Cristóbal Colón y el descubrimiento de América, Tomo 2 Historia de la geografía del nuevo continente y de los progresos de la astronomía náutica en los siglos XV y XVI

Part 26

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[189] Diríase que previó lo ocurrido en Alemania el 31 de Octubre de 1517. Colón pone una condición de singular prudencia al cumplimiento de su orden de socorrer al Papa «contra la tiranía de una persona que quiera despojar la Iglesia». El heredero no necesitará cumplir esta orden de socorro si el Papa fuera herético, _lo que Dios no quiera_.

[190] Aludo al párrafo con tanta frecuencia citado de la carta á la Reina dando cuenta del cuarto viaje: _el oro es excelentísimo....._ y al párrafo que termina el testamento del 19 de Mayo de 1506.

[191] Equivale á un peso de doce marcos de oro, porque 50 _castellanos_ hacen un marco, que, según el edicto del rey don Alonso XI de 1348, debía ser el marco alemán, el de Colonia (_marco de Colonna_, por Colonia). Las denominaciones de _medio excelente, enrique y castellano (entero)_ eran sinónimas.

[192] Como en los últimos tiempos ha excitado mucho la curiosidad del público la comparación de la riqueza del oro en Choco, en el Brasil, al sur de los Estados Unidos, y en la vertiente oriental (asiática) del Ural, manifestaré aquí el peso de las mayores _pepitas_ de oro que han sido encontradas. La de los terrenos auríferos del Ural, que está depositada en el Gabinete Imperial de Minas de San Petersburgo, pesa 10 58⁄100 kilogramos. La que se encontró, según M. Köhler de Freiberg, en Anson County (Estados Unidos) en 1821 pesa 21 7⁄10 kilogramos. El condado de Cavarras ha dado un pedazo de oro (siempre sin ganga) que pesa 12 6⁄10 kilogramos y muchos de 6 y de 8 kilogramos.

En la época de la _conquista_ la mayor pepita de oro (grano de oro) fué la encontrada en Haïti á principios del año 1502 en los lavaderos de arenas auríferas del Río Hayna, á ocho leguas de distancia de la ciudad de Santo Domingo, lavaderos pertenecientes á dos colonos, Francisco de Garay y Miguel Díaz. La suponían grande como «las hogazas de Alcalá que se venden en Sevilla.» Para exagerar su volumen se decía (Herrera, Déc. I, libro V, cap. 1) que los mineros ponían sobre el grano de oro un lechón asado para comérselo, como los reyes en un plato de oro. Este grano cayó al fondo del mar, no cerca del cabo Beata, como afirma Oviedo (_Hist. nat._, cap. 84), sino como lo dice claramente D. Fernando Colón (cap. 88) el 29 de Junio de 1502, cerca del cabo oriental de la isla de Haïti, que es el cabo Engaño, durante el famoso huracán que Cristóbal Colón predijo cuarenta y ocho horas antes, «cuando el cielo estaba aún claro y azul», y en el que perecieron Bobadilla, Roldán y el cacique Guarionex. Tenemos seis valuaciones del peso de esta famosa pepita de oro: Oviedo dice que pesaba una arroba y siete libras; Pedro Mártir de Anghiera, 3.310 _castellanos_ (_auris globus maximi ponderis_, en _Oceánica_, Déc. I, libro X, pág. 117); Las Casas (_Obras nuevamente impresas en Barcelona_, 1646, pág. 8), 3.600 castellanos; D. Fernando Colón (cap. 64), más de 30 libras; Herrera, 3.600 pesos, y finalmente Wytfliet, 3.310 libras (_Descriptionis Ptolemaicæ argumentum_, 1597, pág. 25). Las cinco primeras valuaciones son casi idénticas; las 32 libras castellanas de Oviedo hacen 14 6⁄10 kilogramos; los 3.310 castellanos de Anghiera, 15 1⁄10 kilogramos; los pesos de Herrera son idénticos á los castellanos (_Quod. nummum castellanum vocari diximus vulgo pesum appellunt_, _Oceán._, Déc. II, lib. VII, pág. 183). Wytfliet tomó los _castellanos_ de Anghiera por _libras castellanas_, y por tanto, centuplicó el peso del grano de oro. Sin embargo, Anghiera dice claramente: «Unus auri globus repertus fuit trium millium trecentorum decem auri pondo. Globum eum mille amplius homines viderunt et attectaverunt. Pondus autem hoc a me sic appellatum, _non libram intelligi volo æquare_ sed ducati aurei et trientis summam: vocant ipsi pesum; summamque ponderis castellanum aureum appellant Hispani.» En efecto, el _ducado_ ó dobla de la banda tenía, á fines del siglo XV, 365 á 375 maravedís, mientras el peso ó castellano contenía de 480 á 485 (_Memoria de la Acad. de la Hist._, t. VI, páginas 513, 525 y 537). Respecto al marco dice también Anghiera (Déc. II, libro IV, pág. 154): «Quam libram Hispanus _marchum_ appellat, quinquaginta nummi aurei _castellani_ nuncupati, complent.» Este cálculo, cuyas bases he expuesto, prueba que la pepita caída al mar pesaba casi un tercio menos que la pepita del condado de Anson (Carolina del Norte).

