Part 19
[9] _Tercer viaje de Colón_ (Navarrete, t. I, pág. 255); _Vida del Almirante_, capítulos 19 y 66; en Barcia, _Hist._, t. I, páginas 17 y 76, y _Rélation historique_, t. I, pág. 506. «Yo siempre leí que el mundo, tierra y agua era esférico, y las autoridades y experiencias que Tolomeo y todos los otros escribieron de este sitio, daban é amostraban para ello, así que eclipses de la luna y otras demostraciones (determinantes de la figura) que hacen en Oriente fasta Occidente, como de la elevación del polo de Septentrión en Austro. Agora (al llegar á cien leguas al Oeste de las Azores), vi tanta disformidad, como ya dije, y por esto me puse á tener esto del mundo, y fallé que no era redondo en la forma que escriben, salvo que es de la forma de una pera que sea toda muy redonda, salvo allí donde tiene el pezón que allí tiene más alto, ó como quien tiene una pelota muy redonda y en un lugar de ella fuese como una teta de mujer allí puesta, y que esta parte de este pezón sea la más alta y más propinca al cielo (á la bóveda celeste), y sea debajo la línea equinocial y en esta mar océana en fin del Oriente; llamo yo fin de Oriente á donde acaba (el Este de Asia) toda la tierra é islas, é para esto allego todas las razones (astronómicas) sobreescriptas de la raya (el meridiano) que pasa al Occidente de las islas de los Azores, cien leguas del Septentrion en Austro, que en pasando de allí al Poniente ya van los navíos alzándose hacia el cielo suavemente, y entonces se goza de más suave temperancia y se muda el aguja del marear, por causa de la suavidad desa cuarta de viento, y cuanto más va adelante (al Oeste) é alzándose más, nuruestea, y esta altura causa el desvariar del círculo que escribe la estrella del Norte con las guardas (las estrellas β y γ de la Osa menor), y cuanto más pasase junto con la línea equinocial, más se subirán en alto y más diferencia habrá en las dichas estrellas y en los círculos dellas (alrededor del polo). Ptolomeo y los otros sabios que escribieron de este mundo, creyeron que era esférico, creyendo que este emisferio que fuese redondo como aquel de allá donde ellos estaban, el cual tiene el centro en la isla de _Arin_, que es debajo de la línea equinocial, entre el sino Arábico y aquel de Persia, y el círculo pasa sobre el cabo de San Vicente en Portugal por el Poniente y pasa en Oriente por Cangara (¿Catigara?) y por las Seras, en el cual emisferio no hago yo que hay ninguna díficultad, salvo que sea esférico redondo como ellos dicen; mas este otro digo que es como sería la mitad de la pera bien redonda, la cual toviese el pezón alto como yo dije, é como una teta de muger......» Al reproducir literalmente una parte de esta verbosa disertación del Almirante, he puesto entre paréntesis lo que puede facilitar la inteligencia del texto. Como los razonamientos científicos en la Edad Media debían fundarse siempre en algún texto del Stagirita, Colón añade que éste creyó las tierras que están vecinas del Polo _antártico_, «la más alta parte del mundo y más propincua al cielo; pero la hinchazón del mundo no está más que enesta parte debajo de la línea equinocial; y ayuda mucho esto que sea así porque el Sol, cuando nuestro Señor lo hizo, fué en el primer punto de Oriente, ó la primera luz fué aquí en Oriente.» No necesito añadir que este primer punto del Oriente, sitio del Paraíso terrenal, donde nacen los grandes ríos, es, según Colón, la extremidad oriental de Asia, y era la costa de Paria próxima al delta del Orinoco.
[10] Sorprenderá sin duda saber que á uno de los competidores de la gloria de Cristóbal Colón, Sebastián Cabot, el primero que descubrió la parte continental de América y que penetró audazmente en los mares del Norte, se le acusó de ser más bien gran cosmógrafo (teórico) que hábil marino. (Herrera, Dec. I, lib. X, cap. I.)
