Part 23
[175] PIGAFETTA _Primo viaggio_, pág. 182. Los marineros del _Victoria_ advirtieron con espanto «que durante el viaje alrededor del globo habían comido de carne el viernes y celebrado las Pascuas el lunes». (HERRERA, t. II, pág. 95.) Anghiera, que era algo inclinado á burlarse, da á entender en su correspondencia que el problema de _el día perdido_, como con más razón se le llama, mortificó largo tiempo á los compañeros de Magallanes «quonam vero pacto classicula, de qua puto vos non ignorare, parallellum circuerit integrum, proras ad Occidentem solem vertens semper, donec ad Orientem illarum una, garyophyllis onusta, redierit et in eo discursu unum sibi defuisse repererit, quæ stomachis exilibus impossibilia videbuntur, per ejus rei ad unguem discussam narrationem in Decade mea quarta videbitis». (PEDRO MÁRTIR, ep. 770, pág. 448.)
[176] «La longitudine s’argomenta de la latitudine de la Luna.» PIGAFETTA, _Trasunto del Trattato di Navigazione_, página 219.
[177] HERRERA presenta el tipo de este cálculo, déc. II, libro IV, cap. 10 (t. I, pág. 338). Comparando atentamente Herrera y Pigafetta, me he convencido de que no eran idénticos los materiales que cada uno empleaba. Citaré sólo el 13 y el 17 de Diciembre de 1519, el 7 de Febrero y el 11 de Octubre de 1520, el de la trágica historia de la traición en el Río de San Julián. Pigafetta atribuye al Cabo de las Vírgenes la latitud de 52° 3′, mientras los elementos numéricos de la observación de 28 de Octubre de 1520, referida por Herrera, arrojan 52° 56′ (véase _Pigafetta_, páginas 16, 24, 33, 35, y _Herrera_, t. I, páginas 339, 447, 449 y 451). Acerca de la coincidencia de la llegada de la _Victoria_ y de Contarini, véase RANKE, _Päpste,_ t. I, página 153.
[178] BARROS, déc. III, lib. V, cap. 10 (t. III, párrafo 1.º, página 657). El historiógrafo portugués no cita, como Herrera, los elementos numéricos; pero con amargas quejas, y bien injustas por cierto, contra las Efemérides de Regiomontanus, da las fechas de cuatro observaciones de longitud, sacadas de un libro que Duarte de Rezende (Feitor de Maluco) se procuró furtivamente en la India y le envió á Lisboa. De igual procedencia poseía también Barros el cuarto capítulo de los treinta que forman un tratado de longitudes («vulgarmente llamadas distancia de meridiano fijadas por la _altura de leste oeste_»), compuesto por Ruy Faleiro para el uso particular de Magallanes (t. III, p. 1.ª, páginas 660 y 661). Barros, que nació en 1496, encontrábase en África, en el fortín de la Mina, cuando llegaron á España los restos de la expedición de Magallanes, en 1522 (t. III, p. 1.ª, pág. 235).
[179] Déc. II, lib. II, capítulos 20 y 21; lib. IV, cap. 10 (t. I, páginas 103, 195 y 338).
[180] «Hombre hablador y de poca sustancia.» Parece que la diplomacia fué más activa cuando vino un embajador á Zaragoza á negociar el matrimonio de la hermana de Carlos V (doña Leonor) con el rey D. Manuel. «Se avisó á Magallanes que él y su amigo, el astrónomo Ruy Falero, serían asesinados (diplomáticamente), lo cual obligó al obispo de Burgos á ocultarles todas las noches en su palacio.
[181] _Primo viaggio_, pág. 36, y la _Introduzione_ del señor AMORETTI, páginas XX-XXVI.
