Cristóbal Colón y el descubrimiento de América, Tomo 2 Historia de la geografía del nuevo continente y de los progresos de la astronomía náutica en los siglos XV y XVI

Part 28

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[265] Los _antescianos_ ó _antomos_ de Iberia encuéntranse en África y no en la India. En este mismo sentido Ptolomeo llama la _tierra opuesta_ una masa continental situada más allá del Ecuador entre los mismos meridianos. La definición de _antomos_, ἄντωμοι, dada en la _Astronomía antigua_, de M. Delambre (t. I, pág. LIV), es, pues, inexacta y está en contradicción directa con las buenas definiciones. Encuéntranse además confundidos con frecuencia en los autores de la Edad Media los antípodas con los antichtonios. Estas palabras no son precisamente sinónimas, como lo prueban, por ejemplo, los pasajes de Mela, I, 9, 4, y de Plinio, VI, 22-24. Ambos autores, al hablar de Trapobana ó de la tierra opuesta, donde pudiera tener el Nilo su fuente transmarina, toman Γῆν ἀντίχθωνα por una tierra de los Anticianos. Cristóbal Colón no fué ciertamente á los antípodas de Europa, y, sin embargo, Pedro Mártir de Anghiera tiene noticias de que van de España «ad occiduos Antipodas» (_Opus. Epistol._, pág. 133).

[266] M. Mannert. En el _Einleit. in die Geog. der Alten_, pág. 74, dice: «Pytheas fué el primero que tuvo la idea de que, navegando desde Europa hacía el Oeste, se llegaría á la India, idea que hizo hallar América á Cristóbal Colón.» Lo que sencillamente refiere Estrabón es que Eratósthenes, en su valuación del tamaño de la clamyde se funda en la opinión que tennía Pytheas del intervalo desde el Borystenes á Thulé. Pronto veremos que es en Posidonio (Estrabón, lib. II, página 161, Alm.; pág. 102, Cas.) donde se encuentra el pensamiento de Eratósthenes y no en lo poco que sabernos de Pytheas, tan injustamente tratado por los que no han podido ó no han querido comprenderlo.

[267] Conservo la palabra vértebra, empleada hasta ahora por los traductores de Estrabón. Es, sin embargo, muy probable que en vez de aludir al esqueleto de los animales vertebrados, quisiera designar Estrabón una forma circular (anillo) ó superficie convexa ó cilíndrica, como la que presentan, ó el peso del huso (_verticillus_ en Plinio XXXVII, c. 2, peso muy ligero y de materia parecida al ámbar), ó las partes cilíndricas del fuste de una columna (Athen. Deipn., v. pág. 206, donde se encuentra descrito el famoso barco del Nilo, el Thalamegus, adornado con columnas cuyas partes eran de distintos colores, parecidas á algunos edificios modernos de Florencia).

[268] En el notable pasaje que trata del comercio de Thinæ (_Periplus Marciani Heracl_., pág. 14, y _Arriani Periplus maris Erythr._, pág. 30 Hudson) este puerto está representado como perteneciente al país de los Sinæ, país separado de la _India extra Gangem_. Tales eran los conocimientos debidos á más extensa navegación.

[269] Cito con preferencia estas denominaciones de la tierra de los Antichtonios, que, en siglos posteriores, ha sido idénticamente aplicada á América. Finis erat orbis ora gallici litoris, nisi Britannia insula amplitudine nomen _Orbis alterius_ mereatur. (Dicuil, _De mesura orb. terræ_, p. 50, Walck; pasaje imitado de Floro III, 10, 16.) acerca de las dificultades con que tropiezan los habitantes de la tierra austral, Antichtonios, para comunicarse con los habitantes de nuestro οἰκουμένη, véanse dos párrafos notables en Cleón, _Cyel. Théor._, t. II (ed. Theop. Schmidt, 1832, págs. 11-12) y en Geminus, _Elem. Astr._, c. 13. (Pet. Uran., pág. 52.) El primero añade: «La existencia de esta tierra antichtona (de los Anticianos) la hemos sabido por consideraciones (teóricas) de física general, φυσιολογία, no por la experiencia (de hechos históricos).»

