Marguerite

Chapter 2

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Si el pensamiento rasa con lo vulgar, si el estilo carece de plasticidad ¿qué nos ofrecen los escritores galojermánicos en su prosa asmática i en su verso microscópico? La exigüidad en la producción ¿denota economía de fuerzas o impotencia? Las rocas producen liquen porque no tienen sustancia para nutrir al cedro. Los que gozamos con la prosa i el verso de los maestros podemos alimentarnos con médula de leones ¿por qué someternos al réjimen de los dispépticos, a dieta medida? Si las naciones d'Europa figuran como los grandes paquidermos del reino intelectual, no representemos en el Perú a los microbios de la literatura.

La improvisación pertenece a tribuna i diario. A oradores i periodistas se les tolera el atropellamiento en ideas, la escabrosidad en estilo i hasta la indisciplina gramatical. Verdad que en lo improvisado se cristaliza muchas veces lo mejor i más orijinal de nuestro injenio, algo como la secreción espontánea de la goma en el árbol; pero, acostumbrándonos al trabajo incorrecto i precipitado, nos volvemos incapaces de componer obras destinadas a vivir. Lo que poco cuesta, poco dura. Los libros que admiran i deleitan a la Humanidad, fueron pensados i escritos en largas horas de soledad i recojimiento, costaron a sus autores el hierro de la sangre i el fósforo del cerebro.

Cierto que el mundo avanza i avanza: en la vorájine, de las sociedades modernas, nos sentimos empujados a vivir lijeramente, a pasar desflorando las cosas; n'obstante, disponemos de ocios para leer una novela de Pérez Galdós o presenciar un drama de García Gutiérrez. Felizmente, no ha sonado la hora de reducir el verso a seguidillas i la prosa a descosidos telegramas. Discernimos todavía que entre un centón de rimas seudo jermánicas i una poesía de Quintana o Núñez de Arce, hai la distancia del médano al bloque de mármol. Sabemos que entre la prosa cortada, intercadente i antifonal i la prosa de un verdadero escritor no cabe similitud, pues una sucesión de párrafos sin trabazón, desligados, incoherentes, no constituye discurso, así como no forman cadena las series de anillos desabracados i puestos en fila.

No imajinéis, señores, que se desea preconizar la prosa anémica, desmayada i heteróclita, que toma lo ficticio por natural, el énfasis por magnificencia, la obesidad por robustez; la prosa de inversiones violentas, d'exhumaciones arcaicas i de purismos seniles; la prosa de relativos entre relativos, de accidentes que modifican accidentes i de períodos inconmensurables i sin unidad; la prosa inventada por académicos españoles que tienden a resucitar el volapuk de la época terciaria; la prosa imitada por correspondientes americanos que en Venezuela i Colombia están modificando la valerosa i progresiva lengua castellana.

Entre la lluvia de frases que se ajitan con vertijinoso revoloteo de murciélago i l'aglomeración de períodos que se mueven con insoportable lentitud de serpiente amodorrada, existe la prosa natural, la prosa griega, la que brota espontáneamente cuando no seguimos las preocupaciones d'escuela ni adoptamos una manera convencional. Sainte-Beuve aconseja que "se haga lo posible para escribir como se habla, i nadie s'espresa con períodos elefantinos o desmesurados. Recapacitándolo con madurez, la buena prosa se reduce a conversación de jentes cultas. En ella no hai afeites, remilgamientos ni altisonancias: todo fluye i se desliza con llaneza, desenfado i soltura. Los arranques enérjicos sirven de modelo en materia de sencillez o naturalidad, tienen el aire de algo que se le ocurre a cualquiera con sólo cojer la pluma.

La llamada vestidura majestuosa de la lengua castellana consiste muchas veces en perifollo de lugareña con ínfulas de señorona, en pura fraseología que pugna directamente con el carácter de la época. El público se inclina siempre al escrito que nutre, en vez de sólo hartar, i prefiere la concisión i lucidez de un Condillac a la difusión ¡oscuridad de un bizantino. Quien escribe hoi i desea vivir mañana, debe pertenecer al día, a la hora, al momento en que maneja la pluma. Si un autor sale de su tiempo, ha de ser par'adivinar las cosas futuras, no para desenterrar ideas i palabras muertas.

