Cuestiones políticas y económicas

Part 3

Chapter 33,623 wordsPublic domain

Se nos dirá acaso, que al ocuparnos del imperio brasilero, no debiéramos traer á juicio los sucesos ocurridos bajo la dominacion portuguesa. Opinamos por el contrario, que la tenacidad con que despues de su independencia ha proseguido y alimentado las pretensiones de la corona de Portugal, sin que ni su cambio de posicion, ni las nuevas ideas, hayan podido hacerle variar un momento de política á este respecto, es un hecho notable, que robusteciendo nuestras convicciones, nos dice con lenguage categórico que debemos prevenirnos contra la realizacion de aquel pensamiento, que vendrá tarde ó temprano á golpear á nuestras puertas, cuando quizá nos sea imposible evitar su realizacion.

El Brasil, á manera de un heredero universal de todas las repúblicas limitrofes, propende hoy á la absorcion de los territorios vecinos, con el mismo ahinco con que sus ascendientes, los portugueses, propendian á absorverse las posesiones de la Corona de Castilla.

Habiéndonos propuesto, seguir paso á paso la historia de los sucesos en esta parte de la América, no necesitaríamos, ciertamente, remontarnos á la tradicion para recordar el amor de la corona de Portugal al hermoso territorio de las Misiones: el comercio político iniciado entonces con los padres jesuitas del Paraguay, y la antigua ocupacion del Estado Oriental, cuyo desalojo tuvo que fiarse á la intervencion de las armas.

Desde que abrimos las primeras páginas de nuestra historia, ya las hallamos llenas de las guerras promovidas por el Portugal, y de las convenciones terminadas con la España en 1668, 1715, 1763, 1777 y 1804, en cuya última fecha le vemos comprometiéndose á devolver á la corona de Castilla los cinco pueblos de Misiones, de que se habia apoderado, quedando los límites demarcados, mas ó menos, segun se habian fijado por el tratado de 1777.

No satisfecho aun con la posesion de los cinco pueblos de Misiones, que apesar del tratado conserva en su poder sin devolverlos jamas á su legítimo dueño, fija ya desde entonces su vista en Montevideo, y se prepara á aprovechar la primera oportunidad, que no tardará en depararle la fortuna.

En 1812, mientras mas ocupados nos hallamos en sacudir el yugo español, el astuto gobierno portugues siente que ha llegado el deseado momento, y haciendo entrar 12,000 hombres en el territorio de Montevideo, disputa dicha provincia al gobierno de las Provincias Unidas, á pretesto de aliado de S. M. Católica. Las fuerzas portuguesas se retiran por el tratado celebrado en Mayo de 1812.

Vencidos los españoles en 1814, Artigas toma posesion de aquella plaza, en Junio del mismo año. La ocasion pareció de nuevo tentadora al gobierno portugues de Rio Janeiro, quien resolvió tomar á Montevideo, bajo lo que entonces se apellidó su _proteccion maternal_. En 1815, el general Lecor pedia ya en renumeracion de los gastos hechos por la Corona, en el Estado Oriental, que _se adelantase la línea de frontera brasilera al sur del Cuareim_.

En 1816 y 1817, despues de atizar la guerra civil en aquella provincia, y preparar sigilosamente los sucesos, le vemos de nuevo entrar con un egército considerable y ocupar el territorio de Montevideo, á pretesto de _impedir que el fuego de la anarquía se estendiese de allí á los Estados de la Corona del Brasil y Portugal_.

Mientras su política ambiciosa se desarrollaba asi astutamente, una doble perfidia respondia á las reclamaciones que se le hacian, teniendo por objeto asegurar y consolidar el èxito de la empresa. Asi se vé á la corte de Portugal estipulando, en Europa, la entrega de Montevideo á la España, en tanto, en América, promete su devolucion à los naturales: intriga cálculada para ganar tiempo, y asegurar mas solidamente la presa.

