Chapter 2
Teniendo que ser revolucionaria la huelga general, ¿cuándo ha de ser llevada a la práctica para su completo éxito? He aquí el problema. Hasta ahora se ha hecho uso varias veces de dicha arma; pero declaremos que es un arma tan grande, de resultados tan contradictorios si no se emplea con conocimiento de causa, que podría ser, quizá causa de nuestro rebajamiento moral. Y para que esto no suceda, la ponencia dictaminadora cree:
Que una huelga general no debe declararse para alcanzar un poco más de jornal o una disminución en la jornada, sino para lograr una transformación total en el modo de producir y distribuir los productos. Para esto es preciso una fuerte conexión entre todos los obreros, no de una región sino de las distintas regiones que integran la nación española; para que la huelga sea general en la verdadera aceptación de la palabra, quizá en la única aceptación, cuando dejen de producir al unísono todos los asalariados de un mismo país; aunque esto no sea óbice para que, cuando los trabajadores estemos bien compenetrados, la huelga general universal, que será el día que empiece a brillar la luz de la justicia.
Empero esto no suceda, y concretándonos a España, la experiencia nos ha enseñado que la huelga general en una sola localidad, si bien no nos causa grandes perjuicios porque demostramos nuestro espíritu de lucha y nuestros deseos de emancipación, lo cual ya es, como dijo un burgués, «un aldabonazo que damos a las puertas burguesas»; en cambio hemos de confesar que, localizada la huelga general en un punto y estando el resto de los obreros de la nación en pasividad completa, las fuerzas públicas, al servicio de la burguesía, se congregan en aquel lugar, siendo fácil relativamente a los gobiernos sofocar la rebelión.
Creemos, pues, que la huelga general, para su completo éxito, debe llevarse a la práctica cuando los obreros federados en la Confederación nacional estén capacitados para llevar a feliz término la renovación de las malas condiciones en que hoy se trabaja. No obstante, pueden darse, y se dan, casos en que la burguesía o los gobiernos, por su conducta egoísta, obliguen al obrero a declarar una huelga general en una localidad o en una región, y creemos, para estos casos, que el comité local sea el encargado de resolverlo, y estudiar si debe extenderse a la nación, y únicamente, en un caso concreto, y como conclusión, debe el Congreso acordar ir a la huelga general: en caso de aventuras guerreras, pues en ellas el proletariado únicamente pierde sangre y no gana nada.
TEMA 9º CUANDO ESTANDO UNA SOCIEDAD FEDERADA EN LUCHA ES ATROPELLADA POR LA POLICÍA O LA FUERZA PUBLICA, ¿QUE ACTITUD HAN DE ADOPTAR LAS DEMÁS SECCIONES FEDERADAS?
DICTAMEN:
Esta ponencia cree que el enunciado del tema que se le ha confiado debe modificarse en el sentido de incluir bajo una denominación común a la policía y a todos los demás cuerpos armados del Estado, Provincia o Municipio. Diferencia esencial entre unos y otros no existe. Ciertas Diputaciones y Municipios, cuya vida económica se lo permite, se han creado cuerpos particulares para tener amparados por la fuerza los intereses y los principios autoritario-capitalistas que representan. El Municipio y la Diputación descansan, por la práctica heredada en su ambiente burgués y por las leyes que les dieron vida, en los privilegios sociales, hallándose, además, constantemente bajo la mirada inquisitiva del Estado, que no tolera nunca que se haga, por organismos oficiales subordinados a él, obra disolvente de los dogmas fundamentales de la sociedad burguesa, a saber: la «Propiedad», origen fecundo de la prosperidad de unos pocos y de la miseria y la muerte de millones de humanos, y la «Autoridad», elemento poderoso esencial para perpetuar tan cruel situación. Por estos motivos, pues, el Municipio y la Diputación tienen fuerza armada para imponer su poderío en casos corrientes y, para los de mayor importancia, acuden a su celoso vigilante, el Estado, en demanda de los cuerpos armados que posee, comunes a todo el territorio nacional.