Por las laboriosas investigaciones que he hecho acerca del comercio de metales preciosos y las cantidades relativas de oro y de plata explotadas desde el descubrimiento de América, creo haber probado suficientemente cuán escaso era el valor de las riquezas metálicas importadas en Europa desde 1492 á 1500. En estos ocho años fué el término medio de 2.000 marcos de oro anuales. (_Essai politique_, t. III, páginas 419 y 428, segunda edición. Jacob, _On precious metals_, t. II, pág. 46.) Como la acumulación se hizo en un solo punto, y la importación, antes del descubrimiento de las minas de Talco en Méjico, toda era de oro, la variación en las proporciones de los dos metales preciosos indujo á la reina Isabel, á causa del envilecimiento del oro, á reducir por el edicto de Medina de 1497, la proporción entre ellos á 1 : 10,7, mientras hasta entonces había sido de 1 : 11,6. (_Mem. hist._, t. VI, pág. 525.) La acumulación de la plata hizo subir de precio nuevamente el oro desde 1545 y 1558, época memorable del descubrimiento de las minas del Potosí y de Zacatecas.

Fernando el Católico, á quien el papa Alejandro VI había regalado, con la Bula de 3 de Mayo de 1493, la mitad del mundo, envió á este Pontífice granos de oro, como primicias de las explotaciones de Haïti. Estas primicias, que tenían, sin duda, un peso considerable, se emplearon en dorar la _soffitta_ de la basílica de Santa María la Mayor en Roma, como lo indica la siguiente inscripción: «Alexander VI Pont. max. lacunar affabre sculptum cælavit auro quod primo Catholici Reges ex India receperunt» (Cancellieri, p. 193). Tal era entonces el movimiento industrial en España, que ya en 1495 el minero Pablo Belvis (Muñoz, lib. V, § 33) llevó á Haïti mercurio para obtener el oro diseminado en la arena, por medio de la amalgamación. El descubrimiento de la amalgamación, hecho en Méjico en 1557 por un minero de Pachuca, Bartolomé de Medina, fué sólo la aplicación del mercurio á los minerales de plata. En cuanto á la problemática masa blanquecina de 300 libras de peso, encontrada en la provincia de Cibao, en el patio de la casa de un cacique, donde estaba desde hacía muchas generaciones, y acerca de la cuestión de saber si esta masa era hierro arsenical, electrum (aleación de oro y plata) ó platino, véase Pedro Mártir, lib. IV, pág. 49, y Sprengel en sus notas alemanas para la obra de Muñoz, lib. V, § 37.

[193] Mr. Washington Irving, cuya _Vida de Colón_ no sólo brilla por la elegancia del estilo, sino también por el descubrimiento de muchos hechos nuevos y muy importantes para la historia, ha encontrado este rasgo de moderación en Las Casas. (_Hist. de las Indias_, lib. I, cap. 123.)

[194] Por analogía con observaciones hechas hoy en estos mares, no más de 26° centigrados.

[195] «Navegué, dicen Colón, por camino no acostumbrado, navegué al austro con propósito de llegar á la línea equinocial y de allí seguir al poniente hasta que la isla Española me quedase al septentrión.»

[196] _Vida del Almirante_, cap. 65. En la carta á la Reina quéjase Colón con amargura de su estancia en las islas de _Cabo Verde_, que dice tienen mal aplicado este nombre, siendo tan secas que no se encuentra en ellas rastro de verdura. Describe los efectos de la calma y de un clima tan ardiente que quemaba el barco. Á ocho días de completa calma sucedieron siete días de lluvia y espesa niebla. Esta es _la región de las calmas_.