[182] Antes hemos visto que estos testimonios contemporáneos nada nos enseñan acerca del lugar donde se encontraba el mapa. Pigafetta cita solamente los archivos (_el tesoro_) del Rey de Portugal. Gozaba de tan grande reputación un mapa veneciano, traído de Italia en 1428 por el infante D. Pedro, duque de Coimbra, hermano del famoso infante D. Enrique, duque de Viseo, y colocado en el convento de Alcobaça, que Francisco de Souza Tavares suponía haber visto indicado en él, como cola del dragón occidental de las Hespérides, el estrecho de Magallanes. (ANTONIO GALVANO, _Trat. dos descubr._, página XV; MANUEL DI FARIA Y SOUSA, _Europa Portuguesa_, tomo III, cap. I, pág. 554; ZURLA, il _Mappamondo di Fra Mauro_, páginas 7, 86, 87 y 143; VINCENT, _Periplus of the Erythr._, páginas 197 y 199.) Además, se creyó que era en el convento de Alcobaça donde Magallanes debió haber visto un mapa de Behaim. (STUVEN, _De vero Nov. Orbis inv._, pág. 41; TOSEN, _Der wahre Entd._, pág. 14). Aunque Behaim nació en 1430 y hasta 1479 ocupóse en comerciar en Alemania, no se temió atribuirle, sea el mapa veneciano de 1428, sea la copia del gran mapamundi del convento de los Camaldulenses de San Miguel de Murano, que el rey Alfonso V había hecho dibujar en 1459 en el taller de mapas de Fra Mauro y de Andrés Bianco (ZURLA, pág. 85).
[183] _Cosmographica disciplina_, cap. II, pág. 22; _De Universitate liber_, pág. 37. Este hombre raro, perseguido por los teólogos, nació en 1510 y murió en 1581. Es uno de los pocos que antes de Bochart se ocuparon de la lingüística comparada, ciencia que, gracias á la filosofía y á los conocimientos más extensos en nuestro siglo, ha llegado á ser tan importante para la historia de los pueblos y su mutua filiación.
[184] Los cambios que ha sufrido la nomenclatura de los diferentes cabos de la isla de la Trinidad y la supuesta identidad de las partes del continente americano que Colón, en su tercer viaje, designó con el nombre de _Isla Santa_ y de _Tierra_ ó _Isla de Gracia_, han hecho dudosa la cuestión de saber si fué la parte de tierra firme vista por primera vez. He discutido este problema antes de la publicación de los documentos de Navarrete en la _Relation historique_, t. II, pág. 72, nota 3.ª La costa primeramente descubierta fué la oriental de la provincia de Cumaná, al este de Caño Macareo, cerca de Punta Redonda, parte baja llamada Isla Santa, y no la parte montañosa de la costa de Paria, que forma la costa NO. del golfo de las Perlas ó de la Ballena, paraje que Colón designaba con el nombre de Isla de Gracia. Cuando su primer viaje, en Noviembre de 1492, á las costas de Cuba, estaba persuadido el Almirante de que se encontraba en un continente («es cierto, dice, que ésta es la tierra firme», Diario, 1.º de Noviembre). Esta opinión, confirmada en el segundo viaje y solemnizada por el juramento de toda la tripulación el 12 de Junio de 1494, la conservó Colón hasta su vuelta de Paria á Haïti en 1498. Dice terminantemente: «En el viaje que _yo fuí á descubrir la tierra firme_ estuve treinta y tres días sin concebir sueño, pero no se me dañaron los ojos ni se me rompieron de sangre y con tantos dolores como agora.» (Carta á los Reyes Católicos, conservada en el archivo del Infantado.) (NAVARRETE, t. I, páginas 46 y 252.)
Este convencimiento de Colón de no haber descubierto en 1498 sino un punto más meridional y más oriental del continente de Asia visto en 1492 y 1494, ha contribuído quizá á privarnos de una relación más detallada escrita por el mismo Almirante.
El martes 31 de Julio de 1498, un marinero de Huelva, Alonso Pérez, descubrió desde lo alto de un mástil una tierra de tres _mogotes_. Era el cabo SE. de la isla de la Trinidad, hoy Punta Galeota, llamada entonces Punta Galea según la carta del Almirante, y Punta Galera según su hijo D. Fernando. La Punta Galera de los hidrógrafos modernos, el cabo NE. de la Trinidad, nunca llegó á verla el Almirante.
El miércoles 1.º de Agosto, después de haber hecho aguada en la Punta de la Playa, en la costa meridional de la isla de la Trinidad, al este de la Punta del Arenal (cabo SE. de la isla, acaso en la embocadura de los arroyos Erin y Moruga) «vieron sobre la mano izquierda (la proa al oeste) la Tierra Firme á 25 leguas de distancia (esta valuación, como las siguientes, están aumentadas en la mitad), aunque pensaron que era otra isla, y creyéndolo así el Almirante, la puso por nombre Isla Santa.» Así lo dice el hijo de Colón (_Vida del Almirante_, cap. 67. HERRERA, déc. I, lib. III, cap. 10, t. I, pág. 67. Véanse también los testimonios en el pleito del Fisco contra los herederos de Colón, NAVARRETE, doc. LXIX, t. III, págs. 539-551 y 579-583, entre los cuales se descubre la existencia de un manuscrito, en el que un marinero, Pedro Mateos, de la villa de Higuey, marcó en 1498 todas las montañas y los ríos, y se lo quitó Cristóbal Colón.)
No habla Colón en su carta á los Reyes Católicos de esta vista de Tierra Firme hacia el Sur, ni siquiera se encuentra en ella nombrada la Isla Santa, sin duda porque en el viaje desde la Margarita á Haïti había tenido tiempo de reflexionar acerca de la semejanza y probable unión de las costas continentales de la tierra baja más meridional de la Isla Santa y de la tierra montañosa y más septentrional de la Isla de Gracia. «Creyendo que era otra isla (dice Herrera siguiendo á Las Casas) distinta de Isla Santa, le puso nombre de Gracia, y le pareció altísima tierra.»
El 2 de Agosto se pasó por la _Boca de la Sierpe_ hoy Canal del Soldado, por cuya abertura comunica el pequeño golfo de Paria ó de la Ballena, al Sur, con la mar. El día 5 de Agosto fué cuando por primera vez se puso el pie en el continente de América, á 5 leguas de distancia de cabo de Lapa, donde Pedro de Terreros hizo la risible ceremonia, tan repetida en nuestros dias, de una toma de posesión. La oftalmía impidió al Almirante desembarcar, pero no el hacer la «pintura de la tierra», que envió á los Monarcas, y que después guió á Alonso de Ojeda cuando, desde las costas de Surinam, vino al golfo de Paria (_Segunda pregunta del Pleyto del fiscal_, 1513-1515, NAVARRETE, t. III, páginas 5 y 359). Cabe sospechar que la circunstancia de no haber desembarcado indujo al piloto de la expedición, Pedro de Ledesma, quince años después, á decir en el pleito malignamente, y contra todos los demás testimonios, «que Colón descubrió la Punta de la Galea de la Trinidad, pero no la Tierra Firme que se dice ser Asia».
La expedición salió el 15 de Agosto por la abertura septentrional del golfo de Paria, y á ésta es á la que únicamente llama el Almirante _Boca del Dragón_. He juzgado conveniente poner en claro estos hechos, por el conocimiento detallado que adquirí de las localidades durante mi estancia en las montañas de Paria y en las misiones de Caribe.
[185] Los historiadores contemporáneos describen en los siguientes términos el carácter de este hombre valeroso: «Tenía favor por ser gran cortesano y de buenos dichos, hombre hijodalgo, modesto y de blanda condicion, hombre de á cavallo, tañedor de vihuela y trinchante á Don Enrique Enriquez, tio del Rey Católico.» HERRERA, déc. I lib. VII, capítulos 7 y 16.
[186] Doy aquí los verdaderos límites de la Castilla del Oro en la época en que la Tierra Firme estaba explotada como en arrendamiento en provecho de los conquistadores que la habían descubierto (NAVARRETE, t. III, docs. núms. 1, 2 y 28, páginas 116, 170, 337 y 343; HUMBOLT, _Relat. hist._, t. III, página 538). En el mapamundi de Ribero, de 1529, la denominación de Castilla de Oro, que sólo corresponde á Uraba y al Darien, se aplica á toda la parte septentrional de Tierra Firme, mientras hasta 1508, como antes he demostrado, la denominada Nueva Andalucía (provincia de Cumaná) comprendía desde el cabo de la Vela al golfo de Uraba. Cuando el rey Fernando encargó en 1513 á su embajador en Roma, Mosen Jerónimo de Vich, negociar con el Papa la creación de un nuevo obispado en Nuestra Señora de Antigua (de la provincia de Darien), la Castilla de Oro fué llamada, en la jerarquía eclesiástica, _Bætica aurea_.
[187] Véase mi _Relation historique_, t. I, páginas 699-713, y tomo II, pág. 224.
[188] _Geogr._, lib. IV, cap. 9; lib. II, cap. 5, donde á «la tierra desconocida» que rodea el mar de la India al Mediodía se la nombra dos veces, mientras á mitad del mismo cap. 5 al mismo mar de la India se le compara, como mar cerrado, al Caspio. M. Gossellin (_Rech._, t. I, pág. 45), atribuye á Hipparco esta hipótesis de una división del Océano en muchas cuencas y la prolongación oriental del África. Hasta ha publicado dos mapas del _sistema de Hipparco_, presentando la tierra desconocida que une África y Asia. El único pasaje que se puede alegar en justificación de esta identidad de la geografía sistemática de Ptolomeo y de Hipparco (la era del primero de estos geógrafos está separada de la del segundo por Strabón y Posidonio, que, como Eratosthenes, eran de opinión contraria), encuéntrase en Strabón, lib. I, pág. 10. Alm., pág. 5, Cas. Trátase en este sitio de la división del Océano en muchas cuencas separadas por istmos y de la influencia probable de estos istmos en la desigualdad de los fenómenos de las mareas. No se nombra á Hipparco sino por haber combatido, conforme al testimonio de Seleuco el Babilonio, la identidad general de los fenómenos de flujo y reflujo; y aunque por inducción, estas opiniones ponen á Hipparco en oposición con Cratés, que admite la posibilidad de una circunnavegación, confieso, sin embargo, que el pasaje citado no me convence completamente de la desigualdad de configuración que, á la extensión en latitud, deben haber dado al África Ptolomeo é Hipparco, cerca del mar Erythreo.
[189] Antes dije la poderosa influencia que en la dirección de las ideas de Cristóbal Colón ejercieron los pasajes de Strabón, repetidos por el cardenal d’Ailly. He aquí un pasaje de Solino que, por sus afirmaciones positivas, produjo grande efecto en la Edad Media. «Omne illud mare ab India ad usque Gades voluit (Juba) intelligi navigabile, cori tantum flatibus.» Llámase también fastuosamente «loca stationum et spatiorum modum» (SOLINO, Ex. Plin., págs. 874-879). San Isidoro era de la misma opinión de Cratés, de Eratosthenes y de Solino (_Orígenes_, libro XIV, cap. V). El pasaje de Solino está tomado de PLINIO (VI, 29), que comienza el Atlántico en el cabo Mosylon de Etiopía y reune en un mismo capítulo (II, 67) cuanto podía excitar el ardimiento de los marinos portugueses del siglo XV. El viento NO. (_caurus_ ó _argestes_ de los griegos) no está acertadamente elegido para explicar una navegación desde la India ó del mar Rojo á Cádiz; es, sin duda, una reminiscencia de la expedición de Eudoxio, en la cual Posidonio (STRABÓN, lib. II, página 157 Alm., pág. 99 Cas.) hace intervenir «continuos vientos del Oeste»; pero también Eudoxio procuraba dar la vuelta al África del Oeste al Este.
[190] _Gesta Dei per francos_, ed. 1611, t. II, páginas 281, 296; Marino Sanuto, á quien no se debe confundir con Livio Sanuto, geógrafo del siglo XVI, y que se llama á sí mismo en un manuscrito de la Biblioteca Laurentina de 1321 «Marinus Sanuto dictus Torxellus, de Venecciis», predicó acertadamente una cruzada en interés del comercio, deseando destruir la prosperidad de Egipto y dirigir todas las mercancías de la India por Bagdad, Bassora y Tauris (Tebriz) á Kaffa, Tana (Azov) y á las costas asiáticas del Mediterráneo. Nacido en 1260, compatriota y contemporáneo de Marco Polo, el viajero de Oriente, Sanuto no conoció el _Milione_, pero sí, probablemente, la geografía de Abu Rihan (Albiruni), de la que tomó datos Abulfeda. De carácter elevado, expone grandes miras de política comercial. (ANTONIO DE CAPMANY, _Memorias históricas sobre la marina de Barcelona_, 1779, t. I, pág 40.) Es el Raynal de la Edad Media, sin la incredulidad de un abate filósofo del siglo XVIII.
[191] _Il Milione_, 1827, t. I, pág. CLV.
[192] _Dissert._, t. II, pág. 397.
[193] _Il Mappamondo di Fra Mauro Camaldolese_, descritto de lacido Zurla, 1806, párrafo 54.
[194] ZURLA, párrafos 38, 39, 116-118.
[195] Ed. de Marco Polo, nota 1.419. Behaim ha figurado también estos islotes en el globo de Nuremberg, y pretende que no empezaron á ser habitados hasta 1285. (MURR, pág. 34.) La situación cerca del cabo de Guardafui no conviene en manera alguna con el dicho de Polo «verso mezzodi di Chesmacoran», que es la parte más occidental de _l’India maggiore_, á 500 millas de distancia.
[196] _Diario del primer viaje_, 13 y 15 de Enero (NAVARRETE, t. I, páginas 134 y 138); y _cuarto viaje_ ( NAV., t. I, página 282). Matinino es Santa Lucía; BORODONI, _Isolario_, edición de 1547, pág. 15. La isla Matitina de _Procacchi, Isole più famose_, 1576, pág. 106, y del mapa de las Antillas de Wytfliet en las _Descriptionis Ptolemaicæ argumentum sive Occidentis notitia_ (1597), paréceme que coincide mejor con la posición de la Martinica.
[197] Este archipiélago contiene Socotra (Socotora), Serendiv (Ceylán) y Kemr (Madagascar), situada al E. de Ceylán, según el mapa árabe que acompaña al hermoso manuscrito de Edrisi, de la Biblioteca Bodleyana, en Oxford. Por esta configuración extraordinaria dada al África oriental, á la costa de Zengis y á la de Sofala, Asia y África formaban un golfo inmenso (mar de Sind ó Hind), que en dirección, como el archipiélago, de O. al E. se extendía desde la desembocadura del mar Rojo hasta las extremidades orientales del mundo desconocido.
El globo de Behaim presenta la parte de esta serie de islas que traspasa el meridiano de Cathay, de Gog y de Magog, siendo la más próxima á las costas de España. Socotora y Zipangu son los puntos extremos de este archipiélago por el lado de la India. Antes de 1492 creíase que continuaba hacia el Este por medio de jalones apartados que formaban la Antilia, San Borondón y las Azores. Tal era la opinión de Toscanelli y de Colón, y puede formarse exacta idea de la esperanza de dichos grandes hombres de entrar por el Atlántico en esta zona continua de islas, cuando se conoce el tipo imaginario de la geografía árabe é italiana del siglo XV.
En el mapa de Edrisi queda abierto el mar de Hind hacia el Este; pero como reminiscencia del sistema de Ptolomeo, se prolonga la costa de Sofala hasta el meridiano de Cathay. Es verdaderamente extraordinario que, en oposición directa con el mapa del manuscrito de Oxford y de muchos textos de Edrisi, el sabio maronita Gabriel Sionita, en su comentario marginal del geógrafo nubiano, haya atribuído á éste la misma opinión de Ptolomeo, según la cual el mar de la India sería una cuenca cerrada (EDRISI, ed. de 1619, pág. 3, nota b). Esta falsa interpretación á que ha podido contribuir un pasaje algo obscuro de Edrisi (pág. 37) acerca de una tierra que está unida á la costa de Zengis (¿ó cercana?), ha sido copiada en otras obras, por lo demás, muy estimables (SPRENGEL, _Gesch. der geogr. Entd._, página 156). Hay siete mares, dice el Nubiano, de los cuales seis son como golfos del Océano Homerico (_mare ambiens_), y uno completamente separado, _nulli parti prædictorum marium juncta_. Ahora bien; como este solo mar, separado de los otros (Edrisi, pág. 243, repite las mismas palabras) es el Caspio ó mar de Tabarestán, y que, comparado al antiguo estado del Mediterráneo, es el mismo al cual llama (pág. 147) _Stagnum undique clausum_, no puede quedar duda alguna de que Edrisi creía el mar de la India abierto hacia el Este y en comunicación libre con el Océano. Lo dice claramente en la pág. 36, donde habla del enlace del _mare piceum_, la parte más oriental del mar de la India, con el mar de las Tinieblas, ó sea el Océano Atlántico, que baña (páginas 6, 39) las costas occidentales de África, la extremidad oriental (Vac-Vac) de dicho continente y las tierras septentrionales de Gog y de Magog.
[198] BALDELLI, _Milione_, t. I, pág. 33. La sospecha de las adiciones fúndase en datos, al parecer, debidos á un monje, Talián, que recorrió la Etiopía. La conjetura de Ramusio y de tantos geógrafos modernos, de que Fra Mauro había copiado un mapa traído por Marco Polo del Catay, ha sido, en mi opinión, victoriosamente refutada por el cardenal Zurla (párrafos 136-143). La orientación del mapamundi de Mauro, en el cual el Mediodía, como en el planisferio de Velefri (del siglo XV), publicado por el sobrino del cardenal Borgia, está situado en la parte superior del mapa (cayendo, por tanto, el Oriente á la izquierda), choca, sin duda, cuando se recuerda que en China, donde, según las nuevas é ingeniosas investigaciones de M. Kalproth, los marinos se guiaban por medio de la brújula desde el siglo III de nuestra era, la aguja imantada lleva el nombre de _aguja que muestra el Sur_, Tchinantchin.
La dirección del comercio del Norte al Sur y al Suroeste daba especial importancia á la región meridional; pero las orientaciones de los mapas fueron, al parecer, por largo tiempo bastante arbitrarias. En el mapamundi circular de Andrés Bianco, mucho más antiguo que su Portulán de 1436, y hasta quizá copiado de un mapa del siglo XIII, el Sud está á la derecha, como también en el mapamundi de la Biblioteca de Turín, anejo á un comentario del Apocalipsis compuesto en el año 787 y transcrito en el siglo XII (_Cod. manuscripti. Bibl. Taurín_, 1749, t. II, página 29, Col. XCIII). El mapa fragmentario del monje Cosmas Indicopleustes, lo mismo que el mapa general de Edrisi, de la Biblioteca Boldeyana, que con frecuencia he citado, están orientados como acostumbramos á orientar nuestros mapas, el Oriente á la derecha. La antigüedad siguió generalmente el ejemplo de Homero (_Iliada_, XXII, 239; STRABÓN, lib. I, página 34 Cas.), que hace volar el águila á la derecha hacia la aurora y á la izquierda hacía la estancia de la noche (el Poniente). Sólo Empedocles trastorna, por decirlo así, los puntos cardinales en sentido diametralmente opuesto al método de Bianco, nombrando «la derecha del mundo el Norte y la izquierda el Sur (PLUTARCO, _Plac. phil._, II, 10; STOB., _Ecl. phys._, XVI, pág. 358). Esto es, como observa M. Lommatzsch, un reflejo de la doctrina egipcia (PLUTARCO, de _Isid._, c. 32), que considera el Oriente como «la cara del mundo»; lo cual, no para quien mira al Oriente, sino para quien vuelve el rostro al Occidente, sitúa (como dice Empedocles) el trópico del invierno, ó sea el Sur, á la izquierda. (LOMM., _Weisch. des Emp._, 1830, página 200.)
[199] RENNEL, _Inv._ on Current., páginas 98, 138.
[200] _Vies de personnages célebres_, t. I, pág. 336. Recordaré, que en la punta austral de África abunda una especie particular de lobo, el _chacal mesomelas_; pero no es probable que el _Junco de la India_ tocara en el cabo Diab.
[201] _Dvipa_ (contraído en _dip_ y _div_) es en sanscrito, según M. Bopp, hablando con propiedad, un compuesto posesivo, _teniendo dos aguas_, rodeado de agua por dos lados. _Dvis_ pierde fácilmente la _v_, como lo prueba el adverbio numeral griego δὶς, en el cual el epiceno _vau_ queda suprimido. En la explicación del nombre griego de Socotora (Dioscoridis Insula) fué donde Bochard procuró por primera vez, hace doscientos años, encontrar las palabras sanscritas Diu Socotra, impulsado quizá á ello por la palabra _Iabadiu_ (isla de la Cebada) de Ptolomeo (VII, 2). No insistiré en la transformación de Diu Socotra en Dioscoridis Insula, conforme en rigor á la tendencia de los Helenos de formar mitos históricos por la alteración de nombres geográficos; pero cuéstame trabajo participar de la opinión de un sabio ilustre, cuyas opiniones causan generalmente profunda convicción en el ánimo del lector, de que Socotra sea una corrupción del apócope de Dioscórides. (LETRONNE, _Materiaux pour l’histoire du Christianisme en Abyssinie_, 1832, pág. 138.)
La isla de Socotora, habitada desde antiguos tiempos por colonos árabes é indios, era, no sólo por su posición á la entrada del mar Erythreo, importante para el comercio, sino también porque se la creía fértil en aloes, cuya especie, muy buscada en la antigüedad, se la llama aún en las farmacias Socotrina, adjetivo de Socotra, como se ve claramente en _García_, _ab Horto Aromata_, t. I, 2, pág. 14, ed. de 1567. «Insula Socotra (dice el geógrafo de la Nubia, pág. 23) nitida tellure, ferax arborum et pleraque ipsius germina sunt arbores aloës. Atque hæc aloë superat bonitate reliquas omnes, ut illam quæ colligitur in Hadhramut terræ Yemen.» Esta descripción recuerda la fábula árabe de que Aristóteles indujo á Alejandro á descubrir la isla de los Aloes, y el consejo de que, cuando el rey macedonio fuera personalmente á Socotora «telluris præstantia et aëris temperiem approbans», expulsara á los antiguos colonos y les reemplazara con griegos que cuidarían las plantaciones de aloes.