Cristóbal Colón y el descubrimiento de América, Tomo 2 Historia de la geografía del nuevo continente y de los progresos de la astronomía náutica en los siglos XV y XVI

Part 27

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[227] Se ha supuesto que el texto original español de D. Fernando, entregado en 1568 por D. Luis Colón á un patricio de Génova, Fornari, había sido alterado para corroborar las pretensiones genovesas, si no en la rara edición italiana de Venecia (1571), al menos en la de Milán (1614), dedicada por el impresor Girolamo Bordini á un Dux de Génova (_Mem. de Turín_, 1805, pág. 240); pero ¿por qué habían de ser estas falsificaciones tan vagas y tímidas?

[228] Es el mismo Diego Colón que desde 1494 desempeñó papel tan importante en Haïti y fué preso y aherrojado con sus hermanos Cristóbal y Bartolomé. Al morir el Almirante ya era D. Diego sacerdote, porque en el testamento de 19 de Mayo de 1506, dice: «Á D. Diego, mi hermano, cien mil maravedís (cada año), _porque es de la Iglesia_». Sorprende que un escritor generalmente tan exacto, como el P. Spotorno, haya confundido al hermano más joven del Almirante (_Cod. Col. Amer._, páginas XLIV y LII) con el intérprete Diego Colón, natural de Guanahaní y bautizado en 1493 en Barcelona. Este último, y no el hermano del Almirante, fué quien se casó en 1494 con la hija del rey Guarionex de Haïti. (_Petr. Mart. Ocean._ Dec. I, lib. IV, pág. 47.)

[229] El nombramiento de Diego databa de 1492 (Navarrete, t. II, páginas 17 y 220. _Vida del Almirante_, cap. 85; Herrera, Déc. I, lib. II, cap. 15.)

[230] Alude á la hermosa inscripción que Fernando el Católico hizo colocar en el primer sepulcro de Colón en la catedral de Sevilla (_Vida del Almirante_, cap. CVIII).

Á CASTILLA Y Á LEÓN NUEVO MUNDO DIÓ COLÓN.

[231] Correa era conocido del célebre viajero Alviso di Ca Da Mosto.

[232] Probablemente Cabezudo dispuso al poco tiempo la traslación de Diego á Córdoba, porque al describir el Almirante las angustias que pasó durante la noche del 14 de Febrero de 1493 dice: «que durante la tempestad se acordaba sobre todo de los dos hijos _que tenía en Córdoba al estudio_.» Fernando, sin embargo, sólo contaba entonces cuatro ó cinco años.

[233] Petr. Mart. Epíst., CCCXI. _Valeoleti_, VII. _Idus Junii_ MDVI. «Proh rerum humanarum fallax possessio! Redibis, o misera Castella, redibis ad pristinam confusionem tuam. Nullus Fernandum regem non deseruit, _præter Federicum Albæ Ducem, ipsius consobrinum_, et Bernardum Roies Deniæ Marchionem.»

[234] Herrera, Déc. I, lib. VII, cap. 6. «El Duque de Alba era de los Grandes de Castilla el que más, en aquellos tiempos; _privaba con el Rey_, y no pudo el Almirante (D. Diego) ligarse á casa del Reino que tanto le conviniese, _ya que su justicia no le valía_.

[235] Conservado en la _Historia de las Indias_ de Las Casas. Navarrete, t. II, Doc. CLXIII, pág. 322.

[236] «Los enemigos de Diego Colón, dice Herrera (Déc. I, libro VII, cap. 12) acudieron á la calumnia para acusarle de que quería declararse independiente, acusación dirigida antes contra su padre. Un hombre de guerra, Amador de Lares, que había hecho las campañas de Italia, les demostró en vano que la construcción que les parecía ser de una _casa fuerte_ la motivaba el calor del clima.» Acusación semejante fué dirigida unos tres siglos después contra el joven virrey de Méjico, el conde Bernardo Gálvez, cuando, con grandes gastos, construyó el castillejo que corona la colina de Chapoltepec.