En 1819, ya el general Lecor, exigia al Cabildo de aquella plaza, le declarase al Portugal, el derecho á una mayor parte del territorio, _avanzando sus límites hasta tirar una línea recta desde Yaguaron al Arapey_, que desagua en el Uruguay, siendo el limite de ésta línea por el lado del mar, Santa Teresa y la Laguna Miní, _quedando aquella_ por los Portugueses.

A las reclamaciones que diariamente dirijia el gobierno Argentino, sobre la intervencion del Brasil y Portugal, contestaba el general Lecor, _que no habia cometido acto alguno de intervencion_, por cuanto la provincia se habia constituido _por sí misma independiente_.

Con la detencion de Artigas por el Dr. Francia, en el Paraguay, despues de haber sido derrotado por Ramirez de Santa-Fé, libre ya de su mas temible adversario, el general Lecor, entra á establecer proposiciones _para la incorporacion_: reune un congreso compuesto de empleados civiles, á sueldo del gobierno portugues, y personas condecoradas por él con distinciones de honor; acuartela y municiona los regimientos como en estado de guerra, y bajo esta salvaguardia, hace declarar _libremente_ al Congreso, que la Provincia de Montevideo, _se incorpora al Reino Unido de Portugal, Brasil y Argarves, bajo el nombre de Estado Cisplatino_.

Tal es en resúmen la ligera historia que nos ofrece el Brasil, en su propension á la espansion bajo la dominacion portuguesa. Veamos ahora si la independencia brasilera ha traido algun cambio mas razonable en su política, y si sus tendencias de absorcion se han modificado en esta parte de las riberas del Plata.

El Brasil, desligándose de los lazos que le uncian á la Corona Portuguesa, se declara independiente. Los representantes de Montevideo, nombrados popularmente por toda la ciudad y suburbios, aprovechan la ocasion, y en 20 de Octubre de 1823 espiden una acta solemne en la cual declaran en su artículo 1.° _nulo, arbitrario y criminal el acto de incorporacion á la monarquía Portuguesa_, y mas adelante, que, _ponen espontáneamente la Provincia de Montevideo bajo la proteccion de la Provincia y Gobierno de Buenos Aires_.

En vista de una manifestacion tan esplicita y terminante ¿cuál fué la conducta del nuevo Imperio Brasilero, recien emancipado?

Ni mas ni menos que la de su antecesor. Hallándose la plaza bajo el poder de las fuerzas brasileras, no habiendo freno alguno que contuviera al Emperador, ni á su Ministerio, se contestó al comisionado de Buenos Aires, que _era necesario desengañarse que la provincia de Montevideo queria, y era su voluntad, permanecer incorporada al Imperio_.

Sabido es como terminó esta cuestion que fué sellada con sangre en los campos de Ituzaningo. La Convencion de Paz, celebrada en 27 de Agosto de 1828, parece que debiera haber contenido desde entonces al Brasil en su carrera insidiosa y tendencia constante á apoderarse de nuevo de aquel Estado, cuya independencia acababa de reconocer solemnemente por el dicho tratado, cuyo artículo primero estaba concebido en estos términos:--

“En nombre de la santísima é indivisible Trinidad.”

* * * * *

ARTÍCULO 1.°

“Su Magestad el Emperador del Brasil declara la Provincia de Montevideo, llamada hoy Cisplatina, separada del territorio del Imperio del Brasil, para que pueda constituirse en Estado libre é independiente de toda y cualquier nacion, bajo la forma de gobierno que juzgue conveniente á sus intereses, necesidades y recursos.”

Pero siguiendo nuestras investigaciones, veamos cual era su marcha y sus intenciones muy pocos meses despues de hecha la ratificacion en el Rio Janeiro. Para averiguarlo, comparemos su contenido con el de las instrucciones secretas dadas al marqués de Santo Amaro, por el Sr. Calmon du Pin é Almeida, al pasar á Europa como Embajador Especial de S. M. Don Pedro I, en su mision de monarquizar las repúblicas vecinas, cuyo artículo 7.° dice testualmente:

“7.° En cuanto al nuevo Estado Oriental ó á la Provincia Cisplantina, que no hace parte del territorio Argentino, que estuvo incorporado al Brasil y que no puede existir independientemente de otro estado, V. E. tratará oportunamente y con franqueza de probar la necesidad de incorporarle otra vez al Imperio. Es el único lado vulnerable del Brasil. Es dificil, sino imposible reprimir las hostilidades recíprocas, y obtar la mùtua impunidad de los habitantes malhechores de una y otra frontera. Es el límite natural del Imperio, es el medio eficaz de remover ulteriores motivos de discordia entre el Brasil y los Estados del Sud.”

