Cosas nuevas y viejas (apuntes sevillanos)
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Cosas nuevas y viejas
MANUEL CHAVES
HISTORIA TRADICIÓN
DIEGO LOPEZ 1903
OBRAS DE MANUEL CHAVES
_Constancia._--Novela.--Imp. de _El Cronista_.--1891.--_El Posibilista._--1894.--Sevilla.
_Hablar por hablar._--Colección de artículos literarios, satíricos y de costumbres, publicados de 1890 á 1894.--_El Posibilista._--Sevilla.
_Bocetos de una época_ (1820-1840).--Carta-prólogo de don Manuel Gómez Imaz.--Librería de Fernando Fe.--1892.--Madrid.--Imp. de Francisco Leal, etc. Sevilla.--Un tomo en 8.º.--270 páginas.
_Pro-Patria._--Homenaje á los heroicos hijos de Sevilla don José González Cuadrado y don Bernardo Palacios Malaver.--Primera edición: Tipografía de Díaz y Carballo, etc., etc.--1893.--Segunda edición: Tipografía de Leal y C.ª 1894.--Sevilla.--Folleto en 4.º.--Una lámina.
_Páginas Sevillanas._--Sucesos históricos, personajes célebres, monumentos notables, tradiciones populares, cuentos viejos, leyendas y curiosidades.--Con una carta-prólogo de don José Gestoso y Pérez.--Imp. de E. Rasco, etc. 1894.--Sevilla.--Un tomo en 8.º.--352 páginas.
_Pepe-Illo._--Ensayo biográfico, histórico y bibliográfico.--Resuche, impresor, etc., 1894.--Folleto en 8.º.--Dos láminas.
_Una carta del rey neto_ y algunas menudencias para ilustrar un capítulo de la historia.--Imp. de Ángel Resuche, etc., etc. 1894.--Sevilla.--Folleto en 8.º.--Con un retrato y un facsímil.
_La Semana Santa y las Cofradías de Sevilla de 1820 á 1823._--Carta al duque de T'Serclaes.--Imp. de E. Rasco. 1895.--Sevilla.--Cuaderno en folio.
_D. Bernardo Márquez de la Vega._--Memorias de la reacción absolutista.--Imp. de _El Porvenir_, etc., etc. 1896.--Sevilla.--Folleto en 8.º.
_Perder el tiempo._--(Versos).-Con una carta de don Francisco Rodríguez Marín.--Imp. de _El Porvenir_, etc 1896.--Sevilla.--Folleto en 8.º.
_Historia y bibliografía de la prensa sevillana._--Prólogo de don Joaquín Guichot y Parody, Cronista oficial de la ciudad.--Imp. de E. Rasco, etc. 1896.--Sevilla.--Un tomo en folio: XLII-380 páginas.
_Discurso de recepción_ leído ante la Academia Sevillana de Buenas Letras el día 11 de Abril de 1899.--Tipografía, Monsalves 17: 1899.--Sevilla.--Folleto en 4.º.--82 páginas.
_D. Mariano José de Larra (Fígaro)._--Su tiempo, su vida y sus obras--Estudio biográfico-crítico y bio-bibliográfico.--Imp. de _La Andalucía_. 1898-1899.--Sevilla.--Un tomo en 4.º--244 páginas.
_Micer Francisco Imperial._--Siglo XIV.--(Apuntes bibliográficos.)--Tipografía, Monsalves 17.--1899.--Sevilla.--Folleto en 4.º.
_La Madre y la muerte._--Poesía escrita sobre el pensamiento de un cuento de Hans Cristián Andersen.--Tipografía de «La Industria», etc., 1899.--Sevilla.--Folleto en 8.º.
_El humorismo en la literatura española el siglo XIX._--Trabajo premiado en los Juegos Florales que celebró el Ateneo de Sevilla en 25 de Abril de 1900.--Un folleto.
_Los teatros de Sevilla en la segunda época constitucional_ (1820-1823).--Imprenta de F. Marta-García.--1900.--Un folleto en 8.º.--80 páginas.
_D. Diego Ortiz de Zúñiga._--Su vida y sus obras.--(Estudio biográfico y crítico.) Premiado en los Juegos Florales que celebró el Ateneo de Sevilla el 4 de Mayo de 1902.--Imp. de E. Rasco, etc.--1903.--Sevilla.--Un folleto en 4.º.--VIII-100 páginas.
