Cosas que fueron: Cuadros de costumbres

Part 10

Chapter 103,825 wordsPublic domain

--¡Son _hombres_; como los niños, y como los viejos... y como todos los seres creados ó imaginados!--Ya no hay dioses, ni semidioses, ni héroes, ni ángeles, ni almas del otro mundo, ni brujas, ni hechiceros, ni astrólogos, ni profetas, ni santos, ni Belcebúes: ¡ya no hay más que _hombres_! Y, como ya no hay más que _hombres_, se propende lógicamente á que sólo exista _un hombre_ repetido, es decir, á que todos los hombres sean iguales. ¡Pronto desaparecerán, pues, las variedades que quedan en la especie humana, desde los esclavos de Cuba hasta los reyes de Europa!--No diré que los sacerdotes católicos lleguen á usar con el tiempo barbas, mujer y levita, como los protestantes; pero lo que sí aseguro es que se acabarán los moros, los judíos, los chinos y hasta los negros: las razas se cruzarán, unificándose: todos vestiremos un mismo traje, y hablaremos el mismo idioma: habrá moda _universal_, lengua _universal_, cámara _universal_, elegida por el sufragio _universal_, y dinero, y comida, y costumbres, y hasta mujeres _universales_. Después de esto, la humanidad la tomará con los irracionales..., y Dios sabe lo que inventaremos para mejorar su suerte, para igualarlos á nosotros, para redimirlos, para emanciparlos!--¡Ah! ¡la igualdad! La igualdad es la barbarie, es el estado salvaje, es el estado animal. En algunos bosques del interior de Africa todos los séres son iguales, incluso el hombre.--Créalo V., Marquesa: la igualdad es la muerte de la actual civilización.--Bien decía Voltaire: _¡Si no hubiera Dios, sería necesario inventarlo!_--Ahora bien; yo creo que se acerca otra vez el día de la justicia de ese Dios sobre la soberbia y el olvido del hombre.--Preveo el fín del mundo.

--¡Por piedad, amigo mio! ¡explíquese V.!--Bajo palabra de honor le digo, que si no estuviera acostumbrada á sus extravagancias, creería que se había V. vuelto loco.

--Es muy posible, Marquesa; y ya hablaremos de eso más adelante.--Por lo demás, mi anterior razonamiento es muy sencillo. Desde que nuestra flamante civilización se olvidó del alma; desde que todo nuestro empeño se redujo á procurar comodidades al cuerpo y sublimar nuestras facultades físicas; desde que sólo pensamos en ferro-carriles para andar más deprisa, en telégrafos para hablar más alto, en máquinas para trabajar menos, en inventos para dormir mejor, en preservativos contra el calor y el frio, y en buscar medios de comer á una misma hora langostas del mar del Norte, chirimoyas de América y nidos de golondrinas del Japón; desde que nuestras casas están tan bien amuebladas, nuestros cuerpos tan adobados, perfumados, empolvados y reteñidos, nuestros dientes tan seguros en las encías, nuestros cabellos tan inamovibles en la cabeza, nuestra seguridad individual tan garantida por la Guardia civil, y nuestro derecho al Poder tan protegido por la Constitución, los dioses se han ido... y detrás de ellos las artes... y detrás de las artes el amor... y detrás del amor las mujeres... y detrás de las mujeres los niños... y con los niños los duendes, los viejos y los santos.--¿Me comprende V. ahora?

--Algo más claro lo veo... Quiere V. significar que la civilización presente ha descuidado el corazón y la fantasía; se ha hecho materialista, y mata de hambre á los jóvenes y á los poetas, que sólo viven y pueden vivir de sentimientos y preocupaciones...

--¡Justo! La mujer se ha vuelto materialista y sabia; el niño fuma en el vientre de su madre, blasfema en la cuna y escribe contra las _creencias_ y las _supersticiones_ antes de llegar á la edad en que la ley le permite hacer testamento; el viejo se remoza y remienda para seguir representando algún papel en el _único mundo_ de que tiene noticias.--¡No... no hay más poder que el del hombre, ni más gloria que la suya, ni otro criterio que la razón humana, ni otra verdad que la que nosotros nos hacemos!--De aquí la muerte de la literatura.--¡Pobre literatura! ¿Qué pueden cantar hoy los poetas sin que el público se les ría? ¿Han de cantar al _hombre_?--¡Cerca le anduvieron, cuando, en la agonía de su inspiración, se dedicaron por completo á la mujer!--Aludo al romanticismo.--Los románticos, que negaban sus himnos á la divinidad, hicieron un dios de cada mujer, y cifraron en ella todo lo eterno, todo lo infinito, todo lo ideal que presiente el alma.--La mujer, por su parte, agradecida á estos hombres, bebió vinagre y mascó yeso, fingió que no comía ni hacía nada prosáico, adelgazó y palideció (todo á fín de sostener en su ilusión á los poetas); pero al cabo se portó como lo que era, como una pobre criatura de barro; como Eva, nuestra primera madre; como Julia se portó con aquel amigo mío...

