Crónica de la conquista de Granada (1 de 2)
Part 14
El ejército de Fernando, prosiguiendo su marcha, llegó hasta las mismas puertas de Granada, y derramándose por la vega taló los panes, viñas y olivares, y destruyó cuanto habia en derredor, convirtiendo aquel paraiso terrestre en un desierto. Estando los cristianos ocupados en estas operaciones, habia salido de la ciudad un cuerpo de caballería de mil y quinientos hombres y algunos batallones de infantería, los cuales, apostándose en unas huertas cortadas por muchas acequias, y rodeadas de olivares, esperaban la ocasion de atacar con ventaja al enemigo. Esta pareció ofrecerse al pasar por alli el duque del Infantado con sus dos batallas de hombres de armas y de ginetes, acompañándole don García Osorio, obispo de Jaen, y Francisco Bobadilla con las gentes de dicha ciudad, Andujar, Úbeda y Baeza[58]. Los moros que en la guerra usaban mucho de ardides y estratagemas, viendo el buen órden que llevaban los del duque, no osaron acometerlos, y dejando pasar de mal talante aquellos lucidos batallones, salieron contra las últimas escuadras del Obispo. Despues de escaramuzar con ellas un rato, fingieron los moros huir y se metieron por una huerta llamada del Rey, donde entraron con ellos los cristianos, que los perseguian con ciega precipitacion. Viendo aquellos á sus contrarios comprometidos en las espesuras de la huerta, soltaron el rio Guadalgenil, para que corriese por una acequia grande que rodeaba todo aquel circuito, y en un momento se vieron aquellos caballeros atajados por el agua, y de nuevo acometidos por el enemigo. En la confusion que se siguió aun los mas valientes no acertaban á defenderse; muchos se arrojaron al agua para pasar la acequia, y algunos se ahogaron con sus caballos. Felizmente el duque del Infantado advirtió á tiempo el peligro de sus compañeros, y acudiendo á su socorro con la caballería ligera, los libró de aquel peligro. Los moros, forzados á huir, se alejaron por el camino de Elvira, persiguiéndolos el Duque hasta cerca de Granada.
[58] Pulgar parte III. c. 62.
Concluida la tala en circuito de la capital, salió de la vega Fernando con toda su hueste por el puerto de Lope, y se dirigió á Moclin, para reunirse con la Reina. El gobierno de las plazas recien conquistadas se confió á don Fadrique de Toledo, despues tan célebre en Flandes bajo el título de duque de Alba[59]; y terminando asi felizmente esta campaña, regresaron los Reyes en triunfo á la ciudad de Córdoba.
[59] El célebre duque de Alba no nació hasta 1508, y seria nieto del que aqui se cita.
[Ilustración]
CAPÍTULO XXXVII.
_Atentado del Zagal contra la vida de Boabdil, y resolucion que tomó éste á consecuencia._
Apenas habia llegado á la otra parte de la sierra de Elvira el último escuadron de la caballería cristiana que se retiraba, cuando estalló la cólera, largo tiempo reprimida, del viejo Muley el Zagal. Resuelto á exterminar por cualesquiera medios á Boabdil y sus confederados, revolvió furioso contra ellos: á unos castigó con la confiscacion de sus bienes, á otros con destierros, á otros con la muerte. Pero Boabdil se habia vuelto á refugiarse en Velez el blanco, donde, á la sombra de su protector Fernando, esperaba que la fortuna, mostrándose mas propicia, le llamase á nuevas empresas. El Zagal que le miraba como punto de reunion de sus contrarios, y deseaba su perdicion, se valió, para efectuarla, de los medios mas infames. Le envió embajadores, brindándole con la paz, por ser asi necesario al bien de entrambos y á la salvacion del reino; y aun ofreció dejar el título de Rey y hacerse su vasallo; pero estos mismos embajadores que traian un mensage tan plausible, venian provistos de yerbas para envenenarle; y si ésto no se conseguia, tenian órden para acabar con él abiertamente con sus puñales. Boabdil, advertido secretamente de esta traicion, se negó á dar audiencia á los embajadores, denunció á su tio como usurpador y fratricida, y declaró su resolucion de no ceder en su enemistad contra él, hasta poner su cabeza sobre las puertas de la Alhambra.