[11] «Ofresco lo mismo de ruibarbo y de infinitos géneros de aromas, que estoy ya persuadido han hallado y hallarán todavía los que dejé en la fortaleza» (la _población de Natividad_ en Haïti). Colón en su carta al tesorero Sánchez, 14 de Marzo de 1493 (Navarrete, t. I, pág. 193). «Creo haber encontrado almasiga como en Grecia, ruibarbo y canela.» Colón en su carta á Luis de Santángel, del 4 de Marzo de 1493 (Navarrete, t. I, página 173). El error no fué de Colón, sino de Vicente Yáñez Pinzón, que creyó reconocer el ruibarbo de Asia en la isla Amiga, hoy _Isla de las Ratas_ (Colón, _Diario del primer viaje_, 30 de Diciembre de 1492 y 1.º de Enero de 1493), y se envió una barca á la costa para coger el «que sirviera de muestra (en Barcelona) á los Reyes».
Rubriquis fué el primero que dió en Occidente las primeras nociones del uso del ruibarbo en el Cathaï. Marco Polo encontró esta raíz en la montañosa provincia de Succuir (So-tcheu), de donde el ruibarbo en el siglo XIII se distribuyó por el mundo entero. Se ve en el cuadro de las mercancías exportadas por las caravanas del interior del Asia, cuadro que publicó Balducci en 1335, que era entonces el ruibarbo un objeto importante del comercio del Caspio y de Alejandría. Como Colón creía estar en las tierras del gran Khan, buscaba con empeño las drogas que las factorías de los pisanos y de los genoveses en Crimea, Siria y Egipto enviaban con abundancia al Oeste de Europa. Especies de Rheum, muy distintas entre sí, producen en Asia el verdadero ruibarbo de las farmacias. El Himalaya y las mesetas del Nepaul tienen el Rheum Emodi, Wall y el Rheum spiciforme, Royle; la Mogolia, el Rheum palmatum; el Altaï, el Rheum leucorhizum, y Persia, el Rheum Ribes. Los médicos árabes emplearon el ruibarbo antes que los médicos cristianos de Italia y de España; pero imbuídos en los escritos de Dioscórides y de Plinio, confundieron siempre el Rha ó Rheon de Dioscórides, que es el Rhacoma de Plinio (XXVII, 12) ó Rhaponticum, planta astringente, con el ruibarbo de la Mogolia (_Salmos Exerc. Plin._, ed. 1619, pág. 796). Habiendo recorrido á mi vuelta de Siberia la Rusia meridional, pude convencerme de que no existe ninguna especie de Rheum entre el Samara, el Wolga y el Don, en el sistema hidrográfico del Rha; porque el gran _río_ (Rha), es decir, el Wolga, dió el nombre al _Rhacoma_ de Plinio, que Isidoro de Sevilla llama ya _Rheon (Rheum) barbaricum_. Un pasaje de Edrisi sobre las cualidades medicinales del za-ravand de Bégiaia (el Bugia de los marinos franceses), dió ocasión al error de creer que en las vertientes del Atlas había ruibarbo parecido al de Persia (Hartmann. _África_, página 220). El género Rheum falta completamente, según parece, en América.
[12] Véase mi _Rélation historique_, t. III, pág. 376. Los verdaderos pinos (sin duda el _Pinus occidentalis_), á propósito para palos de buques y «tan elevados que apenas se veían las cimas», los halló Colón en la costa occidental de la isla de Cuba, cerca de las sierras de Moa. También vió el espectáculo que con frecuencia me llamó la atención en Méjico de la mezcla de pinos y de palmeras, cerca de Baracoa (_Diario del primer viaje_, correspondiente á los días 25 y 27 de Noviembre de 1492); pero en la isla de Haïti, en las montañas de Cibao, descubrió Colón con sorpresa pinos sin piñas. «Abunda la tierra áspera del Cibao (de Civa, piedra) de pinos muy altos que no llevan piñas, por tal orden compuestos por naturaleza, que parecen azeytunos del Axarafe de Sevilla» (Herrera, Déc. I, lib. II, cap. 4, página 35). Los botánicos reconocen que no es posible caracterizar con más precisión las _Coníferas sin piñas_, la sección de las Coníferas de frutos _solitarios_ ó _simples_, el grupo de las _Taxineas_ de Richard (_Mem. sur les Cycadées et les Coniferes_, 1826, pág. 6, 105 y 124).