Arcaísmo implica retroceso: a escritor arcaico, pensador retrógrado. Ningún autor con lenguaje avejentado, por más pensamientos juveniles que emplee, logrará nunca el favor del público, porque las ideas del siglo injeridas en estilo vetusto recuerdan las esencias balsámicas inyectadas en las arterias de un muerto: preservan de la fermentación cadavérica; pero no comunican lozanía, calor ni vida. Las razones que Cervantes i Garcilaso tuvieron para no espresarse como Juan de Mena o Alfonso el Sabio nos asisten hoi para no escribir como los hombres de los siglos XVI i XVIII.

Las lenguas no se rejuvenecen con retrogradar a la forma primitiva, como el viejo no se quita las arrugas con envolverse en los pañales del niño ni con regresar al pecho de las nodrizas. Platón decía que "en materia de lenguaje el pueblo era un escelente maestro". Los idiomas se vigorizan i retemplan en la fuente popular, más que en las reglas muertas de los gramáticos i en las exhumaciones prehistóricas de los eruditos. De las canciones, refranes i dichos del vulgo brotan las palabras orijinales, las frases gráficas, las construcciones atrevidas. Las multitudes trasforman las lenguas, como los infusorios modifican los continentes.

El purismo no pasa de un'afectación, i como dice mui bien Balmes, Ala afectación es intolerable, i la peor es la afectación de la naturalidad". En el estilo de los puristas modernos nada se dobla con la suavidad de un'articulación, todo rechina i tropieza como gozne desengrasado i oxidado. En el arte se descubre el artificio. Comúnmente se ve a escritores que en una cláusula emplean todo el corte gramatical del siglo XVII, i en otra varían de fraseo i cometen imperdonables galicismos de construcción: recuerdan a los pordioseros jóvenes que se disfrazan de viejos baldados, hasta que de repente arrojan las muletas i caminan con ajilidad i desembarazo.

Los puristas pecan también por oscuros; i donde no hay nitidez en la elocución, falta claridad en el concepto. Cuando los pensamientos andan confundidos en el cerebro, como serpientes enroscadas en el interior de un frasco, las palabras chocan con las palabras, como lima contra lima. En el prosador de largo aliento, las ideas desfilan bajo la bóveda del cráneo, como hilera de palomas blancas bajo la cúpula de un templo, i períodos fáciles suceden a períodos naturales, como vibraciones de lámina de bronce sacudida por manos de un coloso.

El escritor ha de hablar como todos hablamos, no como un Apolo que pronuncia oráculos anfibolójicos ni como una esfinje que propone enigmas indescifrables. ¿Para qué hacer gala de un vocabulario inusitado i estravagante? ¿Para qué el exajerado lujo en los modismos que imposibilitan o dificultan mucho la traducción? ¿Para qué un lenguaje natural en la vida i un lenguaje artificial en el libro? El terreno del amaneramiento i ampulosidad es ocasionado a peligros: quien vacila como Solís puede resbalar como el Conde de Toreno i caer como frai Jerundio de Campazas.

Ni en poesía de buena ley caben atildamientos pueriles, retóricas de estudiante, estilo enrevesado ni trasposiciones quebradizas: poeta que s'enreda en hipérbaton forzado hace pensar en el viajero que rodea en busca de puente, porque no encuentra vado y se intimida con el río. Toda licencia en el verso denuncia impotencia del versificador. Molière tiene derecho a llamarse el poeta cómico de los tiempos modernos, i ¿en qué se distingue el verso de Molière? Frai Luis de León brilla entre los mayores poetas líricos d'España, i ¿en qué se distingue el verso de frai Luis León? "Repito, esclama Hermosilla, que en los mejores versos de Garcilaso, Herrera, aunque fué más atrevido, los Argensolas, Rioja y demás, no hay arcaísmos ni licencias, ni las necesitan para bellísimos, como en efecto lo son".

Media enorme distancia entre versificador i poeta: el versificador muele, tamiza i espolvorea palabras; el poeta forja ritmos como los Cíclopes majaban el hierro, i arroja ideas grandiosas como los Titanes fulminaban peñascos. Los maestros claudican también: Víctor Hugo i Quevedo son antitéticos; Goethe i Dante, secos y oscuros; Lamartine, pampanoso; Lope de Vega, incorrecto; Calderón gonórico; Quintana, hinchado; Campoamor, prosaico; pero ninguno incurre en afeminamientos: caen a veces como gladiador fatigado, nunca se desmayan como cortesano sin virilidad.

