Chapter 4
- ¡Mueran los estafadores! Es indigno que la población obrera de nuestra amada Patria lleve la vida que lleva, mientras que unos cuantos privilegiados gozan del producto del sudor de la frente del hombre trabajador. Debemos luchar, ¡Morir, si es necesario! porque se instaure un gobierno distribuidor equitativo de las riquezas y cuyo único compromiso sea para con el proletario... Y unos cuantos lo interrumpieron con una tormenta de ardentísimos aplausos. Los demás palmoteaban como para salir del paso... Algunos manifestantes bailaban como para animar el mitin y parecerse a los programas de televisión. Una música tropical parecía servir de fondo al mitote. - ¡Compañeros! Es injusto el procedimiento de los poderosos e injusta es la forma en la que somos tratados. Atropellan nuestros derechos. Se nos humilla. Se nos niega cualquier manifestación. Se nos reprime como delincuentes. Se nos asesina. Mientras que otros países del orbe han superado esta etapa crítica y además torpe, el nuestro continúa en ella, en el retraso, en el subdesarrollo, entre la subcultura. ¡Y el vil gobierno la protege! ¡Sí! ¡La protege! ¡Compañeros! ¡Por el futuro de nuestros
hijos que se debaten por llegar a ser. Por ellos, los invito a levantarnos en contra de la tiranía, en contra de la injusticia, en contra de la superchería, en contra de los hipócritas, en contra de los fanatismos, en contra de la palabrería, en contra de la demagogia, en contra del clero estafador que aprovecha la religiosidad de nuestro pueblo para negociar descaradamente con las creencias y sentimientos de nuestros compatriotas. ¡Abajo la mala administración! ¡Mueran los miserables patrones! ¡Luchemos por la defensa de nuestros derechos! Muera el gobierno vende patrias -Y el aplauso rabioso de unos volvió a interrumpir el discurso del líder benefactor... -¡Así se habla! -Gritaban algunos. - ¡Vivan los valientes defensores de los oprimidos! -aullaban otros. - ¡Vivan! - Ha sonado la hora de liberarnos del yugo capitalista, -continuó- El socialismo se aproxima. La época en la que no haya ricos ni pobres ni privilegios ni despotismos ni traiciones. El socialismo llegará a nosotros. Tenemos gue ayudar para que sea cuanto antes, aún a costa de nuestra existencia. Con el nuevo sistema no habrá uno solo que se quede sin comer, mientras tantos asisten a despilfarrar el producto de nuestro trabajo en banquetes y festejos. Con el nuevo sistema no habrá más desposeídos ni despojados. ¡Compañeros! - y su voz repercutía con increíble sonoridad por todos los confines del espacio- La hora en que caigan los adinerados ha sonado. ¡Vayamos a la lucha! Mueran los usurpadores, los sindicaleros charros, los cobardes asesinos. Y los aplausos resonaban al mayoreo y al menudeo, como en inescuchada tormenta. - ¡A la lucha! -gritaban. - ¡A la lucha! -ululaban. - ¡A la lucha! -rujaban, perdón, rugían. Y el abnegado líder bajó con las dificultades de su panza del estrado en el que había estado hablando entre las ovaciones de los trabajadores para dirigirse hasta un auto de larga negrura que lo aguardaba y que lo llevaría a las negociaciones. Los obreros continuaron escuchando a otros oradores que maullaban las dulces promesas y dramatizaban, como los antiguos mártires y los nuevos... y los volantes de agitación circulaban y circulaban. Luego sucedió que los defensores, después de los discursos, fueron a celebrar su triunfo político. Y los obreros... Y el pueblo... Se quedaron esperando... Y aún... La plaza enorme y señorial quedó con una alfombra de publicidades y telones de mantas y carteles multicolores como ocultando teatros. Y la función fue a continuarse en otra parte. Y todos creyeron ser muy felices con sus actuaciones. - Ganaremos, ganaremos- gritaban algunos y algunas. Tomados de la cintura como las Rocketts en el City Hall. Y se diluían gritones entre las calles. La gente, desde sus trabajos, se distraía...
IX
Era... Era un hombre extraño... Más que visible, invisible. Sin faz, porque nadie se había detenido a contemplarlo; sin cuerpo, porque nadie había sentido sus alientos. Era apenas un futuro muy pretérito... pluscuamperfecto... Silueta efímera que al despertar se les perdía. Era...
