Cosas que fueron: Cuadros de costumbres

Part 8

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Las noches eran eternas. Los madrileños se aburrían como provincianos. Para ver á las muchachas, era necesario hacer lo que en tiempos de Calderón; rondar á la puerta de las iglesias. ¡Y, cual si esto no fuese bastante, el viento silbaba lúgubremente, y la lluvia se divertía, como los pastores de la Arcadia, en hacer correr á las doncellas... con los miriñaques al descubierto!--¡Qué días!

¡Y qué trasformación!

Las campanas estremecen el aire, y los coches se estremecen sobre el escabroso piso de la gran capital.

Los carteleros vuelven á empapelar las esquinas con anuncios de teatro.

Los que por la mañana salen á negocios, oyen nuevamente las interrumpidas lecciones de canto y piano que dan entre el chocolate y el almuerzo las hijas de los que tienen dinero, ó las huérfanas de los que se lo dejaron; y el transeunte, si es demasiado soltero, al escuchar un aria mal cantada ó peor tocada, adivina, allende la vidriera (que alguna fámula limpia tarareando el malagueño), á la señorita de la casa, despeinada, mal envuelta en una bata y un mantón, fluctuando entre los recuerdos de la pasada noche y los planes de batalla que piensa dar á la tarde en el Prado, ó después en el teatro... Y el hombre de negocios sigue su camino entre un aluvión de cocineras, que vuelven de la plaza con las provisiones vedadas desde el Miércoles Santo; pues ya va á sonar en las cocinas la hora de la resurrección de la _carne_...;--lo cual sienten muchísimo los que gustan más del pescado!

Las recién llegadas golondrinas hienden el aire, rozando á veces los adoquines con sus alas, en tanto que las lilas y las rosas abren sus perfumerías en los jardines públicos y privados.

Los tenderos, los sastres y las modistas exhiben sus géneros primaverales. Apáganse las chimeneas y las estufas. Desaparecen las copas y los braseros. Y los manguitos, las capas y los abrigos de todas clases quedan en situación de reemplazo hasta el año próximo, no sin espolvorear antes sobre ellos alcanfor y pimienta quebrantada.

Los balcones empiezan á verdear. Las jaulas de pájaros permanecen en ellos toda la noche, lo que produce deliciosos conciertos callejeros por las madrugadas. En las plazas poco transitadas nace alguna yerba entre el empedrado, y en el corazón de los que _ya no tienen corazón_ se despierta no sé qué hambre de amor y de vida, de gloria y de felicidad que hace dificultosa la respiración y largas las horas del anochecer...

Los cementerios merecen también las atenciones de Flora, y se ponen tan lindos y perfumados estos días, que es un gusto pasarse allí la siesta leyendo novelas de amores ó pensando en los medios de llegar á ser excelentísimo señor.

¡Oh... sí! En todo se advierte que la naturaleza ha tocado también á gloria. En la Carrera de San Jerónimo sacuden las alfombras del Congreso, próximo ya á reanudar sus tareas. Las reuniones literarias, tan de moda este año, vuelven á sus honestos recreos..., y dentro de pocas semanas se prolongarán las sesiones del Prado hasta las once de la noche...

¡Allí están ya las sillas, testigos de tantos duos en _mí mayor_, esperando nuevas veladas cariñosas en que se desenlacen los dramas sentimentales del pasado invierno!...

¡Oh Dios! ¡Todos los años lo mismo! Y, sin embargo, ningún año nos perdona los consabidos doce meses de existencia.--Está visto: esos pequeñuelos que juegan por las tardes en el _parterre_ del Retiro, en la Fuente de Apolo y en la Plaza de Oriente, acabarán por quitarnos nuestros papeles de galanes jóvenes, relegándonos al de barbas.

IV.

LA NUEVA PRIMAVERA.

Vuelvo á mi canción de siempre.

No hay bien ni mal que cien años dure; y en consecuencia de esto, nuestro insigne Quintana ha bajado al sepulcro á los ochenta y cinco años de haber nacido.--Hanle enterrado, y _pax Christi_.

España es un templo que se hunde. Hoy sopló el viento un poco fuerte, y ha venido á tierra un arco, una torre, una columna..., lo que quiera que haya sido Quintana. Los periódicos _religiosos_ han cogido el derrumbado fragmento, y han apedreado con él á los liberales.--El sol ha seguido dando vueltas como si tal cosa.

