Constitución de la República Islámica de Irán

Chapter 1

Chapter 13,527 wordsPublic domain (Wikisource)

En el Nombre de Dios, el Clemente, el Misericordioso

"He aquí que enviamos nuestros enviados con las pruebas, e hicimos bajar con ellos el libro y la balanza para que se levanten con equidad". Corán LVII, 25

PREÁMBULO

La Constitución de la República Islámica de Irán es la manifestación de las instituciones políticas, sociales, culturales y económicas de la comunidad de Irán sobre la base de principios y preceptos islámicos que reflejan la íntima aspiración de la comunidad islámica. La esencia de la Gran Revolución Islámica de Irán y de la naturaleza de la lucha del pueblo musulmán, desde el origen hasta la victoria, que se cristalizó en las palabras de orden categórico y decisivo de las masas del pueblo, ha clarificado esta aspiración fundamental. Ahora, en los albores de esta gran victoria, nuestra nación pide con todas sus fuerzas la realización de esta aspiración.

La característica fundamental de esta revolución con relación a otros movimientos de siglos pasados, reside en su doctrina y en su esencia islámica. La nación musulmana de Irán, después de haber pasado el movimiento constitucional

antidespótico y el movimiento anticolonistalista de la nacionalización del petróleo, ha llegado a la gloriosa conclusión de que la razón fundamental y determinante de estos fracasos era la ausencia de una doctrina dentro de estas luchas.

La lucha a pie de calle del pueblo contra los expoliadores del petróleo iraní, a principios de la década, fue también el germen del despertar de Irán.

Aunque los últimos movimientos comprendían en su esencia una tendencia espiritual islámica y a pesar de que la dirección del clero combatiente ha jugado un papel fundamental de primera línea, sin embargo, al alejarse estas luchas de posiciones genuinamente islámicas, quedaron estancadas rápidamente. Por lo cual, la despierta conciencia del pueblo se dio cuenta de la necesidad de continuar en una línea doctrinal genuinamente islámica en este movimiento y, en esta ocasión, los clérigos combatientes del país, que siempre han estado en primera línea de los movimientos populares, los escritores y los intelectuales comprometidos, dirigidos por aquellos, le dieron un nuevo aliciente (el comienzo del último movimiento del pueblo iraní tuvo lugar en el año 1382, Hégira lunar, 1341 de la Hégira solar, correspondiente a 1962 de la Era Cristiana).

El albor del movimiento

Las violentas protestas del Imán Jomeini contra el complot americano de la llamada "Revolución Blanca", que representaba un paso en la constitución de los fundamentos del régimen despótico y del reforzamiento de los vínculos políticos, culturales y económicos de Irán al imperialismo mundial, fue el factor determinante del movimiento unánime de la nación. Posteriormente, la grandiosa y sangrienta revolución de la Nación (Umma) Musulmana en Jordad de 1342 [junio de 1963], marcó en realidad el punto de partida de este levantamiento majestuoso y extenso, y consolidó la posición central del Imán como líder islámico. A pesar de su exilio en el extranjero, tras su protesta contra la vergonzosa ley de las capitulaciones (inmunidad de los consejeros norteamericanos), persistieron los poderosos lazos entre la Umma y el Imán prosiguiendo dentro de la lucha. La nación musulmana, sobre todo los intelectuales comprometidos y el clero combatiente, continuaron su camino entre el exilio y la prisión, la tortura y las ejecuciones.

En esta situación, los estamentos más concienciados y responsables de la comunidad, agrupados en las mezquitas, los centros teológicos y las universidades, comienzan a hacer pública la verdadera situación. Inspirándose en las enseñanzas revolucionarias y fructíferas del Islam, desplegaron sus útiles y continuos esfuerzos en la elevación del nivel conocimientos de vigilancia combativa e ideológica de la nación musulmana.

El régimen despótico, que había comenzado a aniquilar el movimiento islámico atacando por medio de sus verdugos la escuela de teología de Feyzieh, la universidad y todos los círculos entusiastas de la revolución, se entregó a los actos más desesperados y salvajes con el fin de escapar a la cólera revolucionaria del pueblo, y como resultado de esta situación los pelotones de ejecución, las torturas medievales y los encarcelamientos de larga duración, eran el precio que la nación musulmana pagaba como tributo de su firme voluntad de continuar la lucha.

La sangre de centenares de mujeres y hombres jóvenes y creyentes que al amanecer, delante de los pelotones de fusilamiento, clamaban "Dios es Grande" o que en las calles y los bazares eran el blanco de las balas del enemigo, fue un refuerzo para la continuidad de la revolución islámica de Irán. Las declaraciones y los continuos mensajes del Imán, difundidos en diversas ocasiones, han contribuido a profundizar y a extender la conciencia y la voluntad de la comunidad islámica

Gobierno Islámico

El proyecto de gobierno islámico basado en la idea del Soberanía del Alfaquí (Velayat-e-Faqih) y presentado por el Imán Jomeini en el momento de máxima opresión y tiranía del régimen despótico provocó un nuevo aliciente sólido y determinante en el pueblo musulmán y abrió el verdadero camino de la lucha ideológica del Islam que consolidó e hizo posible el máximo acercamiento de los combatientes musulmanes comprometidos en sus esfuerzos, tanto dentro del país como en el extranjero. Dentro de esta situación, el movimiento se desarrolló hasta que finalmente el malestar y la ira popular -a causa de la presión creciente en el país, así como las revelaciones que hacían los clérigos y los estudiantes combativos y el eco de la lucha a nivel mundial- desestabilizaron los fundamentos de la soberanía del régimen, el cual, junto con sus amos, no tuvo otro remedio que reducir la opresión y "despejar la atmósfera política del país", creyendo que de esta forma podrían abrir una válvula de seguridad ante su derrocamiento evidente.

No obstante, la nación irritada, consciente y decidida emprendió bajo el categórico e inquebrantable liderazgo del Imán, su levantamiento victorioso, unánime, extenso y sin límite.

La ira del pueblo

La publicación por el régimen de una carta insultante a la esencia sagrada del clero en general y del Imán Jomeini en particular, fechada el 17 de déi de 1356 de la hégira solar [7 de enero de 1978], aceleró este movimiento y provocó la explosión de la ira popular en todo el país. El régimen, con la intención de sofocar el volcán de la cólera del pueblo, desplegó sus esfuerzos para ahogar en sangre este levantamiento contestatario. Sin embargo, este hecho dio más empuje a la revolución y a su pulso latente a la semana y a los cuarenta días de la conmemoración de los mártires ; insuflaron vida, entusiasmo y ebullición unánime y creciente en toda la nación. A continuación y con la persistencia del movimiento popular, todas las organizaciones del país tomaron parte activamente en el desmoronamiento del régimen despótico, con sus huelgas generales y su participación en las manifestaciones. La solidaridad de hombres y mujeres de todos los estamentos sociales y tendencias religiosas y políticas jugó un importante y determinante papel en esta lucha. Las mujeres, sobre todo, han hecho gala de una presencia activa y extensa en todas las fases de esta grandiosa Yihad. Escenas, en el transcurso de las cuales las madres estrechando a sus hijos en los brazos se dirigían apresuradamente hacia los lugares de combate y las ametralladoras, expresan la importante y determinante participación de este gran estamento de la sociedad en la lucha.

El precio que pagó el pueblo

La revolución, después de año y pico de lucha continua y constante, alimentada por la sangre de más de 60.000 mártires y cien mil heridos y mutilados, a los que hay que añadir miles de millones de tomanes de daños materiales, floreció en medio de clamores de "independencia, libertad, gobierno islámico". Este extenso movimiento que se sustenta en la fe, la unidad y en la dirección categórica en sus momentos críticos, en medio del dinamismo y espíritu de sacrificio de la nación, consiguió la victoria y sirvió para aniquilar los cálculos, los lazos y las instituciones del imperialismo, lo que ha representado, en sí mismo un nuevo capítulo en las revoluciones populares en el mundo.

El 21 y 22 de Bahman de 1.375 (10-11 de febrero de 1.979), fueron días de desmoronamiento de los fundamentos de la monarquía. El despotismo interno y la dominación extranjera que se apoyaba en él fueron aniquilados y con esta gran victoria, se anunció el triunfo final, en los albores del estado islámico, deseado en todo tiempo por el pueblo musulmán.

La nación musulmana de Irán, unánime y con la participación de las autoridades religiosas, de los ulemas y del líder proclamó por referéndum su decisión irrevocable y definitiva de instaurar el nuevo orden de la República Islámica. Una mayoría del 98,2% del censo total se pronunció positivamente en favor del sistema de la República Islámica.

Actualmente, la Constitución de la República Islámica de Irán, expresión de todas las instituciones y de todas las relaciones políticas, sociales, culturales y económicas de la comunidad, tiene que abrir el camino a la consolidación de los fundamentos del Estado Islámico y presentar un nuevo orden gubernamental para edificar sobre las ruinas del antiguo sistema tagutí .

Métodos de Gobierno en el Islam

Gobernar, desde el punto de vista del Islam, no deriva de la posición social, ni de la dominación individual o colectiva, es la cristalización del objetivo político de un pueblo correligionario y en armonía con sus pensamientos que se autoorganiza con el fin de abrir camino hacia el objetivo (la marcha hacia Dios) en su evolución intelectual e ideológica. Nuestro pueblo, en el curso de su evolución revolucionaria, se desembarazó del polvo y las oxidaciones idólatras, se autopurificó de las mezclas ideológicas extrañas y retornó a las posiciones del pensamiento y la cosmología islámica. En la actualidad, intenta edificar su sociedad modelo (ideal) de acuerdo con los preceptos islámicos. Sobre esta base, la misión de la Constitución es dar objetividad a los aspectos ideológicos del movimiento y crear las condiciones necesarias en las que el hombre pueda desarrollar los valores supremos del Islam que lo abarcan todo. Considerando el contenido islámico de la revolución de Irán, que es un movimiento para la victoria de todos los desheredados sobre los arrogantes, la Constitución prepara el terreno de su continuación tanto en el país como fuera de él. Especialmente, en el desarrollo de las relaciones internacionales con otros movimientos islámicos y populares, intenta allanar el camino de la formación de una Umma (Nación) mundial ("Esta vuestra Umma es hegemónica y soy vuestro Creador. Adoradme pues"), y por dar persistencia a la lucha en pro de la salvación de los pueblos oprimidos y bajo el despotismo en todo el planeta.

Teniendo en cuenta la naturaleza de este gran movimiento, la Constitución garantiza la negación de cualquier tipo de despotismo espiritual y social, así como del monopolismo económico y realiza esfuerzos para romper con los sistemas despóticos y dar el destino de los pueblos a ellos mismos ("... y quita de ellos las ligaduras y las cadenas que había sobre ellos..." Corán VII, 156).

En la creación de los organismos y las instituciones políticas que constituyen los fundamentos de la sociedad, conforme con la consideración doctrinal, los competentes tomarán las riendas del gobierno y la administración del Estado ("Los que hereden la Tierra son mis criaturas dignas"). La legislación, como manifestación de los principios de la dirección social, se hará sobre el eje del Corán y la tradición. Por lo cual la supervisión exacta y seria por parte de los islamólogos justos, virtuosos y comprometidos (los alfaquíes justos) es algo evidente y necesario; ya que el fin de gobernar es hacer progresar al hombre en dirección a un sistema divino (el retorno hacia Dios) para preparar el campo del florecimiento de las capacidades para la demostración de sus límites divinos ("Fuisteis creados con características divinas"). Esto no sería posible, a no ser que haya una participación masiva y activa de todos los elementos de la sociedad en el proceso de su transformación.

Teniendo en cuenta este aspecto y con el fin de que cada hombre, en la trayectoria de su evolución, pueda participar y tenga bajo su responsabilidad cargos de progreso y alcance el liderazgo, la Constitución crea las condiciones necesarias para tal participación en todos los puestos de responsabilidad para todos los miembros de la comunidad. Esto es el cumplimiento del gobierno de los desheredados en la Tierra. ("Y quisimos agraciar a los que se humillan en la Tierra, y los pusimos (como) caudillos y los pusimos, herederos. Corán XXVVIII, 5).

Soberanía del alfaquí justo

Sobre la base de la soberanía del orden y del imanato continuo, la Constitución prepara el terreno para el cumplimiento del liderazgo del alfaquí que reúna todas las condiciones y al que el pueblo haya reconocido como líder ("El curso de los asuntos está en manos de aquellos ulemas que distinguen lo lícito de lo ilícito"), para que éste garantice la no desviación de las distintas organizaciones de sus genuinas obligaciones islámicas.

La economía es un medio, no el objetivo

En el fortalecimiento de las instituciones económicas, el principio es satisfacer las necesidades del hombre en el curso de su crecimiento y evolución y no, como en otros sistemas económicos, la concentración y aumento de la riqueza y el afán de lucro; ya que en las doctrinas materialistas, la economía es un objetivo por sí misma. Por lo cual, en las fases del desarrollo se convierte en factor de destrucción, corrupción y pérdida. Pero en el Islam, la economía es un medio y como tal no se puede esperar más que eficacia para alcanzar los objetivos.

Partiendo de esta interpretación, el programa económico islámico es crear el campo conveniente para el florecimiento de las distintas creatividades del hombre. Por consiguiente, es obligación del gobierno islámico garantizar las posibilidades iguales y convenientes, crear puestos de trabajo para todos y satisfacer las necesidades imprescindibles para la persistencia del movimiento evolutivo del hombre.

La mujer en la Constitución

En la creación de las instituciones sociales islámicas, las fuerzas humanas que hasta el presente estaban al servicio de la explotación de los extranjeros, en todos sus aspectos, vuelven a encontrar su genuina identidad y sus derechos humanos. En este reencuentro, es natural que las mujeres, que hasta el presente han sufrido más el sistema "tagutí" se beneficien de un mayor reconocimiento de sus derechos.

La familia es la unidad fundamental de la sociedad y es la base principal en la que hombre se desarrolla y progresa; por lo cual el acuerdo ideológico y los objetivos en la formación de la familia como base principal para el movimiento evolutivo y creciente del hombre, es el principio fundamental. Favorecer las posibilidades de llegar a este objetivo es una de las obligaciones del gobierno islámico. La mujer, en esta concepción de la unidad de la familia, deja de ser un objeto o un instrumento de trabajo al servicio de una sociedad de consumo y de la explotación, y al recuperar su noble misión de madre en la educación de hombres concienciados, participa activamente en las diferentes actividades de la existencia como pionera y junto con los hombres y, en consecuencia, tiene una mayor responsabilidad esencial, y en la interpretación islámica gozará de unos valores y un respeto más profundo.

Ejército con ideología

En lo que concierne a la creación del conjunto de fuerzas de defensa del país, destaca el hecho de que la fe y la ideología son el fundamento y el precepto. Esta es la razón por la cual el Ejército de la República Islámica y los Guardianes de la Revolución (Sepah Pasadarán) estarán organizados conforme a este objetivo. No se les encomendará sólo la salvaguarda y defensa de las fronteras, sino, igualmente, la misión ideológica, es decir, Yihad en el camino de Dios y combatir por la expansión de la soberanía divina en el mundo. ("Preparad contra ellos toda la fuerza y toda la caballería que podáis para con ello atemorizar al enemigo de Dios y al vuestro y a otros que no conocéis..." Corán VIII, 60).

La justicia en la Constitución

La cuestión de la justicia en las relaciones con la salvaguarda de los derechos del pueblo en la línea del movimiento islámico, con la intención de prevenir toda desviación de la estructura en el seno de la Umma y el desarrollo de tales desviaciones, reviste un carácter vital. En consecuencia, ha sido prevista la creación de un sistema judicial que repose sobre la justicia islámica y que incluye a magistrados justos y al corriente de los preceptos religiosos precisos. Este sistema, en razón a su especial carácter fundamentalmente ideológico, deberá estar al margen de toda relación insana ("... y cuando juzguéis entre la gente que juzguéis con equidad..." Corán. IV, 58).

Poder Ejecutivo

El poder ejecutivo, vista su especial importancia en la aplicación de preceptos y reglamentaciones islámicas para lograr relaciones justas que gobiernen la sociedad, así como la necesidad que reviste esta cuestión vital en preparar el terreno para conseguir los objetivos finales, debe facilitar el camino para la creación de una comunidad islámica. En consecuencia, este poder no debe encerrarse en unos límites que restrinjan su libertad de movimiento y frenen su progreso según la interpretación islámica donde pueden ser afectados. Es por esto que el orden administrativo y burocrático, fruto de los gobiernos "tagutíes", será firmemente rechazado, cediendo su puesto a un poder ejecutivo más rentable y más rápido en la aplicación de los compromisos asumidos por la Administración.

Los medios de comunicación de masas

Los medios de comunicación de masas (radio-televisión) deben estar armonizados con el movimiento de la evolución de la revolución islámica y estar al servicio de la propagación de la cultura musulmana. Con este propósito goza del enfrentamiento sano entre los diferentes conceptos, y se abstendrán de difundir fermentos destructores y antiislámicos.

La aplicación de los principios de una ley tal, que coloca a la cabeza de sus objetivos la libertad y grandeza de la humanidad y abre el camino al desarrollo y evolución de los valores humanos, es deber de todos. Es preciso que la comunidad musulmana elija responsables cualificados y creyentes, establezca un control constante sobre sus actividades y participe activamente en la edificación de la sociedad islámica, en la esperanza de que podamos lograr crear los fundamentos de una sociedad modelo islámica (ideal) que puede servir de modelo y testimonio a toda la humanidad. ("Y os pusimos un pueblo medio para que fuerais testigos sobre las gentes. Corán II, 142.)

Representantes (diputados)

La Asamblea de Expertos compuesta por los elegidos del pueblo ha terminado la redacción de la Constitución sobre la base del estudio del borrador propuesto por el Gobierno y las sugerencias del pueblo, y comprende doce capítulos y ciento setenta y cinco principios, en el comienzo del siglo XV de la Hégira de profeta del Islam, fundador de la escuela liberadora del Islam, tomando en consideración los objetivos y las aspiraciones aquí reseñada, en la esperanza de que este sea el siglo de la soberanía mundial de los desheredados y de la derrota total de los arrogantes.

CONSTITUCIÓN DE LA REPÚBLICA ISLÁMICA DE IRÁN

En el Nombre de Dios, el Clemente, el Misericordioso

Capítulo I: Principios generales

Principio 1

El régimen de Irán es la República Islámica, por la cual votó afirmativamente el pueblo iraní, movido por su fe en el gobierno de la verdad y de la justicia coránicas, después de su victoriosa revolución islámica bajo el liderazgo de su máximo dirigente religioso, el gran ayatolá supremo, el Imán Jomeini. La Constitución fue aprobada por un 98,2 % del censo en el referéndum que tuvo lugar los días 10 y 11 de farvardin del año 1.358 de la hégira solar, correspondiente a los días 1 y 2 de yumada I del año 1.399 de la hégira lunar (= 30 y 31 de marzo de 1.979).

Principio 2

La República Islámica es un sistema establecido sobre la base de la fe en los siguientes puntos: En el Dios único ("No hay deidades, sino Dios") y en la especificidad de la soberanía y del poder de legislar y en la necesidad de someterse totalmente a Él. En la revelación divina y en su papel fundamental en la explicación de las leyes. En la resurrección y en papel constructivo que ésta desempeña en la trayectoria evolutiva del hombre para llegar a Dios. En la justicia de Dios proyectada en la creación y en la legislación divinas. En el imanato y en el liderazgo permanente y en su papel fundamental en la continuidad de la revolución del Islam. En el respeto y en los valores supremos del hombre y en su libertad ligada con su responsabilidad ante Dios. La República Islámica es un régimen que garantiza el reparto equitativo y la justicia, la independencia política, la económica, la cultural y la solidaridad nacional basándose en las siguientes vías:

a)El esfuerzo intelectual constante de los alfaquíes que reúnen las condiciones exigidas fundamentadas en el Corán y en la tradición de los Inmaculados, la paz sea con todos ellos.

b)El aprovechamiento de las ciencias y de las artes y en la experiencia avanzada del hombre, y el esfuerzo para hacerlo progresar.

c)El rechazo de cualquier clase de opresión y dominio y de toda dependencia y sumisión total a ellos.

Principio 3