YOCASTA
Y lanzaba al viento hirientes ayes desgarradores. Sus mejillas brillantemente enlagrimadas y el maquillaje maltratado, la asemejaban a una doliente madona. La gente que pasaba por esa calle la miraba con extrañeza. Murmuraban. Se iban. Y la mujer seguía desesperada. Tiraba de sus cabellos ensortijados de permanentes. Gemía. Parecía inconsolable. Algo acontecía en sus adentros. Deliraba. - ¡Oh! ¡Dios mío! ¡Cuánta desgracia! ¡Cómo fue a suceder! ¿Por qué pasaría esto? ¡Oh! Apenas ayer lo vi tan alegre, tan jovial y ahora... ¡Oh no! ¡No es posible! ¡No! Triste destino, portentosa vida de desgracias -y giraba sobre su propio eje, como loca- Le dije que no saliera de la casa, que podía pasarle algún percance, pero él insistió, insistió hasta que... ¡Oh! ¡No es posible! Cumplió su capricho y ahora... ¡Oh! ¡He aquí los tristes resultados...! -y se inundaba otra vez en lágrimas. - ¿Qué le sucede señora? ¿Se siente mal? Dígame... - una anciana se acercó hasta la Magdalena que interrumpió el llanto para entre hablar... - Es una desgracia larga de contar. - y seguía llorando. - ¿Se le ha muerto algún familiar? - la bondadosa trató de indagar el motivo. - ¡Más que eso! ¡Lo he perdido para siempre! Jamás volveré a estrecharlo entre mis brazos. ¡Jamás!. - Se ve usted muy mal, permítame conducirla a su domicilio. ¿Dónde vive? - Aquí enfrente. - y señaló temblando hacia una mansión fastuosa. - ¿Allí? -sorprendida, como incrédula, exclamó la anciana - ¡¿En esa casa?! - ¡Sí! ¡Oh! Desgraciadamente sí. Creo que no voy a poder más continuar en ese lugar. Todo está lleno de recuerdos. Su presencia la percibo aún, su figura, sus delicados pasos, su voz... - ¡Oh, qué pena! Debe resignarse. Es inevitable. Siempre ha de existir un final. Nadie escapa a esta ley. Los que quedamos, tomémoslo con resignación. No llore ni se acongoje. Confómese. Lo perdido es difícil de recuperar, lo sé, mas... Haga una nueva vida. Recuerde que al terminar la noche viene otro día, peor o mejor, pero otro... Vea así la existencia señora, como algo que nace continuamente, Y gócela, fecúndela, llénela de amor, sin pensar en lo pasado. - ¡Qué confortables sus palabras! Y es que es tan angustiante. ¡Horrible! Si al menos hubiera tenido oportunidad de enterrar su cuerpo. - ¿Qué dice? ¡Desapareció? ¿O no asistió al entierro? - Sabrá Dios si ha sido sepultado. - ¿Cómo? Entonces... - Es que... -desfallecida- nadie se dio cuenta, ni los tontos de mis criados ni mi tía ni mi marido. De repente me comunicaron que no lo encontraban, que se había extraviado. Inmediatamente hablé a la policía para ver si allá lo localizaba, pero nada. Nada. Cuatro inmensos días de angustias, de torturas, de desesperación, transcurrimos buscándolo y... hasta ayer, por la mañana, cuando me acercaba al balcón de mi recámara, temblando de melancolía, lo miré en aquella esquina -y señaló -Inmediatamente bajé para traerlo a casa. Iba abriendo la reja cuando de repente atravesó la calle. En el mismo instante un automóvil conducido por un estúpido pasó a gran velocidad y... allí... ¡Oh!, ante mí, quedó atropellado. ¡Muerto! Caí desmayada. Varias personas tan gentiles como usted, se encargaron de llevarme a mi residencia. Alguien aprovechó esos minutos y se llevó el cuerpo. No sé dónde habrá quedado ni cuándo lo encontraré y mucho menos... ¡Oh! -lagrimeaba- ¿Cómo podré llevar esta dolorida carga. - ¡Cómo! ¿Se lo llevaron? No comprendo. - Sí, algún traficante. ¡Estoy segura! ¡Oh! Creo que ya no puedo sostenerme en pie. El recordar hace que me debilite. - ¿Traficante? ¡Es monstruoso! - Me alegro que usted sí lo comprenda. -sonrió amargamente. - ¿Y la policía que ha hecho? - Como siempre, en sus laureles. No me hacen caso. Son unos imbéciles desconsiderados. ¡Perros! - ¡Eso es un gran delito! Profanación, o algo así. - ¡Oh! Esta