[197] Carta del 29 de Diciembre de 1504.

[198] Afortunadamente, poseemos la hermosa carta en que Colón habla de esta muerte á su hijo D. Diego, y también le encarga averiguar si la Reina ha dejado dicho algo de él en su testamento.

[199] Me refiero á la _licencia de la mula_ que D. Diego debía negociar para que su padre pudiera ir desde Sevilla á la corte, que estaba entonces en Toro y después en Segovia. El permiso fué concedido en 1505 «por causa de vejez y enfermedad». Como la raza caballar disminuía en España á causa del frecuente uso que se hacía de las mulas, el rey Alfonso XI publicó un edicto prohibiendo en absoluto montar en mulas. Posteriormente fué modificada esta disposición, determinando el número de mulas que podían alimentar los obispos y los grandes de España. Informado el rey Fernando en 1494 de que cada día era más difícil reunir para el servicio del ejército cinco ó seis mil caballos, privó de la _licencia de la mula_ á todos los legos. El uso de la mula, cuyo andar es mucho más suave que el de los caballos, sólo fué permitido desde entonces á los infantes, al clero y á las mujeres.

El estado de los caminos y los medios de transporte eran tales entonces en España, que Colón no pudo realizar su viaje á la corte hasta el mes de Mayo de 1505. Primero proyectó ir en litera, y al efecto el _cabildo_ de Sevilla le prometió las _andas_ que habían servido para llevar el cuerpo del difunto cardenal D. Diego Hurtado de Mendoza.

[200] «Una de las principales cosas porque esto nos ha placido es por ser inventada, principiada é habida por vuestra mano, trabajo é industria, y parécenos que todo lo que al principio nos dijistes que se podría alcanzar, por la mayor parte toda ha salido cierto, como si lo hobierades visto antes que nos lo dijesedes.» En esta carta, conservada en los archivos del duque de Veragua (Navarrete, t. II, Doc. LXXIX, p. 154), es donde se encuentra también el indicio de un conocimiento exacto de las estaciones en los trópicos. «_Algunos quieren decir que en un año hay allá dos inviernos y dos veranos._» S. Isidoro (_Orígenes_, XIV, 6) y el Cardenal d’Ailly (_Imago_, c. 13) hablan de dos veranos en Trapobana.

[201] Véanse las cartas del Almirante á D. Diego fechadas el 21 y 29 de Diciembre de 1504 y el 18 de Enero de 1505. La carta al Papa se refería al cuarto viaje (_He escrito al Santo Padre de mi viaje, porque se quejaba de mí que no le escribía_). No es, por tanto, la que copió D. Fernando Colón, y por su copia, conocemos, en la que el Almirante se alaba de haber descrito sus viajes en la _forma de los Comentarios de Julio César_ y cuya fecha del mes de Febrero de 1502 es anterior en dos meses á la partida para el cuarto y último viaje.

[202] Los puntapiés dados á Jimeno de Briviesca, judío ó moro recién convertido. (Las Casas, lib. I, cap. 126. Washington Irving, t. II, p. 355.)

[203] «El dicho D. Juan tuvo continuamente odio mortal al Almirante. El piloto Andrés Martín debía entregarlo á D. Juan de Fonseca, dando á entender que con su favor y consejo ejecutaba Bobadilla todo aquello (la prisión y los grillos). (_Vida del Almirante_ caps. 64 y 86.) El capitán del barco, que trató á Colón con gran consideración y afecto durante el viaje, llamábase Alonso de Vallejo, amigo íntimo de Bartolomé de las Casas. Pedro Mártir, que habla de este asunto con tímida reserva en las _Décadas oceánicas_ (I, 7 in fine), menciona una carta _cifrada_ (_ignotis characteribus scriptæ litteræ_) que el Almirante había escrito á su hermano el Adelantado, para inducirle á venir en su ayuda con las tropas; pero el mismo Pedro Mártir confiesa que todo este odioso asunto quedó en plena obscuridad. «Quid fuerit perquisitum non bene percipio.--Quid futurum sit, tempus, rerum omnium judes prudentissimus aperiet.

