Chapter 6
trapo morado? ¡Cállese mocosa! 'Orita no moleste. Déjeme rezar. No amontone las veladoras, imprudente. Puede provocar un incendio. Lo siento. ¡Qué gente tan torpe! i No sé cómo nuestro señor no se apiada de esta chusma tonta y les da un poco más de inteligencia! No se enoje Sor Serenidad. Así es la plebe. (Cordero de Dios, ruega por todos los pecados del mundo) ¡Mamáááá! ¡Papááá! ¡Ay, tú! Ese niño está perdido! ¡Qué padres tan descuidados! ¿Lo recojo? ¡No te metas en líos! ¡Ahí déjalo! ¡Qué te importa! Ya lo hallarán. Rosarios, escapularios, devocionarios, estampitas, imágenes, tacos, pellizcadas, buñuelos, churros, café negro, pambazos, panuchos, atole, pozole...
SÉPTIMA VISITA
Una limosna por el amor de Dios. Una limosna por la Virgen Santísima. Una limosna por la Santísima Trinidad. Oye, no son esos los que lanzaron del edificio. Sí, son unos jijos de la chingada. Shhh...silencio, ahí vienen, De veras, shhh. Glorifica mi alma al señor y mi espíritu se llena de gozo al contemplar la bondad de dios, mi salvador... Yo soy muy macho, gracias a Dios, no como esos greñudos maricones. (Cordero de Dios, ruega por todos los pecados del mundo) Lo mejor de todo esto son los antojitos y las chamaconas. ¡Ay, tú, y los chamacos también! IUf! ¡Al fin terminamos! ¡Qué cansancio! Apenas si nos da tiempo para llegar a la terminal. El camión que va para Acapulco, sale dentro de una hora. ¡Corre, si no, no llegamos! ¡No! ¡No debemos hacerlo este día! Es sagrado. ¡Sí! Si no es hoy desfallezco. ¡No! No, no debemos. Sí, vamos. Yo sé dónde. No resisto más. A la vuelta hay un lote baldío. Entraremos por una de las bardas que están derrumbadas. El fondo está muy oscuro y nadie se dará cuenta de... ¿Te fijaste en el manotas? Sí, tan ladrón que es y viene a meterse a la Iglesia. Se va ¡r derechito al infierno. ¡No! No debemos, este día no. De una vez. Estoy temblando. No... no... No me beses. ¡Déjame, por favor! ¡Déjame! Sí, ándale, vamos... Ya se me paro... No... hoy no... ¡Aquí están sus perros calientes! ¡Caldos! ¡Caaaaldos! ¡Caldo de pescado! ¡Órale güey, parece que estamos en su tierra! Quítese del frente. Quítame si puedes, pendejo. Chinga tu madre, éntrale, ¡éntrale! ¡Al fin Mari… oooh Mari.mmmi MMMari! ¡Pe...pe... Aaaaay… Pe...pe...
aaaaaaaaaaaaaaaaaaay... ¡Shhh! ¡No se rían tan fuerte! ¡Es que nos contó, un chiste! Y el hormiguero humano continúa inacabable su procesión. Las arterias citadinas revientan en su kermes. Los falsos enlutados prosiguen el tránsito imperecedero: actos fingidos, arrepentimientos pasajeros, bondades convenientes. Y entre murmullos, rezos, risas, carcajadas, las espinas son pretextos para farsas de piedades... ¡Nuestro es el reino de la hipocresía!
XV
Y algún día antisolemne ascenderá triunfante de los subsuelos que lo clausuran y esparcirá su semilla en llamas a cualquiera que respire vida para aliviarlo de sus muertes... Y algún día los escarnios del soborno no podrán pagar siquiera un pétalo de su nacimiento... Y algún día los caídos en los lagos, en los montes, en los bosques, en las calles, en las plazas resucitarán sus voces y le darán la nueva forma a la sustancia imperecedera de él. Algún día... en algún...