es la razón por la que sufro. - Sin embargo no alcanzo a comprender lo que me ha informado, -y la anciana se rascaba la cabeza buscándole solución al caso. Y meditaba y remeditaba en el sufrimiento de la Magdalena. (Fue un accidente. La policía debió haber detenido al conductor del carro. Y luego... eso de que fue raptado por un traficante...) E iba y venía del asunto tratando de entenderlo. - Creo que debe irse a su casa. Hay muchos curiosos a nuestro rededor -continuó la bondadosa. - Sí, sí, sí, -como somnámbula - es lo que debo hacer. Las dos se dirigieron hacia la entrada de la espléndida mansión. La anciana llevaba a la delicada de un brazo. Los transeúntes contemplaban perplejos aquella escena. Cuando llegaron hasta la enrejada puerta, la Magdalena agradeció la gentileza. - No tiene por qué hacerlo. Una debe ayudar al prójimo... como verdadera cristiana. - habló la buena, y en diciendo esto, la dolorosa entró lanzando sus acostumbrados ayes. -¡Ah! ¡Ay de mí! ¡Mísero cuerpo que aun conservas la vida! ¡Oh! ¡Trágicas cadenas se aproximan! Hoy sufro. Mañana sufriré. Siempre he de sufrir. Desfile interminable de torturas. ¡Ay de mí! ¡Aaay de mííí! Y la gente curiosa fisgoneaba desde la calle como si trataran de escuchar lo que decía tan lastimeramente mientras atravesaba un fastuoso jardín. Un hombre, alto y serio, enfundado en un elegante traje de etiqueta salió a encontrarla en graciosa carrera, a la vez que semigritaba: - Pero mujer, ¿todavía sigues con la misma locura? Hay muchos gatos como ése en el mundo. La semana que entra tendrás otro. Ya lo mandé traer de Europa. Será igual. Un angora legítimo. - ¿Sí? Eso crees. Nunca habrá otro como Eugenio. ¡Ay de mí!. Y la gente que perpleja miraba aquella escena rió sorprendida. La anciana quedó vacilante, vacilada. Sintió un algo entre disgusto y desencanto. Se recargó sobre un muro cercano. Parecía confusa. No quería enojarse. Los transeúntes prosiguieron con su ruta. La bondadosa frunció el gesto. Apretó los puños. Nadie le hizo caso. Al final movió la cabeza, y dando un risueño e incrédulo suspiro, se alejó sonriendo y quién sabe qué murmurando de los ricos ociosos, los camellos y las agujas.
X
Era él... Él... ...tejedor de sueños... ...quien aguarda el partido luminario... ...quien descuelga estrellas rotas... ...quien espera el instante de la marcha trascendente sin disfrazarse en caretas de-magógicas... Era él... ...un hombre extraño... ...el Hombre... El Hombre eterno... sin banderas... El Hombre verdadero... sin iglesias... El Hombre duradero... sin cadenas... ...el hombre oculto... la simiente sana... la materia superior del universo... inconcluíble energía adormecida... Él era. Él.
EL PRINCIPE FELIZ
Pos fíjate que sí, pa' qué te presumo. Soy de barrio y como ves, la calle donde vivo se parece a las demás, la neta, pero tiene algo distinto que la hace diferente a todas, diríamos... iPersonalidá! ¡Personalidá! ¡Eso! ¡Eso! Aunque estrecha y húmeda, es reacogedora iah! iy qué acogedora es! sobre todo cogedora. (¡Jo, jo, jo, jo!) No te rías, es lo bueno. A su largo (me agarras ¡Jo, jo, jo, jo!) como que las fachadas se descorren en medio de balcones y ventanas cayéndose de ropa húmeda y dejan ver portones derruidos de rucas vecindades entre anuncios de los más variados comercios que brindan sus productos a quienes pasan por ahí, como inocentes victimas de mis vecinos ratas. (¡Ji, j¡, ji, ji!) Digo, honorables comerciantes. Mira, ahí lucen sus pintarrajeados letreros, desde la esquina oriente, nuestra presumible panadería cotidiana: "La Multiplicación" y la fonda de Doña Chucha; al lado, la incitante "Aquí me quedo", cantina de chúper categoría, después la suculenta supercocina "La Purísima y junto a ella, como avergonzada de su fuchi aspecto, los excusados públicos. (¡Je, je, je, je!).
