Part 17
Declaración del Señor Kofi Annan, Secretario General de las Naciones Unidas Ayer Sudáfrica perdió un dirigente y nuestro hermano Thabo un padre. Les pido que nos pongamos de pie y observemos un momento de silencio. Cada uno de nosotros debe sentir el simbolismo de este momento: la conjunción del tema, del momento y del lugar. Durante decenios, el nombre de este país era equivalente al racismo en su más horrible forma, pero hoy, señor Presidente, usted y sus compatriotas han transformado su significado: de un sinónimo de injusticia y opresión a un faro de progresismo y esperanza, no sólo para un continente aquejado de problemas, sino para todo el mundo. ¿Dónde, si no, amigos míos, hubiéramos podido celebrar esta Conferencia? ¿Quién nos hubiera podido enseñar a superar el racismo, la discriminación y la intolerancia sino el pueblo de este país? Saludamos su dirección, señor Presidente. Saludamos el heroico movimiento que usted representa. Saludamos a Madiba, cuya ausencia en el día de hoy todos lamentamos, pero cuya presencia, en un sentido más profundo, sentimos todos. Saludamos la memoria de todos los que combatieron por la justicia y la libertad en este país -de Mohandas Gandhi a Oliver Tambo; de Steve Biko a Ruth First- y, por supuesto, Govan Mbeke, a quien todos lloramos hoy. Y también reconocemos el valor de F. W. de Klerk, quien hizo frente a lo inevitable y persuadió a su propio pueblo de aceptarlo. Pero, en verdad, amigos míos, estamos aquí para aprender y no para congratularnos. Estamos aquí para compartir experiencias, perspectivas y evaluaciones, de cuánto hemos avanzado, y de cuánto debemos todavía avanzar para derrotar al racismo. Algo que podemos celebrar es el hecho de que el racismo sea ahora condenado universalmente. Pocas personas en el mundo de hoy niegan abiertamente que los seres humanos nacen con igualdad de derechos. Pero demasiadas personas son todavía tratadas injustamente por pertenecer a un grupo determinado, ya sea nacional, étnico o religioso, definido en función del género o del origen. A menudo esta discriminación se oculta tras falaces pretextos. No se contrata a alguien porque, aparentemente, carece de calificaciones docentes, o se le deniega una vivienda dada la elevada tasa de criminalidad en su comunidad. Sin embargo, estos mismos hechos, aun cuando sean ciertos, son a menudo resultado de la discriminación. La injusticia constriñe a las personas a la pobreza, la pobreza se convierte en el pretexto para la injusticia y así se acumulan nuevos agravios sobre los ya existentes. En muchos lugares se maltrata a las personas y se les niega protección alegando que no son ciudadanos, sino inmigrantes indeseados. Sin embargo, acuden con frecuencia a un nuevo país a realizar trabajos que se necesitan con mucha urgencia o acuden no voluntariamente sino como refugiados para huir de la persecución en su propio país. Esas personas necesitan una protección especial y tienen derecho a ella. En otros casos, se oprime a los pueblos indígenas y a las minorías nacionales porque se considera que su cultura y libre expresión constituyen amenazas a la unidad nacional y, cuando protestan, se toma esto como prueba de su culpabilidad. En casos extremos -que, desgraciadamente son muy frecuentes- las personas pertenecientes a esos grupos son expulsadas por la fuerza de sus hogares, o incluso asesinadas, aduciendo que su propia presencia constituye una amenaza para la seguridad de otras personas. En ocasiones estos problemas son en parte la herencia de terribles injusticias perpetradas en el pasado, como la explotación y exterminación de los pueblos indígenas por las Potencias coloniales, o el trato de millones de seres humanos como simple mercancía lista para ser transportada y enajenada por otros seres humanos con el fin de obtener un beneficio comercial. Cuanto más se remontan estos hechos en el pasado, más difícil resulta depurar responsabilidades. Sin embargo, los efectos continúan haciéndose sentir. Todavía se experimenta el dolor y la furia. Los muertos, por conducto de sus descendientes, claman justicia. Establecer una conexión con delitos cometidos en el pasado tal vez no sea la manera más constructiva de remediar en términos materiales las desigualdades actuales. Pero no sólo de pan vive el hombre. El sentimiento de continuidad con el pasado forma parte integrante de la identidad de cada hombre o de cada mujer. Puede seguirse el rastro de algunas injusticias históricas hasta personas que están todavía en vida, o empresas que todavía siguen funcionando. Esas personas o empresas deben esperar que se les tenga por responsables. Cabe que la sociedad contra la que han cometido una injusticia les perdone, como parte del proceso de reconciliación, pero no pueden exigir el perdón, como si fuera un derecho. Mucho más difíciles son los casos en que los beneficios y pérdidas individuales se han visto oscurecidos por una multitud de transacciones más recientes; sin embargo, aun en estos casos, sigue habiendo una continuidad entre las sociedades y los Estados de hoy y los que cometieron los delitos iniciales. Cada uno de nosotros tiene la obligación de considerar cuál es su engarce en esta compleja cadena histórica. Es siempre más fácil pensar en las injusticias que ha sufrido la sociedad de uno mismo. Es menos agradable pensar de qué manera nuestra buena fortuna puede estar relacionada con sufrimientos ajenos, en el pasado o en