Part 25
[162] Acerca de la _mita_, véase mi _Essai politique sur la Nouvelle Espagne_ (2.ª edic.), t. I, pág. 338. La institución de la _mita_, abolida desde hace largo tiempo en Méjico, donde, en mi tiempo, el trabajo en las minas era enteramente libre, se conservó en el Alto Perú hasta la época de la independencia de las colonias españolas. En Siberia aun está basada la explotación de las minas de Kolivan, al Suroeste de los montes Altaï, en el sistema de la _mita_. El Este y el Norte de Europa presentan aún, á pesar de las humanitarias mejoras que muchos gobiernos han llevado á la legislación de la clase agrícola, todos los diferentes grados de servidumbre desde el servicio personal, la unión á la gleba, la obligación de un trabajo _definido_ ó _indefinido_, la traslación obligatoria á territorio lejano perteneciente al mismo dueño, hasta el derecho bárbaro, anulado unas veces y restablecido otras, de vender la población sin la gleba.
Bajo el cielo ardiente de las Antillas pudieron resistir los indígenas y sobrevivir al régimen que se les había impuesto, más vejatorio aún por la rudeza de las costumbres y la salvaje codicia de los blancos; y si un Gobierno, al cabo de tres siglos, quiso poner fin al crimen legal de la esclavitud y de la servidumbre, fué luchando con los mismos obstáculos que, en la causa de la emancipación de los negros, sólo pudo vencer el Parlamento de la Gran Bretaña después de cuarenta y tres años de nobles esfuerzos. Oyó invocar contra él, según las diversas doctrinas profesadas por los opositores, el derecho de conquista ó el mito de un pacto convenido, la antigüedad de la posesión ó la supuesta necesidad política de mantener en tutela á los que la esclavitud ha degradado.
Los escritos de Bartolomé de Las Casas contienen todo lo que en los tiempos modernos se ha objetado contra la emancipación de los siervos negros y blancos en los dos mundos, todo, hasta las quejas «contra los misioneros, cuya enseñanza perjudicaba los intereses de los amos, por no obedecer bien el siervo sino mientras es ignorante y desconoce la moral cristiana, que le hace _razonar_ sobre los deberes». (_Obras de Las Casas_, t. II, página 174.)
[163] Según Las Casas (lib. II, cap. 24). Este decreto es de 20 de Diciembre de 1503. (Navarrete, t. II, pág. 298.)
[164] Es el _Auto de Figueroa_ de 1520 (Herrera, Déc. II, libro X, cap. 5; _Rélat. historique_, t. III, pág. 17.) Desde 1511 quedó establecido que los caribes serían marcados con un hierro candente en la pierna (Herrera, Déc. I, lib. IX, cap. 5), uso bárbaro que, aun á principios de este siglo, he visto en práctica con la población negra de las Antillas.
[165] Murió la Reina, á la edad de cincuenta y tres años, en Medina del Campo, el 26 de Noviembre de 1504, «entristecida por la pérdida de dos de sus hijos (el infante D. Juan y la infanta D.ª Isabel) y por las querellas domésticas entre la infanta doña Juana y el archiduque D. Felipe.» Era hidrópica, y sufría de un _ulcus quod ex assiduis equitationibus contraxisse ajunt_. (Gómez de Castro, _De rebus gestis Francisci Ximenii_, lib. III, folio 47; Clemencín en su _Mem. de la Real Acad. de la Hist._, página 573). Acerca del testamento de la Reina, publicado entero por D. José Ortiz y Sanz en el suplemento al t. IX, título VI, de Mariana, _Hist. general de España_ (ed. de Valencia), véase _Obras de Las Casas_, t. I, pág. 189.
[166] Funesto cumplimiento de una predicción sobre la llegada de _hombres vestidos y barbudos_ conservada en la familia del cacique Guarionex. Pedro Mártir, _Oceánica_, Déc. I, lib. IX, página 211; Gómara, _Hist. de las Indias_, fol. XVIII, _b_ (ed. de 1553).
[167] _Islas inútiles._ Véanse los privilegios concedidos á los colonos de la isla Española (26 de Septiembre de 1513) en Navarrete, t. I, Doc. CLXXV, pág. 356. Por este documento se conceden indios al capellán del Rey, á los secretarios y á los gentileshombres de servicio. Los descendientes de aquellos cuyos padres fueron _quemados_ por herejía no deben residir en Haïti. Esta espantosa denominación de _hijos ó nietos de quemado_, encuéntrase con frecuencia repetida en la ordenanza Real de 1513.
[168] Fué, sin embargo, bastante humano en los decretos á favor de los _cristianos nuevos_. (Mariana, _Hist. de España_, libro XXII, cap. 8.)
[169] Epístola CXLIII, Clemencín, pág. 38.
[170] Era éste el _Prior del Prado_, que sometió á Colón al examen de los profesores de Salamanca y que al principio fué muy poco favorable á sus proyectos.
[171] Véase en esta correspondencia, publicada por el Sr. Clemencín, las censuras que el Arzobispo dirigió á la Reina por el lujo de las fiestas, bailes y comidas que hubo en la corte durante su permanencia en Perpiñán á causa de la visita de los embajadores franceses, encargados de hacer la cesión del Rosellón. (_Memorias de la Academia de la Historia_, t. VI, páginas 363-375.) La justificación de la Reina y las explicaciones que ella da al Prelado acerca de las engañosas apariencias de la galantería francesa, son de una ingenua y amable sinceridad.
La cesión de Perpiñán en 1493, que Anghiera llama «_ingens et insigne municipium in ipsa Galliæ Narbonensis planitie_», encuéntrase relatada en Anghiera, _Opus epistol._, lib. VI, capítulos 128, 131, 134, 135. La persecución que sufrió el confesor Talavera, después de la muerte de la reina Isabel, fué obra del inquisidor de Córdoba, Diego Rodríguez Lucero, llamado _obscurantista_ por el mismo Anghiera, para quien el tribunal de la Inquisición es _præclarum inventum et omni laude dignum_.
[172] Señaló la época de una verdadera _misión de frailes_, porque, en el segundo viaje del monje franciscano Antonio de Marchena, que acaso sea la misma persona que el guardián del convento de la Rábida, cerca de Palos, parece que ya fué á Haïti, por recomendación directa de la reina Isabel, Juan Pérez, el más antiguo de los protectores de Colón, en calidad de astrónomo (_buen astrólogo_). (Carta de la Reina, fechada el 5 de Septiembre de 1493; Navarrete, t. II, Doc. LXXI, pág. 110.)
[173] También fueron los dominicos quienes, en las conferencias de Salamanca de 1486, reconocieron la exactitud de los argumentos de Colón (Remesal, _Hist. de Chiapa_, lib. II, capítulos 7 y 27).
[174] _Obras de Las Casas_, t. II, pág. 424. La rivalidad de las dos órdenes de San Francisco y Santo Domingo, mantenida por la Corte pontificia, manifestóse de la manera más viva cuando el famoso desafío hecho á Savonarola en 1498 de meterse en una hoguera, prueba del fuego que impidió el agua de una tempestad (Sismondi, _Histoire de la liberté en Italie_, t. II, página 153). Los franciscanos observantes eran también los más violentos perseguidores de los judíos convertidos, muchos de los cuales llegaron al episcopado en España (_Mem. de la Academia de la Hist._, t. VI, páginas 485 y 488). Su aversión á la reina Isabel la causaban los principios de tolerancia religiosa á que se inclinaba esta Reina, que unía la dulzura á la fuerza; y el odio lo aumentó la reacción que produjo la reforma de las órdenes monásticas, realizada por el amigo de la Reina, el arzobispo de Toledo Ximénez de Cisneros. Tal fué el orgullo de los franciscanos, que, cuando en una viva discusión con la reina Isabel quejóse ésta del poco respeto que se le mostraba, el _general de la Orden_ respondió: «Estoy en mi derecho; hablo á la reina de Castilla, que es un poco de polvo como yo.» (_L.c._, página 201.)
