Cosas nuevas y viejas (apuntes sevillanos)
Part 19
Llevó á cabo en el baile «cosas muy ajenas, no ya de persona de tan alto rango, sino de todo hombre de regular educación.... Las mozuelas que danzaban derribaban con su pie el sombrero que Mr. Thiers tenía en la cabeza, y por necesidad formaban con sus piernas un ángulo recto, cuyo vértice se acercaba á la cara del observador, el cual, con risas y palmadas, aplaudía la desenvoltura, reclamando la repetición.»
En tanto que el francés andaba entregado á aquellas diversiones, la gente de letras de Sevilla lo buscaba por todas partes, extrañando mucho y no pudiendo explicarse cómo no había parecido ni por el _Liceo filarmónico_, ni por la Academia, ni por el Museo de pinturas, ni por los teatros, ni por las bibliotecas, ni había mostrado interés alguno en conocer los monumentos y las joyas de arte que en ellos se guardan.
Y se dió el caso, que aunque lo esperaban, no fué á visitar la Catedral, dejando plantado á López Cepero el día 24; sólo á la mañana siguiente entró y salió sin ser conocido, y cuando ninguna de las preciosidades que en el templo se guardan pudo admirar.
En resumen, Thiers abandonó Sevilla el viernes 26 de Septiembre, teniendo apenas tiempo para comer con el capitán general que lo invitó varias veces á su mesa, y dejando con la conducta que siguió en la ciudad harto enojados á los sevillanos cultos, como tan claramente se desprende de las citadas cartas.
Esta fué la visita del grave historiador francés á la capital de Andalucía, y los _estudios_ que para su famosa obra del _Consulado y el imperio_ hizo en ella.
LA INAUGURACIÓN DEL TEATRO DE SAN FERNANDO
La inauguración del teatro de San Fernando fué un verdadero acontecimiento, y al recuerdo de aquella gran temporada de 1847-48, bien merece que dedique algunas líneas antes de terminar este libro.
Fué el local que hoy ocupa el coliseo, como es sabido, hospital del Espíritu Santo. Este hospital existía desde muy remota fecha y en 1587 se reunieron en él otros menores, agregándole las rentas de treinta y ocho de los que entonces se suprimieron, con lo que creció mucho su importancia, comenzando por aquel tiempo á labrar el espacioso edificio que ocupaba en la calle Colcheros.
Estaba destinado el hospital para la curación de llagas y de enfermos de tisis, y en 1837, al reunirse todos los hospitales en el de la Sangre, se trasladó allí por orden de la Junta de Beneficencia, dueña entonces del local, que conservó la iglesia y destinó á oficinas y almacenes el resto del edificio.
En 1838 celebró allí sus veladas el _Liceo Sevillano_ y en 1844 he encontrado las primeras noticias sobre la idea de levantar en el sitio un teatro, en estas líneas que se leen en el libro de actas del Ayuntamiento, correspondiente á la sesión de 11 de Noviembre:
«Se dió cuenta de un oficio del Sr. Jefe Superior Político, trasladando la Real Orden de 2 del actual por la que S. M. concedía su real permiso á la _Junta de Beneficencia para construir un teatro en fincas de su propiedad_, para acudir al sostén de los objetos de dicho ramo, bajo el concepto de que haya de proceder subasta solemne. El Sr. Alcalde leyó con este motivo una comunicación que le había dirigido el Sr. Conde de Vistahermosa, contestando á otra en que S. S. le recomendaba el pronto éxito de este asunto y una carta particular que le acompañaba.»
En Mayo de 1845, vendido ya el edificio por la Junta, el jefe político, Hezeta, ofició al Ayuntamiento invitándolo á que se suscribiese por algunas acciones á la empresa que se formaba en Sevilla para levantar un teatro en la calle de Colcheros, opinando la comisión de Hacienda según informe de 28 del citado mes, que la ciudad se debía suscribir por seis acciones, en vista de lo cual se acordó en cabildo secreto, conservar ciertos derechos sobre el teatro que se edificase. Con esto no se conformó la Sociedad, quien en 14 de Junio hizo una solicitud al Municipio pidiendo se revocase el acuerdo de los derechos sobre el coliseo, cosa que se llevó á cabo.
Pasando por alto las diversas alternativas que sufrió la obra del nuevo teatro y los artífices que en ella tomaron parte y otros detalles de relativa curiosidad, apuntaré que, terminado el edificio, su exorno y el numeroso decorado, se señaló para el día 21 de Diciembre del citado año de 1847 la inauguración del teatro con una compañía de ópera, en que figuraban artistas de los que más fama gozaban entonces en el mundo del arte.
En la lista de aquella compañía aparecen los siguientes cantantes:
_Prima donna absoluta_, Carlota Vittadini; _prima donna_, Luisa Cocco; _comprimaria_, Cuterina Persoli; _contralto_, Luisa Perzoli; _primer tenor absoluto_, Giovani Soliere; _tenor_, Benedecto Galliani; _comprimario_, Antonio Cordero; _primer bajo barítono_, Giusepe Manensi; _primer bajo_, Carlos Porto; _segundo bajo_, Antonio Casanova; _maestro director_, Vicente Schira; _maestro de coros_, Mateo Torres.
En la citada lista se hace tambien constar que el número de coristas llegaría á treinta y cinco, que la orquesta la formarían cuarenta y cinco profesores y que el director sería don Silverio López Uria, maestro de música muy conocido en Sevilla entonces y compositor á veces de medianas piezas y zarzuelas, de las que ya nadie se acuerda.
Antes de la inauguración del teatro se repartió profusamente por la ciudad un prospecto, en donde la empresa hacía presente al público lo necesario que era cultivar el buen teatro en esta ciudad y el deseo que se sentía de tener uno de la importancia del de San Fernando. En aquel impreso se leían estas líneas:
«Hace tiempo que esta capital necesitaba un teatro digno de ella. Sevilla, que es la primera de Andalucía y la segunda de España, reclamaba imperiosamente un edificio de esta clase que por su belleza, proporciones y magnificencia pudiese contener con decoro y comodidad al público que asiste á estas representaciones. Con efecto, si los teatros han sido siempre una muestra de la cultura y civilización de los pueblos, forzoso es que hasta en la parte material correspondan á la categoría de cada ciudad, y que el mérito de las representaciones esté en armonía con su ilustración....» Y más adelante se decía que los empresarios, «notando el afán que había en Sevilla por volver á gozar de las representaciones _líricas_, enviaron al extranjero, aunque fuera de temporada, á una persona entendida para que á cualquier precio les ajustara una compañía de excelentes artistas... Nada se atreven á decir de su mérito, por más que gocen de alta reputación en Italia, porque también ha de juzgarlos el público, y en estas materias es infalible. Sólo advierte que la rebaja en los precios de las entradas y localidades, no es ahora tan notable como desean, aunque mayor que hasta aquí, por los muchos gastos que han hecho para formar su Compañía en tiempo extraordinario; mas pueden asegurar al público que en la temporada ordinaria que comienza en la Pascua de Resurrección, serán los precios más cómodos...»
En el mismo edificio y cercano á la puerta principal, se estableció un café llamado de Los Lombardos, en la calle del mismo nombre, café y billares que se abrieron al público el 19 de Diciembre.
La noche de la inauguración del coliseo fué, como ya he dicho, el 21, y á ella concurrieron las autoridades, las personas más significadas, todos los buenos aficionados á la música y las más hermosas mujeres, que lucían aquella noche sus más preciadas galas.
La ópera escogida fué _Los Lombardos_, que cantaron la Vittadini, la Cocco, Salieri, Galliani y Manensi.
De lo que resultó aquella primera función dan noticias los periódicos de la época que entonces veían la luz en la capital, y el _Diario de Sevilla_ hacía la más completa descripción, apurando todos los adjetivos y frases hechas, que ya se usaban entonces y de las que tanto se ha abusado después por los revisteros de teatros.
Por cierto que un periódico que á poco se publicó, llamado _La Platea_, apareció llevando en la portada una vista de la sala del coliseo grabada en madera, que, aunque de tosco dibujo, da idea de cómo estaba en sus comienzos el interior del teatro, con su gran lucerna de aceite pendiente del techo, sus anchas lunetas, su tertulia de señoras y su telón primitivo, pintado por D. Antonio Cabral Bejarano.
No deja de parecerme de alguna curiosidad el consignar los precios del abono para aquella temporada, que constó de _sesenta_ funciones, y que eran en esta forma:
_Palcos plateas_, 1.260 reales.--_Palcos principales_, 1.080.--_Palcos de tornavoz_, 900.--_Anfiteatro_, 200.--_Lunetas_, 200.--_Delanteros de tertulia_, 90.--La entrada costaba tres reales, y las noches de _estrenos de óperas ó de iluminación_, llegaba á una peseta.
_Los Lombardos_ debieron gustar bastante al público, pues la ópera se representó, después del día de la inauguración, en cuantas noches hubo espectáculo hasta el 2 de Enero de 1848 y á la citada obra siguieron _Sonámbula_, _Atila_, _Lucrecia Borgia_, _Hernani_ y _Favorita_.
De todas estas, _Atila_ fué la que por entonces más agradó, poniéndose muy en boga su partitura en Sevilla, hasta el punto que no había tertulia más ó menos cursi, donde no fuera de rigor cantar algún trozo de _Atila_, por la joven romántica ó el enamorado galán.