Podemos admitir, en consecuencia, que la misión de todos los elementos armados de que dispone el mundo oficial, es idéntica en el fondo; si en algo varía es en los grados de su potencia, de su radio de acción. Englobados ellos en uno solo y verdadero, antes de proseguir fijémonos sucintamente en la expresión «fuerza pública», que figura en esta tema, para demostrar el erróneo empleo que se le da. La palabra pública, puesta, al igual que en el presente caso, como adjetivo, quiere decir, según el Diccionario Etimológico de la Lengua Castellana, de Roque Barcia, y el de la Academia Española, «lo que pertenece a todo el pueblo».
Ahora bien, lo que se ha dado en llamar «fuerza pública», por un convencionalismo de los que tanto se cultivan en las modernas democracias, ¿pertenece realmente a todos los que componen un país cualquiera?. Por lo que hemos indicado ya, se ve que la más importante de sus funciones consiste en imponer el cumplimiento de las leyes sancionadoras de la desigualdad social y protectoras de la explotación humana. Puede haber, y hay en realidad, aún en la actual sociedad de propietarios, cosas que son verdaderamente públicas, como por ejemplo los servicios de alumbrado público, de fuentes públicas, de jardines públicos, etc., porque esta luz, este agua y estos aromas pueden disfrutarlos absolutamente todos los hombres, tanto si no poseen un céntimo como si son millonarios.
Cuando los intelectuales burgueses apologistas de esta sociedad ven que los trabajadores rechazamos sus teorías encaminadas a que aceptemos los organismos armados sustentadores de la misma, se esfuerzan por convencernos de que no sólo sirven de amparo a lo que ellos llaman «prosperidad económica del país», sino que también son una salvaguardia personal de todos sus hijos, incluso los más humildes.
Es tan contradictoria la realidad con esta afirmación, que precisamente debido a ello se ha presentado a este Congreso el tema de que tratamos; ya tendremos, por lo tanto, ocasión de ver manifestada su falsedad. De momento nos limitaremos a recordar, sencillamente, el hecho revelado por toda la prensa mundial de que la llamada «fuerza pública» de la República Argentina ha amparado y protegido a los potentados y a los hijos de los potentados que no hace mucho destrozaron, incendiaron y asesinaron en las moradas particulares de los trabajadores y en sus centros sindicales. Es decir, cumplió una vez más, pero con mayor cinismo, su papel de protectora de los intereses y principios de la burguesía en contra de los del proletariado.
Queda evidentemente demostrado, salvo error de esta ponencia, que está dispuesta a rectificar si tal cosa se le demuestra, que es falsamente aplicada la frase «fuerza pública» y que todos los cuerpos armados oficiales deben incluirse en la denominación de «fuerza armada burguesa».
Teóricamente sostienen todos los gobernantes, tanto más cuanto más democracia pregonan que en las luchas entre trabajadores y burgueses se inclinarán hasta cierto punto del lado de los obreros, por la gran simpatía que por ellos sienten, pero que pasando de dicho punto deberán mantenerse neutrales para que se ventile la cuestión entre los dos elementos en guerra, pues un gobierno, al intervenir resueltamente a favor de alguno de ellos, mostraría un parcialismo en el que no debe incurrir, porque según ha dicho recientemente Briand, el presidente del Consejo de ministros de Francia, interpretando el platonismo de todos los gobiernos liberales, «deben gobernar para toda la nación y no solamente para una clase».
Pero, paralelas a este deseo oratorio, y como demostración plena de que el capital es una fuerza inmensamente superior al Poder, por el cual ha de estar servido de una manera o de otra, se deslizan los gobernantes, alardeando de interpretar fielmente la ley y cumplirla (lo cual reconocemos nosotros que, en muchos casos, es cierto) en largas series de consideraciones sobre los servicios públicos de atención ineludible, sobre la libertad del trabajo, sobre le orden público, etc., que al traducirlas en hechos hacen que intervengan en la lucha de clases dificultando, cortando, hipócritamente o brutalmente, según les convenga, no a los dos combatientes a la vez, como algún incauto podría pensar, sino al más débil de ellos, al trabajador.
Y esto sucede en las muchas ocasiones en que, como ya hemos indicado, las autoridades dicen cumplir y realmente cumplen las leyes. Pero, ¿es que acaso no se han hecho éstas por y para los capitalistas? Los trabajadores de los tiempos modernos sabemos positivamente qué clase de principios morales, políticos y económicos han nutrido las inteligencias de los confeccionadores de leyes, y no ignoramos, ni nos sorprenden, aunque las repudiamos firmemente, las consecuencias de su obra.
Calcúlese, pues, las mil injusticias que ocurrirán cuando los gobiernos violentan la ley o pasan sencillamente por encima de ella, como sucede frecuentemente cuando de trabajadores se trata. Días pasados dijo Canalejas, queriendo justificar la intervención de la fuerza pública armada en la última huelga de mineros bilbaínos, que ello se acordó porque, en vista de lo excitadas que se iban poniendo las pasiones, su presencia en el lugar de la lucha tenía el influjo de elemento moderador. Esta palabra se deriva de moderación, que en correcto castellano significa «templanza en las acciones políticas y morales». Pues bien, con los batallones y las ametralladoras que mandó el gobierno a Bilbao, ¿a quién pretendía infundir templanza?. ¿A los patronos, para que depusieran su actitud de extremada intransigencia a la exigua demanda de los obreros? No, porque ellos se desvivieron solicitando la intervención del ejército. ¿La quería infundir exclusivamente al más débil de los dos combatientes, al trabajador, para que en pleno dominio de la templanza que le inspirarían las máquinas de guerra y la fuerza armada, se le amortiguase el vigor indispensable para la lucha, iniciándosele en su ánimo el vencimiento moral, para luego, como resultado matemático, darse por vencido materialmente al capitalismo?. Si. Por encima de todos los razonamientos que pudiésemos aportar para demostrarlo, hay el examen frío y analítico de los hechos que así lo dan a entender de una manera concluyente.
Los gobiernos liberales practican su pregonada neutralidad poniendo todo el apoyo de sus hombres armados al servicio de la parte más fuerte de los combatientes sociales, la burguesía y haciendo declaraciones contrarias a los trabajadores y pronunciando frecuentes amenazas, con todo lo cual contribuyen poderosamente a mermar la fuerza moral de los huelguistas y a la prolongación de los conflictos, constituyendo este último uno de los medios más disimulados y eficaces para que sean derrotados, pues las autoridades saben de sobras que la miseria económica a que está sometido el proletariado imposibilita el prolongar con éxito las huelgas. Además, los gobernantes y la burguesía no temen, el que estas luchas pudieran eternizarse, no; lo que les llega a preocupar hondamente es el criterio sindicalista revolucionario que las inspire y el cariz enérgico y general que ellas puedan tomar.
Debemos persuadirnos de que no sólo la neutralidad de los gobernantes es puro engaño sino que lo es también la benevolencia que algunos dicen dispensar a los trabajadores. Una prueba clara de esto la tenemos en lo ocurrido con motivo de la huelga de ferroviarios habida en París estos últimos días. El gobierno radical-socialista de la nación, haciendo protestas de amor al proletariado, ha tenido una idea ingeniosa que no sabemos se le hubiese ocurrido a ningún otro gobernante para derrotar a los trabajadores. Hallándose en plena huelga y no siendo posible tomar a cualquier pobre diablo como esquirol, porque la índole del trabajo exigía conocimientos técnicos indispensables, llamó al servicio activo militar a todos los huelguistas reservistas para, una vez incorporados a filas, obligarles al caso raro de tener que hacer de esquiroles de si propios. Y de este modo hemos tenido ocasión de anotar para la historia el hecho de que un Briand, el ayer jefe socialista propagador de la huelga general, ha pretendido rendir a los huelguistas con las penas bárbaras e inicuas del código de justicia militar.
¿Cómo era posible que el gobierno ni tan siquiera guardara neutralidad en la contienda si se hacía el ensayo de una huelga de ferrocarriles, dato pavoroso para la seguridad del mundo capitalista?. ¿Era cuerdo esperar que se mantuviese verdaderamente neutral en una lucha de los trabajadores ferrocarrileros (entre los cuales se cuentan guardabarreras que cobran, parece increíble, cinco francos al mes) contra sus explotadores, en cuyo primer término figuran los del Consejo de Administración de los Ferrocarriles del Norte de Francia (la empresa que primero sufrió la huelga) que se llaman Eduardo Rothschild, barón Gustavo Rothschild, barón Alfredo Rothschild, barón Enrique Rothschild, barón Jaime Armando Rothschild, Lord Rothschild y el barón Lambert, suegro de uno de los barones citados, siendo además esta familia dueña de la Banca de Francia y de los Ferrocarriles del Este, París, Lyon, Mediterráneo; de Cintura, de Madrid, Zaragoza, Alicante; del Sud de Austria; de las minas de la Grand’Combe y de la de Peñarroya; de seguros sobre la vida, de incendios, de máquinas y de otros muchos?. ¿Cabía ni suponer tan sólo que los revolucionarios transportados (por oportunismos de la burguesía moderna que tiene habilidad suma en aprovechar las ambiciones personales) a la condición de gobernantes, no apoyarían al monstruo capitalista, que tiene poder absoluto para devorarlos?
Pero no obstante las amenazas del gobierno, los trabajadores sindicados contestaron al llamamiento a filas con la brava consigna, que fijaron impresa por toda la capital, de «¡No obedezcamos la orden de movilización! ¡Viva la huelga!». Y la cumplieron.
Debido a esa manera especialísima de entender la neutralidad en los conflictos entre obreros y burgueses, se han visto ahora soldados ferrocarrileros como en otras ocasiones se vieron soldados electricistas, soldados impresores, soldados panaderos, soldados tranviarios, etc., y andando los tiempos, conforme los asalariados vayan adquiriendo conciencia de clase y luchen, quizás se vean también soldados modistos o vendedores de pastillas de café con leche en los cinematógrafos y teatros.
La fuerza armada burguesa interviene siempre en estas luchas con carácter nocivo para los obreros, aún cuando no pase al terreno del atropello, y para dejar esto bien demostrado hemos escrito lo precedente. Debemos prepararnos, pues, para estar a la defensiva en todos los casos, hacernos acopio de la inteligencia, de voluntad y de organización para los ataques (que no podrán acabar nunca, mientras no llegue el triunfo) dirigidos al corazón de la sociedad capitalista.
Hasta hoy los obreros organizados acostumbraban a mirar con cierta pasividad los atropellos que la fuerza armada burguesa cometía con las sociedades en lucha, ya porque los unos consideraban, faltos de criterio, que eran incidentes casi fortuitos, aislados, sin ninguna relación íntima con la lucha entre el burgués y el obrero, ya porque los otros, los conscientes, al observar la indiferencia de las masas obreras juzgaban casi imposible cualquier acción seriamente enérgica. pero en este Congreso, que tal vez sea el origen de una gran fuerza proletaria, bueno será que demos el paso inicial de afirmar una nueva actitud para lo futuro.
Contra el atropello cometido a una Sociedad federada en lucha podría esta ponencia recomendar muchas y excelentes armas, como por ejemplo acudir ante el pueblo con el mitin, hojas, carteles, y números extraordinarios de nuestro órgano en la prensa, emprender el boicotaje, el sabotaje (que tanto preocupa hoy en día), la huelga del oficio afectado por el atropello y la huelga general revolucionaria; todo esto podríamos recomendar, pero a la vez juzgamos que los organismos obreros no deben incurrir en el error de los legisladores, que confeccionan leyes y más leyes para quedar luego incumplidas, porque al chocar con la realidad de la vida no responden en nada a las necesidades, a las palpitaciones imperiosas de la misma.