El siglo que viene, tal día como hoy, serán otros los soberanos de Europa, y se habrán vuelto feas ¡muy feas! todas las muchachas bonitas que hoy nos embelesan en los paseos y en los teatros. Pero yo siento más que nada no haber de conocer las óperas nuevas que se cantarán en la temporada cómica de 1958 á 1959.--¡Qué buenos coliseos habrá entonces! ¡Qué buenas compañías!--¿Cómo diablos se llamará la _prima donna_?--¡Ay! ni áun viviendo tanto como Quintana conseguiré saberlo.--Lo más que yo puedo vivir es hasta 1908.

Pero (hablando de otra cosa) sean ustedes francos, señores empresarios del teatro nuevo: ¿creen Vds. que en el siglo que viene por ahora habrán enjendrado ya las zarzuelas la _ópera nacional_?

--¡Qué nos importa! (dirán ustedes). ¡Nosotros ya habremos muerto!

--¡Ah! ¡ya!... Vds. son como esos forasteros que van vendiendo por los cortijos filtros y brevajes que han de producir su efecto á los tres días... El Dulcamara toma las de Villadiego con anticipación..., y á los tres días no hay quien encuentre una ópera española para un remedio.

La muerte de Quintana ha coincidido con la llegada de la Primavera.--Dícese que esta joven viene de la zona templada meridional, donde ha residido durante nuestro otoño del año último.--Llega tan hermosa y rozagante como si el tiempo no pasase por ella.

Aconsejo al Sr. Urríes que la ajuste en el Teatro Real, para bailar la parte de la _Primavera_ en las _Vísperas Sicilianas_, pues la _demoisselle_ que hoy quiere pasar por _Flora_ no nos convence á los señores abonados.

V.

EL VERANO EN MADRID.--RECUERDOS DEL INVIERNO Y DE OTROS VERANOS.

Viernes 23 de Julio.

Hoy ha principiado la Canícula, lo cual equivale á decir que un perro rabioso es desde hoy, mitológicamente hablando, Gobernador de los cielos.--¡Bien se conoce en la tierra!

El verano en Madrid es horrible, desconsolador, _bochornoso_ en el doble sentido de esta palabra.

Yo concibo el invierno en esta capital de la Mancha. Nada me importan las pulmonías, ni los demás inconvenientes de la inclemencia del vecino Guadarrama.--Abrígase uno lo mejor que puede; permanece en la cama arropadito hasta que se pone el sol, esto es, hasta las tres de la tarde; envuélvese en la capa ó abotónase el gaban, y échase á la calle en busca de pajaritas de las nieves...

(Así llamo yo á todas las madrileñas, á causa del valor impertérrito con que arrostran los cuatro y los seis grados bajo cero, con tal de lucir en el Prado ó en el Retiro una capota nueva ó un manguito recien llegado de París, cuando no las botas y hasta las medias.)

A las cinco sube uno por la calle de Alcalá, soplándose las puntas de los dedos, en busca del café ó del Casino, donde le aguarda una compacta y animada concurrencia que pregunta á cada momento:--¿Qué hay?

Y hay mucho.--Hay el baile que se espera, la cena de la noche anterior en un baile de máscaras, las intrigas amorosas que sorprendieron los desocupados, lo que ha pasado entre bastidores en el Congreso, la ópera nueva, la _claque_ y la _contra-claque_, Fulano que ha llegado (porque en este tiempo todos llegan, ninguno se va), lo que le pasa á Zutano, el desafío en ciernes, el libro que acaba de publicarse, la reunión literaria á que se asistió, la tertulia de la marquesa, las ostras que recibió Farrugia, la bailarina que va á _debutar_, la quiebra de tal banquero, la boda proyectada, el suicidio de vuestro amigo, la mozuela de moda, los anuncios de guerra europea, la joven que se escapó con su amante; el caudal que perengano ha dejado al morirse; la perdurable crisis ministerial que resulta de tanta vida, de tanta animación; el periódico que dice esto; la proclama que añade lo otro; la _Gaceta_ que se calla; el diputado que anuncia: _¡Verán Vds. mañana!_...; el literato que recita su última sátira _contra las instituciones_...--¡Oh! es una vida magnífica...: vida febril, artificial, necia si quereis; pero que mata las horas, ocupa la imaginación y distrae el hambre canina del espíritu más soñador y melancólico.--A las ocho la fonda;--á las nueve el teatro;--á las doce la tertulia, el té, la buena conversación en torno de la chimenea;--á las dos el _tête á tête_ con la dueña de la casa en que tenéis el privilegio de quedaros rezagado;--á las tres la última vuelta por el Casino, el chocolate final, salpimentado con la noticia fresca, con lo que mañana no traerán aún los periódicos, con lo que se acaba de ver ú oir en Palacio, en el ministerio ó en el baile de la embajada;--y, en fín, á las cuatro, á casa, á leer _La Época_, á escribir dos ó tres cartas y á dormir el dulcísimo sueño del invierno.

