Part 17
--Yo--dijo el menor--no trabajé en nada fijo, sino en lo que me tocaba; yo a todo le hacía. Una noche que venía por un camino muy solo, me puse a torcer un cigarrito, y cuando lo fuí a encender, me encontré con que no tenía fósforos, y mientras tanto, ya me moría de ganas de fumar. ¿Qué hice entonces? Divisé una luz en la Luna y subí hasta ella a encender mi cigarro.
--¿Y por dónde subiste?
--Por el hilo que tú torciste.
--¿Y por donde bajaste?
--Por el garbanzo que tú plantaste.
Los trescientos pesos le correspondieron al menor, que era el menos ambicioso y que ni siquiera se había preocupado en todo el año de urdir su mentira.
38. EL PEQUEN Y EL SAPO.
Estaba un Sapito arriero tomando el sol, cuando un Pequén, que lo divisó desde lo alto, bajó y se le puso al lado, sin darle tiempo para saltar al agua.
Los sapos, como los burros, tienen fama de ser torpes, pero es un error, porque son habilosazos y tienen muy buenas ocurrencias.
Vean, si no, lo que se le ocurrió al Sapo.
Al ver el peligro en que se hallaba, no se cortó; al contrario, saludó muy políticamente al Pequén y le dijo:
--Buenos días, señor Pequén, ¿cómo está su salud y la de sus oficiales y soldados? porque, seguramente, usted por lo menos es general. Yo tengo muy buen ojo y estoy cierto de no equivocarme al decirle que debe ser general,... si acaso no es el Presidente.
El Pequén dijo para sí:
--¡Qué sapito tan dije y tan bien educado!--y en voz alta:--Estamos todos bien, sapito lindo. ¿Y qué se te ofrece a ti?
--Nada más que no me coma, señor General; siendo usted una persona tan digna, espero que no tratará de comerse a este pobre Sapo, contimás que hay aquí tantísimos ratones a su disposición y su carne es tan ricaza.
--¡Qué sapito tan bien hablado!--pensaba el Pequén para sus adentros, ¿me lo comeré o no me lo comeré? tengo tantísima hambre.--Y hablando fuerte, le dijo: Veremos, sapito, si te como o no te como.
Y en esto el Pequén bostezó y cerró los ojos, y el Sapo que no despegaba los suyos de los de su enemigo, en cuanto lo vió pestañear se echó al agua y le gritó al Pequén:
--¡Ah, pájaro indino, saltiaor de caminos, que andáis, como garrotero, saltiando a los pasajeros!
Y el Pequén dijo:
--¡En qué hora estaría que no me comí a esta porquería!
39. EL GUAIRAO Y EL SAPITO.
Pasó volando un Guairao por encima de un estero, y al ver a un Sapito, bajó para comérselo; pero el Sapito, que lo vió a tiempo, de un salto se metió al agua. El Guairao, que es medio filósofo, dijo:
--¡Miren lo que son estos lesos!
permiten ahogarse en el estero, por no pasar por mi guargüero.
40. LOS GUAIRAOS Y EL SAPO.
Iban volando dos Guairaos y divisan a un Sapo que estaba de espaldas con la guata al sol, tan blanquita, que le brillaba. Dice un Guairao al otro:
--Hermanito, el que está ahí ¿no es un Sapo?
Y el Sapo, que los oye, le contesta:
--No soy un Sapo; ¿que no vis que soy un trapo?
Entonces el Guairao dijo:
--A trapo que habla, mi guargüero se lo traga.
Y se lo comió.
II PARTE
MITOS, TRADICIONES, CASOS.
NARRACIONES SUPERSTICIOSAS.
Benditas sean las tradiciones, tanto más respetables cuanto más pueriles... Ellas nos conservan lo pintoresco, la noción sentimental de la vida. En el monótono ir y venir de la péndola, en el caer de las hojas del calendario, en la vulgaridad de los hechos, esas tradiciones colocan una flor de poesía. De esta suerte, y mediante ellas, el itinerario es menos aburrido.--(J. ORTEGA MUNILLA).--_Tenorios, castañas y buñuelos._ (_Diario Hisp. Americano_, N.º 394, de 24 de Enero de 1918).
MITOS
1. EL CHANCHILLO.
(Referido por D. H. Iribarren Charlín, de 17 años. 8 de Julio de 1911.)
El Chanchillo es un pescado de las playas de Coquimbo, de metro y medio de largo por 0.70 de diámetro en su parte más gruesa.
Es tradicional en la costa de la provincia de Coquimbo la buena amistad que existe entre el Chanchillo y el hombre. Cuando un pescador ha caído al agua, porque la tempestad haya hecho zozobrar la barca, o por cualquier otro motivo, si hay cerca un Chanchillo, toma al hombre sobre su lomo y lo va a dejar a la playa, en un lugar en que esté libre de todo peligro. De aquí proviene el cariño que el pescador siente por el Chanchillo, y por lo cual, siempre que lo divisa, lo saluda con los nombres más dulces. Es común oir contar a los pescadores que un Chanchillo libró de la muerte a sus padres o abuelos.
Si un Chanchillo es cogido en las redes y muere antes de que el pescador pueda librarlo, el hecho produce verdadera consternación en la población pescadora, que, presa de un miedo supersticioso, pasa dos o tres días sumida en la tristeza.
2. EL CHUMACO.
(Información que en 1921 me suministró el cirujano dentista D. Roberto Sundt, natural de la provincia de Coquimbo.)
Personaje legendario con quien se atemoriza a las mujeres en los campos y pueblos situados a ambas márgenes del Choapa, cerca de su desembocadura, advirtiéndoles que se cuiden de él, que no las vaya a destripar.
Posiblemente _El Chumaco_ fué el sobrenombre de un bandido sátiro que a principios del siglo pasado estableciera en aquellos parajes el campo de sus fechorías.
3. LA CALCHONA.
(Contado por el niño D. Ramón Fernández G., estudiante, de 14 años. Santiago, 1911.)
Un hombre, ignorando la condición de su novia, se casó con una bruja. Por ciertos hechos que ocurrieron más tarde, entró en malicia, y desde entonces la acechaba, sin que ella lo notara; hasta que una vez, en la noche, la vió desnudarse; sacarse los ojos, que dejaba en un plato con agua; untarse el cuerpo con un ungüento negro; envolverse en un cuero de oveja, y salir al campo, donde se unió a muchas otras ovejas: y en cuanto se juntó con ellas, vió que todas emprendían desenfrenada carrera, y las perdió de vista en un instante.
El marido tornó inmediatamente a su casa y tomando los ojos que su mujer había dejado en el plato, y el ungüento, los arrojó a una acequia muy correntosa.
Cuando la mujer volvió, no pudiendo encontrar ni los ojos ni el ungüento, siguió convertida en oveja, y desde entonces se la ve correr por la orilla del río y de los tajamares. Los muchachos le han puesto el nombre de Calchona, por tener grandes mechones de lana en las extremidades de sus patas.
4. OTRA VERSION.
(Del joven estudiante D. Francisco Vásquez, de 15 años, de Santiago.)
En la Chimba de Santiago vivía, hace mucho tiempo, una bruja casada con un zapatero, al cual le daba todas las noches un licor para hacerlo dormir. En cuanto el zapatero comenzaba a roncar, la bruja le echaba unto a sus niñitos, que se convertían en zorros, y en seguida se untaba ella, y transformada en cabra, salía a merodear.
Un día tuvo que ausentarse el zapatero y no volvió sino ya muy entrada la noche. Se quedó todo sorprendido de no encontrar a su mujer ni a sus niños; pero en un rincón vió cinco zorritos.--¿Qué es esto? dijo el zapatero. Y uno de los zorritos contestó.--Mi mamita salió, pero antes nos echó de los untos que hay en esas cajas y nos volvió zorros y después se echó ella de los mismos untos y se volvió cabra, y salió.
Tomó el zapatero del unto y les echó a los zorritos, que se volvieron niños otra vez, sacó el unto de las cajas y lo arrojó a la acequia, que llevaba mucha agua, y tiró a la calle las cajas con el poco unto que iba pegado a ellas.
Al amanecer llegó la cabra y sólo halló las cajas vacías, con un poco de unto pegado; lo sacó y se lo echó en la cara, y no le alcanzó para más. Por eso anda todavía de noche, en figura de cabra con cara y manos de gente.
5. OTRA VERSION.
En una casa de campo vivía un matrimonio joven, con dos hijos pequeños. La mujer era bruja y los jueves en la noche, mientras su marido dormía profundamente, gracias a un narcótico que le suministraba con el vino, en la comida, se trasladaba al aquelarre transformada en oveja. El marido, sospechoso de que algo pasaba, esperó una vez que su mujer se levantara de la mesa para traer un guiso de la cocina, y arrojó al patio el vino con el narcótico. Cuando la mujer volvió, fingió que acababa de bebérselo. Fueron a acostarse, pero el marido, en lugar de dormir, atisbaba cuidadosamente a su mujer. Pero antes de media noche se levantó ella, y el marido la vió desnudarse por completo, untarse el cuerpo con un ungüento que extraía de un pequeño pote de loza y a la media noche salir de la casa convertida en oveja. El hombre esperó un rato, se levantó, ensilló su caballo, guardó en sus bolsillos cuanto dinero encontró, y tomando a los niños, montó en su cabalgadura y partió a la carrera, pero no sin incendiar antes la casa, que el fuego consumió en pocos momentos con todo lo que contenía, incluso el pote de unto. Cuando la oveja volvió, no halló sino un montón de ruinas, y como había desaparecido el unto, no pudo tornar a su forma primitiva y tuvo que seguir viviendo transformada en oveja. Esta es la Calchona, que en todas partes se introduce, balando tristemente, en busca de sus hijos.
Los campesinos, que saben que es una mujer que purga sus pecados, la dejan transitar libremente y le dan leche y las sobras de sus comidas.
6. LA VIUDA
(Me lo contó el joven estudiante D. Carlos Puccio, de Molina y 17 años de edad, en 1911.)
Cuando construían el hospital de Molina, a los que pasaban cerca de él a las 12 de la noche, les salía una mujer vestida de negro (a los que iban a caballo se les montaba al anca), y del susto, perdían el conocimiento. Entonces la mujer les robaba todo lo que llevaban.
7. LA MUJER LARGA.
Del Cementerio de Paredones (provincia de Curicó, departamento de Vichuquén), sale a las 12 de la noche una mujer muy larga. Cuando alguien se le acerca, se achica y le crujen las enaguas. Al primer canto del gallo, vuelve a su sepultura.
8. EL PIGUCHEN.
(D. Francisco 2.º Vásquez, 1911.)
El Piguchén es un culebrón muy viejo, más o menos de medio metro de largo, cubierto de cerdas; es de color negro y tiene alas. Vive en la cordillera, pero, volando, llega de noche hasta San Bernardo y Santiago y le chupa la sangre al ganado. Se esconde en el día, en el hueco de los árboles viejos y se conoce su presencia porque los troncos están chorreados de la sangre que vomita. No se le puede coger porque es muy venenoso, tanto que basta que sus cerdas toquen la piel de un hombre, para que éste caiga muerto. Para matarlo, cubren el árbol en que está escondido con una tela fuerte, para que no pueda huir, y en seguida le prenden fuego al árbol.
Para ahuyentarlo e impedir que haga daño al ganado, basta hacer sonar un cuerno de buey; el sonido ronco que produce este instrumento le causa pavor y se va a otra parte.
No embiste contra el hombre sino en caso de verse atacado por él.
9. LA CUCA.
(D. Francisco 2.º Vásquez, 1911.)
Una señora anciana que vivía en la Cordillera, contó a la abuelita del niño Vásquez, que me hizo ésta y muchas otras relaciones, que aparecía en la Cordillera un monstruo, mitad mujer, mitad vaca, que andaba siempre con la cabeza tapada, de manera que no se le veía el rostro. La llamaban _La Cuca_. Penetraba a las casas, sacaba de sus camas a las personas que dormían y las dejaba en otro sitio distante, sin causarles ningún daño.
10. EL CABRO VIEJO.
(D. Francisco 2.º Vásquez, 1911.)
En la Cordillera vive un ser mitad hombre (un viejo barbudo) y mitad cabro. Sale por las noches solamente, y si alguna persona pasa cerca de donde él está, la llama por su nombre; si le contestan, desaparece inmediatamente y lo encuentran muy lejos, en la misma Cordillera, sin cabeza y con el cuerpo destrozado; o va a parar a los Pirineos (_sic_). Muchos trabajadores del ferrocarril transandino son testigos de lo primero.
11. EL HOMBRE TIGRE.
(D. Francisco 2.º Vásquez, 1911.)
En el camino de los Callejones (en la misma Cordillera, pero no sabe mi informante en qué provincia), salía un tigre a atacar a los viajeros y les robaba, los llevaba a la cueva en que vivía y los mataba.
Una vez iba por ese camino un sacerdote acompañado de su mozo, y les salió el tigre.
El sacerdote se asustó mucho, y al verlo que temblaba de pavor, el mozo le dijo:--“No se le dé nada, señor”;--y sacándole la montura al caballo, se revolcó en ella, se volvió tigre y se puso a pelear con el que les había salido al camino, y lo venció, dejándolo bastante maltratado. El vencido dijo:--“No me mates, que soy hombre como tú y soy tu amigo”.--El mozo del cura lo perdonó, y ambos, refregándose en la montura, se convirtieron en hombres. Entonces el que había salido a atacarlos llevó al cura y al mozo a la cueva en que vivía y les dió de todo lo que tenía guardado en ella: espuelas de plata, ropa, sillas de montar, alhajas, etc. Después de lo cual se despidieron y el cura con su mozo continuó su camino.
12. EL PERAL ENCANTADO.
En Paredones, provincia de Curicó, hay un peral que se incendia a media noche. Nadie puede pasar cerca de él, a caballo, porque el caballo se espanta y arroja al jinete y lo mata.
LAGUNAS.--NIÑAS QUE SE PEINAN CON UN PEINE DE ORO.
13. LA SIRENA DEL RIO CATO.
(D. Augusto Escárate, de 12 años; ha vivido en Chillán.)
Cerca del río Cato, provincia de Ñuble, en una parte alejada del camino, sale en las tardes de los jueves una niña muy hermosa que tiene los cabellos de oro y canta con muy linda voz. Algunas personas, atraídas por el canto, se internan en la montaña en donde está la _Sirena_ (la conocen con este nombre) y no vuelven más. No se sabe lo que les suceda.
14. LA SIRENA DE ACULEO.
En la laguna de Aculeo sale todas las noches a las 12 a peinarse una niña, con un peine de oro. Los que pasan cerca y tratan de ir a donde está la niña, se caen en la laguna y se ahogan irremisiblemente. Se dice que toca en un arpa de oro y que cuando deja de tocar, salen siete potros que corren sobre el agua, y siete jinetes que los persiguen tirándoles el lazo, sin conseguir enlazarlos.
15. LA LAGUNA DE TAGUATAGUA.
(Referido por D. Luis Barahona Novoa, dentista, en 1910.)
Cuando don Javier Errázuriz hacía secar la laguna de Taguatagua (hace 60 años, más o menos), decían los pobladores de la hacienda que a la hora de la siesta salía el Diablo en figura de un toro con las astas de oro. El mayordomo del fundo lo enlazó un día y el toro cortó el lazo. Mandó hacer entonces otro más fuerte, de cuero de novillo, que el toro no pudo cortar, pero arrastró al mayordomo, sin embargo de que montaba un caballo muy bueno. Cuando el mayordomo iba cerca de la laguna, que aun no estaba bien seca, sacó su corvo y cortó el lazo, para no morir ahogado.
El toro cuidaba de una niña que todas las tardes, después de ponerse el sol, salía a la orilla de la misma laguna y se sentaba en una piedra a peinar sus rubios cabellos con un peine de oro. La gente la oía cantar desde lejos, con voz melodiosa, acompañándose con los sones de un arpa que tocaba maravillosamente. Si alguien se acercaba, huía precipitadamente y se zambullía en el agua, para no salir hasta la tarde siguiente.
16. LA CUEVA DE LA NIÑA.
En la playa de Bucalemu hay, en un cerro, una caverna que llaman la Cueva de la Niña, en la cual vive una jovencita encantada, que en la noche sale a peinarse a la playa con un peine de oro, que relumbra a la luz de la luna. Se sienta en una roca, y si alguno, atraído por su hermosura, se le acerca, el mar comienza a subir, hasta ahogar al curioso. Si en el día entran con luz a la cueva, se la apagan de un soplido, que no se sabe de dónde sale.
17. LA LAGUNA DE PUDAHUEL.
(Referido en 1911 por el joven estudiante D. Ramón Fernández, de 15 años, de Santiago.)
Hace muchos años, cuando aun no se había tendido la línea del ferrocarril que une a Santiago con Valparaíso, seis carreteros que con sus correspondientes carretas cargadas venían del puerto a la capital, llegaron a la laguna de Pudahuel, un Viernes Santo. Cinco carreteros no quisieron seguir adelante, en consideración a lo sagrado del día; pero el sexto dijo que no le importaba que fuese Viernes Santo y que él no estaba para perder el tiempo. Y dándole con la picana a los bueyes, se metió, con la carreta, en el agua, por la parte más baja de la laguna. En el momento en que iban más o menos por el medio, un Cuero[I] que había en el fondo asió bueyes y carretas y los atrajo hacia sí. El carretero, viendo que los bueyes se hundían, los picaneaba y les gritaba para que salieran afuera; pero inútilmente, porque el Cuero no los soltó; por el contrario, una vez que aseguró sus presas en lo más hondo de la laguna, cogió también al carretero, a quien sus compañeros vieron desaparecer instantes después.
Desde entonces, todos los Viernes Santos se oyen las voces del carretero, que llama a sus bueyes.
18. LA LAGUNA DE LAS TRES PASCUALAS.
(Contado por D. Francisco 2.º Vásquez.)
Allá en los tiempos en que los españoles dominaban en Chile, vivía cerca de Concepción, en un hermoso palacio rodeado de huertos y jardines, una bella dama, madre de tres lindísimas hijas que respondían a los nombres de Sol, Esperanza y Alegría, pero entre la gente del pueblo, a causa del nombre de la madre, se las llamaba las tres Pascualas. Murió la madre, y las niñas se entregaron a una vida disipada, viviendo en continua fiesta con los jóvenes de Concepción y otras ciudades, que iban a divertirse al palacio que habitaban. Muchos caballeros se perdieron por culpa de estas niñas. Las faltas que se cometían en aquel palacio fueron tan numerosas y tan grandes, que Dios, cansado de tanto pecado, hizo que un día de gran fiesta, se hundiera el palacio con las tres niñas y todos sus acompañantes, que serían más de cincuenta personas, llenándose de agua el espacio que antes ocupaba aquel lugar de disipación y sus dependencias. Y la extensión de agua que se formó por esta causa, y que todavía existe, es la que se conoce con el nombre de “Laguna de las tres Pascualas”.
Una vez un joven se quedó dormido sobre una gran piedra que hay a la orilla de esta laguna, y cuando despertó vió que tres hermosas niñas ponían una mesita delante de él y le sirvieron toda clase de manjares y vinos exquisitos. Estuvo con ellas el resto del día y toda la noche divirtiéndose alegremente. Al día siguiente, despertó como a las 12 y se encontró desnudo sobre un banco de arena del Bío-Bío.
Siempre que el agua de la laguna baja, se ve una enorme roca que tiene la forma de una iglesia. Las pocas personas que han conseguido entrar y salir vivas, dicen que adentro hay un altar maravillosamente lindo, delante del cual brillan más de cien mil luces.
HISTORIAS DE BRUJOS
19. LA CUEVA DE LA MULA
En un cerro que se levanta al lado sur del Tinguiririca, en el departamento de San Fernando, por cuya falda pasa el camino del Calabozo, hay una cueva de Salamanca que tiene a la entrada una gran piedra en que se ve estampada una pata de mula. Para entrar a esta cueva deben hacerlo varias personas en compañía, las cuales pueden tomar para sí lo que quieran de un gran tesoro que hay en el medio de ella; pero, para salir, tienen que dejar encerrado a uno de los que entraron.
20. LA RANA CASTIGADA
(Me lo refirió el estudiante D. Antonio Morales, de 16 años, en Santiago, en 1909.)
En una casa vivían tres hermanas.
Un día se propusieron visitar a unas amigas, pero una de ellas, pretextando hallarse indispuesta, no acompañó a las otras dos.
Cuando estaban de visita, vieron entrar a la sala una enorme rana, que a todas causó gran susto.
Las hermanas, que maliciaban que la que se había quedado sin acompañarlas era bruja, se imaginaron que podía ser ella, que venía a molestar a sus amigas, a quienes odiaba; y aunque hicieron lo posible por que las dueñas de casa no le causaran daño, fué cruelmente maltratada, dándosele de palos con el mango de un plumero.
Al llegar las dos niñas a su casa, encontraron a su hermana en cama, cubierta de contusiones y heridas, que ella explicó diciendo que se había resbalado y que la caída se las había producido.
La explicación no era aceptable, y de ello dedujeron las hermanas que era cierto lo que pensaban. Y lo era, en efecto.
21. LA RANA VENGATIVA
(Contado por el mismo joven Morales, en 1909.)
Una muchacha del pueblo encuentra en su camino una rana y tomando unas ortigas le pega fuertemente con ellas en el vientre. La rana quedó sin movimiento, patas arriba y muy hinchada.
En la noche, al abrir la muchacha la cama para acostarse, una enorme rana sale de debajo de la almohada y sentándose en las patas traseras se queda mirando a la muchacha con una mirada tan fija y tan fuerte que le heló la sangre y cayó muerta.
La rana era una bruja.
22. LA CUEVA DE LAS CARDILLAS
(Me lo refirió el niño D. Oscar Salinas, de 12 años, en 1912. Lo oyó contar en Melipilla.)
En un cerro situado cerca de las Cardillas, en el departamento de Melipilla, hay una cueva que, según dicen, está habitada por brujas.
Una vez un joven se propuso visitar la cueva, y en efecto, fué a ella y entró alumbrándose con una linterna. Al poco rato de andar, se encontró con una sala muy hermosa, lujosamente amueblada, y sentadas en riquísimas sillas, unas cinco niñas de 18 a 20 años, muy bonitas y ataviadas de costosos trajes y valiosísimas alhajas. Lo invitaron a comer y él aceptó. Los servicios eran de plata y los cubiertos de oro, y los manjares tan sabrosos que él, mozo rico y muy aficionado a la buena mesa, jamás los había comido tan exquisitos. En un descuido de las jóvenes, se echó al bolsillo un cubierto completo y una tortita de dulce. Cuando terminó la comida, le exigieron que se quedara a dormir y él, que se había enamorado de una de las niñas, no se hizo de rogar y se quedó con ella. Al otro día, cuando despertó, se encontró abrazado a un esqueleto, y en los bolsillos, en lugar del cubierto, con tres huesos: en vez de la torta, halló una bosta de buey. La linterna había desaparecido y le costó mucho trabajo y más de una hora para salir.
23. EL HOMBRE QUE QUISO VOLAR.
(Referido en 1911, por D. Francisco 2.º Vásquez, que lo oyó contar en Santiago.)
Vivía en el campo una señora con sus dos hijas, y una vez llegó un hombre que trabajaba en una chacra vecina a pedir alojamiento y se lo dieron.
Serían como las 12 de la noche cuando el hombre despertó, y sintiendo ruido en la pieza vecina, se levantó descalzo y en paños menores, como estaba, y se puso a aguaitar por la cerradura de la puerta que comunicaba su pieza con la de la dueña de casa, y vió a la señora y a una de sus hijas que, enteramente desnudas, se echaban por todo el cuerpo un betún negro, y cuando estuvieron completamente embadurnadas, oyó que decían: “De villa en villa, de lugar en lugar”, y vió que salían volando por una ventana que estaba abierta y daba al patio. Después de un buen rato, se metió a la pieza de la señora por la ventana, se desnudó y se untó todo el cuerpo con el betún negro; después dijo: “De vida en vida, de lugar en lugar” e inmediatamente voló hasta llegar al techo y cayó desde esa altura, dándose tan feroz golpe que quedó aturdido. (No pudo volar bien porque equivocó la fórmula, pues dijo “de vida en vida, de lugar en lugar”, en vez de decir “de villa en villa, de lugar en lugar”, que fué como dijeron la señora y su hija).