Cristóbal Colón y el descubrimiento de América, Tomo 1 Historia de la geografía del nuevo continente y de los progresos de la astronomía náutica en los siglos XV y XVI

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Otros ejemplos de traslaciones involuntarias corresponden á la Edad Media y han sido citados con frecuencia á causa de un pasaje célebre de los fragmentos históricos de Cornelio Nepote[451], pasaje que llamó mucho la atención pública cuando se buscaba un paso al Noroeste en la navegación á la India. Pomponio Mela, que vivió en época próxima á Cornelio Nepote, cuenta, y Plinio repite, que siendo procónsul en las Galias Metelo Céler, recibió como regalo del Rey de los _Boii_ ó _Baeti_ (el nombre es incierto y Plinio le llama Rey de los _suevos_), algunos indios que, arrastrados fuera del mar de la India por las tempestades, llegaron á las costas de Germania. Inútil es discutir aquí de nuevo si este Metelo Céler es el mismo que fué pretor de Roma el año del consulado de Cicerón, é inmediatamente después de éste, cónsul con L. Afranio, ó si el Rey germano era Ariovisto, vencido por Julio César. Lo que está fuera de duda, por la relación de ideas que conducen á Mela á citar el hecho tenido por cierto, es que se creía entonces en Roma que estos hombres morenos, enviados desde Germania á las Galias, llegaron por el Océano que baña el este y el norte del Asia, dando la vuelta al continente por más allá de la desembocadura del mar Caspio.

Esta suposición estaba perfectamente de acuerdo con las ideas geográficas de aquella época, es decir, con las falsas ideas que, desde la expedición de Alejandro, se tenían acerca de la comunicación del Caspio con el Océano septentrional, ideas que desdichadamente prevalecían sobre las que Herodoto había adquirido en Olbia y en las orillas del Hypanis[452].

En tiempo de Ptolomeo era aún el mar Báltico un mar abierto al Este, y la península escandinava una isla que no impedía navegar hacia el Este, á partir de la extremidad del Quersoneso Cimbrico y de la isla Scandia. «Estas bocas son, según Strabón, el punto más septentrional de la costa que se extiende desde allí hasta la India y á donde, desde este país, se puede llegar por mar, como lo atestigua Patroclo, que mandó en aquellos parajes» (II, pág. 74 Cas.). En otro párrafo (XI, página 518) habla nuevamente Strabón de esta posibilidad. «El hecho, dice, de que algunos navegantes hayan ido desde la India á la Hyrcania por mar, no se cree cierto, pero Patroclo nos asegura que es posible.»

Strabón, que por lo general consultaba poco á los autores latinos, no tuvo ninguna noticia del supuesto viaje de los negociantes indios conducidos á las Galias. Plinio, que con frecuencia cometía inexactitudes en las notas que tomaba casi á escape (_adnotabat et quidem cursim_, dice su sobrino), convirtió la conjetura de Patroclo en un hecho circunstanciado. Según dice, toda la parte del Océano comprendida entre la India y el mar Caspio (esto es, su desembocadura) fué explorada por los macedonios durante los reinados de Seleuco y Antioco[453].

Siendo el objeto de toda investigación filológica esclarecer la opinión que el autor ha querido enunciar, es indudable que Pomponio Mela no creyó que los indios llegaron á la costa noroeste de Alemania por circunnavegación del Asia oriental y boreal, pues dice: _Vi tempestatum ex Indicis æquoribus abrepti_, y no es lícito suponer, como lo hacen Huet[454] y otros comentadores, que vinieran por el Oxus, el mar Caspio y el Palus Mæotide al mar Báltico. Estas fabulosas comunicaciones del Caspio con el Océano boreal y con el Palus Mæotides, y del Palus con el Báltico[455], tenían sin duda muchos partidarios desde las eruditas especulaciones de la escuela de Alejandría acerca del viaje de los argonautas; pero en el suceso que Cornelio Nepote refiere, para nada se alude á las líneas hidrográficas trazadas al través de los continentes.

