Cronicuentos ejemplares

Chapter 5

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Aconteció hace miles de años…aunque también acaso ayer... Allá por los remotos tiempos de la casi nada, existió un buen hombre, como ya no suele haber, que vivía olvidado de los despreciables oropeles mundanos en lo más recóndito de un bosque, como los viejos ermitaños de aquellos tiempos heroicos. Y era feliz… Su máximo placer consistía en preparar brebajes mágicos aún indescubiertos y realizar encantamientos que hasta a él mismo lo dejaban estupefacto por los resultados que obtenía. Amaba la magia como a un dios… y vestía su desnudez con ella. Había llegado a adquirir el magnífico poder de cambiar a su voluntad lo que a él le agradara. Con tal invisible arma había tenido la oportunidad de destruir a quien fuera, las veces que hubiera querido, pero nunca. Al contrario, siempre que podía, causaba beneficios al que así lo necesitaba. Era lo que se dice un buen mago. Una tarde, cuando realizaba su cotidiano paseo por las orillas del lago cercano a su choza; tarde de celaje límpido... cuando aún no había esmog; una tarde, en la que aún podía sentirse la paz, descubrió a una bella y jamás igualada mariposa que iba de flor en flor. Quedó maravillado al contemplar los brillantes y desconocidos resplandores de sus alas. La miraba como en éxtasis. Cuando el gracioso insecto pasaba cerca de unos tules exuberantes, apareció desafiante la imponente monstruosidad de un prietuzco sapo. El mago comprendió al momento el peligro en el que se encontraba la mariposilla inocente y con tan sólo el simple deseo de que muriera el horrible batracio, éste cayó fulminado por misteriosa fuerza. El mago meditó entonces: Un ser tan hermoso no debe sufrir… Para que no vuelva a enfrentarse a otra situación semejante, voy a encantarlo… Y apenas lo hubo pensado, la mariposa quedó transformada en una verdecina y graciosa rana. El mago quedó satisfecho y continuó su diario paseo. A la tarde siguiente, cuando por ahí discurría otra vez, contempló sonriendo a la ranilla. Mas tocó la casualidad de que en esos mismos instantes, una garza de imponente y hermoso aspecto, como garza-diosa, llegaba volando para colocarse cerca del animal transformado. El buen mago volvió a entender al momento lo que aquello podría significar para la rana indefensa y de inmediato pensó convertirla en semejante ave para librarla de aquella amenaza mortal. Apenas hubo imaginado esto, cuando el verde animalillo quedó configurado en el volátil de fastuoso y deslumbrante plumaje. El mago respiró satisfecho y continuó por su camino de siempre. Así transcurrieron varios días y cierta vez, el buen hombre quiso enterarse del estado en que se encontraba su protegida, e iba llegando apenas a verla, cuando se sobresaltó al mirar un tigre descomunal que se dirigía veloz hasta el sitio en el que la garza se encontraba apaciblemente despreocupada. El carnívoro parecía estar hambriento… Y el mago no tuvo tiempo de pensar en contra de la bestia porque ya había saltado sobre la zancuda y la había derribado sangrante para destrozarla. Al buen hombre de conocimiento le conmovió todo aquello y deseó de improviso la muerte para la terrible fiera. El tigre cayó de inmediato junto a su víctima. El ave aún respiraba. El mago, compadecido, la trasladó hasta un lugar seco y allí hizo lo imposible para curarla. No era factible que la mariposa convertida en rana primero y después en portentosa y resplandeciente garza, muriera. Para ello decidió hacer un nuevo encantamiento… La transformó en la desalmada bestia. Pronunció unas palabras cabalísticas y el espigado animal quedó transmutado en una fiera de belleza singular. El nuevo tigre se levantó con lentitud, miró por unos segundos fijamente al mago que sonreía complacido ante su obra, y sin que éste los sospechara, se lanzó sobre él… De un zarpazo le rasgó la cara y de un mordisco le desgarró el cuello. El mago no pudo hacer nada… Un rojizo manantial brotó del maltrecho cuerpo del bondadoso y la bestia, después de arrancarle furibunda un brazo… y de destrozarle el cerebro… y el corazón… huyó a la jungla… y se perdió en la espesura vorágine… El buen hombre, el magnánimo, el de mente magnífica, quedó allí…muerto… Aconteció hace miles de años… pero aún suele suceder… hoy.

Categoría:Obras de Antonio Domínguez Hidalgo