[204] El 26 de Abril de 1506. El _Rey Archiduque_ y la reina D.ª Juana partieron de Flandes y se refugiaron en Inglaterra para librarse del naufragio é incendio del buque Almirante en medio de una tempestad, y embarcáronse de nuevo en Plimouth para llegar á La Coruña. Las intrigas de las dos cortes de Fernando y de Felipe, desde el desembarco hasta la muerte del joven Archiduque, las describe del modo más ingenioso un testigo ocular (Pedro Mártir. Ep. 296-328). «Germanam, Galli regis ex sorore neptim Ferdinando sponsam adventasse cuncti admirantur: durum omnibus videtur novas cernere tam repente nuptias in Castella præsertim, ejus dotalia regna, quæ vixit nulli par, cuius ossa gens omnis non minus veneratur, quam colebat viventem. Philipus Joannaque reges adhuc Angliam tenent. Rex Angliæ honorifice eos suscepit. Joanna vero blanditias abnuit, tenebris gaudet ac solitudine, fugit omne commercium.--Appulsus est Philipus rex: incertum an sit servaturus pacta cum socero. Juvenis est mitis, bonæ et magnanimæ naturæ: sed non est rerum experientia pollens, præsentes illum susurri adstringunt ac præcipitant. Pravi consultores novarumque rerum studiosi, proceres. Philippum ducunt persuasum ne ullo pacto socero credat. Joanna uxor, ut invalida, prægnans ducitur, ut elinguis tacet. Confusa sunt omnia. Scribo quæ ferveant--¡Heu! ¡heu! ¿quid ultra sperandum? ex Ferdinandi regis benignitate erga filiam generumque (?) tanta in _Philippenses_ immanitas ac petulantia emanavit, ut regem socerum inermem senim triumphis onostum, venire semisuplicem ad generum armatum, juvenem cœgerint. Conveniunt in infelici ruris exigui agello, nomine Remessal.

Præcedunt Philippum, in conspectu soceri, compositis ordinibus, armati Belgæ circiter mille. Fernandum socerum ac si capere illum, abducereque vinctum vellent, circumsepiunt. Colloquuntur: aspere hostiliterque visus est à longe socerum gener compellasse. Ex generi motibus id colligebam. Discordes abeunt et corruptis animis regrediuntur, in Populam Senabriæ gener ad Rium Nigrum, in Asturianum opidulum socer.--Discedit ex Hispania Ferdinandus. Febricula laborat Philippus ex ludo pilæ exortam putant. Nec desunt qui credant actorum cum socero pænituise.--Philippus ille qui jam sibi animo totum orbem absorbere videbatur, maternum æmulans avum octavo cal. Oct. MDVI animam emisit juvenis, formosus, pulcher, elegans, animo polens et ingenio, proceræ validæque naturæ, uti flos vernus evanuit. Joanna laboranti semper affuit, sive inmoderato dolore præpedita sive quod jam non sentiat, quid sit dolor, lacrymam vel unam emisit nunquam. Socer in anchoris stans _portu Delffini_ indoluit non parum, _aut indoluisse visus est_. Haud aliter Ferdinandi regis in Napoli adventus ab Hispanis (_paucis exceptis sedicionum amatoribus_) desideratur ac sicca tellus dicitur imbres appetere. Miseretur Joannæ reginæ, quæ gravis utero vidua relicta, vitam ducit infelicem, tenebris et secessu gaudens, dextra mento infixa, atque ore clauso, ac si esset elinguis, nullius commercio delectatur, omne præsertim fæmineum genus et odit et abjicit à se, ut viro solebat vivente!--Exhumat Joanna mariti corpus ex cænobio Carthusiensi de Miraflores. Ex duobus cucullatis fratribus Mirafloranis qui Philippi corpus exanime comitantur, alter lævi sicco folio levior, reginæ, _ut gratiam ejus aucuparetur_, suscitatum iri aliquando regem (post quartum decimum ab interitu annum) mandax persuadet.....»

[205] Diego Méndez, de quien antes he hablado, fué quien instituyó un _mayorazgo_ con un viejo mortero de mármol y nueve libros impresos.

[206] Zúñiga. _Anales ecl. de Sevilla_, lib. XIV, pág. 496.

[207] Error del copista por Mango, como Colón dice en la misma carta y en el documento oficial del juramento de Cuba. Marco Polo distingue Mangi (Mandje) la China meridional, al sur del río Amarillo ó Hoang-ho, del Khataï (Catayo) ó China septentrional (lib. II, cap. 35). El Mangi, que Toscanelli llama _Mango_, como también Colón, es, según el viajero veneciano, «la provincia más magnífica y más rica del mundo oriental».