el presente. Pero, si somos sinceros en nuestro deseo de superar los conflictos del pasado, todos debemos hacer el esfuerzo mental. Incumbe una responsabilidad especial a los dirigentes políticos, que han aceptado la tarea de representar a la sociedad en su conjunto. Deben rendir cuentas a sus compatriotas, pero también, en cierto sentido, deben rendir cuentas de ellos y de las acciones de sus predecesores. Hemos visto, en los últimos decenios, algunos ejemplos notables de dirigentes nacionales que han asumido esta responsabilidad, reconociendo las injusticias cometidas en el pasado y pidiendo perdón -u ofreciendo sus excusas- a las víctimas y a sus herederos. Estos gestos no pueden justificar las injusticias del pasado. Pueden en ocasiones ayudar a liberar al presente -y el futuro- de las cadenas del pasado. Pero, en cualquier caso, señor Presidente, las injusticias pasadas no deben hacernos desviar la atención de los males presentes. Nuestro objetivo debe ser el de hacer desaparecer de este nuevo siglo los odios y prejuicios que han desfigurado a siglos anteriores. Este combate constituye la base de nuestra labor en las Naciones Unidas. Concretamente en este año, en acontecimientos tales como la Conferencia sobre los Países Menos Adelantados, el período extraordinario de sesiones sobre el VIH/SIDA o el período extraordinario de sesiones sobre la infancia, que se celebrará el próximo mes, hemos encontrado con frecuencia que el racismo y la discriminación eran los mayores obstáculos que había que superar. Y en nuestra labor de mantenimiento y consolidación de la paz nos encontramos a menudo batallando -una y otra vez- con los efectos de la xenofobia y la intolerancia. Solamente si atacamos de raíz estos males podemos esperar prevenir los conflictos antes de que estallen. Y esto significa adoptar medidas firmes para erradicarlos de toda sociedad, ya que, desgraciadamente, ninguna sociedad es inmune. El pasado año, los dirigentes de nuestros Estados Miembros decidieron, en su Declaración del Milenio "adoptar medidas para garantizar el respeto y la protección de los derechos humanos de los migrantes, los trabajadores migratorios y sus familias, eliminar los actos de racismo y xenofobia cada vez más frecuentes en muchas sociedades y promover una mayor armonía y tolerancia en todas las sociedades". Con estas palabras, señor Presidente, dieron a esta Conferencia su verdadero programa. No debemos partir de esta ciudad sin llegar a un acuerdo sobre las medidas prácticas que todos los Estados deben adoptar para cumplir esa promesa. Esto debe reflejarse en nuestros presupuestos y planes de desarrollo, en nuestras leyes e instituciones y, sobre todo, en nuestros planes de estudio. Recordemos que nadie nace siendo racista. Los niños aprenden el racismo del entorno social, a medida que se hacen mayores, y con demasiada frecuencia son los medios de comunicación los que, deliberadamente o por inadvertencia, refuerzan los estereotipos. No debemos sacrificar la libertad de prensa, pero sí rechazar activamente los argumentos pseudocientíficos y oponer a las imágenes negativas imágenes positivas, enseñando a nuestros niños y a nuestros compatriotas a no temer la diversidad, sino a apreciarla. Ha sido sumamente difícil preparar esta Conferencia, ya que no es fácil llegar a un consenso sobre las cuestiones que deben tratarse. Es cierto que todos estamos de acuerdo en condenar el racismo. Pero este mismo hecho hace que la acusación de racismo, contra un determinado individuo o grupo, sea especialmente dolorosa. Es dolorosa para el propio orgullo, ya que pocos de nosotros nos consideramos racistas. Y suscita temor, ya que, después de que un grupo es acusado de racismo, se convierte en posible objetivo de represalias y, quizás, de persecución a su vez. En ningún lugar es esto más cierto hoy que en el Oriente Medio. El pueblo judío ha sido víctima del antisemitismo en muchas partes del mundo y en Europa fue objeto del Holocausto, la mayor abominación. Este hecho jamás debe ser olvidado ni infravalorado. Es comprensible, por lo tanto, que muchos judíos se sientan profundamente contrariados si se acusa de racismo al Estado de Israel, tanto más cuando coincide con ataques indiscriminados y por completo inaceptables contra civiles inocentes. Sin embargo, no podemos esperar que los palestinos acepten esto como razón para pasar por alto las injusticias cometidas contra ellos -desplazamientos, ocupación, bloqueo y, ahora, ejecuciones extrajudiciales- cualesquiera que sean las palabras con que se califiquen. Pero, amigos míos, esta Conferencia no tiene por objeto formular acusaciones recíprocas. Nuestro principal objetivo debe ser el de mejorar la suerte de las víctimas. Reconozcamos que todos los países tienen problemas de racismo y discriminación. En lugar de ocuparnos de un país o región, tratemos de partir de aquí con el compromiso de cada país de elaborar y aplicar su propio plan nacional para combatir el racismo, de conformidad con los principios generales que hayamos acordado. Durante semanas y meses, nuestros representantes se han esforzado por llegar a un acuerdo sobre esos principios. Y han hecho grandes progresos. Se ha llegado a un acuerdo sobre amplias partes de la Declaración y Programa de Acción, incluidos textos relativos a cuestiones tan difíciles como las de los pueblos indígenas, migrantes, refugiados y "afrodescendientes". Amigos míos, esta Conferencia