Part 6
Aquella noche el extranjero, el viajador que venía de pueblos muy remotos, pensaba cómo hombres de talento se habían puesto, á los ojos de él, en pleno ridículo. Y al salir de la casa sentía la misma desagradable impresión que le produjo, tiempo atrás, una visita á un manicomio.
LA CONFESION DEL TULLIDO
Así es Caracas.
Los hombres corren la ciudad en coche, de tarde, porque las tardes allí son dulces y doradas. A esa hora el sol poniente pincela de áureos matices la frente de las montañas vecinas; el aire se transparenta más, el cielo viste su más claro azul.
En ventanas y balcones se apiñan hermosuras, ávidas de ver y de ser vistas. Por entre las rejas salen volando, á veces, ráfagas de música. La música del país es muelle, enamorada y voluptuosa; pero no tan voluptuosa, tan enamorada, ni tan muelle como esa otra armonía que se desprende, á raudales, de los contornos del seno, de las caderas lascivas, de los brazos y gargantas de las bellas hijas del país.
Es la hora de los enamorados la tarde.
Y pasa el amador delante de la ventana de la hermosa, llevándose una mirada recogida al trote del carruaje, mirada elocuente y que fascina, mirada prometedora de dulzuras para la cercana prima noche, cuando él se plante al pie de la reja misma á murmurar su amor.
Una mujer había, la más bella de todas, que encastillada en su hermosura espléndida, no quiso rendir á nadie la fortaleza de su corazón.
Admirarla era casi un deber. Un poeta hizo un tomo de madrigales para ella: madrigales á sus ojos, madrigales á sus manos, madrigales á su boca.
Sin número de amadores hacía la ronda á su puerta; ó pasaban de tarde por frente á su ventana á rendirle, sumisos, tributo de admiración.
Pero uno se distinguía entre los fieles de la diosa.
Este no corría en carretela, ni pasaba gentilmente, sino que se plantaba, en una silla rodante, en toda la esquina. Era un joven, paralítico. Se decía de él, sin razón, que era fatuo; y ninguno ignoraba el amor del infeliz.
Yo ardí en deseos de saber qué pasaba en el corazón de aquel mísero, á quien el infortunio baldó el cuerpo y no el alma.
El tullido, el pobre, tenía el pudor de su afecto; mas, á la postre, un día me abrió su corazón.
--«Es cierto, me dijo, estuve y creo que aun estoy enamorado. No es mía la culpa. Ella es hermosa; y yo tengo alma, porque no soy, según han dado en la flor de creer y aun decir, un idiota. Mi crimen es mi debilidad. Yo sé que esto es algo ridículo; pero no puedo pasarme sin verla. Aquí me mirará usted todas las tardes. Antes, ella no se mostraba cruel; sino más bien benévola conmigo. Yo le daba ramos de rosas y jazmines; las mejores violetas que yo pudiera haber se las traía; los lirios más cándidos eran para ella. Ella aceptaba con una sonrisa mis presentes; y yo empecé á sentirme, en medio de mi infortunio, algo feliz. Luégo supe que su bondad generosa fue mofada; se hizo burla de su piedad y de mi amor. Yo no tengo la culpa. Yo no dije que la amaba. Pero el amor es así, caballero: se sale por los ojos. Al fin le prohibieron en su casa que aceptase mis flores. Cuando me rechazó mi regalo, un macito de violetas, rompí á llorar. Toda la noche lloré, y me comprometí conmigo mismo á no verla nunca más.
«Pero á la tarde siguiente, no pude, señor, no pude y me hice arrastrar hasta aquí. Las burlas siguieron. Ella dejó de saludarme, ó más bien dicho, de responder á mi saludo; pero yo siempre fiel, siempre atado con una cadena invisible á su hermosura maldita. Una tarde, al yo insistir en saludarla, me sacó fuéra su lengua, en señal despectiva ó de cólera.
«Ese día no lloré sino reí; me reí sin darme cuenta, me reí mucho, muchísimo; ella lo advirtió y se puso muy enojada, tanto, que me volvió la cara, y desde ese día ya no quiso más sentarse sino de espaldas á esta esquina donde me detengo. Su enojo se trocó en malquerencia, y decirle puedo á usted satisfecho que hoy me odia. Y vea usted, señor, ahora es cuando soy menos infeliz. Ahora poseo algo muy sincero, muy puro, del alma de esa mujer: poseo su odio. Yo he obtenido más que todos esos estúpidos que la enamoran. Ninguno ha podido entrar en su corazón. Yo, sí. ¿Qué importa por qué puerta? Yo me siento posesor de algo que no se puede mentir. Soy casi feliz, señor; y me creo más afortunado que el hombre á quien ella ofrezca su mano y su corazón. Una mujer tan vanidosa, tan pagada de sí misma, amará siempre y por sobre todo su hermosura. En cambio ella no puede odiarse á sí propia, y mal puede tener otro á quien odiar. Su odio, pues, es íntegro para mí; y su amor, en cambio, nunca será completo para su esposo.
«Tengo la mitad de su alma, por lo menos ahora ¿quién pudiera decir otro tanto?
«Usted me verá todas las tardes aquí, señor, mirándole por detrás las orejas, casi contento.»
La fisonomía del paralítico se iluminó al llegar á este punto, con una como luz siniestra. Hasta sus piernas de perlático parecían animarse.
Al fin dejé al enfermo; y me fui calle arriba, taciturno, todavía con algo del vértigo que me produjo el fondo obscuro de aquella alma, á la cual quiso asomarse mi curiosidad enfermiza.
OPINION
DE ALGUNOS ESCRITORES AMERICANOS SOBRE EL LIBRO
"TROVADORES Y TROVAS,"
Y SOBRE SU AUTOR
No en este poeta de esos baladistas de liras perezosas, de esos eternos rimadores de las eternas novelas de amor, largas y pálidas, ni de esos cantores del odio, ridículos y falsos, ni de esos trovadores de sus vicios que manchan el ala de los versos. Adivino en este poeta, un gentil poeta primaveral, un frívolo poeta del amor frívolo, coronada la frente con las dulces rosas de Meleagro, y perfumados los labios con el viejo vino lírico del viejo Anacreonte. Pero si de Anacreonte y de Meleagro tiene la sensualidad, el refinamiento, el amor á la canción frágil y alada, esa perla del arte, no es repetidor servil de ningún viejo hacedor de rimas. Este es un poeta exótico entre los poetas de su país: por la inspiración, que es original, y por la extraña manera de sus versos, labrados al capricho de su musa rebelde, como fúlgidas joyas florentinas.
Pues bien, este poeta encantador, este noble prosista, ha publicado un libro muy bello. _Trovadores y Trovas_ se titula el libro. Y el libro es una antología de poetas y de versos.
A. FERNÁNDEZ GARCÍA.
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_Trovadores y Trovas_ como indica su título, está dividido en dos partes, constituyendo la primera una serie de artículos crítico-biográficos en que el autor estudia y aplaude á sus bardos predilectos, y siendo la segunda joyero de vibrantes y exquisitas rimas, reveladoras de un verdadero poeta, inspirado y refinadísimo.
Prosa y verso, todo en el libro del señor Blanco Fombona es pulcro y cincelado, en todo se ve la obra de un gran temperamento artístico, de factura modernista.
(_El Fígaro._--Habana.)
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New York: 27 de febrero de 1899.
_Al señor Luis Berisso._
En Buenos Aires.
Señor y amigo distinguido:
Unidos de la mano traigo á usted dos artistas excelsos: César Zumeta y Rufino Blanco Fombona: el artista cincelador y el artista cincelado. Apolo en un camafeo de Dioscódoro.
Ninguno de los dos es un extraño para usted. Y no lo son ambos para la América.
La prosa tersa, impecable, del primero; su frase alta y serena, de ondulaciones tenues, como un mármol de Amariarna; mórbida sin flacideces; seria siempre como un hijo de dioses, arrancado á los flancos de una estatua, le ha dado puésto eminente en nuestra América toda; y lo tiene--cosa rara--muy alto en su patria misma.
