierno de Europa que haya seguido mas fielmente, ni con mayor rigor las maximas del sistema prohibitivo La tarifa española cuenta casi tantas prohibiciones como artículos. Ella ha realizado en cierto modo el bello ideal del régimen protector. ¿Los proteccionistas han desarrollado en la Península el trabajo y la riqueza? ¿Donde estàn las manufacturas que ese régimen ha creado? ¡Que se nos enseñe el progreso que le debe la agricultura! Y si, pues, la proteccion que fecunda el trabajo, segun nuestros adversarios, la proteccion que hace las veces de la aptitud, de la emulacion, y del trabajo, ha esterilizado, ó dejado esterilizar á la España, si pues, no existe en ese desventurado pais ninguna industria digna de este nombre; si el cultivo de los campos ha vuelto á caer en la rutina, la menos productiva, si los habitantes no sacan ningun partido de las riquezas infinitas que encierra su suelo; que cesen, pues, de invocar en favor del sistema restrictivo la sancion de la esperiencia. La monarquía de Carlos V y de Felipe II, esa nacion que asombró por un momento y que estuvo á punto de subyugar á la Europa, ha descendido al último grado de la escala política. Ella está compartida inútilmente en dos ejércitos, que la sobrecargan con igual peso, un ejército de aduaneros, y un ejército de contrabandistas. _El contrabando, ved ahí la unica industria que el sistema prohibitivo haya introducido y hecho florecer allí. La España está caida hoy, por haber renunciado al trabajo, y haber proscripto el comercio._”
Esto en cuanto á la España. Veamos ahora á la Gran Bretaña.
“En cuanto á la Inglaterra, dice el mismo autor citado, _es necesario no tener el menor conocimiento de su presente ni de su pasado_, para honrar el sistema prohibitivo con los maravillosos resultados que ella ha obtenido á fuerza de genio, de aplicacion y de perseverancia.