Asi volvió á encenderse la guerra entre los dos Monarcas. Favorecia el Rey Católico á Boabdil, mandando á todos sus capitanes y alcaides le ayudasen en sus empresas contra su tio; y don Juan de Benavides, que mandaba en Loja, hizo varias entradas en nombre de aquel por tierras de Almería, Baza y Guadix, que reconocian al Zagal. Pero contra los esfuerzos de Boabdil prevalecian tres males que le aquejaban: la inconstancia de su pueblo, el odio de su tio, y su alianza con Fernando. Las ciudades le cerraban las puertas, sus vasallos le maldecian, y aun los pocos caballeros que hasta ahora le habian seguido lo iban abandonando. Con la mengua de su fortuna desfallecian el ánimo y las esperanzas del jóven Rey, y temia quedar en breve sin un palmo de tierra donde plantar su estandarte, y sin un partidario que le siguiese.
Tal era el abatimiento en que se hallaba, cuando recibió cartas de su madre, la magnánima sultana Aixa, afeándole que andubiese rondando cobardemente los confines de su reino mientras un usurpador estaba enseñoreado de su capital, y que se valiese de socorros extranjeros, habiendo en Granada corazones leales, prontos á sacrificarse en su servicio. “El Albaicin, le decia, solo aguarda que llegues para abrirte sus puertas: anímate pues á un esfuerzo vigoroso; y sea el golpe decisivo, para que todo se remedie ó para que se pierda todo. ¡Reinar ó morir! hé aqui la ley que el honor prescribe á los Monarcas.”
La falta de resolucion era el defecto principal en la índole de Boabdil; pero hay ocasiones en que aun los mas indecisos se determinan, y entonces suelen éstos obrar con una energía que no se encuentra en caractéres mas resueltos. La exhortacion de la sultana le despertó como de un letargo. Granada con todos sus atractivos y delicias, con su Alhambra, sus claras fuentes y floridos jardines, se representó vivamente á su imaginacion “¡Pátria querida!, exclamó, ¡paraiso de mis padres! ¿por qué culpa se me destierra de tí? ¿y por qué en mis propios dominios he de vivir peregrino y fugitivo, mientras un bárbaro usurpador ciñe orgullosamente mi corona? Alá, que protege al justo, sin duda defenderá mi causa: un solo golpe y todo será mio.”
Reuniendo á los pocos caballeros de su bando, les dijo: “¿Quién de vosotros quiere seguir á su Soberano hasta la muerte?” y todos sin excepcion echaron mano á la cimitarra. “¡Basta, dijo Boabdil, cada uno se aperciba secretamente á una empresa de gran trabajo y peligro: si triunfamos, nuestra recompensa es un imperio!”
[Ilustración]
CAPÍTULO XXXVIII.
_Boabdil vuelve secretamente á Granada y se presenta á sus parciales._
En manos de Dios (dice un coronista árabe) está el destino de los príncipes. Él solo da los imperios. Un ginete moro, montado en un veloz caballo árabe, venia atravesando las montañas que se extienden entre Granada y la frontera de Murcia. Pasando los valles con precipitacion, se detenia y miraba cauteloso el camino cuando llegaba á las alturas. Á poca distancia le seguia un escuadron de caballeros que no pasaba de cincuenta lanzas. En el primor de sus armas y arneses mostraban ser guerreros de distincion, y el aire magestuoso y noble de su gefe parecia denotar un príncipe. El escuadron que asi describe el coronista árabe era el Rey moro Boabdil y sus fieles partidarios.
Por espacio de dos noches y un dia caminaron con no poco trabajo y riesgo por los pasos mas solitarios de las montañas, sin entrar en las poblaciones. Era la media noche, y la oscuridad y el silencio prevalecian en derredor, cuando empezaron á bajar de las montañas, y se acercaron á la ciudad de Granada. Siguiendo cautelosamente lo largo de la muralla, llegaron cerca de la puerta del Albaicin. Aqui dejó Boabdil escondidos á los que con él venian, y tomando solo cuatro ó cinco de ellos, se acercó con resolucion á la puerta, y llamó con el pomo de su alfange. Acudió la guardia, y preguntó quién llamaba á una hora tan intempestiva. “El Rey, respondió Boabdil, abrid presto.” Asi lo hicieron en efecto, y reconociendo los soldados á la luz de una hacha la persona del jóven Monarca, le admitieron sin replicar. Habiendo entrado con sus parciales, corrieron éstos á las casas de los principales moradores del Albaicin, que intimándoles se armasen en defensa de su Soberano; y al amanecer ya estaba todo el arrabal sobre las armas, y reunido bajo el estandarte de Boabdil. Tan feliz éxito tuvo este arrojo; que asi puede llamarse, pues ningun concierto prévio existia ni inteligencia con los de Granada. “Asi como los guardas abrieron las puertas del Albaicin, dice un historiador coetáneo, asi Dios abrió las voluntades de los moros para que recibiesen á su Rey”[60].
[60] Pulgar.
Por la mañana temprano el Zagal, con la nueva de este suceso, sacudió el sueño, y reuniendo su guardia, se encaminó espada en mano contra el Albaicin, esperando sorprender á su sobrino; pero los partidarios de éste le recibieron con intrepidez, y le obligaron á retroceder á la plaza de la mezquita mayor. Aqui se encendió de nuevo la pelea, y se batieron los dos Reyes mano á mano y con furor implacable, como si quisieran decidir sus pretensiones á la corona por un combate singular; pero acudiendo muchos de una y de otra parte, fueron separados, y los del Zagal tuvieron que abandonar la plaza. Todavia duró algun tiempo por las calles esta lucha cruel, que despues se renovó en el campo, donde se batieron ambos partidos hasta la tarde. Á la noche se retiraron unos y otros á sus cuarteles respectivos, para volver á pelear á la mañana, sin que por muchos dias dejasen de ensangrentar malamente las calles de la ciudad, hecha víctima de estas bárbaras disensiones. Atacándose alternativamente, sitiaban á veces los del Zagal al Albaicin, y á veces haciendo éstos una salida, rechazaban á sus contrarios, y los encerraban en la Alhambra, en cuyos encuentros el furor que los animaba no permitia á ninguno de los dos partidos conceder cuartel á los prisioneros del otro.
Entretanto, Boabdil, hallándose con fuerzas muy inferiores á las de su rival y temiendo una mudanza en las voluntades de sus parciales, que los mas eran mercaderes y artesanos, y empezaban á cansarse de tantos trabajos y escenas tan sangrientas, envió sus mensajeros á don Fadrique de Toledo, general de las fuerzas cristianas en la frontera, rogándole con instancia acudiese á su socorro. Don Fadrique, que tenia órdenes del Rey para favorecer á Boabdil contra su tio, se puso luego en marcha con una fuerza competente, y se acercó á Granada; pero temiendo alguna traicion, cuidó de no comprometerse con ninguno de los dos partidos, y se mantuvo por de pronto en observacion de sus movimientos. El carácter feroz y sanguinario de las disensiones que desgarraban á la infeliz Granada, convenció en breve á don Fadrique que no estaban de inteligencia aquellos Reyes; y determinando ayudar á Boabdil, le envió un cuerpo de peones y arcabuceros al mando de Fernan Alvarez de Sotomayor, alcaide de Colomera. Este socorro, semejante á un tizon arrojado al fuego, encendió de nuevo las llamas de la guerra civil, que ardió entre los habitantes moros por espacio de cincuenta dias.
[Ilustración]
ÍNDICE de los capítulos contenidos en este tomo primero.
INTRODUCCION.
CAPÍTULO PRIMERO. _Del reino de Granada, y del tributo que pagaba á la corona de Castilla._ Pág. 1
CAP. II. _Los Reyes católicos envian á pedir el tributo al moro: lo que éste contestó, y cómo quebrantó la tregua._ 7
CAP. III. _Expedicion de Muley Aben Hazen contra la fortaleza de Zahara._ 15
CAP. IV. _Expedicion del marqués de Cádiz contra Alhama._ 21
CAP. V. _De la sensacion que causó en el pueblo de Granada la toma de Alhama, y de la salida que hizo el Rey moro para recobrarla._ 34
CAP. VI. _El duque de Medina Sidonia y los caballeros de Andalucía, acuden al socorro de Alhama._ 43
CAP. VII. _Acontecimientos en Granada y principios del Rey moro, Boabdil el chico._ 54
CAP. VIII. _Expedicion real contra Loja._ 61
CAP. IX. _Muley Aben Hazen entra por los estados de Medinasidonia, y corre la campiña de Tarifa._ 70
CAP. X. _Incursion de los caballeros de Andalucía por los montes de Málaga, llamados la Ajarquía._ 79
CAP. XI. _El Rey chico de Granada, con un ejército bizarro, marcha contra Lucena. El conde de Cabra y el alcaide de los Donceles se disponen á resistirle._ 96
CAP. XII. _La batalla de Lucena._ 106
CAP. XIII. _Lamentaciones de los moros por la batalla de Lucena._ 115
CAP. XIV. _Del ensalzamiento de Muley Aben Hazen, y de la cautividad de Boabdil._ 121
CAP. XV. _Libertad de Boabdil._ 128
CAP. XVI. _Boabdil vuelve de su cautiverio._ 132
CAP. XVII. _Salida de los moros de Ronda para correr los campos de Utrera, y batalla del Lopera._ 138
CAP. XVIII. _Retirada de Hamet el Zegrí._ 149
CAP. XIX. _Del honroso recibimiento que hicieron los Reyes católicos al conde de Cabra y al alcaide de los Donceles._ 154
CAP. XX. _Empresa del marqués de Cádiz para recobrar á Zahara, y su resultado._ 159
CAP. XXI. _De la disciplina y buen gobierno que estableció el conde de Tendilla en la guarnicion de Alhama._ 164
CAP. XXII. _De la entrada del ejército cristiano en el territorio de los moros para talar sus tierras._ 169
CAP. XXIII. _Tentativa del Zagal para sorprender á Boabdil en Almería._ 176
CAP. XXIV. _Nueva campaña del Rey católico contra los moros, y sitios de Coin y Cartama._ 180
CAP. XXV. _Sitio de Ronda._ 187
CAP. XXVI. _Los granadinos brindan con la corona al Zagal, y éste parte para la capital._ 194
CAP. XXVII. _Tentativa del conde de Cabra para prender al nuevo Rey de Granada, y su resultado._ 200
CAP. XXVIII. _Expedicion contra los castillos de Cambil y Alhabar._ 205
CAP. XXIX. _Empresa de los caballeros de Calatrava contra la villa de Zalea._ 211
CAP. XXX. _Muerte de Muley Aben Hazen, y concordia entre el Zagal y Boabdil._ 216
CAP. XXXI. _Del ejército cristiano que se reunió en Córdoba, y del consejo que tuvo el Rey en la Peña de los enamorados._ 223
CAP. XXXII. _El ejército cristiano se presenta delante de Loja; asedio de esta plaza, y proezas del Conde inglés._ 231
CAP. XXXIII. _Toma de Illora._ 240
CAP. XXXIV. _De la llegada de la Reina Isabel al campo de Moclin, y discretos dichos del Conde inglés._ 244
CAP. XXXV. _Rendicion de Moclin, y otros sucesos._ 250
CAP. XXXVI. _De la nueva tala que hizo el Rey católico en la vega de Granada, y de la suerte de los dos hermanos moros._ 255
CAP. XXXVII. _Atentado del Zagal contra la vida de Boabdil, y resolucion que tomó éste á consecuencia._ 261
CAP. XXXVIII. _Boabdil vuelve secretamente á Granada y se presenta á sus parciales._ 265
[Ilustración]
NOTA DE TRANSCRIPCIÓN
* En el texto las cursivas se muestran entre _subrayados_ y las versalitas como MAYÚSCULAS.
* Se ha respetado la ortografía original, normalizándola a la grafía de mayor frecuencia.
* La puntuación ha sufrido reparaciones, añadiéndose signos de apertura de interrogación y de admiración donde faltaban.
* Los errores obvios de imprenta han sido corregidos sin avisar.
* Se han añadido ilustraciones de adorno al final de todos los capítulos, pese a que en el original sólo existían donde quedaba suficiente espacio libre.
* Se han realizado, además, los siguientes cambios:
p. 102: sino → si no (“si no se le entregaba la plaza”) p. 178: sino → si no (“si no habia fortaleza ni castillo”) p. 235: sino → si no (“si no queria morir”) p. 239: habia → habia dado (“de aquel que se lo habia dado todo.”) p. 235: sino → si no (“si no salimos con honor”)