Conferencia Mundial contra el Racismo, la Discriminación Racial, la Xenofobia y las Formas Conexas de Intolerancia

Part 18

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Anexo III: MESA REDONDA DE JEFES DE ESTADO Y DE GOBIERNO

1. El 31 de agosto de 2001, a las 15.00 horas, la Conferencia Mundial contra el Racismo, la Discriminación Racial, la Xenofobia y las Formas Conexas de Intolerancia celebró una mesa redonda de Jefes de Estado y de Gobierno, presidida por el Excmo. Sr. Thabo Mbeki, Presidente de la República de Sudáfrica. El Sr. Mbeki formuló una declaración.

2. El Secretario General de las Naciones Unidas, Sr. Kofi Annan, formuló la declaración de apertura de la mesa redonda.

3. Los siguientes Jefes de Estado y de Gobierno participaron en la mesa redonda:

Excma. Sra. Vaira Vike-Freiberga, Presidenta de la República de Letonia;

Excmo. Sr. Olusegun Obasanjo, Presidente de la República Federal de Nigeria;

Excmo. Sr. Abdoulaye Wade, Presidente de la República del Senegal;

Excmo. Sr. Pedro Verona Rodrigues Pires, Presidente de la República de Cabo Verde;

Excmo. Sr. Yoweri Kaguta Museveni, Presidente de la República de Uganda;

Excmo. Sr. Yasser Arafat, Presidente de la Autoridad Palestina;

Excmo. Sr. Paul Kagame, Presidente de la República Rwandesa;

Excmo. Sr. Fidel Castro, Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros de Cuba;

Excmo. Sr. Didjob Divungui Di-Ndinge, Vicepresidente de la República Gabonesa;

Excmo. Sr. Abdelaziz Bouteflika, Presidente de la República Argelina Democrática y Popular;

Excmo. Sr. Jozo Krizanovic, Presidente de Bosnia y Herzegovina;

Excmo. Sr. Pascoal Manuel Mocumbi, Primer Ministro de la República de Mozambique;

Excmo. Sr. Denis Sassou Nguesso, Presidente de la República del Congo.

4. Formularon preguntas u observaciones a los participantes en la mesa redonda los representantes del Canadá, las Comoras, Cuba, España, Filipinas, la Jamahiriya Árabe Libia, Jamaica, Letonia, México y Nepal.

5. Formularon preguntas u observaciones a los participantes los representantes de las siguientes organizaciones no gubernamentales: Law Society, National Campaign on Dalit Human Rights y la Liga Internacional de Mujeres pro Paz y Libertad.

6. Se sostuvo un diálogo abierto en el que los participantes respondieron a las preguntas y las observaciones.

7. Formularon observaciones finales el Excmo. Sr. Thabo Mbeki, Presidente de Sudáfrica, y la Sra. Mary Robinson, Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos.

Anexo IV: DECLARACIONES DE CLAUSURA

Declaración del Excelentísimo Señor Thabo Mbeki,

Presidente de la República de Sudáfrica

Llegamos al final de una histórica Conferencia Mundial contra el Racismo, la Discriminación Racial, la Xenofobia y las Formas Conexas de Intolerancia. Cuando nos disponemos a regresar a nuestros respectivos hogares, quiero agradecerles muy sinceramente haber venido a Durban a participar en la importante labor realizada en las reuniones gubernamentales y no gubernamentales celebradas durante la pasada quincena. Quisiera también pedir disculpas por cualquier inconveniente que haya causado a los delegados alguna falta de los sudafricanos. Al disponernos a regresar a casa, es natural que nos hagamos esta pregunta: ¿Logramos en Durban lo que deseábamos conseguir? Mucho antes de concluir nuestra labor, los escépticos dijeron que la Conferencia había fracasado. Algunos no acudieron porque son indiferentes al sufrimiento provocado por las numerosas lacras sociales que hemos examinado. Evidentemente, otros no asistieron porque pensaron que había otros asuntos más importantes que la tentativa de unir a los pueblos del mundo en una lucha resuelta contra el racismo, la discriminación racial, la xenofobia y las formas conexas de intolerancia. Los que nos interesamos profundamente por estos asuntos decisivos de los derechos humanos para todos y la dignidad humana para todos acudimos, nos quedamos y afrontamos estos temas con toda la seriedad que exigen. Lo hicimos del mismo modo en que nos empeñamos hasta el final en la lucha por derrotar al crimen del apartheid contra la humanidad. Llegamos a las posiciones que hemos asumido sin equívocos. Al propio tiempo, nos negamos a suscribir el pronunciamiento, difícil de comprender, de que los derechos humanos de algunos sean superiores a los derechos humanos de otros. Resistimos las presiones por suscribir la inhumana sugerencia de que la dignidad humana puede ser repartida por el mundo en partes desiguales. Al concluir nuestra estancia en Durban, podemos afirmar categóricamente que hemos logrado lo que pretendíamos. Nos reunimos aquí no sólo en calidad de gobiernos sino en calidad de pueblos del mundo. Y como pueblos hemos lanzado una clarinada que ha resonado en todos los rincones del planeta. Nuestro llamamiento desde esta Conferencia Mundial a los pueblos del mundo es a combatir el racismo, la discriminación racial, la xenofobia y las formas conexas de intolerancia con la máxima determinación y perseverancia porque son males que siguen contaminando a la sociedad humana. Pocos en el mundo pueden decir que no nos han escuchado. Pocos en nuestro universo podrán decir en adelante que no actuaron simplemente porque no sabían. Por la valentía que hemos mostrado al enfrentar el flagelo del racismo, ya no puede ser que esta cuestión, al igual que el importante problema del sexismo, sea relegada a las márgenes de la política social y pública. El claro mensaje emitido por la Conferencia Mundial contra el Racismo es que la lucha contra el racismo es una lucha por los derechos humanos, la dignidad y la erradicación de la pobreza. La comunidad mundial recibirá también de Durban el mensaje de que los pueblos del mundo se han unido resueltamente para actuar contra el racismo, la discriminación racial, la xenofobia y las formas conexas de intolerancia, y no sólo para condenar estos males. A partir de hoy verán esa determinación común expresada en la Declaración y el Programa de Acción que hemos aprobado y que todos nos hemos comprometido a aplicar. El hecho de que hayamos aprobado una Declaración y un Programa de Acción realza el hecho de que si tenemos la voluntad política de triunfar, podremos llegar a un consenso en torno a todos los temas. Igualmente pone de relieve que las conferencias internacionales no son tribunas para imponer dogmáticamente las posiciones propias. Nos permiten sostener debates francos y abiertos para llegar a soluciones. Podemos sentirnos orgullosos de haber trabajado honestamente para llegar a un consenso. Ninguno de nosotros consiguió todo lo que quería, pero hemos iniciado un proceso histórico que sienta sólidas bases para proseguir la lucha por construir un mundo mejor para todos. Confiamos en que quienes abandonaron prematuramente el proceso aceptarán el Programa de Acción y se sumarán a la cruzada internacional contra el racismo, la discriminación racial, la xenofobia y las formas conexas de intolerancia. Podemos decir sin vacilar que otro logro de la Conferencia Mundial es haber señalado lo que debemos hacer para combatir el racismo y avanzar hacia su eliminación en todas partes del mundo. De ahora en adelante, pocos en el mundo podrán decir que no hicieron nada simplemente porque no sabían qué hacer. Como el racismo, la discriminación racial, la xenofobia y las formas conexas de intolerancia constituyen un obstáculo mundial al empeño por construir un mundo humano, es preciso que todos los que hemos asumido este desafío nos unamos en un formidable movimiento a favor de la dignidad de todos los seres humanos en todo lugar. La celebración de la Conferencia Mundial nos ha brindado la posibilidad de reforzar el proceso de desarrollo de este movimiento mundial contra el racismo, al permitirnos buscar un entendimiento común del desafío que afrontamos y comprometernos a actuar conjuntamente. Saludamos igualmente a la Secretaría General de la Conferencia por la importante iniciativa de las Naciones Unidas de asegurar que los gobiernos, las organizaciones no gubernamentales y la juventud centraran su atención en la lucha contra el racismo, la discriminación racial, la xenofobia y las formas conexas de intolerancia. Como gobiernos quizás no estemos de acuerdo con algunas de las conclusiones a que llegaron las organizaciones no gubernamentales. Pero ello no debe restarle peso al hecho de que estas organizaciones constituyen un componente importante del movimiento mundial contra el racismo del cual hemos hablado. Tampoco debe debilitar nuestra determinación como gobiernos de trabajar en conjunto con la juventud y el sector no gubernamental en el lanzamiento de una ofensiva unida y sostenida para hacer retroceder las fronteras del racismo. Ello significa también que como gobiernos debemos responder ante los pueblos del mundo informando periódicamente de lo que hacemos para aplicar el Programa de Acción aprobado y respondiendo a la crítica pública legítima si no actuamos. Creo que todos coincidimos en que el compromiso de acción que hemos asumido es también un compromiso de solidaridad de los unos hacia los otros en todo el planeta. Debemos recordar el poderoso movimiento internacional que construimos juntos para poder actuar unidos contra el racismo del apartheid en Sudáfrica e inspirarnos en él. Juntos debemos expresar con nuestros actos que representamos un nuevo internacionalismo sustentado en el reconocimiento de que la agresión contra uno es una agresión contra todos. De este modo infundiremos fuerza y confianza a las víctimas del racismo, la discriminación racial, la xenofobia y las formas conexas de intolerancia que pueden ser demasiado débiles para actuar por su propia cuenta pero que se harán fuertes si todos respondemos al propósito de esta Conferencia Mundial de unir a los pueblos del mundo contra el racismo. Quienes hemos tenido el privilegio de participar en esta Conferencia como delegados no podremos negar que escuchamos las voces de aquellos que nunca son escuchados porque son los olvidados, los marginados y los despreciados. Ninguno de nosotros partirá de Durban sin haber aprendido algo nuevo. Ninguno podrá decir honestamente que se ha ido de esta ciudad sin haber estado expuesto al sufrimiento de comunidades cuyo padecer le era antes desconocido. Aunque no hubiéramos logrado nada más, ya habría sido bastante el mero hecho de haber permitido a los que nunca antes tuvieron la posibilidad de romper las barreras del silencio que contaran al mundo sus conmovedores relatos de opresión y explotación a manos de otros seres humanos que hacen a otros lo que nunca permitirían que se les hiciera. Ciertamente deberá ser responsabilidad de las Naciones Unidas y de todos asegurar que los miles de millones de personas que no escucharon esos testimonios tengan la oportunidad de conocer las flagrantes injusticias que siguen formando parte integral de una sociedad humana que se ufana de sus conquistas en esferas tan decisivas como las de la democracia, los derechos humanos y el imperio de la ley. Señora Presidenta, distinguidos delegados: Nuestro mundo contemporáneo se caracteriza por al menos cuatro rasgos distintivos. Uno de ellos es el fin de la guerra fría y el consiguiente ascenso de algunos a una posición de predominio exclusivo en el ejercicio del poder mundial. El segundo, derivado del primero, es la realidad de que esta Potencia dominante colectiva establece una agenda política y económica mundial, de la cual se deriva la aplicación de medidas que según esa Potencia representan la esencia de lo bueno. El tercer rasgo es el proceso de globalización, que nutre esta agenda mundial y se nutre de ella, confiriéndole el carácter de un proceso natural frente al cual no hay ninguna alternativa. El cuarto rasgo de nuestros tiempos es la postergación aún mayor de los que ya están marginados del poder, lo cual los somete a imperativos que escapan por entero a su influencia o control. Nos reunimos en Durban para debatir lo que podemos hacer colectivamente para cambiar las condiciones de vida de las personas afectadas por el racismo, la discriminación racial, la xenofobia y las formas conexas de intolerancia. En otras palabras, nos reunimos en Durban para acordar, en la medida de lo posible, lo que debemos hacer para cambiar las condiciones de vida de quienes son hoy los más postergados y las peores víctimas de un proceso de marginación que continúa. Más que nadie, estas masas claman por la democracia y por que su voz sea escuchada, considerada seriamente y atendida. Se trata de militantes incansables de la causa de los derechos humanos y el imperio de la ley, y por tanto del derecho a llevar una existencia humana de seres iguales a los demás seres humanos. Depositan sus esperanzas en el futuro porque creen en quienes anuncian que el proceso de globalización traerá la prosperidad para todos. Les complace tener la posibilidad de ser tratados como seres humanos y no como meras cifras cambiables y desechables en una gigantesca partida ideológica que juegan los detentores del poder para poder seguir aferrados al poder y preservar un determinado equilibrio de poder. Pero también saben por su propia experiencia cotidiana que el futuro prometido aún tiene que hacerse realidad. Saben muy bien que siguen siendo desiguales a otros. La existencia que llevan y su enajenación de las instituciones del poder hacen dudar a algunos de la eficacia de los medios democráticos para mejorar sus vidas. Están conscientes de que no tienen ningún acceso al mundo al cual se les dice que pertenecen como seres humanos. Saben que del mismo modo que ayer y hoy el hambre y la miseria han sido su suerte, así lo serán mañana. Porque saben todas estas cosas, las masas enviaron a sus representantes a Durban para que sus preocupaciones y aspiraciones formaran parte de la agenda global que ha de configurar nuestro mundo en el siglo XXI. Las decisiones que hemos adoptado deben estar incluidas en esa agenda. Su significación nos impone asumir seriamente la tarea de convertirlas en realidad. Exige que venzamos la oposición de quienes se benefician del silencio y la invisibilidad de las víctimas del racismo, la discriminación racial, la xenofobia y las formas conexas de intolerancia. Aquéllos seguirán argumentando que las víctimas del racismo, la discriminación racial, la xenofobia y la intolerancia conexa hacen mal en defender su causa, se equivocan al dar a conocer el dolor que sienten. Tal como lo intentaron aquí en Durban, nos pedirán que hablemos de cosas que no son las que nos interesan. Porque nos consideran los habitantes de la periferia de la sociedad humana, se empeñarán en decidir por nosotros lo que debe ser nuestra agenda. En Durban, dijimos no a todo ello. Al hacer lo que teníamos que hacer en la Conferencia Mundial contra el Racismo, la Discriminación Racial, la Xenofobia y las Formas Conexas de Intolerancia, escogimos escuchar la voz del eximio poeta chileno Pablo Neruda:

"Preguntaréis: y dónde están las lilas? y la metafísica cubierta de amapolas? y la lluvia que a menudo golpeaba sus palabras llenándolas de agujeros y pájaros? Preguntaréis por qué su poesía no nos habla del sueño, de las hojas, de los grandes volcanes de su país natal? Venid a ver la sangre por las calles, venid a ver la sangre por las calles, venid a ver la sangre por las calles."

No deberá ocurrir que quienes escucharon el mensaje de esperanza de Durban algún día tengan ocasión de repetir con Pablo Neruda:

"pero de cada niño muerto sale un fusil con ojos, pero de cada crimen nacen balas que os hallarán un día el sitio del corazón."