_Cosas Nuevas y Viejas._--Apuntes sevillanos.--Prólogo de don José Nogales.--Sevilla: Tipografía, Sauceda 11.--Un volumen en 4.º. francés.
[Nota del transcriptor:
En esta edición se han mantenido las convenciones ortográficas del original, incluyendo las variadas normas de acentuación presentes en el texto.]
COSAS NUEVAS Y VIEJAS
MANUEL CHAVES
Cosas nuevas y viejas
(APUNTES SEVILLANOS)
PRÓLOGO DE DON JOSÉ NOGALES
SEVILLA Tipografía, Sauceda 11 1904
SR. D. ENRIQUE CARREÑO
Mi excelente amigo: Á su bizarría, á su generosidad, se debe que estos _Apuntes sevillanos_ salgan á la luz pública, reunidos y puestos en orden conveniente. ¿Cómo no he de honrarme escribiendo su nombre de Vd. en la dedicatoria de este mi nuevo libro?
Grande, sincero y mil veces demostrado es el amor que Vd. tiene por Sevilla, y como de cosas de esta nuestra tierra--_viejas_ unas por su antigüedad y _nuevas_ otras, por no ser muy conocidas,--tratan las páginas que siguen, á esto atribuyo la predilección que me manifestó por ellas, que muy expuesto estuviera á equivocarme si á vanidad de autor pudiera achacar otra cosa.
Siguiendo relativo orden cronológico van esos breves artículos, que en las columnas de _El Liberal_ gozaron un día cierto favor del público: por eso nada he querido alterar de ellos, pues ampliándolos ó dándoles otra forma, perderían ciertamente el carácter que tuvieron al ser trazados y que he deseado conservar.
La variedad de los asuntos que forman este libro, me hace sospechar que ha de mover algo el interés del lector curioso, á quien, como á Vd., ofrezco ya un detalle de las costumbres de nuestros antepasados, ya la biografía de un sevillano ilustre, ya la descripción de algún monumento, ó ya, en fin, la noticia de cualquier caso interesante, habiendo tenido buen cuidado de basar todos mis escritos sobre auténticos documentos originales ó sobre noticias del más autorizado origen, no ocultando nunca, para mayor crédito, su procedencia.
¿Qué más he de decir á Vd. en estas líneas, que ya para dedicatoria podrán parecerle largas?.... Pongo punto y reciba una vez más la muestra del reconocimiento y la amistad de su affmo.
_Enero, 1904._
Al que leyere...
Este es un libro que yo vi nacer: mejor dicho, que contribuí un poco á que naciera. Por esto me juzgo ligado á él con ciertos vínculos espirituales que me redimen de aquella virginidad de prólogos en que hasta ahora he vivido. Ni los hice para los libros ajenos, ni los pedí para los míos.
Y es que, para los ajenos, creí siempre que me faltaba autoridad; y para los míos, que me faltaba aquella cualidad excelente que tendrían que poner de manifiesto por anticipado juício de la obra.
Con el presente libro todo aquel propósito casi huraño ha venido á tierra, y ya he dicho la razón. Ahora, lo que quiero decir al público es cómo debemos alegrarnos de que lo efímero y volandero se haya fijado en moldes estables y, como ahora se dice, definitivos.
He aquí cómo nació este libro: en Enero de 1901 comenzó la publicación de _El Liberal_ en Sevilla, de que fuí Director durante algunos meses, con verdadero regocijo de mi alma. Esta satisfacción tenía dos motivos de índole sentimental: que era _El Liberal_ y se publicaba en Sevilla.
Al empezar, dije á Manuel Chaves:--¿Por qué no haces una sección tuya, en que nos traigas algo de lo mucho que sabes y conoces, acomodándolo al paladar del público numeroso y al molde especial del público moderno?
Estas invitaciones al trabajo no se le dirijen en balde á Manuel Chaves, uno de los espíritus trabajadores é inquietos que afirman, frente á la _Andalucía legendaria y pasiva_, la _Andalucía productora é inteligente_.
Desde el segundo ó el tercer número de _El Liberal_ apareció la sección titulada «_Cosas nuevas y viejas_». Lo que comenzó en Enero acabó en Diciembre. Un año, día por día, servimos á los lectores la paciente labor de Chaves, que era, burla burlando, un pedazo de historia, fragmentaria, anecdótica, concentrada, en que había de todo: desde lo trágico á lo exquisito; desde lo terrible á lo picaresco.