Siendo conocido que, á pesar de los grandes perfeccionamientos de la navegación moderna, la acumulación de hielos impide navegar por el estrecho de Behring á lo largo de las islas de Nueva Zembla, se ha suscitado la cuestión de saber de qué raza serían los hombres de color que el procónsul Metelo Céler tomó por indios. Ya en la primera mitad del siglo XVI se supuso que estos hombres eran pescadores esquimales del Labrador y de Groenlandia arrastrados por los vientos del Oeste á las costas británicas. Esta opinión se ha atribuído equivocadamente á Malte Brun y á otros geógrafos modernos, pues la encuentro expuesta ya por Gomara, que dice, refiriéndose á los indios de Quinto Metelo Céler: «Si ya no fuesen de Tierra del Labrador, y los tuviesen (los romanos) por indianos, engañados (acerca de su verdadero origen) en el color.» (_Historia de las Indias_, folio 7.)

Cornelio Wytfliet, en sus _Noticias sobre el Occidente_ ó _Adiciones_ á la geografía de Ptolomeo, emite la misma opinión[456] fundándose en las fantasías de Paolo Giovio (Paulas Jovius), contemporáneo de Colón y de Vespucci, quien creía que el sanguinario culto de los Bretones y de los Galos fué importado por colonos del Labrador y de Estotilanda.

El descubrimiento de América y la necesidad, por decirlo así, hebraica, de poblar este continente por el Asia, hicieron discutir las distintas clases de comunicaciones que pudieron ser favorecidas por las corrientes oceánicas y por los vientos. Pareció sin duda poco probable que llegaran esquimales á las costas de Alemania, y mientras Vossio, el sabio comentador de Mela, creía que los indios de Cornelio Nepote eran Bretones que se pintaban el cuerpo, otros comentadores, adoptando la explicación de Gomara y de Wytfliet, sustituían al _Suevorum rex_ un príncipe escandinavo[457] que había recogido los náufragos en las costas de Noruega.

La analogía del hecho no desmentido de la llegada de los esquimales á las islas Orcades, hecho que antes he mencionado, esclarece mucho el que ahora examinamos; y teniendo en cuenta los numerosos ejemplos de individuos que han caído en manos de los bárbaros, siendo llevados como cautivos, de nación en nación, muy lejos del lugar del naufragio, sorprende menos que fueran conducidos á las Galias algunos extranjeros, pasando desde las Islas Británicas á Batavia y á Germania; lo extraño es que en sucesos semejantes ó de igual modo enigmáticos, ocurridos en la Edad Media, se hable también de las costas germánicas.

Estos acontecimientos se refieren á los reinados de los Othones y de Federico Barbarroja, y son, por tanto, de los siglos X y XII.

He aquí los distintos testimonios:

«Nos apud Othonem legimus, dice el Papa Eneas Sylvio en su gran obra geográfica é histórica (cap. _II_, página 8), sub imperatoribus teutonicis indicam navem et negotiatores Indos in _Germanico littore_ fuisse deprehensos.»

Se lee en la _Historia de las Indias_ de Gomara, después del pasaje en el que designa los indios de Metelo Céler como esquimales del Labrador: «Asegúrase también que en tiempo del emperador Federico Barbarroja aportaron á Lubeck algunos indios en una canoa[458].

Sir Humphrey Gilbert, después de discutir prolijamente en cuatro capítulos el pasaje de Cornelio Nepote, añade: «En el año de 1160 y en el reinado de Federico Barbarroja, llegaron algunos indios, _upon the coast of Germanie_[459].

Mucho tiempo he perdido en vanas investigaciones de las primeras fuentes de estos curiosos sucesos. ¿De dónde supo Gomara, historiador generalmente muy exacto, que los indios habían sido llevados á Lubeck? ¿Lo sabría por el piloto polaco Juan Scolmus, de quien antes he hablado, que en Bergen y en Dinamarca pudo estar en relaciones con marinos de Lubeck? ¿Cómo es posible que los continuadores de los Anales de Othón de Freising y el franciscano Ditmar, autor de la excelente Crónica de Lubeck[460], nada supieran de estos supuestos indios?

La fecha de 1160 es además dudosa, porque la Crónica de la ciudad de Lubeck, de Juan Rufus, es desde el año 1106, y dice que en esta remota época había muy pocas relaciones entre los mares del Oeste y del Norte.