--¡Adelante!...

--Y los pobres románticos quedáronse tan corridos y avergonzados, que, ó se metieron á neo-católicos, ó se pegaron un tiro.--En cuanto á la Novela, se dedicó á divinizar á las modistas y á las cómicas.--La pintura, la escultura y la arquitectura (las dos últimas especialmente) cesaron en sus funciones.--E hicieron bien... ¿Qué Dios, qué mito, qué héroe, qué fé, qué alteza habían de simbolizar en estos tiempos constitucionales? ¿Era cosa de erigir estatuas y templos á los economistas de frac azul, á los filántropos de bata, á los ingenieros vestidos á la inglesa?--¡Ah! señora... ¡yo disculpo á las pobres mujeres que, para luchar con esos impíos, con esos iconoclastas..., digo mal..., con esos adoradores de sí propios, se han creido en la precisión de imitarlos, de hacerse lógicas y positivistas, de _masculinizarse_ (verbo nuevo), y de aspirar á tener voto en Cortes y sillones en las Academias! ¡Yo disculpo á los niños que, careciendo de juguetes y de temores, se meten á políticos y á filósofos! ¡Yo disculpo á esos viejos...--Pero aquí sale el Vizconde.

--¡Oh! de seguro no opinará como V...

--¿De qué se trata?--Buenas noches, amigo mío.

--Es muy sencillo, señor Vizconde. Decía yo á la Marquesa, ó pensaba venir á parar á probarle, que en la sociedad española (hablo de la sociedad inteligente, que forma las modas y las costumbres, de la sociedad de todas las aristocracias, de la sociedad de los sabios, los nobles, los políticos, los poetas y los banqueros) hacen mucha falta _doce mujeres de corazón_.

--¡Doce hombres, querrá V. decir!...

--¡Eh! ¡no sea V. _polaco_! Hablábamos formalmente.--Yo creo que esas doce mujeres son más necesarias, y harían mucho más bien, que esos doce hombres. Ellas resucitarían las ideas de gloria, de amor y de heroismo. Ellas ensancharían el mezquino horizonte de la bolsa y de la política, en que hoy se asfixia toda idea santa y generosa. Ellas protestarían contra el descreimiento general, rehabilitarían el sentimiento, enardecerían la fé, resucitarían el entusiasmo, ennoblecerían la lid, en una palabra; y, de las emboscadas alevosas y torpes escaramuzas de los pasillos del Congreso ó de los teatros, harían magníficos torneos en que la inteligencia fuera la espada, la hermosura el premio del vencedor, y Dios y sus verdades eternas el tema constante de la gloriosa pugna!

--¡Delirios de poeta, joven incauto!--exclamó el Vizconde.

--¡No tan delirios! (respondió la Marquesa). Pero, en fín, dejémoslo. Oigo crugido de faldas en el salón, y no es cosa de que reciba usted esta noche un voto de censura de las mujeres que tenemos..., buenas ó malas.

--¡Oh... magníficas, Marquesa!... ¡son magníficas! ¡En medio de todo, cuanto peores me gustan más! Las mujeres son como el queso: hasta que se echa á perder, no agrada á _les connaisseurs_...

--¡Ah, libertino!...--Mas ¿qué veo?

--Buenas noches...

--¡Oh! generala, ¿cómo va?

--Bien, Marquesa...

--Matilde, Pepita... ¡Gracias á Dios que parecéis por aquí!...--Ya sé que os divertís mucho...

--¡Oh! tres noches nada más en toda la semana pasada.

--Diga V. que no, Marquesa: que las siete noches han tenido función.

--¿Cómo, mamá?

--¡Justo!--Verá V.--El lunes............

* * * * *

SEGUNDA VISITA.

DEL LUJO.--BAILE EN CASA DE LA SEÑORA CONDESA DEL MONTIJO.

--Cuando V. S. guste...

--Vamos... Vamos á comer.

--Buenas noches.

--¡Bonita hora de venir, señor folletinista!

--Ello es que llego á tiempo...

--Sí; por una casualidad... ¡Todos los pícaros tienen Vds. suerte!--En fín... Dé V. el brazo á Manuela.--Vamos, Barón.

--Dígame V., Manolita: ¿qué ha sucedido aquí, que los encuentro á Vds. tan acalorados? Desde el recibimiento creí oir aplausos, y protestas, y hasta pedir la palabra como en el Congreso.

--¡Justamente! Acabamos de celebrar toda una sesión de Cortes. ¡Se han pronunciado magníficos discursos!

--Supongo que serían contra el Gobierno...

--¡Hola! se alarma el principiante de o'donnellista...

--¡Oh! no, Marquesa... Ya sabe V. que soy ecléctico.

--Entonces, va V. á darme la razón.

--A su lado de V. es difícil tenerla.

--¡Adulador!--Siéntese V. aquí, junto á Manolita.--Vizconde, V. á mi lado.--¡Usted, Barón, que me hacía la contra, á la izquierda, en la Montaña!--Pues verá V., señor poeta, la que se ha perdido. Hemos hablado de economía política, de Bellas artes, del lujo, del derecho al trabajo..., y, por último, de la inmortalidad del alma!

--Entre personas lógicas, toda discusión va á parar á eso.--Veamos ahora el tema primitivo...

--Principiamos por el lujo.--El Barón, que, como V. sabe, es progresista, tronaba contra él.

--¡Tronaba contra él, y al mismo tiempo abogaba por el progreso del arte y la industria!--añadió el Vizconde.

--¡Es decir, que aumentaba la mercancía y suprimía los consumidores!--concluyó la Marquesa.

--¡Cómo, señora!--exclamó el Barón.

--¡Nada! Progresando, progresando..., quería V. volvernos al estado natural.

--¡Señores! ¡yo he dicho eso?

--Lo decía V. en el mero hecho de combatir el lujo (replicó la Marquesa); y yo le he contestado que sin grandes capitales no puede haber armonía social. Nivele V. la riqueza, y Samper y Pizzala están demás en el mundo. Nivele V. la condición de los hombres, y se acabaron las artes, las ciencias y la literatura.--Para que haya _Pasmos de Sicilia_ (por ejemplo), es menester un capitalista, amante del lujo, que pueda pagar á Rafael Sancio el trabajo de muchos meses, y varios obreros, rudos y pobres, que saquen los colores de las entrañas de la tierra, tejan el lienzo y siembren el lino, en tanto que el artista viaja estudiando Museos.--Las artes y el lujo son inseparables.--Aristocracia y sabiduría significan una misma cosa.--Y es justo: ¡Antes de que la sociedad desnivelase las fortunas, Dios había desnivelado las inteligencias!--El tonto será siempre precursor del pobre. Hacer la guerra á los ricos, es hacérsela á los necesitados.--Elija V. entre estas teorías y las del comunismo.--Ahora, si V. me pide el derecho de todos á todo..., eso es otra cosa. ¡Cuente V. conmigo contra los privilegios artificiales!

--¡Bravo, Marquesa!--exclamaron todos los convidados.

--¡Pero es que irritan (dijo el Barón) esos alardes de lujo, esas fiestas esplendorosas, esos trenes, esos palacios...!

--¡Dale! ¡V. quiere volvernos al estado natural!--Amigo barón: los trenes, las fiestas y los palacios son la riqueza de las clases trabajadoras. El magnate no come ocho veces al día. De todas sus riquezas apenas consume lo que su criado de V.--El resto es para la industria, para el comercio, para los artistas, para los menestrales.--Cada baile de esos que exaltan la bilis del liberal irreflexivo, llena de oro el bolsillo de los guanteros, de las modistas, de los sastres, de los tapiceros, de los cazadores, de los pescadores, de los confiteros, de los perfumistas... ¡Qué sé yo!--¡La función es para ellos!--Al cabo de la noche, V., que ha dado el baile, se halla con menos dinero en el bolsillo, fatigado de atender á todo el mundo y muerto de sueño, mientras que el comerciante se despierta muy gordo y colorado, y le cuenta á su costilla el gran negocio que hicieron el día anterior á costa de V.

--Señora: el Sr. Morón está en la sala.

--Que pase aquí.

--Siento haber comido fenomenal Marquesa...