CONTRAPUNTO
Reverberante de luces y de gente; de ruidos y de humos; de brillos y de colores, el estudio de televisión se encontraba dispuesto para celebrar el acontecimiento publicitario entre las agitaciones y correteos discretos de los técnicos. El más fastuoso concurso de baile que se había llevado a cabo desde el inicio de la televisora, comenzaría en unos instantes. Y todo era expectación. Los bailarines lucían extravagancias como vestimentas. Desde los elegantes y exaristocráticos trajes de etiqueta, ocultamente alquilados, hasta los sencillos o escandalosos modelos hechos por desconocidos modistas venidos a menos; desde las humildes imitaciones de joyas ambicionadas hasta las portentosas brillantes alhajas importadas de países lejanos y exóticos, de diversas maneras... Las mujeres, jóvenes y algunas no muy bellas, se ufanaban con sus peinados de cortes roqueros y los hombres, a imagen y semejanza de un maniquí San Juan Letranero, se pavoneaban mostrando sus vestuarios de inefables estilos. Todos aguardaban el gran momento con ansiedad y nerviosismo. La mayoría conversaba como para ahuyentar sus preocupaciones. Y las voces se perdían ante tantos ajetreos. - Mi peinado tardaron en hacérmelo once horas...¡No sabes cuánta dedicación para darme este realce! La ondulación a la izquierda debe ser equilibrada con los gajos de la derecha con el propósito de levantarme un pequeño copete central que se arremoline por la parte frontal y caiga justo al borde de la oreja. Estas curvas que aparecen al centro del cráneo se sostienen con un poco de gel controlado con una irrigación de diamantina; de tal modo que el colorido verde haga contraste con la colita dorada que aquí ves, no, aquí mira. Así cae en punta y se ve uno "negliyé". Imagínate que choque bajé una bola de kilos nomás pa'competir a la altura de este concurso. Y como tengo patitas de bailarina pos no se me ha dificultado. Por eso yo creo que ora sí... - Nos hemos preparado mucho. Ojala y ganemos el premio pa'que haiga correspondencia entre tantos sudores. - ¿Una fotografía? ¡Sí! ¿Para qué periódico? Tómame mi mejor ángulo. Mira, asi: casi de perfil. Se me ve bien la nariz, el busto y mis nachitas. - Pasamos de diez a doce horas ensayando. Conocemos multitud de pasos: el cangrejo, el robinson, el patín, el reloj, el plátano bien parado, el sube y baja, la resbaladilla, el columpio, el gusanito, el gusanote, el abajo tú y arriba yo, el de ladito es mejor, el ponte blandita que ya voy a entrar, el vete adelante que voy para atrás, el poquito a poquito, el tren, el puente, el paseadillo, el trompo, el molinillo, el molcajete, el ya mero, ya mero, el apriétame que yo te aprieto,el todo adentro, el nada afuera, la campanita, el muévete mucho, el pajarito, el se hace chiquito y se hace grandote, la paloma, el se abre y exprime, el bocarriba, el bocabajo, el de costado, el de maroma, el de avioncito, el de a patita de ángel, el de a perrito, el de a mariposa, el de pichón, el de metralla, el super doblado, el un pie arriba y otro estirado, el sesentaynueve, el de en la orillita, el de empujón, el de a caballito, el de mírame que te miro, el tú vienes o yo voy, el de así, así, el entradón el machacón, el quédate así un ratito... y algunos más. - ¡Oh! ¡Cuánta sabiduría dancística! Y el momento tan esperado, en el instante más inesperado, llegó. Las luces se apagaron bruscamente. Un anuncio apareció, sin saber cómo, gritando con sus rojos matices: ESTAMOS EN EL AIRE...