V

Góngora, Cienfuegos i Zorrilla, tres pecadores impenitentes de la literatura castellana, pero también tres verdaderos poetas, dan ejemplo de innovadores i hasta revolucionarios. Algo semejante realizan en las sagas nacionales los autores del Romancero; en la novela, Cervantes; en el teatro, Lope de Vega, Calderón i Echegaray. Se diría que los injenios españoles llevan en sus entrañas todo el calor i toda la rebeldía de los vientos africanos. Bárbaros si se quiere, pero bárbaros libres. Por eso el clasicismo de Racine i Boileau no pudo arraigar en España, que se manifestó romántica con Lope de Vega i Calderón, antes que Alemania pon Tieck i Schlegel, antes que Francia con Madame Stael i Chateaubriand. España tuvo por ley: ortodoja en religión, heterodoja en literatura.

Basados, pues, en la tradición de independencia literaria, que puede remontarse hasta los poetas ibérico-latinos como Séneca i Lucano, dejemos las andaderas de la infancia i busquemos en otras literaturas nuevos elementos i nuevas impulsiones. Al espíritu de naciones ultramontanas i monárquicas prefiramos el espíritu libre i democrático del Siglo.

Volvamos los ojos a los autores castellanos, estudiemos sus obras maestras, enriquezcamos su armoniosa lengua; pero recordemos constantemente que la dependencia intelectual d'España significaría para nosotros la indefinida prolongación de la niñez. Del español nos separan ya las influencias del clima, los cruzamientos etnográficos, el íntimo roce con los europeos, la educación afrancesada i 64 años de tempestuosa vida republicana. La inmigración de los estranjeros no viene al Perú como ráfaga momentánea, sino como atmósfera estable que desaloja a ;'atmósfera española i penetra en nuestros pulmones modificándonos física i moralmente. Vamos perdiendo ya el desapego a la vida, desapego tan marcado en los antiguos españoles, i nos contajiamos con la tristeza jemebunda que distingue al indíjena peruano.

No hablamos hoi como hablaban los conquistadores: las lenguas americanas nos proveen de neolojismos que usamos con derecho, por no tener equivalentes en castellano, por espresar ideas esclusivamente nuestras, por nombrar cosas íntimamente relacionadas con nuestra vida. Hasta en la pronunciación ¡cuánto hemos cambiado! Tendemos a eludir la n en la partícula trans, i a cambiar por s la x de la preposición latina ex, antes de consonante, en principio de vocablo. Señores, el que habla en este momento ¿qué sería en alguna academia de Madrid? Casi un bárbaro, que pronuncia la ll como la y, confunde la b con la v i no distingue la s de la z ni de la c en sus sonidos suaves.

Cien causas actúan sobre nosotros para diferenciarnos de nuestros padres: sigamos el empuje, marchemos hacia donde el siglo nos impele. Los literatos del Indostán fueron indostánicos, los literatos de Grecia fueron griegos, los literatos de América i del siglo XIX seamos americanos i del siglo XIX. I no tomemos por americanismo la prolija enumeración de nuestra fauna i de nuestra flora o la minuciosa pintura de nuestros fenómenos meteorolojicos, en lenguaje saturado de provincialismos ociosos i rebuscados. La nacionalidad del escritor se funda, no tanto en la copia fotográfica del escenario (casi el mismo en todas partes), como en la sincera espresión del yo i en la exacta figuración del medio social. Valmiki i Homero no valen porque hayan descrito amaneceres en el Ganjes o noches de luna en el Pireo, sino porque evocan dos civilizaciones muertas.

Inútil resultaría la emancipación política, si en la forma nos limitáramos al exajerado purismo de Madrid, si en el fondo nos sometiéramos al Syllabus de Roma. Despojándonos de la tendencia que nos induce a preferir el follaje de las palabras al fruto de las ideas, i el repiqueteo del consonante a la música del ritmo, pensemos con la independencia jermánica i espresémonos en prosa como la prosa francesa o en verso como el verso inglés. A otros pueblos i otras épocas, otros gobiernos, otras relijiones, otras literaturas.

Acabemos ya el viaje milenario por rejiones de idealismo sin consistencia i regresemos al seno de la realidad, recordando que fuera de la Naturaleza no hai más que simbolismos ilusorios fantasías mitolójicas, desvanecimientos metafísicos. A fuerza de ascender a cumbres enrarecidas, nos estamos volviendo vaporosos, aeriformes: solidifiquémonos! Más vale ser hierro que nube.

Las Matemáticas, las Ciencias Naturales i la Industria nada envidian a los siglos pasados: sólo la Literatura i el Arte claman por que venga un soplo del antiguo mundo helénico a perfumar de ambrosía el Universo, a desvanecer las místicas alucinaciones del fanatismo católico i a rehabilitar la materia injustamente vilipendiada por las hipocresías del tartufo.

Arrostrando el neolojismo, el estranjerismo o el provincialismo, que rejuvenecen i enriquecen el idioma, rompiendo el molde convencional de la forma cuando lo exijan las ideas y no profesando más relijión literaria que el respeto a la lójica, dejemos las encrucijadas de un sistema esclusivista i marchemos por el ancho i luminoso camino del Arte libre. No acatemos como oráculo el fallo de autoridades, sean quienes fueren, ni temamos atacar errores divinizados por muchedumbres inconscientes: lo único infalible, la Ciencia; lo único inviolable, la verdad.

Lejos de aquí los teóricos i soñadores que trazan demarcaciones entre ciudadanos i poeta. ¡Cómodo recurso par'almacenar fuerza i ahorrar vida mientras los buenos i sencillos se afanan, luchan i mueren por nosotros! Contra un Arquíloco i un Horacio, que arrojan el escudo i huyen del combate, protestan un Garcilaso en Frejus, i un Cervantes en Lepanto. Jenio de poeta, jenio de acción. Ercilla escribe en la noche lo que pelea en el día, Byron envidia las victorias de Bonaparte i corre a morir en Mesolonghi. Espronceda sube a las barricadas de París. Cuando Ugo Fóscolo nos habla del "espíritu guerrero que ruje en sus entrañas", descubre al hombre inspirado i no se confunde con el simple aglomerador de consonantes. El poeta lejítirno se parece al árbol nacido en la cumbre de un monte: por las ramas, que forman la imajinación, pertenece a las nubes; por las raíces, que constituyen los afectos, se liga con el suelo.

Si los hombres de ayer trabajaron por nosotros, los de hoy estamos obligados a trabajar por los de mañana. Contamos con un acreedor, el porvenir. ¡Que nuestros poetas, en vez de pasar como interminable procesión de resucitadas plañideras que se dirigen a la danza macabra, desfilen como lejiones de hombres que llevan en su corazón el fuego de las pasiones fecundas; en sus labios, el presajio de la victoria; en sus mejillas, el color de la sangre, es decir, el tinte de la juventud, del amor i de las rosas! ¡Que nuestros Prosadores, en lugar de afeminarse o enervarse con prosa cortesana i enfermiza, usen la prosa leal i sana, prefiriendo al crepúsculo de las sectas, el día sin nubes de la Razón, viendo más allá del círculo estrecho de familia i patria el horizonte de la Humanidad!

No aguardemos la paz octaviana. Esperar un Siglo de oro contará por muchos años como utopía en América i señaladamente en el Perú. Quizá nosotros muramos en el desierto, sin divisar la tierra prometida. De todas las jeneraciones nacidas en el país somos la jeneración más triste, más combatida, más probada. El terremoto derriba nuestras ciudades, el mar arrasa nuestros puertos, la helada i las criptógamas destruyen nuestras cosechas, la fiebre amarilla diezma nuestras poblaciones, la invasión estranjera tala, incendia i mata, i la guerra civil termina lo que la invasión empieza. A nuestros pies se abre un abismo, a nuestros costados se levantan dos muros de bronce; pero ¡no desmayemos! Imitemos al Gunnar de las leyendas escandinavas, al héroe, que entona un himno valeroso, mientras en su cuerpo s'enroscan serpientes i se apacientan víboras.

Si hay placer en conquistar con la espada, no falta dulzura en iluminar con l'antorcha. Gloria por gloria, vale más dejar chispas de luz que regueros de sangre. Alejandro en el Indus, César en el Capitolio, Napoleón en Austerlitz, no eclipsan a Homero vagando por las ciudades griegas para entonar las rapsodias de la Iliada, a Bernardo de Palissy quemando sus muebles par'atizar un horno de porcelanas, a Galileo encerrado en una prisión i meditando en el movimiento de la Tierra. Si merece páginas de oro el guerrero que lleva la justicia encarnada en el hierro ¡cuán envidiable el escritor que huye de sectas o banderías, sigue las causas nobles, i al fin de la vida se acusa como Béranger de una sola frajilidad: "Haber sido el adulador de la desgracia"!

En ninguna parte conviene más que en las naciones sudamericanas enaltecer el brillo de artes i ciencias sobre el deslumbramiento de victorias militares. Los americanos vivimos entre la época secundaria i la época terciaria, en el reinado de reptiles jigantescos i mamíferos colosales. Que palabra i pluma sirvan para lo que deben servir: lejos adulación i mentira. La intelijencia no tiene por qué abdicar ante la fuerza; por el contrario, la voz del hombre razonable i culto debe ser un correctivo a la obra perniciosa de cerebros rudimentarios.

La patria, que nos da el agua de sus ríos i los frutos de sus campos, tiene derecho a saber el empleo de nuestros brazos i la consagración de nuestra intelijencia. Ahora bien ¿qué responde ríamos si hubiera llegado la hora de la cuenta? Eliminemos el diario, que periodista no quiere decir literato, i concretémonos a la verdadera literatura. En el artículo insustancial, plagado de antítesis, equívocos i chilindrinas; en la rima de dos cuartetas asonantadas, sin novedad, inspiración ni acentos rítmicos ¿se resume todo el alimento que reservamos al pueblo herido i mutilado por el enemigo estranjero? Semejante literatura no viene como lluvia de luciérnagas en noche tenebrosa, sino como danza de fuegos fatuos entre losas de cementerio.

Insistamos sobre la necesidad de trabajo i estudio. Novelas, poemas i dramas no emerjen del cerebro como islas en erupciones volcánicas. Las obras nacen de un modo fragmentario, con eyaculaciones sucesivas. Somos como ciertas fuentes que manan con intermitencias o a borbotones; el buen o mal gusto consiste en dirijir el agua Por acueductos de mármol o cauces de tierra.

Diderot practica cien oficios por más de veinte años y va de taller en taller acoplando materiales para la Enciclopedia, Rousseau medita seis o siete horas buscando la palabra más precisa, Goethe se confunde con los estudiantes alemanes para escuchar las lecciones del anatomista Wilhelm Loder, Wilhelm Schlegel emprende a los cincuenta años el estudio del sánscrito, Balzac sucumbe estenuado por la fatiga, Bello aprende griego en la vejez i copia sus manuscritos hasta ocho veces. Pero hai un ejemplo más digno de recordarse: el hombre que llamó al jenio "una larga paciencia", Buffon, escribe a los setenta años las Épocas de la Naturaleza i con su propia mano la trascribe dieciocho veces.

Baudelaire afirma que "jeneralmente los criollos carecen de orijinalídad en los trabajos literarios i de fuerza en la concepción o la espresión, como almas femeninas creadas únicamente para contemplar i gozar". Sin embargo, en América, en el Perú mismo, algunos hombres revelaron singulares aptitudes para las ciencias, las artes i la literatura; muchos, dejando la contemplación i el goce, perseveraron en labores fecundas i serias.

Digan lo que digan las mediocridades importantes i descontentadizas, nuestro público leyó todo lo digno de leerse, i los Gobiernos costearon o colmaron de beneficios a los autores. Con pocas i voluntarias esclusiones, ¿qué peruano de clara intelijencia no fué profesor de universidad, diputado, ministro, vocal de una corte, ajente financiero en Europa, cónsul o plenipotenciario? Quizá sufrimos dos calamidades: la protección oficial i desproporcionada al libro fósil o hueco, i el acaparamiento de los cargos públicos por las medianías literarias.

Acusar a su país de ingratitud, recurso de ineptos i neglijentes. Escondamos luz en el cráneo, i llegaremos a la cumbre porque la intelijencia, con la virtud ascendente del hidrójeno en el globo, sube dejando en las capas inferiores a l'aristocracia de la sangre i a l'aristocracia del dinero. Hoi el camino está llano para todos, hoi la imprenta se abre para todos, todos pueden hablar i mostrarse como son. Si hai sabios ocultos, que nos descubran su sabiduría; si hai literatos eminentes, que nos enseñen sus producciones; si hai políticos de amplio vuelo, que nos desenvuelvan sus planes; si hai guerreros invencibles, que nos desarrollen su táctica i estratejia; si hai industriales injeniosos, que nos patenticen sus descubrimientos o aplicaciones. No creamos en jenios mudos ni en modestias sobrehumanas: quien no alza la voz en el certamen del Siglo, es porque nada tiene que decir. No arguyan con obstáculos insuperables: el hombre de talento sólido, como el César de buena raza, atraviesa el Rubicón.

En fin, señores: el filósofo i economista Saint-Simon mantenía un criado que al rayar l'aurora le despertaba repitiendo:--"levántese usted, señor conde, porque tiene mui grandes cosas que hacer". ¡Ojalá nuestras sociedades científicas, literarias i artísticas se unieran para decir constantemente al Perú: Abre los ojos, deja la horrorosa pesadilla de sangre, porque el Siglo avanza con pasos jigantescos, i tiene mucho camino que recorrer, i mucha herida que restañar, i mucha ruina que reconstruir!

Categoría:Pájinas libres