Este mismo marqués de Santo Amaro es, como lo ha dicho un inteligente amigo nuestro, el mismo célebre vizconde de Abrantes, quien no contento del resultado de sus primeras tentativas, pasó personalmente á Europa en 1845, á desenvolver con tanta habilidad como poco éxito los planes bosquejados en esas instrucciones secretas entonces, famosas hoy en las repúblicas todas de Sud América.

Prosiguiendo siempre su plan sistemático de absorcion, dice un escritor oriental: “Durante la administracion de D. Joaquin Suarez (1850) adquirió completamente la posesion de la laguna Mirim y las partes mas prominentes y defendidas en dos rios interiores que comunican con el lago. Ese mar interior del Estado Oriental se comunica por el rio San Gonzalo con la navegacion interior del Rio Grande, y el imperio puede llevar al corazon de la vecina república, en pocos momentos, elementos de considerable poder, justificados con su posesion legal.”

Es un hecho digno de notarse esa perseverancia no interrumpida jamas, con que el imperio prosigue en su tarea de preparar la incorporacion del Estado Oriental, valiéndose de todos los resortes que le pone en sus manos la ciencia política. Desde les sucesos de Octubre de 1851, su red ha ido estendiéndose habilmente, precipitando los sucesos, hasta conducir á aquel Estado á entregarse á discrecion entre sus brazos.

La ocupacion del Estado Oriental por las fuerzas Brasileras, á consecuencia de los sucesos que trajeron el cambio de Gobierno en aquella República, es hoy un hecho tan consumado, como conocida la estoicidad con que el Brasil dejó que se consumase el sacrificio, sin oponer para ello remedio alguno de su parte. El Brasil ha creido justificar este paso, como lo denota la circular de 19 de Enero de 1854, dirijida al cuerpo diplomático, basándose en que: “Por el tratado de 27 de Agosto de 1828, entre el Brasil y la República Argentina, fué reconocida por las dos altas partes contratantes, y por la Gran Bretaña la necesidad de _intervencion_ y _proteccion_ estraña en los negocios interiores del Estado Oriental.”

Ciertamente incalificable parece un proceder semejante, por parte del Brasil, al apoyar su marcha respecto á los asuntos del Estado Oriental, invocando para ello la Convencion de 1828, siendo asi que de hecho caducó desde el momento en que permaneció impasible espectador de la ruina de aquel pais por las fuerzas invasoras del dictador Rosas, sin que por entonces recordase hacer valer sus derechos, ni atendiese á las obligaciones que le imponia dicha Convencion, que por otro lado solo podia ser vàlida durante 10 años, como lo determina su art. 10.

No menos serias consideraciones ofrece igualmente el hecho de que, siendo la república el otro poder signatario y garante, en comun con el Brasil, de aquel tratado, este no haya sentido jamás la necesidad y conveniencia de darle ingerencia alguna en sus proyectos respecto al Estado Oriental, ni hacerle participe en la ocupacion militar de aquella república, que ha llevado á efecto sin consultar siquiera, ó esplicar cuando menos de antemano la marcha que su política le ha aconsejado adoptar, con entera esclusion de la República Argentina.

Recapitulando pues, cuanto dejamos espuesto, se deduce desde luego, que el Brasil, ya sea como dependencia de la corona de Portugal, ya como Estado soberano, ha persistido infatigable, impasible, sereno, llevando siempre adelante con increible tenacidad, su propósito de predominar hasta apoderarse del Estado Oriental, cuya independencia reconoció forzado por el resultado de los acontecimientos, pero no sin haber peleado con encarnizamiento y bautizado su independencia con la sangre de sus súbditos. Mas adelante veremos, si lo ocurrido en el Estado Oriental, es aun escepcion, en su marcha política, ó solo una ramificacion de su pensamiento que se desenvuelve lentamente, pero con constancia por todas sus estremidades.