[270] Omnis terra quamvis ab Oceano tamquam ingens quædam insula circumvallatur, habitabilis tamen non undique globea est: cum utrumque ad solis semitam altius erecta caliginosæ cujusdam nubeculæ (ut inquit Anthonius Veronensis), speciem præstet, clamydisque formam præse fert, inquit Strabo in tertio: quoniam duas fibulas versus arcton habere conspicitur, quæ si coirent clamydis figurarent speciem. _Cosmographia_, en la _Manuductio in tabulas Ptholomei, composita per Laur. Corvinum_ Basil., 1496, fol. 10, a.

[271] Du Theil, t. IV, parte I., pág. 295.

[272] Parece que Plinio recordó este pasaje de Séneca, cuando dijo: «Hæ tot portiones terræ, imo vero, ut _plures tradidere_, mundi punctus, neque enim est aliud terra in universo. Hæc est materia gloriæ nostræ; hic exercemus imperia, hic instauramus bella civilia, etc.» Pero estos filósofos del primer siglo de los Césares, generalmente estoicos, predicadores también del panteísmo, cuando era á propósito para la elocuencia de los retóricos (Plinio, II, I, 4, 7), presentan una monotonía de formas en sus tratados de filosofía moral que sólo han sabido sobrepujar nuestros teólogos.

[273] Por lo frecuente que es confundir al célebre filósofo L. Annæus Séneca con su padre, M. Annæus, esposo de Helvia, y á quien erróneamente han sido atribuídas las tragedias, los profesores de Salamanca, en las famosas polémicas con Cristóbal Colón en 1487, de que antes hablamos, le objetaban «que la extensión del Océano era infinita, como lo probaba el filósofo Séneca». En este argumento de los catedráticos de Salamanca no hay más que un error de persona: quisieron hablar del retórico M. Annæus Séneca, que vivió en tiempo de Augusto en Roma, y trata en las _Suasoriæ_ (I, I) esta tesis: ¿Se embarcará Alejandro en el Océano, estando la India á la extremidad del mundo, más allá de la cual comienza la noche eterna? Voss (_Kleine Schriften_, t. II, pág. 241). La frase que emplea Fernando Colón, en la _Vida del Almirante_ (cap. XI), de que los profesores se fundaban en la autoridad de Séneca, quien asegura, _por vía de cuestión_, que en tres años no se llegaría al fin de Levante, denota las _Suasoriæ_, las ficticias discusiones de los retóricos. En el texto no se habla de los tres años; se afirma «ultra Oceanum rursus alia littora, alium nasci orbem, nec usquam naturam rerum desinere sed simper usde ubi desisse videatur, novam exurgere»; pero el autor deduce, después de largas y fútiles digresiones, que Alejandro no debe embarcarse para buscar otro mundo. Idéntica deducción hacía la Facultad de Salamanca en 1487, procurando, por medio de doctos argumentos, impedir el descubrimiento de América.

[274] Objiciebant etiam eloquentiæ laudem uni sibi adsiscere et carmina crebrius factitare, _postquam Neroni amor eorum venisset_. (Ann., XIV, 52.)

[275] «Oceanus terras velut vinculum circumfluit.» (M. Ann. Séneca, _Suas._ I, pág. 5, ed. Bip.)

[276] Es perfectamente inútil hacer viajar á Séneca, ni aun como lo supone Gronovius, desde Egipto á la India. (L. Ann. Sen., _Medea et Troades_, _ed. Ang. Matthiæ_, 1828, páginas 14, 19, 92).

[277] Ortelii, _Teatr. orbis terr._, 1601 (in art. Nov. Orbis).

[278] Thucydides ait (III, 89), circa Peloponnesiaci belli tempus (anno sexto) Atalantam insulam aut totam aut certe máxima ex parte suppresam. Nat. Quæst., VI, 24. Véase también Estrabón, lib. I, pág. 105, Alm; pág. 61, Cas. Esta gran revolución física coincide, con diferencia de un año, con la tercera erupción del Etna de que hace mención la historia, después del establecimiento de los griegos en Sicilia, es decir, desde la primera fundación de Siracusa, Ol. 5, 4, según la crónica de Paros (Boeckh. _Corp. Inser. Græc._, t. II, pág. 335). Los terremotos del mar Egeo ¿preludiaron la erupción del Etna, á pesar de la diferencia de los dos sistemas de acción, de igual manera que hemos visto la relación entre los movimientos subterráneos de las Azores, la Luisiana y la costa de Caracas? (_Rélat. hist._, t. II, págs. 4-21.) No Homero, sino Hesiodo conocía el nombre del Etna, si es cierto que la palabra Αἴτνη estaba realmente en el texto de Hesiodo y que Eratósthenes no interpretó al poeta (_Teogonia_, v. 860), por conjeturas. En el reinado de Hierón hubo una erupción (Ol. 75, 2) grandísima que motivó las descripciones de Píndaro y de Esquilo. Refiere Diodoro (v. 6) que mucho tiempo antes de la guerra de Troya, los Sicarios, habitantes primitivos de la parte oriental de Sicilia, y por tanto, anteriores á los Sículos, se vieron obligados, por las erupciones del Etna, que duraron muchos años, á refugiarse en las partes occidentales de la isla. Tucídides llama tercera erupción á la de la Ol. 88, 3 (lib. III, 116). Es probable que Hesiodo conociera el Etna por los fenómenos volcánicos anteriores al establecimiento de las colonias griegas.

[279] Timæus, vol. III, págs. 20-25; Critias, págs. 109-121 (Platón, t. IX, págs. 287-297; t. X, págs. 39-66, ed. Bip). De estas dos obras de la vejez de Platón el último diálogo no está terminado (véase también Estrabón, II, pág. 160, Alm. pág. 102, Cas.); según testimonio de Posidonio, no de Polibio, como se ha dicho en una obra llena de exactas investigaciones, Hoff, _Gesch. der natürl. Verand., der Erdoberfl._, t. I, pág. 169: «Posidonio encuentra más atinado adoptar la tradición (de los sacerdotes egipcios) que decir de este país lo que se dijo del atrincheramiento de Homero: quien lo ha imaginado lo habrá hecho desaparecer.» La muralla que debía poner á cubierto el campo de los griegos, «probablemente no existió jamás (Estrabón, XIII, pág. 893, Alm.; pág. 598, Cas.) y no debe su destrucción, como Aristóteles dice, á la imaginación de Homero»; Platón figura el país de la Atlántida un país de elefantes en el cual hasta se encuentran los nombres de las lenguas semíticas, porque un hermano de Atlas se llama «_Gadeiros_, lo que en griego quiere decir _Eumelos_», rico en ganados. Sabemos, sin embargo, por un fragmento de Salustio (_Nunnes ad Melam._, pág. 525), por Plinio (IV, 36), Dionisio el Periegetes, y sobre todo por Avieno (_Ora mar._, v. 267), quien se alaba con frecuencia de estas noticias tomadas de Himilcón, que Gaddir ó Gadeira es una raíz púnica (Punicorum lingua _conseptum_ locum Gaddir vocabant. Poetæ Lat. Mim., t. V, pág. 1212, ed. Wernsd).

[280] Este nombre de Meropis, relacionado con el del titán _Atlas_, ¿aludía á la única de sus hijas, unida á un mortal y que, en las Pléyades permanecía _velada_ (obscurecida), casi oculta á las miradas de los hombres? (Apollod., _Bibl._, III, 10, 1, pág. 83, ed. Heyne.)

[281] En el mismo diálogo se dan distintas dimensiones á Atlántida. (Crit., págs. 108-118.)

[282] Véase Kleine, _Quæst, quædan de Solonis vita et fragmentis_. Duisb., 1832, pág. 8. Por otra parte, M. Bach (_Solonis Athen. carmina quæ supersunt_, Bonnæ ad Rhen, 825, páginas 35-56 y 113) cree que la familia de Platón conservó, no como tradición, sino como poema, un escrito designado con las palabras λóγος Ατλαντικóς.

[283] Plinio, VI, 31, conoce, además de la gran Atlántida de Solón, otra isla pequeña de igual nombre, á cinco días de navegación del Hespérion Ceras (¿Cabo Non? Gosselin, _Rech._, t. I, pág. 145). Esta última pudiera ser muy bien una de las siete islas de las Ætiópicas de Marcelo y pertenecer á las Canarias. También M. Heeren reconoce en la isla «herbarum abundans atque _Saturno_ sacra» de Avieno (_Ora mar._, v. 165) isla cuyo suelo está trastornado por espantosos terremotos, mientras la mar inmediata permanece tranquila, el volcán de Tenerife. _Ideen über Politik_, 1825, II, I, pág. 106.

