Part 7
Otro sabio que hubiera podido relacionar á Colón y Toscanelli con Behaim, fué el más célebre astrónomo de esta época, Regiomontanus (Camilo Juan Müller, natural de Kœnigsberg en Franconia) que habitó desde 1471 á 1475 en la patria de Behaim y dedicó en 1463 á Toscanelli su tratado de _Quadratura circuli_, es decir, su refutación de la pretendida resolución de este problema, por el cardenal Nicolás de Cusa. No satisfecho de las _Tablas_ del rey Alfonso que satíricamente califica de _Somnium Alphonsinum_, publicó Regiomontanus en Nuremberg sus famosas _Efemérides astronómicas_ calculadas de antemano para los años de 1475 á 1506 y que sirvieron en las costas de Africa, América y la India en los primeros grandes viajes de descubrimientos de Bartolomé Díaz, de Colón, de Vespucci[149] y de Gama.
Aun admitiendo que Behaim, durante la época de sus viajes de comercio á Venecia, Viena y Flandes, sólo haya residido accidentalmente en su ciudad natal, no es menos probable que ha podido aprovecharse, si no de las lecciones, al menos de los escritos de su compatriota Regiomontanus. Ya hemos citado el testimonio de Barros, que dice, hablando «de la necesidad sentida por los portugueses de no seguir tímidamente las costas, sino de acudir á la observación de los astros», que Behaim (probablemente poco antes de 1484) fué miembro á la Junta que por orden del rey Juan II estuvo encargada de construir un astrolabio, de calcular las tablas de la declinación del sol y de enseñar á los marinos una _maneira_ _de navegar per altura do sol_. Barros designa[150] al cosmógrafo con estas palabras: «_Martin de Bohemia natural daquellas partes ó qual se gloreaba ser discipulo de Joanne de Monte Regio, affamado astronomo._» Sin duda porque Behaim se _vanagloriaba_ de ser discípulo de Regiomontanus y, por llegar de la misma ciudad en que el papa Sixto IV había hecho proponer á Regiomontanus ir á Roma para trabajar en la reforma del calendario, su reputación de cosmógrafo se acreditó pronto en Portugal, al lado de la de tantos hombres ocupados en perfeccionar el arte de la navegación[151].
Regiomontanus era entonces célebre por la invención de su _meteoróscopo_, y el _astrolabio_ de Behaim, que se fijaba al palo mayor del barco, acaso no era más que una imitación simplificada de aquél. Además, los instrumentos de astronomía náutica «á propósito para encontrar en el mar la hora de la noche por las estrellas» existían desde fines del siglo XIII en la marina catalana y en la de Mallorca. Tal era el astrolabio que inventa y describe Raimundo Lulio en 1295 en su _Arte de navegar_[152]. Se equivoca Barros al creer que en la época de los descubrimientos hechos á lo largo de la costa de Africa bajo los auspicios del infante D. Enrique de Portugal se empezó á comprender la necesidad de guiarse en plena mar por la observación de los astros. Parece que ignora el descubrimiento de las Azores por los normandos, y los largos y atrevidos viajes de los marinos catalanes á las costas tropicales de Africa y á las partes septentrionales de la Gran Bretaña.
La larga permanencia de Behaim en las Azores durante dos épocas, una de 1486 á 1490, y otra de 1494 á 1506, constituye un poderoso argumento contra la pretensión de que Joao Vas Cortereal descubrió la tierra de los Bacallaos (Terranova) en 1463. Este marino había sido nombrado, según Cordeyro, autor de la _Historia insulana_ del Océano occidental, gobernador de Terceira el 12 de Abril de 1464. Ahora bien; sabemos que el suegro de Behaim, Iobst de Hürter, llegó pocos años después á las Azores, con el título de gobernador y feudatario de la colonia flamenca de Fayal. ¿Cómo es posible que Behaim no tuviera conocimiento, ó por sí mismo ó por su suegro, de un suceso como el descubrimiento de los Bacallaos por los portugueses, que habría precedido en veintinueve años á la llegada de Colón á Guanahani? ¿Cómo es posible que no situara estas tierras occidentales en su globo construído en 1492? ¿Cómo es posible que ni siquiera las mencionase en una de las minuciosas notas que acompañan al mapamundi? Estas consideraciones deben añadirse á los argumentos que el ingenioso y sabio autor del _Memoir of Sebastián Cabot_[153] ha expuesto recientemente contra el viaje de Joao Vas Cortereal á las costas de América del Norte y en pro del descubrimiento de este continente por Juan Cabot el 24 de Junio de 1497[154].
Llama la atención que el excelente historiador portugués Barros, que cita á Martín Behaim como miembro de la comisión náutica del astrolabio, ignore, al parecer[155], la parte que tomó en la expedición de Diego Cam en 1484 á la embocadura del río Zaire ó Congo; nombrado primero río Pedrao á causa de un pilar de piedra puesto como señal de toma de posesión. De ello se ha querido deducir que esta participación es tan fabulosa como su influencia sobre Colón y sobre Magallanes. Para mí no existe tal duda. Si Behaim se embarcó con Cam como piloto y cosmógrafo para practicar su astrolabio, casi lo mismo que Vespucci en la expedición de Alonso de Ojeda (Diciembre de 1498--Junio de 1500), el silencio de Barrios nada tiene de extraordinario.
En las notas que Behaim añadió á su globo en 1492, habla en cuatro sitios distintos (en el título del globo; en Cabo Verde; cerca de las islas del Príncipe y de Santo Tomás, y en el cabo de Buena Esperanza) de dos carabelas con las cuales el rey Juan II hizo explorar las costas de Africa. Añade, del modo más terminante, «que fué enviado en esta expedición por su rey, y que duró diez y nueve meses.» Behaim no nombra á Diego Cam; pero Hartmann Schedel en su _Liber Chronicarum_[156], impreso en Nuremberg en 1493, cuando el cosmógrafo vivía aún en esta ciudad, reunió los dos nombres: «Præfecit galeis beni instructis Johannes II Portugaliæ rex, anno 1483, patronos duos Jacobum (?) Canum Portugalensem, et Martinum Bohemum, hominem germanum ex Nuremberga, de bona Bohemorum familia natum, qui superato circulo equinoxiali in alterum orbem excepti sunt.»
La ingenuidad con que Behaim habla de las primeras expediciones portuguesas, de sí mismo y de «su querido suegro M. Iobst, residente en Fayal,» da gran carácter de verosimilitud á los comentarios de su carta; y no creo que se deba oponer á estos testimonios la fecha del día (18 de Febrero de 1485), en que, según una nota conservada en los archivos de familia, recibió Martín Behaim la Orden de caballero de Cristo en la ciudad de Albassauas (Alcobaça?). Este documento, cuya época se ignora, y que no tiene carácter alguno oficial, ni es de letra de Behaim, ni está redactado en su nombre. Sabido es á cuántos errores se ha prestado la manera de escribir los números árabes (indios) á fines del siglo XV. Si no hay error en el año y debe leerse 1483 por 1485, podría verse en ello un simple error en la indicación del mes de Febrero, porque el viaje de Cam, comenzado en 1484, duró sólo diez y nueve meses. Behaim encontrábase todavía seguramente en la costa de Africa el 18 de Febrero de 1485; y es menos probable que el nombramiento de caballero fuera una recompensa por la invención del astrolabio, que una gracia concedida al compañero de Diego Cam á consecuencia de una expedición en que habían pasado el Ecuador hasta mas allá del sexto grado de latitud austral y recogido el grano del Paraíso (_malagueta_) en el clima en que se produce.
La época de la residencia de Colón y de Behaim en Lisboa era aquella de verdadera gloria y entusiasmo nacional en que el hijo de Alfonso V, al subir al trono, continuaba la serie de descubrimientos á lo largo de la costa de Africa, interrumpida por la muerte (1460) del infante D. Enrique, duque de Viseo, tío de Alfonso V.
Pero conviene no olvidar que los trabajos de los marinos catalanes fueron para el Africa occidental lo que los de los marinos normando-escandinavos habían sido para el Norte del Nuevo Continente. Unos y otros precedieron á los descubrimientos que han ilustrado los nombres de D. Enrique y de Isabel de Castilla.
La isla de Mallorca fué desde el siglo XIII un centro de conocimientos científicos en el difícil arte de navegar. Sabemos por el _Fénix de las maravillas del orbe_, de Raimundo Lulio, que los mallorquines y los catalanes[157] usaban _cartas de marear_ mucho antes de 1286; que se fabricaban en Mallorca instrumentos, groseros sin duda, pero destinados á determinar el tiempo y la altura del polo á bordo de los barcos. Desde allí los conocimientos, que en su origen fueron aprendidos de los árabes, se extendieron á toda la cuenca del Mediterráneo. Las ordenanzas de Aragón prescribieron desde el año 1359 que cada galera debía ir provista, no sólo de una, sino de dos cartas marinas[158]. Un marino catalán, D. Jaime Ferrer, llegó en el mes de Agosto de 1346 á la desembocadura de Río de Oro[159], cinco grados al Sur del famoso Cabo de Non que el infante D. Enrique se vanagloriaba de que lo hubieran doblado por primera vez los barcos portugueses en 1419. Los marinos de Dieppe habían ido en 1364 á Sierra Leona y á Río Sestos (Sesters River), llamado entonces Río del Pequeño Dieppe. En 1365 llegaron á la Costa de Oro, según la relación de Villaut, señor de Bellefonds[160]. Un mallorquín, maese Jacobo, fué elegido por el Infante para presidir la célebre Academia de Sagres.
En los descubrimientos geográficos ha ocurrido lo mismo que en los de las ciencias físicas. Las tentativas con buen éxito, pero que permanecen aisladas largo tiempo, ó no se saben ó son condenadas al olvido; sólo cuando los descubrimientos se suceden y relacionan entre sí, se coloca el primer eslabón de una serie en el punto en que comienza á no ser interrumpida. Llena está la historia de la geografía de estos errores sistemáticos que comprenden hasta el siglo XVI las navegaciones á Nueva Guinea, Nueva Holanda y á muchos archipiélagos del Océano Pacífico[161]. Atribúyese el descubrimiento de las Azores, que son las Cassiterides de Pedro Mártir de Anghiera[162] y de Behaim, el de la isla de Madera[163], el de las islas de Cabo Verde y de las costas equinocciales del Africa occidental á los navegantes del siglo XV. Confúndense los marinos que reconocieron tierras con los primeros que las descubrieron; y no aludo ahora á la relación tan debatida del viaje de Hannon que Rennell y M. Heeren (II, I, pág. 520) llevan hasta más allá del Gambia, situando «la región ardiente de Thymiamata» en Cabo Verde y tomando por el Senegal, no el _Chrestes_, que creo muy distinto de _Chremetes_, «uno de los mayores ríos del mundo», según Aristóteles (_Met._, lib. I, pág. 350, Bekk), sino el río sin nombre, poblado, según Hannón, de cocodrilos y de hipopótamos; limitaréme á nociones más ciertas y recientes.
Mucho antes de los nobles esfuerzos del infante don Enrique, duque de Viseo, y de la fundación de la Academia de Sagres (Tercanabal en el Algarve ó villa do Infante), dirigida por un piloto cosmógrafo catalán, maese Jacobo de Mallorca[164], los cabos Non (Nam) y Bojador habían sido ya doblados[165] (el último es el cabo Buzedor de Andres Bianco y de Livio Sanuto). El _Portulano Mediceo_, obra de un piloto genovés, que el conde Baldelli nos ha dado á conocer (Polo, t. I, página CLV), indica desde 1351 el _Cavo di Non_. Marinos catalanes, como lo prueba el Atlas de 1374 examinado por M. Buchon, habían estado _al jorn de Sant Lorens, qui es a X d’agost_ de 1346, ochenta y seis años antes que el almirante portugués Gilianez[166] en Río de Oro (Río do Ouro, lat. 23° 56′). El valeroso Juan de Betancourt sabía que antes de la expedicion de Alvaro Becerra, es decir, antes de terminar el siglo XIV, los marinos normandos habían llegado hasta Sierra Leona (latitud 8° 30′), y procuraba seguir sus huellas. Pero antes que los portugueses, creo que los de ninguna nación de Europa fueron más allá del Ecuador[167]. La región al Sur de la bahía de Biafra, notable por el encuentro en ella de dos corrientes opuestas (del NO. y SE.), llegó á ser desde 1471 á 1474, ocho ú once años después de la muerte del infante D. Enrique, el centro del comercio (_rescate_) del oro, dado en firme á un activísimo mercader de Lisboa, Fernando Gómez.
En esta época fueron sucesivamente descubiertas la isla de Fernando Pó, llamada primero Ilha Formosa, y las de S. Thomás, do Príncipe y d’Anno Bom[168]. Esta última isla (lat. aust. 1° 24′ 18″) fué la primera que encontraron los portugueses al Sur del Ecuador; pero en las dos expediciones, inmediata una á otra, que emprendió Juan Cam al reino del Congo en 1484 y 1485, en una de las cuales tomó parte Martín Behaim, fué descubierto (no me detengo en las latitudes, referidas con bastante corrección por el mismo Barros) un espacio de costa comprendido entre los paralelos de 1° 50′ (cabo de Santa Catalina), y 22° de latitud austral (_la señal de piedra_[169], Manga de Areas, al Sur de cabo Frío). Entre estos dos puntos extremos se encuentra situada la señal (Padrao de San Jorge) de la desembocadura del río Zaire ó «Río do Padrâo do Reyno de Congo» (latitud aust. 6° 5′) y la señal del cabo San Agustín (Padrâo do Sancto Agostinho, lat. aust. 13°)[170].
Behaim no nombra nunca á Diego Cam, ni en sus cartas, ni en las aclaraciones de su globo; pero repito que cita claramente y muchas veces esta expedición[171], «en la cual el que ha construído este globo tomó parte y fué enviado por el Rey de Portugal para descubrir lo que Ptolomeo no había visto», llamándola la expedición de dos carabelas de 1484 y 1485. Indica el gran río Zaïre con el nombre que le dió Diego Cam á causa de la señal de piedra (Padrâo de San Jorge), pero tan poco correcto en la antigua ortografía portuguesa, como en la de su propia lengua, llama al Zaïre, no río de Pedrâo, sino río de Patrón. Todos nuestros mejores mapas modernos han conservado la costumbre de nombrar al cabo al Sur de la embocadura del Zaïre _Cabo Padrón_.
El conocimiento que Behaim tenía de la factoría de Angra de Gato[172] y del santo personaje[173] que sólo enseñaba la punta del pie por detrás de una cortina de seda, y de quien los misioneros cristianos enviados á Asia y Africa se sirvieron durante tres siglos para mixtificar á los soberanos de Europa, prueban también, al parecer, la existencia de relaciones íntimas entre Martín Behaim y Diego Cam. Como este último hizo dos viajes («descubrió por duas vezes», dice Barros), podría suponerse que Behaim sólo le acompañó en la primera expedición de 1484, lo cual no explicaría, sin embargo, ni el error de una señal colocada, según el globo de Nuremberg, el 18 de Enero de 1485 en la bahía de la Tabla, ni la posibilidad de que Behaim fuera el 18 de Febrero de 1485 al convento de Alcobaça para recibir la orden de caballero del Cristo.
VII.
Martín Behaim y Magallanes.
«No hablaré, dice Voltaire en el _Estudio sobre las costumbres_, de ese ciudadano de Nuremberg, de quien fabulosamente se asegura que fué en 1460 al estrecho de Magallanes.» Pretensión tan absurda, y sin embargo, tan repetida, merecería escasa atención, si no hubiera en la vida de Magallanes y hasta en el relato que de la expedición de este marino hizo Antonio Pigafetta algo tan extraordinario que, al parecer, obliga al historiador á someter el problema á concienzudo examen.
Creo que arrojará nueva luz sobre hechos que á primera vista parecen singularmente enigmáticos, un dato que he tomado de una antiquísima edición de la _Geografía_ de Ptolomeo.
Dos obras de cuya autoridad no puede dudarse: las _Décadas_ de Antonio de Herrera, y el _Manuscrito_ de Pigafetta, conservado en la Biblioteca Ambrosiana de Milán, y publicado por el Sr. Amoretti en 1800, dan á conocer la influencia que ejerció Behaim en el descubrimiento del estrecho patagónico. Merece preferencia la autoridad de Pigafetta, por ser uno de los diez y ocho compañeros de Magallanes que tuvieron la dicha de volver á Europa el 6 de Septiembre de 1522. «Prætore Portugallico Fernando, ab insularibus bello exagitatis in regione aromatum æquatori vicina interfecto, quatuorque reliquis é classicula quinque navium deperditis, una tantum regressa est, dicta Victoria, _cribro terebratior_», escribe el mismo mes Pedro Mártir de Anghiera al Obispo de Cosenza[174].
Pero la obra que poseemos de Pigafetta no es el mismo Diario que tan cuidadosamente redactó día por día hasta el 9 de Julio de 1522 en que llegó á la isla de Santiago de Cabo Verde, y supo que los portugueses habitantes de dicha isla llamaban jueves al mismo día que según su Diario era miércoles. «Mi sorpresa, dice Pigafetta, fué tanto más grande[175], cuanto que por no haber estado enfermo durante el viaje, tenía indicados sin interrupción todos los días de la semana. Posteriormente advertimos que no había ningún error, y que, viajando siempre hacia Occidente y siguiendo el camino del sol, al volver al mismo sitio debíamos haber _ganado_ veinticuatro horas.»
El verdadero Diario de Pigafetta fué presentado al emperador Carlos V. Lo que existe en la Biblioteca Ambrosiana es el extracto de otro Diario enviado al Papa Clemente VII y al gran maestre de Rodas, Felipe de Villiers de Lisle Adam.
Indudablemente López de Castanheda, Barros y Herrera tuvieron á la vista las notas originales del piloto más instruído de la expedición, Andrés de San Martín. Herrera, que pudo disponer libremente de los archivos de Felipe II desde 1596, y que en 1601 había publicado ya las cuatro primeras décadas de su historia, encontraría el Diario del piloto entre gran número de documentos que después se han perdido, y ha dado, desgraciadamente sin comprenderlos, extensos detalles de observaciones astronómicas, tanto respecto á las latitudes, como á las tentativas, bastante infructuosas, de aplicar los preceptos que Ruy Faler ó Faleiro (ó del _demonio familiar_ de este astrónomo) le había enseñado para encontrar las longitudes por la declinación[176] de la Luna, las ocultaciones de las estrellas, la diferencia de altura de la Luna y de Júpiter[177] y las oposiciones de la Luna y de Venus[178].
Las nociones publicadas por Herrera sobre la primera expedición alrededor del mundo, son las más circunstanciadas: las de los autores portugueses, por lo demás muy recomendables, no podían ser igualmente detalladas, porque se debían á comunicaciones parciales y clandestinas llegadas de la India. El embajador veneciano Contarini habla también desde el año 1522 del día perdido.
Examinemos primero los documentos alegados en favor de Martín Behaim, documentos anteriores á la partida de Magallanes. Cuando éste, diez años después de la muerte del geógrafo alemán, irritado por la ingratitud del Gobierno portugués en la India, con una pierna lisiada por un lanzazo, temerario en sus proyectos, inflexible al ejecutarlos, presentóse por primera vez á la corte de España en Valladolid y mostró á Juan Rodríguez de Fonseca, obispo de Burgos, «un globo bien pintado», en el cual estaba marcada la ruta que pensaba seguir, dejó en blanco, como era de suponer, el _estrecho_, para que no le pudieran robar su secreto. Como los ministros del Rey (sin duda el cardenal Ximénez y monseñor de Gebres) le apremiaban con preguntas, Magallanes les confió que iría primero á tocar en el cabo de Santa María, es decir, en la desembocadura del Río de la Plata (Rio de Solís) y que desde allí seguiría la costa (al Sud) hasta hallar el estrecho; si no encontraba el paso al otro mar (porque los ministros objetaban la posibilidad de no encontrarlo), iría á las Molucas por el camino de los portugueses, es decir, por el cabo de Buena Esperanza. Añadió que estaba tanto más seguro de encontrar un estrecho, cuanto que lo había visto (sin indicar el lugar) «en una carta marina construída por Martín de Bohemia, portugués, natural de la isla de Fayal, cosmógrafo de gran reputación, carta que le había dado mucha luz acerca del estrecho.»
Tal es la relación que hace Herrera[179] de la primera entrevista de Magallanes con los españoles en 1517. Transcurrieron dos años antes de que la expedición pudiera darse á la vela (el 10 de Agosto de 1519). Los diplomáticos portugueses trabajaron tenazmente, mientras permaneció la corte en Barcelona, para desacreditar al jefe de la expedición, diciendo que era un aventurero ligero, hablador é indigno de confianza[180].
He aquí el testimonio de Pigafetta[181], amigo personal de Magallanes y (según se ve en la narración del terrible suceso ocurrido en Río San Julián, cuando el tesorero Luis de Mendoza fué descuartizado) inclinado á enaltecer la reputación de su jefe. «El 21 de Octubre de 1520 encontramos _un estrecho_, al cual dimos el nombre _de las once mil Vírgenes_, por ser el día consagrado á ellas. Sin el saber de nuestro capitán, no se hubiera podido desembocar este estrecho porque todos creímos que estaba cerrado; pero nuestro capitán se había informado de que debía pasar por un estrecho singularmente oculto, habiéndole visto en una carta conservada en los archivos (tesorería) del Rey de Portugal y dibujada por un cosmógrafo excelente, Martín de Bohemia.»
Estos testimonios, tomados de escritos contemporáneos (porque claro es que Herrera poseía el Diario de San Martín), prueban dos cosas: primero, que Magallanes había visto en una carta en Portugal[182] el estrecho que buscaba al Sud de la desembocadura del Río de la Plata; segundo, que atribuía esta carta á Behaim, muerto hacía diez años en las Azores.
Es bastante raro que, dada su aversión patriótica contra España, el mordaz é ingenioso historiógrafo de la India portuguesa, Barros, no haya procurado rebajar el mérito del _traidor_ recordando que el descubrimiento del estrecho no se debió á su sagacidad, sino á haber visto una carta marina conservada en los archivos del rey D. Manuel. Este silencio de Barros parece probar que la tradición de la supuesta previsión de Behaim no había llegado á las Molucas.
Compréndese, en efecto, que Magallanes tuviera más interés en hablar de la existencia de un estrecho como de cosa indudable y conocida de cosmógrafos célebres antes de haber llegado á él y cuando sólo trataba de inspirar confianza en sus proyectos, que más tarde, cuando pasó al Océano Pacífico.
Las traducciones del viaje de Benzoni y las numerosas obras del orientalista Guillermo Postel[183] contribuyeron mucho á propagar la idea de que Magallanes no había hecho más que seguir la ruta indicada por Behaim. Postel también, como antes he indicado, sólo habla de «Fretum Martini Bohemi á Magaglianesco Lusitano alias nuncupatum, quodque terram incognitam australem ab Atlantide (America) separat».
Ante todo, expondré la serie de los descubrimientos hechos en la costa oriental de la América del Sur hasta la época en que Magallanes vino á hablar del estrecho al Obispo de Burgos. Los datos parciales que voy á referir fúndanse en el atento estudio de documentos recientemente publicados.
VIII.
Primeros descubrimientos en la costa oriental de América.
Cristóbal Colón[184] comenzó su tercer viaje el 30 de Mayo de 1498, partiendo de Sanlúcar. El 1.º de Agosto del mismo año descubrió la Tierra Firme del delta del Orinoco (isla Santa), y cuatro días después hizo desembarcar su tripulación por primera vez en el continente americano equinoccial, en el golfo de Paria (en la costa de la isla de Gracia).
El descubrimiento que hizo Sebastián Cabot de la América septentrional, desde la bahía de Hudson hasta el sur de Virginia, con un barco de Brístol (_the Matthew_) data del verano de 1497.
Alonso de Ojeda, acompañado de Juan de la Cosa y de Amerigo Vespucci (Ojeda nombra á este último, Morigo Vespuche, en el pleito del Fiscal contra los herederos de Colón, según se ve en la 5.ª pregunta del mismo), partió el 19 de Mayo de 1499, y tocó tierra á fin de Junio del mismo año en las costas de Surinam hacia el 6° de latitud boreal. A su vuelta vió las desembocaduras de río Esequibo y del Orinoco.