V.

Frontera Boliviana.--Paraguaya.--Coincidencias políticas.--Tendencias á debilitarse de las Repúblicas Americanas.--La cuestion Brasilero-Paraguaya.--Relaciones Comerciales entre el Paraguay, Brasil y la República Argentina.--Inconveniencia de acordar el pasage á la Escuadra Brasilera.--Mediacion.

Apartando ahora nuestra vista del Estado Oriental, echemos una mirada á la política Brasilera, desplegada sobre las fronteras de Bolivia, y veremos alli desarrollarse el mismo pensamiento de absorcion, pensamiento sistemado que solo recibe las modificaciones inherentes á la naturaleza del terreno en que se realiza.

De algunos años á esta parte, las cuestiones entre esta República y el Imperio, han despertado del letargo en que habian yacido por algun tiempo, y á estar á lo que nos enseña la esperiencia, es de suponerse que ellas no terminarán sino despues de que el vecino Imperio haya esplotado todos los medios de quedar poseedora del territorio disputado.

Al estender hácia ese lado nuestra vista, la veremos constante, segun su política, ya sea instigando á la invasion á los indigenas, ya enviando sus propias fuerzas á desalojar á los bolivianos de la márgen derecha del Rio Paraguay, violando sus fronteras, á fin de alegar mañana el _uti possedetis_ en apoyo del derecho que hoy pretende tener. Su pretension al Norte de la Bahía Negra, perteneciente á Bolivia, es una, entre muchas, de las cuestiones pendientes con ese Estado.

Volviéndonos hácia el Paraguay, que es el punto que hoy llama mas directamente su atencion, vemos reproducirse la misma táctica de invasiones sobre la frontera paraguaya, efectuadas ya por la instigacion á los indígenas, ya por sus propias fuerzas, con el mismo objeto que tiene en vista su política sobre la frontera Boliviana.

Sin remontarnos á los primeros tiempos, ni ocuparnos del aislamiento absoluto de esa República, cuya historia nos es imperfectamente conocida; ya en Agosto de 1850, vimos las fuerzas de Matogroso apoderándose por sorpresa de la isla de Pan de Azucar, márgen izquierda del rio Paraguay, no obstante hallarse en aquel momento _pendiente un arreglo de límites_ de aquella frontera, ocupacion por sorpresa que, decia el Presidente Pimentel habia efectuado, _para policiar la frontera del Brasil_. Poco despues le vemos, aspirar ya á la ribera derecha del _Apa_, de que no ha mucho acaba de posesionarse, y cuya márgen izquierda se halla ocupada hoy por las guarniciones Paraguayas. El Brasil alega hoy derechos á aquel rio.

Entre tánto que, el Imperio del Brasil, nos presenta este espectáculo, en el que aparece estendiéndose continuamente, robusteciendo sus dimensiones gigantescas con la absorcion de los territorios vecinos, por una coincidencia que nace del hecho mismo, las Repúblicas vecinas tienden á debilitarse, agregándose á sus contínuas subdivisiones interiores, la tendencia espansiva del vecino Imperio.

Este cuadro de la política brasilera, ha sido bosquejado hàbilmente por nuestro amigo D. Nicolás Calvo, en las siguientes líneas que extractamos de su interesante artículo, _Coincidencias políticas_, y que reproducimos en este escrito por cuanto ellas comprueban cuanto dejamos espuesto sobre el particular.

“Ninguno de sus vecinos, dice, se ha libertado de esas absorciones sucesivas: algo hemos dejado todos en sus garras, como vamos á probarlo con hechos irrecusables.

“El Estado Oriental--“_sin invocar intrigas añejas_”, olvidando por un instante á Da. Carlota y á la Cisplatina, trasladándonos á nuestra época, en nuestros propios dias, se vé envuelto en una série de Tratados leoninos, firmados TODOS el dia 12 de octubre de 1851 en Rio Janeiro.