[237] Este nombre es el diminutivo de _becerro_. El P. Charlevoix, jesuíta, no muy crédulo por cierto, coleccionó los cuentos que circulaban entre los conquistadores acerca de la astucia y la nobleza de carácter de Becerrillo, al cual llama constantemente, por error, _Berezillo_ (_Hist. de S. Domingo_, t. I, pág. 281). Después de cuatro años de hazañas, el famoso perro fué muerto por los caribes en 1514, casi en el momento en que lograba librar de manos del enemigo á su amo, el valeroso Sancho de Arango (Herrera, Déc. I, lib. VII, cap. 13; lib. X, cap. 10). Es desgraciadamente ciertísimo que Cristóbal Colón había introducido la abominable costumbre de hacer combatir á los perros contra los indígenas. Tan pronto como se reunió con su hermano Bartolomé en Haïti, emprendieron juntos una expedición contra el rey Manicatex, en la cual llevó veinte _perros corsos_ (_Vida del Almirante_, cap. 60). Empleaban también estos animales para destrozar á los llamados culpables (Petr. Mart. _Ocean._, Déc. III, lib. I, pág. 208).

Los pueblos de Europa renuevan siempre, en las guerras civiles, las crueldades de los tiempos más bárbaros. En la expedición francesa á Santo Domingo, en 1802, ocurrieron hechos como el de quemar negros prisioneros á fuego lento, en medio de una gran población, y el de valerse de perros de Cuba, que adquirieron triste celebridad por su empleo para la _caza de hombres_. Esta caza hasta ha sido defendida en el seno de una asamblea legislativa en Jamaica, con todo el lujo de una erudición filológica. (Véase mi _Rélat. hist._, t. III, páginas 453 y 457.)

[238] Mosiur de Gebres, dice ingenuamente Herrera (Déc. II, libro II, cap. 19), principal consultor de las mercedes del Rey, _no sabía lo que eran las Indias_.

[239] _Cod. Col. Amer._, pág. LXIII; pero, según un árbol genealógico examinado por Washington Irving (t. IV, pág. 102), María, la hija del almirante D. Diego, se casó con Sancho de Córdova. Es, sin embargo, cierto que la abadesa de un convento de Valladolid pretendía tener parte en el mayorazgo del difunto. (_Mem. de Turín_, 1805, pág. 190.) Fundaba acaso sus derechos en la parte debida á otra María, hija del _tercer Almirante_ y también religiosa profesa.

[240] El primitivo título, según parece, fué el de _Marqués de la Vega_, tomado de un caserío de Jamaica (isla de Santiago) que tenía dicho nombre. (Charlevoix, t. I, pág. 477.)

[241] Veragua, Cubagua é Inagua son nombres indios, tomados de lenguas americanas muy distintas, y tan alterados y viciados, sin duda, que tienen, al parecer, terminaciones romanas. Para que no se crea que es error tipográfico, debo decir que al escribir _Duque de Veraguas_ me atengo á la costumbre vigente en España; pues esta comarca siempre la nombró Cristóbal Colón en la _Lettera rarissima_, y su hijo en la _Vida_ de su padre, como también Pedro Mártir (_Ocean._, págs. 135, 189 y 237) y en las cartas modernas del _Depósito Hidrográfico_ de Madrid, _Beragua_ ó _Veragua_. Méndez en su testamento (Nav., t. I, página 315), la llama _Veragoa_.

[242] Carta de Jamaica del 7 de Julio de 1503 (Nav., t. I, página 302): _Vida del Almir._, cap. 95-100. El Río de Belén, llamado por Méndez en su testamento _Yebra_, pertenece ahora á la provincia del Panamá, formando casi el límite de las provincias de Panamá y de Veragua.

El adelantado D. Bartolomé Colón, el mismo que, según Las Casas (Washington Irving, t. I, pág. 92; t. II, pág. 216), acompañó á Díaz en el viaje de 1486, y que, al volver de Inglaterra supo, en 1493, en París, en la corte del rey Carlos VIII (_Vida del Almirante_, cap. 60), que su hermano había realizado el vasto proyecto, murió en Haïti como gobernador vitalicio de la isla Mona, en 1514, el mismo año en que el rey Fernando le propuso ir á colonizar Veragua, porque, conforme á los privilegios de familia, esta tierra pertenecía á la _gobernación_ del almirante Diego Colón. (Herrera, Déc. I, lib. X, cap. 10.)

[243] _Luigi Colombo, persona di vita dissoluta_, dice Spotorno (_Cod._, pág. LXIII).

[244] Su mujer era hija de Benedicta Lomellini y de Rafael _Usodimare_ Oliva. (_Cod. Col._, pág. LIV.)