[208] En la _hoja suelta_ que existe de mano del Almirante y que fué escrita á fines del año 1500, cuando llegó á Cádiz con los grillos puestos, estas 1.400 islas aumentaron en 300. Es una vaga valuación del archipiélago del _Jardín de la Reina_, al sur de Cuba, valuación que acaso dependa del recuerdo de las 1.378 islas (Maldivas?) que Ptolomeo (lib. VII, cap. 4) sitúa cerca de Trapobana y que en su primera navegación, el 14 de Noviembre de 1492, creyó el Almirante haber visto frente á la costa septentrional de Cuba, _en fin del Oriente_. Behaim, siguiendo á Marco Polo, aumenta el número de dichas islas hasta 12.700.

[209] Cuando Colón, en Noviembre de 1500, y por tanto, mucho tiempo antes de reconocer la costa de Veragua, se alaba de «que allí (en las Indias) ha puesto so el señorío de sus Reyes más tierra _que non es África y Europa_, allende la Española, que boja más que toda España» (Navarrete, t. II, pág. 254), fué sin duda inducido á esta expresión singularmente hiperbólica por la conjetura de la conexión del cabo Paria con el cabo Alpha y Omega de Cuba. Al llegar preso á España, no podía seguramente tener conocimiento de la salida de dos grandes expediciones, la de Vicente Yáñez Pinzón y la de Diego de Lepe, una de las cuales llegó al Brasil antes que Cabral, en el paralelo de 8° 19′ de latitud austral, y la otra á la desembocadura del Amazonas.

[210] Esta bella frase, cuya exactitud comprenden aun en nuestros días cuantos han habitado largo tiempo en Méjico, Quito, el Perú y Bolivia, encuéntrase en la defensa de los derechos y privilegios que Cristóbal Colón presenta al tribunal por medio de sus abogados y que ha sido encontrada en Génova (Cod. Col. Amer., pág. 280). Creo que esta defensa, sin fecha, es posterior al año de 1497, porque se habla en ella del viaje á Burgos de la archiduquesa Margarita, hija del emperador Maximiliano I, cuando las bodas de esta princesa con el infante D. Juan, único hijo varón de los Reyes Católicos.

[211] En la capilla de Santa Ana, llamada también del Santo Cristo. Posteriormente fueron llevados á la misma Cartuja los restos del _segundo almirante_ D. Diego y del hermano de don Cristóbal Colón, el Adelantado D. Bartolomé. Fernando Colón, el historiador de su padre, también fué enterrado en Sevilla; pero no en la Cartuja de las Cuevas, sino en la catedral.

[212] La familia de Colón cometió, según parece, un error al pedir en 1795 á la _Real Audiencia_ de Santo Domingo los restos de Cristóbal y de Bartolomé Colón. La relación oficial de lo ocurrido en la traslación de los restos de Cristóbal Colón, publicada por Navarrete (t. II, Doc. CLXXVII, pág. 366), nada dice del cuerpo de D. Diego, sino «de la exhumación de las cenizas del Adelantado D. Bartolomé, que también se debía solicitar». Sin embargo, por testimonio del archivero del Cabildo de Sevilla está probado «que en 1536 fueron enviados á Haïti los restos de D. Cristóbal y de D. Diego Colón», quedando en el monasterio de las Cuevas el cadáver de D. Bartolomé (Navarrete, t. I, pág. 149). He visto muy generalizado este error durante las dos temporadas que he permanecido en la Habana.

[213] Siento decir que he visto en Méjico, en el gabinete del capitán D..., una costilla del cuerpo de Hernán Cortés, que, cuando la traslación de los huesos á la capilla del Hospital de _los Naturales_, había sido sustraída «por exceso de veneración al conquistador y legislador de Nueva España».

[214] Idénticas censuras se encuentran expuestas con energía en la primera década de (Antonio de Herrera, lib. VI, cap. 16), que se publicó en 1601. El retrato que de Cristóbal Colón hace el primer historiador de la India merece, por la nobleza del lenguaje, la atención de cuantos saben apreciar en el idioma castellano lo que más lo caracteriza, la grave sencillez de las formas. El párrafo á que me refiero comienza así: «_Fué varón de gran ánimo, esforzado y de altos pensamientos. Era grave con moderación, gracioso y alegre, con los extraños afable, con los de su casa suave é placentero; representaba presencia y aspecto de venerable persona, de gran estado y autoridad....._»

[215] «He spend all the day distillations.» Véanse las cartas de Sir William Wades en _Life of Raleigh by Patrick_, 1833, página 312.