--Lo creo... lo creo, Sr. D. Fermín; pues, según deciamos hace poco, no bastan todas las riquezas del mundo para comprar la dicha de comer dos veces seguidas.

* * * * *

Suspendida aquí la discusión, la Marquesa dijo, levantándose:

--Tomemos café, y entremos en _la orden del día_.--El folletinista de _La Época_ tiene la palabra para describirnos el baile que dió anoche la condesa del Montijo.

--En efecto... (añadió Dolores), esa es la _cuestión del día_. Hoy no se habla de otra cosa en Madrid...

--¡Oh! Marquesa... ¿En qué berengenal me mete V.? Yo soy incompetente...

--¡Es absolutamente necesario! _Fernando Pérez_ (ó sea Juan Valera), el folletinista de _El Estado_, nos ha remitido á V.--Conque así...

--¡Oh! _¡Fernando Pérez!_... ¡Él me la pagará!--En cuanto á mí, Marquesa, ya se lo dije á V. el otro día; yo soy demasiado salvaje para hablar de ciertas cosas. Es más; yo no podría acercarme al bello sexo para estudiar sus _toilettes_, sin correr grave riesgo de enamorarme.--Luego, yo abomino la política de nombres propios, ó sea aquello de «_La señorita de X llevaba_... _La baronesa de J. parecía_... _La señora de H. tenía puesto_...»--¡Yo estoy por los principios!--Sin embargo, recordaré algunos _pormayores_ (no pormenores), ya que Vds. lo desean.

El primero y principal, es la exquisita finura con que la Condesa del Montijo... etc., etc., etcétera... (Pongan Vds. aquí todas las _generales de la ley._)--Lo segundo que recuerdo es aquella casa, donde el lujo y la moda están maravillosamente armonizados con el arte; donde el buen gusto brilla tanto, que eclipsa los mármoles y el oro, y donde la elegancia corre parejas con las antigüedades históricas. La _Galería árabe_, que se estrenó aquella noche, me trasportó á mi Granada. Allí, entre aéreas columnas, entre flores y cristales, á la luz de lámparas moriscas, viendo por un lado el cielo salpicado de estrellas, y por otro los espléndidos salones, salpicados de astros de hermosura, soñé con la Alhambra de otros días, con Andalucía y con Oriente, con Zulemas y Zoraidas, con los cuentos de las _Mil y una noches_ y con las visiones de mi adolescencia.

--Al orden, señor folletinista...

--¡Tiene V. razón, Marquesa! ¡Estamos en Madrid!--Pues bien: hasta como madrileño, puedo referir prodigios de aquel inolvidable sarao.--¡V. _las_ conoce! ¡V. _las_ habrá visto reunidas muchas veces!...--Hablo de esas cien beldades, de quince á cuarenta años por cabeza, que se mueven juntas, como los sistemas solares, ó como las golondrinas cuando viajan, y que contemplamos, ora en el Teatro Real, ora en los salones de los condes de Galen, ya en los de Osma, ya en la Embajada de Rusia, ya en la Fuente Castellana...

¡Todas, todas estaban allí! Luceros, estrellas, planetas, satélites, constelaciones (ó sea familias de ángeles), _nebulosas_ (ó sea mujeres incomprensibles), la Estrella Polar (ó sea _la dama de las bellas perlas_, oriunda del Norte...), la noble é indomable Vesta; el Lucero del Alba; Héspero, ó sea la enlutada y melancólica estrella de la tarde; la irresistible Venus, y otros muchos astros que fuera prolijo nombrar. Porque allí estaban (como ha dicho muy profundamente _Fernando Pérez_), las señoras de A. E. I. O. U. y las señoritas de B. C. D. F. G. H. J. K. L. LL. M. N. Ñ. P. Q. R. S. T. V. X. Y. Z., entre las cuales las había bellas, hermosas, bonitas, interesantes, esbeltas, lánguidas, distinguidas, elegantísimas, rubias, morenas, graciosas, discretas, dulces y saladas (por lo que aconsejo á cada una que se apodere del adjetivo que le corresponda). Allí estaban, por último (pasando á terreno más ingrato), todas las condecoraciones de Europa, la mitad de los títulos de Castilla, la tercera parte de los ministros y ex-ministros de la Corona, algo de las Letras y de las Artes, toda la Diplomacia, mucho del Ejército de mar y tierra, no pocos diputados, el suficiente número de pollos, y una respetable cámara alta de mamás.--Ahí tienen Vds. aquella fiesta inolvidable, aquella noche semi-oriental, semi-parisién, aquellas horas dulcísimas, cuya desaparición lloraríamos con lágrimas de sangre, si de la amabilidad de la Condesa no nos prometiésemos otras muy parecidas.--¡Allá voy, Barón!--Perdone V., Marquesa; me llaman para jugar al tresillo.

