Part 20
[73] Colón, en la carta de 7 de Julio de 1503; NAVARRETE, tomo I, pág. 300; BARCIA, t. I, pág. 6. La lectura de ciertos libros de filósofos (dice también su hijo D. Fernando) enseñó al Almirante que la mayor parte de nuestro globo estaba en seco.
[74] Es muy difícil clasificar, según sus épocas, los acontecimientos de la vida de Colón antes de que llegara á España. Con pocas excepciones, acepto el resultado de las investigaciones de Muñoz y de Navarrete. Fernando Colón, en la _Vida del Almirante_, cap. XIII, dice que el viaje á Thulé lo hizo en Febrero de 1477, citando una _anotación_ de puño y letra de su padre; y Spotorno fija la fecha de una expedición á Túnez en 1478. (_Códice diplomático Colombo-Americano_, 1823, página XIII.) Si estos datos no son dudosos, porque Spotorno quiere también que el nacimiento de Cristóbal Colón fuera en 1447 en vez de 1436, los viajes á Thulé y á Tunez, como también los que hizo á la costa de Guinea, se habrían verificado después de la llegada del Almirante á Lisboa. Discutiremos en otro sitio la cuestión de si la isla que Colón llama Thyle ó Tile, cuyas costas meridionales se encuentran á 73 grados de latitud, y donde «tantos negociantes de Brístol llevan sus mercancías», puede ser la Islandia. No cito entre las aventuras de Colón la más extraordinaria, la que, fiando en la autoridad de Fernando Colón, repiten tantos biógrafos modernos, como si ignoraran las observaciones críticas del abate Ximénez y del historiógrafo D. Juan Bautista Muñoz. Preténdese que Colón, después de navegar largo tiempo con su pariente, el famoso corsario genovés llamado _Colombo el Mozo_, para no confundirle con su abuelo el Almirante que había vencido á los musulmanes, arrojóse al mar cuando el incendio de dos barcos sujetos con garfios de abordaje en un combate contra las galeras venecianas, verificado entre Lisboa y el Cabo de San Vicente. Fernando Colón dice que este suceso fué causa de que su padre fijase la residencia en Portugal, y que se refiere en la décima década del Tito Livio de su época, Marco Antonio Sabellico, bibliotecario de San Marcos. Pero Cristóbal Colón llegó á Lisboa en 1470, y Sabellico (_Rhapsod. hist. en._, dec. X, lib. 8; é _Hist. ver. Venet._, dec. IV, lib. 3) dice que el suceso ocurrió en 1485. (LEÓN XIMÉNEZ, _Del Gnomone fiorentino_, 1756, página XLVII; MUÑOZ, _Intr._, pág. VI.) Ahora bien: en 1485 encontrábase Colón hacía más de un año en España ganándose la vida con dibujos de cartas de marear y la venta de _libros de estampas_; probablemente habitaba en el Puerto de Santa María, en casa de su protector el Duque de Medinaceli.
Paréceme que esta última circunstancia resulta probada por una carta del Duque de Medinaceli, fechada el 19 de Marzo de 1493, en la que reclama de la corte algún privilegio de comercio, «por ser el primero que dió á conocer al Gobierno español este _Colomo_ (El Duque transforma el apellido Colón casi en el de uno de los hombres más influyentes en aquella época, Juan de Coloma) (_Códice diplomático Colombo-Americano_, página 55) que ha hallado tan grande cosa». En 20 de Enero de 1486 encontramos ya al Almirante al servicio de los Reyes Católicos. (NAVARRETE, t. I, pág. XLII, t. II, _Documentos dipl._, núm. 14, pág. 20.)
En cuanto á los estudios, parece que Colón los continuó celosamente, viviendo en intimidad durante su permanencia en España con algunos religiosos muy instruídos como el franciscano Juan Pérez, guardián del convento de la Rábida, cerca de Palos, convento en el que Colón pidió un pedazo de pan para su hijo, durante la para él triste época en que, al exponer sus proyectos, se le respondía que _todo era un poco de aire_. Consultó también al padre dominico Diego Deza, profesor de Teología de la Universidad de Salamanca, que tenía á su cargo la educación del infante D. Juan, y fué después arzobispo de Sevilla; y finalmente, al cartujo Fr. Gaspar Gorricio, que trabajó con el Almirante en el libro de las _Profecías_. (_Manipulus de auctoritaribus, dictis ac sententiis et prophetiis circa materiam recuperandæ Sanctæ Civitatis et montis Dei Sion; ad Ferd. et Helisab. reges nostros_).
Estos religiosos ayudaron á Colón á aplicar las citas de los profetas á su empresa del descubrimiento del Nuevo Mundo. Colón dice, al principio de la relación de su tercer viaje, que cuando todos se burlaban de él, sólo dos frailes fueron constantes amigos suyos. Las Casas en su _Historia_ cree que el Almirante alude á Diego de Deza y á Fr. Antonio de Marchena, que acaso sea el guardián del convento de la Rábida Juan Pérez. El Almirante debió nombrar también al médico García Hernández (de Palos), que asistió á las primeras conferencias de la Rábida, y que, como testigo en el pleito con el fiscal del Rey, prestó tan señalados servicios á D. Diego Colón y á sus herederos. (NAVARRETE, t. III; _Colección dipl._, páginas 561, 596 y 604.)
[75] Las versiones latinas de los libros de Aristóteles _De Cœlo, De Meteorología y De Animalibus_, hechas sobre las de Averroës, se publicaron en 1473, 1474 y 1476. Circulaban además en la Edad Media muchas traducciones manuscritas de los libros de física de Aristóteles, entre ellas la versión de Miguel Scott. Strabón no fué publicado en griego hasta diez años después de la muerte de Colón, pero pudo éste aprovechar las traducciones latinas de Roma (1467) y de Venecia (1472). Los clásicos latinos eran los de más circulación, especialmente Séneca, que tanto animaba al paso desde España á la India, cuyas obras fueron impresas en 1475; Solino, que vió la luz en 1473; Pomponio Mela en 1471, y Plinio desde 1469.
[76] Encuéntrase en JOANNIS SCHONERI CAROLOSTAD, _Opusculum Geographicum_, 1533, parte II, cap. I, gran número de citas falsas de autores clásicos aplicadas «á la América que no es una parte de la _India superior_.» Esta «_India superior_», denominación de la Edad Media, designaba las tierras al Nordeste de la India, _extra Gangem_; y como de muy antiguo y hasta los tiempos de Cosmas, por la confusión homérica de la Etiopía y de la India, la India exterior abarcaba al Oeste la Arabia y la Troglodítica (LETRONNE, _Christ. de Nub._, 1832, páginas 33 y 130), de igual manera en tiempos posteriores fué aplicado el nombre de India á las tierras más orientales. Esta extensión del mismo nombre influyó en las denominaciones dadas á América. De las tres Indias de MARCO POLO (II, 77; III, 39 y 43; _Africa_, EDRISI, pág. 81, Hartm.), la segunda ó _media_ (la Albisinia) era la India _interior_ de Philostorgo y de muchos escritores eclesiásticos; pero no de Cosmas, cuya _otra India_ ó _India interior_ es el _país de la seda_, es decir, la _India superior_ de los geógrafos de los siglos XV y XVI. El conocimiento de estas diferencias es indispensable para el estudio de los escritos geográficos é históricos de la Edad Media.
[77] Los resultados de esta misión más allá de Méroë pueden verse en Plinio, VI, 29.
[78] NAVARRETE, t. II, páginas 264 y 272. El Almirante añade: «Seneca in VII tragetide Medeæ in Choro audax nimium.» Es el final del acto segundo.
[79] NAVARRETE, t. I, páginas 303, 309 y 312.
[80] _Historia de las Indias Occidentales_, Dec. I, lib. I, capítulo I, pág. 2.
[81] En muchos manuscritos de POMPONIO MELA se le llama _Tile_ y _Tyle_.
[82] _Vida del Almirante_, cap. IV. Más adelante trataré este asunto.
[83] Fray Hernando de Talavera, que después fué primer Arzobispo de Granada, y que no debe ser confundido con el Arzobispo de Sevilla, antes Obispo de Palencia, D. Diego de Deza, dominicano, sin el cual (_carta del Almirante á su hijo D. Diego fechada el 21 de Diciembre_) «Sus Altezas no hubieran adquirido las Indias». En efecto, después del franciscano Fr. Juan Pérez de Marchena, guardián del convento de la Rábida, Deza fué el amigo más fiel é íntimo de Colón.
Se cree con fundamento que la _disputa de Salamanca_ ocurrió durante el invierno de 1487, porque el sitio de Málaga terminó el 18 de Agosto de 1487, y la época de la _disputa_ está indicada, por la estancia de los Monarcas en Salamanca durante el invierno, después del sitio citado. Según asegura el historiógrafo Muñoz, Colón, favorecido por los dominicos, habitaba en Salamanca en el convento mismo de San Esteban con el citado profesor de Teología Fr. Diego de Deza. Vemos también que las primeras remuneraciones concedidas á Colón son de 1487 y 1488 _por cédula del Obispo de Palencia_; sin embargo, el favor singular, pero comodísimo para un viajero, de alojarse gratis él y los suyos en todos los dominios de España, procede del decreto de Córdoba de 12 de Mayo de 1489.
Al hablar de estos hechos anteriores al primer viaje, debo recordar uno curioso que Navarrete, relacionando fechas con sagacidad, ha puesto en claro, á saber, que no fueron tanto las persuasiones y buena amistad del Obispo de Palencia, D. Diego de Deza, las que impidieron á Cristóbal Colón volver á Lisboa y aceptar los nuevos ofrecimientos del Rey de Portugal, contenidos en una carta de 20 de Marzo de 1488, como los amores y el avanzado estado de preñez de una bella dama cordobesa, doña Beatriz Enríquez, madre de D. Fernando Colón, hijo natural del Almirante, nacido el 15 de Agosto de 1488. Esta dama sobrevivió á Colón, quien en el testamento puso una cláusula en su favor, añadiendo ingenuamente: «la razon dello non es licito de la escrebir aqui.» Los biógrafos del grande hombre, como de costumbre, no han mostrado tan virtuosa discrección.
[84] «En fin, esta isla Atlántica podría ser la isla de que Séneca hace mención en el sexto libro de _Las Cosas Naturales_ (el pasaje _Quæstiones Nat._, VI, 24) dice, según el pensamiento de Tucídides, que, _pendiente la guerra de Morea_, fué sumergida enteramente ó en parte una isla llamada Atlántica, _de que_ habla _Platón_ en el Timeo.»
[85] Estacio y Seboso que dicen..... En cuanto á las islas Hespérides de Seboso, «el Almirante tuvo por cierto que fuesen las de las Indias». Yo ignoro lo que sea un _Tratado Cosmográfico de los lugares habitables_ del (historiador?) Julio Capitolino, que cita Fernando Colón, cap. VII.
[86] De este error participan casi todos los hombres instruídos del siglo XVI. Anghiera dice también (epíst. 769): «In Cassiteridibus insulis quas Portugalensis, earum possessor, Azorum insulas nuncupat, quæ acciderunt, audito.»
[87] Prueba esta influencia la rapidez con que se repitieron las ediciones de la Enciclopedia de Reisch en los primeros veinte años. Me he valido de la edición de 1503, que Panzer y Ebert consideran la más antigua; pero después demostraré que esta obra fué escrita antes de 1496.
[88] TERTULIANO, _De Pallio_, cap. II. «Viderit Anaximander si plures (mundos) putat: viderit si quis uspiam alius ad Meropas, ut Silenus penes aures Midæ blatit, aptas sane grandioribus fabulis, &c. (Véase también _Tertuliano, adversus Hermog._ cap. XXV). «Silenum illum _de alio orbe_ abseverantem.»
[89] Según Theopompo, el mismo Saturno es entre los occidentales una encarnación del invierno.
[90] «Quod si est _alter orbis_ suntque opositi nobis á meridie Antichthones; ne illud quidem á vero nimium abscesserit, in illis terris ortum amnen (Nilum) ubi subter maria cæco alveo penetraverit, in nostris rursus emergere et hac re solstitio accrescere, quod tunc hiems sit unde oritur.» (TZSCHUCKE, _ad Mel._, vol. II, p. _I_, páginas 226 y 334). Lo de la oposición de la estación de las lluvias en el trópico de Cáncer y en el de Capricornio, es la teoría de los sacerdotes egipcios expuesta por Eudoxio (PLUTARCO, _De plac. phil._, IV, I). La hipótesis del Océano llenando la región ecuatorial, hacía indispensable el subterfugio del paso submarino del Nilo. Esta idea, adoptada por Philostorges en el siglo V para unirla á las ilusiones teológicas, no era opuesta á la física de los antiguos, que con el mayor atrevimiento suponían comunicaciones fluviales entre el Peloponeso y Sicilia; y Cosmas Indicopleustes hace también que nazcan los cuatro ríos del Paraíso en su continente _transoceánico_, y lleguen por canales subterráneos á nuestra tierra habitada.
[91] «Duo (cinguli) sunt habitabiles; quorum australis ille, in quo qui insistunt, adversa nobis urgent vestigia, nihil ad vestrum genus. Hic autem alter subjectus Aquiloni, quem in colitis-parva quædam est insula, circumfusa illo mari quod Oceanum appelatis.» (CICER., Opp. edit. Schutz. t. XVI, p. II, página 98.)
[92] «Antichtones alteram (terræ partem) non alteram incolimus.» (Mela, I, 1, 2). Ya hemos visto antes que estos Antichtones de Mela, habitantes del hemisferio austral, están separados de nuestra masa continental por el Océano, que cubre el centro de la zona tórrida.
[93] La cita de Hipparco resulta dudosa (TZSCHUCKE, _ad Mela_, vol. II, parte III, pág. 251) cuando se recuerda que más de ciento ciencuenta años antes de Hipparco, en la expedición macedónica, Onesicrito y Megasthenes habían reconocido Trabobana como isla (Strabón, XV, pág. 1.011; Alm. pág. 689 Cas.); opinión expresada hasta en el pseudo Aristóteles (_De Mundo_, cap. III), donde Trabobana, como isla, es comparada á Albión y á Jerne. El texto de MELA (III, 7, 7), está probablemente corrompido, como lo prueban las siguientes palabras: _Sed quia habitatur_.....
[94] JOANNIS SCHONERI Carolostadii. _Opusculum Geographicum_ (40 páginas en 4.º) Noricæ, anno XXXIII (sic), lib. II, cap. 20. En cuanto á _Plisæus_ (Plisacus) _Sinus_ de Juan Ruysch, en el cual desemboca el _Policacus fluvius_, parece á primera vista reconocer en él algún rastro de geografía antigua; pero estos nombres son sencillamente alteraciones viciosas de _Pouli Sagam_, de Marco Polo, puente del río Sagan (el Sangkanho de los chinos), cerca de la ciudad de Khanbalon ó Tatu (KLAPROTH, _Tableaux historiques_ n.º 22). Latinizando se ha convertido _Pulisangam_ en _Pulisica_, y _Pulisica_ en _Polisacus_. Mas adelante hablaré de los nombres de las ciudades comerciales de China, tal y como los altera Colón.
[95] MANNERT, _Einleit. in die Geogr. der Alten._, 1829, página 79.
[96] LUD IDELER, _Proleg._, 1832, pág. 6. El pasaje de Strabón, I, pág. 115 Alm., páginas 64 y 65 Cas, presenta, en efecto, una opinión de Eratósthenes y no de Pythéas, como pretende Mr. Mannert. Véase también RUHKOPF _ad Senecam_, t. V, pág. 11.
[97] STRABÓN, II, pág. 161 Alm., pág. 102 Cas.
[98] Cito conforme á la traducción de Léander de Cozco, por haberse perdido para nosotros el original español, á excepción de algunos fragmentos que Muñoz encontró en los manuscritos de Bernáldez, el cura de Los Palacios.
[99] «Ese gran corazón que se muestra en las grandes cosas». (Hermosa frase contenida en la misma carta de 1498.)
[100] Habiéndose perdido el texto original, solo conocemos la traducción española. _Vida del Almirante_, cap. VII; LEONARDO XIMÉNEZ _Del vecchio e nuovo gnomone fiorentino_, 1757, LXXIX y XCVII (Las investigaciones de este sabio jesuíta sirvieron de fundamento al excelente artículo TOSCANELLI, redactado por M. de Angelis en el vol. XLVI de la _Biographie universelle_); _Journal des Savans_, Enero 1758. NAVARRETE, t. II, páginas 1 y 4. (Véanse tambien Bossi, _Vita di Christ. Colombo_, páginas 105 y 153; CANOVAÍ, _Viaggi di Amer. Vespucci_, páginas 355 y 370; BALDELLI, _Il Milione_, t. I, páginas 60 y 62).
[101] Humboldt traduce la palabra _físico_ por _médico_, y da la siguiente explicación. Aunque Toscanelli fuese sin duda uno de los astrónomos y de los físicos más célebres de su época, y aunque en Italia se le llamaba con frecuencia _Pablo el físico_ (_Paulus phisicus_), traduzco la palabra española _físico_ por _médico_. Dicha palabra en los siglos XV y XVI se tomaba exclusivamente en este sentido, y fué aplicada por ejemplo á Maestro Bernal, _físico de la carabela Capitana_ en 1502; al amigo de Colón, García Hernández, _físico_ de Palos, etc. Podría sorprender también el encontrar en la _Vida del Almirante_ donde no se pone el apellido Toscanelli, la extraña adición, «_Maestro Paulo, físico del Maestro Domingo florentin_»; pero esta es la manera casi helénica y árabe de indicar la filiación. Pablo era hijo de Domingo, y en el testamento de Nicolás Nicoli, hecho en 1428, encuéntrase también nombrado entre los conservadores de la célebre biblioteca del convento _degli Angeli de Monaci Camaldolesi: Magister Paulus Magistri Domenici medicus_. LEONARDO XIMÉNEZ, pág. LXXIV.
[102] «El gran obstáculo para el comercio de la India por el interior de Asia, dice un escritor del siglo XVI, consiste en la barbarie de los pueblos tártaros que, no pudiendo atacar la India por mar, hacen invasiones por tierra y la saquean y arruinan, como sucede á la pobre Italia, convertida en presa de alemanes, franceses y españoles.» (RAMUSIO, t. I, pág. 338.)
[103] _Georgicon ed._ (_Londinus_, Venet., 1520, pág. 48).
[104] La mejor prueba de la impresión profunda que esta correspondencia con Toscanelli hizo en el ánimo de Colón, es la introducción del Diario de ruta de su primer viaje, donde casi repite las palabras empleadas por el geómetra florentino.
COLÓN.
«La información que yo había dado á VV. AA. de las tierras de India y de un príncipe que es llamado _Gran Can_, que quiere decir en nuestro romance _Rey de los reyes_, como muchas veces él y sus antecesores habían enviado á Roma á pedir doctores en nuestra santa fe, porque les enseñasen en ella.»
TOSCANELLI.
«Las partes de Indias donde se podrá ir el dominio de un príncipe llamado _Gran Can_, que es lo mismo que _Rey de los reyes_; sus predecesores enviaron embajadores al Papa pidiéndole maestros que les instruyesen en nuestra fe.»
Pudo sin duda Colón tomar estas nociones del _Millione_ de Marco Polo, á quien no nombra, como tampoco á Toscanelli; pero la serie de las ideas y las palabras paréceme que indican una reminiscencia de la carta de Toscanelli al canónigo Martínez.
[105] No ignoro que todos los comentadores de las cartas de Toscanelli creen poder citar los capítulos del viaje de Marco Polo, donde el astrónomo florentino aprendió las nociones sobre el comercio de pimienta de Zaithun (lib. II, cap. 77), y la magnificencia de la gran ciudad de Quisai (lib. II, capitulo 68); pero aquí debo observar que existen dudas acerca de lo que con preferencia pudo saber por Nicolás de Conti ó por las conversaciones con viajeros recientemente llegados del Asia Oriental, ó por el manuscrito de Poggio. No encuentro la traducción de _Gran Can_ (_Rey de los reyes_); (Conti traduce _Emperador_) y de _Quinsay_ (_Ciudad del cielo_), más que en Marco Polo; pero los 12.000 puentes de Quisay en la relación de Marco Polo, los reduce Toscanelli (y esto me llama mucho la atención) á diez, y el circuito de Quisay es casi igual al que refiere Nicolás de Conti. (RAMUSIO, t. I, pág. 340 _b_.)
[106] Nicolás de Conti tuvo que renegar de la fe para salvar la vida. Ramusio, según la edición de Venecia de 1613, dice que esta absolución fué en 1449; pero el papa Eugenio IV murió dos años antes. La redacción latina del viaje de Conti, hecha por ese mismo Poggio á quien se debe el descubrimiento de tantos preciosos manuscritos de clásicos latinos en Suiza y en Alemania, no ha llegado hasta nosotros. Lo que poseemos en italiano del viaje de Conti es una traducción hecha de la versión portuguesa de Valentín Fernández, y desgraciadamente no pasa de ser un fragmento incorrectísimo. En la _Giava maggiore_ (Borneo?) Conti vió pájaros del paraíso, _ucelli senza piedi_ (RAM., t. I, pág. 341 _b_). Son los mismos pájaros del sol (_passares da sol_), de los primeros navegantes portugueses. (REINH FORSTER, _Zool. ind._, 1795, pág. 30). He aquí las palabras de Conti, que sin duda no vió más que los pájaros preparados por los indígenas y transportados de isla en isla como objetos de adorno: «Nella Giava maggiore trovansi uccelli molte volte che sono senza piedi, grandi come colombi, di penne molto sottili e con la coda lunga, i quali sempre si posano sopra gli arbori; le carne di quali non si mangiano, ma la pelle e la coda sono in grande stima perche s’usano per ornamento del capo» (Nicolás de Conti en RAMUSIO, t. I, pág. 345). Este pasaje, muy notable, no ha llamado la atención de los zoólogos modernos. Pigafetta cree también que se refiere á aves muertas y disecadas, pero que afortunadamente tienen patas. «Il re di Tidore mandó duoi uccelli bellisimi della grandezza d’una tortola, la testa piccola col becco lungo é _lunghe le gambe uno palmo e sottili_: non hanno ali, ma, in luogo di quelle, penne lunghe di diversi colori.» Pigafetta observó bien que no son las plumas de las alas, sino las de los costados las que se prolongan formando penachos más largos que el cuerpo. No vió las alas, cuya existencia niega, porque generalmente los indígenas, al disecar el ave para el comercio, le arrancan las patas y las alas. «Hanno opinione i Mori, añade el historiador del viaje de Magallanes, che questo ucello venga del _Paradiso terrestre_ é chiamanlo _manucodiata_, cio é, _ucello di Dio_.» (RAMUSIO, t. I, página 367 _b_.) Esta palabra, repetida en la relación del viaje de Magallanes, hecha por un secretario del emperador Carlos V en una carta al Cardenal-Obispo de Salzburgo (_l.c._, pág. 351 _b_), es, según observación de mi hermano, que consta en su gran obra sobre la lengua Kavi ó Javanesa, una alteración de la palabra malaya _manuk-devata_ formada de _manu_, en malayo pájaro, y _devata_, en malayo y sanscrito _divino_. La palabra _manuk-devata_ convirtióla el viajero italiano en _manuco-diata_.
[107] Acaso la misma obra de Marco Polo inspiró al papa Eugenio IV tanta desconfianza en la veracidad de los viajeros. Sabemos por el testimonio de F. Jacopo di Aqui que se burlaron de Marco Polo hasta el punto de haber siempre, en las mascaradas en Venecia, largo tiempo después de su muerte, algunos que tomaban su nombre y le imitaban para divertir al pueblo, refiriéndole cosas extraordinarias. Lo mismo se hizo después con Pigafetta. AMORETTI, _Voyage de Maldonado_, pág. 67.
[108] Khogatal se separó de los viajeros á 20 jornadas del camino de Bokhara «_Il Barone s’ammaló gravemente per volontà del quale e per consiglio di molti lasciandolo, seguitorno il loro viaggio (dell Armenia Minore al porto di Giazza)_» Traducción de RAMUSIO (t. II, pág. 3, a.) Nicolai y Maffeo Poli volvieron á Venecia en 1271, porque la noticia de la muerte del papa Clemente IV les detuvo largo tiempo en Acre. Ahora bien; como la carta de Toscanelli es de 25 de Junio de 1474, la expresión _ha doscientos años_ es suficientemente exacta.
[109] Título que podía aplicárseles con tanta más razón, cuanto que ellos mismos se lo dieron, según la relación de Marco, y traían una carta para el Papa: «_Il Grand Can proponendo nell’animo suo di volerli (idetti due fratelli) mandar ambasciatori al Papa, volle haver prima il consiglio de’suoi baroni_».