“Tratado de Alianza.

“Tratado de Comercio y Navegacion.

“Tratado de Subsidios.

“Tratado de Límites.

“En cambio del de subsidios se impone el de límites, y en estos _la usura_ no tiene ejemplo, porque las tierras cedidas en propiedad valen diez veces mas que el total de los subsidios prestados; pero todavia sería escusable sinó fuera precisamente el _Tutor_ y _Curador_ por decirlo así, el que esplotando las circunstancias especiales y aflijentes de su pupilo y ahijado, no solo le quita la mas hermosa zona de su territorio, sinó que se reserva el derecho de establecer fortalezas sobre las márgenes del Cebollati y del Tacuarí hasta media legua tierra adentro, ambos rios desembocando en el lago Merim y dejando por consiguiente á la merced del imperio, la desarmada y desprovista frontera imaginaria del Estado Oriental.

“El ex virreinato de Buenos-Aires, República Argentina, debia ser dueño de las Misiones hoy brasileras, en justa y legítima observancia del Tratado de 1777 entre ambas coronas: si no me engaña la memoria, en esas Misiones, nacieron dos de nuestras grandes celebridades militares, el general San Martin y el general Alvear. Si hubieran nacido ahora en el mismo sitio serian brasileros. Perdimos esos territorios, y el Brasil no se ha descuidado en pretender el resto mismo de las Misiones entre los rios Uruguay y Paraná, que el Paraguay quiere y desea que sean Argentinas, pero se opone á que se hagan brasileras: sobre ellas se asegura que hay negociaciones pendientes con el Gobierno del Paraná, y aun alegacion de derechos por parte del Brasil. Ya son dos los vecinos despojados.

“El Paraguay funda su derecho y quiere conservar los antiguos límites españoles mas allá del Rio Blanco, que son los mismos que le acuerdan todos los mapas europeos, pero el Brasil pretende llevar los suyos hasta el Rio Apa ó rio Corrientes, fundándose en el _uti possedetis_: en plena paz ha ido ocupando esos territorios y apesar de que no hace mucho tiempo fué espulsado del Pan de Azúcar hasta el otro lado del rio Blanco por las fuerzas Paraguayas, su persistencia en invadir los derechos agenos, se presenta siempre á justificar, que apenas rota la tela, el artífice vuelve á empezar sus tenaces trabajos; no por la adquisicion de territorios mas ó menos ricos pero desiertos, sino por su positivo interés en darse fuertes fronteras naturales para sí, á la vez que débiles para sus vecinos, cuya tranquilidad y sosiego estaràn siempre á merced del ambicioso y mas fuerte vecino, si se le consiente introducirse en el corazon de cada Estado, como lo ha hecho ya en la Repùblica Oriental, por sus derechos adquiridos sobre el Cebollatí y lago Merim, cuyas márgenes y navegacion le pertenecen esclusivamente ahora, con tanta injusticia. Actualmente aquellos territorios entre el Rio Blanco y Rio Corrientes, se cree están nuevamente, ocupados por las fuerzas brasileras. Y este es el tercer vecino despojado y en camino de serlo mas.

“El Rio Paraguay forma la línea divisoria de Bolivia, pero lejos de respetarla el Brasil, se ha apoderado de toda su márgen derecha, y las Salinas que pertenecen á Bolivia se ven á menudo enrojecidas por la sangre de sus propietarios que el Brasil persigue sin piedad. Frente al Rio Corrientes está la recta línea divisoria que á los 22° separa el Chaco Boliviano, y tambien entra en los planes del Brasil apoderarse de ambas márgenes del alto Paraguay, llenando asi su persistente y dominante programa de darse fuertes fronteras naturales, y sobre esa base introducirse en los inermes é indefensos territorios vecinos.