Tres eran los teatros que á la sazón había abiertos en Sevilla: el Principal, el de la Misericordia y el de la Feria, y en ellos funcionaban en aquel tiempo tres compañías dramáticas, que entusiasmaban con _El terremoto de la Martinica_, _La terrible noche de un proscrito_, _Marta la romantina_, _El campanero de San Pablo_.
Ninguno de los tres teatros sintió como el viejo Principal la apertura del de San Fernando, rival desde aquel día, y rival terrible, del coliseo que la famosa Sciomeri había inaugurado á fines del siglo XVIII, y por el que habían pasado tantas alternativas prósperas y adversas.
Y así ocurrió, en efecto; desde que se inauguró San Fernando, el Principal sintió los desastrosos efectos de una competencia, á la que más tarde tuvo que sucumbir.
Ni de aquella primera temporada de 1847 á 1848, ni de las que inmediatas le siguieron, me he de ocupar aquí. Recordar sólo aquella inauguración del teatro de San Fernando en la noche del 21 de Diciembre de 1847, ha sido el propósito que me ha movido á tomar la pluma, cerrando con estas líneas el presente libro, donde he reunido algunos apuntes sevillanos de interés y curiosidad, algunas _Cosas nuevas y viejas_, cuyo conocimiento creo habrá entretenido á mis lectores.
ÍNDICE
PÁGINAS Portada
Dedicatoria
Al que leyere...
Los antiguos relojes, 7
Cómo las gastaba un rey, 10
Los primeros inquisidores y sus hazañas, 12
Tradición..., 16
El Cartujano, 18
Antiguas fiestas de toros, 22
Las víctimas de la comunidad en Sevilla, 25
El Pendón Verde, 27
Francisco Guerrero, 31
Los esclavos de Sevilla, 36
Juan de Salinas, 41
El Arenal, 45
Julianillo Hernández, 52
Santa Teresa en Sevilla, 55
Un Ponce de León, 58
Juan del Castillo, 61
Un zapatero de antaño, 65
La puerta de Triana, 67
La Alameda de Hércules, 70
La Hermandad de los Niños Perdidos, 77
Don Luis Sumeño de Porras, 82
Un arcediano y un canónico, 85
El escocés hereje, 87
La moza y el Asistente, 89
El veraneo de antaño en Sevilla, 93
Luís de Vargas, 99
Procesión de Vía-Crucis, 104
Las presas de la Inquisición, 106
Ejecuciones, 108
El Salvador, 113
Juan de las Roelas, 116
Las dos amigas, 121
Los valentones, 122
El Asistente y las fruteras, 125
Herrera el Viejo, 127
Lope de Vega en Sevilla, 132
Confiteros y confiterías, 135
Los moriscos, 139
Caballeros de antaño, 142
El tutor y la pupila, 145
El incendio de «El Coliseo», 147
La madre Catalina y maestro Villalpando, 150
Crueldad de un Asistente, 156
El sastre catalán, 158
El hermano Juan de Jesús, 160
La mulata y la hechicera, 163
Barrabás, 166
Desafíos y riñas entre nobles, 168
El prior de las Cuevas, 171
La monja alférez, 174
La última hazaña de un valentón, 177
La hermosa posadera, 179
Espejo de escribanos, 182
El portugués Perea, 186
El marqués de Buenavista, 188
Un inquisidor humillado, 190
Las tapadas, 192
El maestro Vilches, 196
Una fuga de presos, 198
Las rondas de noche, 200
El contador de la Contratación, 203
Don Bernardino y su mastín, 205
El cabildo eclesiástico y las fiestas de toros, 207
El hijo de Murillo, 211
La embajada japonesa, 214
Cofrades y toros, 217
El obispillo, 220
Duque Cornejo, 222
Los monederos falsos, 225
El loco Amaro, 228
Fray Pedro de San José, 232
Las danzas del Corpus, 234
Las procesiones del rosario, 238
La beata Briguela, 243
El verdugo azotado, 246
Los hermanos del Pecado Mortal, 248
Un partidario del archiduque de Austria, 251
Profanación, 253
Trajes y adornos, 256
Toribio de Velasco, 260
La fiesta de los sastres, 265
Con luz.... y á oscuras, 268
Un hospital de perros, 274
La Rosa Pérez, 276
Cómo empleó un día el rey José, 279
Beneficencia invasora, 283
Las lecturas públicas en el café del Turco, 286
Las damas sevillanas y la bandera liberal, 290
Las Delicias, 294
Mr. Thiers en Sevilla, 298
La inauguración del teatro de San Fernando, 302