Part 23
[104] Para no estar repitiendo continuamente los mismos nombres, las letras C., R. y P. puestas después de una posición indican, como en la analogía de los sinónimos botánicos, que el nombre corresponde á los mapas de La Cosa ó al de Rivero, ó al Diario de navegación de Ponce de León. La letra M. designa los nombres usados ahora. Como para la identidad de los nombres es preciso recurrir sin cesar á los Diarios de ruta de Colón, al pleito entre su hijo y el Fisco, y á otros documentos oficiales, las cifras (I, 79 ó III, 579) puestas entre paréntesis, indican los tomos y las páginas de la grande obra de Navarrete. De este modo facilito al corto número de personas que desean conocer el detalle de las posiciones, la forma de comprobar los resultados que expongo.
[105] Es el _Viejo cabo Francés_ (longitud 72° 17′), que no debe confundirse con el cabo Francés actual, situado hacia el NO. de la isla (longitud 74° 38′).
[106] Según los recientes trabajos hidrográficos de Ricardo Owen, esta diferencia es de 4° 20′, y por los cálculos de Oltmanns del año 1810, es de 4° 16′. Tomando la distancia indicada por escala en el mapa de La Cosa, la misma carta da de distancia (diferencia de longitud) del cabo Tiburón (cabo de San Miguel, de La Cosa y de Colón; Herrera I, 2, 15) al cabo más oriental (cabo del Higuey, R., cabo del Engaño, M.), 6°. Los mapas modernos dan 6° 2′. Esta comparación sólo prueba que la forma general de Haïti es bastante exacta. Aplicando la misma escala á la isla de Cuba, se la encuentra exacta hasta más allá del cabo de Cuba, C., pero, por lo extraordinariamente estrecha que es la parte occidental de la isla, el largo completo desde la isla de Pinos al cabo Maysi es falso en 1° ¾ de 8° ¼. Más adelante volveré á hablar de la desigualdad de las escalas por las cuales se ha trazado en longitud y latitud el mapamundi, aun en los trópicos.
[107] Podría creerse que es el banco de _Abre los Ojos_; pero los _Bajos de la Plata_ debían llamar mayormente la atención por su tamaño y forma más regular de cuadrilátero.
[108] Baracoa está demasiado al Occidente en el mapa de Rivero. En el que yo publiqué de la isla de Cuba en 1826, este puerto se encuentra á 21′, y según el mapa de Owen á 23′ al Oeste del cabo Maysi. Como mi obra debe contener cuanto se relaciona con los antiguos nombres dados por Colón á las posiciones en el mar de las Antillas, debo advertir aquí que el cabo Maysi, llamado por Cosa _Punta de Cuba_, no recibió nombre alguno en el primer viaje de Colón (Nav. I, 78); vió este cabo muy hermoso á distancia de siete leguas, sin querer reconocerlo de cerca á causa del vivo deseo que tenía de llegar á la isla _Babeque_. En el segundo viaje, 4 de Diciembre de 1493, le dió el raro nombre de cabo de _Alpha_ y _Omega_, porque, en la firme persuasión de que Cuba formaba parte del continente de Asia, el cabo Maysi era á la vez principio de la India para los que iban del Oeste y fin de la India para los que venían de Oriente. (_Vida del Almirante_, cap. 30.) El amigo de Colón, Pedro Mártir de Anghiera, da extensas explicaciones acerca de esta denominación _alfabética_ que expresa todo el sistema del Almirante de buscar el Oriente por Occidente. «Joannæ initium vocavit (Colonus), α et ω eo quod ibi finem esse nostri orientis, cum in ea sol occidat, occidentis autem cum oriatur arbitretur. Constat enim esse ab occidente principium _Indiæ ultra Gangem_: ab oriente vero, terminum ipsius ultimum.» _Oceánica_, Dec. I, lib. III, pág. 34, ed. Colón, 1574.
[109] La vuelta á España por el canal de Bahama (Herrera, Dec. I, lib. IX, cap. 12).
[110] Este nombre indígena (_Hetera_ ó _Etera_) ha sido convertido por corrupción en _Eleuthera_.
[111] Anghiera, _Oceánica_, Dec. II, lib. X, pág. 202, llama á la isla Bimini, Bojuca ó Aguaneo, y ruega también al Papa que no tome la cosa por _jocose aut leviter dicta_.
[112] Mapa del golfo de Méjico.
[113] Confieso, sin embargo, no comprender bien lo que Colón añade al fin, hablando de un promontorio pedregoso (_isleo_), perteneciente á la Isabela: «quedaba el dicho isleo en derrota de la isla Fernandina, de adonde yo había partido _Leste oueste_.» Fernando Colón sólo habla de los _secretos_ de la isla Samoet que tenía al Almirante _enamorado de su belleza_; nada dice de la dirección de la ruta, ni de la distancia que no podía ser muy considerable, puesto que la recorrió en una mañana.
[114] Klaproth. _Memorias relativas á Asia_, pág. 200.
[115] El 104 dairio (Go-tsutsi Mikado-no-in), que reinó desde 1465 á 1500.--Titsingh. _Annales des empereurs du Japon_, 1834, pág. 363.
[116] En una nota del primer tomo hemos expuesto la conversión de las leguas en millas y en grados, según Gómara. También Pigafetta dice claramente en el _Tratado de navegación_ (pág. 216), hablando de _la línea de demarcación pontificia_: «Cada grado de los 360 grados de la circunferencia terrestre equivale á 17 ½ _leghe_. Las _leghe_ de tierra tienen 3 millas, las de mar 4. Medina, que escribió en el año de 1545, hace la misma valuación (_Tratado de navegación_, pág. 54). Ahora bien; Colón emplea en su Diario, según su propio dicho, la legua (italiana) de 4 _millas_. Es, por tanto, preciso computar los datos de su Diario por 17 ½ leguas al grado, puesto que la unidad es la _milla_ (Nav. t. I, pág. 3). Cuando en la cita de Alfragán valúa Fernando Colón el grado en 56 y 2⁄3 millas, refiérese á otro _módulo_ de una milla más grande, casi en la relación de 3 á 4. Es pura y sencillamente un rasgo de erudición.
Hacia el año de 1495 había la tendencia, al menos en Cataluña, de aumentar el número de leguas por grado. Mosen Jaime Ferrer, cuenta para un grado de longitud, en el paralelo de las islas de Cabo Verde, 20 5⁄8 leguas, lo cual se aproxima á las _leguas legales de 5.000 varas_, mientras las leguas de 17 ½ al grado son casi las _leguas comunes_ de España de 7.500 varas. (_Docum._ 68; Nav. t. I, pág. 99.)
[117] Es, por decirlo así, el puerto de la ciudad _Santa María del Príncipe_, situada en el interior de las tierras y cuya posición he discutido en el análisis de un mapa de la isla de Cuba (_Rel. Hist._, t. III, pág. 586). Este mapa presenta también, conforme á un manuscrito de D. Francisco María Celi que poseo, la indicación de un lugar antiguamente habitado al Este de Puerto Curiana, llamado _Embarcadero del Príncipe_. La relación de posición de este lugar con el de Cayo Romano, explica acaso las dudas ocasionadas por el Diario de Colón del 15 al 18 de Noviembre. (Wash. Irving, t. IV, pág. 261.)
[118] Las pequeñas diferencias de mis resultados, comparados á los del marino americano (Irving, t. IV, pág. 263), provienen de la reducción de las medidas itinerarias de Colón, que considero indispensables, y del yacimiento relativo de Puerto Príncipe, Isla Larga y Guanahaní, según los mapas más recientes. La comparación del cap. 29 de la _Vida del Almirante_ y del Diario de Colón (I, 61), prueba que el hijo se engaña cuando dice que Saometro ó Isabela está situada casi á 25 leguas de distancia Norte-Sur de Puerto Príncipe. La distancia es falsa, como la dirección: el hijo confunde la distancia de Isabela con la del _punto de estima_ en la mañana del 20 de Noviembre. No fijándose en este error de rumbo, creeríase que Guanahaní estaba 2° más al Occidente de donde la supone Colón y en realidad se encuentra.
[119] Este nombre indígena consérvase aún en la denominación de _Punta Bruquen_, cabo NO. de la isla de San Juan de Puerto Rico, llamada también por los caribes _Ubucmoin_, y por Colón, en su Diario algunas veces, _Isla de Carib_.
[120] «Fuente que volvía á los hombres de viejos en mozos.» Los indígenas de Cuba que transmitieron este mito á los españoles, fueron antes que éstos en busca de Bimini y de un río igualmente milagroso de la Florida. Con este motivo hasta llegaron á fundar un establecimiento permanente en las costas de la Florida, considerada como gran isla frontera á la de Bimini (Herrera, Déc. I, lib. IX, cap. 12). Dábase todavía tanta importancia en 1514 á la posesión del islote de Bimini, difícil de encontrar en nuestros mapas, que Ponce de León recibió el pomposo título de Adelantado de Bimini y de la Florida. (Herrera, Déc. I, lib. X, cap. 16.)
[121] De la desembocadura de Río Guanabo, llamado entonces _la Aguada_; pero la expedición fué preparada en la _Bahía de San Germán el Viejo_, que no debe confundirse con la ciudad de San Germán el Nuevo en la costa occidental.
[122] Posible es quedar indeciso entre el _Bajo de Plata_ y Abre los Ojos, porque la latitud sobradamente septentrional que da Ponce de León (de 22° ½) no sirve para la elección; pero la distancia de 50 leguas que cuenta Oviedo desde Puerto Rico á los Bajos de Babueca hacia el NO. (_Hist. gen. de las Indias_, tomo I, lib. XIX, cap. 15), corresponde mejor á los _Cayos de Plata_ que á _Mouchoir-Carré_, distante de Puerto Rico más de 80 leguas marinas. Debo advertir, sin embargo, que la _Isla del Viejo_, que Ponce sitúa entre los Bajos de Babueca (tomados quizá en una extensión más general), y los Caicos, podrían muy bien ser la Grande ó Pequeña Salina de las islas Turcas, es decir, el Guanahaní de Navarrete; porque nada hay en los Caicos de Plata y Mouchoir-Carré que merezca el nombre de isla.
[123] Al echar una ojeada á la serie de islotes y bajos al Norte de las grandes Antillas, vense los bajos rodeados al Este, sobre todo del lado opuesto á la fuerza de las corrientes, de bandas de tierra largas y estrechísimas. Tal es la forma de las islas Caicos, de las Acklins y Crooked, que pertenecen al mismo sistema de bajos de la Isla Larga, la Exuma, San Salvador y Eleuthera en el gran Banco de Bahama, como muros originados por masas de corales rotos y hacinados por el choque de las olas. En otra obra (_Rélation Historique_, t. III, pág. 470) he tenido ocasión de describir las _rocas fragmentarias_, que puede decirse se forman á nuestra vista en los _Jardines_ ó _Jardinillos_, al Sur de la isla de Cuba. La posición de estas lenguas de tierra que rodean los bajos en las islas Lucayas es notabilísima, y sería de desear que un geólogo distinguiera sobre el terreno lo que pertenece al levantamiento general de los _bancos_ por las fuerzas que han obrado desde el interior del globo, empujando la corteza, y lo que es sencillamente efecto de las corrientes y del choque de las olas. Las formaciones terciarias y secundarias de la isla de Cuba ¿son la base sobre la cual han construído los corales sus grandes edificios en los bajos de las Lucayas, ó esta base es una roca piroxena como en las pequeñas Antillas y en el mar del Sur? Sorprende ver que en la Indias Occidentales no existen esos bancos de corales circulares crateriformes, rodeando un lago salado (_lagoon_) con una ó varias salidas, acerca de los cuales los Sres. Chamisso y Beechey han llamado la atención de los físicos, y que existen en el Océano Pacífico y en el mar de la India, mientras en estos dos Océanos no se encuentran las formas alargadas semejantes á las lenguas de tierra del borde oriental (_windward side_) del Banco de Bahama.
[124] Anghiera diserta acerca de la significación de la sílaba inicial _gua_, tan frecuente en los nombres geográficos y en los nombres propios de los Haïtianos, cuyo idioma no difería mucho del de los _Yucayos_ (habitantes de las islas Bahamas), y por ello el joven yucayo, natural de Guanahaní y bautizado en Barcelona con el nombre de Diego Colón, pudo servir de intérprete. (Déc. I, lib. III, pág. 43; Déc. III, lib. VII, pág. 285; Muñoz, lib. IV, § 39; lib. V,§ 273.) Probablemente el nombre entero de Guanahaní era significativo, como lo son todos los nombres geográficos vascos (ibéricos). Lo encuentro casi incluído en el nombre de la bella reina (ó mejor dicho, mujer de un jefe haïtiano de la provincia de Xaragua) _Guanahattabenechena_, que, á pesar de las instancias de los monjes de San Francisco, se hizo enterrar con el cuerpo de su esposo. (Déc. III, libro IX, pág. 304.)