es la piedra de toque para nuestra comunidad internacional de su voluntad de unirse sobre una cuestión que reviste una importancia capital en la vida de las personas. No fracasemos en esta prueba. Los preparativos para esta Conferencia han promovido una extraordinaria movilización de la sociedad civil en muchos países. Han creado expectativas que no debemos defraudar. Si partimos de aquí sin llegar a un acuerdo, habremos reconfortado a los peores elementos de toda sociedad. Pero si, después de todas las dificultades, podemos partir con un llamamiento a la acción apoyado por todos, enviaremos una señal de esperanza a las bravas personas que luchan contra el racismo en todo el mundo. Elevémonos por encima de nuestros desacuerdos. Hace demasiado tiempo que se prolongan las discusiones. Hagámonos eco de la consigna que resonó en todo este país durante las elecciones de 1994, al final de la larga lucha contra el apartheid: SEKUNJALO. Ha llegado el momento. Declaración del Excelentísimo Señor Thabo Mbeki, Presidente de la República de Sudáfrica En nombre del pueblo de Sudáfrica y de nuestro Gobierno, tengo el privilegio de sumarme a quienes les han dado a ustedes la bienvenida a Sudáfrica y a esta histórica Conferencia Mundial, que tiene el potencial y la responsabilidad de transmitir un mensaje de esperanza a miles de millones de personas en todo el mundo. Nos hemos congregado porque estamos unidos en nuestro empeño de garantizar que todo ser humano lleve una vida de dignidad. Nos reunimos aquí porque estamos resueltos a garantizar que nadie sea objeto en ninguna parte del insulto y la ofensa de ser despreciado por otro u otros a causa de su raza, color, nacionalidad u origen. Estamos comprometidos juntos a la realización del objetivo de que todo ser humano goce de los derechos humanos en igualdad con otros seres humanos, con todo el derecho y posibilidad de determinar su futuro y el destino de su país. Esto significa en verdad que no se puede negar a nadie la ciudadanía por ningún motivo ni convertir a ningún grupo en refugiados permanentes sin el derecho ni la posibilidad de crear un hogar nacional que verdaderamente pueda considerar suyo. Estoy seguro de que estamos resueltos a hablar con una sola voz para afirmar que ninguna cultura, idioma o tradición de ningún pueblo es inferior ni merecedor de desprecio, burla o destrucción. Con esto queremos dejar firmemente sentado que todos los pueblos y todas las naciones tienen derecho recíprocamente y por igual a su identidad y a su orgullo nacional. Nos hemos reunido en Durban porque hemos comprendido que la pobreza no es una condición humana natural. En consecuencia, constituye un ataque directo a la dignidad humana de todos los condenados a las privaciones y que se ven así obligados a pedir limosna, robar o prostituirse porque son pobres o de quienes hacen uso indebido de drogas para aliviar el dolor del hambre y la desesperación. Comprendiendo todo esto, nos hemos reunido aquí porque nos hemos dicho que, dado que la pobreza no es una condición natural, sino el producto de la sociedad humana, debemos, en cuanto sociedad humana, luchar juntos y vencer la pobreza y el subdesarrollo. Nos hemos reunido, en lo que algunos piensan que es una nueva edad de la razón, porque sabemos que existen hoy en la sociedad humana los conocimientos y los medios para superar efectivamente esa pobreza y subdesarrollo. La cuestión que queda por responder es la de qué ha de hacerse para aplicar estos poderosos recursos intelectuales y materiales de manera que la pobreza en cualquier parte llegue a ser algo del pasado. Ha sido necesario que nos reuniéramos en Durban porque hemos reconocido conjuntamente que hay muchas personas en nuestro mundo común que padecen indignidades y humillaciones porque no son blancas. Se desprecia sus culturas y tradiciones por considerarlas salvajes y primitivas y se deniega sus identidades. Se trata de personas que no son blancas y que se encuentran profundamente hundidas en la pobreza. Se dice que ellas que son humanos, pero negros, mientras que se califica a otras de humanos, pero blancos A quienes tienen que soportar el dolor de este mundo real, les parece que los cantantes de blues tenían razón al condenar el mundo en el que se decía: si eres blanco está muy bien; si eres moreno, espera un poco; si eres negro, ¡vuélvete, hermano, vuélvete! Hablo así, de una manera que a algunos les puede parecer demasiado cruda y descarnada, pero procedo de un pueblo que ha conocido la amarga experiencia de la esclavitud, el colonialismo y el racismo. Es un pueblo que sabe lo que significa ser víctima de un racismo rabioso y de la discriminación racial. Entre nosotros están las mujeres que sufrieron todavía más porque tenían que soportar también la carga de la opresión y discriminación por motivos de género. Debido a esta experiencia, contra cuyos resultados seguimos combatiendo hasta la fecha, y seguiremos haciéndolo durante considerable tiempo, sabemos también lo que puede lograrse cuando los pueblos del mundo se unen para decir que no tolerarán ya más que un ser humano sufra a manos de otro debido a su raza, color, nacionalidad y origen. Al darles la bienvenida a Sudáfrica les acogemos como camaradas de combate que se han sumado a nosotros en la lucha por derrotar y eliminar el crimen de apartheid contra la humanidad. En consecuencia es para mí un privilegio tener la oportunidad, en el momento en