Part 19
[28] Lib. IV, cap. 152. Fundándose Voss en la época de la colonización de Cyrene, sitúa la expedición de Colæus antes de la diez y ocho Olimpiada, más de 708 años antes de nuestra era. Según las recientes investigaciones de Mr. Letronne, la expedición de los de Samos corresponde al primer año de la Olimpiada treinta y cinco.
[29] Sobre Scylax y la verdadera época de la redacción del Periplo que ha llegado hasta nosotros, véanse NIEBUHR (_Kleine Schr._, J. I, 1810, pág. 105); UKERT (_Geographie der Griechen und Römer_, 1816, t. I, Abth. 2, páginas 285-297); M. LETRONNE, _Journal des Savants_, Febrero-Mayo, 1825.
[30] SCYL. CARYAND, _Peripl._ (Hudson, t. II, págs. 53 y 54); ARISTOT., _De mirabil. auscultat._, pág. 1157.--ARISTOT., græce, ex recensione Bekkeri, 1831, pág. 844, párrafo 136. En este último pasaje, del cual me ocuparé también más adelante al examinar la posición del _Mar de Sargazo_ de los navegantes portugueses, háblase de la abundancia de atunes que la mar arroja con el sargazo, y que salados y puestos en toneles eran llevados á Cartago. Paréceme que esta indicación confirma lo que dice M. de Köhler (_Tarichos ó Recherches sur l’Histoire et les Antiquités des pécheries de la, Russie Meridionale_, 1832, pág. 22), sobre el comercio en _tarichos_ (pescados salados) de la ciudad de Turdetania y sobre las pesquerías fuera de las columnas de Hércules.
[31] _Relation historique_, t. III, pág. 236. Las divisiones que especifica Aristóteles (_De Mundo_, cap. III; Bekk., pág. 393) sólo se refieren á los golfos y sinuosidades del _Mar Interior_ comparados á un puerto en que, entrando por el estrecho las aguas del Océano, llegan á estar más tranquilas.
[32] Véase una Memoria de Mr. Letronne, llena de elevadas consideraciones acerca de la historia de la geografía antigua (_Essai sur les idees cosmographiques qui se rattachent au nom d’Atlas_, pág. 9 y 10; en Mr. de FERUSSAC, _Bulletin Universel des Sciences_, Marzo 1831, sección VII). Prueba el autor que la expedición de Colæus, realizada en una época en que los helenos de Thera ignoraban hasta la posición de la Libia, sólo precedió en setenta años á la composición del poema _mítico-político_ de Solón sobre la Atlántida que ocasionó la transformación del personaje de Atlas, el Titán, en Atlas montaña, situada fuera del estrecho, y sosteniendo el cielo. Acerca de este Atlas montaña, he hecho algunas conjeturas en mis _Tableaux de la Nature_, t. II, pág. 150.
[33] Copérnico, en la dedicatoria á Paulo III del tratado de _Revolutionibus orbium cœlestium_, atribuye, quizá menos por falta de erudición que por ocultar su audacia, su propio sistema de la revolución de los planetas alrededor del sol á los Pitagóricos, ora á Hicetas y á Heraclides del Puente, ora á Philolao y á Ecphanto. Pero en la antigüedad sólo fueron verdaderos copernicanos Aristarco de Samos y Seleuco de Erythrea, no empleando ni _Hestia_ ni _Autichthon_.
[34] _De Cœlo_, lib. II, cap. XIV, págs. 297 y 298 (ed. Bekk.).
[35] STRABÓN, lib. I, pág. 103, y lib. II, pág. 162 Alm.