Estos esquimales-indios no naufragarían en las costas de Frisia, sino que, durante las grandes tempestades y las irrupciones del mar ocurridas en 1150 y 1164, algún barco de Lubeck los encontró cerca de las costas de Europa y los capturó, como fué capturado el barco esquimal de que habla el cardenal Bembo.

Al reunir y examinar bajo un punto de vista general las pruebas de estas comunicaciones remotas favorecidas por el acaso, elévanse las ideas, viendo cómo los movimientos del Océano y de la atmósfera han podido contribuir, desde las épocas más lejanas, á esparcir las diferentes razas humanas en la superficie del globo. Compréndese, como lo comprendió Colón (_Vida del Almirante_, cap. VIII), cómo pudo revelarse un continente al otro.

FIN DEL TOMO I.

ÍNDICE.

Páginas. Prólogo. 1

Introducción. 14

CAUSAS QUE PREPARARON Y PRODUJERON EL DESCUBRIMIENTO DEL NUEVO MUNDO:

I.--Lo que se proponía Colón en sus viajes de descubrimiento. 21

II.--Progreso de las ideas cosmográficas antes de Colón. 34

III.--Ideas cosmográficas de Colón y causas que le impulsaban al descubrimiento de las Indias. 59

IV.--Opiniones de los antiguos sobre la geografía física del globo y manera de figurarla. 83

V.--Influencia de Pablo Toscanelli en los proyectos de Cristóbal Colón. 93

VI.--Cristóbal Colón y Martín Behaim. 126

VII.--Martín Behaim y Magallanes. 156

VIII.--Primeros descubrimientos en la costa Oriental de América. 165

IX.--Influencia de la configuración de África en las ideas sobre la que debía tener América. 176

X.--Las expediciones clandestinas. 197

XI.--Motivos que impulsaban al descubrimiento de América á fines del siglo XV. 219

XII.--Consideraciones sobre la geografía física del globo terrestre y sobre las comunicaciones con América antes de descubrirla Cristóbal Colón. 234

XIII.--Viajes de los escandinavos al Nuevo Mundo en los siglos XI y XII. 257

XIV.--Colón no supo los viajes de los escandinavos á la América septentrional. 272

XV.--Estado social de América antes del descubrimiento. 288

XVI.--Viajes de los árabes almagrurinos; de Madoc; de los hermanos Vivaldi; de Gonzalo Velho Cabral, y de Juan Szkolny. 295

XVII.--La cosmografía en la Edad Media. 310

XVIII.--La isla de San Brandón. 316

XIX.--La Antillia y la isla de las Siete Ciudades. 324

XX.--La isla Bracie (Berzil). -- La estatua de las Azores. -- Las monedas halladas en la isla Corvo. -- El monumento de la isla de San Miguel. 353

XXI.--Probables comunicaciones entre ambos mundos, á causa de las corrientes atmosféricas y oceánicas. 375

NOTAS.

[1] La edición in-folio contendrá además el _Análisis razonado_ de los materiales de que me he valido para construir los mapas y los perfiles hipsométricos.

[2] Præ lætitia prosiliisse te, vixque á lachrymis præ gandio temperasse, quando literas adspexisti meas, quibus de antipodum orbe latenti hactenus, te certiorem feci, mi suavissime Pomponi, insinuasti. Ex tuis ipsis literis colligo, quid senseris. Sensisti autem, tantique rem fecisti, quanti virum summa doctrina insignitum decuit. Quis namque cibus sublimibus præstari potest ingeniis isto suavior? quod condimentum gratius? A me facio conjeturam. Beari sentio spiritus meos, quando accitos alloquor prudentes aliquos ex his qui ab ea redeant provincia (Hispaniola insula). Implicent animos pecuniarum cumulis augendis miseri avari: nostras nos mentes, postquam Deo pleni aliquandiu fuerimus, contemplando, huyuscemodi rerum notitia demulceamus.--Esta carta, que con tanto acierto pinta los placeres de la inteligencia, ha sido escrita, conforme á la común opinión, á fines de Diciembre de 1493. (_Opus Epistolarum Petri Martyris Anglerii Mediolanensis, Protonotarii Apostolici, Prioris Archiepiscopatus Gratanensis, atque á consiliis rerum Iudicarum Hispanicis_). Amstelodami, 1670; Epíst. CLII, página 84.

[3] Acerca de los trabajos científicos de este hombre extraordinario, véase Capmany, _Memorias históricas del comercio de Barcelona_. Quæst. II, pág. 68.

[4] La suposición de que Asia se extendía hacia el Oriente más allá de los 180 grados de longitud. Véase también RENNEL, _Geography of Horodotus_, pág. 685.

[5] NAVARRETE, _Viajes de los españoles_, t. I, pág. LXXIV.

[6] Capítulos V al IX. No ha sido posible descubrir hasta ahora el original español de esta biografía, cuyo manuscrito puso el nieto de Cristóbal Colón, D. Luis, Duque de Veragua, en manos de un patricio genovés llamado Fornari. De una copia que sin duda era bastante defectuosa fué traducido en 1571 al italiano por Alfonso de Ulloa, y retraducido del italiano al español en 1749, para insertarlo en la colección de _Historiadores primitivos de Indias_, de González Barcia (t. I, pág. 128). Compárese también Antonio de León, _Epitome de la Biblioteca Oriental y Occidental náutica y geográfica_, 1629, pág. 62; y SPOTORNO, _Códice diplomático Colombo Americano_, 1823, página LXIII.

[7] Es la que llegó á ser célebre por la reimpresión italiana que hizo Morelli, bibliotecario de Venecia, en Bassano en 1810. Había sido ya impresa en español en los primeros años del siglo XVI. (ANTONIO DE LEÓN PINELO, _Biblioteca Occidental_, 1738, t. II, pág. 566), y aun en italiano, según Bossi, en Venecia en 1505.

[8] Documentos diplomáticos, n. CXL. _Libro de las Profecías que juntó el almirante D. Cristóbal Colón, de la recuperación de la santa ciudad de Hierusalem, y del descubrimiento de las Indias._ (NAVARRETE, t. II, páginas 260, 265, 272). En Septiembre de 1501 envió Colón este manuscrito teológico que, á pesar de la diferencia de países y de siglos, recuerda involuntariamente las graves discusiones del inmortal Newton, sobre el undécimo cuerno de la cuarta fiera de Daniel (BREWSTER, _Life of Newton_, 1831, pág. 279), á un cartujo, el P. Gaspar Gorricio, para que lo perfeccionara y adornara con sabias citas. Sitúo este suceso diez y ocho meses antes de la muerte del Almirante, ocurrida en 20 de Mayo de 1506, porque al final del manuscrito de las _Profecías_ se trata del eclipse de luna que observó Colón cerca del cabo oriental de la isla de Haití el 14 de Septiembre de 1504. Pero hay otra parte de las _Profecías_, por ejemplo, la que trata del peligro del próximo fin del mundo, anterior á 1501. «San Agustin, dice Colón, diz que la fin deste mundo ha de ser en el sétimo millenar de los años de la creacion dél: los sacros Teologos le siguen, en especial el cardenal Pedro de Ailiaco (Pedro d’Ailly, nacido en Compiegne en 1350). De la criacion del mundo ó de _Adam_ fasta el avenimiento de Nuestro Señor Jesucristo son cinco mil é trescientos y cuarenta é tres años y trescientos y diez y ocho dias, por la cuenta del rey D. Alonso, la cual se tiene por la más cierta, con los cuales, poniendo mil y quingentos y uno imperfeto, son por todos seis mil _ochocientos_ cuarenta y cinco imperfetos. Segund esta cuenta no falta salvo ciento é cincuenta y cinco años para complimiento de siete mil, en los cuales _digo_ arriba, por las autoridades dichas, que habrá de fenecer el mundo.»

[9] Poco antes, sin embargo, en la misma carta á sus Soberanos explícase Colón con la mayor ingenuidad acerca de su propia erudición, cuya importancia, al parecer, desconoce. «De muy pequeña edad entre en la mar navegando, é lo he continuado fasta hoy. La mesma arte inclina á quien le prosigue á desear de saber los secretos deste mundo. Ya pasan de cuarenta años que yo voy en este uso. Todo lo que fasta hoy se navega, todo lo he andado. Trato y conversación he tenido con gente sabia, eclesiásticos é seglares, latinos y griegos, judios y moros, y con otros muchos de otras setas.

»A este mi deseo (conocer los secretos de este mundo) fallé á Nuestro Señor muy propicio, y hobe dél para ello espirito de inteligencia. En la marinería me fizo abondoso; de astrología me dió lo que abastaba, y así de geometría y arismética; y engenio en el ánima y manos para debujar esferas y en ellas las cibdades, rios y montañas, islas y puertos, todo en su propio sitio.

»En este tiempo (en su juventud) he yo visto y puesto estudio en ver de todas escrituras, cosmografía, historias, corónicas y filosofía, y de otras artes ansí que _me abrió Nuestro Señor el entendimiento con mano palpable, á que era hacedero navegar de aquí á las Indias, y me abrió la voluntad para la ejecucion dello; y con este fuego vine á V. A._ Todos aquellos que supieron de mi impresa con risa la negaron burlando: todas las ciencias de que dije arriba no me aprovecharon ni las antoridades de ellas: en solo V. A. quedó la fe y constancia, ¿quién dubda que esta lumbre que fué del Espíritu Santo, así como de mí, el cual con rayos de claridad maravillosos consoló con su santa y sacra Escritura á Vos muy alta y clara con cuarenta y cuatro libros del viejo Testamento, y cuatro evangelios con veinte é tres epístolas de aquellos bienaventurados Apóstoles, avivándome que yo prosiguiese, y de contino, sin cesar un momento me avivan con gran priesa?» Fol. IV de las _Profecías_. Leyendo estas líneas llenas de candorosa ingenuidad, se comprende la dificultad de traducir con la energía propia de la antigua lengua castellana los escritos de un hombre que con excesiva modestia se llama á sí mismo: _lego marinero, non doto en letras y hombre mundanal._

[10] MUÑOZ, _Historia del Nuevo Mundo_, lib. II, párrafo 21. NAVARRETE, t. I, páginas LXXIX-LXXXI. REMESAL, dice en su _Historia de Chiapa_ (lib. II, cap. VII), que desde 1486 estaba Colón al servicio de España, y que á fines de dicho año se verificaron las disputas cosmográficas de Salamanca en el convento de San Esteban, durante las cuales los monjes dominicos se mostraron más tratables é instruídos que los profesores de la Universidad.

[11] Las Casas estudió derecho en Salamanca y pasó con Ovando á Haití. Poseía muchas cartas del Almirante y hasta un escrito autógrafo, «sobre indicios de tierras occidentales, reunidos por pilotos y marineros portugueses y españoles». Fernando Colón contaba catorce años de edad cuando acompañó á su padre en el cuarto y último viaje, y aunque en general es mejor crítico y más juicioso historiador que Bartolomé de Las Casas, muéstrase muy reservado y de un laconismo que á veces desespera en todo lo que se relaciona con el origen genealógico y las aventuras del Almirante antes de 1492.

[12] HERRERA, _Historia de Las Indias Occidentales_, dec. I, lib. I, cap. VI.

[13] Primera y segunda carta de Pablo Toscanelli á Cristóbal Colón. (_Colección diplomática_, núm. 1.º, en NAVARRETE, t. II, páginas 1 y 3.)

[14] BERNÁLDEZ, _Historia de los Reyes Católicos_, cap. VII. El motivo de visitar las tierras del Gran Khan, para enseñarle, _conforme á su deseo_, la fe cristiana, se expresa en la carta al Rey y á la Reina, puesta al frente del Diario del primer viaje de Colón, según la copia de Las Casas. _Vuestras Altezas ordenaron que no fuese por tierra al Oriente (á la India y á los pueblos del Gran Kan), por donde se acostumbra de andar, salvo por el camino de Occidente, por donde hasta hoy no sabemos por cierta fe que haya pasado nadie_. La instrucción Real dada á Amerigo Vespucci el 15 de Septiembre de 1506, copiada por Muñoz en los Archivos de la _Contratación_ de Sevilla, habla también de la _armada que el Sr. D. Fernando mandó hacer para ir á descubrir el nacimiento de la especería_. (NAVARRETE, t. I, pág. 2; _Códice diplomático_, núm. CL, t. II, página 317.)

[15] También Las Casas, _Historia de las Indias_, lib. I, capítulo CII, dice que iba vestido como fraile franciscano.

Herrera refiere que el famoso navegante Alonso de Ojeda, que acompañó á Colón en su segundo viaje, se hizo fraile franciscano. Este aserto carece de fundamento. (NAVARRETE, t. III, página 176.)

[16] _Memoir on Sebastian Cabot, illustrated by documents of the rolls, now first published_, 1831, pág. 10.

[17] NAVARRETE, t. I, pág. 2. Véase también la relación del viaje en el miércoles y en al sábado (páginas 16 y 17), donde Colón dice «que no se quiso detener, pues su fin era pasar á las Indias, y si se detuviera no fuera buen seso.» Y más adelante (haciendo distinción entre el continente de Asia y las islas que lo rodean), añade, «que si erraban la isla de Cipango no pudieran tan presto tomar tierra, y que era mejor una vez ir á tierra firme y después á las islas.»

[18] Véase el _Diario del Almirante_, en NAVARETTE, t. I, página 58. En el Diario copiado por Las Casas se lee: «_Miércoles_, _14 de Noviembre de 1492_. Dice el Almirante que cree que estas islas son aquellas inumerabiles que en los mapamundos en fin del Oriente se ponen.» Dice también Colón que creía que el grupo de estas islas se extendería y ensancharía hacia el Sud, y que en ellas encontraría «_grandísimas riquezas y piedras preciosas y especería_.» El Atlas de mapas catalanes de la Biblioteca Real de París, que data del año 1374, y del que poseemos minucioso estudio debido á la sagacidad de Mr. Buchon, tiene una leyenda relativa al mar de la India, que indica la existencia en él de 7.548 islas, «ricas en piedras finas y metales preciosos.» En el mapamundi de Martín Behaim, terminado en 1492, se encuentra una cita de Marco Polo (lib. III, cap. 42), de 12.700 islas, «con montañas de oro, de perlas y doce clases de especias» (_mit vil Edelgestain, Perleim und Golt Peragen, 12 lei Spezerey und wunderlichem Volck, davon lang zu schreiben_), dice Behaim en su antiguo y enérgico lenguaje. GOTTL. VON MURR, _Diplom. Gesch, von Martin Behaim_, 1778, pág 37. La cita de Marco Polo no es exacta. El viajero veneciano habla de 12.700 islas (lib. III, cap. 38), aludiendo á las Maldivas (ed. de Marsden, pág. 717), Behaim transporta este grupo de islas al Nordeste, lo cual influyó en las opiniones de los navegantes al fin del siglo XV.

[19] MALTE BRUN, _Geographie Universelle_, 1831, t. I, página 616.

[20] Dec. I, lib. I, cap. 1 al 6.

[21] _Almagrurim_ significa mejor _engañados en sus esperanzas_, y la raíz de esta palabra es _meghrur_.

[22] PLUTARCO, _De plac. phil._, III, 12. Pasaje repetido por Galieno, _De Phil. Historia_, cap. 21, ed. Kühn, 1830, t. XIX, pág. 294. Esta es una de las causas indicadas por Demócrito y que recuerda la falta de equilibrio que, según un mito javanés, Batara Guru, el Ser Supremo, observaba en la tierra inclinada al Oeste, al cual puso remedio trasladando algunas montañas.

[23] «Lo que hay más bello en la tierra habitada se encuentra en las extremidades», dice Herodoto, lib. III, cap. 107; quien, como Thales y Anaximenes, no cree en la forma esférica de la tierra (lib. V, cap. 92).

[24] BREDOW, _Untersuch. über alte Geschichte und Geographie_, 1800, pág. 78. UKERT, _Geographie der Griechen und Römer_, vol. II, parte 1.ª, páginas 234-243.

[25] En la época mítica de la expedición de los argonautas todavía se sospechaba que el _mar interior_ tenía también comunicación por el Nordeste con el gran _río Océano_.

[26] STRABÓN, lib. III, pág. 224. En el pasaje del lib. I, página 82, la restricción «poco después de la época del sitio de Troya» refiérese á la fundación de las colonias.

[27] La primera expedición griega más allá de las columnas de Hércules es la de Colæus, posterior sin duda á la época de Homero; sería, pues, posible que los fenicios hubiesen transmitido á los helenos la noción del mar exterior y la frase que la designa.