Comparecencia de Pilar Manjón en la Comisión 11M

Part 1

Chapter 13,823 wordsPublic domain (Wikisource)

Sr. Presidente, señoras y señores Comisionados:

Mi nombre es Pilar Manjón. Vengo en representación de la Asociación 11M Afectados del Terrorismo, de las víctimas, heridos y sus familias, única y exclusivamente como portavoz de una Asociación de víctimas. Antes de comenzar la intervención, quiero dejar constancia de la firme voluntad de la entidad a la que represento, para transmitir expresamente el sentir de un colectivo, nunca el mío propio.

Comparecemos ante ustedes en la casa donde reside la Soberanía del Pueblo, con el propósito de tratar de ser la voz de los ausentes y de los heridos, que aun a fecha de hoy, siguen su calvario de dolor, entrando y saliendo de los distintos hospitales. Para que su voz, apagada en la inmensidad del dolor, pero viva y poderosa en nuestro recuerdo, resuene en el interior de estas paredes.

Comparecemos personas y familias enteras agrupadas en la Asociación. Cada fallecido es un proyecto vital, un parto ilusionado, una adolescencia conflictiva, un cúmulo de ilusiones, de afectos, de amores y luchas. Vidas repletas y ahora truncadas. Vivas en nosotros.

192 fallecidos, 1.500 heridos. Una simple cifra para muchos de ustedes. Todo un mundo para todos y cada uno de nosotros. Espero que entiendan lo que significa levantarse cada día con una pérdida vital. Acostarse cada día con una pérdida vital, el esfuerzo enorme que conlleva aceptar lo inexplicable. Necesitamos el aliento de ellos, de los afectados, para caminar y estar en la puerta de este Congreso, o aquí ante ustedes. Porque ustedes, Señorías, en esta Comisión han discutido sobre quién habló, de qué y cuándo se informó. Han hablado de circunstancias, de manemos y manipulaciones, de desinformaciones, de confidentes y de desconfianzas. Han hablado de circunloquios o periferias. Han hablado, señorías, de ustedes.

Esencialmente de ustedes. Ha sido la comisión de ustedes y para ustedes.

Nosotros, nuestros familiares, no han estado en esta casa que, se supone, es la de todos.

Hoy, por primera vez, se hacen un hueco. Mal que les pese a algunos de ustedes, a ustedes que preferirían seguir utilizando a las víctimas como arma arrojadiza e inmoral argumento para el desprestigio ajeno, hoy hablamos en nombre de personas de carne y hueso, de los seres que están en nuestro corazón y cuyas figuras manipulan como recurso para medallas o para fotos de ocasión.

Pero aquí estamos y esta es nuestra voz. Hoy no somos el testigo mudo para la descarga de los flashes. Hoy hablamos, Señorías. Hoy hablamos las cosas largamente meditadas, largamente discutidas en reuniones, en foros, entre cafés, en la calle, por teléfono. Han sido meses de apoyarnos mutuamente, de pensar e intentar entender. Meses de no ser escuchados. Hoy, Señorías, durante unos minutos, sorprendentemente la palabra es nuestra.

Permítannos, Señorías, que por un breve instante esta Comisión, que debía ser la de toda la ciudadanía y de la que ustedes se han apropiado para hacer política de patio de colegio, sea de los únicos y auténticos dueños, de los que debían haber sido los protagonistas principales.

Nosotros nunca volveremos a verles, pero su involuntario sacrificio permanecerá para siempre en nuestros corazones y en la memoria de toda la ciudadanía.

Tomamos también la palabra en representación de los que sobrevivieron, de aquellos que aún sufren la pesadilla del golpe cruel que ha marcado sus vidas para siempre y del que difícilmente podrán recuperarse algún día. De esos molestos testigos vivientes del horror.

Comparecemos ante ustedes, con este documento meditado y consensuado por las víctimas y los supervivientes integrados en la Asociación 11M Afectados de Terrorismo, con la obligación de hacerles vivos ante ustedes, como lo están en nuestros corazones, en nuestra memoria y como punto de referencia de nuestra vida cotidiana.