[36] En el Periplo de Hannón háblase de existencia de elefantes á media jornada de navegación al Sur del cabo Espartel (Véase BREDOW, _Untersuch. über alte Geschichte und Geographie_. St. I, pág. 33, y mi _Relation historique_, t. I, pág. 172), Á menos de extender considerablemente hacia el Sur el conocimiento que los antiguos tenían de la costa occidental de África, y de que el gran río Chremestes (_Meteor._, lib. I, cap. 13, pág. 150) sea el Senegal, no podría aceptarse la idea de que Aristóteles conocía el Oeste de África hasta el paralelo de Agisymba, al Norte del cual no admite Ptolomeo, acaso sin haber visto el diario de Hannón, ni elefantes, ni rinocerontes, ni negros de cabello rizado (Véase PTOLOMEO, _Geogr._, lib. I, cap. 9. y las discusiones de Mr. Letronne sobre la tradición de Halma en el _Journal des Savans_, Abril, 1831, pág. 274). Refiérome sólo en esta nota á los elefantes, al Norte del Sahara, en las costas oceánicas occidentales de África ó en el reino de Fez. Estrabón (lib. XVII, pág. 1.183 Alm., pág. 827 Cas.) nombra también los cocodrilos, completamente iguales á los del Nilo, y nada dice de la antigua existencia de elefantes en el Atlas mediterráneo oriental, reconocida por Eliano (VII, 2), y acerca de la cual Mr. Cuvier (_Ossemens fossiles_, ed. 2.ª, t. I, pág. 74) ha presentado interesantes observaciones. Todo esto pertenece á la _Historia de los animales_, es decir, á los cambios sufridos por consecuencia del transcurso de los siglos en la distribución geográfica de los animales en el globo; historia muy distinta de la parte descriptiva, vulgarmente llamada _Historia natural de los animales_.
[37] ARISTOT., _De Mundo_, cap. 3, pág. 392, Bekker, y _Meteor._, lib. II, cap. 5, pág. 362.
[38] COSMAS, _Chistianorum opinio de mundo_, en MONTFAUCON, Collectio nova Patr. et Script. græc., 1706, t. II, páginas 113-315 (el mapa, pág. 189), WILLIAM VINCENT, _Commerce and navigation of the ancients_, t. II, páginas 533, 537, 567. BREDOW, St. 2, páginas 786 y 797. MANNERT, _Einleit. in die Geographie der Alten_, 1829, páginas 188-192. Atribuíase al mismo Cosmas una obra menos teórica (_Cosmographia universalis_), en la que debía haber tratado especialmente de la tierra situada más allá del Océano. Más adelante hablaré de las analogías que presenta la circunvalación de montañas que suponían los Padres de la Iglesia más allá del Océano homérico, con los mitos de la India, el mundo Kaf de los árabes, y algunas opiniones helénicas antiquísimas.
[39] STRABÓN, II, pág. 182 Alm., pág. 121 Cas.
[40] GOMARA, _Hist. General_, cap. 8, pág. 110. Véase sobre los fundamentos de esta hipótesis y las censuras que ocasionó á Colón aun durante su vida, mi _Relation historique_, t. I, pág. 506.
[41] DANTE, _Purgatorio_, canto I, v. 22; canto IV, v. 139, _Infierno_, canto XXVI, v. 100-127 (_Divina Comedia, col comento de G. Biagioli_, 1818, t. I, páginas 484-487).
[42] HERODOTO, lib. V, cap. 49.
[43] MONTFAUCON, l.c., pág. 37 (_Tzinistam Oceanas ad orientem ambit._ COSM., lib. XI). En la geografía de Tolomeo, el _Sinarum Sinus_ (parte del _mar de Sin_ de Edrisi), era la embocadura del _Sinus Magnus_, y Thinæ estaba situada en la costa occidental del extremo del continente asiático, que, reuniendo al Oeste el Prasum Promontorium de África, formaba la costa meridional del mar interior de la India. Al contrario, en el sistema más antiguo de Eratosthenes, Thinæ estaba situada en el mismo paralelo de Rodas en la costa oriental de Asia, y la embocadura del Ganges se encontraba en esta misma costa figurada, inclinándose de Nordeste á Sudoeste.
[44] También en COSMAS cree advertir Montfaucon la primera indicación del Malabar, «región muy comercial en la que se cría la pimienta y donde hay cristianos como en Sieledivar (Ceylan).» Es _la Malé_ del Indicopleustes (lib. III, pág. 178; lib. XI, pág. 337).
[45] EDRISI, _Geogr. Nub._, París, 1619, pág 148. Es probable que en esta fábula del canal abierto por _Dhoulcarnaïn_ (que tiene dos cuernos), y de _Kheder_, ó más bien _Chidr_ (el personaje verde), que, según Djevhari, fué uno de los compañeros de Moisés, estén mezcladas y confundidas, como en otras tradiciones antiguas populares de Arabia, ideas semíticas (fenicias) é ideas griegas, y que esta fábula sea resultado de observaciones náuticas y geológicas sobre la dirección constante de la corriente oceánica del Oeste al Este, y de la continuidad de una cordillera calcárea. Gabriel Sionita, el traductor latino de Edrisi, dice: «Is enim ad populos Andalusiæ cum pervonisset et continuas eorum quas cum incolis. _Sus_ (terræ Barbarorum metropolis, Hartmann) habebant pugnas audivisset, operariis atque geometris ad se convocatis suum de arida illa terra fodienda et canali aperiendo animum explicuit, precipitque illis, ut terræ solum cum utriusque maris æquore metirentur; quod ubi præstitere, deprehenderunt _á Mari magno_ (tenebroso) _parum superari altitudinem Damascenum_. Viene después la descripción de los diques artificiales construídos por Dhoulcarnaïn «cuyos restos vió Edrisi en las épocas de aguas bajas». Acerca del personaje principal de este mito, véase HERBELOT, _Bibl. Orient._ (art. _Escander Dhoulcarnaïn y Kheder ó Khedber_), y EDRISI, _África_, ed. de J. M. Hartmann, 1796, pág. 313.
[46] Páginas 6, 39, 147 (Hartmann, pág. 7). M. Kurtzmann, en una Memoria premiada por la Facultad filosófica de Gottinga (_Comment. de Africa geograph. Nub._, 1791, pág. 8), explica el nombre de _Mare Tenebrosum_ por la tradición de una nube vista al Oeste de Porto Santo, que descansaba en la superficie del mar, _visión_ análoga á la de la fabulosa isla de San Borondón ó Brendan que los habitantes de Madera y de la Gomera veían todos los años al Oeste, y que llamó singularmente la atención de Colón, cuando antes de 1492 buscaba por todas partes argumentos en que apoyar su sistema.
[47] EDRISI, páginas 36 y 37. Este es el notable pasaje en que se menciona la grande isla _Malai_ (Malaca?), muy extensa de Este á Oeste, y _Soborma_ ó Sumatra, que es la _Java minor_ de Marco Polo. Edrisi terminó su obra el año 1153, unos ciento sesenta años antes que Abulfeda. Así, pues, las islas Vac-vac, mejor dicho _Uac-uac_, eran en el siglo XII la última tierra conocida al Oriente, y por tanto, envuelta en fabulosas tradiciones, como al Oeste lo estaban, en los tiempos de Homero y Hesiodo, el Elíseo, las Hespérides y las Gorgonias. No deben confundirse las islas _Vac-vac_ del mar de Sin con una isla del mismo nombre, cerca de Sofala, en la costa oriental de África (Hartmann, páginas 104-109). Las primeras, según Bakui y Ebn Tophaïli, comentado por Eichhorn, son «tan ricas de oro, que los monos llevan collares de este metal, y el árbol que grita _uak uak_ á los que desembarcan (sin duda cuando algunos grandes Psittaceas anidaban en ellos), tienen en la extremidad de sus ramas, primero abundantes flores, y después, en vez de frutos, bellas muchachas que llegaron á ser objeto de exportación, y que Masudi Khothbeddin llama _puellas vasvaskienses_».
[48] El final de este pasaje (Edrisi, pág. 3) casi recuerda la imagen cosmogónica que empleaba la escuela de Thales; sin embargo, Edrisi construyó para el rey Roger II de Sicilia un _globo_ terrestre de plata, según d’Herbelot y Pococke, de 800 marcos de peso (WILLIAM VINCENT, _Commerce and navigation_, t. II, pág. 568), y en las primeras páginas de sus _Relaxationes animi curiosi_, admite: _Terram esse rotundam globi instar, ac non habere perfectam rotunditatem quia sunt in illa declivitates, et aqua fluit ab acclivi ad declive._ La circunferencia de la tierra está indicada en Edrisi conforme al _cálculo de los indios_, expresión que aumenta el número de testimonios dados por los Sres. Colebrooke, Guillermo de Schlegel, y recientemente Federico Rosen (en su traducción y comentario del álgebra, de Mohamed Ben Musa), de lo cosechado por los árabes en la literatura más antigua de los indios.
[49] _Creaturæ omnes sunt septemtrionali terræ parte_, etc. (Edrisi, pág. 2).
[50] ALBERTI MAGNI GERMANI, _Philosoph. principis, Liber cosmographicus de natura locorum_, Argentor, 1515, fol. 14 _b_ y 23 _a_.
[51] Los razonamientos de Alberto el Grande sobre el calor más ó menos grande producido por el ángulo de incidencia de los rayos solares, variable con las latitudes y las estaciones, como sobre los efectos frigoríficos y caloríficos de las montañas (loc. cit., lib. III, fol. 23 _b_.) son muy exactos y parecen no pertenecer á la época en que vivía este hombre eruditísimo.
[52] Esta fe en la erudición astronómica de los indios en un provincial de los dominicos, que ignoraba hasta el nombre de sanscrito, es muy notable.
[53] Su muerte, como lo ha comprobado Muñoz con documentos auténticos, ocurrió en Sevilla el 22 de Febrero de 1512, y no como pretende el biógrafo de Vespucci, Bandini, en 1516, en Terceira. Si es cierto que Vespucci vió, como él asegura, en su tercer viaje (desde Mayo de 1501 á Septiembre de 1502) la constelación de la Osa Mayor en el horizonte, llegó en las costas orientales de América hasta el grado 26 de latitud austral, y no hasta el 32 como él mismo afirma. Más cierto es que Juan Díaz de Solís navegó en 1508 hasta el grado 40 Sur, sin ver, no obstante, la embocadura del Río de la Plata, que descubrió en un segundo viaje, partiendo del puerto de Lepe en Octubre de 1515.
[54] FRATRIS ROGERI BACON, ORD. MINORUM, _Opus majus_, Londini, 1733, páginas 445, 447. Al hablar de este grande hombre del siglo XIII, no necesito recordar que la libertad de espíritu de Roger Bacon no le emancipaba completamente de las quimeras de la química de las transformaciones y de la afición á la astrología. Esperaba, sin embargo, hacer ésta «menos engañosa por el perfeccionamiento de las tablas astronómicas.»
[55] Obispo de Cambray desde 1396, y citado frecuentemente en tiempo de Colón con la denominación de _Cardenalis Camaracensis_. El Almirante le llama _Pedro de Ailiaco_, y su hijo don Fernando, en la _Vida_ de su padre, _Pedro de Heliaco_.
[56] Después de su tercer viaje llegó Colón á Haití el 30 de Agosto de 1493. Los buques que trajeron la carta á que aquí me refiero, partieron el 18 de Octubre del mismo año. (MUÑOZ, libro VI, § 43).
[57] Este volumen en folio, que he estudiado cuidadosamente y comparado con las grandes ediciones de Alberto el Grande y de Roger Bacon, ni está paginado, ni contiene indicación del lugar donde vió la luz; pero se sabe, con bastante exactitud, que el tratado _De Imagine Mundi_ ha sido escrito en 1410 é impreso por primera vez en 1490 (JOANNIS LAUNOII CONSTANTANTIENSIS, _Regii Navarræ Gymnasii Parisiensis Historia_, 1677, tomo II, pág. 478). Existe también, de Pedro de Ailly, _Quæstiones in sphærum mundi Joannis de Sacrobosco_, y _Tractatus super librum Meteororum_ (impreso en Strasburgo en 1504, y en Viena en 1509). Las cinco memorias: _De Concordantia astronomicæ veritatis cum theologia_, recuerdan algunos trabajos modernísimos de _Teología hebraizante_, publicados cuatrocientos años después del cardenal d’Ailly.
[58] Toscanelli, en su carta al canónigo Martínez (escrita en 1474), no cita el nombre de Marco Polo, ni se le encuentra en los escritos de Cristóbal y de Fernando Colón. Tengo algunas dudas acerca de las nociones que, según Ximénez, Muñoz y Navarrete, debe haber sacado de los capítulos 68 y 77 del lib. II de Marco Polo, relativamente al Quinsay y á Zaitun. Más adelante veremos lo que puede corresponder á este viajero ó á Nicolás de Conti, de quien nos ha dejado Pogge algunos fragmentos, por desgracia muy incompletos. No negaré que el uso de las copias manuscritas fuese bastante común en la época en que preocupaban á Colón sus proyectos de descubrimientos, es decir, entre 1471 y 1492. La impresión más antigua de Marco Polo es la traducción alemana. Publicóse en Viena en 1477, tres años después que la carta de Toscanelli, y sin duda quedó desconocida é ininteligible para el sabio florentino. También es poco probable que Colón pudiera sacar partido de esta versión alemana; y si no vió la versión latina de Marco Polo, sin fecha ni lugar de impresión, conservada en el Museo Británico (versión que se supone ser de 1484 ó de 1490), debe creerse que antes de su primer viaje sólo pudo aprovechar copias _manuscritas_ de Marco Polo, probablemente de la traducción latina del monje Pepino ó Pepuri de Bolonia, hecha en 1320, que circulaba unida á antiquísimas versiones manuscritas italianas. Las impresiones más antiguas del viajero veneciano son: en alemán de 1477; en latín de 1490 (_Marco Polo translated by Marsden_, páginas 57, 62, 70, 74, 75). Respecto á Aristóteles y á Strabón, que cita Colón con tanta frecuencia, pudo ver ediciones latinas del libro _De Cœlo_ (Padua, 1473) y de la _Geografía de Strabón_ (Venecia, 1472); pero es más verosímil, según he dicho, que el Almirante citara los autores antiguos por los extractos que de ellos encontró en Alliaco y otros cosmógrafos italianos, españoles ó árabes que habitualmente consultaba.
[59] Esta frase de monte Sopora á donde Salomón envió sus exploradores al fin del Oriente, es bastante singular. Sin embargo, Colón, al nombrar el monte Sopora, se refiere sin duda á Ophir, nombre que los Setenta escriben _Sophira_, _Sophir_, _Sophara_. La última forma ha hecho que se relacionara con la Sofara de Edrisi, célebre por su abundancia de oro.
[60] Son las propias palabras de Roger Bacon en el _Opus majus_, páginas 190, 231, 233.
[61] Según las investigaciones de KLAPROTH (_Journal Asiatique_, 1822, t. I, pág. 264), los primeros asignados de los tártaros, grabados en madera, y las primeras cajas de descuento para el papel moneda datan del año 1155 (un siglo antes de la misión de Rubruquis á Asia). El papel moneda existía ya en China desde fines del siglo X. Los primeros naipes grabados en madera son del año 1120. La imprenta china (con caracteres no móviles) publicó el primer libro impreso sobre letras grabadas en madera en 952. Esta _editio princeps_ precedió 484 años al descubrimiento del ingenioso artífice de Guttenberg, descubrimiento que pudo hacerse á fines del siglo XIII, á la vuelta de Marco Polo si este viajero, en su _Millione_, hubiera llamado seriamente la atención del lector acerca de la imprenta en la China. Pero no menciona lo que llegó á serle muy familiar, y en este caso están la imprenta y el uso del té. Además, al nombrar Marco Polo el papel moneda chino, indica indirectamente el procedimiento de la impresión en caracteres no móviles. Josaphat Bárbaro, que recorrió la Persia en 1436, el mismo año que se cree ser el del descubrimiento de nuestra imprenta, y que conoció esta moneda, introducida en China por los mogoles, dice expresamente: «In quel luogo si spende moneta di carta laquale ogn’anno si muta con nuova stampa; é la moneta vecchia, in capo del anno, si porta alla zecca dove gli é data altra tanta di nova é bella, pagando tutta via due per centi di moneta d’argento buona.»
[62] Parece que el Cardenal tenía á la vista el pasaje de Strabón, t. II, pág. 161.
[63] L. C. _Mapa Mundi_, sección VIII, _de quantitate terræ_.
La prueba de que Colón medía la distancia recorrida en millas italianas encuéntrase en el diario de su primer viaje, viernes 3 de Agosto de 1492, donde dice «_sesenta millas que son quince leguas_». Las leguas marinas españolas son de tres millas. Tomás Parcacchi (_Isole più famose del Mundo_), cuya segunda edición es de 1576 recuerda que diez y siete y media _leguas_ ó 70 _millas_ de Italia forman un grado. No se usaban por tanto en los siglos XV y XVI las antiguas millas romanas que en número de 75 formaban un grado ecuatorial.
[64] «Memoria ó anotación que hizo el Almirante, mostrando ser habitables todas las cinco zonas con la experiencia de la navegación.» BARCIA, _Historiadores primitivos de Indias_, tomo I, páginas 4, 6.
[65] «Estando el Almirante en Portugal, empezó á conjeturar que del mismo modo que los portugueses navegaron tan lejos al Mediodía, podría navegarse la vuelta de Occidente y hallar tierra en aquel viaje; y para confirmarse más en este dictamen, empezó de nuevo á ver los autores cosmógrafos que había leído antes, y á considerar las razones astrológicas que podían corroborar su intento, y consiguientemente notaba todos los indicios de que oía hablar á algunas personas y marineros por si en alguna manera podría ayudarse de ellos. De todas estas cosas supo también valerse el Almirante, que vino á creer por sin duda que al Occidente de Canarias y de las islas de Cabo Verde había muchas islas, que era posible navegar á ellas y descubrirlas; y para que se vea de cuán débiles argumentos llegó á fabricarse ó salir á luz una máquina tan grande, y para satisfacer á muchos que desean saber distintamente los motivos que tuvo para venir en conocimiento de estas tierras y tomar á su cargo esta empresa, referiré lo que he hallado en sus escritos sobre esta materia.»
[66] ¿Por qué medios? Sin duda comparando las altitudes obtenidas á los resultados de la estima, y considerando los rumbos en los cuales se singlaba. Inútil es recordar aquí de cuántos elementos inciertos dependía este cálculo, sobre todo añadiendo á estas incertidumbres la imperfección de la medida del surco por la corredera ó cadena de la popa, y el efecto de la influencia de las corrientes y de la declinación variable de la brújula. En la carta á los Monarcas Católicos donde hace la relación del tercer viaje de descubrimiento, vemos al Almirante practicar la valuación del valor de un grado _equinoccial_, según Alfragan. Aplica esta valuación aunque confusamente á la _longitud_ del Golfo de las Perlas (Golfo de Paria) y á la distancia de este golfo á las islas Canarias. NAVARRETE, t. I, página 258.
[67] Dos páginas extraordinariamente raras que publicó por primera vez Muratori conforme á un manuscrito conservado en Génova (_Rerum Italicarum Scriptores_, 1733, t. XXIII, página 302). El mismo Antonio Gallo ha escrito _De Rebus Genuensium_, 1466-1478. Se vanagloria de haber redactado el breve comentario _De Navigatione Columbi_ conforme á las cartas firmadas por el Almirante (_epistolas quas vidimus manu propria Columbis subscriptas_).
[68] El verso 5.º, que contiene las siguientes palabras: _Et in omnem terram exibit senus eorum et in fines orbis terræ verba eorum_, dió ocasión á este raro episodio, que no se esperaba por cierto encontrar en un salterio.
[69] _Vida de D. Cristóbal Colón_, cap. X. Al fin de este capítulo se trata del mapamundi que Bartolomé Colón dibujó en Londres en 1488 para el rey Enrique VII, y de los versos exámetros que el dibujante se atribuye haber compuesto:
_Pingitur hic etiam nuper sulcata carinis_ _Hispanis, zona illa, prius incognita genti,_ _Torrida, quæ tandem nunc est ab nottisima multis._
La exactitud histórica exigiría en estos versos el elogio de los portugueses, quienes visitaban entonces más que los españoles las costas tropicales de África.
[70] _Vida de D. Cristóbal Colón_, cap. II. Aunque D. Fernando muestra generalmente altivez de sentimientos y declara que el hijo de Cristóbal Colón no necesita más gloria hereditaria que la que puede legar un grande hombre, su ira contra el obispo Giustiniano la exitó, según parece, un motivo poco filosófico. El Obispo había dicho en el salterio «que la familia del Almirante ejercía pobremente un oficio manual».
[71] NAVARRETE. _Viajes y descubrimientos de los españoles_, tomo III. _Colección diplomática_, págs. 539, 583, 586 y 587. «Estándo cerca de Paria, el Almirante demandó á los pilotos el punto de viaje que llevaban, é unos decian que estaban en la mar de España, é otros en la mar de Escocia» (sin duda á causa del mar alto y agitado que se encuentra en las inmediaciones de la isla de la Trinidad). «El Almirante (dice el testigo Bernardo de Ibarra) envió á España _en una carta de_ _de marear los rumbos y vientos por donde había llegado á Paria._ Por aquella carta se habian hecho otras é por ellas habian venido Pedro Alonso Merino (Niño) e Ojeda.» Era más que la _pintura_ de la tierra firme; era una carta de navegar. De igual suerte creo que lo dicho en una carta de la reina Isabel, recibida por Colón en Septiembre de 1493 en el Puerto de Santa María, respecto á la carta de marear que el Almirante había prometido á la Reina, y cuyo envío exige ésta con tantas instancias, no era más que el trazado de los descubrimientos del primer viaje. (NAVARRETE, t. II, pág. 107, núm. LXX.) Sería muy interesante encontrar estos diseños de mano de Colón, sobre todo los correspondientes á las tierras vistas el viernes 12 de Octubre de 1492.
[72] PLINIO II, 68. Es el elocuente párrafo sobre la extrema pequeñez de los continentes que termina con estas palabras: «_Hæc est materia gloriæ nostræ, hæc sedes; hic tumultuatur humanum genus, hic instauramus bella civilia mutuisque cadibus laxiorem facimus terram._»