TERCERA VISITA.

FEBRERO LOCO.--LA RIFA DE LA INCLUSA. LA ABOLICIÓN DEL DINERO.

--Se lo anuncié á V., Marquesa: ¡estamos perdidos! Febrero no lloró al subir al poder después de la muerte de su padre el viejo Enero, y ha concluido por volverse loco.--Dice el proverbio valenciano: _Si la Candelaria plora, el inverno fora; y si non plora, ni dins ni fora_... Ahora bien: el día de la Candelaria no llovió, y, desde entonces, el termómetro y el barómetro han perdido el juicio. Cada veinticuatro horas nieva, llueve, está raso, hace calor, hiela, silba el viento y pica tanto el sol que _busca la sombra el perro_.--Demos un adios, por consiguiente, á la Fuente Castellana, al Retiro, al Prado, á la montaña del Príncipe Pío y á la cuesta de la Vega...

--Pero ¿qué tiempo hace esta noche?

--Ahora nieva, si hay que nevar. ¡No parece sino que allá en el cielo nuestros patronos los Bienaventurados van á emigrar por causas políticas, según la prisa que se dan á romper cartas y memoriales! El aire y la tierra están cuajados de pedacitos de papel...

--¡Qué fastidio!

--¡Oh!... Vizconde... ¡todo lo ve V. de la misma manera! ¿Hay nada más delicioso que un día de nieve?

--¡Cómo, Marquesa! (exclamó el Barón, que entraba en aquel momento). Una dama tan filantrópica como V., que defiende á capa y espada la Rifa de la Inclusa, y está medio ofendida porque no le han dado á regentar en ella una tienda de juguetes, ¿verá con gusto estos horribles días en que el pobre no trabaja ni encuentra pan, en que el viajero pierde el camino y se hiela, y en que los niños que no tienen zapatos pisan una alfombra... que les ulcera los sabañones?...

--¡Calló el polaco y empezó el progresista!--¡Ah, señores: son Vds. insoportables con su cosa-pública! La nieve, la Rifa, la temperatura, todo lo convierten en artículos de fondo...--Venga V. en mi ayuda, señor folletinista, y sáqueme V. de este atolladero.

--Seré breve, Marquesa; pues sabe V. que me aguardan.--Todos tienen Vds. razón. La Rifa de la Inclusa, los perjuicios que la nieve causa á las clases pobres, y la imposibilidad de pasear en estos días, ofrecen sus contras y sus ventajas...

--Esa es una salida de _unión_-liberal; quiero decir, pastelera... Pero, en fín... hable V., principiando por la Rifa.

--La Rifa, Marquesa, es la _diablura más santa_ que se ha podido inventar;--y perdóneme V. la frase.

--¡Oh! no se la perdono... Al contrario: pido que se escriban esas palabras.

--Las explicaré. Es ya una _santa diablura_ el que las damas más elegantes y más hermosas de Madrid se sitúen la Semana Santa en las puertas de los templos, armadas de sus mantillas españolas, de sus dientes de azúcar de pilón y de sus ojos de miel negra, nos cierren el paso á los buenos católicos que vamos andando las Estaciones sin acordarnos de ustedes (por no quebrantar la vigilia ni áun con el pensamiento), y nos digan con voz de ángeles caidos:--_Señorito, una limosna por el_ AMOR... _de_... _Dios_...--Pero es todavía _más santo y más diabólico_ el que esas mismas irresistibles misioneras se pongan sus más caseros y peligrosos trajes, se vayan al ex-convento de la Trinidad, tomen á su cargo una tienda, se coloquen detrás del mostrador y empleen en contra de sus mejores amigos aquella fatal literatura de: _No puedo darlo más barato_... _No lo encontrará V. por el mismo precio_... _¿Qué quisiera yo sino vender?_... _Me cuesta más_... _Uno igual se ha llevado el Embajador de Andorra_, etc., etc.--¡Reconózcalo V., Marquesa! Esto es _santo_ por el fín; pero _diabólico_ por los medios.--¡Yo lo confieso! Por _regatear_ con la Duquesa de... (iba á decir _de tres estrellas_, y me parece poco)... con la Duquesa _de todas las estrellas_, me dejaría en su tienda, no sólo el dinero, sino el bastón y hasta la ropa. Pues por jugar á la lotería con la Marquesa de X... ó con la Condesa de Z... ¡no digo nada los sacrificios que pueden hacerse!--Perdone mi amigo Hazañas; pero en las loterías de la Trinidad hay premios más gordos que en las que él dirige.--¡Y cuenta que en la Trinidad sólo se juega á la _primitiva_!--Por eso sin duda inventaron nuestros padres aquel cantar:

Si quieres que te toque la lotería, juega con el lotero siquiera un día.