que ustedes, que representan a las naciones del mundo, se reúnen en este país, que no hace tanto era la fuente del racismo, de expresarles una vez más la inmensa gratitud de los millones de personas de nuestro pueblo, por no haber permanecido de lado cuando se estaba perpetrando ese crimen contra la humanidad. Las masas están convencidas de que cuando ustedes libraron esa prolongada batalla, lo hicieron porque se oponían al racismo, la discriminación racial, la xenofobia y formas conexas de intolerancia en cualquier parte. Esas masas celebraron que ustedes decidieran convocar la Conferencia Mundial aquí, pensando que lo habían hecho porque tenían confianza en que también nosotros fuéramos a seguir siendo una parte activa del movimiento mundial decidido a combatir hasta que el racismo deje de definir el lugar de cualquier persona en la sociedad y en el mundo. Esas masas estaban felices de que ustedes acudieran aquí, porque esto nos daría la oportunidad de reafirmar frente a todos ustedes que la esclavitud, el colonialismo y el racismo son fundamentalmente repugnantes. La Conferencia nos daría la posibilidad de prometer a los pueblos del mundo que no traicionaremos la amistad y solidaridad que les impulsó a ustedes a luchar contra el apartheid y que, por lo tanto, nos sumaremos a ustedes en la difícil lucha por erradicar la herencia de la esclavitud, el colonialismo y el racismo. Quienes en nuestro universo común, a los que los cantores de blues definen como morenos y negros, esperan mucho de esta importante Conferencia Mundial. Piensan que dará algún resultado, que significará un movimiento mundial unido y sostenido en sus países y en todo el mundo para ayudarles a librarse del sufrimiento que soportan porque son morenos y negros. Mantienen esta esperanza porque su sufrimiento es real e inmenso. Y, sin embargo, pueden también ver que hay otras personas, que son tan humanas como ellos, que llevan unas vidas decorosas y están seguras de vivir todavía mejor en el futuro, cualesquiera que sean los otros problemas que tengan. Atenazados por la pobreza, temerosos del futuro, porque saben que el día de mañana será peor que el de hoy, obligados a comportarse hacia los demás como si algunas personas fueran inferiores y otras superiores, simplemente para obtener algo que comer, muchos seres humanos huyen de sus tierras de desesperación tratando de llegar a toda costa a otros países donde piensan que puede haber alguna esperanza. Nuestra común humanidad exige que, de la misma manera que nos alzamos contra el racismo del apartheid, nos unamos para vencer las consecuencias de la esclavitud, el colonialismo y el racismo, que, hasta la fecha, continúan definiendo las vidas de miles de millones de personas, que son morenos y negros, como vidas desesperanzadas. Nadie eligió ser esclavo, ser colonizado ni ser oprimido racialmente. Los impulsos de otras épocas hicieron que unos seres humanos perpetraran estos crímenes contra otros. Ciertamente, el impulso de nuestra época nos dice que todos debemos hacer cuanto podamos para liberar a quienes siguen padeciendo el racismo, la xenofobia y formas conexas de intolerancia porque sus antepasados fueron esclavizados, colonizados y oprimidos racialmente. Estoy seguro de que esta Conferencia Mundial dirá que no deben ya existir en ningún país, tanto del Norte como del Sur, los guetos morenos y negros de pobreza, desesperación y degradación humana. Esta Conferencia Mundial tendrá que indicar lo que hay que hacer en la práctica para que este llamamiento se traduzca en un mundo cambiado y cambiante en el que todos los seres humanos disfruten efectivamente del derecho inalienable a la dignidad humana. Una parte importante de nuestra legitimidad en cuanto gobiernos deriva de nuestro compromiso de servir al pueblo. Nuestra propia experiencia nos dice que el pueblo al que servimos siempre siente dolor cuando otro ser humano, que podría ser un ciudadano de otra nación, siente dolor. Para esas masas, la solidaridad humana no es un concepto ajeno. Para ellas, esta Conferencia Mundial debe transmitir el mensaje de que los pueblos del mundo se inspiran en un nuevo internacionalismo que dice que estamos decididos a unirnos para reparar los graves daños humanos causados en el pasado. La Conferencia debe inspirarles mediante el conocimiento de que, ya sea en cuanto gobiernos, organizaciones no gubernamentales, países y pueblos, estamos decididos a dedicar nuestras mentes, nuestras capacidades y nuestros recursos a la creación de un nuevo mundo libre de racismo, discriminación racial, xenofobia y formas conexas de intolerancia. La Conferencia debe transmitir un mensaje de esperanza a los pueblos del mundo de que, todos unidos, estamos decididos a trabajar duramente por la paz en todo lugar de nuestro universo, para que se abran las puertas en todas partes al desarrollo más pleno y completo de todos los seres humanos en condiciones de libertad y seguridad. Es imperativo que se llegue en el Oriente Medio a una paz justa, estable y permanente que tanto tiempo lleva anhelándose. El pueblo de Palestina, como el de Israel y el de cualquier parte del mundo, tiene también derecho a lograr su desarrollo más pleno y completo en condiciones de libertad y seguridad. Nuestro propio continente de África merece también la paz, como cualquier otro, para salvar a los pueblos de la muerte y la destrucción y abrir las puertas para que también nosotros nos