[175] El mutuo odio que se profesaban Fernando Colón y el historiógrafo Gonzalo Fernández de Oviedo ha sido tanto más perjudicial á la memoria del gran Almirante, cuanto que Oviedo, en sus numerosos escritos, se alaba «de describir, no lo que ha oído, sino lo que ha visto con sus propios ojos». Paje del infante D. Juan, cuya precoz muerte preparó la unión de las dos monarquías española y austriaca, vió durante su larga vida de setenta y nueve años el sitio de Granada, la tentativa de asesinato del fanático Juan de Cañamas contra la persona de Fernando el Católico, la recepción de Cristóbal Colón en Barcelona cuando la vuelta de su primer viaje, y la abdicación de Carlos V. Pasó cuarenta y dos años en América, y atravesó ocho veces el Atlántico. La franca ingenuidad de su estilo da un carácter singular á las obras de su vejez. «Entended, lector, que ha días que (de mi propia y _cansada_ mano) escribo é _hablo_ en estas materias, y no desde ayer, _sino sin muelas é dientes_ me ha _puesto tal ejercicio_. De las muelas _ninguna tengo_, y _los dientes superiores todos me faltan_ é ni un pelo en la cabeza é la barba hai que blanco non sea. Paje muchacho fuí llevado, seyendo de doce años, desde el año 1490 á la corte de los Católicos Reyes, é comencé á ver la caballería é nobles é principales varones de España.»
Este curioso párrafo está tomado de la tercera _Quincuagena_, de Oviedo, que ha quedado manuscrita, y que terminó en Mayo de 1556 (_Mem. de la Acad. de la Hist._, t. VI, pág. 222). El historiógrafo Oviedo y Las Casas fían demasiado en su memoria y confunden frecuentemente las fechas y los hechos; pero ha sido tal la admirable energía de carácter del obispo de Chiapa que á la edad de setenta y ocho años (en 1552) publicó por primera vez su famoso libro titulado _Quæstio de imperatoria vel regia potestate_, tratado de política, cuya reimpresión no sería permitida en este siglo XIX en muchas capitales de Europa.
El uso de cierta libertad en la prensa que el Gobierno español permitía entonces á los más altos dignatarios de la Iglesia es muy digno de notarse, y sobre todo llama la atención cuando se recuerda que, casi en la misma época en que Las Casas prueba «que el Rey Católico, para salvar su alma, debe devolver el Perú al sobrino del Inca Guaynacapac» y que las crueldades ejecutadas por el pueblo judío, y relatadas en el _Deuteronomio_, no deben servir de excusa en las guerras que se intentan contra los naturales de América; otro obispo, el de Orihuela, en su obra dedicada al papa Clemente VIII establece «el derecho de matar por su propia autoridad un hermano ó un hijo heréticos.» (Clemencín, pág. 390.)
[176] Véase la _Historia del Mondo Nuovo_ (Venecia, 1565), libro II, cap. 1 y 17, páginas 65 y 109. «Los negros africanos serán dentro de poco dueños de la isla de Santo Domingo.--Creo que toda nación que tiene la desgracia de estar sometida á extranjeros se sublevará más ó menos pronto: así sucederá con los habitantes de las Indias.» También el cardenal Ximénez predijo la sublevación de los negros «como raza emprendedora y extraordinariamente prolífica.» (Marsolier, _Hist. du Cardinal_, 1694, lib. VI.)
Empezóse á llevar negros á Santo Domingo, cinco años antes de la muerte de Cristóbal Colón, pero en corto número y sin participación suya. Este hecho, que históricamente está bien comprobado, desmiente el aserto tantas veces repetido de que la desdichada idea de sustituir en los trabajos de las minas á los habitantes de las Antillas con negros fué de Las Casas. La corte de Madrid vigilaba con desconfiada prudencia las condiciones de los individuos á quienes se debía permitir habitar en Haïti, estando prohibido á los moros, á los judíos, á los recién conversos, á los monjes no españoles y á los hijos y nietos de _quemados_, es decir, muertos en las hogueras de la Santa Inquisición (Navarrete, t. II, Doc. 175, pág. 361); pero en las instrucciones dadas en 1500 á Nicolás de Ovando fué permitida la introducción de _negros nacidos en poder de cristianos_. (Herrera, Déc. I, lib. IV, cap. 12.) El número de estos esclavos negros aumentó, según parece, considerablemente hasta 1503, porque en este año vemos ya al mismo Ovando pedir á la corte (Déc. I, lib. V, cap. 12) «que no se envíen negros á la isla Española, porque con frecuencia se fugan, quebrantando la moral de los naturales.»