“Se vé, pues, que con documentos y con hechos prácticos, positivos é irrecusables hemos probado que todos los estados coterráneos con el Brasil han ido perdiendo parte de su territorio, absorvido sucesiva y pacientemente por el Gabinete brasilero. Antes del reinado actual, la República Argentina perdió las Misiones; en el reinado de D. Pedro 2.° el Estado Oriental pierde todo el territorio llamado neutral, las márgenes del lago Merim ó Mini y la estensa zona de tierras valiosísimas que hoy le limitan desde el Chuy al desembocar en el Atlántico hasta el Cuarein desembocando en el Uruguay.

“Bajo este mismo reinado es que ha tenido lugar la ocupacion y desalojo del Pan de Azucar de este lado del Rio Blanco en el Paraguay, y bajo este mismo reinado es que la márgen izquierda del alto Paraguay, sus territorios, bosques, salinas, &a., se han convertido de Bolivianas en Brasileras por el abuso de la fuerza bruta.”

Ahora que hemos descorrido el velo de la política Brasilera, que durante cerca de siglo y medio ha continuado impasible absorviéndose el territorio vecino, ahora que no nos es posible dejar de impresionarnos dolorosamente por la suerte futura del Estado Oriental, las presunciones todas son contrarias á la política brasilera, con referencia al Paraguay, la cual no puede tender á otro fin que á debilitarlo, aniquilarlo, ó preparar su absorcion para un tiempo mas ó menos lejano.

Vamos á analizar ligeramente las cuestiones pendientes entre el Brasil y el Paraguay, á fin de venir con mas exactitud á las consecuencias que nos sugieren los hechos. Estas cuestiones se reducen á tres puntos:--la del señor Leal, la de la libre navegacion de los rios, la de límites.

Respecto á la primera, ridículo seria creer que para dirimirla se hiciese una ostentacion tan notable, y se echase mano del argumento tan convincente de una poderosa escuadra. Esto es tanto mas razonable cuanto, como es sabido, el Brasil no ha dado un solo paso prévio para transarla, y cuando, segun toda probabilidad, ninguna dificultad habria opuesto el Gobierno Paraguayo para arribar á un arreglo amistoso.

En cuanto á la segunda cuestion, las pretensiones del Brasil, carecen de todo sentimiento de justicia, y la política que él sigue respecto á la navegacion fluvial del Amazonas, es el argumento mas incontestable que hace resaltar la palpitante injusticia con que apela á la lógica irrevocable del cañon para alegar derechos, que el niega y desconoce en aquella parte de su territorio.

A fuer de Estado ribereño, el Brasil pretende el derecho de atravesar por el territorio Paraguayo, con sus buques de guerra, lo cual es del todo contrario á la práctica internacional, que como lo hemos demostrado ya, ha sido sancionada por las naciones mas poderosas y consignada en tratados, que hemos citado anteriormente.

Respecto á la navegacion mercante, el Paraguay ha manifestado siempre su acquiescencia á conceder el tránsito libre, sin mas reserva, que conozcamos hasta ahora, que la manifestacion de que antes de entrar en el definitivo acuerdo de dicha concesion, deseaba quedase ajustado con el Brasil el tratado de límites, por cuanto la fijacion de ellos es indispensable, como garantía única de los perjuicios que puede ocasionarle la navegacion brasilera por el rio Paraguay, habiendo podido agregar, y como único salvaguardia de las pretensiones que no dejaria de hacer valer en adelante sobre nuevos puntos de su territorio.

En cuanto á la tercera cuestion, la de límites, las manifestaciones repetidas del Gobierno del Paraguay, sobre el particular, muestran hasta que punto se halla dispuesto á un arreglo definitivo.

Ahora bien, tomando todos los hechos, y apreciándolos en su justo valor, no es posible dejar de impresionarse dolorosamente respecto á las intenciones que guian al Brasil, al dirigirse al Paraguay apoyado por una poderosa escuadra.

Necesario es convencerse que bajo las apariencias de cuestion política el Brasil se prepara allí, como en el Estado Oriental, á desarrollar una otra política de conveniencia y de preponderancia, asegurándose privilegios que le habiliten á desenvolver una influencia mayor aun sobre la política del Rio de la Plata.