[216] _Itiner. Portug._ cap. CVIII: _Inque regum regia splendidissima usque in diem præsentem non inhonori degunt_. También encuentro en la obra de Ruchamer (_Unbekanthe Landte_, capítulo 108), cuya impresión fué terminada en 20 de Septiembre de 1508: _Vnd als Christoffel Dawber mit sampthe seynein bruder kumen waren gen Cades, vnd di grossmächtigste künge ditz vernamen, schaffthen siesie ledig zu lassen, vnd hiessen sie williglich vnd freye zu hoff gan. Daselbst sein sie noch auf den gegenwertigen tag_.

[217] Creo que Colón debe haber visto á Cortés en Santo Domingo cuando, de vuelta de su cuarto viaje, permaneció allí desde el 13 de Agosto hasta el 12 de Septiembre de 1504. Tenía entonces Cortés diez y nueve años, y llegó á la isla el día de Pascua de 1504. Pariente del gobernador Nicolás de Ovando, hospedado en casa del secretario del gobernador (Herrera, Dec. I, lib. VI, cap. 12), debió llamar la atención del Almirante, sobre todo después de adquirir reputación por el noble valor que mostró en una peligrosa navegación.

[218] También Tácito, el mismo Tácito, cuatrocientos años después de su muerte, fué llamado, pero por un rey de los Ostrogodos, _Cornelius quidam_. Aludo á la respuesta que dió Teodorico á los embajadores que le traían el ámbar de Prusia. El Rey quiere disertar acerca del origen del ámbar, que, según su física, es un _sudatile metallum ex arbore defluens_, y dice en su carta: «Hoc, _quodam Cornelio_ seribente, legitur in interioribus insulis Oceani.» Es la indicación del conocido pasaje de Tácito, _Germania_, cap. 45, mezclada con nociones que sacó de Plinio, XXXVII, 3.

[219] _Da Asia de Joao de Barros e de Diego de Couto_, Lisboa, 1778, Dec. I, lib. III, cap. 11; t. I, pág. 250. Es digno de llamar la atención que Barros, cuyas primeras décadas, según las investigaciones del Sr. Correa de Serra, fueron publicadas en 1552, en ninguna parte de su hermosa obra hable de Colón como de persona importante.

[220] Portulano di Pietro Coppo de Isola, térra dell’ Istria, Venecia, 1528. Uno de los siete mapas dice: «Christopholo Columbo Zenovese trovo nel anno 1492 molte isole et cose nove.» Morelli, _Letter rarissima_, pág. 63.

[221] Pongo estas cifras ateniéndome á las controversia de Bossi y de Muñoz. El primero (_Vita di Colombo_, páginas 79-82) se funda en un documento inédito curiosísimo que contiene una carta de dos milaneses que volvían en 1476 de Tierra Santa. Los pasajes de Zurita y de Sabellico referentes á las empresas de Colombo el Mozo y de la fabulosa llegada de Cristóbal Colón á Portugal nadando y agarrado á un remo, los transcribe Washington Irving, t. IV, Apéndice 8.º

[222] _Memoria de Turín_, 1823, pág. 171.

[223] Humboldt dice _homme sans aveu_, y pone la siguiente nota: «No me atrevo á traducir la frase _cazador de volatería_, que emplea D. Fernando. Los buenos diccionarios dicen que volatería es caza con halcones. En el dialecto de los gitanos, volatería significa _oficio de ladrón_. Un español muy instruído, á quien he consultado, cree que la frase entera significa caballero de industria ó aventurero, y se funda en que es análoga á la de _tomar al vuelo_.

[224] Véanse los instructivos _Voyages hist. et litter._, en Italia de M. Valery, t. V, pág. 73.

[225] Los dos Almirantes, Colón el Mozo, que se llamaba también Cristóbal, y Francisco Colón, que estuvo al servicio del rey Luis XI en 1475, fueron, según parece, de la rama de los de Colón de Cogoleto (Cancellieri, pág. 20).

[226] «Sobre el origen de su familia y patria del Almirante procedió con alguna reserva, exponiendo las opiniones ajenas, _sin declarar la suya propia_.» Navarrete, t. I, pág. LXIX.