Señorías, para nosotros tienen nombre y rostro (Javi, Pilar, Daniel, Eva Belén, Susana, Emilian, Carlos, Oscar, Rodrigo, Rodolfo, José Luis, Sonia, Abel...) y cada uno de ellos es imprescindible e irrepetible, pertenecen a nuestras vidas, a la de sus familias, sus amigos, sus compañeros de trabajo, de clase, eran vecinos... Los necesitábamos.

Como necesitamos recuperar la sonrisa de los que aquel día conservaron la vida a costa de no volver a soñar bonito, que conservan el horror grabado en sus retinas. (Rosa, Jesús, Mzia, Javier, Maribel, David, Mariam, Raquel, Laura...).

Asimismo, hablaremos en nombre de las familias, tanto de los heridos como de los asesinados. Testigos también de ese horror y apeladores también a su conciencia. Conciencia, por lo que hemos oído en estos días, empeñada en la autoexculpación obsesiva, bien blindada y entrenada para que la realidad no encuentre un resquicio por el que poder filtrarse.

Ojalá alguna noche, aunque sea en sueños, ese blindaje al horror ceda y sean ustedes, y quienes a ustedes les mandan, conscientes por un sólo instante del sufrimiento que pudieron provocar con sus decisiones o que no lograron evitar. Ese sólo segundo de clarividencia, ese sólo segundo de lucidez, y lo que ese segundo conllevaría, bastaría probablemente para abrirle los ojos. Familiares que les hablan sumidos en la indignación de lo inabarcable y empeñados en el esfuerzo diario de la superación. Todos éramos inocentes, todos somos inocentes y eso, Señorías, es algo que por obvio, no debe olvidarse jamás.

Ha habido quien ha tratado de vetar esta comparecencia. El último paso en esta apropiación de algo que no es de ustedes. En el intento de usurpar la voz a los afectados, de deslegitimarlos, de someterlos a su propio juego político y de intentar encasillarlos en tal o cual opción. Esa es su guerra Señorías, no la nuestra. Aquellos que intenten identificar a los afectados como colectivo en general o a esta Asociación en particular con una determinada opción política, se equivocan y hacen un flaco favor a la transparencia que todas las voces aclaman.

Cualquiera, Señorías, pudo viajar en alguno de esos trenes, y cualquiera pudo morir en los escenarios del horror, en Santa Eugenia, en el Pozo del Tío Raimundo, en Téllez o en Atocha. Allí se truncaron las vidas de estudiantes y trabajadores, el motor de una sociedad. Gente inocente.

Insistimos, cualquiera pudo viajar en aquellos trenes. El azar, y sólo el azar, dispuso que quienes estamos sentados aquí hoy como Asociación .11M Afectados del Terrorismo. Pero lo que les estamos diciendo no es producto del azar, lo hubieran manifestado ustedes de estar sentados a este lado, y pueden estar seguros de que el contenido de las palabras que aquí se escucharían sería el mismo.

Esta realidad de que cualquiera pudo ir en esos trenes la entendió todo un pueblo, cohesionándose multitudinariamente contra el horror como en ocasiones anteriores, en el rechazo a la violencia indiscriminada, en contra de los terrorismos y en contra de las guerras. Este es un pueblo pacífico impregnado de deseos de paz, con vocación de diálogo en sus entrañas. El Pueblo se lo ha demostrado a ustedes, Señorías en cuantas ocasiones ha sido llamado. Seguimos esperando que correspondan los gestos de la sociedad civil. Se han tomado decisiones de una gravedad extrema en su nombre, sin consultarle y en contra de su voluntad.

Señorías, queremos manifestar nuestro más absoluto rechazo a cualquier tipo de terrorismo, venga de donde venga. Estamos contra la barbarie, el horror, contra los fanatismos e integrismos religiosos, ideológicos y políticos. A favor de la tolerancia, la convivencia y por la PAZ, El siglo XXI ha consagrado el uso cobarde y mezquino de la ciudadanía como arma de guerra. Nada puede justificarlo, no puede haber comprensión para esto, ni desde lo humano, ni desde lo político. Ningún objetivo político justifica el terrorismo, que constituye - no nos cabe la más mínima duda- el recurso de los cobardes. Nada hay más fácil que sacrificar a personas que no pueden defenderse. Nada más fácil que otorgarse el derecho a decidir sobre la vida o la muerte de los demás, utilizando a la población civil como escudo humano, a los ciudadanos de a pie, a la gente. Para ellos son anónimos; para nosotros, tienen nombre y apellidos, historias de vida interrumpidas.

Nunca olvidaremos ni perdonaremos a los terroristas que llevaron a cabo el atentado, a los que jamás daremos la más mínima posibilidad de comprensión, justificación, ni crédito de representatividad de nada ni de nadie.

El terrorismo es la mayor de las bajezas y la mayor de las cobardías. El terrorismo es, ante todo, la expresión de lo peor de la naturaleza humana y del desprecio ciego a la vida. Ni siquiera hace falta sentir su zarpazo en primera persona para decirlo con todas y cada una de las letras. Sólo hace falta sentido común y sentido ético. Ellos son el último escalafón de la degradación moral del ser humano.

Sólo en sus retorcidas mentes puede caber la barbaridad de truncar ilusiones, sueños, esperanzas, inquietudes, deseos, risas, vida..., y a cambio sembrar el dolor en miles de familias bajo el nombre de alguna patria o religión. De mirar para otro lado, de justificarlo con inverosímiles y delirantes cálculos políticos. Saldremos adelante, no lo duden, lo conseguiremos, apoyándonos entre nosotros, con nuestras familias, nuestros amigos y nuestros compañeros de viaje durante el camino de la sinrazón.

Asimismo, queremos expresar nuestra solidaridad y cariño a todas las víctimas del terrorismo de nuestro país, porque sabemos que su pérdida y su dolor son idénticos a los nuestros. Más allá de convicciones políticas o ideológicas hay algo que une a todos los supervivientes, y esto es la capacidad de reconocer el sufrimiento en el otro, de poder vernos desde el mismo lugar.

Todas las víctimas son víctimas. El sufrimiento no reconoce fronteras ni ideologías. Desde nuestra legitimidad como afectados seguiremos insistiendo, Señorías: no utilicen nunca más, ni aquí ni en ningún otro contexto, el dolor de las víctimas con fines partidistas. No lo utilicen como bandera de su propia causa. Somos un signo de unión. Queremos ser signo de unión y diálogo entre los ciudadanos democráticos que sostienen opciones distintas. Nuestro sufrimiento debe ser la prueba y el ejemplo vivo de la unión que ustedes, los unos y los otros, no logran ser.

Reconocer que todos los sufrimientos tienen la misma legitimidad moral y la misma gravedad es un primer, necesario e imprescindible paso para construir una sociedad sobre cimientos nuevos y renovados, donde todo el mundo pueda mirarse a la cara. Y por eso, desde aquí, tendemos nuestra mano a todas las asociaciones de víctimas, a todos los supervivientes de cualquier forma de violencia política, a todos los que deseen conocernos. Aquí estamos, esperando seguir conociéndoos, para seguir aprendiendo juntos por la paz.

Nunca podrán con nosotros. Sufrimos con aplomo el 11 de marzo, pero hoy exigimos con firmeza y dignidad ante ustedes, levantando la cabeza con orgullo, con un comportamiento sereno y democrático, y desde la reflexión y el diálogo interno como asociados, no ceder jamás al chantaje ni a la intolerancia y buscar los caminos de la cohesión social.

Pretenden someternos al discurso de la polarización, al discurso de "quien no está con nosotros está con ellos", el discurso de "quien no nos defiende, es un traidor". No vamos a caer en tal despropósito. Ningún partido nos mueve. Ningún partido nos interesa más allá de las opciones privadas y personales de cada uno. Las víctimas no entendemos de posicionamientos políticos. Somos víctimas. Nada más. Y nada menos.

Para ustedes todo es política, y para ustedes todo significa partidismo pero, afortunadamente, fuera de esta casa aún queda mucho aire fresco y mucha luz bajo el cielo. Escuchen con el corazón lo más limpio que puedan, al margen de sus respectivos partidos, como hombres y mujeres de a pie que aún son capaces de escuchar un discurso que sale del corazón, de la reflexión, de la discusión colectiva, de la autoridad ética de nuestra posición como supervivientes del horror. Si algo nos aporta ese dolor, es la máxima lucidez para sentir. Nosotros, Señorías, sí podemos decir que no llevamos gafas de ningún color.

Claro que somos personas singulares, que no tenemos grandes discursos, que pensamos diferente entre nosotros -faltaría más, Señorías- que vivimos nuestro dolor de forma plural. Lo que tenemos es un denominador común que predomina sobre nuestras diferencias: el dolor, la pena, el sufrimiento, la tristeza, la melancolía, la añoranza, la capacidad de resistencia y de lucha y la voluntad incorruptible de intentar llegar hasta el fondo y la verdad de los hechos. Y ese, Señorías, es el motor que nos tiene hoy aquí, delante de ustedes. Esa fuerza moral y ese coraje, y no otro. El firme propósito de que la verdad, la transparencia y la justicia imperen entre nosotros.

Sólo sus intereses partidistas pueden hacerles ciegos a esta realidad. Desde la autoridad moral que detentamos, la única que jamás nos podrán usurpar, les exigimos que no nos manipulen, que no nos usen. No tenemos siglas. Si esas son las únicas gafas con las que ustedes pueden ver el mundo, hagan el esfuerzo de quitárselas por un momento, de escuchar, pensar y sentir como seres humanos.

Señorías, les decíamos al empezar esta comparecencia que habían realizado ustedes política de patio de colegio. No es una afirmación gratuita. Con la fuerza de estas convicciones, también venimos a reprocharles como diputados, y por tanto como representantes del pueblo -que no se les olvide-, sus actitudes de aclamación, jaleos y vítores, durante el desarrollo de algunas de las comparecencias de esta Comisión, como si de un partido de fútbol se tratara.

De lo que se está hablando, Señorías, es de la muerte y de las heridas de por vida padecidas por seres humanos, de pérdidas que nos han llenado de desolación y amargura en el mayor grado posible, ¿De qué se reían, Señorías?, ¿qué jaleaban?, ¿qué vitoreaban en esta SU Comisión?

Señorías, ustedes tendrán hijos, esposas, maridos, hermanos, etc., pónganse de este lado, piensen por un momento que les despiden por la mañana temprano y nueve meses después aún siguen esperando su regreso. La pérdida de un ser querido en estas circunstancias es lo más parecido que hay a la propia muerte.

Muchas han sido las ocasiones en que hemos sentido que la finalidad de esta Comisión no pasaba ni de lejos por esclarecer los hechos que se planteaban inicialmente, sino más bien para utilizar los hechos y a nosotros mismos como alimento a las líneas argumentales de según quién habla. Los unos para echarse la culpa a los otros.

Hace años, Señorías, que firmaron el Pacto Antiterrorista en el cual se comprometían a no utilizar el terrorismo como arma electoral y partidista. Permítannos no creerles a algunos de ustedes en esta ocasión. Su credibilidad a este respecto ha quedado más que deteriorada.

Ustedes lo saben perfectamente, aunque les desagrade oírlo, nos han convertido en moneda de cambio del juego político.

De igual modo en que decíamos que no podemos admitir que se nos utilice como arma política entre partidos, no podemos admitir, de ninguna manera, que utilicen de manera sistemática a nuestros heridos y afectados, y mucho menos a nuestros muertos, como culpables de la derrota electoral de algunos, o del billete de triunfo de otros. Ellos, para su desgracia, no pudieron votar. Algo hicimos mal, alguien se equivocó, algunas personas debieron cometer graves errores para que los malditos pudieran preparar y llevar a cabo tamaña asesina tropelía.

Los hay que acusan de imprevisión política y manipulación de la información. Los hay que acusan de organizar manifestaciones ilegales y linchamientos sociales. ¿Y quién nos defiende a nosotros, los supervivientes, y las víctimas? ¿Quiénes van a ser aquellos que de una vez por todas asuman las terribles irresponsabilidades (vengan de donde vengan) que nos han llevado a sufrir este brutal atentado? Todos ustedes argumentan que es otro partido el responsable. ¿Están vacíos esos argumentos y forman parte del juego político que acostumbran, o realmente están basados en hechos que pueden probarse? Si es así, informen de lo que saben y no cuentan, y háganlo ante quien corresponde, ante los jueces. Estamos cansados de acusaciones sin pruebas, nos parece mezquino tirar la piedra y esconder la mano.

Si esta Comisión es un juego, la calidad ética de nuestros parlamentarios está por valorarse.

Si esta Comisión maneja datos reales y errores reales, basadas en datos objetivamente comprobables, seguimos esperando las disculpas y la asunción de responsabilidades por parte de quien corresponda. Y para que no quede lugar a dudas, la asunción de responsabilidades para nosotros significa DIMISIONES DE LOS CARGOS POLÍTICOS, INSTITUCIONALES Y POLICIALES QUE CORRESPONDAN.

Estas dimisiones no deben, en ningún caso, eximir de las responsabilidades legales que, por la vía penal deban imputarse a quienes por error u omisión, no pusieron todos los medios a su alcance para evitar que esta tragedia nos azotara. Esta Comisión, en ningún caso, debe significar el cierre de la vía jurídica y en esto seremos, las víctimas, especialmente beligerantes.

Tampoco nos ha dejado satisfechos la inquina con la que se han pronunciado ciertos comisionados en sus interrogatorios, dejando caer y crecer la duda sobre las responsabilidades directas del atentado. La frivolidad con las que algunos alardean sobre determinadas autorías, además de congoja nos causa perplejidad y no nos sirve el amparo en cortinas de humo o en oscuros propósitos.

Cuando se sabe que los autores no están en lejanos desiertos, se deben aportar las pertinentes pruebas ante el Juez Del Olmo. Queremos decirles que confiamos en la Justicia y en que las Fuerzas de Seguridad del Estado, al margen de las posibles equivocaciones en que pudieran haber incurrido -y que en cualquier caso no deben ni pueden ser ninguna excusa para nadie-, están desarrollando con éxito y con ahínco su labor profesional.

Cuando nos vean, acuérdense ustedes, o quienes a ustedes les mandan, de que si hubo una sola posibilidad de haber evitado que estos hechos ocurrieran, y existen fundados argumentos para pensar que hubo no sólo alguna, sino muchas posibilidades de ello, nosotros somos los molestos testigos de su irresponsabilidad por no haberlo evitado.

Señorías: mucho nos hubiera gustado que nos informaran periódicamente del desarrollo de las sesiones, o que nos hubieran permitido estar presentes durante las mismas. Esto no ha sido posible, y quepa señalar que no precisamente porque las víctimas no hayan manifestado repetida e insistentemente su interés por asistir a esta Comisión. Al espectáculo de esta Comisión que se va a cerrar como se empezó: sin depurar las responsabilidades políticas de aquellos que supieron o tuvieron en sus manos. Los que pudieron evitar la barbarie.

Quisiéramos mencionarles las innumerables memorias que han ultrajado convirtiendo esta comisión en un circo mediático. Miles de familias destrozadas. Nuestra llamada es una llamada a la ética, a la moral. A la ética de ustedes. A la moral de ustedes, desde la legitimidad incuestionable que nos otorga la condición de víctimas. Nadie tiene ni puede tener voz más autorizada que la de todos aquellos que están ahora y aquí presentes, detrás de mi voz.

Señorías, si quedan irresponsabilidades por depurar, éstas corresponden fundamentalmente a quienes detentaban el poder en aquel momento. Y ésta es una obviedad irrefutable.

