Part 29
[444] No carece de interés para la historia de la geografía física recordar la sagacidad con que los marinos del siglo XVI reconocieron ya las relaciones de determinados movimientos del Atlántico desde el cabo de Buena Esperanza hasta las islas Azores. Colón no había navegado al Norte de la isla de Cuba, al Oeste del meridiano de la Providencia de la Grande Abaco; pero conocía la corriente ecuatorial, á la cual atribuía los _utensilios_ «de nuestras costas de España» arrojados á la costa de Guadalupe (_Vida del Almirante_, cap 46; Anghiera, _Ocean._, pág. 27); había experimentado también la fuerza de las corrientes de Honduras y del canal Viejo, sin haber pasado nunca por el canal de Bahama ó de la Florida. La impetuosidad del movimiento de las aguas que salen del golfo de Méjico no fué reconocida hasta 1512, cuando la expedición de Juan Ponce de León (HERRERA, déc. I, lib. IX, cap. 10); y como hasta principios del siglo XVII, época del viaje de Bartolomé Gosnold, que fué directamente (1603) desde Falmouth al cabo Cod, los buques destinados á la América del Norte pasaron constantemente por el canal de Bahama, se advirtió pronto la conexidad de los movimientos pelásgicos en las costas de Méjico y de la Florida con los de las costas de Terranova y del golfo de San Lorenzo, visitados desde 1497 y 1500 por Sebastián Cabot y por Cortereal. El historiador de Felipe II, Herrera, cuyas cuatro primeras _Décadas_ se publicaron en 1601, describe el _Gulf Stream_ tal y como lo conocemos (déc. I, lib. IX, cap. 12). «Las aguas de los mares de África y del Atlántico, dice, corren perpetuamente hacia la América meridional, y, no encontrando salida, pasan furiosamente, primero entre el Yucatán y Cuba, después entre Cuba, la Florida y las islas Lucayas, hasta que, saliendo de un paso tan estrecho como lo es el canal de Bahama, pueden ocupar un espacio más extenso.» Hay más; el punto de vista expuesto en la reciente obra del mayor Rennell, de que el _Gulf Stream_ recibe su primer impulso en la punta meridional de África, en el banco de las Agujas (_Agulhas banc_), dirigiéndose hacia el golfo de Guinea al Norte, y después, con la corriente equinoccial del Este al Oeste hacia el cabo de San Roque y las costas de la Guayana (_Investig. of the currents of the Atl. Ocean._, 1832, pág. 20), encuéntrase claramente indicado en la sabia Memoria de Sir Humphrey Gilbert «sobre la posibilidad de un paso por el NO. al Cathay y las Indias orientales», Memoria que, por mencionar el mapamundi de Ortelio, debe haber sido redactada en 1567 y 1576. «Como las aguas del mar corren circularmente de Este á Oeste, obedeciendo al movimiento diurno del _primum movile_ (el sol), los portugueses encontraron muchas dificultades para avanzar hacia el Este en su trayecto desde el cabo de Buena Esperanza á Calicut: también, á causa de la poca anchura del estrecho de Magallanes, las aguas (que vienen del mar de las Indias al Sur de África) vense obligadas á subir á lo largo de las costas orientales de América hasta el cabo Freddo, distancia de más de 4.800 leguas.» (HAKLUYT, _Voyages_, t. III, pág. 14).
El nombre de este cabo data sin duda de la expedición de Sebastián Cabot, hecha en 1517, en cuya expedición llegó hasta los 67½° de latitud y descubrió la bahía de Hudson (_Mem. of Seb. Cabot_, páginas 29 y 118); P. FRASER TYLER (_Disc. of the Northen Coasts of Am._, pág. 41). Sir Humphrey Gilbert nombra por segunda vez este Cabo Frío, y le coloca en latitud de 62° opuesto á Groenlandia. (Hakluyt, t. III, pág. 23).
Al citar este notable pasaje, es casi inútil la observación de que la corriente, «que sube por las costas orientales de América», no abarca todo el espacio desde el estrecho de Magallanes hasta el paralelo 62° Norte. La corriente del Brasil, entre Bahía y Río de la Plata, se dirige al Sur, y esta misma dirección de las aguas se encuentra al Norte de Terranova, en las costas de Labrador.
En la travesía que en 1526 hizo Diego García desde las islas de Cabo Verde al cabo de San Agustín, atribuyóse la corriente dirigida al NO. (_el North West equatorial Stream_ de Rennell) entre los 5° de latitud meridional y los 10° de latitud boreal, al impulso de inmensos ríos de la costa de Guinea (HERRERA, déc. III, lib. 10, cap. 1.º); explicación errónea que en nuestros días ha sido aplicada á las corrientes próximas á la desembocadura de los ríos de la Plata, Amazonas y Orinoco, porque las causas son más lejanas y más generales.
[445] GLAS, _Hist. of the disc. and conquest of the Canary Islands_, p. V; VIERA, _Historia general de las islas Canarias_, tomo II, pág. 167.
[446] GUMILLA, _Orinoco ilustrado_, cap. 31.
[447] El historiógrafo de Canarias, Viera (t. I, parte III), refiere que en muchas ocasiones ha arrojado el mar á las costas de las islas de Hierro y Gomera frutos y semillas procedentes de árboles indígenas de América. Antes del descubrimiento del Nuevo Continente, suponían los Canarios que estos frutos eran procedentes de la isla de San Brandón. La mejor prueba de las ramificaciones temporales de los ríos pelásgicos es el fenómeno de transporte de producciones vegetales de las Antillas á las costas de Noruega, de las Hébridas, de Irlanda y de las Canarias.
[448] Wallace dice que los esquimales llegaban en canoas de cuero; pero Mr. Giseke, que ha vivido largo tiempo en Groenlandia, me asegura que estas canoas se reblandecen cuando están muchos días en agua del mar. Asegura, además, que los esquimales del Labrador jamás atraviesan el canal entre el Labrador y Groenlandia.
[449] «Non me piget inter hæc ejusdem temporis rem dignam propter novitatem, quæ legentibus nota sit, scribere. Navis gallica dum in Oceano iter non longe à Britannia faceret, naviculam ex mediis abscissis viminibus arborum que libro solido contectis ædificatam cepit; in qua homines erant septem _mediocri statura, colore subobscuro, lato è patente vultu_, cicatriceque una violacea signato: hi vestem habetant _è piscium corio_, maculis eam variantibus. Coronam è culmo pictam septem quasi auriculis intextam gerebant. Carne vescebantur cruda, sanguinemque, uti non vinum, bibebant. Eorum sermo intelligi non poterat: ex iis sex mortem obierunt, unus adolescens in Aulercos, ubi rex (Galliæ) erat, vivus est perductus.» BEMBO, _Hist. Ven._, lib. VII, pág. 257 (edic. 1718). En este cuadro, un poco recargado, fácil es conocer la raza de los esquimales, más extendida acaso hacia el Sur que en nuestros días. Á medida que la población indígena ha ido disminuyendo en el litoral, la navegación costera, ocasionada á aventuras extraordinarias, fué menos frecuente. En la narración de Bembo nada se dice de barcas de cuero.
[450] GUMILLA (edic. franc.), t. II, pág. 211.
[451] BOSIUS, _In Corn. Nep. Fragm._, t. II, pág. 356; PLINIO, II, 67: «Idem Nepos de septentrionali circuitu tradit, Quinto Metello Celeri, L. Afranii (sic Iul. Sillig. C. Afranii, Salmant) in consultatu collegæ, sed tum Galliæ proconsuli, Indos à rege Suevorum (ita omnes Plinii Codd) dono datos, qui ex India commercii causa navigantes tempestatibus essent in Germaniam abrepti.» (Consúltese también CAR. FERD. RANKII _de Corn. Nepotis vita et scriptis Coment._, 1827, pág. 27); POMPONIO MELA, lib. III, cap. V, § 8.º: «Ultra Caspium sinum quidnam esset, ambiguum aliquandiu fuit: idemne Occeanus, an Tellus infesta frigoribus, sine ambitu ac sine fine proiecta. Sed præter Physicos Homerumque, qui universum orben mari circumfusum ese dixerunt, Cornelius Nepos, ut recentior, ita auctoritate certior; testem autem rei Q. Metellum Celerem adjicit, eumque ita retulise commemorat: Cum Galliæ pro consule præesset, Indos quosdam à rege Boiorum (Botorum, Bætorum, Getorum, inepte Lydorum, Codd) dono sibi datos; unde in eas terras devenissens, requirendo cogosse, vi tempestatum ex Indicis æquoribus abreptos, emensosque, quæ intererant, tandem in Germaniæ litora exiisse.» (Véase ENEAS SYLVIO, _De Asia_, 1551, pág. 283; ACOSTA, lib. I, cap. 19.)
[452] Las nociones adquiridas por Herodoto en las comarcas próximas á la extremidad boreal del mar Caspio, y confirmadas por los Scytas y otros pueblos nómadas que erraban entre la cordillera meridional del Ural y la desembocadura del Volga, eran más exactas que las ilusiones sistemáticas que prevalecían al Sur y Sureste del Caspio entre los compañeros de Alejandro y de Patroclo, el almirante de Seleuco Nicator y el gobernador de los Cadusienos en tiempo de Antioco. El mismo Aristóteles conserva la idea (_Met._ I. c. 14, 29; II, c. 1, 10) del aislamiento del Caspio, y este opinión viene en apoyo, como ha observado muy bien M. de Sante Croix, de las razones que se tienen para creer que Aristóteles escribió la Meteorología en Atenas, antes de ir á la corte de Filipo (_Examen crit. des historiens d’Alexandre_, pág. 703, y JUL. LUD. IDELER, _in Arist. Met._, IX). El pasaje del Pseudo Aristóteles. _De Mundo_, c. 3, no puede ser citado en contradicción de lo dicho, á causa de la compilación tardía de este tratado, posterior á la expedición de Alejandro á la India.
[453] Juxta vero ab ortu ex Indico mari, sub eodem sidere pars tota vergens in Caspium mare, pernavigata est Macedonum armis, Seleuco et Anthioco regnantibus, qui et Seleucida atque Antiochida ab ipsis appellari voluere. Circa Caspium quoque multa Oceani litora explorata, parvoque brevius, quam totus, hic aut illine septentrio eremigatus (PLINIO, II, 67). En este mismo capítulo, que contiene el cuento de los indios arrojados en la costa de Germania, se hace á Cornelio Nepote contemporáneo de Eudoxio de Cyzico, célebre por una supuesta circunnavegación de África, en la cual conoció, como Pigafetta, nombres de lenguas bárbaras (STRABÓN, II, pág. 99). Ahora bien; Cornelio Nepote nació hacia el año 690 de la fundación de Roma, y el rey Lathuro, á quien Plinio nombra, murió en el año 673 (Ranke, pág. 15). Strabón, según Posidonio, supone el suceso en el reinado de Evergetes II ó Physcon, muerto el año 637 de la fundación de Roma (_Posidonii Rhodii, Rel. collegit Bake_, 1810, pág. 102).
[454] _Hist. du Commerce des Anciens_, pág. 352.
[455] PLINIO, II, 69; STRABÓN, XI, pág. 509 Cas. En el curioso manuscrito de: los viajeros árabes de los siglo IX y X, publicado primero por el abate Renaudot y examinado después por M. de Guignes, padre, háblase también «de un buque de Siraph en el golfo Pérsico, que la fuerza de las corrientes lo llevó, dando la vuelta al Asia oriental ó septentrional, al mar Caspio (mar de Khozar) y desde allí, por un canal, á las costas de Siria» (_Notice des Manuser. du Roi_, t. I, pág. 161). Este mito geográfico recuerda el extraordinario suceso de la punta de una proa que Eudoxio de Cyzico (_Strabón_, II, pág. 99) encontró en la costa de los Etiopes, y que se decía llegó, por la fuerza de las corrientes, desde el río Lixus ó de Gades.
[456] _Descriptionis Ptolemaicæ Augmentum sive Occidentis Notitia._ Lovan, 1597, pág. 190. «Indos quondam tempestatibus in Suevorum et Germaniæ litora ejectos et Quinto Metello Celeri dono datos, non ex ultimis Orientis et Occidentis partibus, uti quibusdam visum est, sed ex hac Laboratoris et Estolandiæ aut vicinis terris venise _constanter teneo_, mecumque sentient quicumque climatis rationem expenderit.» Este pasaje alude también á otra vaga suposición indicada por Wytfliet en el artículo Quivira y Anián, según la cual los Indios de Metelo Celer pudieron ser acaso verdaderos Indios, que llegaron á Europa por el Noroeste, pasando por los estrechos de Anián y del Labrador (pág. 170). Conviene recordar, con tal motivo, que estos dos nombres se aplicaban á dos distintos estrechos, creyéndose que había comunicación entre ellos; uno es nuestro estrecho de Behring, y el otro un canal que se suponía á lo largo de las costas septentrionales de América, desde los estrechos de Davis y de Frobisher hasta _Bergi Regio_ y _Aniani Regnum_, según la nomenclatura del siglo XVI. Más aún; en la célebre y problemática Memoria de Lorenzo Ferrer Maldonado, de 1588, dícese que el estrecho de Labrador no termina hasta los 75° de latitud, y «que hay 790 leguas desde el estrecho del Labrador al de Anián.» El nombre de este último estrecho encuéntrase por primera vez en un mapa del atlas de Ortelio de 1570, y aunque Rivero no le conoce en 1529 (SPRENGEL, en las _Adiciones_ á la traducción alemana de Muñoz, _Historia del Nuevo Mundo_, pág. 493), no prueba esto de ningún modo que haya sido inventado en el intervalo de 1529 á 1570. Por otra parte, su posición occidental hace improbable que Cortereal, en su viaje á la embocadura del San Lorenzo y al Labrador, le diera en 1500 el nombre de Anián en honor de _dos hermanos_ que le acompañaban, como supone Forter (_Nord. Entd._ B. III, capítulo 5, § 1). Hasta hoy nada se ha encontrado que explique la denominación de Anián. El nombre de _Fretum trium fratrum_ que emplea Gemma Frisius (HAKLUYT, t. III, página 16), indica vagamente una comunicación del Atlántico con el mar del Sur, al Norte de América, y si _Ani_ (BARROW, _Voyages into the Polar Regions_, pág. 45) significa en japonés _hermanos_, no causaría extrañeza ver aplicado al estrecho de Behring un nombre asiático, á pesar de las dudas que tan gran distancia de navegación para los japoneses pueda engendrar. ¿Qué crédito merece, en tal caso, la explicación de _Fretum trium fratrum_, fundada en las desgracias de Gaspar y Miguel Cortereal en las costas orientales del Nuevo Continente?
[457] Pontano (_Rerum Danicarum Historia_, 1631, pág. 764) discutió esta opinión.
[458] GOMARA, fol. VII. HORN., (_De orig. Amer._, pág. 24) repite el hecho, pero diciendo llegaron por sí mismos á Lubeck. «Similis casus in temporibus Frederici Barbarossæ narratur, Indos scapha Lubecam appulise.»
[459] En la Memoria acerca de la posibidad de un viaje al Cathay por el Noroeste (HAKLUYT, t. III, pág. 17), estaba en el interés del autor probar que los Indios de Metelo Céler vinieron por el Norte de América rodeando el _Promontorium Corterealis_, que está inmediato al _Polissacus fiuvius_ (pág. 19). Este mismo razonamiento fué, al parecer, empleado para motivar el proyecto de Sebastián Cabot, que, según Gomara (fol. XX), «prometió al rey Enrique VII ir por el Norte al Cathay y al país de las especias», en 1498 (_Mem. of. Seb. Cabot._, pág. 87). «Il primo motivo, dice el cardenal Zurla (_Viaggi_, t. II, página 284) deducevano dal Cornelio Nepote é parimente del sapersi che á tempi di _Ottone_, imperatore fu trasportatata daventi nel _Mare Germanico_ una nave de Levante.»
Ocasión tendré más adelante, al hablar del mapa de una edición de Ptolomeo de 1508, de discutir la denominación del río Polisacus (el Pulisangha) ó río de Cambalu en China.
Á causa de la cita de los Othones y de Federico Barbarroja he examinado cuidadosamente, pero sin fruto, la célebre crónica de Ditmar, conde de Walembek (_Cronogr. Ditmari, episcopi Merspurgensis_, libri VIII, Helmst, 1667, páginas 17-88) y la Crónica de Othón de Freising, continuada por Othón de San Blaise y el canónigo Radevicus (MURAT, _Script Rerum Ital._, tomo VI, páginas 610-736 y 742-758). Á ruego mío ha examinado Mr. Deecke en Lubeck, y también infructuosamente, la rarísima edición de Othón de Freising, impresa conforme á los manuscritos de la Biblioteca de Viena en 1515. ¿Quiso hablar acaso Eneas Silvio de una _Crónica de Austria_ del obispo Freising, que no ha llegado á nosotros?
[460] GRANTOFF. _Chron. des Franciscaner-Lesemeisters Ditmar_, 1829, t. I, p. XXIX, 4 y 413. Ditmar alcanza en su Crónica hasta 1101; Alberto de Bandervik solamente á 1298. La fundación de la _ciudad antigua_ de Lubeck, situada á orillas del riachuelo de Schwartow (_Helmoldi Chronica Slavorum_, Lubeck, 1139, lib. I, cap. 20 y 57, p. 61 y 137), corresponde á la época que media entre los años 795 y 823. Los Rugienos la incendiaron y destruyeron en 1139, y este suceso ocasionó la fundación de la _nueva ciudad_ de Lubeck en 1140. No habían transcurrido veinte años desde su reedificación en la época en que, según dice Gomara, llevaron allí los indios. Como esta ciudad nueva fué también destruída completamente por un incendio en 1157 (GRANTOFF, t. II, p. 581), la suposición de que fueran conducidos á esta ciudad comercial para mostrarlos al pueblo, náufragos llegados de las costas de Escocia ó Noruega, no me parece probable, porque hasta repugna á las costumbres de aquellos tiempos. El silencio de Helmod, que era cura de una aldea á orillas del lago de Plœn en el Holstein, es tanto más importante cuanto que en 1164 vivía aún, como su propia Crónica lo indica claramente (cap. 94, p. 213).
Consulté á un sabio, profundamente versado en la historia de estas comarcas y que habita en el mismo Lubeck, Mr. Deecke, y he recibido confirmación de las dudas que acabo de exponer. «Examinando de nuevo todas nuestras Crónicas, me escribió Mr. Deecke en Enero de 1835, nada encuentro, absolutamente nada, que permita adivinar lo que ha dado motivo á las extrañas noticias adquiridas por Eneas Silvio, Gomara y Sir Humphrey Gilbert, cuyas investigaciones sobre el paso del Noroeste nos ha conservado Hakluyt. Debo, sin embargo, deciros que en la casa donde se reunía el gremio de los marinos (_Schiffergesellschaft_ de Lubeck), se conserva una canoa groenlandesa con una figura de madera, representando un esquimal, figura que estuvo antes cubierta con el traje propio de los esquimales. La canoa ha sido recompuesta muchas veces, y su inscripción más antigua es de 1607, pero según una tradición muy vaga, debió capturar un barco de Lubeck á este pescador esquimal en los mares del Oeste hace trescientos años. Las relaciones comerciales de Lubeck con las regiones del Oeste y del Noroeste datan de mediados del siglo XIII. Acaso Gilbert quiso decir en el reinado de Federico III. No entiendo, como vos no entendéis, lo que significan las palabras del papa Eneas Silvio: _Nos apud Othonem legimus_; ni la cita de Gilbert: _Othon in the storie of the Gothes affirmeth_. No ha existido ningún Othón que escribiera una historia de los Godos, y entre los historiadores de este pueblo, que por largo tiempo y cuidadosamente he estudiado, no hay rastro de ningún suceso parecido.»
En muchas ciudades marítimas se conservan canoas groenlandesas, y esta conservación no prueba nada por sí misma, como sucede con el cocodrilo que me enseñaron colgado en una capilla de los alrededores de Verona, y que, según la tradición popular, vino derechamente al Brenta desde la desembocadura del Nilo.» La historia de la canoa de Lubeck, según los indicios dados por los autores que acabo de citar, podría referirse muy bien á la captura de un pescador esquimal arrastrado por alguna tempestad lejos de las costas de su patria.
[461] NAVARRETE, _Documentos diplom._, t. II, páginas 262-269.