[13] «Vide muchos árboles que tienen un ramito de una manera y otro de otra, y tan disforme, que es la mayor maravilla del mundo, verbigracia: un ramo tenía las fojas á manera de cañas y otros á manera de lentisco; y así un solo árbol de cinco ó seis maneras; ni éstos son enjeridos, porque se pueda decir que el enjerto lo hace, antes son por los montes, ni cura dellos esta gente» (_Diario_, 16 de Octubre de 1492). Nada pinta mejor el entretejido de las plantas parásitas como el cándido trabajo que emplea el observador para probar que la mezcla y la salvaje abundancia de las hojas y de las flores no son producto de injertos (_Tableaux de la Nat._, t. II, pág. 51).
[14] Probablemente el cuarto de los ocho vientos de la brújula ú 11° ¼.
[15] La descripción de Colón no designa el _Fucus abies_ marina, Gmelin, que es una Cystoseira (Agardh). Á causa de la localidad, tiene que referirse al _Fucus natans_ (Linneo), mientras en la descripción de Scylax de Caryande (Huds. _Geogr. min._, t. I, páginas 53 y 54) creo que claramente se trata del _Fucus saculeatus_ (Linneo) ó _Sporochnus aculeatus_ (Agardh), que es un fucus litoral. Los supuestos frutos de _lentisco_ son las vejigas llenas de aire y de mucílago que contribuyen á que sobrenade el fucus.
[16] Este nombre de Leoa está escrito dos veces del mismo modo y otra tercera Lioa, en la carta de Colón. Sin duda es _Sierra Leona_, situada en la latitud de 8° 29′ 55″. Don Fernando dice que su padre retrocedió desde el 5° de latitud, navegando hacia el NO. en el paralelo del 7°. En el trazado de los cuatro viajes de Colón hecho por el Sr. Moreno, los rumbos y las distancias le hacen fijar como el punto más austral del _tercero_ el 8° de latitud.
[17] «La aguja noruesteaba desde prima noche media cuarta, y al amanecer, poco más de otra cuarta.» Estas palabras, de su hijo, no deben, sin embargo, hacer creer que Cristóbal Colón observó desde entonces los cambios de la variación horaria. Los medios que empleaba eran muy poco precisos para justificar esta conclusión.
[18] No ignoro que en gran número de obras muy estimadas (Tomás Young, _Lect. on Nat. Phil._, t. I, pág. 746; Hansteen, _Magnet. der Erde_, pág. 175) se cita una supuesta observación «de Pedro Adsiger», hecha en 1269, y de la cual habló Thévenot refiriéndose á un fragmento de carta que posee la biblioteca del Rey en París. Mi colega en el instituto M. Libri, que ha hecho un profundo estudio de la historia de las ciencias físicas, observa: 1.º, que hay error de nombre; la carta tiene la inscripción de: _Epistola Petri Peregrini de Maricourt ad Sigermum de Foucoucourt_ (las palabras _ad Sigermum_ han sido convertidas en _Adsiger_); 2.º, que el pasaje de la declinación magnética está intercalado y no se encuentra en el manuscrito de Leiden. No se debe, pues, atribuir la observación ni á Pedro Peregrini (Barlow, en las _Trans. phil._ de 1833, tomo II, pág. 670), ni á quien recibió la carta. Gilbert en su célebre _Phisiologia de Magnete_, 1633, lib. I, cap. I, asegura que en un tratado de Magnetismo terrestre fúndase Peregrini en las ideas de Roger Bacon.
[19] Livio Sanuto, _Geografía distinta in_ XII libri ne quali otra l’esplicatione di molti luoghi di Tolomeo é della bussola e dell’Agugua, si dichiarano le provincie, popoli e costumi dell’ Africa (Venecia, 1588). El autor de este curioso libro supo por su amigo Guido Gianetto di Fano que Cabot había explicado en su presencia al rey de Inglaterra Eduardo VI (no se sabe en qué año) la variación de la aguja, y el meridiano en que señalaba el verdadero Norte (situaba la línea sin declinación á 110 millas italianas al Oeste de Flores). Guil. Gilbert, _Phisiol. nova de Magnete_, 1633, pág. 5. M. Biddle, autor de la sabia _Memoir of Sebastian Cabot_, publicada en 1831, dice acertadamente (cap. 26, páginas 177 y 180) que una nota puesta en el Mapamundi de Ptolomeo, añadido á la edición romana de 1508, nota según la cual «cerca de Terranova y de la isla Bacalaurus», la brújula no gobierna _nec naves quæ ferrum tenent revertere valent_, parece fundada en las ideas de Cabot relativas á la posición y á la proximidad del polo magnético boreal. Si se debiera conceder á Sebastián Cabot el mérito de haber observado la variación de la aguja antes que Colón, lo cual es imposible teniendo en cuenta la fecha del primer viaje del Almirante, este mérito no dataría del año 1549, como supone Fontenelle (_Mem. de la Acad._, 1712, pág. 18), sino ascendería al año de 1497, en que Cabot llegó antes que otro alguno á la tierra firme de la América septentrional.
El ingenioso historiador de la Academia reclama también á favor de un piloto de Dieppe, llamado Crignon, el haber indicado la declinación de la aguja el año 1534 en un manuscrito, que poseía el geógrafo Delisle. Pero estas reclamaciones no tienen valor alguno supuesto que con tanta precisión fija el _Diario_ de Colón la fecha del 13 de Septiembre de 1492, correspondiente al día en que, por primera vez, se observó la declinación magnética. ¿Será acaso Crignon el piloto francés de Dieppe que vió pasar la línea sin declinación por las islas de Cabo Verde, y á quien cita Miguel Coignet en una obra notabilísima impresa en Amberes en 1581 con el título de _Instruction nouvelle des points plus excellens et necessaires de l’art de navigues_, cap. 3, página 12?
[20] Esta brújula acuática de los chinos, semejante al pez imantado de los antiguos pilotos indios y al lagarto de los birmanes, la emplearon también los marinos franceses en tiempo de San Luis, y de aquí proviene acaso el nombre de _calamita_ ó _rana verde_ dado á la aguja imantada, denominación que se encuentra en Plinio, XXX, 42, pero aplicada al reptil llamado rubeta.
[21] Según las observaciones magnéticas hechas en Pekín por M. Kovanko en la casa magnética que á ruego mío ha hecho construir el Emperador de Rusia en la capital de la China, la declinación era de nuevo en 1831 de 2° 3′ hacia el Oeste (Kupfer, en los _Anales de Poggendorf_, 1835, núm. 1, pág. 54). El padre Amiot, en los años de 1780-1782, veía ya oscilar la declinación magnética en Pekín de 2° á 4° ½ hacia el Oeste (_Mémoires concernant les Chinois_, vol. IX, pág. 2; vol. X, pág. 142); pero en un espacio de 670 años la _línea sin declinación_ puede haber pasado muchas veces por Pekín. La propiedad directriz de la aguja imantada, es decir, la propiedad de colocarse en un plano que sólo forme determinado ángulo con el meridiano del sitio, fué conocida en China 1.100 años antes de Jesucristo. El historiador Szumathsian, cuyo _Szuki_, ó Memorias históricas, fué escrito en la primera mitad del siglo II de nuestra era, dice que el emperador Tchhingwang regaló en el año 1100 antes de nuestra Era, á los embajadores del Tonkín y de Cochinchina, que temían no encontrar su camino, cinco _carros magnéticos (tchinankiu), carros que indican el Sur_ por medio del brazo móvil de una figurita cubierta con traje de plumas. Á estos carros se añadía un _hodometro_, es decir, otra figurilla que daba golpes en un tambor ó una campana cuando el carro había recorrido uno ó dos _li_. El célebre diccionario _Chuenen_, que terminó su autor Hiutchin en tiempo de la dinastía de los Han, año 121 de Jesucristo, describe la manera de recibir una aguja la propiedad de indicar la dirección del Sur por el imán. También conocían los chinos que el calor disminuye esta fuerza directriz. En tiempo de la dinastía de los Tsin, y por tanto en el siglo III de nuestra era, gobernaban los chinos sus barcos con arreglo á las indicaciones magnéticas. En el _Tchinlafungthuki_, ó descripción del país de Cambodja, obra publicada recientemente en París, pero escrita en 1297 en el reinado del Khan Timur, las rutas ó direcciones de la navegación están siempre indicadas con arreglo á los rumbos de la brújula.
El uso de la aguja imantada lo introdujeron en Europa los árabes, como lo prueban las denominaciones de _zohron_ y _aphron_ (Sur y Norte), dadas en el _Speculum naturale_ de Vicente de Beauvais á los dos polos del imán. (El _Libro de las piedras_, que los árabes atribuyeron á Aristóteles y cita Alberto el Grande «como prueba del uso del imán en la marina», es apócrifo y acaso de la misma época que el tratado árabe de las piedras de Teïfachi y Beilak Kiptchaki.) Los primeros que en Europa hablaron de la brújula, pero en el sentido de ser su uso conocido, como instrumento necesario á los marinos, fueron Guyot de Provins en un poema político satírico titulado _La Biblia_, compuesto en 1190, y el obispo de Ptolemaïs, Jacobo de Vitry, en su _Descripción de Palestina_, escrita entre 1204 y 1215.
La prueba que ha querido M. Hansteen deducir del _Landnamebok_ para suponer que los noruegos usaron la brújula en el siglo XI, queda anulada por las investigaciones de M. Kämtz (Klapr., páginas 41, 45, 50, 66, 90 y 97).
Las obras del célebre mallorquín Raimundo Lulio (por ejemplo, su tratado _De contemplatione_, escrito en 1272, cap. CXXIX, § 19, y cap. CCXCI, § 17) y el texto de antiguas leyes españolas prueban que á mediados del siglo XIII los marinos catalanes y vascos usaban comunmente la brújula (Capmany, _Cuestiones críticas_, 1807, _Cuestión_ 2.ª, pág. 38; y _Comercio antiguo de Barcelona_, t. III, páginas 72-74).
En el desarrollo progresivo de los conocimientos sobre el imán, preciso es distinguir: 1.º, la observación de los fenómenos simples de atracción ó de repulsión; 2.º, la dirección de una aguja móvil como efecto del magnetismo terrestre; 3.º, la variación ó la observación de la diferencia entre el meridiano magnético y el meridiano del sitio en que se opera; 4.º, el cambio de variación en diferentes sitios de la tierra; 5.º, los cambios de variación horaria; 6.º, la observación de la inclinación y de la intensidad magnética.
[22] Podía añadirse, según creo, desde nuestra salida de Guadalupe.
[23] Así dice la edición de Barcia; el sentido exige acaso _nordesteaban_, como, al parecer, prueba el fragmento de la carta de 1498 antes publicado. Colón dice allí claramente: «Antes de pasar la raya de 100 leguas al Occidente de los Azores, por consecuencia entre esta banda y España, _las agujas (fasta entonces) nordesteaban._»
[24] Biddle, _Mem. of Seb. Cabot_, pág. 222. No se sabe con exactitud ni el año de la muerte ni el sitio de la sepultura de este gran marino, «que dió á su patria casi un continente, y sin el cual acaso no se hablara la lengua inglesa en América por tantos millones de habitantes».
[25] _Mem. de la Acad._, 1712, pág. 19.
[26] _Tractatus sive Physiologia nova de Magnete, magneticis corporibus et magno Magnete tellure_, ed. Wolfg. Lochmans; Sedini, 1633 (la primera edición es de 1600), lib. IV, capítulo IX, pág. 164.
[27] _L.c._, lib. V, cap. VIII, pág. 195. Este empleo de la _inclinación_, que Gilbert llama siempre (lib. V, capítulos I-XII) _declinatio magnetica_, y cuya existencia negaron D. Pedro de Medina (_Arte de navegar_, Sevilla, 1545, páginas 212-221) y Sanuto (_Geographia_, lib. I, pág. 6), es tanto más notable, cuanto que la brújula de inclinación no la inventó Roberto Normann hasta 1576. La posición del ecuador magnético, en el cual la inclinación es nula, no la conoció Gilbert, quien, como Hauy, llama polo Sur á la punta de la aguja que se dirige hacia el polo Norte (lib. I, cap. IV, pág. 16). Creía que el ecuador magnético coincide con el ecuador terrestre (lib. V, cap. I, pág. 182).
[28] Al volver de mi viaje á América he demostrado cómo la inclinación puede indicar en el Mar de Sur, en las brumosas costas del Perú, la _latitud_ con precisión bastante para las necesidades del pilotaje. Véase la Memoria que, en unión de M. Biot, publiqué sobre las variaciones del magnetismo terrestre en diferentes latitudes, en el _Journal de Physique_, t. LIX, páginas 448-450.
[29] Hay cuatro causas de error: la de la _estima_ de la dirección del barco, la de la observación magnética y la de los instrumentos y efemérides, tan imperfectos. En el texto me he atenido á las longitudes determinadas por Moreno y Navarrete en el trazado de los viajes de Colón. Según este trazado, lejos de encontrar el Almirante, como pretende, el 13 de Septiembre de 1492 la línea sin declinación á 100 leguas de distancia del meridiano de Corvo y de Flores, no llegó á esas 100 leguas hasta el 17 ó 18 de Septiembre. Además, la situación del barco en 21 de Mayo de 1496 debió ser, según las investigaciones del Sr. Moreno acerca de los rumbos de Colón, no al Oeste del meridiano de Flores, sino en el meridiano de la isla de Pico. Los _puntos de estima_ del Almirante, visto el impulso de las corrientes hacia el Sureste, debían estar delante de sus verdaderas posiciones. No puede esperarse conseguir mucha precisión en resultados que dependen de tantos datos inciertos (del rumbo, de la distancia recorrida, de la desviación que producen las corrientes, de la lentitud del cambio de la declinación magnética, etc.); pero hay una circunstancia que, al parecer, autoriza á dar una posición más occidental á la línea sin declinación en 1492 y 1496. Colón insiste muchas veces en el hecho físico de la coincidencia de esta línea con el borde del _Mar de Sargazo_, es decir, con la gran banda de fucus que se extiende casi de Norte á Sur entre los 22° y 41° de latitud. «Cuando las agujas comienzan á dirigirse al NO., dice, comienzo á entrar en las yerbas» (la zona de fucus). Ahora bien; es indudable que el límite oriental de los fucus está al Oeste de Corvo, por encima de los 44° de latitud, y que generalmente se mantiene entre los 37° ¼ y 40° de longitud, esto es, á 80 ó 140 leguas marinas de distancia al _Oeste_ de Corvo.
[30] _Untersuch. über den Magnetismus der Erde_, 1819. Atlas, tab. I. En la Geografía física del P. Acosta (su _Historia natural de las Indias_ merece bien este nombre) hay una prueba también convincente de la dirección de la línea sin declinación de las Azores del NE. al SO. Acosta (lib. I, cap. XVII, pág. 64) dice que en su tiempo, 1589, se encuentra la variación hacia el Oeste cuando, desde el meridiano de Corvo, se va á más altura (en latitud), y que la variación es más oriental cuando se baja de latitud, aproximándose al ecuador en el mismo meridiano.
[31] He dado numerosos ejemplos de estos cambios por la comparación de mis propias observaciones de inclinación, hechas en épocas lejanas unas de otras, en Poggendorf, _Journ. der Physik_, 1829, t. XV, páginas 321-327. Véase también una excelente Memoria de Mr. Hansteen sobre la traslación de la curva sin declinación en el Oeste de Siberia, de 1769 á 1829, de Este á Oeste desde Orsk á Uralsk, y sobre las variaciones seculares de la inclinación, en Poggend., t. XXI, páginas 414-430 y tab. V.
[32] Cuando me encontraba en la costa de Paria y en las tierras costeadas por los barcos de Colón en 1498, creí durante algún tiempo que el cabo designado por Colón con el nombre de _Punta de la Aguja_ (Navarrete, t. I, pág. 250), como sucede con la Punta de las Agujas en la extremidad meridional de África era un _antiguo punto sin variación magnética_. Pero la Punta de la Aguja de Colón es el cabo que los españoles llaman hoy la _Punta de Alcatraces_, y está, por tanto, 3° 25′ al Este de la curva sin declinación que con Colón hemos fijado, para el año de 1498, á los 68° 15′ en el paralelo de 12° 45′.
[33] Creyendo Gilbert (_Tractat. de Magnete_, 1633, páginas 42, 98, 152 y 155) que la forma de las curvas de variación dependía también de la configuración de los continentes y de la interposición de valles oceánicos profundísimos, admitía necesariamente la fijeza de las curvas, y hacía pasar en 1600 la línea de declinación por el mismo sitio donde la encontró Colón en 1492 (_Variatio uniuscujusque loci constans est_). Búrlase de los polos magnéticos de Frascatoro, el célebre contemporáneo de Colón (_Rejicienda est vulgaris opinio de montibus magneticis aut rupe aliqua magnetica aut polo phantastico á polo mundi distante. Magnus magnes ipse est terrestris globus_). Las agujas, en su opinión, se dirigen hacia las regiones donde aparece sobre el nivel del agua mayor cantidad de masa sólida y donde la superficie del núcleo terrestre (_cor terræ, inæqualitas globi magnetici sub continentibus et in marium profunditate_) se acerca más á la capa exterior.