[245] _Vida del Almirante_, cap. 5.º, donde se dice que con su nombre asustaban á los niños. Es el _archipirata illustre_ de Sabellico. Es probable que Cristóbal Colón navegase con otro almirante genovés más antiguo, que, según D. Fernando, era también grande hombre de mar. Á estos dos almirantes del apellido Colón, anteriores á Cristóbal Colón, se les tiene por tío y sobrino; pero resulta obscuro y embrollado todo lo relativo á su historia, á sus parientes, á sus nombres y á las épocas de sus empresas, íntimamente relacionadas con la historia de Génova y de la casa de Anjou, desde 1460 á 1485. En los documentos del pleito de 1583 encuentro que el _Mozo_ se llamaba Cristóbal y el mayor Francisco, siendo aquél sobrino segundo de éste. Subiendo más en la genealogía, se llega á Ferrario Colombo, feudatario de Cuccaro, en el ducado de Montferrato, padre de tres hijos, á saber: de Enrique, cuyos hijos fueron Nicolás y Lancia, del almirante Francisco y de Antonio. Esta genealogía presenta, al parecer, muy lejano á Francisco de la juventud del célebre Cristóbal Colón. Chauffepié en los suplementos al _Diccionario_ de Bayle, llama Cristóbal, no á _Colombo el Mozo_, sino al mayor de estos dos almirantes.

[246] Véase Campi, _Storia di Piacenz_, t. I, pág. 85, y más reciente el conde Napione, á quienes desagradan mucho las palabras _Janua cui patria est_, considerando la inscripción en verso interpolada fraudulentamente (_Mem. di Torino_, 1823, pág. 132). Si, como dice Las Casas (_Hist. de las Indias_, lib. I, cap. 7) fué D. Bartolomé en la célebre expedición de Díaz que, antes que Gama, dobló el cabo de Buena Esperanza, el mapamundi presentado á Enrique VII fué hecho inmediatamente después de esta expedición. Debo advertir, con este motivo, que la nota escrita de letra de D. Bartolomé, que termina con las palabras: «Yo estaba presente», la encontró Las Casas en las márgenes de un _Tratado_ sobre la Esfera, del cardenal Pedro de Ailly (Pedro de Aliaco); nueva prueba que puede añadirse á las presentadas al principio de esta obra, para demostrar la predilección del Almirante por los escritos del obispo de Cambrai.

[247] El apellido de _Terra Rossa_ pertenece, además, á familias que ningún parentesco tienen entre sí. Existe una obra curiosísima relativa á los descubrimientos marítimos atribuídos á los venecianos, del benedictino Vitale Terra Rossa, _Riflessioni geografiche circa le terre incognite distese in ossequio perpetuo della Nobiltà Veneziana_. Padua, 1687.

[248] Presentaré como ejemplo la carta del duque de Medinaceli al _Gran Cardenal_ de España, escrita cuatro días después de la vuelta de Cristóbal Colón de su primer viaje. Este Duque, el primero de su casa, Luis de la Cerda, se alaba (Marzo de 1493) de haber impedido á _Cristóbal Colomo_ ofrecer su proyecto al Rey de Francia, y de haberle recomendado al tesorero Alonso de Quintanilla. (Navarrete, t. II, Doc. XIV.)

En los antiguos registros del Tesoro (_libros de cuentas_) para los años 1484, 1486, 1488 y 1492, encuéntrase, con ocasión de algunas pequeñas sumas pagadas al Almirante «á causa de algunos servicios prestados á Sus Altezas», unas veces Colon y otras _Colomo_, _extrangero_. Esta última forma del nombre se repite en la orden de 12 de Mayo de 1489, según la cual, el Almirante, en sus viajes á la corte, debe ser hospedado, pero no alimentado gratis (Navarrete, t. II, Doc. II y IV); como también en el título de la traducción que hizo Cozco, en Mayo de 1493, de la carta á Rafael Sánchez.

El historiador Oviedo prefirió más tarde (no tuvo el cargo de _cronista_ hasta 1538) el nombre de _Colom_ que es el que generalmente emplea.

Desde la redacción de las _Capitulaciones_ (17 de Abril de 1492), que, por una coincidencia de apellidos bastante curiosa, fueron redactadas por Juan de _Coloma_, secretario del Rey, en los documentos oficiales figura siempre escrito _Cristóbal Colón_.

En latín se encuentra con más frecuencia, desde fines del siglo XV, _Colonus_ que _Columbus_. Pedro Mártir habla de _un tal Colonus_ (Epist. CXXX.) El papa Alejandro VI, en las Bulas de 3 y 4 de Mayo de 1493, emplea la expresión Christophorus Colon, sin flexión gramatical. El obispo Geraldini, en su carta en estilo lapidario, dirigida á León X, dice: _Colonus Ligur æquinoctialis plagæ inventor_. Encuentro Columbus en vez de Colonus en Bembo (_Hist. Venet._, 1551, fol. 83) y en el célebre _Itinerarium Portugalensium é Lusitania in Indiam_ (ed. 1508, folio LII) que el P. Madrignani ha calcado de la Colección de viajes de Francazano de Montaboldo.

Yo he seguido la costumbre, bastante rara, pero generalmente adoptada en Francia, de escribir _Colomb_. Esta costumbre es antiquísima. El traductor de la _Historia natural_ de Acosta, Roberto Regnaud, que dedicó su obra al rey Enrique IV, habla siempre de _Cristóbal Colomb_ (ed. de 1606, pág. 38). Voltaire intentó introducir la forma más correcta de _Colombo_; pero esta innovación no tuvo éxito. Los ingleses y los alemanes escriben Colombus; sin embargo, la primera obra alemana en que se habló del descubrimiento de América, la obra rara de Jobst Ruchamer, _Unbekanthe landte und ein neine Weldte in kurz verganger zeyhthe erfunden_, ed. de Nuremberg, 1508, capítulo 84, que posee la Biblioteca Real de Berlín, y que el sabio Camus (_Mem. sur les collect. de voyages des de Bry et de Thévenot_, 1802, pág. 344) dice no haber podido encontrar en París, llama constantemente á Cristóbal Colón, en alemán, _Cristoffel Dawber_, es decir, _Cristóbal Palomo_. Es un modo de _germanizar_ los nombres extranjeros, traduciéndolos á imitación de lo que se ha hecho largo tiempo _latinizándolos_ ó _helenizándolos_. El mismo Ruchamer describe la expedición de Guerra y de _Per_ (Pedro) _Alonso Niño_ (Gómara, fol. 12; Herrera, Dec. I, lib. IV, cap. 5) á la costa de Coro y Cauchieta, atribuyéndola á _Alonzus Schwarte_ (Ruchamer, cap. 109-111), que es otra traducción de un nombre, y de un nombre accidentalmente desfigurado. Ruchamer encontró en el _Itinerarium Portugalensium_ (cap. 109): _Petrus Alonsus dictus Niger_, en vez de _Petrus Alfonsus Nignus_ (Niño) como dice Pedro Mártir de Anghiera (_Oceánica_, Dec. I, libro VIII, pág. 87). La audacia con que uno de los más grandes nombres de la historia, el de Colón, ha sido disfrazado, llamándole _Cristoffel Dawber_, da á la antigua traducción alemana del _Mondo Novo et paesi nuovamente retrovati_ de Montaboldo (Navarrete, t. III, pág. 187) un aspecto rarísimo.

Cambios análogos á los que el nombre del Almirante ha experimentado en Italia y en España, donde se encuentra escrito Colon, Colom y Colomo, se reproducen en otras familias que ninguna pretensión tienen de descender de Cogoleto ó del Castillo de Cuccaro. Los Colomb de Borgoña, que antes de la revocación del edicto de Nantes habían establecido allí grandes fábricas de vidrio, firmaban también _Colon_, _Colom_ y _Collon_ (Erman y Reclam, _Hist. des refugiés français en Prusse_, t. V, pág. 205.)

[249] La sentencia decía: «Excluyendo á D. Baltasar Colombo, por no ser descendiente del mismo Almirante, que sólo llamó á sus descendientes.» (_Mem. di Torino_, 1823, pág. 123.) Baltasar pretendía descender de Franceschino Colombo de Cuccaro, y este Franceschino era, según la hipótesis que confundía á Domingo Colombo de Cuccaro, muerto en 1456, con Domingo Colombo de Génova, tío del gran Almirante. Baltasar no era, pues, de la rama directa descendente. La interpretación de las cláusulas podía parecer violenta, no consultando más que los documentos impresos hoy, porque «las hembras no eran llamadas á suceder sino cuando _en el otro cabo del mundo_ no hubiera pariente del apellido de Colón.» Este punto litigioso lo expone con mucha claridad el conde Galeani Napione en las _Mem. di Torino_, 1805, páginas 204-208.

[250] Digo futuro, porque el _título de gracias_ (30 de Abril de 1492) no promete el uso del _Don_ y los títulos de _Almirante_, _Virrey_ y _Gobernador_ sino cuando fuera logrado el objeto de la expedición. En la introducción al Diario del primer viaje, que probablemente sería escrita antes del 3 de Agosto de 1492, se vanagloria Colón de los favores de los monarcas «que se han dignado _ennoblecerle_ y le han concedido el tratamiento de _Don_.» Se ve, sin embargo, en la _cédula Real_ del 20 de Junio de 1492, encontrada en los archivos de Simancas, que, en aquella época, el grande hombre era designado únicamente como _nuestro capitán Cristóbal Colón_. Si, dos meses antes, en las capitulaciones, encuéntrase ya añadido el _Don_, sólo es en la parte de ellas redactada por Colón mismo, no en la que redactó el Secretario de Estado.

[251] D.ª Juana de la Torre, hermana de aquel Antonio Torres que acompañó á Colón en su segundo viaje. La carta cuyo párrafo nos ha conservado su hijo, no es la _Carta al Ama_, escrita cuando Colón llegó preso á Sevilla, y que fué encontrada en los archivos del convento de Santa María de las Cuevas en dicha capital. En esta última nada se dice del parentesco con los almirantes genoveses.

[252] Y no 12.000, como frecuentemente se ha dicho é impreso. (Véase _Cod. Col. Amer._, pág. LXV, y _Mem. di Torino_, 1823, página 123.)

[253] Voy á reunir en esta nota los títulos de las principales obras que tratan de la patria de Cristóbal Colón: Agustín Giustiniani, _Psalterium hebr. græc. arab. chald._, 1516. Antonio Gallo y Senarega, en Muratori, _Rer. Ital. script._, tomo XXIII, pág. 243, y t. XXIV, pág. 535. Barros, _Asia_, Década I, lib. III, cap. 2. _Jul. Salinerus ad Tac. Anal._, 1602. Pietro Maria Campi, _Istoria universali di Piacenza_, 1662. Casoni, _Annali della Rep. di Genova_, 1708, pág. 271. Tiraboschi, _Litt. Ital._, t. VI, part. I, pág. 171. _Elogio storico di Crist. Colombo e d’Andrea Doria_, Parma, 1801. Gianfrancesco Galeani Napione di Cocconato, en _Mem. dell’ Acad. di Torino_, 1805, páginas 116-262, y 1823, páginas 73-172. Franc. Cancellieri, _Not. stor. di Colombo_, 1809. Galeani Napione, _Patria di Colombo_, Florencia, 1808. Domenico Franzone, _la Vera patria di Christ. Colombo_, 1814. Serra, Carrega e Piaggio, en _Mem. dell’ Acad. delle scienze di Genova_, 1814. Marchese Durazzo, _Elogio di Colombo_, Parma, 1817. Bossi, _Vita de Crist. Columbo_, 1818. Bianchi, _Osserv. sul clima della Liguria maritima_, 1818, t. I, pág. 143. Spotorno, _Origene e patria di Crist. Colombo_, 1819. Belloro e Vernazza, _Not. della familia di Colombo_, 1812. Zurla, _Viaggiat. Veneziani_, t. III, pág. 412. Spotorno, _Codice diplom. Colombo-Americano_, 1823. Navarrete, _Colección de viajes_, t. I, páginas LXXVII-LXXIX. _Lettera del conte Galeani Napione al chiar. signore Washington Irving_, 1829. Cuando se hace un estudio serio de los documentos relativos á la vida de Cristóbal Colón, hay que dolerse de la incertidumbre que existe en toda la parte de esta interesante vida anterior al año de 1487. El pesar aumenta al recordar el minucioso relato que los cronistas hacen de la vida del perro Becerrillo, ó del elefante Abulabat, que Aarum al Raschyd envió á Carlomagno.

[254] También sólo una vez se encuentra la firma Xpo. Ferens sin las siete iniciales. Véase la carta de 25 de Febrero de 1505, en la que habla de Amerigo Vespucci. La mezcla de letras griegas (X y P) y latinas es muy común en España, como entre los teólogos el emplear _Christifer_, _Christiferus_ y _Cristiger_ (Cancellieri, pág. 4) por San Cristóbal.

[255] Este uso ha influído en las costumbres de la vida ordinaria. Cuando en la América meridional se habla de Colón, se le designa con la sola palabra _Almirante_, como en Méjico Cortés y en los Estados Unidos Lafayette son designados con la palabra _Marqués_. Esta popular costumbre demuestra la grandeza histórica de los personajes objeto de ella.

[256] En cuanto al sitio de estos desgraciados puntos, hay errores en las firmas presentadas en la mayoría de las obras impresas que repiten la firma enigmática de Colón. Exceptúo las obras de Navarrete y de Bossi (t. I, figuras 4 y 5).

[257] No usaba el latín aunque, habiendo estudiado en Pavía, _supo latín y hizo versos_. (Herrera, Déc. I, lib. VI, cap. 15.)

[258] Se ha puesto en duda el conocimiento de la pesantez de los fluidos elásticos en los escritos de Aristóteles. Sin embargo, el pasaje (_Meteorológica_, I, 3, pág. 341, 5 Bekk) ἀλλ’ ἀεὶ ὃ, τι ἂν βαρύνηται μóριον αὐτοῦ (τοῦ ἀέρος), paréceme ser una prueba evidente de esta verdad.

[259] Aristóteles atribuye el descubrimiento de la isla á los cartagineses; Diodoro á los fenicios, y lo que refiere acerca de la construcción del templo de Hércules, en Gades, prueba bien que en este punto no los confunde con los cartagineses. No nombra á éstos sino después de hablar de la rivalidad de los tyrrenos. Según Aristóteles, lo que indujo al Senado cartaginés á prohibir la colonización fué el temor á que los colonos se hicieran independientes y perjudicaran con su comercio el de la madre patria.

[260] Letronne en el _Journal des Savans_, Febrero-Mayo 1825, pág. 236.

[261] Si, como lo hace M. Ideler (_Handb. der Chron._, t. I, página 375), se supone la toma de Troya 1184 años antes de nuestra era, corresponde la fundación de Gades y de Utica al de 1085; el restablecimiento de los juegos olímpicos por Iphito al de 888; la fundación de Cartago al de 878; la de Roma en la primavera de 753, según Varrón. El mármol de Paros da para la toma de Troya, que, á pesar de todo, se comprende entre los acontecimientos completamente históricos, 1208 antes de nuestra era. (Boeckh, _Corp. Inscr._, t. II, pág. 327.)

[262] Es sensible que, á pesar de las órdenes terminantes del rey Carlos III, la mayoría de las obras de este historiador hayan quedado inéditas. Su _Historia natural y general de las Indias, islas y tierra-firme del mar Océano_ contiene 50 libros y sólo se han impreso 19. El ingenuo candor de los primeros escritores _conquistadores_, que no hacían libros con libros, nos indemniza de su falta de instrucción. «Yo hablo, dice Oviedo, de lo que he visto, no de lo que he oído; y he presenciado cuatro cosas notables. Estuve, como paje muchacho, en el sitio de Granada, y vi entrar á nuestros Reyes vencedores de los moros; también vi en 1493 al Rey, herido en Barcelona por mano de un asesino, palidecer á causa de la herida; vi llegar á Cristóbal Colón y presentar los primeros indios; vi echar á los judíos de Castilla.»

[263] _Ora maritima_, v. 96, 108, 113. (_Poetæ lat. min._, ed. Wernsd, t. V, parte II, pág. 1.181-1.184). Avieno ignora el nombre de Cassitérides ó desdeña emplearlo, acudiendo (según asegura) á fuentes más antiguas. Estos nombres de «Sinus _Oestrymnicus_ é Insulæ _Oestrymnides_ laxe jacentes» (muy alejadas las unas de las otras, dispersas en el _mar exterior_), ¿serán de un Periplo de Himilcón, quien visitó, «durante cuatro meses», las costas Occidentales de Europa, como Hannón había visitado las de África? Pytheas cree haber oído nombres parecidos en estas comarcas, al reconocer, según Eratósthenes (Estrabón lib. I, pág. 112, Alm.; pág. 64, Cas.), un promontorio de los Ostidamnienos. De estos nombres geográficos, _islas Oestrymnidas_ del golfo _Oestrymniano_ y del promontorio _Ostimniano_, que citan autores de tan distinta época, ninguna mención hacen los clásicos. Estrabón, que aprovecha con este motivo la ocasión para protestar de nuevo contra las ficciones de Pytheas comprendió perfectamente que se trataba de localidades cuya posición es mucho más boreal.

[264] Véase, con motivo de este pasaje de Estrabón y de un texto de Herodoto citado en la misma página Spohn, _Diss. de Nicephoro Blemmyda_, 1818, pág. 22, con amargas inculpaciones contra M. Tzschucke (_Adnotat. ad Melam._, vol. III, pars. I, pág. 95).