Y ve a continuación "La caja de Pandora", pinchurrienta bodega de pollos pasados a la historia por manos extrañas y despiadadas; le sigue, como gemela de la anterior, "El Edén", accesoria destinada a la venta de fruta y legumbres de dudoso origen. De inmediato la tiznada plomería "Hercules", a punto de desplomarse, (i Je, je, je, je!) Luego, la carnicería de Don Cándido: La Flor y Nata de las Damas", donde se consigue todo tipo de carnes, huesos y cueros (¡Je, je, je, je!) Junto a esta se halla la entrada más ténebre y macabra del vecindario, un edificio a punto de derrumbarse con cien viviendas superhabitadas y a unos pasos, el taller de zapatos agonizantes "London and New York", la carbonería "El Sol" y un restaurantito apenas inaugurado, "El Milímetro", que por cierto, ha causado sensación entre los vecinos por lo a todo dar de sus tortas, de sus tacos y de sus caldos...(¡Ji, ji, ji, jü). Ya pa' terminar, mi calle se engalana pípirisnais con dos pomposas y relamidas casonas: una dizque neoclásico francés de los tiempos porfirianos y la otra, muy destruida por el temblor del 57 que'sque barroco colonial, según nos apantalla el dueño pa' aumentarnos la renta. ¡Pinche viejo!
Ahora ven; vamos a la acera poniente, ahí está la tienda de abarrotes "El Refugio de los desesperados" que revienta de la más variada y diversa mercancía comestible y bebestible ¿o no? (i Ji, ji, ji, ji!). Y nada menos que en el rascacielillos del lugar, quince pisos. Es como el cuerno de la abundancia comercial. Su dueño es a toda madre, ¡Lástima que dicen quesques puto!. Junto a ella, un almacén de fruta fresca y podrida; luego la huevería "Para huevos los míos"; (¡Jo, jo, jo, jo!), la pulquería "Pior es nada", en la que se expende el pulque pulquérrimo del barrio y la más pobretona fonda de la calle, pero la más concurrida por lo barato de sus antojos. Y a un lado ves esas dos misceláneas: "Las mellizas", compiten por ganarse la voluntá de la clientela y tres enormes restaurantes que con el bullicio de sus sinfonolas no dejan dormir al desvelado vecindario a ninguna hora del día y de la noche...(¡Je, je, je, je!). Así es esta calle en donde vivo, una calle como muchas, pero que tiene personalidá. Siéntela: Ruidos por la madrugada. Ruidos por la tarde. Ruidos a todas horas. Griterío cotidiano. Confusión. Siempre confusión. Murmuraciones maliciosas. Consejas extrañas. Cuentos atrevidos. Relatos macabros. Cacas
históricas. Líos hediondos. Historias risibles. Qué aquí... Que allá... Que más allá... Que acá... Que ése... Que aquél... Que aquélla... Que éste... Que ésta... Que hizo... Que no hizo... Que es... Que no es... Que llegó... Que no llegó... Que arriba... Que adelante... Que abajo... Que atrás... Que así fue... Que así no... Que es la verdá... Que es mentira... Que se sospecha... Que se lo llevaron... Que lo metieron... Que no se metió... Que sí... Que no... Que se la... Que no... Que le pegaron... Que ya... Que todavía no... Que fulano... Que zutano... Que mengano... Que perengano...Que... ¡Oh! ¡Chismes y más chismes! ¡Como en desfile interminable...(¡Je, je, je, je!)... Per'ora que me acuerdo, ¡deveras, fíjate que, dizque dicen que dijeron que decían lo que habrían dicho que dirían de... - ¿Ya se fijó en tencha, comadrita? A mí se me hace que... - (Sonrisa de aprobación) Pos' a mí también. - L' otra vez yo la vi con mis propios ojos, como que son míos, que se iba con el tigre, el de la carnicería de Don Cándido. Dijo que iba al cine... - ¡Qué casualidá! - Ya se le nota reteharto. - ¡Shh, comadrita! Ahí viene... - (Superamable) ¿Qué tal tenchita? - (Seria) ¿Cómo le va? - Pos... No tan bien como a ti. (Burlesca). - ¡Largúese borracho desgraciado! ¡Gorrón! ¡Mantenido! ¡Muerto de hambre! - ¡Bah! ¡Qué delicada se ha vuelto! Ya me voy y ya no vengo. No faltaba más. Eso se saca uno por visitar a los viejos amigos. - ¡Qué amigos ni que ojo de hacha! ¡Usté es un briago de marca! ¡No quiero que me ande sonsacando a mi Juan! - i'ta bueno! ¡Ya estarás jabón de olor, ni que perfumaras tanto! - ¡Lárgueseme