En el año de la muerte de Colón se dió permiso á los negros para casarse en las Antillas; pero se prohibió que fuera negro alguno procedente de Levante ó criado en casa de moros. (Déc. I, libro VI, cap. 20.) En 1510 (año en que Las Casas dijo su primera misa en la _ciudad_ de la Vega, sin tener aún relaciones políticas con el Gobierno) ordenó el rey Fernando á la Casa de Contratación de Sevilla, establecimiento recientemente fundado, «que enviara 50 esclavos á Haïti para el trabajo de las minas, porque los naturales de la isla eran débiles de ánimo y de cuerpo. (Déc. I, lib. VIII, cap. 9.) Debe creerse que los enviados eran negros criollos, nacidos, como entonces se decía, en poder de cristianos. Pero la ordenanza de 1511 (Déc. I, lib. IX, capítulo 5) expresa ya claramente una verdadera _trata de negros_. Alábase el estado próspero de la colonia; la menor frecuencia de los huracanes, como efecto de la multiplicación de iglesias y de la exposición del Santo Sacramento; se cede al deseo de los dominicos de disminuir el trabajo de los indígenas, y ordena la corte que sean llevados á las islas muchos negros de las costas de Guinea «puesto que un negro trabaja más que cuatro indios».
Hasta entonces no figura el nombre de Las Casas en las minuciosas narraciones de la administración de Haïti que nos han dejado los historiadores. La proposición formal de Las Casas de que «_á los castellanos que vivían en las Indias se diese saca de negros, para que fuesen los indios más aliviados en las minas_», data del año de 1517. (Déc. II, lib. XI, cap. 20.) Esta proposición, apoyada por el mucho crédito que gozaba entonces Las Casas con el Gran Canciller y todo el poderoso partido de los flamencos, tuvo, por desgracia, la mayor influencia en la extensión de la trata; pues entonces fué cuando los flamencos vendieron á negociantes genoveses en 25.000 ducados una licencia de introducción de 4.000 negros. Así empezaron los horribles _asientos_ que después concedió la corte á las de Peralta, Reynel y Rodríguez de Elvas. (_Rélat. hist._, t. III, página 403.)
En el mismo año hicieron una proposición igual á la de Las Casas (Déc. II, lib. II, cap. 22) los padres de la Orden de San Jerónimo. En ambas se hablaba también de enviar europeos de raza blanca para los oficios y la labranza de las tierras. En la polémica que sostuvo el abate Gregoire con los Sres. Funes, Meer y Llorente, sobre el origen de la trata de negros, se equivocó al sospechar que el historiador Herrera inculpaba falsamente á Las Casas. _El Memorial_ presentado por este último al gran Canciller estuvo en manos de Muñoz, que lo copió. En el artículo ó cláusula tercera hay la proposición de que «cada vecino pueda introducir francamente dos negros y una negra». (Navarrete, t. I, pág. LXXXVIII.) No es de Las Casas la primera idea de llevar negros á las Antillas, pues hacía ya por lo menos seis ó siete años que los llevaban; pero desgraciadamente contribuyó en 1517, al mismo tiempo que los padres de San Jerónimo, enemigos suyos entonces (Déc. II, lib. II, cap. 15), á la extensión de la trata, á avivarla con su influencia y á hacerla lucrativa, bajo la forma de _asiento_.
Con la más estricta imparcialidad he examinado esta cuestión, tanto más grave, cuanto que el número de negros en ambas Américas pasa ya de _siete millones_. En la antigüedad los africanos, ó mejor dicho, las razas semíticas establecidas en las costas septentrionales de África, hacían la _trata_ de blancos en Europa. Antes de que los europeos hicieran la trata de negros en África trajeron á los guanches de Canarias, y en los últimos años del siglo XIV eran vendidos como esclavos en los mercados de Sevilla y de Lisboa. También se cree generalmente que los primeros esclavos negros de cabello rizado llegaron á Lisboa en 1442. Barros, Déc. I, lib. I, cap. 6, dice que eran negros de Senegambia enviados por los moros para rescatar esclavos de su propia raza (Ritter, _África_, 1822, pág. 411). Pero Ortiz de Zúñiga ha probado que trajeron esclavos negros á Sevilla en el reinado de Enrique III de Castilla, y por tanto, antes de 1406 (_Anales de Sevilla_, lib. XII, núm. 10). Los catalanes y los normandos frecuentaron la costa de África hasta el trópico de Cáncer, lo menos cuarenta y cinco años antes que el infante D. Enrique, el marino, comenzara la serie de sus descubrimientos más allá del cabo Non.
[177] En su mocedad, dice Fernando Colón (_Vida del Almirante_, cap. 3), tuvo el cabello blondo, pero de treinta años ya le tenía blanco. Benzoni, que nació trece años después de la muerte de Cristóbal Colón, le caracteriza diciendo: «Ingenio excelso, læto é ingenuo vultu. Acres illi et vigentes oculi, _subflava Cæsaries_, os paulo patentius, in primis justitiæ studiosus erat, iracundiæ tamen pronus _si quando conmovetur_.» (_Hist. Indiæ occid._, 1586, lib. I, cap. 14.) Acerca de la incertidumbre de los retratos discordantes de Colón conservados en Cúccaro, en casa del duque de Berwick, en Madrid, etc., véase Cancellieri, _Notizie di Christ. Colombo_, 1809, pág. 180. _Códice Colombo Amer._, pág. LXXV.
[178] Carta del mes de Marzo de 1504.
[179] «Yo he perdido (en estos trabajos) mi juventud y la parte que me pertenece de estas cosas y la honra dello; mas non fuera de Castilla adonde se juzgaran mis fechos y seré juzgado como á capitán que fué á conquistar de España fasta las Indias y non á gobernar cibdad ni villa ni pueblo puesto en regimiento, salvo á poner so el señorío de S.A. gente salvaje, belicosa y que viven por sierras y montes.» Este fragmento es de fines del año 1500.
La carta enviada á la nodriza del infante D. Juan, doña Juana de la Torre, también de fines de 1500, repite el mismo pensamiento de una manera más patética, pero también más incoherente en la construcción de las frases: «Allí me juzgan como gobernador que fué á Secilia (Sicilia) ó ciudad ó villa puesta en regimiento y _adonde las leyes se pueden guardar por entero_, sin temor de que se pierda todo, y rescibo grande agravio. Yo debo ser juzgado como capitán que fué de España á conquistar fasta las Indias á gente belicosa y mucha y de costumbres y seta á nos muy contraria: los cuales viven por sierras y montes sin pueblo asentado ni nosotros, y á donde, por voluntad divina, he puesto so el señorío del Rey y de la Reyna, nuestros señores, otro mundo; y por donde España, que era dicha probe, es más rica. Yo debo ser juzgado como capitán que de tanto tiempo fasta hoy trae las armas á cuestas, sin las dejar una hora y de caballeros de conquista y del uso, _y no de letras, salvo si fuesen de Griegos y de Romanos_ ó de otros modernos de que hay tantos y tan nobles en España, ca de otra guisa recibo grande agravio, porque en las Indias no hay pueblo ni asiento.»
Podría decirse que el fragmento hallado en los archivos del duque de Veragua, si no es el borrador de la carta á la nodriza del Infante, debe ser principio de una carta escrita con el mismo propósito de justificarse. Ya hemos hecho ver antes, comparando cartas dirigidas al tesorero de la corona D. Rafael Sánchez y al escribano de ración D. Luis Santángel y escritas en 1493, que Colón tenía la costumbre de enviar á diferentes personas entre sus protectores cartas que decían lo mismo y con iguales frases.
[180] El Almirante le llama Cahonaboa, Pedro Mártir, Caunaboa. (_Oceánica_, Dec. I, lib. IV, pág. 48.)
[181] Instrucción de 9 de Abril de 1494.
[182] El eclipse de 29 de Febrero de 1504, que Colón predijo tres días antes á los indios de Jamaica para asustarlos y obligarles á llevar nuevas provisiones. Encuentro anotadas las circunstancias de este eclipse y la deducción de la longitud del _puerto de Santa Gloria_ en el litoral de la isla Janahica (Jamaica) en el libro de las profecías de Colón, fol. 76. También en el testamento de Diego Méndez se habla y nombra el eclipse casi total. Colón advierte que no pudo observar el principio del eclipse, _porque el comienzo fué primero que el sol se pusiese_.
