Part 8
Vicente Yáñez Pinzón, el mismo que mandaba la _Niña_ en el primer viaje de Colón, salió de Palos á principios de Diciembre de 1499, atravesó por primera vez el Ecuador en la región americana del Océano Atlántico, y el 20 de Enero de 1500 descubrió el cabo de San Agustín, llamado por Pinzón (_Pleito, preg._ 7.ª; NAVARRETE, t. III, páginas 547 y 552) cabo de Santa María de la Consolación, latitud austral 8° 19′. Vió, por tanto, una parte del Brasil, la provincia de Pernambuco, cuarenta y ocho días antes de la partida de Cabral, á quien generalmente se atribuye el descubrimiento del Brasil. Favorecido por las corrientes de ESE. al ONO. (porque hacia la parte más convexa y más oriental de la América meridional, como hacia la parte cóncava del Africa en la bahía de Biafra, que parece corresponderle, las corrientes se dividen y cambian de dirección), Vicente Yáñez Pinzón siguió la costa al Oeste del Cabo de San Roque (lat. aust. 5° 28′), y descubrió la desembocadura del Amazonas, que llamó _Paricura_.
Del mismo puerto de Palos, y poco después de la partida de Vicente Yáñez Pinzón, probablemente en los últimos días del año 1499, salió Diego Lepe. Siguió la misma ruta y tocó también en el Cabo de San Agustín (Cabo de Santa María de la Consolación; después Cabo de Santa Cruz, según Manuel de Valdovinos). Fué el primero que en la desembocadura del Iviapare ú Orinoco, por medio de un _artificio_ improvisado (escalfador de barbero), que sólo podía abrirse en el fondo del agua, reconoció que en una profundidad de ocho brazas y media, las primeras dos brazas del fondo eran de agua salada, cubierta hacia la superficie de agua dulce (testimonio del médico García Hernández en el pleito: NAVARRETE, t. III, pág. 549).
Desde la desembocadura del río de las Amazonas volvió á la costa de Paria.
Tiene de notable la expedición de Lepe que dobló el cabo de San Agustín, llamado por él _Rostro Hermoso_ (_Pleito del Fiscal_, 8.ª pregunta; NAVARRETE, t. III, páginas 319 y 553), y observó que más allá de este cabo continúa la costa del Brasil en dirección SO., como así es (véanse las hermosas cartas hidrográficas del almirante Roussin), entre los 8° y los 13° de latitud austral. Esta observación pudo generalizar desde 1500 la idea de la configuración piramidal de la América del Sur.
No cito después de Lepe, ó como formando parte de esta expedición, al comendador Alonso Vélez de Mendoza, cuyo viaje, á pesar del testimonio oficial del piloto Juan Rodríguez Serrano, es dudoso. (NAVARRETE, t. III, páginas 319 y 594).
Pedro Alvarez Cabral, enviado por el rey D. Manuel de Portugal a las Indias orientales (á Calicut), por el camino de Vasco de Gama, queriendo evitar (BARROS, década I, lib. V, cap. I, t. I, pág. 386) las calmas del golfo de Guinea y los vientos de SO. que soplan entre los cabos Palma y López, impensadamente llegó á tierra el 24 de Abril de 1500 en las costas del Brasil, hacia el décimo grado de latitud austral; por consecuencia, entre Porto Francés y la desembocadura del río San Francisco (probablemente cerca del río Liquia), á la extremidad meridional de la provincia de Pernambuco, á 15 ó 20 leguas marinas de los parajes que los españoles Vicente Yáñez Pinzón y Diego de Lepe habían reconocido _tres meses antes_.
Compréndese por la curiosa carta que el rey D. Manuel escribió á los Reyes Católicos el 29 de Julio de 1501 (NAVARRETE, t. III, Doc. núm. 13, pág. 94), que en Portugal no se adivinó la posibilidad de estar unida esta tierra, llamada _Terra Santa Cruz_, y habitada por una raza cobriza de cabellos lacios, á la tierra de Paria, cuyo descubrimiento era conocido en España desde el mes de Diciembre de 1498; pero se preveía desde entonces (lo cual es muy notable), la importancia que una tierra situada, por decirlo así, en el camino del Cabo de Buena Esperanza debía tener para la navegación de la India («La qual tierra parece que milagrosamente quiso nuestro Señor que hallase, porque es muy conveniente y necesaria para la navegacion de la India, porque allí Pedro Alvarez reparó sus navíos y tomó agua»).
El exacto conocimiento que hoy tenemos de la multiplicidad de estas corrientes ó ríos pelásgicos de distintas temperaturas que atraviesan el gran valle longitudinal del Atlántico, explica fácilmente la derivación extraordinaria hacia el O. que sufrió la escuadrilla de Cabral. Cometióse la imprudencia de atravesar el Ecuador en una longitud demasiado occidental, y por efecto de la _corriente ecuatorial media_ (empleo la nomenclatura del mayor Rennell), entróse en la corriente del Brasil, que sólo es la continuación de la corriente equinoccial, modificada por la configuración del continente americano.
Desde el décimo grado de latitud austral costeó aún Cabral durante algunos días la costa americana hacia el Sur hasta Puerto Seguro, y desde allí dirigió el rumbo, favorecido quizá por la corriente (_southern connecting current_), que impulsa al ESE. en dirección del banco Agulhas, al Cabo de Buena Esperanza, donde pereció Bartolomé Díaz en un naufragio, al Sur de la bahía de Algoa, según antes dije.
Durante los años de 1505 á 1507 ocupóse con preferencia la corte de España en que se buscara un camino directo hacia el Oeste para llegar «al nacimiento de la especería», descubriendo al efecto algún estrecho en las costas meridionales del Brasil. Vespucci, á quien Colón había recomendado eficazmente (carta de Sevilla de 15 de Febrero de 1505), Vicente Yáñez Pinzón, Juan de la Cosa y Solis, fueron consultados para una grande expedición que debía partir en Febrero de 1507; pero que, por las influencias portuguesas y la escasa armonía que reinaba entre Fernando el Católico, á su vuelta de Nápoles, y su yerno el rey Felipe I, fracasó. Esta fué la época en que estuvo favorecido Vespucci (HERRERA, déc. I, lib. VI, cap. 16; lib. VII, cap. 1, t. I, páginas 142 y 148; NAVARRETE, t. III, páginas 47, 294, 302 y 321).
Vicente Yáñez Pinzón y Juan Díaz de Solís partieron de Sanlúcar el 29 de Junio de 1508, y reconocieron la costa desde el cabo de San Agustín hasta el paralelo de 40° Sur, cerca del río Colorado, pero sin ver la desembocadura del Río de la Plata, que está 5° más al Norte.
Vasco Núñez de Balboa vió el mar del Sur el 25 de Septiembre de 1513, desde lo alto de la Sierra de Quarequa (_Pedro Mártir_, ep. 540, pág. 296), y algunos días después, cuando Alonso Martín, de Don Benito, encontró una bajada al golfo de San Miguel, y en una canoa fué el primero en navegar por dicho mar, Balboa, siguiendo por el camino que los indígenas abrieron, entró espada en mano en el agua hasta llegarle á las rodillas para tomar posesión del Océano nuevamente descubierto. Los éxitos de Balboa sólo duraron cuatro años, porque en 1517 le decapitaron por orden de su mortal enemigo Pedrarias Dávila (ó con más exactitud Pedro Arias de Avila) y del _licenciado_ Espinosa. Había escrito poco tiempo antes al rey Fernando, en carta encontrada en los archivos de Sevilla, «que V. A. mande que ningund bachiller en leyes y otro ninguno, si no fuere de medicina, pase á estas partes de la tierra firme, porque ningund bachiller acá pasa que no sea diablo y tienen vida de diablos» (NAVARRETE, t. III, doc. 4.º de la sec. 3.ª).
Juan Díaz de Solís fué el encargado «de pasar al mar del Sur á espaldas de Castilla de Oro (parte NO. de la América meridional) y avanzar 1.700 leguas más allá de la línea de demarcación; de reconocer si Castilla de Oro es una isla, y de enviar á la isla de Cuba _la figura de la costa_, si algún estrecho ó abertura hacía posible este envío» (NAVARRETE, t. III, docs. 35 y 36). No se ejecutó ninguno de estos vastos proyectos de descubrimiento de un estrecho ó de circunnavegación de la América del Sur para llegar á la costa occidental del gobierno de Pedro Arias de Avila, parte de la Tierra Firme, situada entre Veragua (gobierno de Diego de Nicuesa)[185] y el golfo de Uraba, donde principiaba el gobierno de Ojeda, y oficialmente embellecida en las cédulas reales de 27 de Julio y 2 de Agosto de 1513 con el hermoso nombre de Castilla de Oro[186] y Castilla de Aurifia (sin duda _aurífera_).
Juan Díaz de Solís murió durante sus éxitos, después de llegar en el reconocimiento de las costas occidentales de América hasta los 36° de latitud austral. Salió del puerto de Lepe el 8 de Octubre de 1515; llegó al cabo de San Roque del Brasil (lat. 5° 28′ 17ʺ Sur); diseñó el yacimiento de la costa, doblando, como lo hicieron Vicente Yáñez Pinzón y Diego de Lepe, el cabo de San Agustín (cabo de Santa María de la Consolación ó de Rostro Hermoso), hasta la bahía de Río Janeiro; tocó, favorecido siempre por las corrientes que se dirigen al SSO. en el cabo de la Cananea (lat. 25° 10′), en la isla de la Plata (hoy Santa Catalina) (lat. 27° 36′), en las islas de los Lobos, cerca de Maldonado, y, en fin, en el puerto de Nuestra Señora de la Candelaria, que se creyó estaba á los 35° de latitud austral, probablemente entre Maldonado (lat. 34° 53′ 27ʺ) y Montevideo (latitud 34° 54′ 8ʺ). Allí descubrieron los españoles esa gran abertura de la _mar dulce_ que llamaron río de Solís. Después de anclar en el interior del río, cerca de una isla (islote de Martín García), cuya latitud austral se fijaba en 34° 40′, los indígenas asesinaron á Solís y á ocho de los que le acompañaban; probablemente en Agosto de 1516. Herrera (déc. II, lib. I, cap. 17; déc. IV, lib. I, cap. 1; _Mem. of Seb. Cabot_, 1831, pág. 104) nos ha conservado una parte del Diario de la expedición, al menos los detalles de las posiciones, que demuestran notable progreso desde Colón en la precisión de las observaciones de las alturas meridianas del sol.
Aunque Gomara lo niega, parece que la denominación de Río de Solís fué cambiada por la de _Río de la Plata_, cuando la expedición de Diego García en 1527, quien encontró allí placas de plata, que probablemente procedían de las minas de Potosí, en manos de los indios guaranís. «Fueron las primeras muestras americanas de este metal que se recibieron en España», según asegura Herrera; pero dudo de la exactitud de esta noticia.
Los reyes aztecas hacían explotar las minas argentíferas de Tasco (Tlachco, en la provincia mejicana de Cohuixco), que yo he visitado (_Essai pol._, t. III, pág. 115, segunda edición). Cortés dice en sus cartas á Carlos V que eran comunes los vasos de plata en Tenochtitlán, y Herrera olvida que el conquistador de Méjico desembarcó el 19 de Septiembre en la playa de Veracruz (Chalchicuecan), y que, llegado á la capital, mandó fabricar á los plateros indígenas (aztecas) desde los primeros días, conforme á los modelos españoles, no sólo cuchillos y cucharas de plata, sino también figurillas de santos para enviarlas á Europa; por tanto, las muestras de plata americana debieron ser vistas siete ú ocho años antes que Diego García y Sebastián Cabot se encontraran en el Río de Solís, en la costa perteneciente hoy á la República _Argentina_.
En vista de los datos cronológicos expuestos en este resumen de descubrimientos, superfluo sería refutar la opinión de los que atribuyen á Cabot el descubrimiento del Río de la Plata.
En Valladolid, en 1517, fué donde Magallanes manifestó sus proyectos de descubrir un estrecho que pretendía haber visto trazado en un mapa de Behaim.
IX.
Influencia de la configuración de África en las ideas sobre la que debía tener América.
En esta larga serie de descubrimientos desde la desembocadura del Orinoco hasta la del Río de la Plata, la época de la muerte de Martín Behaim coincide con los grandes armamentos que preparaba la Corte de España para buscar hacia el Sur el paso á la tierra de las especias, siendo uno de sus resultados más importantes la expedición de Pinzón y de Solís al Río Colorado, á los 40° de latitud austral (en 1508).
En geografía como en historia, los hechos y las opiniones influyen entre sí mutuamente, y con frecuencia acaban por confundirse. Modifican esta reacción ó influencia recíproca el carácter del siglo, los intereses dominantes y la autoridad de algunos hombres notables.
El curso del Níger y el emplazamiento de esa ciudad africana (Tombuctu), cuya miseria actual contrasta con su antiguo esplendor comercial, presenta en los estudios geográficos notable ejemplo de esas fluctuaciones de hipótesis y de hechos imperfectamente conocidos. Un descubrimiento que llama mucho la atención modifica las opiniones, y la que de éstas domina por el momento, da una dirección especial á las empresas marítimas. Cuando los resultados de las nuevas exploraciones no confirman las hipótesis forjadas de antemano, no por eso dejan de consignarse éstas en los mapas, donde á veces quedan estereotipadas durante siglos.
Para reunir dos épocas muy apartadas, citaré como ejemplos: 1.º, el mapa de América de Ruysch, publicado en la edición romana de Ptolomeo en 1508 (dos años después de la muerte de Colón), mapa que, conforme á las opiniones sistemáticas, reune simultáneamente la Groenlandia (Gruentland) y Terra nova (Insula Bacalauras), á los Gog y Magog del Asia Oriental, y las partes occidentales de la isla de Cuba á la Florida; 2.º, una obra muy moderna y estimadísima por muchos conceptos, la cuarta edición del mapamundi de Purdy, en el cual, á pesar de cuanto hoy se sabe[187] tanto sobre el origen y la emigración de Occidente á Oriente del mito del Dorado, como sobre el terreno comprendido entre las fuentes del Carony y del Río Branco, al Sur de la cordillera de Pacaraina, el lago Parima está figurado como una cuenca de 30 leguas de diámetro, casi lo mismo que lo representa Joducus Houdius.
Las cartas geográficas expresan las opiniones y los conocimientos más ó menos limitados del que las ha formado, pero no figuran el estado de los descubrimientos. Lo que se encuentra dibujado en los mapas (especialmente en los siglos XIV, XV y XVI) es una mezcla de hechos comprobados y de conjeturas presentadas como hechos.
Sería sin duda desconocer los progresos de la geografía y las causas que los han apresurado, desacreditar los ingeniosos procedimientos del arte que combina lo conocido con lo desconocido. Los resultados de estos procedimientos sólo son temibles cuando el trazado de los mapas no presenta los medios de conocer lo que ha sido visto y lo que se supone que puede existir.
No debe perderse de vista en este problema la influencia que han ejercido en la representación del trazado de las costas y en la configuración general de los continentes, las opiniones, las conjeturas y los deseos excitados por los grandes intereses políticos y comerciales. Esta anticipación de las conjeturas á los descubrimientos reales y positivos, y los motivos más ó menos sólidos en que se funda, nos darán alguna luz acerca de la convicción que Magallanes tenía desde 1517 de la existencia de un estrecho que no descubrió hasta 1526.
Desde la expedición de Diego de Lepe (1500), y la observación que hizo este navegante de que, doblando el cabo de San Agustín, la costa empezaba á tomar la dirección de SO., podía conjeturarse en Europa la forma piramidal de la América del Sur. Las relaciones de posición geográfica de esta mitad del Nuevo Continente y del Africa son tales (y este hecho notable ha influído probablemente también, en el origen de las cosas, en la desigual prolongación de las tierras hacia el polo austral), que la gran convexidad del continente americano (el vasto promontorio brasileño), correspondiente á la sinuosidad opuesta del Africa, lejos de estar en el mismo paralelo con el golfo de Guinea, encuéntrase á trece grados y medio más al Sur.
Desde Cabo Verde á la desembocadura del Gambia, el Africa occidental se inclina ya al SE. á 15° de distancia del Ecuador, mientras en la América del Sud hasta el paralelo de 5° de latitud austral continúa prolongándose de NO. á SE.
La creencia de que era posible la circunnavegación del Africa, subsistió desde la más remota antigüedad á través de toda la Edad Media. Fundábase, no diré en hechos comprobados (los restos de los barcos españoles encontrados en las costas del mar Rojo no los constituyen seguramente), sino en la creencia de estos hechos y en el conocimiento más ó menos exacto de la forma trapezoidal ó piramidal del continente.
Mientras no se recorrían más que las costas occidentales hasta el cabo Bojador y las orientales hasta el Norte de cabo Aromata (Guardafuí), podía suponerse que Africa, lejos de estrecharse hacia el Sud, continuaba ensanchándose, y esta fué en efecto la opinión de Maríno de Tyro y de Ptolomeo[188], que desde el promontorio Prasum, al Sur del cabo Raptum, prolongaban el Africa oriental hacia el Este para unirla por medio de una _tierra desconocida_ (especie de _tierra austral_) á Cattigara y al oriente de Asia.
Si se admite que esta ficción llega á la época de Hipparco y por tanto á la escuela de Alejandría, siglo y medio antes de nuestra era, y se compara el estado de los descubrimientos geográficos correspondiente á los tiempos de Eratosthenes, de Cratés de Malles (confundido por Mr. Gossellin en su _Rech. geogr._, t. I, pág. 104, con Cratés, el Cínico al hacerle, contemporáneo de Alejandro), de Posidonio y de Strabón, que admiten la posibilidad de la circunnavegación de Africa, con el que tenían en tiempo de Hipparco, de Maríno de Tyro y de Ptolomeo, se llega al triste resultado de que, en la antigüedad, las opiniones recientes son con frecuencia menos exactas que muchas de las que le precedieron (tres siglos transcurrieron entre Cratés, el comentador de Homero, y Ptolomeo).
En efecto; los sistemas, fruto de ciertas predilecciones ó de deferencia á la autoridad de un hombre celebre, permanecen independientes de los progresos de los descubrimientos y de la extensión creciente de la navegación. A pesar de estos cambios de opiniones, triunfa la idea de un mar libre y contiguo que baña la extremidad austral del Africa.
El gran crédito que dos escritores de mediana importancia, Mela y Solino[189], gozaban en España, en la patria de San Isidoro, en ese mismo país que llegó á ser en la Edad Media el centro de la literatura geográfica de los árabes, contribuyó mucho á rectificar las inducciones que en pro de la circunnavegación de Africa podían sacarse del comercio de la India, del golfo Pérsico y del Yemen con las costas de Azania, de Zanzíbar (Zanguébar), de Soffala y de la isla de San Lorenzo, el Magastar (Madagascar) de Marco Polo, cuyo litoral estaba desde muy antiguo habitado por tribus árabes.
Largo tiempo antes de Bartolomé Díaz y de Vasco de Gama, vemos la extremidad triangular de Africa representada en el planisferio de Sanuto, 1306, anejo al _Secreta fidelium crucis_ y publicado por Bongars[190], en el _Portulaneo della Mediceo Laurenziana_ de 1351, obra genovesa que el conde Baldelli ha dado á conocer[191] en el _Planisferio de la Palatina_ de Florencia de 1417, discutido por el cardenal Zurla[192], y sobre todo, en el famoso mapamundi de Fra Mauro, construído en los años de 1457 á 1459[193]. Este último mapa especialmente, anterior en cuarenta años á la circunnavegación de Vasco de Gama, es el que presenta con mayor claridad el promontorio del Africa austral, con el nombre de _Capo di Diab_.
La configuración de esta extremidad del continente merece particular atención. Presenta el aspecto de una isla triangular, en la cual al NE. del _Capo di Diab_ (nuestro cabo de Buena Esperanza) se encuentran inscriptos los nombres de Soffala y de Xengíbar, y está separada de la Abassia (la Abisinia), según las propias palabras del autor del mapamundi, «por un canal rodeado de altas montañas y frondosas selvas». Este canal, que tiene la dirección de NNE. á SSO. es tan estrecho, «que reina en él perpetua oscuridad y los remolinos que forma el agua hacen peligrar los barcos.» Tales indicaciones y el aspecto del mapa prueban que se figura la extremidad del continente como separada de la gran masa más boreal por un _estrecho_, que recuerda involuntariamente el de Magallanes.
Una inscripción puesta al lado del cabo de Diab indica que en 1420 dobló dicho cabo un barco indio, _Zoncho de India_ (Junco de la India), viniendo del Este en busca de las _islas de los Hombres y de las Mujeres_ (habitadas separadamente por los de cada sexo), que están más allá; y que después de cuarenta jornadas y de andar más de 2.000 leguas sin encontrar más que aire y agua, el buque indio volvió en setenta jornadas de navegación al cabo Diab, donde los marineros encontraron en la playa un huevo del tamaño de un tonel, que se reconoció ser del ave Crocho[194].
Observaré primero que esta dirección del rumbo del barco hacia el Oeste para buscar las Amazonas es contraria á la opinión generalmente admitida de que dichas mujeres, á quienes Marco Polo atribuye un obispo cristiano, y que no se comunicaban con los hombres sino durante la primavera, vivían muy cerca de Socotora (la Scara, según algunos manuscritos de Marco Polo, y la Scoria de Behaim).
Marsden[195], en su sabio comentario del viajero veneciano, sitúa _l’Isola Mascola é Femina_ del _Milione_ (libro III, cap. 33) á la entrada del golfo de Aden, entre Socotora, célebre por un mito árabe, relativo á una colonización que Aristóteles aconsejó á Alejandro, y el cabo de Guardafuí, y cree que estas islas de Marco Polo son los islotes de las Hermanas (_Abd al Curia_).
La ficción de las Amazonas ha recorrido todas las regiones, y corresponde al círculo uniforme y estrecho en el que la imaginación poética ó religiosa de todas las razas de hombres y de todas las épocas, se mueve casi instintivamente. Apenas descubrió Cristóbal Colón las Pequeñas Antillas al fin de su primer viaje, creyóse ya en las inmediaciones de una isla (Matinino) habitada por mujeres solas, «algunas de las cuales hubiera querido coger para presentarlas á la reina Isabel»[196].
El barco indio de que habla Fra Mauro, buscaba en 1420 («verso ponente fuora del Cavo de Diab»), á través de las _Isole verde_ y de los bancos de bruma del _mare tenebrosum_, las islas _de hi Homeni_ è de _le Done_. Estas palabras que cito textualmente indican por lo menos que el mito árabe de las Amazonas no se refería á una localidad bien determinada. No se trata, pues, aquí de una de esas islas situadas en el vasto archipiélago[197] que Edrisi figura dirigido de O. á E. desde la costa meridional del Yemen hasta la extremidad oriental del mar de Sind, frente á una costa de Africa que por Barbara (Cafrorum terra, Edrisi, ed. Hartm. p. 98), Alzung (Terra Zengitana, Hartm. p. 100) y Sefala (Zofala, Hartm. p. 103-108 y 113) se prolonga también de E. á O. hasta el promontorio africano de Vac-Vac (Vakvak); porque existe una parte continental é islas de este nombre. (Véase el texto de Edrisi, p. 34, «de terra Sofalæ confini et de propinqua insula Vac-Vac.)»
La tierra que busca el _Zoncho de la India_ está al otro lado del cabo austral de Africa, y sólo en el caso de creerle inmensamente alejado al Este del promontorio Vac-Vac y conforme al convencimiento de la redondez de la tierra, generalmente admitido por los geógrafos árabes, hubiera podido llegar, navegando hacia el Oeste al _mar Tenebroso_ (el Atlántico), donde están las _isole verde_, de las cuales se tenían nociones muy vagas.