Repito que concibo esta vida en Madrid.--Pero ¡la vida del verano!...--¡No volveré á pasar otro bajo la tutela de San Isidro, mientras no traigan el Lozoya!

¡Qué calor! ¡qué polvo! ¡qué fetidez!--Ni un arbol, ni una flor, ni un chorro de agua, ni un pájaro, ni la sombra de una peña..., nada que solace los sentidos!--Los teatros, cerrados ó convertidos en baños rusos, llenos de pretendientes, y dando las funciones sobrantes de la temporada: los cafés..., desanimadísimos; como que se va á ellos á refrescar y á descansar, no á agitarse y divertirse: las tertulias..., suspensas: el Gobierno, aletargado; las mujeres de primera fuerza, en Biarritz; las personas que más se aman y se necesitan, hablándose á tres pasos de distancia, á fín de no derretirse mútuamente; el Prado, hirviendo en un gentío que se queja del mal día que ha pasado y busca en un paseo de trescientos metros frescura y espansión para diez mil pulmones; el tabaco, que reseca; el vino, que estraga; la comida, que sienta mal; el amor, que está vedado en _los meses sin r_; la cama, que brinda con una vigilia espantosa; y no más baños que el río Manzanares ó un pilón del tamaño de un ataud!...--Tal es el cuadro del estío madrileño.--¡Oh! ¡Qué diferencia entre este verano y el verano que yo pudiera pasar, si no fuera por lo que _no es_!

Cuando esta noche, sentado en el Prado, esperaba la llegada de una brisa respirable, levanté los ojos al cielo; y, al verlo cuajado de estrellas, recordé las noches pasadas en el campo, bajo los árboles, sin otra luz que la de la luna, al lado de personas queridas, oyendo el rumor melancólico del agua y respirando un ambiente cargado de esencias de tomillo y de romero.

--¡Felices (dije) los que están así en este momento, descansando de la campaña del invierno pasado, y disponiéndose para la del invierno futuro!

Creí entonces oir dulces y apacibles pláticas, cantos divinos, aprendidos de labios de la Gazzaniga ó de la Didié desde la butaca de un teatro, y regalados suspiros de amor, nuncios de matrimonios venideros...

Luego se trasladó mi imaginación á la orilla del mar..., y allí estaba también la luna, rielando en las soñolientas olas, que murmuraban bendiciones bajo las caricias del cielo.--Allí mis amigos, mis contertulios, mis madrileñas del alma, se aprestaban á entrar en un bote para dar un paseo veneciano.--Y oí la barcarola improvisada, y el golpe de los remos, y el canto lejano del pescador, y el alerta de los centinelas tendidos por el muelle, y el pito del carabinero de mar, que corría por la costa, tomándolos por contrabandistas...

O bien me imaginé un baile improvisado en una Casa de Baños, donde todos se desconocen, donde brotan tan súbitas y ardientes las simpatías; donde cada cual es distinguido por su buena educación, por su gracia, por su figura, por su caridad, por su elegancia, por todo menos por su nombre.

Si pensaba en Andalucía, oía la patética rondeña y la tristísima caña, que con sus interminables cadencias traen á la imaginación los páramos infinitos de los desiertos de Africa.--Si en Aragón ó Valencia, creía escuchar la bulliciosa jota, enérgica, brusca y apasionada, como aquellos pueblos indómitos, valientes y amantes de su clásica tierra.--Si en Galicia ó las provincias Vascongadas, escuché aquella inefable melodía de los pueblos montañeses, triste y alegre como la alborada después de la tempestad; melodía que llora y ríe á un mismo tiempo, y que es igual en Cantabria que en Suiza, en el Cáucaso que en los Drofines.

Tal soñé por dos cuartos que me costó sentarme en una silla desvencijada del Ayuntamiento.--Alamedas, campiñas, bosques, ríos, lagos, estanques, parras pomposas y aristocráticos lechos de jazmines, todo pasó ante mi vista en variada confusión, mientras que los chicos y las mujeres gritaban en torno mío: _¡Agua, merengues y azucarillos, agua!--¡Fósforos y cerillas!_

VI.

MÁS DELICIAS DE MADRID.--UN PASEO MATINAL.

Sábado 24 de Julio.

Esta mañana me levanté á las seis.

El sol, que había madrugado mucho más que yo, llevaba ya hora y cuarto de trabajar en su oficina.

Hallé, pues, la tierra perfectamente caldeada, sin que esto sea decir que se hubiese enfriado durante la noche anterior.

Fuí al Retiro en busca de frescura; pero aquellos raquíticos árboles no llegaron á darme sombra. Me acerqué al estanque para recrear mis calcinados ojos con la contemplación del agua, y el olor á peces muertos me hizo retroceder más que á prisa.

--¡Basta por hoy de placeres del campo! me dije.

Y tomé el camino de mi casa.

_Como era tan temprano_, los barrenderos estaban haciendo de las suyas en las calles y plazas de la capital.--En cambio, de trecho en trecho, había sobre la acera un charco de agua infecta ó de otra cosa peor.

Era, cuando menos, que algún honrado vecino, para cumplir con la orden del Ayuntamiento, que manda regar las calles dos veces al día _por cabeza_, había vaciado allí una aljofaina de espuma de jabón, después de hacer las abluciones matinales.

Las burras de la leche, que siempre me recuerdan el cuadro de la _Caridad romana_, volvían al hogar doméstico, después de haber restaurado pulmones y bronquios en los cuatro ángulos de la villa de Felipe II (suponiendo que esta villa tenga la forma cuadrangular).

Montañesas, gallegas, asturianas y demás variedades del bello sexo macizo, conferenciaban sobre economía culinaria en las avenidas de los mercados.

Derribaba, en fín, por su parte casas viejas el gremio de albañiles, sin consideración á la hora ni á las circunstancias de las calles, poblando la atmósfera de nubes de polvo, portadoras á veces de granizos de un tamaño más que regular.

Agréguense dos ó tres mil coches de alquiler que ya estaban en movimiento; las tiendas nómades establecidas al paso del transeunte; los carros de yeso y de ladrillo, andando como dicen que andan las tortugas; los treinta grados de calor que ya marcaba el termómetro á la sombra; los relojes, dando cada uno la hora que se le antojaba; el ruido de los talleres; las tropas que, á lo mejor, se atravesaban en la embocadura de una calle, obligándole á uno á presenciar el desfile..., y se formará idea de las delicias de un amanecer de la corte, de una mañanita de verano de esas que cantan los poetas sentimentales, de lo que es, por último, la hora más soportable de las quince que permanece ahora el sol en nuestro horizonte.

VII.

CARACTERES DE UN DOMINGO.--SOBRE LOS MARIANOS.--LA VIDA EN ABREVIATURA.

Domingo 25 de Julio.

Esta mañana abrí el _Calendario de Castilla la Nueva_, y leí estas palabras:

«_25 de Julio._

_Domingo IX._

_Santiago, apóstol, patrón de España, y San Cristóbal, mártir._

_Sale el sol á las 4 y 50 minutos._--_Se pone á las 7 y 22._

_Luna llena á las 11 y 48 minutos de la noche en Acuario._--_Truenos._»

Todo ha resultado cierto. El programa del almanaquero se ha cumplido en todas sus partes.

Ha sido _25 de Julio_.--De esto no tengo duda, á fuer de partidario de la Corrección gregoriana. Los rusos, los griegos, los musulmanes, los chinos, los israelitas y muchos otros pueblos llevan la cuenta de diferente modo...; pero el resultado es el mismo. Si Julio siguiera siendo todavía el quinto mes del año, como lo era en la antigua Roma, no por eso tendríamos hoy dos meses menos de existencia. Y si los hombres decidieran que este año fuera de cuarenta mil días, los niños que nacieron ayer estarían canos, calvos y sin dientes antes de fín de año.