Y esto--hay que decirlo lealmente--aun sin tener en cuenta otras valiosas condiciones de la producción, revela una profunda cultura y un magno esfuerzo, que supone por anticipado muchos años de trabajo perseverante y abrumador, no recompensado sino por la estimación del público.
Acaso porque todos, confesándolo ó no, apreciamos en mucho aquellas cualidades en que no abundamos, yo admiro la obra paciente é inteligentísima de los eruditos, de los bibliógrafos, de los escudriñadores de las fuentes vivas en nuestra literatura, en nuestra ciencia y en nuestra historia. Y esta obra de perseverancia y sabiduría se realiza con admirable solidaridad. Como en los esfuerzos científicos, estos empeños literarios se enlazan, se completan, se ordenan á través de los años y de los siglos.
Sevilla fué siempre, y lo es ahora, un admirable taller para esta persistente labor de sabiduría. Yo tengo ganas de decir al «gran público», á ese público que está formado por cientos de miles de lectores diarios, quiénes son y qué representan en la moderna cultura española esos eruditos andaluces cuyos nombres llegaron á él á través de las Academias, de las Corporaciones oficiales, de las referencias volanderas de los periódicos en notas fugaces é inexpresivas.
El círculo de lectores se va ensanchando: este es un excelente síntoma; la Prensa, _machete en mano_, abre sendas claras y ventiladas en el bosque enmarañado de nuestra ignorancia secular. Ella abre el camino; el _convoy_ viene detrás. Es un error el de los que creen que la Prensa absorbe por completo y para siempre la parte de inteligencia activa con detrimento del más hondo y apacible saber. La Prensa abre camino, hace lectores....
Uno de nuestros propósitos era ese: utilizar la Prensa como vehículo y cargar en ella la cantidad de _cosas viejas_ que admitiese: así se irían repartiendo. Para esto--exigencias inevitables del público--había que escoger lo raro, lo ameno, lo interesante: aún no está el _niño grande_ para ingerir muchas y serias dosis de paciente estudio.
Y Manuel Chaves cumplió su encargo tan liberalmente, que con aquella serie de _Cosas_ ha podido componer el presente volumen, ya _pasado en autoridad de cosa juzgada_, y lo que es más, aplaudida.
Seguramente ha de haber alguna flor fresca en el ramillete, pues Chaves tenía materia sobrada á mano, y no es hombre que se la reserve, al contrario de otros eruditos, que todo lo que pueden lo reservan como si ganara réditos. Y ¡cuántas otras cosas sabrosísimas, de gran interés literario é histórico, habrá tenido que reservar y dejar en el fondo de los cajones, por esta ridícula meticulosidad que ahora nos ha entrado, por esta pudibundez externa que destierra todos los desenfados del ingenio antiguo, aunque permite toda licencia al ingenio contemporáneo!
No podemos reproducir los felicísimos y audaces rasgos de nuestra literatura picaresca, moralmente inofensiva, porque el donaire es ingenuo, natural y bien encaminado, mientras corren, exquisitamente encuadernadas, todas las alambicadas porquerías de la literatura francesa,--que no tienen acceso en otras naciones--y esto me hace pensar en el antiguo problema de si la moralidad será cuestión de climas... y de lenguajes.
Me place lo exquisito de esa literatura, aunque se acomoda mi ánimo mejor á los sabrosos desenfados de la nuestra.
Y es que adoro nuestras formas castizas, nuestro «modo de hacer», el resplandor de nuestro ingenio solariego, la gracia ingenua, socarrona y admirable de nuestros grandes escritores. Y es más: pienso en que los señores franceses venían en los siglos XVI y XVII á buscar comedias, á buscar Autos, á buscar novelas, á empaparse en nuestro ambiente, para _fusilar_ nuestra producción, hacerse el paladar y revendernos la «lengua de _Molière_» en nuestra propia salsa...
Era una especie de combinación como la que ahora hacen con nuestros vinos. Allá van nuestros mostos blancos, fuertes, _sensuales_, apetecibles. Los _tiñen de negro_ con singular maestría, los perfuman, los aderezan, los disponen con sugestivo _bouquet_, y nos los revenden con fe de bautismo de Burdeos ó de Borgoña... Total, seis botellas que vienen, representan el valor de una _pipa_ que va. Ni más ni menos. Son gastos de nacionalización que nos cargan en cuenta.