Cuando usted lea esta carta, habrá ya saciado sus ojos en el joyel maravilloso con que Blanco Fombona, acaba de enriquecer el arte y de desesperar la envidia: _Trovadores y Trovas_.
Extraña, triste y prodigiosa flor de nuestra raza, este trovador delicado y bravío, este artista refinado y hosco, ha sido delineado, esculpido, grabado, por el cincel maravilloso del artífice amigo.
Y, es este medallón, que tiene por el carácter tosquedades de anaglifo, y tiene por la pureza de las líneas, relieves de algún cáliz de Cellini, el que envío á usted, hermano generoso de los poetas, alma gemela de los artistas, cultivador y propagador del arte y de lo bello en esa región feliz, para que sea por sus manos--si usted lo quiere así--que vea la luz del Plata, este poeta extraño, burilado por este extraño prosador.
El retrato del Cantelmo, pintado por de Vinci: la obseción de d'Anunzzio, la _flor noble y vivaz de una raza_, cerca á la cual queda bien el _Care adsum_, eso es el poeta soberbio, el soñador desdeñoso, cuya efigie le acompaño.
Y me retiro estrechando á usted la mano.
Amigo suyo.
J. M. VARGAS VILA.
(De la _Revue Ilustree du Rio de la Plata_.)
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Color y música en la forma, predominando los colores frescos y las melodías; en la arquitectura de la frase, el denuncio de la influencia montalvina; en la idea, el romanticismo heroico, toda la generosa prodigalidad de la juventud Americana: el culto al joven dios de la lucha; la caballería andante por la justicia para los pueblos y para los miserables; y allá en lo íntimo, la voluptuosidad aristocrática del sensualismo pagano, y esa otra voluptuosidad moderna del culto á la tristeza y al dolor: _Trovadores y Trovas_ es renuevo robusto de esa planta extraña que, trasplantada á nuestro suelo y cultivada sabiamente, promete dar bajo el cielo de América desconocidas y opulentas floraciones.
S. KEY AYALA.
Como incrustaciones de finísimas joyas, de encendido esmalte, lucen sus originales trovas en torno del opulento cuadro en donde, con abundante y bruñida prosa de diáfano estilo, se ponen de relieve, en bustos áureos, los trovadores favoritos del trovador del Avila.
¡Qué impolutas estrofas, como sartas de perlas, las de cada _trova_ ondulosa y cristalina! ¡Qué verso el suyo, estrella ó flor con alas, de suave aroma cuando lirio, de intensa luz cuando estrella, todo poesía y sin ajeno aliño!
FED. HENRÍQUEZ Y CARVAJAL.
(Santo Domingo.--_Letras y Ciencias._)
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Para la tribuna no es su prosa sino para el encanto del alma en las páginas del libro.
La musa de Fombona es dama de viso, lleva turbante vaporoso, anda como sobre el éter y tiene carnes rosadamente voluptuosas. Su beso no quema pero adormece; su presencia no destroza pero cosquillea como con vellones de plumas.
GERÓNIMO MALDONADO, H.
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Circula en todas ellas, (las poesías), savia de novedad; la inspiración tiene vuelos osados, el ritmo flexibilidades de junco y sonoridades sinfónicas; hay en la rima color y consistencia de rica pedrería; las imágenes visten velo de novia ó clámides de damasco antiguo, y las ideas despiden resplandor astral.
ANDRÉS A. MATA.
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A pesar de ser yo opuesto á la mezcla de verso y prosa en un mismo libro,--quizá por una preocupación infundada,--no dejo de reconocer que en este caso la dualidad de la obra tiene la ventaja de exhibir plenamente la individualidad literaria del autor; y esta individualidad es tan digna de ser plenamente conocida que no puede menos que aplaudirse el plan de la obra que la refleja.
JOSÉ ENRIQUE RODÓ.
(Uruguay.)
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Rufino es un poeta genial y originalísimo, un literato que cincela la prosa, y una de las más bellas esperanzas de Venezuela.