ya! ¡Muerto de hambre! ¡Borracho desgraciado! - ¡Angelito! Te estaba esperando... - Vengo rápidamente. No más pa' que no digas. Se me hace tarde pa' la escuela. - ¿Sí? Pues abrázame... - Antes caite con la lana. Dando y dando pajarito parando... - Ten, son cien... - ¿Nada más? ¡Buh? - Ten cincuenta más, pero ya... - 'Ora sí... ¡Pa' luego es tarde! Pon el nidito para que se vaya entrando. - ¡Ahh...! ¡Papacito...! Y le dio una santa paliza que hasta creo le rompió un brazo. - ¡Qué bueno que se lo lleva la patrulla. A ver si así escarmienta. - Y ella también. - ¿Y por qué ella? Si es tan buena, tan trabajadora. - ¡Qué buena va a ser! No sabe que andaba de quisquillosa con el de la huevería. Ese que se cree Charles Atlas. Siempre anda presumiendo de que está muy bien dado. - ¡Huy! Entonces lo tiene merecido. (No me caería mal una restregada también con él. Esta re'macizote y... Aunque me pegara mi marido como a ella. Ahora que regrese...pa'que se desquite... que me masacre…) - ¡Angelito! ¡Angelito! ¡Donde estás muchacho del demonio! Se hace tarde pa'la escuela. ¡Angelito! - Ya se fijó en lo presumidos que se han vuelto los del nueve? No más porque la hija es secretaria se sienten los muy muy... - Así es la gente. Nomás tienen tantito y se les sube... - Nosotras los vimos cuando estaban en la vil calle, muertos de hambre y ahora se creen los millonetas. - ¡Ándale hija, vamos al rosario! Ya están llamando. - Ya voy mamá. Espérame un momentito. - ¡Nada! Primero la iglesia y luego la televisión - Es que está a todo dar el programa. - A ver... - ¡Adiós Lupita! ¡Qué buena te estás poniendo! ¡Cuídamelo! No te lo gastes. - ¡Majadero! - Así me cuadran, respondonas, porque nomás que lo sienten, ya ni responden. - Ándale mamá! Se hace tarde pa'l rosario. - ¡No estés fregando! Deja ver el programa... - Les embargaron los muebles a los del siete. -También no pagan. Son retracaleros. No más pa'quedar bien se endrogan. - ¡Qué bueno! Para que se les quite lo tranza. - ¿Te fijaste en su peinado? ¡Qué extrava-gante! ¿Verdá tú? - ¡Ay sí! Se siente la divina garza envuelta en seda. Se cree la María Félix. - También con ese negocio gana lo que quiere... Hasta ganas me dan de hacerle la competencia. - ¿Y para qué? Si tu viejo te da bastante, ¿no?. - ¡Ah! Eso sí, pero él siempre dice que nunca me conformo. Por eso me da coraje con esa tipa. Una que es decente
no puede tener lo que tantas veces en nuestros sueños hemos deseado. En cambio la descarada de la Lupe... - Pero fíjate en qué trabaja. Así hasta tú... y yo... ganaríamos lo que quisiéramos. ¡Esto nos pasa por ser asquerosas! Aunque viéndolo como se debe, somos más mejores que ella, pues no comerciamos con la carne. - ¡Ah! Eso sí, pero lo que más me da risa es su peinado. ¡Qué essstravagente! Y tanta elegancia para atender una simple y vulgar pollería de mercado. (¡Ji, ji, ji, ji!) ¿Cómo la ves desde a'í?. Así, más o menos, creo que más, es la calle donde vivo, semejante a todas, pero con un algo que la hace diferente y particular, carnal. A cualquier hora del día o de la noche hay algo que ver o escuchar. Ora canta una borrachita decepcionada sus ¡cómo sufro!; ora suena un cilindro; ora repiquetea la marimba su guapachosa tropiquera frente a las fondas cercanas; ora se escucha el escandaloso de un automóvil pasado de moda; ora ladran los perros; ora maúllan los gatos; ora gritan los niños; ora aúllan los vendedores ambulantes sus mercancías, ora martillean en la plomería; ora se escuchan mil radios en distintas estaciones al máximo volumen, como en competencia; ora dos mujeres se madrean en la cola de las tortillas; ora se oye la súplica de un teporocho; ora se mezclan todos los ruidos armónicamente y... ¡Je, je, je, je! Así es la calle donde vivo, como pocas, ¡Jo, jo, jo, jo! ¡Aaaaah! Pero eso sí, ( suspiro ) en ella tengo mí feliz nido de amor... ¿Eeeeeeh?
XI
Era un hombre: EL HOMBRE. Menos nada y nada más que quien nos mueve... ...quien nos libera... ...quien nos altiva... ...y salva. Y seguirá siendo... EL HOMBRE.
EL LOBO ESTEPARIO