desarrollemos en condiciones de libertad y seguridad. De esta manera se crearán las condiciones para que nosotros, en cuanto africanos, iniciemos el largo camino hacia la erradicación de la herencia, que es nuestra compañera diaria, de la esclavitud, el colonialismo y el racismo. Hace muy poco nos despedimos de un siglo en el que millones de personas padecieron terribles sufrimientos. Se infligió un terrible Holocausto al pueblo judío. Se impuso un horrendo genocidio al pueblo de Rwanda. Surgieron regímenes criminales de personas dementes que propugnaban ideologías antihumanas de superioridad racial. Y, sin embargo, ese mismo siglo nos dio un pacto mundial en forma de la Declaración Universal de Derechos Humanos. Dio a la humanidad en su conjunto la posibilidad de acumular el conocimiento y los medios de realizar la noble visión contenida en ese documento. Nos hemos reunido en Durban para comprometernos a esto y a decidir conjuntamente qué medidas adoptaremos para garantizar que se haga lo que hay que hacer. Una vez más, les doy la bienvenida a este país al que ayudaron ustedes a liberarse del racismo del apartheid y espero que la celebración de esa victoria proporcione a esta Conferencia Mundial la inspiración para producir los resultados que definan el siglo XXI como el siglo que restableció para todas las personas su dignidad humana. Declaración de la Excelentísima Señora Nkosazana Dlamini Zuma, Ministra de Relaciones Exteriores de la República de Sudáfrica y Presidenta de la Conferencia Mundial contra el Racismo, la Discriminación Racial, la Xenofobia y las Formas Conexas de Intolerancia Al aceptar la Presidencia de esta Conferencia quisiera rendir un tributo especial a Govan Mbeki, hijo de África y valeroso luchador contra el racismo, que falleció en vísperas de esta Conferencia. Gracias a los esfuerzos colectivos de la humanidad, han dejado de existir la esclavitud, la trata de esclavos, el colonialismo y el apartheid. Se ha conseguido esa victoria porque la humanidad no podía tolerar la opresión de unos seres humanos por otros, porque la humanidad se ha atrevido a proclamar el principio de que todos los seres humanos nacen iguales en derechos y dignidad. Estas nobles palabras de la Declaración Universal de Derechos Humanos son la luz que guía las esperanzas de toda la humanidad. Como representante de las mujeres de África, conozco los padecimientos de la esclavitud y el colonialismo, con cuyo legado me enfrento a diario. Mi continente sufre las consecuencias de los conflictos, la indigencia, el racismo, la marginación, la exclusión social, el subdesarrollo, las disparidades económicas, la humillación y la indignidad, males que tienen sus raíces en las prácticas de esos abominables sistemas. Podemos enorgullecernos del papel que ha desempeñado esta región en la larga lucha contra el racismo. En esta provincia, Mahatma Ghandi inició su movimiento de resistencia no violenta que después sirvió de modelo para la lucha por la libertad en la India y en todo el mundo. Sudáfrica cuenta con una larga historia de resistencia, simbolizada por la concesión del Premio Nobel de la Paz al Jefe Albert Lutuli, el primer dirigente africano en recibir el premio, que era oriundo de esta región. A pesar de los triunfos que se han obtenido en la lucha contra el racismo, todos los países del mundo siguen luchando contra las formas contemporáneas del racismo. Abrigo la esperanza de que al final de esta Conferencia habremos aprendido e intercambiado con la comunidad internacional las distintas formas y medios de luchar contra el racismo. Esta Conferencia debe constituir un llamamiento al resto del mundo para poner fin a la infamia del racismo, la discriminación racial, la xenofobia y las formas conexas de intolerancia. Al tiempo que hacemos este llamamiento debemos lanzar un programa de acción decidido que pueda ser ejecutado por todos los países a todos los niveles. En reconocimiento de la labor que se ha llevado a cabo hasta ahora, deseo expresar mi agradecimiento a todos los Estados Miembros por las contribuciones que han hecho en sus regiones respectivas. Esa labor fue seguida de intensas reuniones preparatorias celebradas en Ginebra. Hay que confesar que nuestra tarea parecía ardua e imposible de coronar con el éxito, pero perseveramos y logramos hacer avances considerables. Debemos aprovechar la labor realizada, teniendo presente que será difícil y doloroso hacer frente a esos problemas. Confío en que, todos juntos, aceptaremos el reto que se nos presenta. Debemos alcanzar el éxito; no podemos conformarnos con menos. Queremos que al final del siglo se pueda considerar que esta Conferencia fue el comienzo de una ofensiva contra el racismo. La Cumbre de la Juventud y el Foro de las organizaciones no gubernamentales han tratado también de estos problemas y han instado a la Conferencia a que les deje como legado un mundo no racial, no sexista, tolerante y en paz. No podemos defraudarlos. Esta Conferencia será un homenaje a todos aquellos que a lo largo de los años han sacrificado sus vidas en la lucha contra el racismo. No quisiera concluir sin antes reconocer la encomiable labor realizada por la Alta Comisionada para los Derechos Humanos y su secretaría. Tanto ella como su equipo han actuado con brillantez en condiciones difíciles. Por consiguiente, acepto humildemente las tareas de la Presidencia de la Conferencia que me confía esta distinguida asamblea. El