Part 20
[34] Es verdaderamente notable que en los archivos de Simancas haya una _Bula de concesión de las Indias_ de 3 de Mayo de 1493 (_quinto Nonas Maias_), encontrada por mi ilustre amigo Muñoz, y semejante á la de 4 de Mayo (_quarto Nonas Maias_), conservada en los archivas de Sevilla (Muñoz, _Historia del Nuevo Mundo_, lib. IV, § 29; Navarrete, _Docum. diplomático_, t. II, páginas 23-35), con algunas diferencias que apuntaré aquí. En la de 3 de Mayo nada se dice de la _línea de demarcación_ designada en la bula del día siguiente; únicamente expresa que se hace donación á perpetuidad de las islas y tierra firme recientemente descubiertas _per dilectum filium Christophorum Colon_ á los Reyes de Castilla y de León, y que estos reyes poseerán dichas tierras con los mismos privilegios y derechos que los Papas habían concedido (en 1438 y 1459, desde el cabo Bojador hasta las Indias orientales, según Barros, Déc. I, libro I, capítulos 8 al 15) á los Reyes de Portugal.
Las dos bulas de 3 y 4 de Mayo son literalmente iguales en su primera mitad hasta las palabras «ac de Apostolicæ Potestatis plenitudine omnes et singulas terras et insulas præedictas et per Nuntios vestros repertas per mare ubi hactenus navigatum non fuerat, per partes occidentales, ut dicitur, _versus Indiam_.....» Después de este párrafo se inserta en la bula de 4 de Mayo la cláusula de que España poseerá «omnes insulas et terras firmas inventas et inveniendas, detectas et detegendas versus occidentem _et meridiem_, fabricando et constituendo unam lineam á polo artico ad polum antarcticum quæ linea distet _á qualibet_ insularum quæ vulgariter nuncupantur de los Azores et cabo Verde centum leucis versus occidentem et meridiem». Preciso es convenir en que esta determinación _á qualibet insularum_ es muy vaga, tratándose de dos archipiélagos que ocupan gran extensión en longitud.
La extraña frase, muchas veces repetida, _versus occidentem et meridiem_, se explica por la _Capitulación de la partición del Mar Océano_, ajustada, por influencia de la Santa Sede, en 7 de Junio de 1494, durante el segundo viaje de Colón, la cual fija la línea de demarcación «por términos de vientos y grados de Norte á Sur».
En otro sitio de este documento se dice «que el Rey de Portugal debe poseer cuanto está al _Este ó al Norte ó al Sur de la raya_». Es un circunloquio que debiera haberse sustituído con la frase «al Este del meridiano, en cualquier paralelo».
La _capitulación_, tan mal redactada como la bula, fué durante tres siglos causa de interminables hostilidades entre Portugal y España.
Fija además la bula la época de la legítima posesión de las tierras por el Oeste de las Azores en la Pascua de Natividad de 1493, «como época en que los capitanes castellanos hicieron los descubrimientos». Pero en este día de Pascua de Natividad fué cuando ocurrió el naufragio de Colón en las costas de Haïti, cerca de la bahía de Acul, llamada entonces _Mar de Santo Tomás_ (_Vida del Almirante_, cap. 32), y hacía ya dos meses y medio que Colón estaba en esta isla, en Cuba y en Guanahaní. Dichas inexactitudes son menos chocantes que los cambios sufridos por la bula del 3 de Mayo, en el intervalo de veinticuatro horas (Herrera, Déc. I, lib. II, cap. 4). La causa de estas variaciones podría averiguarse en los archivos romanos. En la bula de 25 de Septiembre de 1493, llamada _Bula de extensión y donación apostólica de las Indias_ (Navarrete, tomo II, pág. 404), tampoco se dice nada, como en la de 3 de Mayo, de línea de demarcación.
[35] _Vida del Almirante_, cap. 66. Conviene, sin embargo, advertir que cuando D. Fernando no cita las mismas palabras de los Diarios de su padre, los absurdos que se notan en la explicación de los fenómenos físicos pueden nacer de los escasos conocimientos náuticos y astronómicos del hijo. La _propiedad_ de _los cuatro vientos_, atribuída á la estrella, es menos sorprendente que el supuesto procedimiento de imantación. Las notas del Almirante en su Diario del primer viaje, correspondientes á los días del 17 al 30 de Septiembre de 1491, prueban que conocía el movimiento diurno de la polar alrededor del polo, pero que este conocimiento era en él muy reciente. «Por la noche las agujas _norduesteaban_ un cuarto de viento, y por la mañana estaban dirigidas hacia la estrella»; por lo cual _parece_ que la estrella (polar) hace movimiento como las otras estrellas y las agujas piden siempre la verdad (quedan inmóviles en su dirección, porque la variación horaria no podía observarla Colón).
El 17 de Septiembre aprovechó Colón este movimiento diurno de la estrella polar alrededor del polo para engañar á los pilotos, alarmados porque, durante la noche, las agujas no señalaban al Norte, sino al Noroeste. Al amanecer hizo Colón á los pilotos marcar el Norte, sin duda cuando la estrella, por su movimiento diurno, estaba al Oeste del polo. «Los pilotos reconocieron que las agujas eran todavía buenas, y la razón era que la estrella se movía y no las agujas.» Tranquilizáronse los pilotos, ignorando á la vez la _variación_ de la brújula y movilidad de la estrella polar. Creo que esta explicación que doy del párrafo es la única posible; pero Colón dice además, «porque la estrella _parece_ que hace movimiento y no las agujas».
[36] Sabemos por la famosa carta de Rafael al papa León X, sobre la conservación de los monumentos antiguos, carta que parece escrita por el elocuente é ingenioso Castiglione, que trece años después de la muerte de Colón aun se conocía apenas el empleo de la brújula para tomar las alturas en tierra.
Rafael describe extensamente (_Opere di B. Castiglione_, 1733, pág. 162) «un método nuevo desconocido en la antigüedad para _medir_ un edificio (debiera haber dicho levantar el plano de un edificio) por medio de la aguja imantada.» En 1522, Pigafetta, en su memorable _Tratado de Navegación_, enseña cómo se debe corregir la medición de alturas por la declinación; lo que obliga á decir confusamente á Sarmiento en 1579 que, «estando en las cartas marinas diseñadas las costas con arreglo á malas brújulas (por agujas de marear que tienen trocados los aceros quasi una cuarta del punto de la flor de lys), no se podían tomar dichas cartas por buenas.» (_Viaje al estrecho de Magallanes_, por el capitán Pedro Sarmiento de Gamboa, 1668, página 52.) Navarrete asegura en su Discurso sobre los progresos de la navegación en España, que las primeras _cartas de variación magnética_ las trazó en 1539 Alonso de Santa Cruz, que había dado al emperador Carlos V lecciones de astronomía y de cosmografía; pero, en mi opinión, debe creerse que las cartas que Sebastián Cabot dejó á Guillermo Worthington, y que, por desgracia, han desaparecido, presentaban con mucha anterioridad numerosas indicaciones de variación.
Uno de los objetos del viaje de Gali al Mar del Sur en 1582, fué observar con precisión las declinaciones magnéticas con un nuevo aparato inventado por Juan Jaime (_Viaje al estrecho de Fuca_, pág. XLVI). Mientras Pedro de Medina (_Arte de navegar_, Sevilla, 1545, lib. VI, cap. 3-6) expresa muchas dudas acerca de la existencia de la declinación, su contemporáneo Martín Cortés (_Breve compendio de la Sphera_, impreso en 1556, pero escrito en 1545) explica la distribución de las fuerzas, ó mejor dicho, la dirección de las líneas magnéticas en la superficie del globo por los _puntos de atracción_, situados cerca de los polos de la tierra. En 1588 Livio Sanuto, que adquirió sus conocimientos de magnetismo terrestre en las relaciones que le hacían de los descubrimientos de Sebastián Cabot, sitúa el polo magnético del N. «en 66° 9′ de latitud y 155° de longitud, según Ptolomeo, es decir, 36° al O. del meridiano de Toledo» (_Cosmographia_, páginas 11 y 12). En otra parte de su obra, dice Sanuto que Venecia, donde en su tiempo la declinación era de 10° al NE., está alejada 59° ½ de la línea sin declinación que él creía erróneamente dirigida de N. á S. y estar en el meridiano del polo magnético. Se ve, pues, que entonces se suponía este polo demasiado al S. y al E., fijándole en los 42° ó 49° ½ de longitud al O. de París, mientras Mercator lo adelantaba hacia el N. y el O. hasta la latitud de 74° y longitud de 154° E. (Mercator dice 180° al O. de las islas de Cabo Verde), longitud que correspondía al _estrecho de Aniam_, según creencia de entonces.
Las observaciones del capitán Ross dan para el polo magnético la latitud de 70° 5′ 17ʺ y la longitud de 99° 7′ 9ʺ. Sanuto habla de este polo casi con el mismo entusiasmo que el célebre navegante inglés. «Vería _alcum miracoloso stupendo effeto_ quien tuviera la dicha de llegar al polo magnético», que él llama _calamitico_, para nombrar así el imán de la tierra.
El P. Acosta, cuyas obras son las que más han contribuído al progreso de una geografía física fundada en observaciones, supo ya en 1589, por un piloto portugués muy hábil, que hay cuatro líneas sin declinación (_Hist. nat. de las Indias_, lib. I, capítulo 17). De esta idea, y á causa de las discusiones de Enrique Bond (_Longitude found_, 1676) con Beckborrow, dedujo Halley la teoría de los cuatro polos magnéticos.
[37] «En derecho de Sierra Leoa, donde se me alzaba la estrella del Norte, en anocheciendo, cinco grados.» Navarrete, I, página 256.
[38] De _Bahraïn_ ha podido hacer Colón _Bahrin_, _Ahrin_. Es la _Arados_ de Ptolomeo (VI, 7), que este geógrafo sitúa efectivamente á 91° 40′ de longitud de su primer meridiano; por tanto casi á mitad del paralelo de Cattigara y del cabo Sagrado. Colón añade «isla _Arin_, que es debajo la línea equinocial entre el sino Arábico y aquel de Persia, y el círculo pasa sobre el cabo de San Vicente en Portugal por el Poniente, y pasa en Oriente por Cangara y por las Seras.» Sin embargo, también pudo aludir Colón á una idea sistemática de los geógrafos árabes; á un pasaje de Abulfeda que dice: «que el país de Lanka (Ceylán), donde está situada la _Cúpula de la tierra ó Aryn_, encuéntrase bajo el Ecuador, en medio, de las dos extremidades, oriental y occidental, del mundo» (Sedillot, _Traité des Instruments astr. des Arabes_, t. II, Prefacio). _Aryn_ significa en árabe el punto medio, el justo medio (Silvestre de Sacy, _Not. et Extraits des Manuscrits de la Bibl. du Roi_, t. X, pág. 39). Abul-Hasan-Ali, de Marruecos, cuenta un poco confusamente sus longitudes, comenzando por un meridiano 90° al O. de Aryn (Sedillot, t. I, páginas 312-318).
[39] Navarrete, t. I, páginas 9 y 18. Colón predijo que el trigo y la viña podrían dar en Haïti abundantes cosechas como en Andalucía y en Sicilia. Véanse las notas entregadas en 1464 á Antonio Torres (Navarrete, t. I, página 229).
[40] Más allá del Ecuador, en la parte austral del Océano Atlántico, obsérvase una oposición climatérica semejante al NE. y SO. de las islas de Martín Vaz (lat. 20° 27′ S.) y Trinidad (latitud 20° 21′ S.): este cambio súbito en el estado del cielo y de la atmósfera, ha hecho considerar la isla de Trinidad como una columna oceánica elevada por la naturaleza para marcar el límite de dos zonas diferentes. Duperrey, _Hydr. du voyage de la Coquille_, 1829, pág. 68.
[41] De igual modo que los marinos ingleses distinguían en sus descripciones entre _fresh weed, weed much decayed_, sorprendió á Colón encontrar á veces reunidos _ramos de yerba muy vieja y otra muy fresca, que traía como fruta_. (Cree que los apéndices globulosos y pediculados son fruto del fucus.) Otro día anota que la hierba venía del E. al O., _por el contrario de lo que solía_ (Navarrete, t. I, pág. 16). Describe los crustáceos (esquilas) que anidan en el fucus acumulado: _un cangrejo vivo_ lo guardó el Almirante. Se admira de ver parajes sin hierba en medio de un mar que parecía coagulado (_la mar cuajada de yerbas_, _l.c._, páginas 10 y 12), y como naturalista observador distingue las distintas especies de fucus, los del Mar de Sargazo y los que son comunes alrededor de las islas Azores. «Vieron yerba de otra manera que la pasada, de la que hay mucha en las islas de los Azores; después se vido de la pasada.» (_Diario_, en 7 de Febrero de 1493.) Acerca de la frecuencia del fucus sobre los escollos próximos á las Azores, véase Manoel Pimentel, _Arte de navegar_, Lisboa, 1712, pág. 310.
[42] _Investigation on the Currents of the Atlantic Ocean_, 1832, pág. 70.
[43] Las pruebas de las afirmaciones que aquí hago han sido desarrolladas en una _Memoria_ sobre las corrientes en general y sobre el contraste que ofrece en particular una corriente de agua fría del Mar del Sur, con la corriente de agua caliente del _Gulf Stream_, que presenté á la Academia de Berlín el 27 de Junio de 1833.
[44] Esta distinción, hecha por mí en la _Rélation historique_, tomo I, pág. 202, la adoptó y siguió Mr. Rennell (_Inv._, página 184).
[45] De igual modo en los vastos matorrales del Noroeste de Europa están mezclados con la Erica (Calluna) vulgaris, las Erica tetralix, Erica ciliaris y Erica cinerea. Las _Ericetas_ de Europa del Sur presentan la asociación de la Ericeta arborea y la Ericeta scoparia. En otra obra he descrito la gran variedad de gramíneas que se advierte en los _Llanos_ y los _Pajonales_ de las planicies y mesetas de los trópicos que los indígenas americanos llaman poéticamente _mares de yerba_ y que aparentan una monotonía engañosa.
[46] Acerca del _mare herbidum_, véase Pedro Mártir de Anghiera, _Occeánica_, Déc. III, lib. IV, pág. 53. Colón expresa su opinión favorable á la adherencia primitiva del fucus á los escollos _próximos_, desde el primer día que entra en el Mar de Sargazo. He aquí sus palabras, consignadas por Las Casas en el extracto del _Diario_: «Aquí comenzaron á ver _manadas_ (acaso _manchas_) de yerba muy verde que poco había, segun le parecía, que se había desapegado de tierra, por lo cual todos juzgaban que estaban cerca de alguna isla.» El Almirante imaginó que en la parte del Océano donde se acumula el fucus es el agua menos salada (Navarrete, t. I, pág. 10); hecho refutado por las experiencias directas que el astrónomo de la expedición, de Krusenstern (_Reise um die Welt_, t. III, pág. 153), ha hecho del peso específico del agua en el Mar de Sargazo. La salazón aumenta bajo la capa de fucus flotante, porque esta capa, por la analogía con las observaciones que yo he hecho en aguas cubiertas de confervas y de lemna, aumenta la temperatura del agua del Océano en la superficie.
[47] Esta opinión ha sido emitida por Thunberg, pero sin prueba alguna tomada de la fisiología vegetal. Un botánico muy sagaz, Mr. Meyen, insiste en la notable analogía de los fucus con las algas de agua dulce, muchas de las cuales jamás tienen frutos y están desprovistas de raíces, de modo que sólo se desarrollan y multiplican por medio de nuevas ramas.
[48] The Sea of Sargasso may be considered as an eddy (_remous_, _tourbillon_), between the regular equinoctial current setting to the westward, and those easterly currents put in motion by the westerly winds a little to the northward of the parallel in which the trade-winds begin to blow (John Purdy, _Mem. on the Hydr. of the Atlantic Ocean_, 1825, pág. 221). «The Sea of Sargasso may be deemed the _recipient_ of the water of the Gulf-Stream of Florida: it is a deposit of _gulf-weed_ brought by the stream.» Rennell, _Inv._, páginas 27 y 71. Pero más adelante (pág. 184), el célebre hidrógrafo parece inclinarse á la opinión de que el fucus se renueva con el arrancado en los escollos próximos. El teniente Juan Evan, admirado también ante las grandes masas de fucus en el golfo de Méjico, «siente que no se sondee con más cuidado (_with the deep-sea line_) en el gran banco de fucus al O. de las Azores (lat. 30°-36°, longitud 43°-57°), donde algunas veces ha visto la mar cubierta, en una extensión de cuatro leguas marinas, de una espesa capa de fucus flotante» (_Journal du Vaisseau Belvedere_, Noviembre de 1810).
[49] Lo mismo opinan también M. Luccock en sus _Notes on Brasil_, y un marino muy distinguido, el capitán Livingston (Purdy, _Memoir on the Hidrog. of the Atlantic_, 1825, páginas 221-225).
[50] Cuando los barcos que cuentan con elementos para determinar con precisión las longitudes atraviesan el gran banco de fucus en el sentido de un paralelo, pero fuera de la banda que une los dos brazos, tiene muy pocas probabilidades de estudiar el fenómeno; y cuando, muy al E. del meridiano que consideramos en el estado normal como límite oriental del gran banco encuéntranse muchos días grandes grupos de fucus flotantes, igualmente espaciados y situados en la dirección de las corrientes, puede creerse que, navegando en rumbos poco diferentes del meridiano, no se ha tocado al verdadero banco longitudinal, y que el eje de la principal aglomeración está situado más al O. Á causa del minucioso trabajo que he hecho sobre esta materia, tengo pruebas de la existencia de estrías de fucus flotante en masas considerables en longitudes mucho más orientales de las que admite Rennell, como formando habitualmente el borde oriental del gran banco. Encuentro estas pruebas en las observaciones de Labillardiere, lat. 25°, longitud 31°--lat. 36° ½, long. 35° (_Rélation du voyage á la recherche de La Perouse_, t. II, pág. 331); de Mr. Lichtenstein, á su vuelta del cabo de Buena Esperanza, lat. 19° ½, long. 35° ¾--latitud 22° ½, long. 36° ¼; de Mr. Bory Saint Vincent, latitud 23° ½, long. 35°; de Mr. Gaudichaud en la expedición de _La Herminia_, lat. 27° ¾, long. 37° ¾--lat. 29°, long. 35° ½; de Mr. Freycinet, en el viaje de _La Uranie_, lat. 28° 31′, longitud 35° 55′--lat. 36° 1′, long. 35° 44′; del capitán Duperrey en el viaje de _La Coquille_, lat. 29° 54′, long. 31° 45′--lat. 31° 35′, longitud 31° 7′; de Mr. de Urbille en su viaje del _Astrolabe_, latitud 24° 51′, long. 32° 39′--lat. 26° 20′, long. 33° 39′--latitud 29° 5′, long. 30° 53′. He observado por mí mismo, en el trayecto desde la Coruña á Cumaná, pasando al NO. de las islas de Cabo Verde y 80° al E. del punto que _las cartas de las corrientes del Atlántico_, por el mayor Rennell, fijan como extremidad meridional del gran banco, masas considerables de fucus flotante (_Rélation historique_, t. I, pág. 271). Terminaré esta nota alegando testimonios de los resultados que oficiales de gran mérito, los Sres. Birch, Alsagar, Hamilton y Livingston, han obtenido desde 1818 á 1820, y que confirman por modo satisfactorio lo que creemos ser la _configuración normal_ de la banda de Corvo; del almirante Krusenstern, según Mr. Horner, lat. 26°, long. 39° ½ (_Reise um die Welt_., t. III, páginas 151-153); Kotzebue, en su viaje del _Rurick_, según el diario manuscrito de Mr. Chamisso, lat. 20°, long. 37° ½--lat. 30°, longitud 39° ¾; de Mr. Meyen, en su viaje alrededor del mundo, latitud 24°, long. 39° ½--lat. 36°, long. 43° ½. Al comparar estas longitudes, _reducidas siempre en esta obra al meridiano de París_, á la posición del eje del banco de fucus flotante, debe tenerse en cuenta la anchura del banco.
[51] Colón creía estar entonces en lat. de 34° ½ y long. de 53°; por tanto, al ENE. de las islas Bermudas. Es notable que, desconociendo esta observación de 1493 el mayor Rennell, sitúe el banco de fucus en los mismos parajes (véase la segunda carta del Atlas de las Corrientes), _much Gulf weed_.
[52] Como en los últimos tiempos hasta la primera tierra donde arribó la expedición del descubrimiento se ha puesto en duda, no se puede tener demasiada confianza en el empleo habitual del medio de corregir la _estima_ por la comparación de las posiciones de los puntos de partida y de llegada. Descubierta la primera isla el 12 de Octubre de 1492, continuó Colón su viaje hacia el Oeste, y llegó á la costa septentrional de Cuba (á los puertos de Tanamo, Cayo-Moa y Baracoa). Esta dirección hizo suponer á Navarrete que Guanahaní, la primera tierra descubierta, no es ni San Salvador Grande, en cuya isla hay un puerto en la punta SE. que aun lleva el nombre de _Columbos port_, ni la isla Watelin (Muñoz, § 137), sino un islote del archipiélago de las Turcas, llamado por los marinos franceses _Grande Saline_ y por los ingleses _The Grand Kay_ (Navarrete, t. I, pág. CV), al N. de Haïti, casi en el meridiano de Punta Isabela. Según Mayne, hay 4° 9′ de diferencia de longitud entre San Salvador y la _Grande Saline_ de las islas Turcas, situadas al E. de los Caycos y al O. de Pañuelo cuadrado. Tampoco su llegada á las Azores (á la isla de Santa María), cuando su vuelta á España, puede servir para corregir la _estima_ con certidumbre. Colón sufrió una gran tempestad que le tuvo errante desde el 13 al 17 de Febrero de 1493 en parajes donde la acción de las corrientes tiene una fuerza irresistible.
[53] Empleo esta expresión rara en el sentido que hoy le dan casi todos los pilotos españoles, oponiendo la mar agitada y tempestuosa al N. del paralelo 35° (el _golfo de las Yeguas_), á la mar tranquila y llana de los trópicos (el _golfo de las Damas_). En su origen, á fines del siglo XV y principios del XVI, la denominación de _golfo de las Yeguas_ sólo se aplicó á la parte del Océano Atlántico entre las costas de España y las islas Canarias, á causa del gran número de yeguas que morían en la travesía desde los puertos de Andalucía á las Antillas, y que eran arrojadas al mar antes de llegar á Canarias. Al S. de estas islas, los animales sufrían menos los balances del barco y se habituaban á la navegación. Oviedo (_Historia general de las Indias_, lib. II, cap. 9, fol. 12) dice que morían muchas más vacas que caballos, y que esta parte de mar al N. de Canarias se la debía llamar el _golfo de las Vacas_. Hoy dicen los pilotos españoles que se va á América por el _golfo de las Damas_ (Acosta, libro III, cap. 4) y que se vuelve por el _golfo de las Yeguas_, interpretando esta última locución de un modo impropio «por el aspecto de la gran ola espumosa que salta como una yegua».
Merece notarse que á pesar de la imperfección del arte náutico y de la incertidumbre de las rutas, se hicieron algunas veces, en los primeros tiempos de la conquista, muy rápidas travesías. Oviedo dice (_l.c._, pág. 13) que en 1505, mientras el emperador Carlos V estaba en Toledo, dos carabelas volvieron en veinticinco días de la isla de Santo Domingo al río de Sevilla.
[54] Sin duda á causa de este descubrimiento y de algunas aventuras semejantes, dijo Colón en su Diario (7 de Octubre de 1492), antes del descubrimiento de Guanahaní, que observaba el vuelo de las aves cuando van todas por la tarde en una dirección como para dormir en tierra, _porque sabía que las más de las islas que tienen los portugueses, por las aves las descubrieron_.
[55] Formaleoni, _Nautica dei Veneziani_, pág. 48. Es el _Vouga_ del mapa de Castro.