Este caso rarísimo es un efecto de refracción. Dice Fernando Colón (_Vida del Almirante_, cap. 103) que Colón dijo á los indios durante el eclipse _quería hablar un poco con su Dios_, y se encerró. Sacó especialmente partido de la _inflamación de la luna por ira del cielo_, tinte que lo produce, según se sabe, la inflexión de los rayos solares en el cono de la sombra, por la influencia de atmósfera terrestre y que es vivísimo en la zona tropical. (_Rélat. hist._, t. III, pág. 544.) No hay necesidad alguna de suponer que la predicción del eclipse se fundaba en cálculos de Colón. El Almirante tenía sin duda efemérides á bordo, probablemente las de Regiomontanus que abarcaban los años 1475-1506 ó el _Calendarium eclipsium_ para 1483-1530, cuyo uso era muy común entre portugueses y españoles. Esta suposición es tanto más probable, cuanto el Almirante tenía plena confianza en la determinación de las longitudes por la observación de los eclipses lunares (dice en su carta al papa Alejandro VI) _no pudo haber yerro, porque hubo entonces eclipses de la luna_, y ya en el Diario de su primer viaje (día 13 de Enero de 1493) se propone «observar la conjunción de Júpiter y Mercurio y la oposición de Júpiter», fenómenos sin duda indicados en las efemérides que llevaba en el barco. El amigo de Colón, Vespucci, dice claramente en la carta á Lorenzo de Médicis (Bandini, pág. 72), que se sirvió en 1499 y 1500 «del almanaque de Juan de Monteregio, calculado por el meridiano de Ferrara.»
[183] _Cartas de Hernán Cortés_ (ed. del cardenal Lorenzana, página 39).
[184] No fué en 1506, como se asegura, cuando vió Oviedo, según dice terminantemente, plantar las primeras cañas de azúcar en la isla de Santo Domingo (_Hist. natural de las Indias_, libro IV, cap. 8), porque Oviedo fué por primera vez á dicha isla en 1513, como _veedor de las fundiciones de oro_, y sólo estuvo allí dos años. Sus otros viajes fueron en 1519 al Darien; en 1526 á Cartagena de Indias; en 1535 á la _fortaleza de Santo Domingo_. Como en este año había ya treinta ingenios en la citada isla, empleando para obtener el _guarapo_ cilindros llevados por Gonzalo de Veloso y movidos por caballos ó por _trapiches de agua_, ruedas hidráulicas, la introducción de la caña de azúcar por Pedro de Atienza debe referirse á la época de 1513 á 1515. Es verdaderamente notable que la historia nos dé á conocer con tanta precisión las circunstancias en las cuales ha comenzado un cultivo que tanto ha influído en la barbarie de la trata de negros y en la prosperidad del comercio europeo, pues todo el Archipiélago antillano llegó á exportar en 1826, sin contar los efectos del comercio fraudulento, más de 287 millones de kilogramos de azúcar, y en 1836 más de 380 millones. (Véase la _Rélation historique_, t. III, pág. 493, y la importante Memoria de Mr. Rodet sobre el consumo de la azúcar en Europa.)
[185] Carta de 21 de Diciembre de 1504 (Navarrete, t. I, página 346), y cédula del 2 de Junio de 1497 (t. II, Doc. CXIV, página 202).
[186] Diego de Deza, que no debe ser confundido con el enemigo de Colón y de Cortés, Juan de Fonseca, archidiácono de Sevilla, que en Enero de 1505 también fué nombrado obispo de Palencia, cuando Deza pasó á ser arzobispo de Sevilla.
[187] _Con un bulto de piedra mármol, en el cual bulto estará un letrero en conmemoración del mayorazgo._
[188] Colón dice textualmente «_que haga comprar en su nombre ó de sus herederos unas compras á que dicen Logos que tiene el oficio de San Jorge_, los cuales agora (en 1498) rentan seis por ciento y son dineros muy seguros». Este párrafo es digno de atención para los aficionados á los estudios de economía política, relativa á la época del descubrimiento de América.
Muestra Colón tanto empeño en la cruzada á Tierra Santa, «en la que Sus Altezas deben gastar todas sus rentas de las Nuevas Indias», que ordena á D. Diego y á los herederos de éste comenzar la expedición, aunque los fondos acumulados en el Banco no sean muy considerables, por ser muy probable que una conquista de Jerusalén emprendida por simples particulares obtenga al fin la cooperación del Gobierno.