Por eso, es imprescindible que algo tan execrable como esto no vuelva a ocurrir. Así lo manifiestan todos los ciudadanos de este país y así lo exigimos nosotros. Es el único consuelo que nos queda y ese debe ser el propósito de las conclusiones de esta Comisión. Nada nos va a devolver a nuestros seres queridos, ni restañará las heridas de los que todavía convalecen, pero no sería justo dejar de reconocer que algunos elementos del engranaje que debería haber previsto el peligro fallaron estrepitosamente, y así ha quedado demostrado.

También QUEREMOS SABER qué pasó entonces, qué mecanismos fallaron, quiénes nos avisaron, y quiénes les ignoraron, quiénes son responsables de este disparate que ha arrasado los proyectos de futuro de 2000 personas. Los autores materiales de los hechos, los instigadores y los ideólogos son responsables, pero si algo hemos sacado en claro de esta Comisión es que más allá de los hechos irrefutables y de las vidas truncadas, se han cometido errores e imprevisiones que a fecha de hoy siguen sin asumirse. Una única cuestión tenemos clara las víctimas, y es que por encima de todo deseamos CONOCER con exactitud los hechos, los errores y las irresponsabilidades que se derivan del mayor atentado terrorista en la historia de España.

Señorías, durante todas las comparecencias han puesto el foco de los hechos en lo que sucedió entre los días 11 y 14 de marzo. Nada más lejos de las inquietudes de las víctimas. Sabemos perfectamente qué ocurrió esos días: buscamos a nuestros muertos, los lloramos, los enterramos, incineramos... nos despedimos. A otros los cuidaron mientras ni siquiera eran conscientes de lo que les había sucedido, se enteraron después, cuando despertaron mientras intentaban quedarse en este lado del mundo. Otros intentaban entender cómo era posible que les hubiera pasado a ellos —¿por qué a nosotros?, ¿qué es lo que hemos hecho para merecernos esto?

Nos interesa saber qué ocurrió entre el 11 de marzo y el 14 de marzo, también después, porque no pudimos vivirlo. Pero sobre todo nos interesa SABER, Señorías, qué ocurrió antes.

¿Qué fue lo que ocurrió antes del 11 de marzo para que esta barbaridad llegara a perpetrarse?: tramas de tráfico de explosivos que no se investigan, informes que avisaban de lo inminente de la amenaza terrorista, falta de medios para investigar a presuntos terroristas (faltan policías, faltan traductores, falta presupuesto, en definitiva, falta voluntad de política para prever lo que se nos venía encima después de pasar a convertirnos en objetivo terrorista).

Ustedes, Señorías, han podido vernos semana a semana en la Puerta del Sol. Silenciosos, callados, con una camiseta que simplemente rezaba nuestro ruego de transparencia. Nos desalojaron de la puerta del Congreso y nos enviaron a la Puerta del Sol. Allí seguimos durante meses. Meses, Señorías. Aguantando sol, lluvia, apoyos y también insultos. Allí seguimos con nuestro mudo testimonio escrito en las camisetas: transparencia, por ellos, para ellos, para nosotros, y para todos los que se identifican con nuestra indignación.

Nos parece que no han entendido, Señorías, qué significa para nosotros la palabra TRANSPARENCIA. Nos tomaremos la molestia de explicárselo.

No queremos que esta Comisión continúe. No, desde luego, en su formato actual: un espacio para la riña entre partidos. Exigimos de manera contundente y explícita la creación de una nueva comisión de investigación formada por personas independientes y expertos. Una comisión donde los partidos políticos no estén presentes, para que la investigación recaiga en personas que, libres de intereses partidistas, ayuden a la ciudadanía española a entender qué fue lo que pasó, delimiten las irresponsabilidades que procedan y propongan las necesarias reformas en el funcionamiento de las instancias del Estado. Hagan que una situación así no vuelva a repetirse. Quédense al margen y permitan la transparencia. No nos prometan más cosas que no nos interesan. No nos den más palmaditas en la espalda. No nos miren con cara compasiva. Simple y puramente, permitan la verdad.

La pelota está en su tejado.

Nosotros, de momento, les contaremos nuestras historias: