Part 21
[110] El jesuíta Ximénez, en su comentario á las cartas de Toscanelli, encuentra alguna obscuridad en esta designación del tiempo, _algunos días ha_, y la frase que le sigue inmediatamente, _antes de las guerras de Castilla_. Opino que, por ligero error de puntuación, se ha separado con una coma esta última frase de la palabra _doméstico_. La carta anuncia sencillamente que el canónigo estaba al servicio de Portugal largo tiempo antes de las perturbaciones del reino de Castilla, suscitadas por el destronamiento del rey Enrique IV en 1465, y su reposición en el trono en 1468. Otro error de mayor importancia, por referirse al descubrimiento del cabo de Buena Esperanza, se deslizó en el comentario de Ximénez. Toscanelli escribió al canónigo Martínez que el camino que propone para llegar por el Océano Occidental al país de las especias, es cortísimo, más corto que el que necesitaban hacer los portugueses para ir á la costa de Guinea (_el camino por la vía del mar es brevísimo: lo tengo por más corto que el que hacéis á Guinea_). El abate Ximénez dice _il camino que voi fate per Guinea_, lo que tiene muy distinto sentido, pues permitiría preguntar si los negociantes _atravesaban_ la Guinea. _Gnom. Fior._, páginas LXXXII y LXXXIV.
[111] GARCILASO. _Coment. Reales_, lib. I, cap. 3; GOMARA, _Historia de las Indias_, cap. 13; ACOSTA, lib. I, cap. 19.
[112] NAVARRETE, t. I, pág. 2. La frase _saber de cierta fe_ es notable por lo modesta.
[113] Aunque al escribir estos párrafos (Febrero de 1834) no ha desembocado ningún buque por el canal de Barrow en el mar de Kamtchatka, ó costeado América desde la península de Melville y el Príncipe Regent-Inlet hasta la bahía de Kotzebue, los brillantes descubrimientos de Parry, Franklin y Beechey no dejan, al parecer, duda acerca de la comunicación entre el mar de Baffin y el estrecho de Behring.
[114] Pedreio de Covilham y Alonso de Payva se embarcaron en Barcelona en 1487 para saber noticias del Preste Juan. Los dos judíos se unieron á Covilham en el Cairo á su vuelta de Sofala y de Adem.
[115] Según d’Herbelot, la isla Seranda de Edrisi (HARTMANN rechaza este sinónimo, _Africa_, pág. 115); Magastar ó Madaigascar (corrupción de la palabra Madagache) de Marco Polo, llamada después, á principios del siglo XVI, isla de San Lorenzo de los Portugueses. Con esta última denominación encuentro la isla de Madagascar en un mapa-mundi dibujado en Sevilla en 1527, y por tanto, anterior en dos años al célebre mapa de Diego Rivero, conservado también en la Biblioteca de Weimar Ambos mapas presentan ya también la posición de las islas de Francia y de Borbón con los nombres de Mascarhenas y de Santa Apollonia.
[116] Gama partió de Portugal el 8 de Julio de 1497, y llegó á la bahía de Santa Elena en Noviembre de 1497 á la desembocadura del Río de Buenos Señalis, donde tuvo la primera noticia de la proximidad de hombres blancos y de barcos de construcción europea, el 25 de Enero de 1498; á Calicut el 18 de Mayo de 1498, y volvió á Portugal el 19 de Julio de 1499. Duró esta expedición memorable, según datos exactos, dos años y nueve días; el viaje de Portugal á las Indias á (Calicut) 314 días, mientras hoy (en 1834) la duración media de esta travesía en los buques de Liverpool es de 95 días.
[117] Dec. I, lib. III, cap. 4, pág. 190. Como Toscanelli aconsejó á los portugueses buscar el camino de la India, no por la ruta de Guinea, sino por la del Oeste, es muy extraño error atribuir á este astrónomo el conocimiento del Cabo de Buena Esperanza desde 1474 y la creencia de que pudo comunicarlo á los venecianos. LE BRET. _Gesch. von Venedig_, t. II, pág. 226; _Sprengel Gegch. der geogr. Eutd._, 1792, pág. 390.
[118] «Os envío otra carta de marear, semejante á la que yo le envié al Canónigo.» Me ha parecido extraordinario que en la frase que indica la distancia de Lisboa á Quisai, diga Toscanelli «hallaréis en un mapa», en vez de «en mi mapa ó carta de marear».
[119] El mapa de Martín Behaim, que expresa las creencias geográficas del siglo XV, da una diferencia de longitud de 13 grados.
[120] _Diario_ de 1492: «Viernes 5 de Agosto. Anduvimos (desde la barra de Saltes) con fuerte virazón 60 millas, que son 15 leguas (NAVARRETE, t. I, pág. 13).
[121] Comparando atentamente la carta que publica el abate Ximénez en su _Gnomone Fiorentino_, con la que Fernando Colón encontró entre los papeles de su padre, y era conocida de Las Casas, encuentro muchas adiciones y alteraciones del texto. Sabemos por la _Vida del Almirante_, que la célebre carta de Toscanelli estaba escrita en latín, conforme á la costumbre que prevalecía entonces entre los sabios. Puede esto causar sorpresa al recordar que se trata de un italiano de Florencia, el cual escribe cartas á un italiano de Génova, que habitaba en Lisboa desde 1470, y que esta correspondencia pasaba por manos de Lorenzo Giraldo, indudablemente de la familia de los Giraldi, originaria de Florencia (BARCIA, t. I, págs. 5-6); pero Toscanelli recordaba tan poco la nacionalidad italiana de Colón, que á juzgar por la frase con que termina su segunda carta pudiera presumirse que en Florencia se tenía á Colón por portugués. «Estad seguro de ver (en el Cathay) reinos poderosos, cantidad de ciudades pobladas y ricas provincias que abundan de toda suerte de pedrerías, y causará grande alegría al Rey (el _Gran Can_) y á los Príncipes que reinan en estas tierras lejanas, abrirles el camino para comunicar con los cristianos á fin de hacerse instruir en la Religión Católica _y en todas las ciencias que tenemos_. Por lo cual, y otras muchas cosas que podrían decirse, _no me admiro tengáis tan gran corazón como toda la nación portuguesa, en que siempre ha habido hombres señalados en todas empresas_.» No teniendo á la vista en este momento la traducción italiana de la _Vida del Almirante_, publicada en Venecia, en 1571, por Alfonso de Ulloa con el título de _Istoria del Sr. D. Fernando Colombo nelle quali si ha particolare e vera relazione della vita de’fatti dell’Ammiraglio_, no puedo comprobar si las alteraciones del texto en la carta italiana que presenta el _Gnomone_ de Ximénez, son efecto de la negligencia del Abate ó de la de Ulloa. Se ha hecho decir al astrónomo florentino, que los 26 espacios de distancia que hay desde Lisboa á Quinsay tienen cada uno 250 (en vez de 150) millas; se han añadido palabras sin sentido, por ejemplo, los 10 _espacios_ de distancia de Cipango á Antilia hacen «2.500 _millas_», ó 225 leguas. Más adelante (y en contradicción notoria con las cifras que preceden) la gran ciudad de Quinsay tiene «100 millas» ó 35 leguas de ámbito. En fin, y como glosa puesta por acaso en medio de la descripción de Quinsay, «_este espacio es casi la tercera parte de la esfera_.» Las frases puestas entre comillas son _variantes lectiones_, ó mejor dicho, falsificaciones del texto. Conforme á estos datos falsos, la longitud de una legua sería unas veces de once y un décimo millas, y otras de dos y ocho décimas. El abate Ximénez deduce del modo más arbitrario (páginas 92-94) que un _espacio_ equivale á cinco grados de longitud; que cincuenta millas ó veintidós y media leguas de Toscanelli forman un grado, y que la distancia desde Lisboa á Quinsay es de 130 grados. Fúndanse estas conclusiones, en parte, en la analogía de las proyecciones de Ptolomeo (_Geogr._, I, 23), que dividía el cuarto de la circunferencia ecuatorial en 18 partes, como Eudoxio dividía (GEMINUS, _Elem. Astr._, capítulo 15) toda la circunferencia polar en 60 partes iguales, lo cual da diferencias de cinco grados de longitud y seis de latitud. Pero aunque Toscanelli valúa «un _espacio_ de su mapa en veintidós y media leguas», la suposición de cinco grados de longitud daría, para el paralelo de 38 grados y 42 minutos al que se refiere este cálculo, tres y media leguas por grado de longitud, resultado absurdo, porque no concuerda con ninguna extension que en cualquier tiempo se haya llamado _legua_. Termino esta larga disertación numérica haciendo observar que si Toscanelli tomó la descripción de Quisai (Kinsai) de MARCO POLO (lib. II, cap. 68), encontró el circuito de los muros valuado solamente en 100 _li chinos_, y que estos 100 _li_, llamados millas chinas en los manuscritos del viajero veneciano, los tradujo vagamente por 35 leguas, ignorando que 192 _li_ forman un grado ecuatorial.
[122] Digo en el texto: tres días después que Colón _creyó_ haber observado por primera vez la declinación magnética, porque Peregrini había observado ya esta declinación en Europa en 1269.
[123] Este suceso es extraordinario, y lo refiere el Diario con una ingenuidad que no deja lugar á duda. El barco se encontraba entonces en medio del Océano Atlántico, á 290 leguas marinas (de 20 al grado) de distancia de la tierra más próxima, la isla de Flores, y los pájaros cantores no habían sido arrastrados por las tormentas. En su segundo viaje, el 24 de Octubre de 1493, vió Colón golondrinas cuando su punto de estima le situaba á 340 leguas al ONO. de las islas del Cabo Verde. (_Vida del Almirante_, pág. 43). Comparando Navarrete los puntos de estima tomados, los rumbos y las distancias, cree que desde el 19 al 22 de Septiembre, época en que el Almirante observó tantas señales de proximidad de tierra, se aproximaba á las rompientes que los marinos españoles aseguran haber descubierto hacia el gran banco de fuco ó algas flotantes el año de 1802.
El teniente de navío D. Manuel Moreno, que acompañó á Churruca en su expedición cronométrica en las Antillas, sitúa estas rompientes en la latitud 28° 0′ longitud, 43° 22′ al Occidente de París. En la noche del 21 de Septiembre, Colón se encontraba, pues, á cuatro millas marinas al NE. de este peligro que hubiese podido retardar el descubrimiento del Nuevo Mundo hasta el 22 de Abril de 1500, día en que Pedro Alvarez Cabral, en su viaje á la India, fué llevado por las corrientes á las costas del Brasil. No encuentro estas rompientes en los mapas ingleses recién publicados, y su existencia merece ser comprobada, tanto á causa de la seguridad de la navegación, como por el interés histórico que inspira.
[124] NAVARRETE, t. I, páginas 9, 11, 13, 16 y 17. Dice así literalmente, conservando la irregularidad de las frases, por la costumbre de Las Casas de embrollar el estilo de Colón copiando á veces sus palabras y extractando otras el texto. El pasaje relativo á Cipango paréceme ininteligible tal como lo escribe («Esta noche dijo Martín Alonso que sería bien navegar á la parte del Sudueste: y al Almirante pareció que no decía esto Martín Alonso por la isla de Cipango, y el Almirante via que si la erraban que no pudieran tan presto tomar tierra»), si no se cambia la puntuación y se pone un punto entre las palabras _no_ y _decía_.
Examinando en el Diario de Colón los días en que Oviedo y Herrera señalan grandes indicios de motín en las tripulaciones, sorprende no encontrar rastros de estos sucesos. Como á los historiadores gustan los efectos dramáticos que resultan de la oposición de los caracteres, han creído engrandecer al marino genovés exagerando los peligros á que sucesivamente le exponían la malicia, el miedo ó la ignorancia de sus marineros. Olvídase que los marinos españoles, especialmente los catalanes, los vascos y los andaluces de Palos, desde hacía siglo y medio frecuentaban las costas de Guinea y de Escocia; que la vista de una erupción en el Pico de Tenerife no podía _dar espanto_, como pretende Fernando Colón, á hombres habituados á visitar las Canarias, Nápoles y Mesina. (NAVARRETE, t. III, páginas 605 y 607); y que la travesía del _Golfo de las Damas_, favorecida por el tiempo más bonancible y un mar generalmente tranquilo, no podía consternar por modo tan extravagante á hombres avezados al mar. Entre el 22 y el 25 de Septiembre los compañeros de Colón, según testimonio de su hijo y de Herrera (_Vida del Almirante_, cap. 19; HERRERA, dec. I, lib. I, cap. 10), querían arrojar al mar á su capitán mientras estuviese _embebido_ en el estudio de las estrellas. En el Diario no se pinta el descontento con tan vivos colores; dice únicamente Colón que el viento contrario ONO. que sopló el 22 de Septiembre, «mucho me fué necesario, porque _mi gente andaba muy estimulados_, que pensaba que no ventaban estos mares vientos para volver á España».
El 23 de Septiembre dice: «Y como la mar estuviese _mansa y llana, murmuraba la gente_, diciendo: que pues por allí no había mar grande, que nunca ventaría para volver á España.»
El cuento de Oviedo, sobre los tres días que concedieron á Colón para continuar avanzando hacia el Oeste, copiado por todos los biógrafos y poetas modernos, ya lo ha refutado Muñoz (lib. III, § 7). D. Fernando Colón, que quería tan mal á Alonso Pinzón, como Las Casas á D. Fernando, no refiere el hecho mencionado, y se limita á decir «que la gente estuvo para amotinarse, perseverando en las murmuraciones y conjuraciones» (_Vida del Almirante_, cap. 20). Además, el día 7 de Octubre el único suceso apuntado en el Diario es un cambio de ruta. Desde el 30 de Septiembre había seguido el Almirante el camino directamente hacia el Oeste en una extensión de 250 leguas marinas, siguiendo el paralelo de 25 grados y medio; el 7 de Octubre (en la mañana siguiente á la conferencia con Martín Alonso Pinzón sobre la proximidad de Cipango) en la _Niña_ creyeron ver tierra. Al ponerse el sol se reconoció que no era verdad; pero como las bandadas de aves dirigíanse al SO., «sin duda para dormir en tierra, el Almirante, siguiendo la experiencia de los portugueses que habían descubierto la mayoría de las islas que poseen (las Azores?), siguiendo el vuelo de las aves, permitió abandonar la ruta hacia el Oeste, y dirigirse al OSO. con el propósito de continuar en esta dirección durante dos días. No se habla ni una palabra de revuelta ni sublevación: la frase, _acordó dejar el camino del Oueste_, es la única que parece indicar que Colón _cedió_ á las instancias. Esta nueva dirección le fué provechosa. Por lo demás, sin que pueda sospecharse motivo alguno que le obligara á ello, el Almirante había ya cambiado el rumbo de igual manera el 24 de Septiembre. Después de haber seguido escrupulosamente el paralelo de Gomera (latitud 28 grados) durante 390 leguas marinas, gobernó de pronto al SO. para seguir el paralelo de 25 grados y medio. El 8 de Octubre, que debía ser el día tan peligroso por la sedición, según Oviedo, está señalado en el Diario de Colón como día muy favorable para el progreso de la navegación. «La mar, dice el Almirante, está como el río de Sevilla, gracias á Dios; los aires muy dulces, como en Abril en Sevilla, que es placer estar en ellos, tan olorosos son.» Estas líneas escritas bajo la impresión de aquellos momentos no anuncian ciertamente los terrores de un espíritu alarmado.
[125] Sin embargo, en el Diario de la primera navegación (jueves 9 de Agosto de 1492) habla Colón de estas islas que, parecidas á las ilusiones del _espejismo_, se creía ver todos los años al Oeste de las Azores, de las Canarias y de Madera. En su carta al papa Alejandro VI (Febrero de 1502) no da el nombre de _Antillas_ á ningún grupo de las 1.400 islas que se vanagloria, no sin alguna exageración, haber descubierto. (NAVARRETE, _Documentos dipl._, t. I, pág. 5; t. II, pág. 280). No fué, pues, Cristóbal Colón quien introdujo el nombre de Antillas en la geografía moderna. En su sistema Haïtí (la Española) era _Ophir ó Cipango_. «Les había dicho muchas veces, dice su hijo, que no esperaba ver tierra hasta haber navegado 750 leguas hacia el Occidente de Canarias, en cuyo término había también dicho que hallaría la Española, llamada entonces Cipango» (_Vida del Alm._, cap. 20). La primera aplicación del nombre _Antiliæ insulæ_ á las islas de América, es un rasgo de erudición de Pedro Mártir de Anghiera. Volvió Cristóbal Colón de su primer viaje el 15 de Marzo de 1493, y en la primera década de la _Oceanica_, dedicada al cardenal Ascanio Sforza en Noviembre de 1493, encuentro ya: «In Hispaniola Ophiram Insulam sese reperise refert (Colunus), sed cosmographicorum tractu diligenter considerato, Antiliæ insulæ illæ et adjacentes aliæ.....» Dec. I, lib. I, pág. 1. Posteriormente Vespucci en su pretendida segunda navegación de 1499, llama _Antiglia_ «la isla que Colón ha descubierto pocos años há», es decir, Haïtí. En el siglo XVI, las islas Caribes, al SE. de Puerto Rico (Borrinquen), tenían en los cuadros de posiciones geográficas que se procuraba añadir á los tratados de geografía la denominación de _Antigliæ insulæ_. Uno de los ejemplos más antiguos que conozzo de estos cuadros de posiciones está en una obra de JUAN SCHONER (_Opusculum geogr. ex diversorum libris et cartis collectum_), publicado en 1533. Véanse los curiosos capítulos (sect. II, capítulos 20 y 21) _De regionibus extra Ptolomæum deque insulis circa Asiam et Indiam et novas regiones hujus tertiæ ortos partis_.
[126] Relación de 1504. (NAVARRETE, t. I., pág. 282; _Vida del Alm._, cap. 100.)
[127] «Los hombres de esta isla tienen los cabellos no crespos, salvo corredíos y gruesos, como sedas de caballo, y todos de la frente y cabeza muy ancha, más que otra generacion que fasta aqui haya visto, y los ojos muy fermosos y no pequeños, y ellos ninguno prieto, salvo de la color de los canarios, ni se debe esperar otra cosa, pues está deste oueste con la isla del Hierro en Canarias so una línea.» (En el mismo paralelo.) (_Diario de Colón_ en 13 de Octubre de 1492.)
[128] OVIEDO, _Hist. nat. y gen. de las Indias_, cap. 3.
[129] BARCIA, pág. 7, _a_; HERRERA, t. I, pág. 4.
[130] _Academia dei Dubbiosi_, anterior á la de los _Stabili_ y de los _Gelosi_.
[131] El historiador Herrera no conoció el nombre de Toscanelli, ni tampoco el sabio autor del _Commerce and Navigation of the Ancients_, M. Vincent, que en su _Dissertation sur les Seres_ (t. II, págs. 613-618) discute con gran sagacidad las diferentes causas de la empresa de Colón.
[132] WAGENSEIL, _Sacra parentalia B. Georgio Frid. Behaimo dicata_, pág. 16. POSTEL dice ya terminantemente en la página 22 de su _Cosmografía_: «Ad 54 grad. (lat. mer.) ubi est _Martini Bohemi fretum_ á Magaglianeso _alias_ nuncupatum.»
[133] «Y cuanto más se extienda la parte oriental de la India al Oriente hacia las islas del cabo Verde, más fácil será llegar á ella en pocos días: esta opinión se la confirmó á Colón su amigo _Martin de Bohemia, portugués, natural de la isla de Fayal, gran cosmógrafo_» (HERRERA, déc. I, lib. I, cap. 2). Sorprende que ROBERTSON (_Hist. of Amer._, 1777, t. II, pág. 434), á pesar de las luminosas disertaciones de un profesor de Gottinga, M. TOZEN, publicadas en 1761 (_Der wahre und erite Entdecker deruen Welt gegen die ungegründeten Ansprüche von Vespucci und Behaim_, págs. 87, 113), y la obra aun más antigua de DOPPELMAYR (_Hist. Nachr. von Nürnberger Mathem, und Künstlern_, pág. 30), haya caído en el mismo error de creer portugués á Martín Behaim. El título de gran cosmógrafo que le da Herrera prueba que no le confundía con el canónigo portugués Martínez, encargado por su Gobierno de la correspondencia con Toscanelli sobre el camino más corto para ir á las Indias.
[134] Es la semilla del _Amomum Granum Paradisi_ de Afzelius, objeto de muy importante comercio (sobre todo para la ciudad de Amberes) antes de la expedición de Gama. Esta semilla de una Drymirhisea, poco conocida hasta hoy, llegaba entonces á las costas septentrionales de Berbería por medio de las caravanas de Guinea que atravesaban el desierto de Sahara. La _malagueta_ rivalizaba con la verdadera pimienta (_Piper nigrum et Piper longum_) que Dioscórides conocía ya (capítulo 189) con el nombre indio πέπερι (del sanscrito _pippali_), que Edrisi describe (_Geogr. Nub._, 1619, pág. 61) con notable exactitud, y que por su largo transporte á través del Asia se encarecía mucho en los mercados de Italia.
Como las producciones vegetales análogas y que se reemplazan mutuamente en el comercio toman siempre el mismo nombre, el de _malagueta_, tan célebre en el siglo XV, y que nuestros farmacéuticos han transformado en _meleguetta, maniguette y cardamonum piperatum_, paréceme que se deriva de la palabra india _pimiento_, tal y como se usa en la lengua de Sumatra. Encuentro en la _Cosmografía_ de SEBASTIAN MÜNSTER (edición de 1550, pág. 1.093): «lingua patria Sumatrenses piper, _molaga_ dicunt.» El sabio autor de la _Materia médica of Hindoostan_, M. Ainslie, da también (edición de Madrás, 1813, pág. 34) al _Piper nigrum_ en tamul la denominación de _mellaghoo_. En sanscrito, _mallaja y maricha_ son sinónimos de _pippali_; la primera palabra designa, según Wilson, más especialmente el _Piper nigrum_, la segunda el _Piper longum_. Creo que el nombre de Molucas (_las Malucos_) se deriva de _Molaga ó Mallaja_, nombre de la pimienta.
El gran mérito «de haber llegado hasta las regiones de África donde se cría la planta de la _malagueta_», ha sido negado á Behaim y á Diego Cam y atribuído á Alfonso de Aveiro (SPRENGEL, _Gesch. der geogr. Entd._, págs. 376, 386). Pero Aveiro llegó al reino de Benin en 1486, dos años después de la expedición de Cam (BARROS, dec. I, lib. 3, cap. 3, pág. 178, edición de Lisboa, 1778); NAVARRETE, t. I, páginas XXXIX y XL. Examinando las notas que Martín Behaim añadió á su globo al lado de las tierras cuyas costas delineó, encuentro que distingue los granos del paraíso, la verdadera pimienta y la canela. «La primera de estas especias (Paradieskörner) se cría en el reino de Gambia; la segunda en el Furfur, á 1.200 leguas de distancia de Portugal; la tercera á 2.300 leguas, desde donde regresamos para volver al lado de nuestro Rey, después de diez y nueve meses de ausencia.» Por tanto, en 1485 da Behaim en el mismo globo preciosas nociones acerca del transporte de las especias de Java y de Ceylan (Seilan) á Venecia y á Francfort, nociones debidas en parte á maese (_mister_) Bartoloméi, florentino, que refirió en Venecia al papa Eugenio IV lo que durante veinticuatro años (hasta 1424) había visto en Oriente (MURR., _Dipl. Gesch._, páginas 25 y 36). Véase, pues, de nuevo á este papa Eugenio IV, que Toscanelli cita en su primera carta á Colón y que llegó al Pontificado en 1431, en relaciones con los viajeros de Asia Finalmente, recuerdo también que Cristóbal Colón llama á toda la costa de Guinea _Costa de Maneguetta_ (costa del grano del paraíso), cerca de la cual vió «algunas sirenas, aunque no eran tan semejantes á las mujeres como las pintan» (_Vida del Alm._, cap. IV). Hoy se da este nombre especialmente á la costa situada en dirección del NO. al SE., entre el cabo Mesurado y el cabo Palma, de 6° 26′ á 4° 3′ de latitud boreal.
[135] _Diss. de vero Novi Orbis inventore._ Francfort, 1714.
[136] _Trans. of the Amer. Phil. soc. held at Philadelphia_, t. II (1786), pág. 120. La _Noticia histórica_, de Doppelmayr, _sobre los matemáticos y los artistas de Nuremberg_, contiene preciosos detalles acerca de la vida de Behaim y del primer grabado del globo conservado en la familia del cosmógrafo; mientras la Disertación de Stüven, y sobre todo la Memoria de Mr. Otto, prueban profunda ignorancia de la geografía del siglo XV.
[137] _Der whar und erste Entdecker der neuen Welt, Christoph Colón_, Gott., 1761. Pero antes de Tozen, el autor de una excelente historia de Portugal, M. Gebauer, había refutado ya á Stüven (_Port. Gesch._, t. I, pág. 124). Compárese también al sabio bibliógrafo Francisco Cancellieri. _Notizie di Colombo di Cuccaro._ Roma, 1809, pág. 39.
[138] _Opusculi scelti di Milano_, t. XV, pág. 72.
[139] _Dip. Gesch. des Portug. berühmten._ _Ritters Martin Behaim_; dos ediciones, la primera de 1778, la segunda de 1801. De las obras relativas á Behaim, que acabo de citar, sólo esta última ha sido traducida al francés y por un traductor habilísimo, M. Jansen.