Cosas que fueron: Cuadros de costumbres
Part 11
--¡No se trata de eso! Mi poesía de hoy es puramente bucólica. Si V. madrugara, ó pasease por las tardes, ya me habría comprendido.--Empiece V. por aceptar unas violetas que he cojido esta mañana en Aranjuez.--¡Ah, Marquesa!... ¡Qué hermoso día ha hecho hoy!
--¿Y es eso todo?
--Sí, amiga mía. _¡Voilá tout!_--Hoy ha empezado la _primavera de las violetas_. Esta mañana á las siete apareció el sol en un cielo limpio de nieblas; el aire tembló alborozado al sentir su cariñosa llama; las aves, enronquecidas por el frío, templaron sus instrumentos y preludiaron el primer canto de amor. Yo me desperté súbitamente, inundado de una inefable dicha, y deseé pasear por el campo, como si estuviéramos en Junio. ¡El grito de resurrección de la Tierra había resonado en mi alma!
--Creo que V. delira, ó, por mejor decir, que efectivamente hoy se ha levantado V. poeta. Yo no he notado nada de lo que V. dice; y, por lo demás, creo que hoy nos hallamos tan en pleno invierno como ayer.
--¡Oh, no, Marquesa! no me equivoco. Yo bien sé que el invierno volverá; que tendremos todavía nieves y lluvias, vientos y nublados; pero la naturaleza ha resucitado ya. La primavera _precursora_, la _pequeña_ primavera, la _primavera de las violetas_, ha llegado á Madrid esta mañana.
--Pero ¿qué primavera es esa?
--Yo se lo diré á V.--Entre los últimos hielos del solsticio de invierno y las primeras lluvias del equinoccio, hay quince días risueños, apacibles, esplendentes, que no tienen otro objeto que hacer brotar de la escarcha las primeras flores del año, ó sea las flores de almendro y las violetas. Pero las flores de almendro se hielan por lo regular á poco de abrir, mientras que las violetas perfuman el templo que ha de habitar _Flora_ pocos días después.--Estas dos semanas de sol y eflorescencia son un paréntesis en el invierno, una isla afortunada en medio de un océano furioso, un oásis enclavado en las arenas. También puede decirse que son un preludio, un aviso, una alborada, un arco-iris que anuncia la felicidad á la naturaleza, ó, lo que es más claro, son el primer antojo, el primer capricho, la primera monada de la creación, que se siente preñada de frutos y de flores, de fragancias y de armonías.--Pero me ocurre otra comparación más propia: la _primavera de las violetas_ se parece á los últimos quince días en que las adolescentes llevan pantalones; á esos quince días en que se las ve pensativas y ruborizadas, con el infinito en los ojos, con el corazón de mujer y con los piés á palo seco...--No he dicho con los piés de niña, porque eso le sucede á V. todavía...
--¡Y ya hace tiempo que estoy vestida de largo! ¡Ay!... ¡Pronto cumpliré el medio siglo!
--Nadie lo diría, Marquesa...
--¡Adulador!--¡Vamos! continúe V.
--Pues bien, señora; esa primavera ha principiado. Los cinco y siete grados bajo cero que nos ha regalado Boreas durante el difunto Januario, pertenecen ya á la historia: el estanque del Retiro, el baño de la Elefanta y las charcas del camino de Vicálvaro se han deshelado completamente; los patines y los chanclos de goma han caido en desuso; el sol hace cacarear á las gallinas y desentumece las yemas de algunos árboles; el aire ha adquirido elasticidad y aromas; los gorriones empiezan á hacer de las suyas en los campanarios, mientras que los fieros infanzones de la gatomaquia firman una paz honrosa á la sombra de las chimeneas. ¡Toda la naturaleza, en fín, principia hoy una nueva jornada de vida y reproducción.--¡Ah! Cualquier idea de muerte ó de aniquilamiento parecería ya una pesadilla ó un cuento de Hoffman. ¡Creese un absurdo eso de morir, cuando todo se conmueve y resucita!--Ni ¿cuál será el arbol seco, cuál el corazón gastado que permanezca aterido cuando llueven del cielo promesas de amor y placidísimas esperanzas?--Por el contrario: ¡es tan grato dejar la capa umbrosa y tétrica, atacarse el pantalón de lana dulce, desabotonarse la levita de primavera, calzarse el guante de medio color y dar cuatro vueltas por el paseo de las Estatuas! ¡Es tan dulce comprar flores, comer fresa, revolcarse en los trigos, leer á la sombra de un árbol, fumar en Chamberí hablando con un amigo, tirar á la pistola en la Fuente Castellana, almorzar en la Alameda de Osuna, escribir versos en la Montaña del Príncipe Pío, tomar leche en la Casa de Campo! ¡Es tan hermoso vivir, andar, correr, dar brincos como un corzo, estirarse como un D. Frutos, bailar si llega la mano, armar camorras si nos dan pié, y disputar si nos buscan la boca!--¡Ah, pesimistas! ¡Levantaos á las ocho de cualquiera de estas mañanas de Febrero, salid al campo, dejad por una hora ese aire que os asfixia á fuerza de suspirarlo siempre; mirad á los cielos y á la tierra..., y la paz y la mansedumbre bajarán á vuestro corazón! ¡Mirad esos árboles que pasan sin hojas todo un invierno, y que no por eso desesperan, sino que aguardan confiados la hora de su resurrección!--¡Insensatos! ¡Aprended filosofía en esos alcornoques!