éxito de mi labor dependerá de la cooperación de todos ustedes. No dudo de que todos harán todo lo posible para que esta Conferencia se vea coronada por el éxito. Ese éxito sólo llegará si perseveramos y cooperamos en un espíritu de fraternidad. En su libro El largo camino hacia la libertad, Nelson Mandela, el símbolo de nuestra lucha, hizo esta fundamental observación: "He hecho una pausa para descansar, para poder contemplar el maravilloso panorama que me rodea, para recordar el camino andado. Pero sólo puedo descansar un momento, pues con la libertad vienen las responsabilidades y no puedo detenerme hasta llegar al final del camino". Abrigo la esperanza de que, al final de esta Conferencia podremos también recordar con orgullo el camino andado para dedicarnos luego a hacer realidad el Programa de Acción y la Declaración que aprobemos por consenso. Declaración del Señor Harri Holkeri, Presidente de la Asamblea General de las Naciones Unidas Quisiera felicitarla por su elección a la Presidencia de la Conferencia. Tengo la certeza de que, con su experiencia y sabiduría, sabrá guiar esta importante Conferencia para que se vea coronada por el éxito. Es para mí un honor hacer uso de la palabra ante esta Conferencia Mundial contra el Racismo, la Discriminación Racial, la Xenofobia y las Formas Conexas de Intolerancia como Presidente de la Asamblea General. Esta Conferencia es una de las cinco grandes conferencias y períodos extraordinarios de sesiones de las Naciones Unidas que se han convocado después de la Cumbre del Milenio celebrada el pasado mes de septiembre. En tanto que Presidente de la Asamblea se me ha encomendado el seguimiento de la aplicación de la Declaración del Milenio aprobada por los Jefes de Estado y de Gobierno. Esta Conferencia debe aceptar ese reto y demostrar que los Estados Miembros están verdaderamente decididos a aplicar la Declaración. En la Declaración del Milenio no sólo se recogían los programas mundiales de desarrollo durante el decenio de 1990, sino que también se revelaba la existencia de un singular consenso respecto de los valores y principios de la comunidad internacional. Muchos de los objetivos y principios de la Declaración guardan una estrecha relación con los resultados de esta Conferencia. En la Declaración del Milenio, los gobiernos expresaron su determinación de respetar no sólo los derechos humanos en general, sino también, concretamente, la igualdad de derechos de todos sin distinciones. En la Declaración se reafirmó el respeto entre los seres humanos en toda su diversidad y la determinación de eliminar los actos de racismo y xenofobia. La Declaración también nos obliga a proteger a quienes pueden encontrarse en situaciones de vulnerabilidad. El racismo y la discriminación racial se encuentran entre las más grave amenazas contra la dignidad y la libertad humanas. Las sociedades no pueden tolerar el racismo sin poner en peligro la paz y la justicia. La lucha contra el racismo y la discriminación racial ha sido una de las tareas primordiales de las Naciones Unidas desde su creación. La inclusión en la Carta de las Naciones Unidas de la promoción y protección de los derechos humanos de todos, sin hacer distinción, por motivos de raza, sexo, idioma o religión, se basaba principalmente en los sucesos que tuvieron lugar en el mundo antes de la segunda guerra mundial y durante ésta. A lo largo de los años la Asamblea General ha hecho una importante contribución a la solución de los problemas del racismo y la discriminación racial, no sólo como foro político de debate sino también como instrumento de elaboración de políticas para la creación de programas para hacerles frente. Los tres decenios de lucha contra el racismo y la discriminación racial, las dos conferencias mundiales contra el racismo y la discriminación racial celebradas anteriormente, y la celebración en el 2001 del Año Internacional de la Movilización contra el Racismo, la Discriminación Racial, la Xenofobia y las Formas Conexas de Intolerancia, han servido para lograr resultados en la lucha contra el racismo. Las Naciones Unidas hicieron una importante contribución a la lucha para poner fin al apartheid, que fue un importante logro de la comunidad internacional en su conjunto y representó la extinción de las formas institucionalizadas de discriminación racial. Con todo, a pesar de que los medios de comunicación de masas, los viajes internacionales y los progresos tecnológicos acercan cada vez más a los seres humanos, asistimos a un resurgimiento de la intolerancia, de las manifestaciones de xenofobia, racismo y discriminación racial, y de los conflictos étnicos en todo el mundo. Se priva de sus derechos fundamentales a los migrantes, los refugiados, las minorías étnicas, nacionales y religiosas y los pueblos indígenas. El resurgimiento de los conflictos étnicos en muchas partes del mundo es particularmente preocupante. Han aparecido nuevas teorías de depuración racial y étnica. La desigualdad se ha convertido en un problema apremiante de nuestro tiempo. Con este telón de fondo, en diciembre de 1997, la Asamblea General decidió que había llegado el momento de que la comunidad internacional se enfrentara a la nueva oleada de racismo y de discriminación racial. La Asamblea decidió entonces convocar esta Conferencia Mundial para formular recomendaciones concretas y promover medidas orientadas a la acción de ámbito nacional, regional e