Y la pista de baile se iluminó con un reflector de mil colores y las cámaras enfocaron tal escena. La música estruendosa de una agitada variante de jazz se escuchó. Docenas de parejas que aguardaban en las sombras, salieron en conjunto para mostrar sus habilidades danceriles. El locutor, que se encontraba loco por anunciar, exclamó para el público presente y ausente, televidente y radioyente. - La Compañía de Estética Moderna, productora de los más prestigiados artículos para damas y caballeros, elaboradora de las camisas Seduction, de las chaquetas In, de los zapatos Nice Foot, de los vestidos Belle de Nuit, de las joyas With out Sin, de la ropa interior Out, de los trajes de baño Lady Godiva para dama y Adam para caballero, presenta el concurso que ha despertado conmoción en todo el país: -y aumentando la voz al máximo de la euforia, aulló -i El gran premio del millón! Sensacional competencia artística en la que se pone en relieve las aptitudes de las más destacadas parejas bailadoras del continente. ¡Un millón de dólares a lo mejor! -Al unísono se escucharon millares de aplausos que se confundían con el ritmo de la orquesta. -¡Comenzamos! ¡Quién ganará? (Mezclado entre los concursantes que bailan) (Movimiento rápido de cámaras) (Luces de mil colores, psicodelia) ¡Hagan sus apuestas señores! Aquí la inteligencia está en los pies. Y en febril trote musical fueron transcu-rriendo siete horas de movimientos: Aquellos se enlazaban como serpientes; esos se retorcían como moluscos; algunos brincoteaban como mandriles; estos se retorcían como enloquecidas chachalacas, otros se arrastraban como lagartijas. Y todo era una revolución de movidas. Después de tanta exhibición que mantenía en suspenso al país, fueron seleccionados por fin los ganadores y entre la alegría del público, silbidos y aplausos a rabiar, (Close up a los triunfadores sudorosos y despeinados, agitados, alegrados, afamados, admirados, envidiados...) les fue entregada la cantidad de sus sueños.
En otro lugar de la ciudad se efectuaba, a esa hora exactamente una ceremonia en que un representante de alguna autoridad que se había disculpado por no asistir debido a sus ocupaciones como jurado del gran premio del millón, entregaba a un
famoso y sabio investigador, descubridor de una vacuna anticontaminante que había salvado a la población de la muerte, vida entera dedicada al estudio y al bienestar del hombre, un diploma en reconocimiento a sus cincuenta años de destacada labor profesional. - Y de esta manera... -ululaba un orador, más teatral que sincero, -es como la sociedad agradecida rinde tributo a un salvador... -quince o veinte espectadores aplaudieron como con ganas... Al día siguiente todos los periódicos de la nación publicaron en primera plana y a ocho columnas los reportajes y las amplias fotografías de los bailarines triunfadores así como los pormenores del acontecimiento televisivo. La sonrisa a todo diente del locutor en una de las fotos, parecía iluminar al pueblo que con gusto agotaba los puestos de revistas. A su lado los triunfadores también se miraban radiantes y empavonados. Quién sabe por qué, pero ni una mínima nota reseñó al científico homenajeado.
XVI
Y acabarán las tiranías ególatras... Y se ahogarán los beneficios egoístas... Y se arruinarán las miserias ego-céntricas... Y...
LA DIVINA COMEDIA