--Usted se entenderá, amigo mío. Yo desconozco á V. esta noche.
--¡Mi reino no es de este mundo, amiga mía!--Pero, á propósito del otro mundo: tengo una tristísima noticia que dar á Vds. ¿Saben Vds. quién ha muerto en Lima á los diez días de llegar?
--¿Quién?
--El _Labi_.
--¡El Labi!
--Sí, señores...; el Labi..., aquel torero empírico, aquel gran poeta, aquel político consumado. ¡Y la ingrata prensa no ha escrito su necrología!--El Labi fué uno de los españoles más españoles que ha producido España. El fué quien exclamó en Bayona, enojado de los sarcasmos que le dirigían algunos franceses: «_¡Yo desprecio á Vds. y á todos los extranjeros que hay aquí!_» El fué quien, en un convite célebre, improvisó aquellos versos:
Un hombre bien comido, bien bebido y bien querido, Se mete en la cama y se queda dormido.
¡El fué quien se hizo querer de una famosa criatura «_por lo bruto y lo solificante que era_»(fueron sus palabras!) ¡El, quien pisó _sombras_ y se lavó con _ponjas_! ¡El, quien citó á un bicho de la ganadería de cierto canónigo, diciéndole: _¡Embiste, presbítero!_ ¡El, quien brindó en Bayona, dirigiéndose al Prefecto, antes de matar un toro: ¡_Por_ VOUS, _por la mujer de_ VOUS, _por los amigos de_ VOUS, _y por el_ VOUS _de todos los franceses_! ¡El fué, en fín, quien en Julio de 1856 acompañó á Espartero en su paseo póstumo por las calles de Madrid, y le dió en la del Prado famosísimos consejos, que hacen olvidar los de D. Quijote á Sancho!--¡Ah! este hombre (Manuel Diaz (a) Labi) conoció que no cabía en la caduca Europa, y partió á la virgen América en busca de nuevos horizontes.--¡Ha muerto; sí!... Pero de él puede decirse lo que Chateaubriand dijo de Napoleón:--«Ninguna estrella ha faltado á su destino: la mitad del cielo alumbró su cuna, y la otra mitad ilumina su sepulcro.»--¡Dios le tenga en su gloria!
--¿La señora ha llamado?
--El té.
--Aquí tenemos al Barón...
--¿De dónde tan tarde?
--Vengo del _Príncipe_, de ver el drama nuevo.
--¿Y qué tal?
* * * * *
QUINTA VISITA.
UNA TARDE DE SOL.
--¡Confiese V., querida Marquesa, que soy el primer barómetro de Madrid! Hace ocho días, cuando aún se helaban _hasta las conjeturas_, y el cielo y la tierra estaban llenos de agua, anuncié á V. repentinamente que acababa de empezar la _primavera médica_, ó sea la _primavera de las violetas_, como yo insisto en llamarla. Mi pronóstico se ha cumplido. ¡Qué días tan hermosos están haciendo! ¡Qué tardes tan divinas! ¡Cuánta luz, cuánto oxígeno, cuánta electricidad en el aire! ¡Qué Retiro y qué Fuente Castellana! ¡Qué océano de luz aquel, y qué peces tan bonitos los del tal océano! ¡Y vaya si los peces tienen conchas y escamas!--¡Oh!... ¡Qué dulce es vivir cuando hace sol!... Me acuerdo de que, á los diez y ocho años, exclamaba yo siempre en ocasiones semejantes: «¡Hermoso día para ser amado y tener mucho dinero!»
--_¡Oh primavera, juventud del año!... ¡Juventud, primavera de la vida!_--murmuró el Vizconde.
--Decía bien ese poeta.--En cuanto á mí, puedo asegurarle á V. que esta tarde miraba los árboles de la _Castellana_, esperando á cada momento verlos cubrirse de flores. ¡Tanta era la vida que irradiaba el sol sobre la tierra!--Y, si he de decirle á V. toda la verdad, llegó á tal punto mi plétora de sávia, de amor y de entusiasmo, que me parecía que yo mismo iba á cubrirme de hojas y á echar ramas como un alcornoque.--Ni era yo solo el que se abandonaba así á las complacencias de su ser, á la dicha de haber nacido, al orgullo de no haber muerto.--Una hermosa extranjera, que en bailes y conciertos representa gloriosamente á su remoto país, le decía la otra noche á un legislador, no sé si senador ó diputado:--«¡Oh, qué sol el de Madrid! ¡No comprendo cómo pasan Vds. la tarde en la triste atmósfera de una cámara, hablando de ruines intereses humanos, de jurisprudencia ó de economía política, en vez de disfrutar estos hermosos días, y ver un cielo tan infinito, y recibir los halagos de un sol tan cariñoso!»--«¡Ah, señora!... (contestó el hombre de Estado:) V. es del Norte y le da valor á eso: nosotros los españoles hemos llegado á cansarnos de tanto sol, y hay días en que no sabemos qué hacer con él!»--De aquí, Marquesa, concluyo yo que, si el sol se exportara, seríamos la primera nación comercial de Europa...--Pero son las ocho... Perdóneme V.: me voy al teatro.
--¿A cuál?
--Al Circo; á oir á Matilde Díez en _Amor de Madre_ y en _La Sociedad de los trece_.
--Pues no tiene V. que correr. Hasta las nueve y media no empieza Matilde. Antes dan una piececita...
--Según eso, Vizconde, V. ha estado ya en el Circo...
--Sí: fuí el sábado con el Barón.
--¿Y qué tal Matilde Díez?
* * * * *
SEXTA VISITA.
CUMPLEAÑOS DE LA MARQUESA.--UN PERIÓDICO REDACTADO POR MUJERES.--EXCELENCIAS DEL «GIGOTE».--CONCIERTO EN CASA DE LA CONDESA DEL MONTIJO.--MESA REVUELTA. VERDADERO VALOR DE 30.000.000 DE DUROS.--EL PROFETA EN SU TIERRA.
--¡Perdón, Marquesa, perdón!
--¡Quítese V. de mi vista!
--¡Marquesa, le juro á V...!
--Va V. á perjurar.--¡Cómo! Prometernos ir á la quinta y no parecer por allí!... Quisiéramos saber qué poderosas razones le han asistido para ello...
--Voy á decirlas.
--¡Que no hable!
--¡No hay palabra!
--¡Que se le juzgue sin formación de causa!...
--Pues bien: espero mi castigo.
--Ya lo lleva V. en el mismo pecado. Hemos pasado un día delicioso: hemos bailado, cantado, jugado al tute... En fín, no nos hemos acordado de V.
--¡Ah! Matilde... Ese es demasiado rigor.
--Pues hay más: Morón ha pronunciado un discurso; Güell y Renté ha improvisado un coro; el Barón ha hecho juegos de manos; _Fernando Pérez_ ha recitado versos, y nosotras lo hemos coronado de violetas...
--¡Ah traidor! ¡Después de lo que ha dicho de _la Marquesa_ en su _Revista_ de _El Estado_!
--¡Cómo! ¿Qué ha dicho?
--No puedo contarlo.--Vds. me han retirado el uso de la palabra.
--¡Ah! V. quiere indisponernos. ¡Pues sepa V. que _Fernando Pérez_ me ama, á pesar de mis sesenta años!
--¿Cómo, Marquesa? ¿V. tiene sesenta años?
--¡Sesenta años de relój! Hoy los he cumplido...--Hasta aquí me he estado quitando diez.
--¡Y los ha celebrado V. con un día de campo! ¡Qué magnanimidad!
--¡Justo!--Gradúe V. ahora toda la extensión de su desaire.
--¡Oh! estoy desesperado... ¡Castíguenme ustedes, por compasión!
--¡Sí: que se le castigue! Obliguémosle á escribir en _La Epoca_ un artículo en que proclame todo lo que convenga á nuestros intereses.
--¡Ah! señoras!... Respeten Vds. el ente moral _periódico_...
--¡No hay escape! Apunte V. en su cartera.--Primeramente...
--Primeramente (repitió Matilde), diga usted que todos los hombres son unos necios...
--¡Señorita, respete V. las instituciones! ¡Yo no puedo decir eso!
--Diga V. que no nos gusta que lleven el pantalón tan ancho...
--Que, con crinolina y todo, valemos más que ellos...
--Que es una impertinencia eso de dejar de bailar tan luego como echan bigote.
--Que es una majadería... un insulto... un desacato... una...
--Señoras: ¡Por lo más sagrado! ¿Cómo he de decir yo eso? ¡Perezca la nación...; pero sálvense los principios!
--Diga V. que el _gigote_ de casa de Riquelme es la ambrosía del siglo XIX...
--¡Que no vamos allí por Vds., sino por el _gigote_!
--Y dígalo de esta manera:
Máscara, para mí dulce y sabrosa más que el «gigote» del festín ajeno...
--¡Ah! si estuviera aquí _Fernando Pérez_, pediría la palabra para defender á una ausente!... Ya sabemos quien es esa máscara.
--¡No ha habido ofensa! Sólo ha habido alusión... Y, á propósito: diga V. en _La Época_ que ya es tiempo de que acaben los _hombres necesarios_ en política y las _mujeres necesarias_ en amor...--¡No más ídolos! ¡No más fetichismo! ¡No más señorita B. y señorita H.!
--¡Yo no puedo decir eso en un periódico ministerial!...
--Pues diga V. al Gobierno que ya es hora de desamortizar á las mujeres...
--¡Cuidado con el fiscal, señoras!
--Que no queremos residir en _manos muertas_...
--Matilde, en nombre del concilio de Trento, le quito á V. la palabra.
--Que estamos cansadas de ser _bienes de propios_.
--Eso no es exacto. Yo sé de algunas que son _males de ajenos_.
--Que queremos que se nos devuelvan las _garantías constitucionales_.
--Señoras, la _constitución_ de Vds. no ofrece garantías...
--¡Ofrece algo más! Nosotras fuimos las primeras en ejercer el derecho de insurrección.--Eva fué _vicalvarista_...
--¡Vds. van á lograr que denuncien á _La Época_!
--¡Abajo los hombres! ¡Guerra al sexo barbudo! ¡Muera el pantalón!
--¡Pedimos que las _elecciones_ se hagan con entera independencia!
--El mal está en Vds., que nunca _eligen_ al candidato _natural_.
--¡La culpa es de nuestros padres, que nos niegan el dote, siempre que tratamos de hacer nuestro gusto!
--¡Pedimos que se rectifiquen las listas electorales, y que se nos dé voto en Cortes!
--¡Que se nos haga á un mismo tiempo _electoras_ y _elegibles_, como lo son Vds.!
--¡Que nos regalen _turrón_ á las pobres, á fín de que podamos casarnos con quien nos parezca!
--¡Que se den á nuestro sexo tres carteras en cada combinación ministerial!
--La de Estado, á fín de _oirlo_ todo...
--¡No! la de Gracia y Justicia, para _ver_.
--Mejor es la de Guerra, para _tocar_.
--Yo quiero la de Gobernación, para _oler_.
--Pues yo prefiero la de Hacienda, para _gustar_.
--Faltan dos sentidos para la de _Marina_ y la de _Fomento_.
--Decía bien _Fernando Pérez_ la otra noche: necesitamos más sentidos.
--_¡Non bastan cinque!_
--El de _Fomento_ y el de _Marina_ pueden reducirse á uno solo...
--¡Se suspende esta discusión!
--Pues pasemos á otro asunto. Diga V. en _La Epoca_ que nosotras cuatro somos las muchachas más bonitas de Madrid...
--Las más elegantes...
--Las más graciosas...
--¡Misericordia! Me sacarán los ojos las demás.
--Usted no lo dice por todas _las demás_: V. lo dice solamente por el _Angel de la aureola_.
--¡Que se escriban esas palabras!--Yo no conozco á ningún angel.
--El _Angel de la aureola_ es una niña que lleva al rededor de la frente un cerco de cabellos de oro, como la luna en el estío.--Son palabras de V. en cierto folletín.
--_Lunaque nocturnos alta regebat equos._
--Seamos formales: de lo que debe V. hablar largamente en su artículo es del concierto que hubo el jueves en casa de la condesa del Montijo.
--Eso es entrar en razón. ¡Diré todo lo que ustedes quieran, y todo me parecerá poco!
--Pues bien: describa V. en primer lugar el aspecto fantástico de aquella galería, en el instante supremo en que la señora de Prendergast cantaba el aria de _Norma_. Dibújela V. tan hermosa y sublime como estaba sobre el estrado que sostenía el piano: elogie V. su dulce y melodiosa voz, su inspirada actitud, su exquisito sentimiento, y sobre todo aquella expresiva fisonomía que tanto hablaba al corazón.--Las paredes cubiertas de enredaderas, las columnas árabes, los agimeces, las lámparas morunas, las flores, la brillante concurrencia, la hermosura y elegancia de las _coristas_, la afinación y el gusto con que cantaron el coro de la _Casta diva_ y el de la _Sonnámbula_, y, por último, lo bien que acompañaron y dirigieron los Sres. Inzenga é Iradier, son cosas..., digo personas..., digo...
--¡Bien por Matilde! ¡Eso se llama dirigir un periódico! Me ha dado V. el artículo hecho.
--Además, puede añadir algunas pinceladas que retraten á sus beldades favoritas..., la discreción de la una, la gracia de la otra, el talento de ésta, la impenetrabilidad de aquella...
--¡No!... ¡no!... ¡nada de personalidades!
--¡Pues bien! hable V. entonces del baile que en aquel mismo edén se dió el domingo.
--Eso es otra cosa.
--Amoneste V. á los actores del Teatro Francés para que se vistan mejor. ¡Todos parecen criados!
--Quéjese V. de que hace tres días que no tenemos ópera.
--Truene V. de camino contra la economía de gas que se advierte en el teatro del señor Urríes; economía que no nos permite lucir nuestros encantos...
--Anuncie V. el baile de máscaras que mañana se da en el Teatro Real á beneficio de los pobres, y al cual vamos á asistir todas las damas _inofensivas_ de la corte.
--Advierta V. al Sr. Salas, que en los Conciertos Religiosos de esta Cuaresma no olvide el _Miserere_ de nuestro ilustre compatriota el maestro Palacios, composición célebre en toda Europa y desconocida en Madrid.
--Anuncie V. la llegada de la Guy-Stephan.
--Proteste V. contra ese empréstito de 30 millones de duros que piensan votar los yankees para comprarnos la isla de Cuba. ¡Diga V. que si esa cantidad se repartiera entre todos los actuales poseedores de la perla de los mares, nos corresponderían dos napoleones por cabeza, y que aquí no sabemos de ningún español que venda tan baratos á millón y medio de hermanos suyos!
--Hable V. del _Circo Gallístico_, que tan animado está los domingos y los jueves...
--Describa V. el magnífico espectáculo que ofrecía la otra tarde _El Ariel_, donde lo mejor de Madrid presenció la gran partida de pelota entre Visimodu y los hermanos Pello.
--Y diga V. que Madrid entero... que toda España... ha soltado una carcajada homérica al saber que los granadinos han silbado el _Cid_ de Fernández y González, drama aplaudido en todos los teatros de la Península, representado treinta noches en Madrid y elogiado por trescientos periódicos. Haga V. notar que Granada es la patria de Fernández y González, y que, por consiguiente, han sido sus amigos, sus compañeros de la infancia, los que han protestado contra una gloria tan legítima, contra un triunfo tan indisputable. Pregunte usted á aquel público si se cree más literato y mejor crítico que los demás públicos de España, ó si sólo tuvo presente aquella noche la frase de Jesucristo: _nadie es profeta en su tierra_. Dígales V. que este rasgo de malignidad lugareña, que esta calumnia de vecindad, que esta conjuración de comadres es indigna de un pueblo culto,--así como propia de gentes degradadas y ociosas, sin ambición ni porvenir, impotentes y nulas para todo lo grande y generoso. Dé V. las gracias, en fín, á los periódicos de aquella desventurada ciudad, por la nobleza con que se han alzado contra semejante miseria y mezquino proceder, y añada V., por mi parte, que muchos granadinos nobles é ilustrados me han escrito llenos de vergüenza y de indignación, pidiendo que su voto conste con el de la _minoría_.
--¡Gracias Vizconde; gracias por esos arranques de corazón!--Ahora, con permiso de ustedes, me retiro á mi casa, á fín de poner en orden todos los materiales que me han dado.--Beso las manos á las señoras, y que me besen los piés los caballeros.--He aquí mi saludo y mi programa.
1859.
Este algo es un _cometa_.
¿Qué nos trae el recienvenido? ¿Cuál es su historia? ¿Qué se propone hacer en las elevadas regiones por donde arrastra su luminoso apéndice?
He aquí lo que me propongo investigar de la mejor manera posible.
Empezaré declarando, con permiso del señor fiscal de imprenta, que á nada mejor puede compararse la numerosa serie de cometas conocidos, que á la serie no menos numerosa de Ministerios del reinado de Doña Isabel II.
Reflexionemos.
Los cometas aparecen cuando menos se los espera: su marcha es tal, que nadie sabe á punto fijo á dónde van ni de dónde vienen: hasta hace muy poco tiempo, se ha dudado si describían ó no una órbita parecida á la de los demás astros, y no ha faltado tampoco quien los considere simples meteoros ó meteoros simples de nuestra atmósfera, sin importancia ni influencia alguna. Pero, como todo se sabe al fín en este pícaro mundo, la ciencia ha demostrado ya de una manera palmaria que toda la originalidad de los cometas consiste en que, describiendo curvas de idéntica naturaleza á la de todos los planetas inofensivos, tienden, con una fuerza todavía incalculable, á prolongar todo lo posible la duración de sus revoluciones...
El catálogo de los cometas conocidos comprende ya más de doscientos.--No habrá habido menos Ministros en España desde 1833.--Parécense también á los Ministros en que, cuando antiguamente aparecía ó desaparecía un cometa nuevo, había en el mundo grande agitación y zozobra, ni más ni menos que si se tratara de un Alvaro de Luna, de un Marqués de Villena, de un Duque de Lerma, de un Rodrigo Calderón ó de un Príncipe de la Paz, mientras que ahora nos hemos acostumbrado tanto á verlos entrar y salir, y los conocemos tan perfectamente, gracias á los telescopios que nos trajo la civilización, que ya no reparamos en su presencia, ni sabemos muchas veces su nombre, ni creemos que puedan influir sobre nuestro globo sub-lunar.--Verdad es que en estos últimos tiempos han menudeado de una manera lamentable... ¡Sólo por los años de 46 y 47 hubo hasta ocho en doce meses..., lo cual aconteció también en punto á crisis ministeriales españolas!...
Mucho pudiera extenderme en este paralelo inocentísimo entre cometas y Ministerios; pero me parece más oportuno elevarme á otras consideraciones, no sin hacer notar que los cometas, por inflexible ley de su marcha, son los cuerpos que más se aproximan al sol, y que, cuando están en su perihelio, desaparecen de pronto ante el rey de los astros, no se sabe si derretidos ó absorbidos por él...
Sabido es que hay cometas _barbatos_, _caudatos_ y _crinitos_, según que su apéndice afecta la forma de unas barbas, de una cola ó de una melena, y que la cola llega á tener á veces tal extensión, que ocupa la mitad del horizonte sensible. El famoso de 1689 traía el rabo medio enroscado en forma de sable ó de cimitarra turca, geroglífico que asustó á los más valientes; pero al cabo se vió que todo era ilusión óptica, lo cual me recuerda á ciertos tiranos de teatro casero, que hoy beben el agua de extranjeros ríos. El escrupuloso observador Babinet asegura que la materia de que se componen tan tremebundas colas es cien veces más sutil que el aire atmosférico, y que, por tanto, aunque en su desatentada carrera alcanzara la cola de un cometa á nuestro globo, sólo produciría un malestar tan ligero como el ocasionado por el último manifiesto del Duque de la Victoria.