[125] _La descrittione di tutto il Peru_, mapa que comprende la América entera, desde la Florida hasta el estrecho de Magallanes, y en el que la ciudad de Quito está situada al Este del meridiano de Puerto Rico. El veronés Forlani sitúa como Rivero una isla _Guanima_ al NO. de Guanahaní. Este nombre también aparece en el itinerario de Juan Ponce de León. (Herr. Déc. I, lib. IX, cap. 11.) ¿Será Eleuthera?
[126] La ignorancia de las lenguas, los errores que esta ignorancia debía necesariamente producir, y acaso también el malicioso deseo de engañar á los extranjeros (deseo que es muy común, según he podido ver, en los indígenas del Orinoco cuando se les abruma á preguntas), infundieron probablemente en el ánimo de Colón la idea de que al norte de la Tortuga había una isla riquísima en oro llamada _Babeque_ ó _Baneque_. En el Diario del Almirante está nombrado este Ophir catorce veces. La isla de Babeque es de considerable extensión, con grandes montañas, valles y ríos, y se llega á ella yendo más allá de la Tortuga al NE. Buscase en ella el oro durante la noche con antorchas en la playa. Los indios dicen que hay más oro en la Tortuga que en la Española, porque aquélla está más cerca de Babeque, y hasta llegó á suponer Colón (el 17 de Diciembre de 1493) que no había minerales de oro ni en la Española ni en la Tortuga, sino que los llevaban á ellas de Babeque á donde se podía llegar en un día. Todo esto prueba, contra lo dicho por Las Casas, que Babeque no es Jamaica, ni la Española ó _Boio_, como creía D. Fernando Colón, ni finalmente la tierra firme del Sur ó _Caritaba_, como supone Herrera. (Déc. I, lib. I, cap. 15.)
Recordaré de nuevo que comparando el Diario del Almirante (Nav., 63, 126) cuando habla de la deserción de Martín Alonso Pinzón por el propósito de llegar á la isla de Babeque ó Baneque, con las piezas del pleito entre D. Diego Colón y el fisco, donde la isla que Pinzón buscaba se la nombra _Babueca_ ó _las siete islas de Babulca_, queda la persuasión de que _Babeque_ ó _las islas Babeque_ es un nombre colectivo aplicable á las islas y cayos al norte de Haïti, una extensión de la denominación _Bajos de Babucco_ hacia el Oeste, en la dirección de la _Grande_ y la _Pequeña Iguana_.
[127] Colón habla de una isla _Goanín_ (Nav., t. I, pág. 134), y _goanín_ ó _guanín_ es el nombre de una curiosa aleación de oro, plata y cobre que los primeros navegantes encontraron en manos de los indígenas, y con la cual hacían placas y armas. _Oceánica_, Déc. I, lib. VII, pág. 104; (Herrera, Déc. I, lib. III, cap. 9.) Las _letras_ que Colón dice haber visto grabadas en una placa de oro en la isla Fernandina (Nav., t. I, pág. 32), acaso fueran trazos hechos, como adorno, sobre _guanín_. Las Casas refiere (y el hecho es muy notable) que el _oro bajo_ ó _guanín_ de estas islas lo buscaban los indígenas por el olor; también se observó en Haïti y en Paria que el del latón ó cobre amarillo les parecía delicioso. (Herrera, Déc. _I_, lib. _III_, cap. 11.) Una raza de hombres de color obscuro, llamados también hombres negros, que procedían del Suroeste y asoló algunas veces la isla de Haïti, poseía especialmente este oro _guanín_, en el que había 0,14 de plata y 0,19 de cobre. (_Rélation historique_, t. III, página 400.) Ya hemos dicho que en el mapa de Rivero hay también una isla _Guanima_ ó _Guanina_ entre las Lucayas, isla que menciona Ponce de León en su itinerario.
[128] La isla de Cuba tiene, como la Española, un puerto de _Xagua_: una provincia de esta última isla se llamaba _Cubana_ ó _Cubao_.
[129] Pedro Mártir, págs. 279 y 281.
[130] _Itinerar. ad regiones sub equinoctiali plaga constitutas Alex. Geraldini Amerini Episcopi, civ. S. Dominici apud Indos occid. opus, antiquitates, ritus et religiones, populorum complectens, tunc primo edidit Onuphrius Geraldinus de Catenacciis auctoris abnepos._ Romæ, 1631, pág. 120. El Obispo había sido amigo y protector de Colón, antes de tener éste la protección de la reina Isabel. (Cancellieri, _Notizie di Crist. Colombo_, 1809, pág. 65.) Poseemos de él una petición en estilo lapidario rarísima, dirigida al papa León X (Itiner., pág. 253), petición acompañada de muchos donativos que el cardenal Lorenzo Puccio debía ofrecer al Pontífice. Estos donativos eran ídolos (_deos illarum gentium Hispaniolæ immanes, qui publice toti populo responsa reddebant_), aves vivas (loros y un pavo, _gallus, in quo opus naturæ mirabile apparet; quotiens enim ritu á natura indito illi avium generi, cum magna conjugum pompa, corpore undique erecto, hine inde ambit, varios toto capite colores, modo recidit, modo deponit_). Imposible es describir más detalladamente el pavo; y la _gallina alba_ que recibió León X al mismo tiempo era también sin duda una variedad de la misma ave. Como no es probable que Colón trajera pavos (_Meleagris_, Lin.) de la costa de Honduras á la Española; y la expedición de Hernández de Córdoba al cabo Catoche (_Conex Catoche_) y á Campeche (_Quimpech_), como la de Juan de Grijalva y del famoso piloto Alaminos á Cozumel y Yucatán, datan de 1517 y 1518, es de creer que los habitantes de las Antillas recibieron el ave de la América del Norte por las comunicaciones de los indios lucayos con la Florida. Las _gallinæ pavonibus haud minores_ que los compañeros de Colón vieron en el tercer viaje, en la costa de Paria (Petrus Martir, _De Insul. nuper inv._, pág. 348), no eran pavos, porque no los había en la América Meridional, sino lo que los españoles llamaban _pavas del monte_ (_Penelope, Merr_), que yo encontré en una región próxima á Paria, en las misiones de Caribe. Los modernos historiadores de la _conquista_ de Méjico cometen el error de confundir estas aves con los pavos de Méjico y de los Estados Unidos. Al hablar Pedro Mártir del descubrimiento de Paria, nombra también los _anseres, anatas et pavones sed non versicolores_; y añade: _A fæminibus parum discrepare mares_ (lib. IX, cap. CLXVIII. Véase también _Itinerarium Portugallensium_, 1508, cap. CIX, fol. 67).
[131] Navarrete, t. I, pág. 182. Solórzano (_de Ind. Jure_ t. I, pág. 37) advierte atinadamente que _Hispaniola_ es una falta de traducción de la palabra _Española, quod nomen_, añade, _exteri latinum reddere cupientes Hispaniolam verterum_. Anghiera emplea siempre el diminutivo y lo defiende (_Ocean._ Déc. III, lib. VII, pág. 281) _cum vere Hispanam sive Hispanicam vertere debuissent_. En el _Itinerarium Portugalliensum_, cap. CVI, llámase constantemente á Haïti _Insula Hispana_, lo mismo que en la cosmografía de Sebastián Munster.
[132] Canovai, _Elogio di Amerigo Vespucci_, págs. 41, 102, 105, 108.
[133] Expresión familiar de Mr. de Buffón.
[134] «Dice el Almirante que era tan hermoso todo lo que veía, que no podía cansar los ojos de ver tanta lindeza y los cantos de las aves y pajaritos. Llegó á la boca de un río y entró en un puerto que los ojos otro tal nunca vieron. Las sierras altísimas, de las cuales descendían muchas lindas aguas; estas sierras llenas de pinos y por todo aquello diversísimas y hermosísimas florestas de árboles.
»Andando por el río fué cosa maravillosa ver las arboledas y frescuras y el agua clarísima y las aves y amenidad que dice que le parecía que no quisiera salir de allí. Para hacer relación á los reyes de las cosas que veían, no bastaran mil lenguas á referirlo, ni su mano para escribir, que le parecía que estaba encantado. La hermosura de las tierras que vieron, ninguna comparación tienen con la campiña de Córdoba. Estaban todos los árboles verdes y llenos de fruta, y las hierbas todas floridas y muy altas; los aires eran como en Abril en Castilla, cantaba el ruiseñor como en España, que era la mayor dulzura del mundo. Las noches cantaban otros pajaritos suavemente; los grillos y ranas se oían muchas.
»La isla Juana (Cuba) tiene montañas que parece que llegan al cielo: la bañan por todas partes muchos copiosos y saludables ríos..... Todas estas tierras presentan varias perspectivas llenas de mucha diversidad de árboles de inmensa elevación, con hojas tan reverdecidas y brillantes cual suelen estar en España en el mes de Mayo; unos colmados de flores, otros cargados de frutos, ofrecían todos la mayor hermosura y proporción del estado en que se hallaban. Hay siete ú ocho variedades de palmas, superiores á las nuestras en su belleza y altura; hay pinos admirables, campos y prados vastísimos.....» Debo observar que estas frases de admiración con tanta frecuencia repetidas, revelan vivo sentimiento de las bellezas de la naturaleza, puesto que sólo se trata aquí de sombra y follaje; no de esos indicios de metales preciosos cuya enumeración podía tener por objeto dar importancia á las tierras nuevamente descubiertas.
Añadiré otro párrafo de estilo franco y enérgico, tomado de la _Lettera rarissima_ de Colón (7 de Julio de 1503), y que contrasta con las escenas tranquilas y campestres cuya descripción acabamos de ver, y que sin duda han perdido mucha brillantez en el extracto de Las Casas:
«Detúveme quince días en el _puerto del Retrete_, que así lo quiso el cruel tiempo (de mar). Llegado con cuatro leguas revino la tormenta, y me fatigó tanto á tanto, que ya no sabía de mi parte. Allí se me refrescó del mal la llaga; nueve días anduve perdido, sin esperanza de vida: ojos nunca vieron la mar tan alta, fea y hecha espuma: el viento no era para ir adelante, ni daba lugar para correr hacia algún cabo. Allí me detenía en aquella mar fecha sangre, herviendo como caldera por gran fuego. El cielo jamás fué visto tan espantoso; un día con la noche ardió como forno; y así echaba la llama con los rayos que todos creíamos que me habían de fundir los navíos. En todo este tiempo jamás cesó agua del cielo, y no para decir que llovía, salvo que resegundaba otro diluvio. La gente estaba ya tan molida, que deseaban la muerte para salir de tantos martirios. Los navíos estaban sin anclas, abiertos y sin velas.»
He aquí un cuadro de tempestad como los que se leen en nuestras novelas marítimas y, sin embargo, el pintor no es novelista. Habiendo surcado durante más de cuarenta años los mares desde las costas de Guinea hasta Islandia y el Yucatán, no confundía un tiempo duro con una verdadera tempestad.
[135] Bossi, _Vita di Crist. Colombo_, 1818, páginas 142 y 207. En la _Rélation historique_, t. III, pág. 473, nota 1.ª, cometí el error (cuando aun no conocía la obra del Sr. Navarrete) de decir que esta _Lettera rarissima_ no existía más que en italiano. La edición de Venecia, publicada por Constantino Baynera, de Brescia, es sin duda una traducción; pero existen antiguas copias españolas manuscritas, por ejemplo, la del _Colegio mayor de Cuenca_ en Salamanca. Las expresiones que emplean Don Fernando (_Vida del Almirante_, cap. 94), y Antonio de León Pinelo en la _Biblioteca Occidental_, permiten considerar probable que el original fuera impreso en español. No es indiferente saber si en estos párrafos de tan característico estilo tenemos hoy las verdaderas palabras del Almirante.
[136] Doy á la palabra _quibian_, ó, como dice D. Fernando, _quibio_, su verdadero sentido, el de jefe ó rey. (_Vida del Almirante_, cap. 97.) No es un nombre propio, como pretende Herrera, Déc. I, lib. V, cap. 9; lib. VI, capítulos 1 y 2. En esta misma costa de Veragua vieron los españoles las primeras _plantaciones de ananas_ que se cultivaban para hacer _vino de piña_ ó vino de ananas.
[137] Este párrafo es obscuro: Llamando á voz temerosa, llorando y muy aprisa, los maestros de la guerra de Vuestras Altezas, á todos cuatro los vientos, por socorro. El abate Morelli traduce: _Chiamando li maestri de la guerra e ancora chiamando li venti._ (_Lettera rarissima di Crist. Colombo riprodotta dal cavaliere_ Ab. Morelli, 1810, pág. 18.)
[138] «Ya son diez y siete años que yo vine á servir estos príncipes con la impresa de las Indias», dice Colón en una carta de 1500. (Navarrete, t. II, p. 254.)