internacional con el fin de combatir todas las formas de racismo, discriminación racial, xenofobia y las formas conexas de intolerancia. Nos hemos reunido aquí para dar un gran paso adelante en la lucha contra el racismo, la discriminación racial, la xenofobia y las formas conexas de intolerancia. He seguido con gran interés el proceso de preparación de esta Conferencia. Se han hecho grandes progresos en la elaboración del documento final. Quisiera alentar ahora a todos ustedes a esforzarse por que los resultados de la Conferencia sean un punto de referencia para las medidas que adopten en el futuro los Estados Miembros de las Naciones Unidas. Necesitaremos no poca voluntad política y capacidad de iniciativa para llegar a un acuerdo sobre las cuestiones que aún están pendientes. La presente Conferencia -que, por celebrarse en el simbólico foro de la ciudad de Durban, nos recuerda que cuando hay determinación y voluntad política puede lograrse el cambio- nos ofrece una oportunidad irrepetible de hacer de nuestro siglo el siglo de la comprensión entre los seres humanos, el siglo de la aceptación de la diversidad, y el siglo del respeto de las diferencias. Hemos llegado a un momento crítico en el que cada individuo debe ser un miembro más de la familia humana. Tenemos una importante responsabilidad y confío en que seremos capaces de conformar nuestras actitudes y resolver la cuestión básica de las relaciones humanas -de la relación de unas personas con otras- con respeto y tolerancia. Declaración de la Señora Mary Robinson, Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos y Secretaria General de la Conferencia Mundial contra el Racismo, la Discriminación Racial, la Xenofobia y las Formas Conexas de Intolerancia Hoy da comienzo una conferencia a cuya preparación muchas personas han dedicado largos meses de esfuerzos. Quisiera expresar mi más caluroso agradecimiento a todos los que han participado en esa labor, en especial a la ciudad de Durban y al pueblo de Sudáfrica. Durban es el final de un largo camino, un camino que no ha sido llano. Recuerdo ahora el primer acto oficial de la Conferencia, celebrado hace 18 meses -una reunión de expertos en Ginebra sobre los "Recursos que pueden presentar las víctimas de actos de racismo, discriminación racial, xenofobia y formas conexas de intolerancia, y sobre las buenas prácticas nacionales en esta esfera"-. Son muchos los adelantos que hemos hecho desde entonces en la comprensión del racismo en el mundo moderno. Se han celebrado cuatro conferencias regionales, cinco seminarios de expertos y tres períodos de sesiones del Comité Preparatorio. Han tenido lugar largas reuniones de redacción, y se han celebrado actos de todo tipo en todo el mundo centrados en los temas que se tratarían en Durban. Es mucho lo que hemos progresado también, no sólo psicológicamente, sino también en nuestra labor sustantiva. En el proceso de preparación de esta Conferencia hemos tenido ocasión de mejorar nuestra manera de enfocar la identificación de las víctimas del racismo y la discriminación, y de determinar el tipo de recursos que pueden ofrecerse y los tipos más eficaces de medidas preventivas. Cuando se haga el balance de la Conferencia, destacarán en el haber los avances realizados en la comprensión de las fuentes, causas y soluciones del racismo. Hemos sabido siempre que esta Conferencia no sería fácil. No siempre es de nuestro agrado que nos pidan que nos enfrentemos a los problemas de racismo que tenemos más próximos. Se tiende a decir "en nuestro país no tenemos esos problemas". Es siempre más fácil señalar con el dedo a otros para culparlos que enfrentarnos francamente a nuestros propios prejuicios y opiniones tendenciosas. Tampoco nos ha sorprendido que las negociaciones fueran difíciles. Estamos tratando de problemas a los que nos enfrentamos a nivel nacional, regional y local. Y también son los problemas más delicados que las Naciones Unidas y la comunidad internacional deben abordar. No debemos olvidar este aspecto a lo largo de la semana próxima. También debemos recordar que no podemos resolver todos los problemas del mundo en Durban. Hace tiempo que insisto en la idea de que todos los seres humanos pertenecemos a la misma familia. Las familias no están de acuerdo en todo, pero sí en algunos puntos básicos, y eso es lo que les da fuerza como familias. Lo que quiero pedirles a todos ustedes es que lleguemos a un acuerdo sobre los objetivos fundamentales de esta Conferencia, no que intentemos resolver todos los problemas con que se enfrenta la comunidad internacional. Para mí está claro, después de los preparativos de los últimos 18 meses, que es imprescindible contar con nuevas estrategias para luchar contra el racismo y la intolerancia en el mundo moderno. A quienes dicen que no necesitamos celebrar una conferencia mundial sobre este tema, les digo que miren a su alrededor. ¿Cuántas desgracias, cuánta desigualdad, cuántos conflictos tienen su causa en el racismo y la discriminación? Desde el punto de vista de los derechos humanos, esta Conferencia tiene una importancia crucial. La igualdad y la no discriminación son fundamentales para el disfrute de los derechos humanos. El éxito de la Conferencia de Durban dependerá de que logremos encontrar soluciones y ofrecer recursos y reparación a las víctimas del racismo, la discriminación racial, la xenofobia y las formas conexas de intolerancia. Otra de las cosas que