[284] M. de Sainte-Croix (_Examen des historiens d’Alexandre_, pág. 737) creía sin embargo que en la Gulliveriada de Iambulo había algún fondo de verdad. Un joven escritor, profundamente versado en las lenguas y en los alfabetos del Asia meridional y oriental, M. Jacquet, fijó recientemente la atención (_Nouveau Journal Asiatique_, t. XIII, pág. 30, t. IX, pág. 508) en este pueblo, «que usaba letras según los signos indicadores en número de veintisiete, pero según las figuras que tenían, sólo siete, siendo cada una susceptible de cuatro modificaciones» como en los alfabetos silábicos indios. Puede admitirse que en estos _Viajes imaginarios_ mezclábanse á las fingidas descripciones locales algunos rasgos de costumbres y de usos que se conocían vagamente por las incoherentes relaciones de los antiguos navegantes. La mezcla de verdad y de ficción parece que existió especialmente en la Panchaïa de Evhemero (Gosselin, t. II, pág. 138).

[285] Letronne, _Idees cosmog._, páginas 8 y 9. M. Heeren (II, I, páginas 206, 240; II, 2, pág. 438) cree, en vista de la ruta de las caravanas, indicada por Herodoto, á la parte de allá de los Garamantes, que la tierra de los Atlantes de Herodoto debía estar entre el Fezan y el Bornu.

[286] En el texto de Anaxágoras de Clazoménes, conservado por Simplicio, páginas 89, 93, 110, ed. Schaubach, hay un pasaje bastante obscuro relativo á otro mundo, que ciertamente no es un mundo imaginario visto sólo por la inteligencia.

[287] «Phavorini fragmentum ἐν ταῖς παντοδαπαῖς ἱστορίαις apud Stephanum Byzantinum ad vocem Ὠκεανóς legimus quod ita se habet: Προσαγορεύουσι δὲ τὴν ἔξω θάλατταν ἐκεῖνου μὲν οἱ πολλοὶ τῶν βαρβάρων Ὠκεανόν, οἱ δὲ τὴν Ἀσίαν οἰκοῦντες μεγάλην θάλατταν, οἱ δὲ Ἕλληνες Ἀτλαντικóν πέλαγος. Moneo hunc locum satis gravi momento comprobare neque _Oceani_ nomen, neque notionem illam maris terram cingentis _græcæ_ esse originis.» (Sphon de Niceph. Blemm. duob. opusc, geogr., 1818, pág. 23). Este pasaje muy notable y muy decisivo de Favorino confirma los motivos históricos y etimológicos, alegados antes, del origen semítico (fenicio) de la ficción y del nombre de un río Océano que forma un círculo alrededor de la masa unida de las tierras. Véase también sobre las raíces _hag_ (ag) y og: Villanueva, _Phenician Ireland_, 1833, pág. 65, obra cuyo estilo y método distan bastante de la severidad de una buena crítica filológica. Habitantes de la costa del mar Egeo, los Helenos conocían, por sus propias navegaciones, el mar Negro antes que el Océano. De aquí el nombre de _Ponto_ (Πόντος) dado á la cuenca que parecía más grande, como el nombre de _Poeta_ dado κατ’ ἐξοχήν al mayor de todos, á Homero.» (Estrabón, lib. I, pág. 39, Alm.; pág. 21, Cas.)

[288] Cujus libri auctoritatem, dice el Cardenal, sancti habuerunt in reverentia et veritatis sacras per eum confirmarunt.

[289] Lutero lo compara «á las fábulas de Esopo».

[290] Wilford, en el _Asiatic Researches_, t. VIII, pág. 376.

[291] Pitágoras, Parménides y Posidonio no conocían más que cinco ó seis zonas (Estrabón, lib. II, pág. 105, Alm.; pág. 94, Cas.), mientras en la India la división es ó en cuatro ó en siete zonas.

[292] Carl, _das Buch Hiob_, 1824, pág. 223.

[293] Sobre la gravedad universal en la superficie de la tierra, del sol y de la luna; sobre los efectos de la reflexión de los espejos agrandando ó multiplicando las imágenes; sobre la visibilidad de la luna en los eclipses totales; sobre las montañas especialmente luminosas de la luna (podría creerse que en este punto aludía á Aristarco y á los volcanes que algunos astrónomos modernos _pretenden_ ver en actividad desde aquí abajo); y sobre la falta de calor en los rayos lunares.

[294] Después de repetir el pasaje de la _Medea_ de Séneca, citado con tanta frecuencia desde 1492, el célebre geógrafo añade: «Ego quoque ejus (Novi Orbis) mentionen fieri á Plutarcho de Facie in orbe lunæ sub nomine. _Magnæ continentis_ puto.» (Ortelio, _Orb, terrar._, 1570, _art. Nov. Orb._)

[295] Letronne. _Essai sur le mythe d’Atlas._, p. 18.

[296] Estrabón sitúa también al Norte, cerca de los montes _Ripheos_, una montaña llamada Ogygia.

[297] Gesenius, _Jesaia_, t. II, pág. 324 (véase también Loka-loka, según Amara-Cosha en el diccionario de Wilson). Esta idea de un Gran Continente montañoso, situado más allá de la cintura oceánica y habitado por hombres antes del diluvio, es también de muchos Padres de la Iglesia, y ha sido expuesta por Cosmas Indicopleustes.

[298] Este interlocutor reaparece en los diálogos _Defectu Oraculorum_ y de _EI apud Delphos_ con Ammonio, preceptor de Plutarco y el matemático Menelao. El nombre de Lamprias es también el del hijo de Plutarco.

[299] En la _Vida de Agrícola_ (cap. 10) atribuye, al contrario, Tácito estos mismos fenómenos á un _mare pigrum et grave remigantibus_, á la ausencia de tierras que son llamadas con razón _causa et materia tempestatum_; porque la desigual distribución de las superficies opacas (continentales) y diáfanas (oceánicas), es una de las principales causas del conflicto de las corrientes aéreas y de las explosiones eléctricas en la atmósfera. El nombre de mar Cronieno que Plutarco generaliza, no se aplicaba, propiamente hablando, sino más allá del _promontorium Rubeæ_, que separaba este mar (Plinio, IV, 13, Ducuil, _de Mens terræ_, VII, pág. 32, Walck) del _Morimarimarusa_ ó _Morimarusa_, nombre, que, según Philemón, en la lengua de los cimbrios significa _Mar Muerto_. He aquí dos palabras que, según las observaciones de M. Bopp, pertenecen al parecer al sistema de las lenguas indo-germánicas, aunque con menos claridad y evidencia que _Iabadiu_ (isla de cebada), dos palabras sanskritas, cuya significación nos conservó Ptolomeo (_Geogr._, libro VII, cap. 2). M. Welcker, en su ingeniosa Memoria sobre el sitio de la tierra de los Pheacienos, cree que la palabra _Morimarusa_ alude al _pasaje de los muertos_ en el Océano boreal, que pudo haber tomado Tácito de un comentario perdido de Plutarco, sobre Hesiodo.

[300] Esta prolongación boreal presenta un nuevo dato de analogía con la Gran Tierra de los Méropes de Theopompo, desde la cual se hace directamente, como á tierra próxima, una incursión en la comarca de los hiperbóreos.

[301] En otro sitio del mismo Tratado de las manchas lunares habla nuevamente Plutarco de la falsa idea de Estrabón y de la Escuela de Alejandría, sobre la salida del mar Caspio, que compara con el golfo Arábigo. Al admitir el mismo error Macrobio, que vivió trescientos años después que Plutarco, creyóse al menos obligado á mencionar al mismo tiempo la antigua opinión de Herodoto y del Stagirita: «Caspium mare unde oriatur (ex Oceano) inveniens: licet non ignorem, esse non nullus qui ei de Oceano ingressum negent.» (Macrobio, _Comm. in Somn. Scip._, II, 9).

[302] Estrabón censura severamente el género bastardo que consiste «en describir el mito en forma de historia, mezclándo, por ignorancia y como adorno poético, sucesos fingidos, y hechos positivos y ciertos». Añade, además, que al mismo Theopompo le importaba poco confesarse culpado de esta mezcla.

[303] Véase el pasaje de Tertuliano, adversas Hermog., c. 25, que ya hemos citado. _Sileni alius orbis._ Si Theopompo no empleo las mismas palabras, de Nuevo Mundo, á lo menos llama á Meropis ἐκείνην (γῆν) τὴν ἔξω τούτου τοῦ κόσμου.

[304] Véase _Epítome de la Biblioteca Oriental y Occidental_, por el licenciado Antonio León. Madrid, 1623, pág. 68. Otra edición de las _Oceánicas_ se publicó en Basilea en 1523.

[305] Es el Conde de _Büren_, que los escritores franceses y españoles escriben _Beure_, _Bure_ ó _Bures_, como el nombre de Guillermo de Croy, señor de Chevres, está escrito _Xebres_, _Gevres_ ó _Crouy Chievres_. Estos dos personajes, en unión del erudito Adriano, hijo de un fabricante de tapices (Floris Boyens, de Utrecht), estuvieron encargados de la educación de Carlos V.

[306] Unam ex insulis exiliisse in altum, partemque illius varatam aïunt pelago, montemque obruisse oppidum celebre nomine Villaregale, neque ultra vestigium apparuisse (Petr. Martyr, _Opus Epist._, pág. 447.) Linschoten no alcanza más que al terremoto de 1570 en las Azores (Hoff, _Geschichte der Erdoberfläche_, t. II, pág. 286). La relación de los movimientos en las Azores, Mauritania, Granada, Almería y las Alpujarras en 1522, es muy notable. Véase mi _Rélat. historique_, t. II, págs. 4 y 19.

[307] Petr. Mart., _Opus Epist._, 1670, pág. 310 (Carta 562 dirigida á León X el 26 de Diciembre de 1515).

[308] _L.c._, pág. 437 (Ep. 757). In Castellæ regnis, ubi ætatis meæ vim omnem consumpsi, ubique mihi ex nobis orbibus ab Hispanis repertis vivendi apud posteros est præbita materia, etc.

[309] Las _Décadas_ indican la primera partida de Cristóbal Colón del puerto de Palos (una de las épocas más memorables de la historia de los descubrimientos) _circiter ad calendas, Sept. 1492_, en vez del 3 de Agosto.

[310] _Opus Epist._, núm. 130, Christophorus _quidam_ Colonus! La celebridad ya adquirida y la larga vida del más popular de los prosistas griegos no le impidió sufrir el _nescio quis Plutarchus_ de Aulo Gelio (Noct. Alt., XI, 16).

[311] Las citas de Tucídides, de Platón, Estacio, Hygin, Juvenco y Fortunato, pertenecen á D. Fernando Colón, hijo del Almirante, como se advierte con toda claridad en la discusión sobre la Atlántida y las islas Hespérides, que Cristóbal Colón creyó formaban parte de la India á causa de un pasaje mal interpretado de Solino (_Vida del Alm._, c. 9). La erudición clásica de D. Fernando Colón, ó más bien, su afición á recoger libros, demuéstralo la biblioteca que logró formar, biblioteca que Bossi atribuye erróneamente á Cristóbal Colón y que todavía se conserva en Sevilla.

[312] Colón le cita en el _Libro de las Profecías_, folio 13.

[313] Cristóbal Colón le nombra en su carta á los Monarcas, fechada en la isla de Haïti en 1498: _San Isidro, y Beda, y Strabo, y el Maestro de la Historia escolástica, y San Ambrosio, y Scoto y todos las santos teólogos conciertan que el Paraíso terrenal es en el Oriente....._» (Es la disertación en que el Almirante procura probar que el Orinoco ó el Guarapiche son los ríos del Paraíso). Colón llama algunas veces Extrabón al célebre geógrafo de Amasia.

[314] La viva imaginación del Almirante le hace ver lo que su memoria le recuerda de una lectura variada y asidua. «La gente de que escribe Papa Pío, según el sitio y señas, se ha hallado; mas no los caballos, pretales y frenos de oro; ni es maravilla, porque allí las tierras de la costa de la mar no requieren, salvo pescadores, ni yo me detuve, porque andaba aprisa.» _Carta de Colón á los Monarcas españoles_, escrita en Jamaica el 7 de Julio de 1503 (Navarrete, t. I, págs. 299 y 307.) El señor Bossi cree que el Almirante alude, no á la _Descripción de Asia_, de la que se publicó una segunda edición en París en 1534, sino á la _Cosmographia seu Hist. rerum ubique gestarum locorumque descriptio_ del papa Pío II.