Consideraciones Sobre el Origen del Nombre de los Números en Tagalog

Part 2

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La forma primitiva de esta voz fué _fiatu_, cuyo origen y formación se pueden aun explicar con la lengua samoa; en esta, una forma anticuada del número tres es _fia_ y la palabra _tu_ significa _cortar, quitar, suprimir_. El sentido de esta voz compuesta, _fiatu_ ó su contracción _fitu_, que es _tres suprimir_, se refiere á los dedos de ambas manos reunidos: de diez dedos se suprimen tres, quedan siete. Más adelante veremos la aplicación de este sistema en casi todas las lenguas de la Oceanía.

Volviendo á los radicales _fia_ y _tu_, estudiaremos sus significados en otras lenguas polynesianas. El tahit. _firi_ y sam. _fili_, significan trensar y el sand. y marq. _fio_; tienen la misma significación. Aquí aparece que la palabra _fia_ ó sus trasformación _fio, fiti, firi_ significan _tres_ y un objeto en el cual la cantidad tres entra para algo, como la trensa. Lo mismo hemos notado con _tatlo_ que, difiriendo completamente de _sia_ y sus derivados, tiene la misma comunidad de significación, lo cual prueba que aquella significación de _tres_ y de _cuerda_ ó _trensa_ no es una simple coincidencia y viene en apoyo de lo que decimos en este párrafo, del mismo modo que lo dicho aquí apoya aquello.

_Tua_ significa también _cortar_ en tahit. Antiguamente se decía _tu_; pero un rey así llamado, prohibió, según uso tahitiano, el empleo de este silaba en la lengua. En marq. y sand. _tua_, que significa también cortar, tiene además el sentido de _cosechar_.

En malg. se dice _fitu_: en javanés ngoko _pitu_ y últimamente tagalog _pitó_. En mal. se usa una voz que por separse por completo del tagalog no nos interesa aquí su estudio: se dice _tudju_, lo mismo que en makasar.

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WALÓ, ocho. Podrá haber estrañado la explicación que acabo de dar de la formación y sentido de la palabra _pitó_. En cuestión de derivaciones y de etimología, fácilmente se penetra en el terreno de la fantasía, y con consecuencias muy lógicas se puede llegar á probar los absurdos más grandes. Prevenido contra este escollo y teniendo como la sensación de que, en el espíritu de algunos, con la explicación de _pitó_, he despertado la duda haciendo sospechar que he incurrido precisamente en eso que quiero evitar, en hacer fantasía, he de principiar por algunas consideraciones sobre uno de los nombres que recibe el número ocho en las lenguas malayas, para que sirva de prueba, por analogía, á lo dicho sobre _pitó_.

Al lado de la voz _waló_, con mas ó menos variaciones usada en polinesia, emplean las lenguas que más se acercan al tipo malayo, las voces _delapan_ y _karua_. En mal, sundanés y achinés, se usa _delepan_: es su origen sundanés según J. Rigg, en cuya lengua _dua_ significa dos y _lepan_ doblado. Refiriéndose á los dedos de las dos manos, que son diez, dos doblados, nos dejan ocho. Según mi ilustre amigo el sabio orientalista Mr. Aris. Marre, en las islas de Arru, se emplea la voz _karua_ formada de _ka_ cuatro y _dua_ ó _rua_ dos: es decir, cuatro dos igual á _ocho_. Ahora parecerá muy natural que á _pitó_ le atribuya yo la formación que he explicado y que es del mismo carácter que la de _delapan_ ó _dualepan_.

Viniendo á nuestro _waló_ tagalog, debo confesar que me ha dado mucho que hacer. Su forma más antigua me parece ser _walo_ ó _varu_ que se encuentra en samoa, tahitiano, sandwich y marquesano. Su formación creo yo que sea esta: _va-lua_ ó bien _va-rua_. _Va_ y también _iva_ significan en samoa _espacio entre dos cosas, vacío entre dos objetos ó cosas_. _Rua_, _lua ó dua_ significan dos como ya vimos en otro lugar. _Valua_ ó _varua_ ó simplemente _valu_ tendría el sentido de _espacios dos_, refiriéndose á dos manos unidas que tenemos que suponerlas así desde que descubrimos el sentido de _pitó_ y _delapan_: los _dos espacios_ ó _vacios_ ocasionados por la falta de dos dedos, reducen á ocho los que quedan para contar en ambas manos.

Puede no satisfacer á muchos esta explicación, no porqué parezca ilógica, sino porque era de esperar que se usara la misma voz que en _pitó_ indicó la sustracción: en uno se dice expresamente quitados dos y en otro la idea de desaparición de dos es secundaria y como consecuencia de dos espacios ó varios, en el lugar en donde debía haber dos dedos. Esto no significa, en todo caso, más sino que no se ha adoptado la misma palabra para expresar la misma idea. Lo principal es que la formación de _pitó_ y _waló_ responde á una misma idea, á un mismo sistema de representación objetiva de cifras. Los números se fueron formando según las necesidades: no había reglas generales para su formación, porque de haberlas se hubiera llegado á _contar lo incontable_ como ocurre ahora con nuestro sistema, que nos permite hacer cálculos y amontonar tales cifras, que nuestra imaginación, se puede afirmar, no las llega á comprender. No habiendo pues una regla general, facil es concebir como _pitó_ tubo una formación y _waló_ otra, habiendo en ambas palabras de común, que se fundan en una sustracción operada sobre la cantidad diez, representada por los dedos de ambas manos.

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SIAM, nueve. Vamos ante todo á demostrar que la forma actual de la palabra tagalog, es el resultado de una série de trasformaciones de la voz _iva_ que significa este mismo número en las lenguas, tahitiana, marquesana sand. y samoa. Al pasar al novo-zelandés su _v_ se convirtió en _w_ y se formó _iwa_: en la isla de Rotuma se añadió una _ch_ y quedo _chiva_ y también _chivu_: la letra añadida fué _s_ en firakú (en el E. de Timor), en donde, además, se convirtió la _v_ en _b_ quedando la voz trasformada en _siba_ y en las lenguas tetu y lekale suprimiendo la consonante intermedia _s_, se dijo _sia_. Por razones de fonética, las lenguas filipinas han añadido una _m_ última y tenemos actualmente la voz _siam_ cuya derivación acabo de demostrar.

Hemos dicho en _waló_ que la significación de _vá_ era "espacio": _iva_ es su sinónimo y en aquella palabra se le añadió la voz _rua_ ó _lua_ ó sus contracciones _lu, ru_, por que se trataba de _dos espacios_: aquí que no se trata más que de _un vacío_, no ha tenido que añadirse complemento alguno, aunque me parece muy posible que la _s_, que le precede en tagalog, sea un vestigio de la partícula enunciativa _sa_ que ya he dado á conocer en otros artículos de este estudio. Esta palabra viene á apoyar mi opinión sobre la composición de _varu_ ó _valu_. Del mismo modo la formación de _delapan_ se vió confirmada cuando se supo que, para espresar la cantidad nueve, se usaba en las mismas lenguas la voz _salapan_, cuyo sentido es, uno _sa_ quitado _(lapan)_. En mal, se dice _sambilon_, nueve, formado de _sa,_ uno y _ambilan_ siendo quitado. En achinés se dice _sakurang; sa_, uno; _kurang_ (parecido al tagalog _kulang,_) falta.

Los números 7, 8, 9 se expresan en lengua de Palaos siguiendo este mismo precedimiento. Uno, dos, tres se dice: _reb, rub, adolib_ y anteponiendo á estas voces el prefijo _me_ se tiene formado el nombre de las cifras 7, 8, 9. Yo no sé cual sea el significado propio del indicado prefijo _me_, pero sabiendo el sistema generalmente empleado en Oceanía, lógico es suponerle un significado de _sustracción: medilib_, siete, compuesto de _me_ y una contracción de _adolib_, tres: _merub_, ocho (_me_ y _rub_, dos): _mereb_, nueve (_me_ y _reb_, uno).

En vista de tantos y tan repetidos ejemplos no cabe dudar ni buscar nuevas pruebas: las palabras usadas podrán ser distintas en la forma, pero no en el fondo y todas nos revelan una misma idea en el sistema de numeración.

Si el nombre de _lima_, cinco, que significa también la mano, no nos hubiera puesto en la pista, si se me permite espresarme así, quizás no hubiéramos llegado á comprender el significado de 7, 8, 9; pero una vez provistos de aquel dato relacionamos el sentido de las palabras que denominan estos números, con la existencia de _diez dedos_ de las dos manos, que son los que constituyen el sistema de esta numeración, y no podemos dudar que las etimologias dadas á números tagalog, son no solo lógicas, sino verdaderas.

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SAÑGPÓO, POWO, POLO. diez. Como los números 7, 8, 9, se llaman, como hemos visto, basándose en la cifra diez representada por los dedos de las dos manos, natural es que el nombre de 10 signifique al propio tiempo ambas manos ó cosa que se refiere á ellas.

Ya he dicho en el artículo _limá_ que los tagalog emplean la expresión _dalawang kamay_, dos manos, por decir diez: también dije que eran estas expresiones, testimonio de la existencia de una numeración quinal antigua con la que no se podía contar más que hasta 49 ó 50. Podía realmente contarse más allá de esta última cifra, pero á fuerza de repetir la voz _kamay_ se habría llegado á la formación de una palabra incomprensible y complicada. El día que la cantidad diez llegó á expresarse por una palabra sola y propia, la numeración pudo fácilmente ir hasta una cifra doble de la que expresaba el sistema quinal, y se pudo decir 99 y también 100.

En muchas lenguas de las que me ocupan, veo una relación entre el nombre de diez y el de una medida. El marquesano _tipoo_, que significa una medida de un palmo, está compuesto de una contracción de _pití_, tahitiano, que significa uno, y de _poo,_ palmo de la mano; lo que demuestra que, como los europeos, se sirvieron de las manos para medir. De aquí probablemente se derivó la forma _tipa_ del tagalog, que significa precisamente el palmo como medida. El samoano _fua_, quiere decir diez y también una medida, no és cual; pero no sería ilógico suponer fuera el palmo ó algo que se relacionara con alguna de las dimensiones de la mano. Aquí tenemos ya una relación entre el núm. 10 y una medida con la mano.

En el tagalog antiguo según Noceda y S. Lucar, diez se decía _toro_ y esta voz significa, en pampango, un geme que en tagalog se dice _tumuro_ (_um_, interfijo). Este mismo vocablo significa en ilocano "un ancho de dedo". La verdad es que, _turo_ pampango, significa más bien el ancho de dos manos puestas juntas una al lado de la otra; anchura total que también se mide por la distancia de la extremidad del pulgar y de la del dedo índice estendidos: de allí que este último recibió en tagalog el nombre de _hintuturo_. Más tarde, en tagalog, _turo_ recibió la significación de _apuntar, señalar_, por ser sin duda acción para la cual se emplea el dedo índice.

El sentido de muchas palabras me hace ver que las medidas las tomaban con el _ancho_ de los dedos ó de las manos. Del mismo modo que la vara tenía distintas proporciones en las provincias de España, los nombres de medidas se referían también en Filipinas á longitudes no siempre iguales entre las diferentes agrupaciones étnicas, ó, con más propiedad, lingüísticas. El geme, que en pampango y tagalog tenía la anchura de dos manos juntas, solo comprendía en ilocano la anchura de cuatro dedos; es decir, una palma de mano (sin comprender el pulgar). Dice el diccionario del P. Carro: "_sañgapat tamodoan_, un geme", cuya traducción, al pié de la letra, es: cuatro _tamodos_ (de _todo_ con el interfijo _am_). Los bicoles medían también por la anchura de la mano y decían: _dapalan nin palad_, ancho de la palma. En pampango, al lado de _toro_, tenían el _damak_, "medida de cinco dedos que es la mano á lo ancho", según Bergaño; y no se crea que _damak_ signifique la mano ni se asemeja á la voz que designa esta en pampango. Una forma poco usada en el día, en bicol, para decir diez es, _tagnob_, voz que hemos hallado en pampango trasformada en _sapno_ que quiere decir, "cargar con las palmas de las manos". De nuevo tenemos aquí la comunidad, que he señalado, de _significación de diez_ y de algo que se hace con las _dos manos_ ó las respresente unidas. Tantas repeticiones en esta doble significación, que se explican teniendo en cuenta lo dicho y observado en los números 7, 8, 9, no pueden ser hijas de la casualidad y nadie se atreverá á calificarlas de pura coincidencia.

Me parece, pues, poder afirmar que las palabras usadas hoy día en algunas lenguas malayo-polinesianas para designar la cifra diez, son trasformaciones de forma y sentido de palabras que, primitivamente, sirvieron para designar una actitud de ambas manos. Pero el tagalog _sangpoo_ es una contracción de _sang polo_. Es inutil pretender que _polo_ deriva de _toro_: tampoco se tiene que recurrir á las lenguas polinesianas: la explicación la tenemos en las mismas lenguas filipinas, en muchas de las cuales _pulus, polon_, significan totalidad, conjunto, todos, sentido que, aplicado á los de los de ambas manos, indicó el número diez.

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LABINISÁ, once; LABINDALAWÁ, doce; LABINTATLÓ, trece; etc., etc., etc.

Con los nombres anteriores los tagalog tenían la base para la numeración decenal. Del mismo modo que para nombrar 7, 8, 9, se sobreentendía diez al decir, menos tres dos ó uno, así también, para decir 11 á 19 se decía _más uno, más dos_, etc., etc., sin decir diez. Efectivamente, en tagalog _labin isa_, 11; _labin dalawa_, 12, etc., etc., significa _sobra_, es decir, _de más uno, de más dos_, callando "diez" á que al decir _de más_ se hace referencia. En malgache se siguió el mismo procedimiento; _fuluraikamby_, diez uno-más: en malayo se dice _sa blas, dua blas_, sin que hasta ahora los lingüistas hayan hallado la significación propia de _blas, belas_ ó _welas_ del malayo y del javanés.

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DALAWANGPÓO, veinte; TATLONPÓO, treinta etc., etc., no necesitan explicación después de lo que acabamos de decir, pues su sentido se comprende facilmente.

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SANDAAN, un ciento; DALAWANDAAN, dos cientos; etc. etc. De la centena para arriba, la significación propia de las voces que designan las cifras, en las lenguas polinesianas, es: _mucho, gran número, innumerable_, etc. etc., palabras que aunque no determinan ninguna cantidad, significan una cifra dada que varía según las necesidades de cada pueblo y su grado de cultura.

En tahitiano se aplicó el nombre de _rau_, mucho, á la cifra 100: fué sin duda el mayor número que pudieron ó tuvieron necesidad de expresar. En Samoa la misma voz, cambiando la _r_ en _l, se-lan_, un mucho, se aplicó asimismo á igual número. En malayo ciento se llama _saratus_, voz que, más ó menos modificada hallamos en malgache, _zatu_; en javanés-n~goko, _satus_; en ibanag _gatut_; bicol y bisaya, _gatos_ y en ilocano _gasut_. ¿Provienen estas expresiones de la raiz tahitiana _rau_? Es posible y probable que en un principio esta voz representada por el radical malayo _ratus_, careciera de _r_, en cuyo caso no vendría de _rau_, que acabamos de decir, sino de _atus_ ó _atos_. Así lo vemos efectivamente en javanés kromo y en la lengua de Bali; otras veces en lugar de principiar con _r_ lo encontramos con _g_ (ibanag-bicol, bisaya é ilocano) ó con _s_ ó _z_ (javanés-n~goko y malgache). J. Rigg, explica en su diccionario sundanés, que _atus_ ó _tus_ es una abreviación de _tutus_, nombre de una cuerda de bambú que los sondaneses usan para contar y sobre la cual hacen unas marcas: cada decena se indica por un intérvalo y diez de estos intérvalos completan el número ciento y llenan el bambú ó _tutus_, por lo cual dirían _un tutus_, _satutus_, de donde la contracción _satus_.

La palabra usada en tagalog, _daan_ no proviene evidentemente de ninguna de las que acabamos de examinar. En pampango se usa la voz _dalan_. Ambas voces significan además en las dos lenguas, camino, paso, pasar, en sentido propio y figurado. Ya hemos dicho que, según los diccionarios antiguos, los pampangos y los tagalog "se servían para contar de unos palillos". No sabemos la forma que tuvieran, pero es probable que fueran _varios_, puesto que dicen "unos palillos" y siendo así, su número pudo ser de diez. Dado esto, pudiera ser que, del mismo modo que los sundaneses decían _un tutus_ para cada bambú lleno de señales de diez, los tagalos después de contar ciento con sus palillos, como tenían que volver á contar con los mismos, decían _sandaan_, un pase, es decir: contados una vez, que era decir ciento, puesto que para concluir con su cuenta se llegaba á esta cantidad. En pampango se dice _dinalan_, es decir, "se pasó".

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SANGLIBU, un mil. Para expresar esta cifra han empleado los marquesanos, lo mismo que los sandwichs, la voz _mano_, mucho, de idéntica significación que las que los tahitianos y samoas, como dijimos antes, aplicaron á ciento. Estos últimos tienen el vocablo _afe_ para expresar mil y los tahitianos han tenido que formar una palabra nueva, _tawatimi_, compuesta de _tawa_ pronombre demostrativo y de _timi_, incontable innumerable. Las lenguas malayas emplean una voz de orígen extranjero: _ribu_, que en tagalog hace _libu_, proviene según mi maestro el abate Favre del hebreo _ribbo_, por el intermedio del árabe, aunque es verdad que _ribbo_ en hebreo y _ribet_ en árabe significan diez mil; pero, como pronto veremos, los malayos, al adoptar nombres sanscritos de cifras elevadas, han confundido su verdadero significado y las han consagrado á nombrar números diferentes que en la lengua de donde los tomaron.

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LAKSA, diez mil. Esta cantidad tiene nombre propio en muchas lenguas polinesianas. Ya hemos visto que la voz _mano_, gran número, gran cantidad, se aplicó en marquesano y sandwich á significar mil: en Samoa la emplean para señalar diez mil. En malayo, makasar, sundanes, javanés, dayak, lo mismo que en la mayoría de lenguas filipinas, se dice _laksa_, voz de orígen sanscrito, cuyo significado en aquella lengua es de cien mil.

No pára aquí la denominación especial para números de una cantidad elevadísima. El tagalog emplea aún la siguiente:

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YOTA, SANGYOTA, cien mil: _Sang_ es una forma del numeral uno. En sanscrito _ayuta_ significa solo diez mil, por lo que se ve que, en tagalog, se ha permutado la significación de _laksa_ y _ayuta_.

III

Después de este pequeño estudio se pueden sacar las siguientes conclusiones:

El origen del nombre de los números tagalog es triple: 1.º origen polinesiano, el más antíguo, el de la primera numeración; oceaniano, porque es común á casi todas las lenguas malayo-polinesianas: 2.º orígen própio: 3.º orígen extranjero, árabe ó hebreo (que para mi modesta opinión es lijeramente dudoso) y sanscrito.

La presencia de los nombres sanscritos significando números tan altos como diez y cien mil no debe hacernos sacar una falsa conclusión, á saber: que la numeración, por las necesidades materiales de estos pueblos, tuvo que admitir esos nombres para la facilidad de sus cálculos. La introducción y la adopción de esas voces no ha tenido un fin práctico, y es en la poesía, en los cuentos, en la literatura, en fin, de orígen hindu, tan llena de exageración oriental, ó más bien infantil, que encontraremos la razón del uso de tales voces.