he aprendido es que las formas contemporáneas del racismo están en estrecha relación con el pasado. Creo que esta Conferencia sería un hito en la historia de la lucha contra el racismo si se pudiera acordar la formulación del reconocimiento de las injusticias históricas y a la expresión de un profundo arrepentimiento por los crímenes cometidos en el pasado. Si lo logramos llegaremos a millones de personas de todo el mundo afirmando así su dignidad humana. Ese mensaje llegará a todo el mundo del mismo modo que la poesía nos llega a lo más hondo de nuestro ser. Debemos centrar nuestra atención en los resultados y en las estrategias orientadas al futuro. En algunos aspectos el verdadero camino comenzará después de Durban. Será entonces cuando se pondrá a prueba lo que hemos logrado durante todos estos meses de preparación y durante la Conferencia. Para que Durban tenga importancia histórica deberán aprobarse textos decisivos y medidas de seguimiento significativas. Nuestra labor durante la Conferencia consiste en entender claramente qué medidas de seguimiento deben llevarse a cabo y quién se encargará de adoptar las medidas necesarias, así como el modo de medir nuestros avances. Encarezco a los representantes de los gobiernos que velen por que se comprendan y cumplan las responsabilidades de los Estados en la lucha contra el racismo y la discriminación, tal como ha pedido el Secretario General, por medio de programas o planes de acción nacionales. Encarezco a las organizaciones intergubernamentales que hagan lo posible para lograr que los objetivos de esta Conferencia se reflejen en sus actividades y velen en todo momento por que se cumplan las obligaciones que se contraigan en la Conferencia. Por lo que hace a la función de las Naciones Unidas, en el proceso de participación ha quedado claro que las Naciones Unidas no sólo deben proseguir su histórica lucha contra la discriminación, sino que deben intensificarla. Hemos escuchado los relatos de los que sufren, hemos oído a las víctimas de la injusticia y a quienes anhelan conseguir la dignidad y la igualdad. Por lo que a mí respecta, en este proceso he llegado a varias conclusiones firmes y me propongo establecer una dependencia de lucha contra la discriminación bajo mi responsabilidad directa que se ocupará de las medidas de seguimiento de los nuevos conceptos que hemos aprendido, de la aplicación de las recomendaciones de las delegaciones y de mantener la causa común y la movilización con la sociedad civil. Tengo el propósito de consultar a los Estados Miembros en el próximo período de sesiones de la Asamblea General sobre el modo de establecer procesos que permitan el seguimiento de las propuestas prácticas que se han formulado en las distintas conferencias regionales y reuniones de expertos. La intervención de la sociedad civil en el proceso de seguimiento es esencial. Espero en particular que las organizaciones no gubernamentales, el foro internacional de la juventud constituido aquí en Durban y la sociedad civil en general acepten el reto que se plantea en esta Conferencia y forjen una alianza mundial con los gobiernos para proseguir la lucha. Tengo la impresión de que las organizaciones no gubernamentales ya han aceptado ese reto y son conscientes de la importancia fundamental de la lucha contra el racismo, la discriminación racial, la xenofobia y las formas conexas de intolerancia. Quisiera pedir tres cosas para la próxima semana a todos los participantes, especialmente a los delegados. La primera es la generosidad de espíritu. Los temas que nos ocupan en Durban son de capital importancia, y no podemos abordarlos con estrechez de miras. En segundo lugar, quisiera pedir que demos muestras de flexibilidad y de voluntad de comprender las opiniones de otros. Sólo así haremos avances, y la urgente tarea de establecer nuevas estrategias para luchar contra el racismo y la discriminación así lo requiere. Por último, quisiera que tuviéramos visión de futuro. Estoy convencida de que éste puede ser un momento decisivo para la comunidad internacional, de que, al comienzo del nuevo siglo, podemos esforzarnos por lograr un mundo mejor y más justo. Podemos tomar como ejemplo el concepto de africano de "ubuntu", una vieja palabra que encierra en su significado el humanitarismo, la generosidad, el intercambio de ideas y la vida en armonía con todo el mundo. Cuando Monseñor Desmond Tutu visitó Ginebra en el mes de abril explicó que el concepto representa lo opuesto del egocentrismo y el egoísmo. "Ubuntu" es lo que nos permite ser valorados, alcanzar nuestra plenitud en armonía con todas las cosas y seres que nos rodean. Ese es el espíritu que se expresa en la Declaración Universal de Derechos Humanos cuando se habla del "reconocimiento de la dignidad intrínseca de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana". En la Declaración Universal se proclama el principio de que "todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y... deben comportarse fraternalmente los unos con los otros". Sé que algunos de ustedes preferirían, como yo, que en el texto inglés se usara el término "sisterhood". Pero procuremos que sea ese espíritu de concordia entre hermanos y hermanas el que anime las discusiones de la próxima semana cuando nos esforcemos por construir un mundo en el que los principios de la igualdad y la no discriminación sean reconocidos, no sólo en el papel, sino en la práctica de cada día.