- ¿Quién es aquella muchacha? - ¿Cuál? -y buscaba entre el gentío que había concurrido a la fiesta. - La de cabellos castaños y ojos verdes. Creo que es la primera vez que la veo en estas tardeadas. - ¡Ah, sí! Ya sé quién. Es Virginia. Acaba de llegar de Europa. Estaba estudiando allá no sé qué cosas. -¡Qué guapa es! Preséntame con ella. - ¿De modo que estuvo usted especiali-zándose en... -y la miraba de arriba a abajo y de abajo a arriba deteniendo sus observaciones casi a la exuberante mitad. -...En Francia, en Italia, en Inglaterra, en Alemania, en Suecia y en la U.R.S.S. - ¡Sí! -con mirada seductora respondía a sus intereses ocultos -¡Es todo tan distinto en esos países! ¡Extraordinario! i Lo que hace la civilización! - Por supuesto... -y la música voluptuosa de un ritmo moderno comenzó a estremecer al salón -¿Bailamos? - ¡Claro! Esa melodía me recuerda mi temporada de vacaciones en la Costa Azul. ¡Qué delicia! - Es usted encantadora. Y se deshacía bailando. - ¿Le parezco así? - Si no, no lo diría. No me gusta decir mentiras. - Imagino que no. - Me gustaría invitarla al cine para mañana y luego a cenar. - ¿En verdad? ¡Me encanta el cine! -exclamó sofisticada. Y fundidos en ardorosa amistad danzaron durante toda la fiesta. - Es la tercera ocasión que veo Francesca de la Tinieblas. ¡Es formidable! La vi por primera vez en Moscú, la repetí en Cannes. ¿Qué tal te pareció? - ¡Excelente! Magistral. ¿Quieres ir a tomar un helado antes? - Si no te molesta. - Para nada. - ¿Te gusta? - Muchísimo. - Virginia, quisiera decirte que... - ¡Di, sí! ¡Soy toda oídos! - Me gustas mucho. Eres la mujer que anhelaba. - ¡Oh, Julián! - i Sí, te amo...! - ¡Yo también, yo también! - ¡Virginia...! -y sus bocas ardientes se acercaron hasta formar una sola. - Quiero acostarme contigo. - ¡Julián! Eso no, yo soy una mujer decente... - ¡Es preciso entonces que nos casamos! Nuestra felicidad no puede esperar. - ¿Casarnos, Julián? Pero... -y miró de hito en hito el cuerpo de su amado. - ¡Sí! ¡Casémonos! - ¡Uf, qué cansancio! Parecía que nunca se iban a ir los invitados. ¿Qué estás leyendo Virginia? - Cartas de felicitación. - ¡Déjalas! -ordenó con mirada lujuriante. Ella lo miró fijamente y entreabrió los labios con sensualidad. El avanzó apasionado y la estrujó en sus brazos con morbidez. -¡Al fin estamos solos! Tú... y yo. ¡Mi Virginia! -Las cartas cayeron sobre la alfombra. La luz de la recámara se apagó. Y ya no leyeron más. - ¡Julián! ¡Julián...! - Ya casi, ya casi. Se acerca, se acerca... - ¡Pronto Julián! Pronto! ¡Ámame siempre! ¡Más! - ¡Amor mío, amor mío...! - Muévete más. Más... Mételo más... - Sí, sí... ¿así...? - ¡Ooooh sí...! ¡Sí! Así, así, suavecito... No te vengas tan pronto. - Mi pasión será eterna, eterna... - ¡Ah, Julián! ¡Abrázame fuerte! ¡Fuerte! ¡Aaaah! - ¡Virginia! ¡Virginia maravillosa! ¡Maravillosa! ¡Ma ra vi lio sa...! - ¡Qué pasa contigo! ¿Por qué no estás lista? Vamos a llegar tarde a la fiesta semanal del club. - ¡No me molestes! ¡Espérate, si quieres! - ¡Cómo que me espere! - Si no quieres, lárgate. Yo puedo ir sola. - Sigue provocándome. ¡Te voy a golpear! - ¡Ah! ¿Me pegarías? ¡Anda! ¡Hazlo! Nada más eso falta. ¡Estoy harta de ti ¡Cretino! - Pues para que ya no sigamos así, mañana presento mi demanda de divorcio - ¡Que dicha! Me harás un gran favor. ¡Ya no soporto tus babosadas! Puras pendejadas hablas. Y ante mí, declaro legalmente separados a la Señora Virginia de los Santos y al Señor Julián Roma, por común acuerdo. - Oye ¿Julián y Virginia siempre se separaron? ¿Verdad? - Sí. No sé para qué se casaron. A él le hubiera salido más barato ir con la Miss. - Y a ella también. - ¡Lo que es tener dinero para desperdiciarlo en caprichitos! - ¡Ah, dinero! Fuerza que mueve al sol y a las demás estrellas...
XVII
Algún día emergerá para fundirnos en mies inseparables a los demás ... Y no ser, si no son... Y no reír, si no ríen... Y no cantar, si no cantan... Y no amar, si no aman... Carcajada de maizales. Alegría del alba roja. Sinfonía de máquinas. Era...
EL SUEÑO DE UNA NOCHE DE VERANO.
La calma reinaba. Todo era extraño en aquella región desconocida. Parecía ser el residuo de una vida pretérita que iba tornándose nueva. Algo así como la serenidad que baña los anocheceres después de las tormentas trilladas de verano. Deambulando por las avenidas de aquella metrópoli imprevista se veía un individuo cuyo rostro era surcado por la mueca endurecida de la incertidumbre. Caminaba por los lugares que él parecía haber visto ya, aunque a pesar de ello, se sentía extraviado, perdido en sí mismo como un vagabundeo somnífero que no encuentra el sitio de su procedencia; como un andar lo desandado; como un buscar la dirección exacta en un poblado desconocido, pero quién sabe en qué época visitado. Y algo incómodo se acrecentaba en su pecho: angustia y felicidad, sobresalto y ensoñación, deleitoso temor. De improviso, como quien grita en un silencio eterno, dos mujeres enjoyadas y aristocráticas se acercaron hasta él y una de ellas, la menos joven, le preguntó con voz dulce y conmovedora:
- ¿Algo le sucede? ¿Se siente enfermo?-y el descentrado sorprendido, sólo meneó la cabeza en no. La mujer prosiguió afable: - Es que se mira usted muy demacrado, muy pálido, como agotado... ¿Ha comido ya? ¿Quiere que le ayudemos? - No...gracias. Estoy bien. No sé qué pudo haberles insinuado... pero... No. No me pasa nada. Les agradezco. - No se apene. Es que nosotras así somos. Pertenecemos a la sociedad de Damas Amorosas. Nuestro objetivo es hacer felices a los demás , aunque no los conozcamos ni sepamos quiénes son... ni su procedencia... ni su raza... ni su credo. No nos gusta ver el sufrimiento ajeno. Caminamos día y noche por la ciudad, tan apacible, llueva o haga calor, en busca de algún necesitado. Por eso, cuando lo vimos tan decaído, pensamos que se encontraba delicado de salud. íbamos a descansar en estos momentos, mas preferimos ayudarlo. - No es necesario. Siento mucho que hayan perdido su tiempo conmigo. Son muy amables. - No se preocupe. Aunque hay algo en usted que nos dice a gritos la mortificación por la que atraviesa, -interrumpió la otra- Tenga... -y le enseñó unos billetes insólitos. El hombre quedó asombrado. ¿Sería dinero? Pero era una moneda, desconocida, inexplicable. - Pero... es que... -musitó. - Nada, nada... -con insistencia continuó la mayor. -Además, yo le daré este collar y estos aretes para que los cambie... -y se los quitaba- Son perlas legítimas. - Y este anillo también... -reafirmó la menor. - No sé... -atónito- ¿Por qué lo hacen? Yo no he dicho ni hecho algo para tanta dadivosidad. - iCálmese buen hombre! No vaya a empeorar su estado. - Entonces... ¿De verdad me lo obsequian todo? - ¡Claro! -ambas exclamaron al unísono -¿Qué pensaba? Somos cristianas y nos despojamos de nuestras riquezas y lujos con tal de que alguien sea dichoso en estos tiempos de armonía y comprensión. ¡Adiós buen hombre! -y las bondadosas, sin darle tiempo a contestar, se esfumaron sin saber cómo, ni por dónde... Tal cual habían llegado. El hombre no sabía qué pensar ni qué hacer. Se sentía torpe ante aquella espontánea solidaridad. Algo enigmático, inconcebible, acontecía.
Y la ciudad se miraba transformada repentinamente. Era como si fuera otra, sin dejar de ser la misma. - ¡Señor! Se le ha caído este billete -el desconocido escuchó a sus espaldas y volteó inmediatamente, era un voceador, mas a quien se dirigían no era a él, sino a un anciano que de improviso había aparecido. - ¡Oh! !Qué descuido el mío! ¡Ah! ¡Los años... los años...! A veces me traicionan. No se hubiera molestado en levantarlo. Ya no lo necesito. ¿Lo quiere usted? -aconsejó a quien lo había llamado. - ¿Y yo para qué? Antes, cuando se usaban, tal vez me lo hubiera quedado, pero ahora que todos trabajamos para todos, ahora que no somos yo sino nosotros, no es ni siquiera atractivo. Sólo para casos muy especiales de trueque. Fabricamos el papel para el periódico, lo imprimimos y lo repartimos. Comemos, vestimos y nos divertimos sin necesidad de tal absurdo. - Tienen razón. Yo los colecciono por curiosidad. A mi edad es de los entretenimientos que puede uno disfrutar. - Entonces, si usted los reúne, ¿por qué no quiere éste? - Es que ése ya lo tengo. Puede tirarlo. De cualquier manera gracias por su aviso. -Y el anciano se retiró con lentitud, y mientras más se alejaba, la atmósfera clarísima lo iba diluyendo. El voceador tiró el dinero a un bote para basura y desapareció tal como apareciera, de repente. Y el desconcertado quedó más confuso que antes, sumido en neblinas insondeables. Veía y escuchaba con diafanidad lo que sucedía a su rededor, mas no lo comprendía: voces e imágenes nunca vistas, diálogos extraños e increíbles. - ¡Aquí está la comida! -surgieron como siempre, unos jóvenes portadores de unas viandas ahumantes y se dirigieron a otro que intempestivamente habíase puesto en escena con ropa medio manchada de pintura. - ¡Ya tenía hambre! ¡Qué bueno que el Estado no descuida sus obligaciones para quienes lo formamos! No se olvidan que son nuestros servidores. Y que ser funcionario público es la nueva concepción de la servidumbre social. - ¡Claro está! Por eso todos cooperamos en el trabajo. Así ninguno sale perjudicado o con beneficios excesivos. Cada quien se dedica a lo que le agrada y produce lo que otros necesitan para que a su vez, él tenga también lo que quiere. Sólo el trabajo libre, creativo y solidario nos importa, porque es la más alta forma de hacer el bien a los demás y al hacerlo, el bien se dirige a nosotros, sin duda. Y el desconcertado, caminando sin querer, continuó por la urbe singular, de perfiles novedosos y ángulos inimaginados. Y caminaba, y escuchaba, y veía, y tornaba a caminar. - Debemos unirnos en su dolor. Hizo tanto por nosotros. Sería una ingratitud. Vayamos a consolarlo. Aquí es cuando la unión debe ser más intensa. -Y rehacía sus pasos cuyo silencio se confundía en la extrañeza de aquel mundo distinto. - ¡Qué bien que derrumbaron ese vejestorio! ¡Era un edificio horrible de anticuadas estructuras! Por dondequiera había agujeros y desperfectos, insectos y roedores, alimañas de la peor calidad. Dizque tenía una fachada muy hermosa, pero por dentro, como muchos... ¡puf! ¡Qué desencanto! Así debían demoler las construcciones inservibles para erigir en sus escombros palacios nuevos a la verdad. Esperemos que algún día todos los edificios que pueblan la ciudad, sean tan bellos por dentro como por fuera... ¡Y ya falta poco! El desconcertado quedó aún más al contemplar las ruinas de uno de los principales exponentes arquitectónicos de la metrópoli pasada. ¡Increíble! - Hoy no hay trabajo. Ha quedado agotado. - ¿No hay? ¡Ah! ¡Lástima! - Es triste... ¿y ahora qué hacemos? - Creo que debemos ir a la fábrica de ropa para ayudar a nuestros conciudadanos. No es justo que mientras ellos laboran intensamente, nosotros estemos de holgazanes y comamos igual que ellos, sin merecerlo. - ¡Muy buena idea! ¡Ayudémosles! Lo impone la nobleza humana. La cooperación antes que nada, lejos de la envidia y de la conveniencia, así viviremos en el progreso constante y en la paz creadora, que es la más grande guerra. -Y un grupo numerosísimo de obreros que salían de repente de una recién aparecida fábrica se dirigió hasta otra cercana. Cuando llegó, al instante en que se abrían los enormes portones de cristal, un armonioso canto, voces de hombres y de mujeres, profanó aquel celaje azul, ahora sin límite: -¡Compañeros! Cantemos a la voluntad, cantemos al deber y unidos trabajemos sin descanso y sin cesar para que mañana, al brotar la aurora, al surgir el nuevo sol, nada perturbe la tranquilidad y el cosmos conquistemos. ¡Compañeros! ¡Unidos por la Cooperación!