Chapter 3
En tardes de primavera o en las tardes del verano, también en las del otoño o en las del invierno helado al lado de la ventana como mirando al pasado el abuelo relataba historias de sus antaños. Érase que se era o había un vez, les decía y todos entusiasmados volaban en fantasía. Hablaba de cien dragones, de tesoros y de magos o de castillos enormes con brujas que hacían estragos. Merlín y Arturo encantados con princesas atrapadas entre duques muy malvados y libros de grandes magias. El abuelo les hablaba de los ogros y los genios, de calabozos oscuros y pasadizos secretos. Así entre todas las hadas o aventureros sin alma, entre tesoros perdidos o desalmados piratas El buen abuelo narraba las historias más fantásticas. Pero de todos sus cuentos el cuento que más recuerdan era aquel donde no hablaba de hechiceras ni doncellas ni de ogros ni de magas ni de duendes ni de altezas ni de alfombras ni de lámparas; sólo hablaba de una rosa que llegaba por un río como mensaje de amor de una princesa lejana a un joven trabajador. Ella le había prometido que nunca lo olvidaría y que en lugar de la rosa, ella hasta él vendría. Así sonriente guardaba como si fuera un hechizo en un arcón de caoba las flores de aquel cariño. Los años fueron pasando y el joven encaneció; el arcón se fue llenando, la princesa no llegó. Sólo recibió una carta que le hablaba del dolor, de un matrimonio a la fuerza y una cruel disposición. Ya no hubo rosas de pronto y muy bien él comprendió que su amada había olvidado la promesa que le dio Abrazado del arcón, que pesaba como cien, agrandado con sus lágrimas él al río se arrojó. Así acababa esta historia que no sé por qué pasó.
La coqueta
Hoy cumple tres años, cómo pasa el tiempo, de cuando en mis brazos, se fue ella muriendo.
Era una mañana tan azul como ésta, de olor a retama, limpia, clara y fresca. Reían los lirios, cantaban los nardos y mil pajarillos, contentos volaron. El sol se miraba lucir tras los montes; la luna plateada, del sol, escondióse. Al sur se miraba, cual una gigante, la laguna clara, de azules encajes. El viento soplaba como acariciando, desde la pitahaya hasta el rudo cardo. Como alfombras verdes lucían los llanos y cantando alegres estaban los gallos. Las albas palomas volaban muy alto y formaban todas un manto muy blanco. Yo todo miraba: el ave y la flor; la argéntea cascada y el naciente sol. Feliz caminaba, mirando la huerta aquella mañana, tan azul como ésta.
De pronto mis ojos vieron en la tierra, cubierta de polvo, sangrante y maltrecha: la blanca “Coqueta”. Aún respiraba, tenía aún vida, estaba morada y entre su agonía triste me miraba. Intenté curarla, salvar a “Coqueta”. Cuando lo intentaba bajó la cabeza y allí quedo muerta.
Hoy cumple tres años, cómo pasa el tiempo, de cuando en mis brazos, se fue ella muriendo.
Recuerdo la tarde en que acá llegó. Era de ojos grandes de pardo color. Su cuerpo vestía por siempre de blanco, no usó zapatillas ni color ni talco. Caminaba airosa, cantando contenta, moviéndose toda como una coqueta. Y ése fue su nombre, nombre muy sonado, en todos los bosques y en todos los ranchos. Mil premios ganó por sus cualidades y fue la mejor de muchos lugares.
Hoy cumple tres años la blanca “Coqueta”, de cuando en mis brazos se quedó muy muerta. Hoy cumple tres años, no ha sido suplida, de todos los ranchos, la que más ponía.
El güerito lindo
I -¿De dónde la bella viene? -De las orillas del río. -¿Por qué siempre anda llorando? -Porque su honor ha perdido. II -¿Por qué la bella está pálida? -Porque está sufriendo mucho. -Entonces ¿por qué sonríe? -Porque le queda su orgullo. -¿Quién fue el canalla que lo hizo? -El hijo menor del amo. -¿Qué es lo que ha hecho la justicia? -El dinero la ha callado. III -¿Cuánto tiempo ya le falta? -Muy poquito; muy poquito. -¿Qué es aquello que se escucha? -Son lamentos y chillidos. IV -¿Qué cómo es el pequeñito? ¡Como un sol! Y no es alarde. -¿Qué cómo la bella sigue? ¡Ay, amigo! ´Ta muy grave. V -La bella joven dormida más bella y más blanca está. Algunos le lanzan flores; otros se hincan a rezar. Ha salido de su choza, pues para siempre se va y la van acompañando los que la van a enterrar. VI El niño, güerito lindo, nunca la recordará; jugando cartas y en copas no entenderá su verdad.
Cántico a la juventud
Cantan contentos los ruiseñores a la alborada de un nuevo día y con sus cantos, bella armonía, renacen pronto todas las flores. Cantan las campanas lentamente a la tarde azul, serena y bella cuando surge en el cielo la estrella que al ocaso despide sonriente. Canta el trovador enamorado a las noches de mágico encanto y su música aleja el espanto que la noche por siempre ha causado. Pero yo no canto a la mañana de los mil cristalinos fulgores. Tampoco canto a las bellas flores ni a la alta cumbre ni a la sabana. Hoy no alabo a las aguas del río y tampoco a la tarde dorada. ¡Canto yo a la juventud amada que hoy despierta en el corazón mío! Te canto juventud porque tú eres rayo luminoso de la vida donde nunca se sufre una herida donde todo se vuelve placeres. ¡A ti juventud! ¡Oh gran torrente que a la vida surges impetuosa, que vas gigantesca y luminosa del cuerpo, el espíritu y la mente! ¡A ti juventud! Yo te bendigo por ser el ave de la alegría, por ser la luz del alma sombría por estar hoy juventud conmigo. ¡A ti juventud! ¡Símbolo santo! Nido donde nacen los amores. Donde nunca existen los temores. ¡A ti juventud! Hoy yo te canto. ¡Canto a la juventud enamorado! ¡Canto a la juventud que es pasajera! ¡Canto a la juventud porque no muera! ¡Porque nunca se aleje de mi lado!*
ENTRE LOS TRECE Y LOS QUINCE
La rosa, el cenzontle y yo.
Ya en el jardín se ha secado la rosa que estaba en flor; el invierno no ha pasado; es que se murió su amor.
El cenzontle ya no canta; está triste igual que yo. Ya ningún ruido le espanta; es que su amor se murió.
Tan triste y sin un consuelo, así como ellos yo estoy. Camino mirando al cielo, pero no sé a dónde voy.
Así iremos por la vida como el viento que pasó, sin darnos la despedida la flor, el cenzontle y yo.
Hay veces...
Hay veces que me siento tan cansado, sin ganas de cumplir algún destino, sin querer continuar por el camino la ruta que yo mismo me he trazado.
Mas ante las huellas de lo pasado al instante mis pesares declino, en flores se convierte el cruel espino y renace en mi ser lo doblegado.
Los gritos de lo injusto mi alma escucha y entonces me reclama altisonante: ¡No te dejes abatir! Sigue, lucha... ¡Recuerda! ¡No te quedes vacilante! Tienes fe, voluntad y también mucha vida plena y fecunda por delante.
Un simple humano
Pensar que si soy como quiero ser, será mi vida triste soledad. Si soy como los demás, vanidad para siempre habrá mi alma de tener.
De ser como quiero siento el deber, de ver solamente en todos, bondad; si soy como son, tendré la maldad en mi existencia como vil placer.
Quiero sentirme lejano de todo; no ser esclavo de todo lo vano. Quiero sentirme muy lejos del lodo, lodo maldito que se siente ufano. Vivir no quiero de idéntico modo, mas cómo hacerlo, si soy simple humano.
Triunfar...
Estúpidos aquellos que en la vida tan sólo viven de ilusiones vanas y que al surgir de las primeras canas se quejan de su suerte inmerecida.
Estúpidos aquellos que en la herida dejada por la vida en su alma enana se quejan del destino como rana que nunca deja su charca podrida.
¡Qué pérdida de esfuerzos! No supieron la breve juventud aprovechar. Me dicen que yo soy como ellos fueron y cual hoy son, así me va a pasar. Pero ellos a pesar de que pudieron, nunca acaso atreviéronse a triunfar.
Loca ilusión
Loca ilusión que hasta mi vida llegas a causarme inquietud, mas no por eso me inclino hasta tus pies y te los beso ni me causas temor ni me doblegas
De mi espíritu férreo no despegas la hermosa sensación de estar ileso. Soy feliz porque no me siento preso de los falsos fulgores con que ciegas.
Burda riqueza, aún sin ti, yo vivo, a pesar de que a veces por ti muero. Placer me causas cuando te recibo; dolor me otorgas cuando más te quiero. Y aunque estés a mi lado, seré altivo, porque nunca seré tu prisionero.
Ave inmortal
Ave inmortal que en luminoso vuelo. más hermoso que el vuelo de Pegaso, más potente que el más potente brazo, nos llegas convertida en grato anhelo.
Ave inmortal que vas dejando el velo invisible, en el que hago mi regazo, tristeza me da que en el ocaso puedas perderte en el oscuro cielo.
Ave inmortal que tantos hombres vieron cruzar por el espacio presurosa. Ave inmortal que siempre te tuvieron por una de sus dotes más preciosas. ¡Cuán dichosos los que te recibieron y tuvieron visita tan fastuosa!
Señora Alba
Señora Alba de mágica blancura, blancura inmaculada que yo admiro entre risas, sonrisas y un suspiro, dime qué alma tendrá tanta hermosura.
Señora Alba cubierta de ternura, que todas las mañanas siempre miro cuando ya del silencio me retiro, di, qué alma como tú, será tan pura.
Señora Alba infinita de belleza que arropas los celajes con tu manto, dale un poco de luz a mi tristeza diciéndome en un dulce y tierno canto ¿en qué alma encontraré yo la pureza capaz de asemejarse con tu encanto?
Las voces de los niños...
Las voces de los niños me parecen cuando hablan, violines en murmullo; cuando cantan, guitarras en arrullo; cuando ríen, orquestas que florecen.
Sus diáfanos acordes me estremecen porque vuelan en gritos sin orgullo como oleajes de notas en capullo flotantes en los vientos que las mecen.
Son la sinfonía de una paloma que remonta su vuelo clamoroso; o trinos de gorriones que en la loma dan su concierto sin guardar reposo. Las voces de los niños son aroma, aroma musical hecho alborozo.
Para ser poeta
I ¿Quién pudiera hacer un verso colmado de poesía en el cual expresaría de la vida, lo más terso y también lo más diverso? Escribirlo yo quisiera al instante si pudiera las palabras combinar y entonces sólo expresar todo lo que yo sintiera. II Quién pudiera hacer un verso colmado de inspiración; dicha para el corazón que se encontrara disperso vagando en el universo formado por el amor que unas veces es dolor y otras es viva alegría. Si pudiera escribiría libre de todo temor. III ¿Si sólo por un momento vinieran a mí las musas? Son esperanzas ilusas que me causan gran tormento, pues nunca vendrán presiento a darme la inspiración que convierta la ilusión, en una verdad cercana, que hoy parece muy lejana, y alegre mi corazón. IV De estilo muy elegante ser un buen poeta quiero; compararme con Homero, o asemejarme con Dante. Pero soy un principiante; de poeta vil remedo; quiero escribir, mas no puedo, me falta temperamento, me falta mucho talento y sin embargo... no cedo. V Para ser un buen poeta muchas cosas necesito: hacer del saber, un rito; del estudio, una saeta que vaya rumbo a la meta que yo mismo he señalado y con la que he de vivir hasta poder escribir un poema inmaculado.
Décimas sobre saber o ignorar
I ¡Saber! ¿Para qué saber? Siempre lo están repitiendo los humanos, pues creyendo que lo que importa es tener cerca del alma el placer de no mirar la pobreza, sólo esperar la riqueza con los brazos extendidos sin sentirse arrepentidos ni doblegar la cabeza. II ¡Saber! ¿Para qué saber? Es la cuestión que me amaga y que como viento apaga la flama que hay en mi ser, que estoy sintiendo crecer como un grandioso deseo que a muchos parece feo cual una rosa marchita, como a una imagen bendita dondequiera yo le veo. III ¡Saber! ¿Para qué saber? Si dicen que todo acaba, que éste afán a nadie alaba, que nunca habré de poder. Mas yo quiero comprender mil cosas que se han escrito, de saberlas necesito, porque siento que es mi vida la que se siente encendida con el saber infinito. IV ¡Saber! ¿Para qué saber? De qué sirve saber tanto si la vida es como un canto que pronto ha de fenecer y todo lo ha de verter, desde el vino del amor, hasta sangre del dolor que siempre habrá de brotar al morir, que es no tornar, y eso llena de pavor. V Y en ésta angustia incesante de saber o no saber quiero todo aborrecer. Sin embargo, sigo amante rendido y siempre anhelante de lo que quisiera odiar, de lo que quiero dejar completamente olvidado en un rincón alejado de la vista y del pensar. VI ¿Saber mucho o ignorar todo?, cuestión que me martiriza. Saber, para mí, es la brisa; ignorar, siento que es lodo y yo estoy en el recodo. Saber, sólo es sufrimiento que se siente como el viento que arrebata, huracanado, a veces tan complicado que constituye un tormento. VII Dicha y desdicha, es al hombre toda la vida, incesantes, jamás quedan vacilantes, de ellas siempre brota el nombre, sin que a ninguno le asombre; ora están otros gimiendo y los que estaban gozando después estarán llorando y los que lloraban, riendo. VIII ¡Saber! ¿Para qué saber? Si esta vida es tan pequeña... quien no piensa en ello, sueña en tener sólo el poder para así todo ofrecer sin pensar que lo que han hecho pronto quedará desecho por la flama del morir que llega sin prevenir, sin importarle el derecho. IX Sueñan todos en llegar a cumbres tan elevadas que al mirarlas no alcanzadas, llegan a desesperar y dicen sin aguardar la llegada del consuelo, que no hay nada allá en el cielo, que hay que matar o matarse, hay que hacer mal y vengarse sin que se infunda recelo. X ¡Saber! ¿Para qué saber si el universo grandioso fue creado por un coloso que nunca nadie ha de ver pero en el que hay que creer y decir que es lo más puro lo más perfecto y seguro de lo que, Él ha realizado y decir que se le ha amado hasta en el sufrir más duro? XI Y Sócrates, gran sapiente que dijo no saber nada con la frente levantada como aquél que nunca miente, mientras que con furia ardiente el enemigo mentía al saber que no podía de otro modo derribarlo porque tan sólo al nombrarlo el odio contra él surgía. XII ¿Murió sintiendo placer? ¿Dónde estará? No sabemos, pero esto si comprendemos que con todo y su saber nunca ya podrá volver del lugar desconocido que para unos es temido y para otros deseado tanto como a un ser amado que nunca antes se ha sentido. XIII Y Shakespeare, Goethe y Cervantes que crearon obras tan bellas que lucen aún. Estrellas luminosas y brillantes, apreciadas cual diamantes que ya no se han de encontrar, muertos sólo habrán de estar, mientras tanto que sus obras, de ellos las únicas sobras, por siempre han de perdurar. XIV Y sabéis que a Napoleón el saber no satisfizo y tanto triunfar el quiso que no le importó razón alguna del corazón para emprender la subida hasta la esfera escondida del vanidoso poder. ¿De qué le sirvió el placer si pronto perdió la vida? XV Se sufre para saber lo que después causa pena; y al sentir el alma llena de inapreciable placer, solo podrá aborrecer lo que los demás no saben, pues al sentir que no caben dentro del mundo que habita, sólo gritará ¡maldita! ¡Deja que en la cruz te claven! XVI Saber, ¿para qué saber?, si Kant que lo supo todo no pudo dejar el modo al que hubo siempre de ser. Qué objeto tiene entender el mecanismo del alma si no se encuentra la calma al vivir entre lo incierto, pues todo ha de quedar muerto: golondrina, flor y palma. XVII Hegel, Comte y Nietzsche que fueron sabios, cual dioses humanos: ¿Dónde han quedado las manos que mil juicios escribieron? En polvo se convirtieron; de sus seres, nada existe. ¡Hegel que tanto escribiste! ¡Nietzsche que tanto razonaste! ¡Comte que en la verdad pensaste, dime lo que conseguiste! XVIII El mundo sigue su ruta, misma que siempre ha llevado; piensa en lo sosegado llevando una vida bruta que a tantas almas enluta. ¡Sabios! De nada ha servido, todo lo que habéis urdido sólo muy pocos lo saben. Dejad que sus mentes laven con el agua del olvido. XIX Y así se siente cual es el humano entendimiento; sólo busca el sentimiento y la razón a la vez. La ignorancia es el revés del saber que tanto añoro; si soy ignorante, lloro; si fuera un sabio sufriera y mi llanto yo quisiera que formara una mar de oro. XX Mas, de qué sirve entender toda la ciencia y el arte si el morir se lleva parte de todo ese conocer. ¡Saber! ¿Para qué saber? Dejen que de ello me ría; la flor hermosa de un día al otro estará marchita. ¿Para qué ha sido bonita si después ya no sería? XXI De qué sirve que la ciencia nos muestre verdades claras si hay cosas siempre tan raras que habitan en la conciencia arrastrando la paciencia y abandonando al deber. ¿Para qué vas a aprender toda la ciencia y el arte? -Me dicen-Si has de acabarte Sin embargo... He de saber. XXII Y en este discernir raro que Shakespeare, en Hamlet dijo, aunque resulte prolijo siempre resulta muy claro cuando se vaga en el aro que nunca ha de terminar: “Ser o no ser”. Hay que obrar lo más rápido posible, llegar a lo inaccesible o en el abismo quedar. XXIII Quiero saber aunque muera. Aunque la vida se acabe. Aunque ninguno me alabe. Aunque nadie me prefiera. Si por ser así muriera con los libros moriría, amigos del alma mía, amigos a los que quiero, sobre todo, los prefiero, pues me dan sabiduría. XXIV Con ojos observadores exploraré el universo; estudiaré lo perverso que a la vida da temores. Y al cantar los ruiseñores tras de la verde maleza: Bendita Naturaleza, exclamaré sollozante, siempre he de ser yo tu amante porque me das entereza. XXV Y así siempre investigando, aunque cometa mil yerros; aunque me ladren cual perros mil humanos, envidiando lo que yo estaré estudiando de técnica, de teoría. Seguiré hasta ver el día de encontrarme con la muerte y entonces decir muy fuerte: ¡Ven, que al fin... yo lo sabía!
ESTREMECIMIENTOS...
1959
A SAFO
A ANACREONTE
A JUANA INÉS
LA ESENCIA DE LA VIDA ES EL AMOR...
Insomnio
¡Qué noches tan negras! ¡Qué noches de angustias! ¡Qué noches de penas calladas y mustias! Mil noches oscuras de crueles tormentos. Mil noches sin luna de eternos lamentos. Todo está en silencio... ¡Cuán grande martirio! Todo está cual muerto... ¡Qué horrible delirio! ¡Ah! Cruel remolino de mil pensamientos. ¡Ah! Noches de angustia de inmensos tormentos.
¿Y en la calle? Gime adolorido el viento...
Definición
¡Amor! Lisonja pasajera, paloma mensajera, albor. ¡Amor! Ensueño realizado, pecado inmaculado, candor. ¡Amor” Ave fugitiva, mariposa esquiva, rumor. ¡Amor! Monstruo intangible, ángel invisible, terror. ¡Amor! Fragmento de luna, pedazo de cielo, anhelo, fortuna, dolor. ¡Amor! Gota cristalina, nube peregrina y flor...
Deseo
¡Oh! Si amor viniera hasta mis brazos y en mi pecho su esplendor latiera, aunque el alma se hiciera pedazos, no sufriera. Si amor estuviera aquí a mi lado y en su cálido manto me envolviera, aunque en llamas me viera abrazado, no temiera. Si amor me mostrara sus encantos grandiosos, tiernos, sublimes, santos, feliz fuera. ¡Oh! Si amor viniera, si viniera...
Agitación
¡Yo quiero amar! Sentir los brazos de la amante que me estrechan, que me estrujan y yo también anhelante, hacer que sus labios rujan al besar. ¡Yo quiero amar! Sentirme hundido entre su piel que al contacto con la mía se vuelva calor y miel y candente el alma fría... ¡Ay! ¡Quemar! ¡Yo quiero amar! Hacer de su cuerpo y el mío uno solo, hasta triunfar, y al final... un calor frío... y morir... vivir... soñar... y caer sobre su pecho... ¡Oh! ¡Cuán mullido lecho para reposar!
Percepción
Y la miré pasar... y en su talle cimbreño se miraba la hermosura deificada y sin igual.
Absorto quedé ante su mirada, ingenua llamarada de noches adornada y mar.
Y la miré pasar... y el alma sublimada de mí quiso escapar.
Un calor terrible por mi cuerpo corrió invisible y un temblor...
Dicha
¡Cuán hermosa la mañana gris de lánguidos matices! Soy feliz porque siento que todos son felices. ¡Cantar...! ¡Correr...! ¡Volar...! Comienza a llover...
¡Qué bella la lluvia! ¡Qué lluvia tan bella! ¡Qué hermosas las gotas qué cayendo están! ¡Qué bella la lluvia! ¡Qué bella! ¡Qué bella! ¡Oh! Cuánta frescura y felicidad...
Espera
Bellos tus ojos de extraño encanto que nunca el llanto podrá opacar.
Tus labios rojos como una rosa que ni una diosa jamás tendrá.
Tu piel tan suave, tu piel tan bella, como una estrella del cielo azul.
Nadie lo sabe, cómo te quiero y cómo espero que me ames tú.
Razonamiento
Y fuiste para mí, tú, una quimera y hoy eres la razón por la que vivo. Si desencanto alguna vez recibo, serás tú la razón por la que muera. Sin ti el sol para mí ya no existiera, triste y seco quedaría el olivo, el mar bravo se vería pasivo y la oveja tornaríase fiera. Mis ojos empeñados por el llanto sólo verían la azucena inerte, sin su exótico aroma, sin su encanto porque nunca ya podría tenerte. Y entonces por haberte amado tanto, pronto a mi alma llegaría la muerte.
Armonía
Tu risa me despierta la alegría y tu mirada me cobija tierno cuando tu cuerpo cobija el invierno donde navega mi melancolía
y entre tus brazos plenos de armonía me hace tu pecho parecerme eterno, lejos, distante del horrendo infierno donde me ataba una loca agonía.
Por eso tu llanto inunda tristeza a la soledad que siento en el alma. Déjame hacer de tu vida proeza con que resurja en mi mente la calma para que unidos en gran fortaleza juntos cantemos al amor que ensalma
Narciso
¡Oh! Qué hermoso es saberse amado y alcanzar la esbelta cumbre de lo no alcanzado. ¡Oh! Qué hermoso es saberse amado, sentirse como en la lumbre de lo deseado. Y erguirse triunfante, sonriente y confiado, mirar las estrellas que han adornado al celaje inmenso de oscuro semblante bañado. Creer que la noche se convierte en día, que el día es más hermoso y más bello el sol, que todo se vuelve inmortal alegría, que mucho se torna divina canción.
Me siento cual nunca, porque en mí está amor.
Pasional
Yo te amo con la fuerza de las nubes envolviéndome en tu cuerpo infinito donde calmo el tronido de mi grito con el fuego de amor con que me subes.
Y a pesar del dolor que cruel me incubes, te labro la oquedad en alto mito, mientras cubro tu piel con exquisito perfume pasional de castos pubes.
Nada temas si quieres ser la entrega que me mueva de barcas y de mares. Iremos a alcanzar la nueva omega que te rompa cansados esperares. Comienza a fecundar la tierna vega que ha de darnos felices espigares
Mía
Te vi desde el espejo, tras las sombras, gozando las serpientes de tu aurora y en medio de ese cuerpo que devora, te arrasa la pasión que nunca nombras. Y al mirarte en la penumbra con que asombras mi tristeza voraz que a ti te añora, comprendí tu inocencia de canora cayendo en la sábana que escombras.
Allí estaba la huella de tu miedo solitaria fingiéndose alegría como un grito de sabor acedo que gozaba perfecta su agonía estrujando el placer entre mis dedos que ajaron tu virtud y se hizo mía
Arrullos
Bellas palabras al oído murmuradas que llevaban el temblor acongojado de mil gotas de cristal formadas...
Tenue repetir de lo callado que invisible en lo inefable se ocultaba y era tierno esclarecer de lo soñado...
Murmurio deleitoso a mi llegado que en lo oscuro intangible de la noche brillaba cual diamante en áureo broche de perlas incrustado.
Culminación
¿Qué te pasa mi bien? ¿Por qué estas triste? ¿Por qué lloras? ¿Por qué sufres? ¿Y no ríes? Mira de esa golondrina el vuelo que de azul se viste. ¿Qué te pasa mi bien? ¿Por qué estás triste? ¿Acaso no ves los mil primores que natura en mil colores nos ha dado? ¿Qué te pasa mi bien? ¿Por qué has llorado? ¿Qué no sientes el aire fresco y puro, que todo invade, a pesar de cualquier muro? ¿Acaso alguna pena te ha invadido y en dolor toda tu alma ha convertido? ¿Acaso para ti todo ha acabado? Si es así, me has olvidado... ¿Qué te pasa mi bien? ¿Te da miedo lo que hiciste? Si estás creyendo que amor ya te ha burlado, te has equivocado. ¡Sonríe como antes sonreíste! ¡Y llénate de luz y de armonía! ¡Siente la tierna lozanía de amar y de vivir! ¡Y sé feliz!
Adiós