Y, ahora que recuerdo: Manuel Chaves también ha pasado la frontera y nos lo han devuelto, con un acento de lo más tirano. En los periódicos taurinos del Mediodía, de la Provenza, figura _Chavés_ como una autoridad _in ré_ taurina, por aquellos folletos sobre _Pepe Illó_... y demás documentos _del ramo_, que ha sacado á luz. Es delicioso.
Lo que quise decir--y no es poco--es que Chaves es un escritor que pasó la frontera, precisamente por lo castizo, por lo apegado á nuestro riñón, por lo que tiene de _españolizado_, por sus _cosas viejas_, que son nuestras cosas.
Y si esto se estima en el extranjero, ¿cómo no lo habíamos de estimar en nuestra casa!
Sí se estima. Lo sé. He podido apreciarlo precisamente en estas _Cosas viejas_, en cuyo nacimiento me llamo un poco á la parte. Cartas sobre las tales _Cosas_, recordatorios, adiciones, rectificaciones, oposición, aprobación, me daban á entender que interesaban.
Si interesaron entonces, ¿cómo no ahora? Ahora y siempre.
Son _Cosas_ incitantes, regocijadas ó trágicas, pero andaluzas. Juntas, no tienen más fin que el de presentar un _estado de alma_; separadas, no tienen más objeto que regocijar al lector ó hacerle sentir la _angustia de lo histórico_....
Por uno y otro propósito, mi parabién á Manuel Chaves; mi aplauso al conjunto de eruditos sevillanos, de grandes artistas, de pacientes trabajadores en el orden intelectual, que han formado una de las bases de nuestra cultura moderna.
De Sevilla hay que hablar mucho. Pero mucho. Dios dirá.
JOSÉ NOGALES.
LOS ANTIGUOS RELOJES
Tradición es, y aun lo afirman algunos historiadores autorizados, tales como Méndez Silva y Mariana, que el primer reloj de torre que se conoció en España lo tuvo Sevilla y que éste se instaló en 1400.
Aquel año vino á esta ciudad el rey don Enrique III, que parece presenció la ceremonia de colocar en la Giralda el reloj, dándose al acto toda la importancia que merecía, como así lo señalan las crónicas.
Construyó la campana del reloj, por encargo del arzobispo don Gonzalo de Mena, un maestro llamado Alfon Domínguez, del cual existen diversas memorias, constando también que el reloj y la campana quedaron instalados en los comienzos del mes de Julio del citado año de 1400.
Un historiador moderno, al tratar este asunto, escribe: «Que aunque se dice de Valencia que por acuerdo del Consejo general en 16 de Julio de 1378 se encargó un reloj de torre á cierto mecánico extranjero de paso por la ciudad, sólo consta que en 1403 y en 12 de Febrero resolvió aquel municipio labrar una campana, y que batiesen las horas dos servidores asalariados á este propósito.»
Podrán estas noticias ser puestas en duda, pero respecto á que muy á los comienzos del siglo XV existía en Sevilla un reloj de torre, hay un dato indudable en las palabras del médico Juan de Aviñón, que en su libro _Sevillana Medicina_, hacia 1418, dice: «Y como quiera que agora seria grave de comer á estas horas ciertas, de aqui adelante nonserá grave por cuanto nuestro señor el arzobispo de Sevilla, que mantenga Dios _mandó facer un relox que ha de tañer veinticuatro badajadas_.»
Después del reloj de la Catedral, es el más antiguo de los públicos de Sevilla, el reloj de la torre de San Marcos, que data de 1553, y sobre el cual existe esta noticia en un acuerdo de las actas capitulares, en el cabildo de 22 de Agosto de 1585, donde se nombró á Francisco Ximénez de Bustillos, mayordomo, para que hiciese aderezar los relojes de San Marcos y San Lorenzo, «concertándole en el oficial que lo hubiese de hacer, por lo menos que pudiese, informándose, además, de persona hábil que se encargara de su reparo y aderezo, dando de ello cuenta á la ciudad para que se le nombrase y señalase salario.»
La campana del reloj de San Marcos tiene grabada una inscripción latina que traducida al castellano, dice:
«_Nada hay más veloz que el tiempo y para que no se malgaste, señala o insigne Sevilla, á tus moradores las horas.--El Senado y el pueblo de Sevilla, cuidó de construir este reloj con sus caudales, para el bien público, el año de Cristo Salvador de 1553._»
Antes de esta fecha, en 1576, era relojero de San Marcos y San Lorenzo el maestro Diego Flamenco, quien percibió por el cargo de _concertar los relojes_ 18.000 maravedís anuales, y en 1589 pruébase que el Cabildo tenía algo abandonado atender á cargo tan importante, por el siguiente documento inédito:
«Juan Salado y Matías del Monte, relojeros; decimos que por mandato de vuestra señoria tenemos encargo de concertar los relojes desta ciudad como maestros en dicho arte los cuales habemos concertado, y gastado nuestro dinero en aderezarlos. Y porque cada dia se ofrecen cosas que aderezar en ellos en que es necesario gastar dinero. Y pedimos y suplicamos a vuestra señoria atento lo susodicho nos mande librar... a cuenta de nuestro salario porque cualquier otro maestro que los aderezase se le había de pagar lo que gastara en ello, por estar muchas piezas quebradas las cuales se han de nuevo y nosotros no pedimos se nos mande librar sino por cuenta de nuestro salario y por ello... _Matias del Monte_--_Juan Salado_».--(Escribanía de Cabildo, siglo XVI).
La campana lleva además grabadas las armas de la ciudad y bajo ellas se hace constar que aquel es escudo hispalense.
En 1776 se quitó la primitiva máquina de San Marcos, estrenándose el nuevo reloj en 13 de Junio del citado año, habiendo sido construído en Londres por Tomás Hatton, según se lee grabado en la esfera interior, que es de metal, encontrándose además en dicha esfera el nombre de Eugenio Escamilla, que fué nombrado relojero del Ayuntamiento de Sevilla en 25 de Febrero de 1789.
El reloj de la torre de San Lorenzo fué también colocado á fines del siglo XVI y el que actualmente existe se puso en 1853 siendo construído por José Manuel Zugasti en Bilbao, que hizo además el de la torre de la plaza del Altozano.
De otros antiguos relojes de Sevilla he de recordar también el de la Audiencia, el del Oratorio de San Felipe Neri, el del convento de los Remedios, el de los Jerónimos, que ya no existen, el de La Cartuja y el de San Agustín, que se estrenó en 27 de Junio de 1749.
CÓMO LAS GASTABA UN REY
En el viaje que en 1455 hizo á Sevilla Enrique IV, _El Impotente_, acompañábale con su corte--dicen los autores--un número considerable de moros principales y ricos, los cuales gozaban de gran favor con el veleidoso monarca.
Mandóse alojar á aquéllos en las casas de nobles y de acaudalados sevillanos, tocando á D. Diego Sánchez de Orihuela, hospedar uno llamado Monjarras, que era hombre joven, apuesto y de violento carácter, y el cual hubo de enamorarse de una hija soltera que D. Diego tenía.
Esta parece que correspondió al fin á los deseos del hijo del Profeta: pero el bueno de Monjarras, no contento con ello, la robó de la paterna casa y la sacó de Sevilla casi por la fuerza, y sin pararse en melindres, como persona apasionada y de alientos que era.
Y sucedió luego que, cuando Sánchez de Orihuela y su esposa acudieron al Alcázar á pedir justicia al rey, éste los recibió con enojo y tuvo la frescura de decirles que, en vez de venir á quejarse, debieran haber guardado más á la hija: contestación villana que causó la indignación de cuantos la oyeron.
Mandó luego D. Enrique que nunca más volviera á su presencia la afligida madre, y divulgadas las noticias de estos actos por la ciudad, el pueblo se irritó muchísimo y comenzóse á reunir gente delante del Alcázar en actitud nada pacífica; mas esto, lejos de variar la opinión del rey, le llevó hasta querer salir á desafiar al pueblo, cosa de que le hizo desistir el prudente consejo del conde de Benavente.
El resultado de todo fué que Monjarras quedó sin ningún castigo, pues ninguna diligencia se hizo contra él; que los padres quedaron sin recibir satisfacción á su deshonor, y que el monarca procedió en aquella ocasión de la más indigna manera: lo cual no era extraño, tratándose, como se trataba, de un rey cuya figura es de las más antipáticas en la historia.
LOS PRIMEROS INQUISIDORES Y SUS HAZAÑAS
Al año de 1480 se remonta la fundación en Sevilla del tribunal de la Inquisición, año en que el Papa dió, á instancia de los Reyes Católicos, la bula autorizando aquel establecimiento, y en 27 de Diciembre mandó Fernando V á las autoridades de nuestra ciudad, que protegiesen á los señores del Santo Oficio, que se disponían á pasar á ésta para purgar de herejía á cuantos cogiesen por delante.
Y en efecto, á los pocos días llegaron á Sevilla los primeros inquisidores, que fueron el provincial fray Miguel, el vicario fray Juan, del orden de Santo Domingo, y el doctor Medina, clérigo de San Pedro, los cuales eran tres mozos como escogidos de intento para la misión que se proponían llevar á cabo.
Tan listos anduvieron éstos en sus diligencias, que el 2 de Enero de 1481 se dieron ya las primeras providencias emanadas de la Inquisición, y las cuales eran nada menos que mandar prender á los cristianos nuevos, amenazando también á los títulos de Castilla con la privación de ellos si no acataban al Santo Oficio.
Por entonces era asistente de Sevilla D. Diego de Merlo, y como este buen señor era fervoroso devoto de las órdenes religiosas, se dispuso con todo el peso de su autoridad, á proteger á los inquisidores, tomándoles en mayor afecto y prestándose á ayudarlos cuanto pudiese en sus diligencias.
Así lo consigna un testigo contemporáneo tan autorizado como el bachiller Andrés Bernáldez, cura de Los Palacios, el cual escribe á este propósito en su _Crónica de los Reyes Católicos_:
«En muy pocos días, por diversos modos y maneras, supieron (los inquisidores) toda la verdad de la herática pravedad malvada, é comenzaron de prender hombres é mujeres de los más culpados é metiéronlos en San Pablo: é prendieron luego algunos de los más honrados é de los más ricos, _Veinticuatros y Jurados, bachilleres é letrados_, é hombres de mucho favor: á éstos prendía el Asistente, é des que esto vieron huyeron de Sevilla muchos hombres é mujeres: y viendo que era menester, demandaron los inquisidores el Castillo de Triana, donde se pasaron presos, é allí ficieron su audiencia, é tenían su Fiscal, é Alguacil é Escribano, é cuanto era necesario, é hacía proceso, según la culpa de cada uno, é llamaban Letrados de la ciudad seglares, é á el Provisor, al ver de los procesos é ordenar de las sentencias, porque viesen cómo se hacía la justicia é no otra cosa: é _comenzaron de sentenciar para quemar en fuego_, é sacaron á quemar _la primera vez_ á Tablada seis hombres é mujeres que quemaron: é predicó Fray Alonso de San Pablo, celoso de la fe de Jesucristo, el que más procuró en Sevilla esta Inquisición: é él no vido más de esta quema, que luego dende á pocos días murió de pestilencia, que entonces en la ciudad comenzaba de andar.»
El primer auto de fe, de condenados á las llamas, se celebró, pues, en Sevilla el 6 de Enero de 1481 y el segundo el 26 de Marzo, en que perecieron en la hoguera diez y siete reos, yendo tan en aumento el celo de los inquisidores, que durante siete años fueron quemadas más de seiscientas personas y penitenciadas unas cinco mil.
El ya citado Bernáldez apunta en su crónica algunos de los nombres de las personas más señaladas que aquí fueron las primeras víctimas de la inquisición, citando entre otras al rabí Diego Susón, padre de la célebre y hermosa judía conocida por la _Susona_, y á los acaudalados hebreos Manuel Sauli y Bartolomé Torralva, al alcalde de la justicia Juan Fernández Albolasia, al doctor Savariego, fraile de la Trinidad, y á otros muchos, apuntando también «que quemaron infinidad de huesos de los corrales de San Agustin é San Bernardo, de los confesos que allí había enterrados sobre sí, al uso judaico.»
El edificio que hoy ocupa la plaza de abastos de Triana, está destinada á este uso desde 1825, y hasta 1785 ocupó aquel lugar el sombrío castillo de San Jorge, donde estableció el tribunal la Inquisición.