--Si le parece á V., podemos pasar á lo de la nieve...

--Con mucho gusto.--He aquí mi tesis, contenida en otro cantar: si la nieve es mala para los pobres,

la culpa tiene el dinero.

Y, á propósito; debo manifestar á Vds. una gran idea económica que se me ocurrió el otro día.--Saben Vds. cuánto hablan hoy en favor de _la moneda_ los mismos poetas y filósofos que antes la llamaban _vil metal_. Saben Vds. también los conflictos que diariamente surgen en España y en otros paises por falta de metálico y abundancia de papel. Saben Vds., en fín, que todos los economistas convienen en que la supresión del dinero sonante traería consigo la ruina de la sociedad... Pues bien; yo he encontrado un medio de abolir la moneda, dejando á la sociedad en el mismo estado en que se halla.

--Apelará V. al crédito...

--No señor. Eso es el papel.

--Al cambio de objetos, como en los tiempos patriarcales...

--Tampoco.

--Pues, ¿de qué manera?

--Contrayendo deudas y no pagándolas...--No se rían Vds., ni se indignen contra mi proposición; que en ella no hay broma ni cinismo.--Sería una medida general.--_Nadie le paga á nadie._--Yo, por ejemplo, no le pagaría al maestro de coches: el maestro de coches tomaría un palco en la Zarzuela y lo dejaría á deber: la empresa de la Zarzuela ajustaría cantantes y no les daría un maravedí: los cantantes comerían en la fonda, y dirían _¡vuelvo!_: el fondista haría lo mismo con el carnicero, el pescadero, el cazador y el hortelano: el hortelano tomaría fiado en la tahona: el tahonero debería el trigo al labrador: el labrador no llevaría la renta al propietario: el propietario no pagaría las contribuciones, y el Gobierno le debería á todo el mundo!--Y, á propósito del Gobierno: de esta manera, no habiendo oro, plata, cobre, billetes de banco ni papel del Estado, resultaría que todos los ministros serían sumamente morales, á no ser que se dedicaran á robar cuadros y alhajas, cosa que ni siquiera puede imaginarse, sobre todo en nuestra hidalga nación.--Por lo demás, ya no habría jugadores, ni monederos falsos, ni multas, ni depósito exigido por la ley de imprenta, ni amor vendido por esas calles...

--Está V. disparatando...

--Pues lo peor es que me marcho ahora mismo al Teatro Real. Son las nueve y media...

--¿Qué dan esta noche?

--Esta noche se da una función á beneficio de los pobres, á petición de la Junta de Damas de honor y mérito. Se cantan dos actos de _Hernani_, un duo del _Otello_, y no sé qué más, y el teatro estará brillantísimo, pues las susodichas _loteras_ hacen esta noche el papel de _revendedoras_.--¡Cuando les digo á Vds. que ya no hay más que hombres!

--V. no sabe lo que se dice, ni lo que hay.

--¡Vaya si lo sé!--Conque... muy buenas noches!

* * * * *

--¡Eh! ¡Muchacho!... ¡despierta!--¡Al Teatro Real!

CUARTA VISITA.

LA PRIMAVERA DE LAS VIOLETAS.--NECROLOGÍA.

--¡Alabado sea Dios, Marquesa!

--Por siempre sea bendito y alabado, señor folletinista.--¿Cómo va?

--Hoy no soy folletinista. Llámeme usted _poeta_.

--Pues ¿qué hay?

--Que el día de hoy ha sido para mí tan grato como solemne. Vengo con el alma llena de poesía...

--¡Oh! y con las manos llenas de violetas...--¿Qué le ha sucedido á V.?

--No ha sido á mí solamente: ha sido á España entera.

--¿Cómo? ¿Hemos tomado á Hué? ¿Hemos vencido á Benisidel? ¿Somos dueños de Vera-Cruz? ¿Ha parecido el Lozoya? ¿Se ha hundido Gibraltar?