Part 18
El _Opus epistolarum_ de Pedro Mártir es también una importante recopilación de los fenómenos físicos. (Carta 310): aparición de un gran cometa en Julio de 1506; cartas 430 y 769: grandes terremotos en Constantinopla en Octubre de 1509, en el reino de Granada, en el África septentrional y en las islas Azores[306], que el autor llama Cassitérides, durante el verano de 1522; carta 465: descripción detalladísima de una enorme caída de aerolitos cerca de Crema, en las márgenes del Adda, el 4 de Septiembre de 1511 al mediodía. Al fenómeno acompañó una grande obscuridad en la bóveda celeste y explosiones luminosas. «Est Brixiæ Bergamoque ducatus Mediolani urbibus, ex Adriatici leonis faucibus nuper ereptis, insigne municipium nomine Crema vicinum. Fama est, pavonem immensum pridie nonas Septembris, in aëre, Cremensi plaga fuisse visum. Pavo visus in pyramidem converti, adeoque celeri ab occidente in orientem raptari cursu, ut in horæ momento magnam hemisphærii partem, doctorum inspectantium sententia, pervolasse credatur. Ex nubium illico densitate, tenebras ferunt surrexisse, quales viventium nullus unquam se cognovisse fateatur. Per eam noctis faciem, cum formidolosis fulguribus, inaudita tonitrua regionem circumsepserunt. Fulgurum fuit adeo perlucens rabida flamma ut apertius ex Bergamo sita in montibus urbe planitei Cremensi imminenti, Cremensem agrum despexerint montani Bergamenses, quam per claram queat despectari diem. Ex horrendo illo fragore, quid irata natura in eam regionem pepererit, percunctaberis. Saxa demisit in Cremensi planitie (ubi nullus unquam æquans ovum lapis visus fuit) inmensæ magnitudinis, ponderis egregii. Peremptos in fluminibus pices, interfectos in aëre volucres, trucidatas in agris pecudes ferunt innumeras. Decem fuisse reperta centilibralia saxa ferunt.» Los aerolitos fueron proyectados con tal violencia «ut suo pondere et impetu terram elevarent concussam ad quindecim hominum staturas, vineasque submersisse Cremenses dicant non paucas. E saxis grandioribus Mediolanum unum allatum est, librarum Mediolanensium centum decem. Id religiose á meis civibus, rei miraculo percussis, servatur. Pondus auro non levius, color est semiglaucus, odor sulphureus. Margaritam æmulatur metallariam; mira super hisce prodigiis et quomodo hæc saxa gignantur conscripta fanatice, physice, theologice ad nos missa sunt ex Italia.» Pedro Mártir recibió un pedazo, del tamaño del puño, que enseñó al rey en presencia del gran capitán Gonzalo de Córdova. Probablemente era un fragmento interior, desprovisto de la costra, porque observador tan exacto hubiera dado cuenta de ella.
Cardan supuso que esta lluvia de aerolitos de Crema fué lanzada por un cometa. En efecto Riccioli ha descrito uno correspondiente á esta época; pero siendo común entonces confundir con la misma denominación los bólidos con los cometas, quizá Cardan no quiso situar el origen de los aerolitos fuera de la atmósfera terrestre.
Termino la enumeración de estos fenómenos físicos por el del cambio del nivel del Mediterráneo, observado á principios del año de 1520 en Valencia (carta 656) y por las coronas luminosas vistas en Austria en 1522, de las cuales recibió Carlos V un _dibujo detallado_ (carta 783).
La independencia de ánimo con que Pedro Mártir trata los movimientos de los pueblos y los errores de los gobiernos, las revoluciones de Italia y la ambición de los Papas, encontrárnosla también en la vivacidad con que combate la impostura de la antigua física dogmática y mística. «Viro perillustri, nostra tempestatis principi literarum, Joanni Pico Mirandulano assentio qui astrorum penitus negat potestatem in elementis, multa adducens in medium exempla de nostrorum temporum Astronomis, in mendacibus nugis sæpe deprehensis, ingentes pluvias prædicando cum eo tempore serenos cœlum vultus ostenderit; et e converso, tranquillam aëris regionem promittendo quando gravibus nimbis et procellosis turbinibus postea cœlum et terra quatiebantur.»
He creído oportuno copiar estos párrafos de las cartas de Pedro Mártir de Anghiera, dirigidas á los hombres más ilustres de una época admirable en que la emulación por la gloria estallaba por todas partes.
Los contemporáneos de Anghiera, como, por ejemplo, Gonzalo Fernández de Oviedo, le han censurado con razón lo incorrecto de algunas afectaciones de estilo. Su agitada vida, sus ocupaciones administrativas y políticas y el apresuramiento extremo con que escribía (algunas veces al sentarse á la mesa para comer, según confesión propia) sus cartas y sus _Décadas_, podrían servir de excusa; porque, como ingenuamente dice el célebre historiador D. Hernando de Pulgar, en su carta dirigida á la reina Isabel de Castilla, que pretendía aprender á escribir latín, hay un latín puro y severo que rara vez logran poseer los hombres de negocios. (_Mucho deseo saber cómo va Vuestra Alteza en el latín que aprendeys: dígolo, Senhora, porque hay algún latín çahareño que no se dexa tomar de los que tienen muchos negocios: aunque yo confío tanto en el ingenio de Vuestra Alteza, que si lo tomays entre manos, por soberbio que sea, lo amansareys, como aveys hecho otros lenguajes._ Véanse _Los Claros Varones de España y las letras de F. de Pulgar_, Amst., 1670, página 40.) El historiador, según las investigaciones de Julián Magón, murió dos años antes de la llegada de Pedro Mártir á la corte de España, quien siente no haber podido consultarle.
La rapidez con que circularon por toda Europa las primeras relaciones de descubrimientos del Nuevo Mundo, relaciones que frecuentemente formaban corto número de páginas incorrectamente impresas, prueba lo que preocupaban á la opinión pública estos grandes acontecimientos. «El papa León X, por la tarde, después de comer, leía á su hermana y á los cardenales, _serena fronte_, y hasta la saciedad, las Décadas de Anghiera.» El mismo autor nos lo dice[307], como también que no se decide á salir de España, porque en ella encuentra la fuente de las grandes noticias de las Indias occidentales. Una posición que le proporciona tales ventajas, le infunde la esperanza de que llegará su nombre, como historiador[308], á la posteridad más remota.
Cité al principio de esta obra la carta de Anghiera dirigida á Pomponio Lætus, que comienza con las notables palabras: «Præ lætitia prosiliisse...» Puede sorprender la fecha de esta carta (29 de Diciembre de 1493), cuando se recuerda que Colón partió para su segundo viaje el 25 de Septiembre de 1493, y que en la carta á ese mismo Julio Pomponio Lætus d’Amendalaro (conocido generalmente con los nombres de Sabino y de Petrus Calaber) hablase ya de las noticias que Colón había dado á Anghiera sobre el triste estado en que encontró la isla Hispaniola y acerca del asesinato de los treinta y nueve castellanos en el fortín de Navidad.
Examinando documentos dignos de fe, encuentro que á los treinta y nueve días de la partida de Cádiz llegó Colón á la isla Dominica, y á los cincuenta y ocho á la Hispaniola. Llegado el 27 de Noviembre de 1493 á Cabo Santo, cerca de las ruinas del fortín Navidad, difícilmente pudo Colón dar noticias á Pedro Mártir de Anghiera á fines de Diciembre del mismo año. Sabemos con certidumbre que Antonio de Torres, que debía llevar los primeros despachos de Colón á Europa, no pudo partir de la Hispaniola hasta el 2 de Febrero de 1494. Estas fechas son las que también consigna el Sr. Muñoz en la _Historia del Nuevo Mundo_, y están conformes con lo que resulta de la carta del médico Chanca. Se deduce de estas investigaciones, que acaso parezcan minuciosas, que, al coordinar las diferentes partes del _Opus Epistolarum_, de Anghiera, se ha equivocado el año, y que la carta á Pomponio Lætus, tantas veces citada, es, por lo menos, de Diciembre de 1494.
Confirman esta sospecha las frases que emplea Anghiera en carta dirigida al mismo sabio en 4 de Enero de 1495, fechada en _Complutum in Oretania_ (Alcalá de Henares). Habla á su amigo «de una carta escrita _hacía pocos días_, que creyó interceptada, y que contenía la indicación de la posición astronómica de la Hispaniola». Ahora bien, dicha posición está consignada en la carta 152, que comienza con estas palabras: _Præ lætitia prosiliisse_.
El noveno y el décimo libro de las cartas de Anghiera presentan errores de fechas mucho más curiosos todavía. La carta 168 es una mezcla de cosas sucedidas en 1496 y 1498; está fechada en Octubre de 1496 y habla del descubrimiento de Paria, cuya noticia no llegó á España hasta que la trajeron los cinco navíos enviados de Haïti, en los últimos días de Diciembre de 1498. Con dos cartas se ha formado una sola.
De igual modo las cartas 181, 185 y 202, fechadas en Septiembre y Noviembre de 1497 y en Febrero de 1499 hablan de la llegada de navíos portugueses desde el cabo de Buena Esperanza á Calicut y de los peligros que, por este suceso, amenazaban al comercio italiano. (_Damasceni et Alexandrini mercatores_, escribe Anghiera en la carta 181, que se cree del 1.º de Septiembre de 1497, _incommodum ingens sibi affuturum ex Portugalensium commercio, olfaciunt. Portugalenses, Alexandrinos et Damascenos mercatores ad medullas extenuant._) Las cartas 181, 185 y 202 no pueden corresponder á las fechas indicadas, porque Vasco de Gama no dobló el cabo de Buena Esperanza hasta el 20 de Noviembre de 1497; llegó á Calicut el 18 de Mayo de 1498, y de vuelta á Portugal el 19 de Julio de 1499. La carta 181 anuncia, por consecuencia, acontecimientos que se realizaron nueve meses después, y de los que probablemente no se tuvo noticia en España hasta cinco meses más tarde de la fecha supuesta en la carta 202.
Las _Décadas oceánicas_, cuyo estilo corrigió, sin examinar el fondo, el célebre literato Antonio de Nebrija, están igualmente llenas de estos errores de fechas[309].
En la carta de Anghiera al conde Juan Borromeo (14 de Mayo de 1493) es donde por primera vez se nombra al Almirante: _Post paucos inde dies rediit ab antipodibus occidius_ (el solemne recibimiento de Colón en Barcelona se verificó en un salón y no, como se ha dicho con frecuencia, al aire libre, en los últimos días de Abril), _Christoforus quidam Colonus, vir Ligur, qui a meis Regibus ad hanc provinciam tria vix impetraverat navigia; quia fabulosa, quæ dicebat, arbitrabantur_[310].
Terminaré este Apéndice citando las cartas de 1493 que se refieren á Cristóbal Colón (Archithalasso, _Novi orbis repertori_); encuéntranse en las páginas 72, 73, 74, 75, 76, 77, 81, 84, 85, 88, 89, 90, 92, 93, 96, 101, 102 y 116 de la edición de Amsterdam de 1670. (Compárese en la edición de Alcalá de Henares de 1530, páginas 71, 81, 84, 89, 92, 95, 116, etc.)
Llama la atención ver designado al Almirante en una carta de Anghiera con la frase _Christophorus quidam Colonus_, «porque es positivo que Anghiera le conoció, aun antes de la toma de Granada» (Navarrete, t. I, página LXVIII).
El navegante que debía dar un Nuevo Mundo á España, á quien el geómetra Toscanelli en 1474 y el Rey de Portugal en 1484 dirigían las cartas más halagüeñas, pues el Rey hasta le llamaba _su especial amigo_, tenía el gran defecto de ser pobre y estar mal vestido. Para los marinos del puerto de Palos y para los caritativos monjes del convento de la Rábida era, en 1491, un individuo «_que ninguna persona conoscía_». Estas son las palabras del médico García Hernández en el famoso proceso del _fiscal del Rey_ contra Diego Colón (Navarrete, _Colección diplomática_, t. II, pág. 578).
APÉNDICE IV.
LOS LIBROS CITADOS POR CRISTÓBAL COLÓN.
Al leer lo que nos ha quedado escrito de mano de Colón y lo que su hijo D. Fernando extrajo de sus manuscritos, he fijado particular atención en los autores que cita el grande hombre y que pudieron inspirarle ideas favorables á sus esperanzas. He aquí, pues, una lista sucinta de estos autores, excluyendo las Santas Escrituras y los Padres de la Iglesia, en los que le hemos visto singularmente versado: Aristóteles (_De Cœlo_ y _Mirabausc._), Julio César, Estrabón, Séneca, Plinio, Ptolomeo, Solino y Julio Capitolino[311], Alfragano (Alfergani), Avenruyz (Averrhoes), el rabí Samuel de Israel[312], natural de Tis (cartas dirigidas por este judío al jefe de la sinagoga de Marruecos en el año 1000, traducidas por Fr. Alonso Boni-Hominis, _Hispanor._ Ord. prædicat., 1438); Isidoro (Obispo de Sevilla), Beda, Strabus (á quien Colón llama Strabo[313], y no es otro que el sabio abate de Reichenau, Walafriedo Strabo), Scoto (sin duda Duns Scoto, porque Colón cita también al escotista Francisco Mayronis, _magister abstractionum, doctor acutissimus_), el abate Joaquín de Calabria, el matemático Sacrobosco, el franciscano normando Nicolás de Lyra, cuyas opiniones cosmológicas, según la relación del obispo Geraldini, fueron con frecuencia contrarias á las de Colón; el rey Alfonso el Sabio y los sabios moros que el Rey empleaba como traductores; el cardenal de Ailly (Pedro de Heliaco), Gerson (seguramente el canciller de la Universidad de París, Juan Charlier de Gerson, el _doctor christianissimus_ que tanto contribuyó á hacer quemar á Juan Huss y de quien Colón vió algunas obras unidas á las de Alliaco, y no el astrónomo y comentador de Aristóteles, Leví ben Gerson); el papa Pío II (Eneas Silvio Piccolomini, autor del tratado geográfico _Asiæ Europæque descriptio_, y cuyo cuadro de costumbres asiáticas creyó reconocer Colón en la costa de Veragua)[314]; Regiomontano (Juan Müller: no le encuentro citado, pero parece cierto que el Almirante calculaba conforme á las Efemérides que se publicaron con el nombre de Regiomontano hacia los años de 1475-1506); Toscanelli y, acaso por éste, al viajero Nicolás de Conti.
No menciono á Mandeville y Marco Polo, porque Colón jamás los cita, y me sorprende el aserto de que el navegante llevaba á bordo de su buque el manuscrito de Marco Polo (Washington Irving, t. IV, pág. 297), porque todos estos nombres, entonces tan célebres, de Zaitum, Catay, Quisay (Quinzay), Mango y Cipango podía conocerlos por la carta de Toscanelli de 1474, en la que alude á Marco Polo, sin nombrarle. El sabio Navarrete (t. I, pág. 13) es también de contraria opinión á la mía, y dice, sin presentar prueba, que Colón había leído el viaje de Marco Polo. Yo sigo dudándolo.
Cuando se recuerda la vida de Cristóbal Colón, sus viajes desde la edad de catorce años á Levante, á Italia, á Guinea y á América, sorprende esta extensión de conocimientos literarios en un hombre de mar del siglo XV.
En su carta á los Monarcas, escrita en Haïti en 1498, cita, al hablar de mil contrariedades políticas, y en una misma página, á Aristóteles y Séneca, Averrhoes y al filósofo Francisco de Mairones; y los cita, no por nombrarles y por vana ostentación, sino por serle familiares sus opiniones y acudir á su imaginación al correr de la pluma, porque la índole del estilo y la incoherencia de las ideas atestiguan la rapidez de la redacción.
Mucho menos dotado de erudición teológica Vespucci que Colón, invoca á los poetas Dante y Petrarca; pero, á excepción de algunas estrofas de la tragedia _Medea_ de Séneca, en las que creyó ver el anuncio del descubrimiento del Nuevo Mundo, y á excepción también de algunos malos versos castellanos que hay en el _Libro de las Profecías_, y que temo sean ensayos poéticos de Colón, éste nunca mostróse aficionado á las obras puramente literarias. Había poesía, sin duda, en su vida y en sus sentimientos más íntimos, como la hay en todos los hombres famosos por sus grandes descubrimientos ó empresas aventureras, y prueba de ello son las cartas del Almirante escritas en momentos de peligro, de grandes dolores ó de justa indignación. Entonces el lenguaje se ennoblece, y la imaginación ardiente del viejo marino revélase en la enérgica pintura de su situación.
En otra obra (_Essai politique sur l’ile de Cuba_) hice observar la elevación de estilo y los instintos poéticos de Colón; baste recordar aquí las cartas al Rey y á la Reina del mes de Octubre de 1498 y de 7 de Julio de 1503, y las quejas dirigidas en Noviembre de 1500 al _ama_ del Infante D.ª Juana de la Torre, cuando le quitaban los grillos á su llegada á Cádiz.
La afición á los libros y á la erudición que encontramos en el Almirante, en un siglo en que los libros impresos eran bastante raros, contagió, según parece, á los que navegaban con él. Un documento curioso, conservado en los archivos del Duque de Veragua, es elocuente testimonio de ello. Diego Méndez acompañó al Almirante en su cuarto y último viaje, que fué el más peligroso de todos. Habíase embarcado como _escudero_ á bordo de la carabela _Santiago de Palos_, cargo que se daba, según las circunstancias, hasta á los monjes y á los médicos, y distinguióse por la intrepidez con la cual, en una canoa abierta, pasó á remo desde Jamaica á la isla de Haïti, para procurar socorro á Colón. Su testamento, hecho en Sevilla el 6 de Junio de 1536, no se parece á ningún documento de esta clase. En él refiere Méndez sus aventuras en América y sus conversaciones con el _gran Almirante_, á quien con frecuencia ha salvado la vida y que no le ha cumplido ninguna de las promesas que le hiciera en los momentos de peligro ó cuando Colón, enfermo de gota, veía próximo su fin.
Méndez, que nada poseía, termina, sin embargo, su testamento instituyendo un _mayorazgo_, que consiste en un mortero de mármol, algunas escrituras encerradas en una caja vieja de cedro, y nueve libros. «_Ya dije, hijos míos, que estos libros os dejo por mayorazgo._» ¿Y qué libros eran? Un ensayo sobre la venganza de la muerte de Agamenón, _Josephus_, _De bello Judaico_, la _Filosofía moral_ de Aristóteles y cuatro Tratados de Erasmo de Roterdam, cuyos rasgos satíricos no debían ser muy agradables al clero de la Península.
FIN DEL TOMO II Y ÚLTIMO.
ÍNDICE.
Páginas. HECHOS RELATIVOS Á CRISTÓBAL COLÓN.
I.--Condiciones personales de Cristóbal Colón. 5
II.--Influencia de la longitud en la declinación de la aguja magnética. 21
III.--Inflexión de las líneas isotermas. 40
IV.--El mar de Sargazo. 47
V.--Dirección de la corriente general de los mares tropicales. 67
VI.--Configuración de las islas y causas geológicas que influyeron, al parecer, en esta configuración, en el mar de las Antillas.--Situación del paraíso terrenal, según Colón.--Es el primero que observa una erupción del volcán de Tenerife. 75
VII.--Influencia del descubrimiento de América en la civilización. 100
VIII.--Cuál fué la primera tierra que descubrió Colón. 109
IX.--Los escritos de Cristóbal Colón. 155
X.--La esclavitud de los indios. 179
XII.--Carácter de la primera colonización en América é infundada acusación de avaricia contra Colón. 218
XIII.--Infortunios de Colón en sus últimos años. 230
XIV.--Últimos momentos de Colón. 241
APÉNDICES.
I.--Año del nacimiento de Colón. 257 Patria y familia de Colón. 259 La firma de Colón. 291 Disposiciones testamentarias de Colón. 294
II.--Nociones de los escritores antiguos sobre la existencia de tierras occidentales. 299
III.--Las cartas de Pedro Mártir de Anghiera. 361
IV.--Los libros citados por Colón. 375
NOTAS.
[1] Aragó, _Eloge de Volta_ (_Mém. de la Acad. des Sciences_, tomo XII, pág. 96).
[2] Carta de Colón fechada en Jamaica el 7 de Julio de 1503, diez y seis meses antes de su vuelta á España. Desde su regreso hasta su muerte (20 de Mayo de 1506) Colón no volvió á navegar, y nada ocurrió que pudiera inducirle á cambiar de opinión sobre la naturaleza de su descubrimiento.
[3] Fernán Pérez de Oliva, _escribano público de la ciudad de Isabela_ (de Haïti), recibió orden del Almirante, el 12 de Julio de 1494, de trasladarse á bordo de cada una de las tres carabelas del segundo viaje del descubrimiento, «é requiriese al Maestre é compaña, é toda otra gente que en ellas son públicamente, que dijesen si tenían dubda alguna _que esta tierra_ (de Juana ó Cuba) _no fuese la tierra firme, al comienzo de las Indias y fin á quien en estas partes quisiere venir de España por tierra_; é que si alguna dubda ó sabiduría dello toviesen que les rogaba que lo dijesen, porque luego _les quitaría la dubda y les faría ver que esto es cierto y qués la tierra firme_.» Este párrafo notabilísimo, de que hablaré más adelante, está en un documento conservado en los archivos de Sevilla (Navarrete, _Docum._ núm. 76, t. II, pág. 145).
[4] _Vespuccio era elocuente y latino_ (Casas, _Historia general de las Indias_, lib. I. cap. 140). Esta sinonimia de _latinidad_ y de _saber_ se ha conservado tanto desde la Edad Media en la lengua española, que en las misiones del Orinoco he oído con frecuencia: _es Indio muy latino_, para designar un indígena algo civilizado.
[5] Cujus opinionis (mare esse vacuum et sine hominibus) ipse Dantes, poeta noster, fuit, ubi duodevigesimo capite de inferis loquens, Ulyssis mortem confingit. (Quatuor navigationum, Introd. in fine.)
[6] Bossi, _Vita di Colombo_, pág. 73.
[7] Véase el principio de la carta de Colón al tesorero Sánchez (Navarrete, t. I, páginas 181-183); el Diario del primer viaje, correspondiente á los días 3, 14, 19, 25 y 27 de Noviembre, 13, 20 y 21 de Diciembre; mis _Tableaux de la nature_ (segunda edición), t. I, pág. 217, y la _Rélation historique_, t. III, página 473.
[8] Carta de D. Jaime Ferrer, fechada el 28 de Febrero de 1495.