Precisamente el tema de que venimos tratando es de una tal particularidad, que para resolverlo debe de tenerse en cuenta un factor importantísimo: la excitación de los trabajadores causada por el supuesto atropello. ¿Y cómo es posible en cosas que interesan al sentimiento de un modo capital tomar resoluciones de antemano?. ¿Acaso es factible predecir los grados de indignación que causará un atropello, desconociendo los caracteres de crueldad que haya revestido, si ha habido motivo provocador del mismo y otros detalles de interés, para que sometamos a la deliberación del Congreso determinadas, concretas, definidas y detalladas actitudes?
Pongamos dos breves ejemplos prácticos, retratados de la vida real, en apoyo de nuestro parecer. Cuando un agente autoritario al tratar de cachear a un obrero huelguista e indicarle éste que debe ponerse los guantes para efectuarlo, le contesta a bofetadas, es evidente que comete un atropello; igualmente se comete un atropello cuando, ha ocurrido en diferentes países, masas de obreros van en manifestación por las calles, contra aventuras del gobierno que se juzgan de ruina y muerte para el pueblo y aparece repentinamente un nutrido grupo de agentes autoritarios que, sin previo aviso dispara contra la masa, cayendo hombres, mujeres y hasta niños (estos sublimes inocentes que los legisladores no se han atrevido a llevarlos al cadalso) vilmente asesinados por las balas burguesas.
Los dos casos constituyen un atropello, es muy cierto; pero es tan grande su diferencia que también deberían ser grandemente diferentes los acuerdos que respecto a los mismos pudieran tomarse.
Esta ponencia cree, por consiguiente, que la Federación, ante el atropello cometido con alguna sociedad en lucha, debe abandonar la actitud casi tradicional en las sociedades obreras, de pasividad y de lamentos estériles para las víctimas, trocándola por una acción decidida cuya especificación de detalles y potencia de desarrollo lo determinarán inflexiblemente las circunstancias que concurran en los acontecimientos.
En resumen; afirma esta asamblea, si a bien lo tiene que, en el futuro, los gobernantes que atropellen por medio de su fuerza armada a alguna de las hermanas federadas, se encontrarán, no con las lágrimas , sino con la actuación resuelta de esta Federación; y, además que se cree ocioso definir actitudes venideras, por lo que deja el camino bien expedito para llegar a los más grandes y vivísimos caracteres de energía en la protesta, según fuese la magnitud del atropello.
Se aprueba la siguiente proposición incidental:
Proponemos a la asamblea que no sólo apruebe la conclusión leída sino que como primer acto de propaganda de la Federación Nacional se haga una gran tirada del dictamen y se reparta en toda España.
OTRAS PROPOSICIONES ACORDADAS
TRABAJO DE LA MUJER
La ponencia entiende que dada la constitución física de la mujer, este Congreso debe considerar como inhumano el trabajo que ésta efectúa, ya sea en la carga y descarga y en otros trabajos cuyo esfuerzo es superior a su constitución. Nosotros consideramos
que lo que ha de constituir precisamente la redención moral de la mujer -hoy supeditada a la tutela del marido- es el trabajo que ha de elevar su condición de mujer al nivel del hombre, único modo de afirmar su independencia.
Además, hemos de considerar que la disminución de horas de trabajo de muchos de nosotros la debemos indirectamente al penoso trabajo de las mujeres en las fábricas; mientras tanto que muchos de nosotros permitimos que nuestras compañeras se levanten de la cama antes de las cinco de la mañana y nosotros permanezcamos descansando. y cuando la mujer acaba de derramar su sangre por espacio de doce horas, para mantener los vicios de un explotador, llega a su casa y en lugar de un descanso se encuentra con un nuevo burgués -compañero- que con la mayor tranquilidad espera que haga los quehaceres domésticos.
Por consiguiente, como conclusiones la ponencia expone al Congreso:
1º Abolición de todo trabajo que sea superior a sus fuerzas físicas.
2º Entendiendo que para lograr su independencia la mujer necesita del trabajo y por consiguiente éste es penoso y mal retribuido. Proponemos:
1º Que el salario responda a su trabajo con idéntica proporción al del hombre.
2º Que sea deber de las entidades que integran la Confederación Nacional del Trabajo Española, se comprometan a hacer una activa campaña para asociar a las mujeres y para disminuir las horas de labor.
3º Esta ponencia determina que no debe permitirse bajo ningún concepto que trabaje un mes antes de su parto y hasta un mes después de haber dado a luz.
REGLAMENTO PROVISIONAL
Que, tras su lectura fue aprobado y acordaron apareciera en el periódico «SOLIDARIDAD OBRERA».
La ponencia acepta lo propuesto por Lostau: «el compañero Lostau, delegado de los Cerrajeros de obras, de Barcelona, impugna el reglamento de la Federación, opinando que ésta ha de ser titulada Confederación».
FORMA DE ORGANIZAR A LOS AGRICULTORES
Esta ponencia reconoce que como medio para organizar a los obreros agrícolas debe llevarse cuanto antes a la práctica el acuerdo relacionado con la forma de reorganizar y asociar a los obreros dispersos. Al mismo tiempo recomienda a los congresistas como medio eficaz para cooperar a la unión de los agricultores, se ponga en práctica por los oficios afines a éstos el boicot contra todos aquellos patronos que tengan jornaleros no asociados.
CONCURRENCIA DE DOS SOCIEDADES DEL MISMO OFICIO EN MISMA LOCALIDAD DENTRO DE LA FEDERACIÓN
La Ponencia Revisora de Credenciales del Segundo Congreso de Solidaridad Obrera, tiene a bien presentar el siguiente dictamen con relación a los de las Sociedades de Obreros Tipógrafos y Obreros Mecánicos. Cumpliendo el acuerdo del primer Congreso Regional de Solidaridad Obrera, que dice: «que a partir de la fecha del acuerdo no puede la Confederación Regional reconocer personalidad a ninguna entidad de las que se formen habiendo ya otras del mismo oficio», teniendo en cuenta que en las dos Sociedades objeto del presente dictamen concurre esta circunstancia y considerando, por último, que no hay motivos para rectificar dicho acuerdo, procede la no admisión en el presente Congreso de dichas entidades
Se da lectura al acuerdo recaído en este mismo asunto en el Congreso anterior. Castillo dice no se cumple el acuerdo del anterior Congreso de que no pueden existir dentro de la Federación dos entidades del mismo oficio de una localidad. El delegado de los sombreros fullistas manifiesta que puesto que el acuerdo del anterior Congreso dice que dentro de la federación se dará preferencia siempre que existan dos sociedades del mismo oficio a la que sea su norma de conducta más afín a la táctica que sigue Solidaridad, no cabe discusión, siendo el Consejo quien estudie este asunto.
BOICOT AL PERIÓDICO «EL DILUVIO»
Se presenta una proposición del compañero Salud pidiendo se declare el boicot a «El Diluvio» por su labor realizada contra los obreros, dándose lectura a un artículo del mismo, aprobándose el boicot con un voto en contra.
PROTESTA POR EL ALARDE DE FUERZAS DESPLEGADO POR LA AUTORIDAD CON MOTIVO DE LA CELEBRACIÓN DEL PRESENTE CONGRESO
Siendo aprobada por unanimidad.
SOLIDARIDAD CON LOS COMPAÑEROS DE SABADELL
Se da lectura a un telegrama recibido de Sabadell pidiendo la declaración de la huelga general revolucionaria como solidaridad a la que ellos sostienen según el acuerdo tomado anteriormente.
Se aprueba otra proposición declarando las simpatías con que ve el Congreso la lucha sostenida por los compañeros de Sabadell, por la energía y decisión con que sostienen sus derechos contra sus explotadores.
SANIDAD