(_Plumas._--Puerto Rico.)
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Aun conservo fresco el recuerdo de aquel día en que Rufino Blanco y yo anduvimos por primera vez juntos en la capital del mundo civilizado. Fue la víspera de entrar el Czar: la plaza de la gran ópera estaba obstruída, cerrada, amurallada de hombres, de mujeres, de vehículos de todas clases, y nosotros teníamos, por fuerza, que atravesarla. Una oleada de gente nos llevó al lado opuesto y entonces mi compañero, enfurecido como buen venezolano, me gritó:
Vamos á abrirnos paso á palos por entre estos canallas, ¿quieres?
Dos ó tres de la compacta muchedumbre lo miraron fijamente y se rieron. Creían que era un artista loco.
Tal es Rufino Blanco: un poeta original, un artista, con un carácter irrefrenable.
MIGUEL EDUARDO PARDO.
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RUFINO BLANCO FOMBONA
Soñador voluptuoso, cuando rima su dulce serenata, parece que algún silfo, allá en el bosque, deshójase campánulas de plata.
Mariposas de vívidos colores que surgen de praderas de claveles, emergen de su cítara los cantos y en aromas resuélvense y en mieles....
¡Galana pluma de oro en instante feliz le ofreció el genio; y bardo modernista, irguióse altivo del arte patrio en el gentil proscenio!....
¡Es el mago hechicero que sus rosas purpúreas deposita, ante el azul santuario donde ostenta sus gracias Afrodita!.......
J. M. AGOSTO MÉNDEZ.
(Del libro _Siluetas Literarias_.)
Y bien, elegante y sentido poeta, _Trovadores y Trovas_ me ha sabido á mieles, caso peregrino, pues yo tengo el gusto impertinente y soy por naturaleza poco dado á los entusiasmos líricos, pero el encanto de su prosa y la magia de sus ritmos rompieron el hielo de mi frialdad, y también ¿por qué ocultarlo? de mi escepticismo, y gusté sus bien perfiladas frases y sentí la seducción de sus versos, pudiendo ahora por versos y frases felicitarlo calurosamente y sin asomos de cortesanía.
C. REYLES.
(Uruguay.)
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Tan altivo y gentil es su ditirambo, como sensual y exquisita la palpitante estrofa rítmica de su estro. Pule y combina el verso como el músico los sonidos, como el joyero el oro. Casal y Darío son sus rivales.
Si en cada uno de sus trovadores esbozados va dejando raudales de ingenio, en cada una de sus trovas deposita el sentimiento, la melancolía, lo que nos conmueve y nos encanta, lo que el poeta tiene de raro y misterioso. Su lira tañe las pesadumbres, los placeres y las esperanzas. A veces el poeta arranca á las cuerdas gritos de indignado ateísmo...
TOBÍAS ZÚÑIGA MONTÚFAR.
(_La Revista_, San José de Costa Rica.)
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Seis cantos en galana prosa á algunos trovadores queridos por el autor y veintidós poesías forman el volumen, en donde aparece la íntima personalidad artística de Blanco Fombona, original, nervioso, independiente de las comunes fórmulas. El brillante prólogo de Díaz Rodríguez, que en este número insertamos, dará á los lectores completa idea de la obra y sentimientos de uno de los más delicados representantes de la escuela modernista en América.
(_El Cojo Ilustrado._--Caracas.)
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Admirablemente dotado de un harmonioso temperamento artístico, Rufino Blanco Fombona, poeta, cuentista y crítico, ha educado la originalidad y domeñado la loca imaginación. Es uno de esos espíritus voluntariosos para los cuales no hay cimas bastantes empinadas ni marea profunda, ni desiertos dilatados; es una joven águila que recorre audaz el azur del arte. Las musas le son propicias.
Naturalmente amanerado, sus versos y su prosa, tienen un aire de refinada elegancia, de impecable dandysmo. Pule, abrillanta, macera el estilo y se cura de la suma perfección de la forma, con la misma acuciosidad febril y torturante de Flaubert, y padece la _fobia_ del lugar común, que caracteriza á los artistas raros como los Goncourt y Huysmans. Su estilo es preciosista, constelado de arcaísmos; complexo, arquetipo, sutil y bello estilo bizantino.
En cuanto poeta, es magnífico; sus versos tienen sonoridades inauditas, acarician suavemente como brazos femeniles ó cortan como puñales, y se retuercen en el aire como lambrequines heráldicos. El ritmo se desenvuelve noble y heroico encerrado en el escudo de oro del verso.
TULIO M. CESTERO.
(Del libro _Notas y Escorzos_.)
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Más que un inspirado, Blanco Fombona es un orfebre de la rima. Sofoca el grito interno para adaptarlo á una forma convencional, en vez de dejarlo salir libre, _como chorro bullente de agua_, según la bella expresión del Duque Job. Sus impresiones no surgen directamente de la naturaleza ni del corazón humano, proceden de la biblioteca. Siendo sensitivo é impresionista en prosa, resulta cerebral, puramente cerebral, en verso: pero me apresuro á hacer constar, en honor suyo, que es de los pocos modernistas de verdad que existen en el continente; que si sus alas no resisten á los grandes vuelos, ni sus estrofas son relampagueantes como espadas, quedarán entre las mejores de su género, por el buen gusto artístico y lo delicado de la cinceladura.
LUIS BERISSO.
(De _El Mercurio de América_.--Rep. Argentina.)
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Enjambre del Atica ó maraña de la cabellera de Medusa, la ironía ó el reto surgen de sus versos en atrevidas sonoridades, en las que se sienten vibrar enlazadas la ideas y la emoción, cual en el poema obscuro cruzan por el aire encendido Paolo y la de Rímini.
CÉSAR ZUMETA.
Del libro _Escrituras y Lecturas_.
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En resumen, que cuando el autor de _Trovadores y Trovas_, corrija sus desaliños y sujete el desorden de su inspiración, será todo un poeta. Por hoy sus defectos hacen que nada luzcan sus innegables cualidades.
En su prosa tiene ya Fombona toda una credencial de artista y sus semblanzas de José Martí, de Pérez Bonalde y de Alfredo de Musset, son hermosas por más de un concepto.
(_El Nacional._--México.)
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Nervioso, inquieto, sensual y triste, superiormente organizado para el arte, en éste su primer libro, flor de juventud, se nos presenta con las dos manos colmadas de primores, ya que de igual modo afina y abrillanta el dardo de oro de su verso, como cincela--copas rebosantes de perfume--los períodos de sus bellas prosas rítmicas.
M. DÍAZ RODRÍGUEZ.
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Acabo de leer _Trovadores y Trovas_, de Rufino Blanco Fombona.
Está escrito por un alma de primavera. La primavera sólo produce flores. Ese libro, pues, es una flor, pero de hojas aterciopeladas y perfume exquisito; exótica, no vulgar; como que ha sido cultivada en el jardín de un artista.
La prosa es una maravilla de factura: delicadeza y energía son sus prendas más salientes.
EUGENIO ASTOL.
(_La Democracia._--Ponce.)
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Otros podrán decirle por qué el libro es bello y bueno. Yo no tengo autoridad para esto, pues aun cuando yo supiese tanto como ellos me llevarían siempre la ventaja aparente de no quererle como yo le quiero. En la gloria que ya usted alcanza, hay algo mío: hay el vaticinio cumplido, que pronuncié en la adolescencia de su noble talento. Yo no podría ser crítico de sus obras, porque le juzgaría á usted recreándome. Leí pues, su libro, emocionado; veo los lauros sobre su frente, y palpita de orgullo mi corazón.
Bajo esas impresiones es que le envío mis enhorabuenas. Usted recibe diariamente muchas y muy valiosas; pero yo á todas ellas anticipé las mías, cuando en su frente no se habían desojado los laureles y apenas rozábanla con sus castos besos las musas, aficionadas á los poetas que nacen, como las abejas al botón que se abre.
N. BOLET PERAZA.
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RUFINO BLANCO FOMBONA
¡Oh trovador del Guaire! Si ya cesó la popular tormenta,
Y se escucha tan solo Con el himno triunfal de tu bandera El clarín de la paz, cantando glorias,
Sacude el áurea péñola, Que á tu vuelo de cóndor soberano, Para tí se abrirá la azul esfera.
V. A. DELGADO.
En efecto, nadie negará, sin faltar á la justicia, que el idioma es para Blanco Fombona un instrumento que produce maravillosos sonidos. A veces nos parece inarmónico; pero el defecto está más que en la composición, en el auditor: el acento del artista aturde y á veces molesta, por la excesiva tensión nerviosa que produce.
JOSÉ E. MACHADO.
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_Trovadores y Trovas_, hondamente sugestivo, por cuanto cada página revela el entrañable amor del artista á la expresión selecta, á la escritura elegante y rítmica, está muy lejos de ser una _confesión general_ del autor.
Falta allí el temperamento, el carácter, el _yo de la vida_, como escribió el psicólogo. No deploro esto; antes bien lo celebro. Imaginad á este escritor implacablemente sincero, quiero decir, vencido del natural impetuoso y soberbio que tanto lo distingue como hombre, en los afanes y luchas de la vida; imaginad esto por un momento, y al punto, como al poder de un conjuro, romperíanse los dulces lazos que nos atan á su ingenio y á la obra de su ingenio. Arrebatado por sus pasiones nativas externaría su intelectualidad y sus impresiones anímicas en una tormenta de frases, deslumbrando con la hipérbole. Frente á Martí, por ejemplo, tan sólo habría dicho de los tiranos, de la libertad, de los pueblos, de la fraternidad social, de los derechos humanos. Jamás se le habría ocurrido esa página que avalora el volumen, tan delicada, tan bella, presea gloriosa del artista, digna del grande hombre.
ANTONIO R. ALVAREZ.
A RUFINO BLANCO FOMBONA
Aquí también la virgen primavera derrama su canéfora de flores; y pueblan de armonías la pradera en bandadas, los pájaros cantores.
¡Canta, poeta! En el solar querido, no tan sólo el turpial se inspira y canta; bajo otro cielo, al fabricar el nido, ¡lanza el ritmo que lleva en la garganta!
JESÚS MARÍA LEÓN O.
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No sé porque extraño sentimiento mío, he querido al través de la distancia, á este poeta original y rebelde que hace ruido en la nueva generación venezolana.
Cariñosamente he leído sus versos clásicos y rimados con arte exquisito.
Imaginación exuberante la suya, produce flores de color subido, que encierra en vasos de oro, tallados con primor.
Artista de la forma, pule con mano maestra sus estrofas hasta dejarlas perfectas. Es el Benvenuto Cellini de la frase!
J. I. VARGAS VILA.
(Del Libro _Bustos y Medallas_.)
INDICE
PÁG.
Carta á Fabio Fiallo V
El dolor de Pedro 1
Cuento filial 9
El amor de Luzbel 29
Molinos de maíz 53
Historia de un dolor 75
Juanito 83
Carta de amor 117
Cuento de Italia 131
Alma enferma 153
Filosofías truncas 185
La confesión del tullido 205
Opinión de algunos escritores americanos sobre el libro «Trovadores y Trovas», y sobre su autor 215
ERRATAS
DONDE DICE: DEBE DECIR:
Pág.
XIII ... por qué le } .... por qué les digo _Cuentos de } digo _Cuentos de Poeta_. } Poeta_.
Pág.
22 Se sentaron, unidos, } Se sentaron, mudos,
26 Se proponía á todas... } Se proponía á todos...
47 ... le reprendió } ... le reprendió estas severas liberalidades. } estas liberalidades.
142 Aquella derrota } Aquella derrota es es un triunfo. } su triunfo.
146 Además, el barrio } Además, el barrio populoso, } era populoso.
213 ... tan pagada } ... tan pagada de sí mismo. } de sí misma.
End of Project Gutenberg's Cuentos de poeta, by Rufino Blanco Fombona