Tampoco tengo duda de que hoy ha sido _domingo_.

Voy á dar mis razones.

Los mercaderes del cuarto bajo de mi casa cerraron la tienda á la una de la tarde. En seguida los ví dirigirse, hechos unos brazos de mar, á casa de sus novias ó archi-novias..., con hambre de una semana. Después me los encontré en el Prado fumando magníficos coraceros. Luego irían á tomarse su par de sorbetes al café del Iris, y acaso, acaso, se atreverían á dar una vuelta por el Circo..., á fuer de amantes de la Ópera española.

¡Oh, buenas gentes! ¡Cómo envidio su metódica existencia! ¡Qué felices han sido hoy durante esas diez horas de asueto! En cuanto á mí, los criados me dijeron _bon jour_ á las tres de la tarde, en uso de su derecho: mi sobrinillo vino á pedirme el medio duro semanal: por la mañana estuve en misa, y á la tarde á comer con Doña Torcuata: todo lo cual, unido á que los jornaleros se han puesto hoy camisa limpia, me demuestra que el almanaque no se ha equivocado por esta vez.

También ha sido _Domingo IX_.--Esto quiere decir que van nueve _Dominicas_ después de _Pentecostés_, y que faltan diez y siete para el _Domingo I de Adviento_, que significa _domingo I próximo á la venida del Mesías_. Después hay cuatro domingos que llevan esta denominación... ¡y año fuera!

¡Como quier que se tome, el tiempo anda lo mismo! Sin embargo, el Cómputo Eclesiástico me parece más bello y consolador que ningún otro. Hay en sus periódicas fiestas algo parecido á lo que dije de las periódicas dichas de los mercaderes. Las costumbres son la vida del hombre y de la sociedad: sin ellas, el mundo se viene abajo.

Por lo que respecta á ser _día de Santiago, patrón de España_, y _de San Cristóbal, mártir_, me habían convencido de ello dos circunstancias: primera, la verbena de anoche: segunda, el aguador, que se presentó muy tarde, más cargado de vino que de agua, diciendo que hoy era su día. ¡Y no acabó de decir esto el buen Cristóbal, cuando se le cayó la cuba que llevaba á cuestas; lo cual me pareció indigno de su nombre!

Que _el sol salió y se puso_ á las horas precitadas... ¡lo creo!--¡Así no hubiera salido!

Y, en fín, lo del _plenilunio_, yo mismo lo estoy viendo mientras escribo.

Y ¡qué hermoso está el astro del amor!

¡Quiera Dios que no olvide su compromiso con _Acuario_, de regalarnos una buena tormenta!

Lunes 26.

_Santa Ana, madre de Nuestra Señora._

Indudablemente ha sido lunes, pues que no he recibido esta mañana más periódicos que la GACETA y el DIARIO.

Por ser día de Santa Ana, he meditado largamente en un asunto que trae dividida la opinión en _estos Reinos_. Hay provincias de España en que los Marianos celebran hoy sus días, y hay otras en que los celebran el día del Dulce Nombre de Nuestra Señora.

Esto es un mal, ya que no desde el punto de vista artístico y poético, desde el punto de vista administrativo.--Mientras no haya uniformidad en las costumbres del pueblo español, los gobiernos trabajarán inútilmente por hacerlo rico y poderoso.

Dígolo, porque la misma diversidad de miras é intereses que hay en punto á _Marianos_, nótase en otras muchas cosas, siquiera sean menos importantes. El vasco conserva sus fueros. Andalucía necesita el libre cambio, mientras que Cataluña lo rechaza. En Valencia no se habla el castellano, ni en el Principado, ni en las Provincias Vascongadas, ni en Galicia. Madrid está infestado de escépticos, mientras Aragón y otros reinos hierven en fanáticos. Nuestras provincias septentrionales claman por descentralización administrativa, y la merecen; mientras que los meridionales no tendrían ni agua que beber si no fuera por la centralización. En un lado llevan los españoles zaragüelles, en otro calzón bombacho, aquí pañuelo en la cabeza, allá sombrero de catite...

¡Así no se regularizarán nunca la industria y el comercio! Los Congresos serán siempre de mil colores, y no acertarán á entenderse; pues cada diputado hablará el dialecto de su provincia, y querrá las leyes á medida de sus costumbres; en lo cual tendrá muchísima razón.

Lo propio digo de las horas de comer. Hácese necesario que todos los madrileños comamos á una misma hora, si no se quiere que el hombre activo (suponiendo que haya alguno en España) que tenga que ver á veinticuatro españoles á diferentes horas (á este á las doce, á aquel á las dos, á uno á las cuatro, á otro á las nueve), los encuentre á todos con la boca llena.

Y si no, reflexionemos:

A la _una_ de la madrugada cena, de vuelta del teatro, el que comió á las seis de la tarde.

A las _dos_, tómase en los cafés _chocolate á última hora_.--Esta es la frase.

A las _tres_, están llenas de gastrónomos y gentes de buen humor todas las fondas llamadas _colmados_, _andaluces_ y _montañeses_.

A las _cuatro_, cenan los jugadores del Casino.

A las _cinco_, están las buñolerías atestadas de trasnochadores.

A las _seis_, toma chocolate todo el que madruga.

A las _siete_, echan el aguardiente las cocineras que van á la compra.

A las _ocho_, almuerzan los españoles rancios, el clero y los que han cazado por la mañanita con la fresca.

A las _nueve_, los chicos que van á la escuela y á los colegios, muchos abogados y procuradores y todos los que comen á las tres.

A las _diez_, los que comen á las cuatro.

A las _once_, los que comen á las cinco.

A las _doce_, los que comen á las seis y bajan al Prado á las siete.

A la _una_ de la tarde, los que comen á las siete después de haber echado una siesta.

A las _dos_, los que comen á las ocho, que son muchos, principiando por mi persona.

Pues volvamos la oración por pasiva.

A las _tres_, comen los que almorzaron á las nueve.

A las _cuatro_, los que almorzaron á las diez.

A las _cinco_, los que almorzaron á las once.

A las _seis_, los que han de cenar á las doce.

A las _siete_, los que cenarán á la una.

A las _ocho_, comen los que almorzaron á las dos, meriendan los que comieron á las tres y cenan los que comieron á la una.

A las _nueve_, se come y se cena.

A las _diez_, cenan los que comieron á las cuatro.

A las _once_, todos los que piensan madrugar.

Y á las _doce_, se sirve el té con pastas en la mayor parte de las casas montadas á la moderna.

¡Tal es la anarquía que reina en la villa y corte!

Lo repito: la nacionalidad española no existe todavía, ni puede existir si no se remedian estos males.--Desde Isabel la Católica hasta de presente, no se ha dado ningún paso en pro de la unidad nacional. Cuando todos los Marianos reciban felicitaciones el 26 de Julio, tendremos mucho adelantado para conquistar á Gibraltar, unirnos con Portugal, absorber la república de Andorra, civilizar el imperio marroquí y castigar á los que rondan la Isla de Cuba.--En tanto no llega ese dichoso día de Santa Ana, nuestras Españas y nuestras Indias serán lo que hasta aquí: diez y seis millones de caballeros particulares que toman el sol ó el fresco, pensando en qué es peor: si el _himno de Riego_, ó el programa de Bravo Murillo.--Ahora: como poeta y como artista (ya lo he indicado), alégrome en el alma de que el tiránico nivel del siglo XIX no haya pasado todavía sobre la pintoresca variedad de nuestras provincias.

Dije ayer que la luna había entrado en Acuario, y que el almanaque anunciaba truenos.--La profecía se ha cumplido admirablemente. ¡Loor á nuestros astrónomos!--Esta tarde hemos tenido una magnífica tormenta con aguacero, truenos y rayos.

Uno de estos ha caido sobre la iglesia de San Cayetano, incendiando toda la cúpula...--¡El demonio son los rayos!

Martes 27.

Tomé chocolate,--me levanté,--me lavé,--medio me vestí,--leí los periódicos,--escribí dos cartas,--almorcé,--acabé de vestirme,--fuí á casa de Antonio,--disputé sobre geología,--comí,--dí un paseo,--fuí al café,--tomé un sorbete,--entré en casa de la baronesa,--me dió té,--vine acá,--me senté al balcón al fresco,--y ahora voy á acostarme.

Ya dijo Iriarte: